Capítulo XXIV: El mejor detective de Japón
Las letras se veían cada vez más borrosas y sentía un fuerte deseo por recostarse sobre su pupitre y descansar hasta el final del día. La cabeza le dolía mucho y estaba un poco sonrojada. Era probable que varios de sus compañeros le atribuyeran ese rubor a que estaba sentada junto a su gran amigo de la infancia, de quien estaba profundamente enamorada.
La profesora de historia, la señorita Sasaki, les había dejado un extenso trabajo, aunque con la ventaja de hacerlo en parejas. Heiji y Kazuha decidieron trabajar juntos, para lo cual, el detective resolvió que él contestaría las preguntas pares mientras que Kazuha las impares. La adolescente se sentía tan mal que ni se había molestado en hacerle notar que algunas de las impares requerían más elaboración y trabajo que las de él.
Con disimulo, ojeó un momento a su compañero. Heiji trabajaba con su mejor expresión de aburrimiento y tenía el ceño fruncido, denotando su deseo de concluir pronto con la labor para marcharse del instituto y hacer lo que más le apasionaba en la vida. Kazuha se sintió un poco culpable. Ella apenas había terminado con la pregunta número uno, mientras que el chico había avanzado bastante. Con determinación, tomó el manual de historia y comenzó a buscar la repuesta para la pregunta tres.
Lo curioso fue que en el instante en que enfocó todo su esfuerzo, predisposición y energía para ponerse a trabajar, su cuerpo dijo basta. Repentinamente se quedó sin fuerzas y se dejó caer de su asiento. Su compañero, siempre atento a su novia aunque hiciera el esfuerzo por no demostrarlo, de inmediato se movió de su lugar y trató de ayudarla.
- ¡Kazuha! – Exclamó una de las amigas de la joven -. ¿Estás bien?
Pero la joven no respondió. Fue como si se hubiera agotado… quedó inmediatamente rendida en los brazos de su novio.
La profesora pidió orden en la clase, como si se tratara de una corte, y le solicitó a Hattori que acompañara a la señorita Toyama a la enfermería y después regresara a la clase. Heiji sostuvo a Kazuha en sus brazos, un poco avergonzado por la escena, que estaba adornada por las burlas de los compañeros del salón. "¿Se acaban de casar?", "Ey, Hattori, llevala a un hotel", "¿Necesitan un profiláctico?". Fulminó a todos con la mirada y la profesora nuevamente exigió silencio en la sala.
Al llegar a la enfermería, Heiji recostó a su amiga en una camilla. La doctora lo saludó amablemente y revisó a Kazuha. "Tiene fiebre. Es probable que esté por engriparse. Lo mejor será que descanse unos días en su casa", anunció. Heiji asintió y le dedicó una mirada con algo de preocupación a su novia. Era muy consciente de que una gripe no era nada que le supusiera un gran dolor. Pero no podía evitarlo… ¿Y si no era una fiebre y tenía relación con el ataque había sufrido en el secuestro? Ella todavía tenía que visitar al médico para cuidar que todo siguiera evolucionando bien. Era una posibilidad que hubiera habido una complicación…
- Heiji - lo llamó Kazuha.
Él abandonó sus temores y contestó con la mayor serenidad:
- Decime.
- Perdoname - fue todo lo que dijo y volvió a cerrar sus ojos.
El chico frunció el ceño molesto y se juró a sí mismo que si a Kazuha le sucedía algo sería exclusivamente su culpa. Aprovechando que ella no estaba consciente, movió la manga de su uniforme con cuidado tratando de que la médica, que estaba ocupada llamando a los padres de su amiga, no lo notara y revisó la herida que le había causado Haruto en su antebrazo derecho. Había mejorado bastante. No notaba nada extraño. Aunque él no era un doctor y no podía precisar que eso fuera un signo de que todo marchaba bien. Retiró la sábana que cubría el cuerpo de amiga y comenzó a deshacer la venda que había en su pierna para revisar también esa herida.
- ¡Pero qué está haciendo! – Exclamó horrorizada la doctora.
Heiji se quedó duro por un momento de la vergüenza, pero rápidamente se volteó y explicó rojísimo:
- ¡No es lo que usted piensa! Mi amiga fue atacada y yo…
- ¡Apártese de la alumna Toyama! – Exigió la médica horrorizada y echó a Heiji de la enfermería a los empujones.
Heiji, quien había caído al piso después del impulso final, se puso de pie con bronca y sacudió su ropa bastante ofendido. Después, colocó sus manos en sus bolsillos y emprendió su regreso al salón de clases. "Solo quería revisar su herida. Espero que esa mujer cuide bien de Kazuha, porque cómo no lo haga yo….". Sus pensamientos fueron interrumpidos por su teléfono móvil.
Heiji lo tomó y contestó:
- Hola…
- ¿Qué tal, Hattori? – era su amigo Shinichi Kudo. Le extrañó el hecho de escucharlo con su verdadera voz y no la de Conan.
- Kudo… ¿recuperaste tu cuerpo? – Inquirió sorprendido.
- Ah, sí… por ahora sí. Haibara desarrolló el antídoto para el apotoxin 4869.
- Vaya, eso es genial, pero ¿qué pasa? Estoy ocupado – dijo de mala gana.
- Necesito un favor. Como volví a ser Shinichi Kudo no puedo enfrentarme a Kaito Kid sin quedar expuesto. Por eso, quería pedirte tu ayuda…
- Kudo, vos sos el rival de Kid, ¿por qué me involucrarías a mí? – Se excusó el moreno, que lo único que deseaba en ese momento era asegurarse que Kazuha estuviera bien.
- ¿No querés probar que sos mejor que yo? – Lo retó el detective del este.
- No es eso. Estoy ocupado – insistió.
- ¿En qué? – Inquirió, sorprendido.
- Qué te importa – respondió. Y sin darle chances de contestar cortó la comunicación, cerrando en un movimiento seco su teléfono móvil para luego guardarlo en el bolsillo de su uniforme.
Volvió al aula y avanzó hasta su lugar con sigilo, tratando de no llamar la atención de sus pares. Tomó el grueso libro de historia. "Bien, Yo respondí las preguntas dos, cuatro, seis, ocho, diez, doce, catorce, dieciséis, dieciocho, veinte y veintidós. Kazuha respondió… ¿¡La primera!?".
El moreno se mordió el labio inferior y decidió que respondería primero las otras ocho preguntas que le quedaban y luego haría lo propio con las otras diecisiete que Kazuha no había podido ni empezar. Obviamente que fue el último en irse de la clase y la profesora Sasaki tuvo la amabilidad de esperarlo mientras corregía los trabajos de sus compañeros. Cuando terminó, entregó rápidamente el trabajo, saludó a su sensei y se marchó con muchos deseos de saber cómo estaría ella.
Caminó apresuradamente hasta la casa de su amiga para saber cómo estaba. En realidad, no estaba caminando, sino más bien trotando. Unos minutos más tarde, se encontró un poco agitado en frente de la puerta principal de la casa de su novia. Sus papás y los de ella aún no sabían que eran novios. De hecho, sólo lo sabían Mouri y Kudo. No era que ellos no quisieran contarlo, sino que por el momento se sentían más cómodos de ese modo.
Presionó el timbre y al instante la mamá de Kazuha lo atendió con una sonrisa.
- ¿Qué tal, Heiji? Viniste a ver a Kazuha, ¿verdad? – Le preguntó cordialmente.
- Eh… Sí, le traje los deberes. ¿Cómo está? – Preguntó disimulando con éxito su preocupación.
- Bien, ahora está descansando en su habitación. Llegás en un buen momento. Tengo que ir a hacer unas compras y no quería dejar a mi hija sola. ¿Podrías quedarte unos minutos? Vuelvo enseguida, lo prometo.
La señora Toyama rápidamente se marchó, dejando a Heiji obligado a cumplir con la tarea que le había encomendado. Una vez adentro del hogar de su novia, subió de inmediato al segundo piso para ver cómo se encontraba. Entró a la habitación con mucho cuidado y se la encontró dormida en su cama. Se veía un poco mejor que cuando la había dejado en la enfermería. Sonrió al verla tan serena y tranquila.
Cerró con delicadeza la puerta detrás de él, se dirigió hasta el escritorio de la chica y se sentó en una silla que había junto a él. Apoyó su codo sobre la mesa de madera, relajó su postura y, simplemente, la contempló. No planeaba quedarse así todo el día. Cuando regresara su madre, partiría rápidamente. Haberse convertido en su novio no significaba que fuera a actuar diferente, ni tampoco deseaba que ella cambiara por ese "insignificante" detalle.
Kazuha tosió entre sueños y el corazón de Heiji se oprimió. Pensó en acercarse y despertarla por si necesitaba algo, pero reflexionó que eso quizás no fuera buena idea. Ella dejó de toser y él volvió a mirarla y a enamorarse. Aunque fuera incapaz de expresarlo, la quería demasiado. Volvió a sonreír y recordó el día de la confesión. De su confesión. Esbozó una pequeña sonrisa irónica y se dio cuenta que jamás sería bueno en eso del amor.
Toda esa íntima escena, en la que los pensamientos de Heiji podían fluir con libertad sin miedo a ninguna burla, comentario estúpido o el simple pudor de admitir que era capaz de amar tanto a una mujer como para tirarse de un precipicio se vio interrumpida por su escandaloso teléfono móvil. "Mierda", murmuró apenado. Era demasiado tarde. Kazuha se había despertado.
- ¿Heiji? – Preguntó mientras restregaba su puño sobre su ojo derecho y disimulaba un bostezo.
- Perdón, Kazuha – pronunció el moreno acercándose de rodillas a su novia, para estar a su altura. – Me olvidé de apagar mi estúpido teléfono - agregó después a unos pocos centímetros del rostro de ella.
- ¿Quién era? – Preguntó con su mejor cara de dormida, aunque feliz por verlo a él.
- Bueno, no sé… seguro no era nada para preocuparse – contestó él guardando su teléfono.
- Vamos, podría ser importante – insistió ella.
Heiji le hizo caso y volvió a sacar su teléfono para revisarlo.
- Es un correo de Kudo – le informó.
- ¿Kudo? ¿Acaso ha vuelto? – Preguntó con ilusión.
- No… no lo sé – dijo el detective un poco inseguro. No sabía cuáles eran los planes de su amigo.
- ¿Entonces quiere que lo ayudes con un caso? – Inquirió ella.
- Sí – musitó sin darle importancia al asunto. Lo primordial era que ella se reponga.
Kazuha torció la boca y cuestionó:
- ¿Entonces qué haces acá?
- Bueno, te desmayaste en clase y me dejaste preocupado y quería…
- No me refiero a eso – lo interrumpió. - ¿Por qué no te fuiste a ayudar a Kudo?
Heiji sintió que las palabras de Kazuha lo desnudaron y se quedó en silencio.
- No lo sé… - respondió después de un rato –. Estás mal, Kazuha, y…
- ¡Quiero que vayas a resolver el caso! – Afirmó con determinación, casi como si se lo estuviera ordenando.
- ¿Qué?
- ¡Andá a ayudar a Kudo! – Insistió.
- Pero, Kazuha, vos…
- Yo voy a estar bien, Heiji – aseguró –. Pero vos amás resolver casos, que este resfriado no te detenga…
- Pero… ¿Y si no es un simple resfriado?
Kazuha sonrió. Él temía que se tratara de algo peor. Pero no era nada grave y si lo fuera, ella era lo suficientemente fuerte como para superarlo por su cuenta. No hacía falta que Heiji dejara de hacer nada.
Lo tomó de la mano y le pidió:
- No te preocupes por mí. Además, estoy segura de que no es nada grave. De verdad, sólo es un resfriado. Vos andá con Kudo, pero prometeme que vas a volver sano y salvo.
Heiji se conmovió por la ternura de su novia. Deseó besarla, pero no estaba seguro de hacerlo. Así que la miró con profundo amor.
- Está bien, lo prometo. Así que, por favor, mejorate.
Ella asintió y le sonrió. En ese instante, ambos escucharon la voz de la madre de Kazuha que anunciaba su regreso. Heiji depositó un beso en su mejilla para despedirse. Se puso de pie y la tapó bien. Ella cerró sus ojos, él comenzó a caminar en dirección a la puerta y trató de no mirar atrás, porque sabía que iba a ser mucho más difícil marcharse si lo hacía. Bajó las escaleras y se encontró con la señora Toyama.
- ¿Viste a Kazuha? – Inquirió con una sonrisa.
- Eh… Sí. Pero estaba dormida, así que le dejé los deberes sobre su escritorio.
- Te lo agradezco mucho – dijo la señora.
- Por nada… Tengo que irme – anunció.
- Está bien. Muchas gracias, Heiji.
La mujer acompañó al muchacho hasta la salida. Una vez afuera, Heiji revisó el contenido del mensaje que el molesto de Kudo le había enviado.
"Gallina Hattori: si tanto te asusta enfrentar a Kaito Kid solo decilo. No hay necesidad de inventar excusas. Asumo que simplemente tenés miedo de él y con eso queda demostrado que soy superior.
Shinichi Kudo, el mejor detective de Japón".
Al moreno le hirvió la sangre y respondió con enfado el mensaje. Después, se puso de nuevo a caminar apresuradamente para buscar algunas cosas en su casa y partir hasta Tokio.
