Capítulo XXV: Carpe diem


Advertencia: este capítulo tiene partes violentas. Por lo que si son sensibles, no recomiendo su lectura.


Wataru sostenía el objeto entre su pulgar y su índice izquierdos. Lo observaba de manera inquisitiva y se preguntaba si era el momento, si ella estaba lista para dar ese gran paso. Sacó de su bolsillo derecho un pañuelo, limpió el anillo con mucho cuidado y lo depósito nuevamente sobre la cajita de terciopelo azul, que había venido de regalo. Se arrodilló, sostuvo la pequeña caja y la abrió:

- ¿Querés casarte conmigo? – Dijo con mucha decisión.

- ¿Qué te pasa, Takagi? – Le contestó Chiba que lo había sorprendido en esa rara postura.

- ¡No es nada! – Respondió con nerviosismo y regresó al escritorio.

- Escuché que hoy ibas a almorzar con Sato – comentó su compañero después.

- ¿Quién te lo dijo? – Quiso saber el policía mientras proseguía con un informe.

- Yumi, quién más sabe todos los chismes del departamento.

Takagi esbozó una sonrisa mientras Chiba se sentó en frente de él y comenzó a ordenar varios papeles que estaban desparramados por su escritorio.

- Sí, es así – afirmó de buen ánimo.

- Va muy en serio lo suyo – se burló.

Wataru prefirió no emitir ningún comentario al respecto. Es que él no estaba seguro de nada, mas que amaba con locura a esa mujer. Había costado llegar hasta donde estaban. Primero interfirieron los cientos de pretendientes de Miwako, entre ellos Shiratori, su gran rival. Después tuvo que comprender su pasado y convencerla de que él podía ser parte de su futuro. Finalmente, hubo que luchar contra villanos, sobrevivir adversidades, arriesgar sus vidas y… saborear sus dulces labios. Se sentía seguro y tenía bien en claro que quería comprometerse con ella. Pero lo inquietaba un poco el hecho de ignorar cómo se sentía Miwako.

- ¿Qué te pasa que tenés esa cara? – Le preguntó la mismísima Sato, quien había arribado hasta su lugar de trabajo mientras estaba distraído.

- ¿Por qué? – Respondió evasivamente, un poco sonrojado, pues había aparecido repentinamente ante él la mujer que ocupaba gran parte de sus pensamientos.

- Te noté un poco distraído – sonrió.

- Ey, ¿ya es mediodía? Recuerdo que habíamos quedado en almorzar – advirtió entusiasmado.

- Sobre eso… Hoy no podrá ser – le informó fríamente –. El inspector Megure nos citó a todos a una reunión extraordinaria por el caso del violador.

- ¿Qué pasa ahora con él? – Se entrometió Chiba.

- Volvió a atacar en Tokio. Esta vez fue a una chica de catorce años a la salida de un concierto.

Takagi y Chiba no dijeron nada. Ese sujeto les causaba asco.

- Perdón, Takagi – dijo Sato. – Pero, ey, quizás podamos almorzar mañana.

- No te preocupes – dijo su pareja, bastante decepcionado por la suspensión de su almuerzo, aunque demostrando indiferencia ante otra cancelación por parte de su novia. Ya era la tercera vez que Miwako cancelaba por su trabajo, pero no podía culparla.

Sato ojeó a ambos y como notó que estaban más concentrados en realizar informes que en prestarse a conversar con ella decidió marcharse de ahí. Después de todo, en quince minutos debían reunirse con el inspector Megure.

- Mal, Miwako, muy mal – criticó Yumi, quien había observado lo sucedido, con una sonrisa picara.

- ¿Y ahora qué te pasa? – Replicó de mala gana.

- Es la tercera vez que le cancelás a Takagi. Si seguís así, el pobre va a pensar que no le importás.

- Eso no es verdad. ¡Y no te metas en nuestros asuntos! – Reclamó después, sin poderse creer que Yumi siempre hallara la forma de inmiscuirse en su vida privada, aunque sin ofenderse sino fingiendo enfado.

Su compañera dio unas carcajadas y prosiguió:

- En serio, tenés que cuidar a un hombre como Takagi. Él es muy bueno, Miwako. Sin embargo, vos te la pasás cancelándole y no hacés nada a cambio.

- Estoy segura que él lo entiende. Él sabe que le he cancelado por motivos de trabajo, además, le dije que mañana vamos a ir juntos a almorzar.

- Pero, ¿no notaste la indiferencia de Takagi cuando le cancelaste? - Indicó la oficial.

- ¿Indiferencia? ¿Y eso que tiene que ver? - Cuestionó confundida.

- Ay, Miwako. Vos más que nadie sabés que hay que apreciar las cosas cuando las tenemos y no una vez que se han ido.

A la policía no le gustaron mucho esas palabras, porque entendió que Yumi no sólo se refería a Takagi sino también a Matsuda. No le gustaba reconocerlo, pero, de alguna forma, su amiga estaba en lo correcto. No era bueno hacerse desear todo el tiempo, porque quizás algún día él se cansaría y no volvería a buscarla. Aunque no lo hacía a propósito.

- Yumi, tengo que ir a la reunión. Nos vemos más tarde – saludó a su amiga con calma, simulando el impacto de sus comentarios.

Sato se fue hasta la cafetería por algo para tomar y más tarde se dirigió a la sala donde se llevaría a cabo la reunión. Cuando entró, notó que Takagi estaba sentando en compañía de Chiba y Shiratori, hablando sobre el asunto que los había convocado:

- Mirá, Takagi – dijo Shiratori –. La chica asistió sola al concierto y cuando terminó y nuestro hombre la vio sola, la siguió dejando unos diez metros de distancia, como suele hacer con sus víctimas. Cuando la alcanzó la arrastró hasta un lugar alejado. Aparentemente la habría estado apuntando con un arma para no levantar sospechas y en cuanto encontraron ese lugar apartado, la violó. Pero eso no fue lo más cruel. Cada vez sus ataques son más siniestros. A esta chica la degolló. ¿Te acordás que antes de matarlas solía dormirlas y luego les daba el tiro de gracia? Dicen que los que hallaron el cadáver se horrorizaron.

- Escuhé que los forenses dijeron que la golpeó bastante antes de asesinarla – agregó Chiba.

- Ha sido de lo más violento. Tenemos que atrapar a este tipo pronto – afirmó Shiratori consternado.

- Perdonen, pero, ¿por qué ha vuelto a atacar en Tokio si su último ataque había sido en Osaka? – Consultó Takagi.

- Aparentemente a la mujer de Osaka la siguió desde Tokio, de ahí que se produjera el ataque en otra región – le informó Shiratori.

Sato, quien se horrorizó al escuchar la conversación de sus compañeros, se sentó un poco más apartada del frente porque temía que se enseñaran fotografías de los violentos ataques y, sinceramente, ese día no estaba dispuesta a ver nuevamente esas horribles imágenes.

- Bien, señores – inició Megure –. Tenemos un importante anuncio que hacer. Debido a las características del último ataque, hemos decidido realizar un operativo de prevención para cuidar a todas las mujeres que se acerquen a ver la nueva aparición de Kaito Kid. Es de público conocimiento que el ladrón siempre atrae público femenino y, como nuestro hombre atacó en el último concierto de Styx III, que tuvo una gran convocatoria, creemos que podría volver a actuar allí. Es por eso que debemos evitar que siga atacando personas y en lo posible capturarlo. He aquí…

Los pensamientos de Miwako se desviaron por un momento. Ella recordó a Matsuda. No era que no lo hubiera dejado ir, sino que Yumi casi que aludió a él y no pudo evitar extrañarlo un poco.

- Vamos, Matsuda, ¿de verdad no querés acompañarnos? Es una costumbre que vayamos a cenar juntos cuando un compañero cumple años.

- Disculpe, oficial Sato - contestó con un deje de sarcasmo – pero no estoy de humor para eso.

- Yo…yo creo que distraerte podría ayudarte un poco – murmuró con timidez ya que no le hacía gracia entrometerse en la vida privada de aquel engreído.

Jinpei esbozó una sonrisa.

- ¿Y desde cuándo yo te preocupo? – Preguntó acercándose hasta su compañera, casi invadiendo su espacio personal.

- No es eso… - musitó y desvió la mirada. – De alguna manera sé cómo te sentís. Yo también he perdido a personas que quería.

- ¿Querés decir que sentís pena por mí? – Se burló Matsuda.

- No seas tonto – negó Sato –. Pero siempre estás aquí distraído, con la mirada perdida y no sé… Quizás tengas razón, quizás me preocupo.

Los dos chocaron miradas y ella no pudo evitar sonrojarse.

- Muchas gracias, Miwako, pero no tenés hacerlo. Voy a estar bien. Vos andá con el resto del departamento. Yo me voy a quedar acá, terminando unos expedientes.

- Pero… Matsuda.

- Está bien, en serio. Es triste cómo nos damos cuenta de cuánto queríamos a alguien una vez que este nos abandona. Lo extrañamos y pensamos con nostalgia que nunca más lo volveremos a ver y que quedará en nuestro pasado. Pero… me anima pensar que mientras viva en mis pensamientos él siempre va a estar conmigo – le sonrió.

- Matsuda… - musitó ella.

- Ahora, andá y divertite con los demás – indicó y se alejó de ella.

Miwako secó una lágrima con su dedo pulgar y pensó: "Matsuda, como siempre, tenía razón. Él me dijo en ese momento lo mismo que Yumi me dice ahora. Tengo que tratar de apreciar lo que tengo con Wataru. Mi Wataru", sonrió y observó al hombre que más quería del mundo. "Yo nunca me perdonaría si te sucediera algo y… tampoco sé si podría superarlo", reflexionó. Takagi, quien notó que su pareja lo estaba mirando, le sonrió y le devolvió una mirada cargada de afecto ya que la notaba un poco seria. Miwako devolvió el gesto y volvió a prestarle atención al Inspector Megure, que habló al menos otros cuarenta minutos sobre el operativo de prevención y cómo debían actuar en caso de algún imprevisto.

Al concluir la reunión, todos los policías se marcharon, pues ya había acabado su trabajo por aquel día. Sato, no obstante, se dirigió hasta su despacho y comenzó a terminar unos informes sobre el caso del violador que debía entregar pronto a Megure. La verdad era que ese día no le apetecía mucho hacerlo, pero lo había pospuesto tantas veces que era inevitable seguir atrasándolo porque eso molestaría a su superior. Su estómago comenzó a rugirle. No había podido almorzar al mediodía y le era casi imposible concentrarse. Pero, como siempre, fue fuerte y siguió tratando de describir el modo de actuar de aquel maldito.

Sato sabía que si pudiera tenerlo ante ella le daría su merecido. Odiaba a los tipos que se metían con los más débiles, como aquellas pobres niñas que apenas comenzaban a vivir sus primeros años en este mundo. Su futuro junto con sus ilusiones les eran arrebatados. "Vamos, Miwako. Hay que terminar este informe", se dio ánimos. Como si no estuviera sufriendo lo suficiente para terminar ese trabajo, comenzó a sentir un delicioso olor ramen. ¿Pero cómo podía ser? ¿El hambre ya la estaba haciendo alucinar?

Sintió los pasos de alguien que se acercaba y al voltearse se llevó una sorpresa.

- ¡Takagi! – Exclamó - ¿Qué hacés acá?

- El inspector Megure me contó que te ibas a quedar para terminar un informe que te había pedido. Como sé que no almorzaste y te vi un poco distraída, decidí acompañarte – explicó –. Traje un poco de ramen para que almorcemos juntos – añadió después con una sonrisa.

Miwako sonrió, se puso de pie y envolvió a Takagi en un cálido abrazo, contenta de tener un novio tan considerado.

- Gracias, Wataru – musitó.

El policía se puso contento de que lo llamara por su nombre.

- Pensé que estabas enojado por haberte cancelado – admitió después –. Perdón por eso. Es que…

Takagi la calló con un corto beso.

- No tenés que explicarme nada - aseguró tranquilo -. Yo lo entiendo. Ahora, almorcemos rápido para terminar rápido ese informe e irnos a casa.

Miwako sonrió y, por un momento, supo lo afortunada que era por tenerlo en su vida. Sin lugar a dudas, ella estaba enamorada de Takagi y no estaba dispuesta a dejarlo ir. Al mismo tiempo, parecía que su novio se sentía del mismo modo y eso la llenaba de dicha. Recordó las palabras de Yumi y Matsuda y pensó: "Me hace feliz tenerte a mi lado. Espero... espero que nada nos separe".