Capítulo XXVI: Nueva reaparición

Shinichi contempló desde su insignificante lugar la magnitud de la escuela secundaria Teitan y esbozó una sonrisa. Era genial regresar y volver a ser el mismo. Restaba el pequeño detalle de que todavía estaba ahí la Organización y, bueno, él tenía que encargarse de eso. Sería difícil, pero como había recuperado su verdadero cuerpo se sentía más fuerte y seguro que nunca.

Observó a sus alrededores a todos los estudiantes que se dirigían a sus clases. Los muchachos del equipo de fútbol, los del laboratorio, aquel grupo de chicas que se la pasaba hablando de lo que estaba a la moda, los del club de teatro… y otros tantos personajes comunes del secundario. Todos llevaban el clásico uniforme, zapatos o zapatillas, pantalón o falda, camisa blanca, corbata verde, saco celeste y maletín marrón. Siguió caminando y contemplando todo lo que lo rodeaba como si fuera nuevo. "Ha pasado mucho tiempo", reconoció.

Abrió el compartimiento donde guardaba su calzado y, al hacerlo, cayeron sobre el suelo decenas de cartas que se habían acumulado en todo este tiempo. "Veo que no me han olvidado", se dijo así mismo con vanidad. Las levantó todas y las puso en el interior de su maletín. "Sinceramente no lo entiendo. ¿De verdad soy tan atractivo? ¿O qué es lo que les gusta? Estuve todo este tiempo fuera y aun así estas cosas siguen sucediendo. ¿Cómo será cuando me convierta en el detective más famoso de Japón? ¿Seguiré pareciéndoles atractivo? Bueno, yo creo que sí", pensó divertido.

Sintió una mano en el hombro y se volteó de inmediato. Pensaba encontrarse con Ran, pero no. Era una chica a la que él juraría que jamás había visto. Ella medía cerca de un metro sesenta. Tenía cabello castaño, una nariz respingada y un par de ojos verdes hermosísimos. Además, había que admitir que tenía una figura fascinante y que podría embrujar a cualquier chico, aunque esto no encajaba con la introvertida personalidad de la joven.

- ¿Shinichi Kudo? – Dijo ella.

- ¿Si? – Contestó descolocado y alzando una ceja de manera inquisitiva.

- Esto es para vos – aseguró ella sonrojada mientras agachaba la cabeza de la vergüenza y extendía un sobre rosado para el muchacho.

Shinichi la observó con timidez y recibió el sobre. La muchacha levantó la vista y con una tierna mirada pareció pedirle al detective que, por favor, leyera en ese momento su carta. Él esbozó una risita nerviosa, abrió el sobre y la leyó. La misma consistía un poema en el que ella le profesaba su amor por él de la manera más dulce y sincera, lo que incomodó un poco a Kudo, teniendo en cuenta que él creía que era la primera vez que veía a la joven en cuestión. Probablemente había olvidado que compartieron curso varios años y que él había ayudado a Hiroshi Nakazawa siempre que ella lo había necesitado. Aunque fueran cosas pequeñas como prestarle un lápiz o unos apuntes. O ayudarla a levantarse cuando tropezaba por los pasillos, ya que era un poco torpe.

- Nakazawa, me halagás mucho. Es algo muy tierno, de verdad. Pero… es que a mí me gusta otra chica – contestó evidenciando un poco lo incómodo del momento para él.

El rostro de la joven se quebró de la desilusión… quiso llorar, pero no estaba dispuesta a hacerlo en frente de Kudo.

- No importa, Kudo. – Contestó - ¿Se trata de Mouri, no? – Preguntó con resignación. Siempre se había llevado bien con Ran. Ella le parecía encantadora, pero, al mismo tiempo, envidiaba su relación con Kudo.

Shinichi se sonrojó.

- ¿Qué? ¿Quién te dijo eso? – Contestó absolutamente avergonzado.

Hiroshi se rio.

- Deberías decírselo. Seguro que ella siente lo mismo por vos – se secó una lágrima que no pudo contener y se marchó.

"Me había olvidado de esta clase de situaciones, un tanto incómodas", reflexionó con la boca torcida mientras observaba como ella se marchaba. Se cambió los zapatos y se fue al salón.

- Vamos, Ran, no podés seguir así. El mocoso ya está en Brasil con sus padres. Está contento. Estoy segura que no le pasó nada.

- Pero ya debería haber llegado – repuso la karateca – y todavía no me llamó. Prometió que iba a hacerlo y no lo hizo. No es que quiera exagerar pero… ¿y si le pasó algo?

Sonoko empezó a reírse. Ella y Ran estaban conversando en el salón de clases mientras esperaban el arribo de la profesora de biología.

- Ran, no seas paranoica. La diferencia horaria debe ser importante. Está del otro lado del mundo. Quizás eso hizo que se olvidara de vos. Tranquila, ya lo hará – la consoló -. No pensaba que lo estimabas tanto – agregó después.

- Bueno, es que ha sido como un hermano menor para mí. Estuvimos juntos mucho tiempo y compartimos cosas, ¿sabés?

Su amiga sonrió y sugirió:

- No te alteres tanto por su partida. Él no lo querría. Tu papá hoy me contó que te vio llorando porque encontraste una remera que dejó olvidada.

Ran se sonrojó.

- No sabía que me estaba viendo – comentó.

- ¡Buenos días! – Pronunció con alegría un muchacho al ingresar al salón.

¿Sus ojos la traicionaban? ¿Era él? ¿Shinichi?

Se hizo un breve silencio en el que todos contemplaron al detective. El corazón de Ran empezó a latir con fuerza y se sonrojó al verlo.

- ¡Kudo, qué bueno que volviste! – Exclamó Nakamura, capitán del equipo de fútbol –. Bueno, ¿y dónde está Matsui? Le aposté mil yenes a que Kudo no había muerto – agregó después, aunque sin dirigirse al detective.

"Qué recibimiento", pensó irónico. Sonoko y Ran se lo quedaron mirando petrificadas. ¿Era él? ¿De verdad era él? Shinichi avanzó hasta lugar y las saludó.

- Buen día – dijo mientras se sentaba en su pupitre.

- ¿Buen día? – Contestó Sonoko -. ¿Es todo lo que le decís a tu esposa después de siglos sin verse? –recriminó.

Shinichi pensaba contestarle la burla, pero, cuando las vio, de inmediato percibió que algo le sucedía a su mejor amiga.

- ¿Qué pasa? ¿Estuviste llorando? – Inquirió preocupado.

- Shinichi… - fue todo lo que contestó Ran.

- Vaya, vaya. Qué sorpresa. Shinichi Kudo ha regresado – comentó la excéntrica profesora de biología que tenían, la señora Kagawa, mientras caminaba hasta su escritorio. – Muchacho, me debés cientos de trabajos. Espero que tengas en cuenta que si para el próximo examen no te ponés al día te voy a reprobar – lo amenazó en frente de la clase. – Bien bien, la lección de hoy será mitosis… el proceso de división celular en el que…

"Ran", pensó Shinichi mientras miraba a su amiga. Tenía los ojos hinchados y marcas de lágrimas en sus mejillas. En su bolsillo derecho se asomaba un pequeño pañuelo de papel arrugado, lo que daba la impresión de que lo había usado. Además, no le estaba llevando el apunte a la profesora y tenía la mirada perdida. Ran era muy aplicada en clase y no hacía esas cosas. Cuando descubrió que él la observaba hizo una sonrisa forzosa. Una falsa sonrisa. Eso hizo trizas el corazón de Shinichi. ¿Qué le pasaba?

Cuando dio inicio el primer descanso, le pidió a Ran hablar en privado. Ambos estaban junto a la ventana que estaba a pocos metros de su aula. No era necesariamente un lugar muy íntimo.

- Me alegra mucho que hayas vuelto – dijo ella y sonrió, sinceramente.

- Ran, ¿qué te pasa? – Le preguntó preocupado.

Ella lo contempló, sorprendida de que notara tan rápido que no se encontraba muy bien, inclusive cuando intentó ocultarlo.

- No es nada, Shinichi – respondió.

- Vamos, Ran. No me mientas, decime la verdad, ¿alguien te hizo algo malo?

Ella se decidió a contarle la verdad. Quizás Shinichi tuviera novedades de Conan.

- Bueno, estoy un poco preocupada por Conan – admitió –. Todavía no me llamó y no sé… la casa está tan vacía desde que se fue. Papá sale mucho con mamá y... no sé… lo extraño mucho.

El corazón del detective se oprimió. Su culpa. Todo era su culpa. De nuevo. Pero tenía que ser fuerte.

- Bueno, la diferencia horaria es de doce horas. En Brasil son doce horas más temprano que acá. Imaginate que el pequeño habrá llegado exhausto, estoy seguro que en cuanto se sienta mejor te va a llamar – la consoló.

- Sí, tal vez tengas razón.

- Ey, Ran, ¿hoy volveremos juntos, sí? – La quiso distraer.

- Tengo práctica de karate – le informó.

- No te preocupes, voy a estar en la biblioteca. La profesora de biología me dejó muchísimos deberes por haberme ausentado.

Ran se rio.

- Pero tiene razón. Te perdiste muchas clases.

- Sí, es cierto…

La campana dio fin al descanso y los jóvenes se separaron ya que el resto del día tendría clases diferentes. Por la tarde, Shinichi se dirigió hasta la biblioteca para esperar a Ran. Tenía mucha tarea, pero nada de ganas de hacerla. Fue por eso que se dirigió a la sección de novelas de misterio y buscó alguna para leer.

Comenzó a revisar un estante de la biblioteca. "Veamos, Arthur Conan Doyle, Agatha Christie, Edgar Allan Poe, Rampo Edogawa, Wilkie Collins… Bien, creo que será… sí, Las aventuras de Sherlock Holmes". El detective tomó el libro y cuando se volteó para dirigirse a la sala de lectura se vio sorprendido y se asustó.

- Por fin te encuentro.

Merlot. ¿Qué mierda hacía ahí? El hombre de negro, que en este momento vestía un traje gris, una corbata azul y zapatos marrones, sonrió.

- Te ves sorprendido – dijo.

Avanzó hasta el adolescente lentamente. Sus pasos resonaban con fuerza en el silencioso ambiente que había en la biblioteca. Shinichi se sentía profundamente incómodo, pero acabó por horrorizarse cuando sintió la punta de un revólver sobre su corazón.