Capítulo XXVII: Un nuevo aliado
Merlot estaba tan cerca de él que podía sentir su respiración. Dio un suspiro para intentar mostrar una imagen segura y relajada. No obstante, lo intimidaba la forma penetrante en que Merlot lo observaba. Sentía que el corazón le iba a explotar contra el cañón de la pistola que le apuntaba. Una pequeña gota de sudor recorrió su mejilla izquierda.
- ¿Cuáles son tus intenciones? – Inquirió Shinichi, muy incómodo.
- Ey, yo hago las preguntas – replicó Merlot con una sonrisa siniestra.
El silencio sólo hacía que Shinichi se sintiera más tenso. Estaba ansioso por contestar lo que fuera que Merlot quisiera saber para así liberarse de esa situación. Además, le preocupaba que Ran se presentara y se complicara aún más la situación. El hombre de traje gris puso sus dedos índice y mayor derechos sobre el cuello de Shinichi y le ordenó que lo mirara a los ojos.
- ¿Fuiste capaz de deducir quién es el jefe de la Organización? – Inquirió con una voz suave y tranquila.
- No… - contestó Shinichi en otra murmuración.
- ¿Querés terminar con él? – Prosiguió Merlot con el mismo tono.
- Quiero atraparlos a todos y que paguen su deuda con la sociedad… - expresó Shinichi mirándolo con desdén.
- Te pregunté si querías terminar con el Jefe, respondé sí o no – exigió el hombre de negro sereno, pero muy serio.
- Sí… - afirmó.
- Acabás de decir que querés atraparnos a todos… ¿Eso incluye a Shiho?
A Shinichi le sorprendió la pregunta. Era verdad que Haibara había hecho muchas cosas malas, pero la veía como una víctima.
- No, por supuesto que no – aseguró.
Merlot arqueó una de sus cejas y reparó:
- Pero ella hizo muchas cosas malas. ¿Acaso te gusta?
- ¡Por favor! – Lo evadió Shinichi y desvió la mirada.
- ¡Ey! ¡Mirame a los ojos y responde! – Demandó ahora molesto su interlocutor.
- No, no me gusta…
- Bien…
Merlot soltó a Shinichi y guardó su arma dentro de su pantalón. Luego lo tomó de la muñeca y lo sacó de la biblioteca. Afuera lo esperaba su Porsche 911, le indicó al menor que subiera con él. El detective lo hizo sin dudarlo, porque temía que aquel desgraciado se atreviera nuevamente a amenazarlo y tenía que proteger a Ran. La expresión del rostro de hombre de negro, sin embargo, había cambiado por una más amistosa. Shinichi se lo quedó mirando sorprendido. ¿Qué demonios acababa de pasar?
- ¿Qué significa esto? – Preguntó indignado.
Merlot rio y puso el coche en marcha.
- Te estaba probando. Creo que puedo confiar en vos. Los dos tenemos un mismo objetivo, acabar con la Organización, así que pienso que deberíamos unir fuerzas – propuso animado.
Esta declaración sólo hizo que el detective se confundiera más. Tenía en claro que Merlot iba a jugar para su equipo pero… ¿qué razones lo impulsaban? ¿Por qué antes le había dado esas miradas? ¿Y por qué lo había seguido?
- Merlot… ¿Por qué querés destruirlos? – Cuestionó sorprendido.
- Ellos arruinaron mi vida. ¿No te parece una buena razón?
Al detective semejante declaración sólo le despertó más curiosidad. No obstante, como notó que Merlot no especificó demasiado, sino que se mostraba evasivo, supo que profundizar sobre ese asunto sería inútil. Recordó nuevamente las palabras de Haibara: "Trabajaba en el laboratorio conmigo. Él es realmente inteligente. Ha hecho aportes muy importantes. Cuando falleció mi hermana repentinamente se enfureció conmigo y me llamaba traidora".
- ¿Por qué necesitás mi ayuda entonces?
- Sé de buena fuente que vos sos la bala de plata capaz de destruirlos – le guiñó un ojo –. En fin, ¿cuento con vos? ¿Sos mi aliado?
Shinichi supo inmediato quien podía haberle proporcionado tal reputación: Vermouth. ¿Acaso ella también era su aliada? Imposible. La Organización actualmente estaba investigando la muerte de Akai y también a Kir. No tenía tiempo de planear ninguna ofensiva, o eso creía. Además, Vermouth odiaba a Haibara.
- Claro.
Merlot detuvo su auto frente a la casa del profesor, le extendió la mano a Shinichi, quien correspondió el saludo. El detective bajó del auto bastante anonadado y confundido, consciente de que todo estaba conspirando para que se acercara el final. Tenía valiosos aliados a su lado y ahora contaba con la ayuda de Merlot. Era claro que no había que esperar más, no. Era hora de empezar a diagramar cuidadosamente un plan que los liberara de esos malditos, porque ese era el único epílogo posible. Era matar o morir. Y lo tenía claro.
Entró hasta la casa del profesor y se encontró con Haibara, que ya había regresado de la escuela. ¿Por qué Merlot le había preguntado si ella le gustaba?
- Ey, Haibara – la científica, quien estaba hojeando una revista, se distrajo de su tarea para prestarle atención –. Hoy pasó algo extraño. Merlot vino a verme a la escuela.
- ¿Qué? – Contestó ella sorprendida - ¿Por qué?
- Me hizo un cuestionario sobre vos – mintió el detective.
- ¿Sobre mí?
- Sí, precisamente sobre mis sentimientos por vos.
La científica se sonrojó.
- ¿Por qué Merlot haría algo como eso? – Contestó evasivamente.
- No lo sé… vos decime – replicó Shinichi –. Acaso… ¿fueron pareja?
Haibara, en un esfuerzo sobrehumano, ni se inmutó por ese comentario. Se puso de pie y simplemente se largó, dejando al detective que sacara sus propias conclusiones. Después de todo, era un inexperto en el amor.
"Maldita Haibara. ¿Habrán sido pareja? Yo creo que es probable. Es la única razón por la que le puede interesar si me gusta… ¿o no? ¿Habrá algún detalle que me estoy perdiendo? A mí me gusta Ran, pero… ¡Ay, no! ¡Ran!". El hilo de los pensamientos del detective se detuvo de improviso al recordar que había quedado con su mejor amiga y la había dejado plantada. ¡Tonto Merlot!
Corrió a toda velocidad hasta la casa de los Mouri. Tocó el timbre con desesperación y lo atendió una Ran que se veía muy molesta.
- Ran, perdoname – fue lo mejor que atinó a decir.
- Shinichi, ¿tenés idea de todo lo que esperé por vos?
- Lo sé, perdón.
Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas.
- No, Shinichi, yo lo lamento porque siento que ya no puedo confiar más en vos. Por favor, no me molestes más – dijo fríamente y le cerró la puerta en la cara.
El detective supo que había sido (de nuevo) un completo idiota. Suspiró. Golpeó nuevamente la puerta:
- ¡Ey, Ran!
La muchacha se apiadó de su mejor amigo y abrió nuevamente la puerta. Deslizó la posibilidad de alguna confesión, alguna disculpa sentida, alguna garantía de que esas actitudes que se tornaron intolerables y no pensaba soportar más se acabarían. Shinichi podría haber dicho cualquier cosa, pero se decidió por lo siguiente:
- Los apuntes de la escuela, por favor – pidió con una expresión seria en su rostro.
Ran enfureció y le lanzó un paquete que había preparado para él en la cara.
- Pareciera que los estúpidos apuntes fueran lo único que te importa.
Shinichi se arrodilló y recogió el paquete. Sacudió el polvo de sus pantalones y le dedicó una mirada seria a su mejor amiga.
- Sabés que eso no es verdad – aseguró.
Ran se estremeció después de escuchar esas palabras, pero no dijo nada. Quiso cerrar la puerta, pero su amigo la detuvo.
- No creas que ignoro lo idiota que fui en este último tiempo. Ran… ya no sé qué decirte. Siempre que nos encontramos algo sucede y termino decepcionándote. Podría decir tantas cosas para contentarte, pero… en lugar de eso, voy a cambiar. Voy a hacerlo por vos. Solo necesito resolver unos asuntos y yo… voy a volver a ser el mismo de antes.
- Shinichi…
El detective se mordió el labio inferior con bronca, se puso de pie y se marchó lentamente del lugar. La karateca lo siguió con la mirada y luego cerró la puerta tras de sí. Se sentó en el suelo y dio un largo suspiro. "¿Por qué Shinichi actúa tan raro?", se preguntó. Recordó en ese momento nuevamente el nombre de Shiho Miyano. ¿Sería ella el porqué?
