Capítulo XXIX: Una sonrisa siniestra

Kir temió que la invitación de Merlot se tratara de una trampa. Le tomó días decidir si presentarse o no. Desde que había asesinado a Akai las cosas se habían tranquilizado y creía que no había más sombras acechándola. Sin embargo, era posible que su engaño hubiera sido descubierto y Merlot fuera un señuelo.

Escuchó reiteradas veces que había fabricado toda clase de dispositivos para la Organización. Era una especie de inventor y, por lo tanto, se suponía que su lugar de trabajo era un laboratorio y que no tenía contacto ni conocimientos sobre los asuntos más sensibles o de los miembros. De hecho, nunca nadie había valorado a Merlot como tal, solo se apreciaban sus inventos.

Otra cosa que la molestaba era el lugar de la reunión: la mansión de los Kudo. De acuerdo con el FBI, no había razones para pensar que un miembro de un rango tan inferior pudiera significar un peligro. Si la Organización sospechara de ella, probablemente enviarían a alguien como Vermouth o incluso a alguien con un rango mayor.

Se aseguró de usar un atuendo distinto al habitual y que le sirviera de camuflaje. Generalmente se reunía en lugares públicos con los miembros. Al ser un lugar privado, ¿corría el riesgo de estar siendo grabada?

Tocó el timbre de la entrada principal y las puertas se abrieron de inmediato. Kir se introdujo con pasos ansiosos. Merlot estaba demente. Bourbon debía tener en la mira esa ubicación.

Golpeó la puerta. Cuando fue abierta, se quitó el calzado y, como lo indicaba la invitación, se dirigió a la biblioteca.

Sentado en un escritorio la aguardaba un muchacho muy atractivo y que se veía incluso más joven que ella. ¿Acaso…?

—Bienvenida, Kir —La recibió aquel mocoso.

—¿Merlot? —Replicó sorprendida.

—¿Por qué estás tan sorprendida? —Inquirió el joven con orgullo, aunque su expresión era buena. Parecía asombrado de que un colega dudara de su identidad.

—Vine como me lo pediste —se limitó a responder Kir— ¿Tenés las pruebas?

Merlot sonrió. Se inclinó un momento y tomó un maletín. Enseguida, lo colocó sobre el escritorio y lo empujó levemente, ofreciéndoselo.

—¿Cómo obtuviste esta información? —Indagó antes de aceptarlo, con desconfianza.

—Fue él mismo quien me lo dijo. No te preocupes. Mis pruebas fueron verificadas y les dieron el visto bueno.

Kir frunció el ceño e inspeccionó los alrededores con la mirada.

—De ser así, ¿por qué él no…

—No es el momento indicado —interrumpió Merlot—. Además, quería que confiaras en mí —le sonrió.

Kir no era alguien que se dejara intimidar fácilmente, pero la sonrisa de Merlot era más escalofriante que la mirada de Gin. Aunque destellara un aura de inocencia, sabía qué clase de inventos había hecho. Definitivamente las apariencias engañaban.

Sin decir más, tomó el maletín y abandonó en silencio la mansión de los Kudo.


Treinta minutos tarde, Gin se presentó acompañado de Vodka. Su ridículo atuendo no iba con la atmósfera elegante del restaurante de comida italiana. Seguramente su Porsche 356A también destacara entre el resto de los autos. Siempre le llamó la atención cómo alguien tan prudente se permitía esos caprichos tan innecesarios.

Bebió un poco de su copa y pretendió que no estaba asustada en lo más mínimo cuando los dos hombres tomaron asiento. Un mozo se acercó de inmediato. Gin pidió pastas mientras que Vodka una pizza. Kir había ordenado previamente así que no emitió ningún comentario.

Cuando el mozo los dejó solos, apoyó los codos en la mesa para sostener su mentón con las palmas de sus manos y preguntó con arrogancia:

—¿Y bien? ¿Quedó verificada la identidad del traidor?

Gin esbozó una sonrisa maliciosa.

—Sí, resultó ser como denunciaste —respondió Vodka, asombrado.

—Yo mismo hubiera deseado ocuparme de él —lamentó Gin—. Pero esa persona decidió que Vermouth lo resolviera.

Kir sonrió.

—Estoy segura de que al tratarse de ella el trabajo va a ser realizado sin imprevistos.

Gin asintió levemente.

—Por cierto, el jefe quedó muy complacido por tu iniciativa.

—¿Y qué hay de vos? ¿Todavía dudás de mí? —Desafió con valor.

—Creo que si tenés éxito en tu próxima misión voy a estar satisfecho.

Kir torció la boca y se puso derecha. No esperaba un nuevo trabajo tan pronto.

—¿De qué se trata? —Inquirió preocupada. La última vez Gin le había encargado asesinar nada más ni nada menos que al gran Shuichi Akai.

—Seguramente estabas al tanto de la última misión del traidor. El jefe, luego de comprobar tu lealtad hacia nosotros, cree que sos la persona ideal para terminar con este asunto que quedó inconcluso por meses. Me refiero a esa mujer.

—Entonces, mi misión es encontrar y asesinar…

—¡Sí! —La interrumpió Gin con una sonrisa siniestra—. A Sherry.


Vermouth salió del baño con una bata y una mascarilla de belleza. Normalmente se tomaba su tiempo, pero cuando recibía una llamada de esa persona todo podía esperar.

—Ups, me acabás de sorprender mientras me bañaba —dijo seductora.

—Es muy oportuno —contestó una voz masculina del otro lado—. Porque tengo un trabajo muy importante y tenés que concretarlo esta noche.

Vermouth se deprimió. Su rutina de belleza quedaría interrumpida por la mitad.

—¿De qué se trata? —Respondió dispuesta y retiró la mascarilla de su rostro de un solo movimiento.

—Hay entre nosotros un traidor. Alguien a quien dejé a tu cuidado porque creí que era lo suficientemente capacitado.

El corazón de Vermouth se detuvo. ¿Merlot había sido descubierto tan pronto?

—No comprendo —fingió ignorancia ante la referencia.

—Me refiero a Bourbon. Resultó ser un NOC.

—¿¡Qué!? —Respondió Vermouth sorprendida.

—Pude confirmar que es miembro de la policía secreta de Japón. Quiero que el trabajo esté concluido esta noche. Vermouth, te estoy asignando esta misión porque sé que no me vas a decepcionar, ¿entendiste?


Nota de la autora: nótese que pasaron muchos años de diferencia entre las actualizaciones, por eso la variación del estilo.