Capítulo 2: Confusión

Ella no recordaba como había llegado a la mansión. La última memoria que tenía antes de aparecer adolorida en aquel frío suelo era haber huido al bosque. Sus padres vivían en una finca. Siempre le compraban trajes de princesa aun cuando ella secretamente prefería utilizar los pantalones que usaba su padre.

Tenía 24 años y estaba comprometida con Jack. Era un hombre apuesto de unos 30 años de edad. Tenía dinero y la mayoría de sus amigas decían que era un excelente partido. Ella también opinaba lo mismo. El único problema era los sentimientos que no despertaba en ella la cercanía del buen mozo. No le ocurría lo mismo que a sus amigas ya casadas. No estaban las mariposas, los nervios o el deseo. Sus amigas hablaban de sensaciones en el estómago y entre las piernas; ella solo sentía cariño por Jack. El mismo cariño que sentía por sus amigas.

Esos otros sentimientos los había experimentado en otras circunstancias. La primera vez: cuando por casualidad entro a las caballerizas y encontró a una de las sirvientas tomando un baño en las duchas de los trabajadores. El recuerdo siempre permanecía fresco. Era una mujer joven, aunque no tanto como ella. Tenía la piel mucho más tostada que la suya. El cabello era color almendra, caía como un manto un poco por debajo de sus hombros. Ella se había ocultado, asegurándose de tener una buena vista de aquella imagen. El agua caía por el pecho de la mujer, sus pezones estaban henchidos por el frío y un parcho de cabello escondía su pudor. Su boca se secó y por primera vez en 22 años ella había sentido esa extraña sensación entre sus piernas: deseo.

Ella había ocultado esos sentimientos. En el mundo patriarcal en el cual vivían no podía sentirse atraída por una mujer. Sería vista como una desviada merecedora de la muerte. Decidió tomar la única decisión sensata: ocultar lo que sentía. Pero no podía mentirse a sí misma. Sus ojos de cuando en vez perseguían mujeres que le parecían atractivas. Su cuerpo reaccionaba de inmediato: encendiéndose.

Era su noche de bodas cuando huyó al bosque. Había soportado la ceremonia, el baile, las felicitaciones. Al llegar la noche se llenó de miedo. Lo único que pasaba por su cabeza era la imagen de lo que aquel hombre le haría. Su madre le había explicado todo de forma explícita la noche anterior. Las palabras siguieron repitiéndose en su cabeza una y otra vez. "Tu solo debes quedarte quieta cariño. Él sabe lo que hace. Va a doler, quizás la mayor parte del tiempo" habían sido las últimas oraciones. Ella había permanecido abrazando sus piernas todo el tiempo. Imaginando aquellas descripciones. Su cuerpo pálido tendido sobre la cama, sus piernas ligeramente abiertas y Jack entre ellas. Imaginó que agarraría las sábanas con fuerza para no llorar y pensó que quizás duraría unos quince minutos.

Una de las sirvientas más viejas debía llevarla a su habitación y prepararla para su marido. Ella aprovechó un descuido para escapar. Corrió internándose entre los árboles. Su pecho se sentía a dolorido por el esfuerzo, pero no dejó de correr. Algo le había atacado enviándola al suelo. Su cabeza golpeó contra el suelo, comenzó a ver de forma borrosa. Se sentía adolorida. Escuchó un gruñido y sintió un dolor en el pecho. Escuchó su corazón: latiendo como si la vida se le estuviese escapando.

...

Thump Thump

Kara abrió sus ojos sintiendo una horrible incomodidad en su cuerpo. Parpadeó un poco confundida. La imagen de una boca sangrienta, dientes blancos y filosos atravesó sus recuerdos. Intentó ponerse de pie, pero se percató de que traía una intravenosa unida a su brazo izquierdo. Giró el rostro observando sus alrededores. Todo en su cabeza era una neblina llena de preguntas y dudas. Su corazón comenzó a acelerarse ante sus miedos y nervios.

-Hey...tranquila, estoy aquí, Kara.- la voz de Alex llegó a sus oídos antes de que escuchase los pasos de la pelirroja. Su hermana le sujetó de la mano y le acarició la mejilla clavando sus ojos en los de la rubia.

-Alex...había sangre y...una vampira Alex. Me ha mordido. ¿Estoy bien? ¿Estoy viva?- habló Kara queriendo soltar la mano de la pelirroja para llevarla a su cuello

-Kara...bebé...tranquila. No había sangre. Ni nada de eso. Te atacaron, pero no te hicieron nada. Mírame.- pidió Alex intentado relajar a la más joven.

La pelirrubia quedó en silencio ante aquellas palabras. Sus ojos azules estaban fijos en los de su hermana, quien le miraba con preocupación. Ella soltó la mano de la pelirroja y llevó su mano libre hasta su cuello. Esperaba sentir algo ahí: piel lastimada, sangre, dolor. No había nada: solo piel suave y su pulso golpeando fuerte. ¿Lo había imaginado? ¿Había imaginado ser mordida por una vampira?

-¿Kara?- volvió a hablar Alex

La ojiazul pudo leer la preocupación en los ojos de su hermana. Intentó sonreír, aunque lo único que formó fue una mueca que se apresuró a borrar rápidamente. Negó con la cabeza intentando enfocar su atención en la persona delante de ella. Quizás había sido una ilusión producto del miedo que experimentó al ser atacada. ¿Era eso, cierto? Si, no podía ser otra cosa. Las imágenes y sensaciones que recordaba debían ser creadas por su subconsciente. Una vampira no le habia atacado en un callejón anoche.

-Anoche... Oh por dios Alex. ¿Qué hora es? No puedo llegar tarde.- exclamó la rubia recordando que se supone que ella tenía un nuevo empleo al cual no podía, bajo ninguna circunstancia, llegar tarde.

-Son las 12 de la noche. Los médicos estaban esperando que despertaras para saber si podían darte el alta.- explicó la pelirroja

-Estoy bien. Debemos regresar a casa. Debo dormir; mañana tengo que estar en la oficina de Cat Grant a las ocho.- habló rápidamente la ojiazul mientras su hermana mayor solo asentía para relajarle.

-Está bien, tranquila, voy a buscar al doctor.- le pidió Alex acariciando su mano antes de abandonar la habitación.

Kara estuvo tranquila los primeros segundos: hasta que recordó. Nuevamente llegó a su mente la imagen de aquella boca, labios rojos y gotas de sangre recorriendo una barbilla femenina. Su respiración se aceleró y ella llevó una mano hasta su cuello. No había marca alguna, pero aquella mordida se habia sentido extremadamente real. Si la ojiazul se concentraba podía volver a sentir el dolor...y el placer. Cerró sus ojos, recordando los escalofrios que le habían recorrido. ¿Lo habia imaginado todo? No, no lo habia imaginado...no habia manera.

-No fue mi imaginación, Alex. Pero...- susurró la rubia y luego un suspiro cargado de frustración recorrió su cuerpo. ¡No puede ser real, Kara! ¡Los vampiros no existe! Gritaba una voz en su cabeza y ella dejó caer su cabeza contra la almohada.

Alex regresó a la habitación en unos diez minutos. Venia acompañada de una enfermera que comenzó a interrogar a la rubia. La menor de las hermanas se dedicaba a dar respuestas cortas. Mordía su labio inferior intentando no preguntar si habia llegado con una mordida en el cuello. Por mas que intentaba ignorar ese recuerdo, le resultaba casi imposible. Se había sentido demasiado real: la mano fría sobre sus labios, los colmillos presionados sobre su cuello, la lengua húmeda sobe su piel. Siempre habia tenido un pequeño fetiche por los vampiros, consecuencia de obsever multiples series donde estos lucían extremadamente sexys. Nunca imaginó que su cabeza recurriría a imaginar ser mordida como una via de escape al ser atacada por algún delincuente que solo deseaba robarle.

-Bueno, ya oíste al medico, necesitas descansar y comer. Mañana a primera hora llamamos a tu jefa y le explicamos la situaicon. Sé que ella entenderá.- comentaba Alex mientras caminaban a la salida.

-No, Alex, este trabajo es mi sueño. Estoy perfecta, puedo ir a trabajar.- debatió la rubia, estaba decidida a no estropear una oportunidad como la que habia conseguido. Un intento de robo y un desmayo no le impediría conseguir su propósito.

-El medico dijo...

-Él recomendó descanso. Puedo aceptar su recomendación o ignorarla. Ahora demonos prisa.- zanjó la ojiazul dedicándole una sonrisa a la pelirroja y adelantándose a entrar al uber que Alex habia llamado.

Esa noche, cuando amabas hermanas entraron a la cama de la menor, la pelirroja rodeó a la rubia con sus brazos. Kara se sintió relajada en aquel abrazo, se acurrucó cerca del pecho de Alex y paso una mano sobre su costado. La mayor besó la frente de la rubia y acarició dulcemente su cabello. Habian dormido de aquella manera las noches en las cuales alguna de las dos tenia una pesadilla. Kara agradeció que la pelirroja le conociese lo suficiente como para saber cuando ella necesitaba protección. Habia sido una noche intensa y larga.

-Kara... ¿de verdad viste a una vampira?- preguntó Alex mientras su dedos se deslizaban por los cabellos rubios.

-Eso...yo...es probable que lo halla imaginado.

-Si...claro.- susurró Alex, volvió a besar la frente de la ojiazul.

La menor quiso decirle que no estaba segura de haberlo soñado. Quiso decirle que se habia sentido demasiado real. Pero, su cabeza le decía que era imposible: los vampiros no existían. Con aquel pensamiento atravesando su mente, la ojiazul cerró los ojos y se acercó mas a la mayor. Alex solo le sostuvo, depositando suaves besos en su frente. El calor que desprendía la pelirroja facilitó que Kara fuese poco a poco cayendo en un estado de inconsciencia. Su mente simplemente se apagó y dio paso al país de los sueños.

(...)

Thump Thump

La respiración suya se escuchaba por el largo callejón. La rubia no recordaba haber estado fuera de su cama en una noche tan oscura. Una llovizna mojaba las calles. El ruido de las gotas chocando en el suelo era una música continua. Sus tenis blancos emitían un chap chap a cada paso. Estaba corriendo, pero ni siquiera entendía el motivo. Su cuerpo estaba completamente en alerta, todos sus sentidos despiertos. ¿Qué estaba ocurriendo? Miro hacia arriba, la luna estaba llena y no habia ninguna estrella llenando el negro cielo.

Un cuerpo chocó contra el suyo empujándola contra la pared. Intentó apartar a quien sea que estaba presionándole. La persona desprendía frialdad. Ella quiso empujarle, pero sus manos no obedecieron su orden. Sintió unas manos frías en sus mejillas. Su atacante se inclinó hacia su cuello. Sintió frío y una lengua húmeda lamió su yugular.

La empujó, pero no hubo ningun efecto. Entonces sintió la mordida y el dolor dio paso al sentimiento de extasis. Quiso empujarle de nuevo, pero sus manos sujetaron las solapas de la cardigan negra que la mujer portaba. La apretó más cerca, la desconocida emitió un ruido con su garganta: como un gruñido. Estaba a punto de llegar a su orgasmo...

(...)

-¡Ah!- gritó despertando.

-¿Kara, estas bien?- cuestionó Alex medio dormida.

La rubia guardó silencio antes de responder un débil si. Las imágenes de su sueño volvían a repetirse. Ya no estaba segura de que hubiese ocurrido. Realmente pudo haber sido solo una invención de su cabeza. Aunque...esa cardigan negra que vestia su atacante. Estaba segura de haberla visto anteriormente, como si inconscientemente lo hubiese reconocido de algún lugar. Además, estaba segura de que en ambos sueños la mujer habia vestido la misma ropa. ¿Acaso era un juego de su mente? ¿Algun profudo deseo oscuro de su cabeza?

Llevó los ojos al reloj que reposaba sobre la mesa de noche junto a la cama. Eran las 6:55 minutos. Dio un salto fuera de la cama recordando que debia llegar a Luthor Corp. Alex murmuró algo entre las sabanas, como en un vano intento por convencerle de que no debía ir a trabajar. La rubia no tenía intenciones de hacerle caso alguno. Un pequeño susto la noche anterior no detendría su plan de vida.

Llegó a la empresa diez minutos antes de la hora acordaba. Estaba corriendo al elevador con media dona de chocolate en su boca y una soda de uva en su mano izquierda. Estaba segura de que todas sus mañanas no serian como esa. Usualmente le gustaba llegar a tiempo a sus trabajos, aunque el mundo conspiraba para hacerla ver como una completa irresponsable.

Las puertas del elevador se abrieron y ella no dudó en entrar. Acomodó su cabello con su mano libre, golpeó el número del piso e iba a sacar la dona de su boca cuando una mano detuvo las puertas. Estas se abrieron ante las pálidas manos que obstaculizaban su movimiento. Kara se encontró observando, nuevamente, unos brillantes ojos verdes con cierto matiz azulado. Era la mujer que le había mojado el día anterior. Vestía una camisa blanca, pantalones rojos y en sus manos traía un chaleco negro. Kara intentó saludar, pero la dona en su boca impidió tal misión.

-Buenos días.- saludó la mujer, estaba muy seria, ni siquiera había sonreído ante el ridículo intentó de saludo.

-Buenos días.- habló Kara sacando la dona de su boca e intentando limpiarse con el dorso de su mano.

La pelinegra se había alejado al otro extremo del ascensor casi como si necesitase la distacia entre ellas. A la menor de las Danvers le estuvo muy extraña su actitud, pero decidió solo dedicarle su mejor sonrisa. Las puertas del elevador se abrieron y solo entonces la ojiverde reaccionó. Kara pensó que la pelinegra pensaba establecer un tema de conversación, pero no fue así. La enigmática mujer solo se acercó para golpear un botón en el panel. Regresó a su lado del elevador de inmediato, tan rápido que la rubia se sintió un poco incómoda.

-Emmm...gracias por lo de ayer. Me salvaste la vida. - habló la ojiazul.

-No sabía que tu entrevista era aquí.- murmuró la pelinegra mirandole de soslayo.

-Sí, el mundo es pequeño. Quizás podemos comer de cuando en vez.- ofreció con una sonrisa.

-Sí...comer.- murmuró la pelinegra. Quizás había sido solo una impresión, pero la desconocida pareció ponerse más seria y distante ante aquellas palabras.

-Tengo tu traje en casa. Planeo lavártelo y devolvértelo.- ofreció Kara

-Puedes quedártelo.

Las puertas del elevador se abrieron mientras la pelinegra hablaba. Un hombre de cabello castaño entró. El le dedicó una sonrisa a la ojiverde, ella solo hizo un gesto de cabeza. A Kara le pareció que la desconocida había erguido más su cuerpo ante la llegada del hombre. La rubia deseó seguir hablando, pero pronto estaba llegando a su piso. Ella puso solo un pie fuera, cuando tuvo una mejor idea. Impidió que las puertas se cerrasen ante la sorprendida mirada del castaño y la desconocida.

-Soy Kara Danvers. Ayer no los presentamos.- explicó con sus ojos fijos en el rostro sorprendido de la mujer. Ella elevó una de sus cejas y una sonrisa, casi coqueta, asomó en su rostro.

-Lena Luthor.- replicó la ojiverde justo cuando la rubia se había dado por vencida y había soltado las puertas del elevador.

Lena Luthor pensó Kara

-¡No! Lena Luthor.- dijo ella comprendiendo lo que quería decir eso.

Ella había sido mojada por la hija de los dueños de la empresa. Eso explicaba la oficina de la mujer. Oh por los dioses, ella había invitado a comer a la mujer que tenía la empresa en sus manos. Estaba a punto de entrar en una crisis o tener un ataque de pánico cuando alguien tropezó con ella. Giró sobre sus pies pidiendo disculpas solo para que la mujer de cabello rubio que le había golpeado en el hombre le dedicase una mirada cargada de enojo y siguiese andando. La ojiazul comió el último trozo de dona y caminó hacia la oficina de Cat.

Su experiencia laboral no podría haberla preparado nunca para trabajar con aquella mujer. Si, Cat era una inspiración para muchas personas, pero también era exigente y hasta cierto punto podría llegar a acabar con la paciencia de cualquiera. Para medio día, Kara había sido llamada Lara, Laura, Keira, Kelly e incluso otros nombres que no tenían ninguna semejanza con su nombre real. Cat debía tener café en su mesa a las 8:00 de la mañana y por algún motivo que la rubia desconocía, su jefa habia pensado que Kara se presentaría con el café sin que ella se lo notificara.

-¿Día fuerte?- le preguntó un moreno mientras pasaba junto a su escritorio. Ella lanzó una mirada en dirección a la oficina de Cat. No estaba segura de si dialogar con un compañero sería considerado por su jefa vagancia laboral.

-Un poco.- admitió con una sonrisa.

-Eres nueva aquí. Soy James Olsen encargado de aprobar las noticias que se publican antes de que llegen a las manos de Cat y nos otorgue permiso para la publicación oficial.- explicó el hombre moreno con sonrisa de anuncio dental. Kara lo encontró guapo de inmediato y no pudo evitar sonreír de vuelta.

-Soy Kara Danvers. La nueva secretaria de la señorita Grant.- se presentó sin borrar su amable sonrisa. El moreno lanzó una mirada a su reloj de pulsera.

-Es hora del almuerzo. ¿Puedo invitarte?- preguntó James

Kara miró el reloj de pulsera que reposaba sobre su muñeca. Levantó la mirada, encontrándose con los ojos color café del moreno y sonrió nuevamente. La última vez que había tenido una cita fue hace cinco meses, había acabado en un hotel de no muy buena pinta. No recordaba al hombre con exactitud, pero si tenía memoria de que había tenido que fingir un orgasmo. Él rubio se había corrido demasiado rápido y ella no quería avergonzarlo. Él quiso que siguiesen viéndose, pero Kara había buscado librarse sin llegar a ofenderle.

-Claro, me encantaría: solo debo avisarle a Cat.- respondió la rubia

-Claro.- contestó el moreno sonriendo mientras la rubia caminaba hacia la puerta de su jefa.

Resultaba que James Olsen era un hombre con el cual se podía hablar durante horas. El almuerzo había sido divertido y lleno de anécdotas. Olsen llevaba trabajando en Luthor Corp tres años. Él le habló de todo lo relacionado a la revista Catco e incluso mencionó cuáles eran los temas que solían presentarse. Kara escuchaba todo con una sonrisa en sus labios: el moreno era casi el hombre ideal. Ella le contó sobre Alex, su mudanza y sus padres. Habían almorzado en un restaurante de comida rápida, pero para la rubia era perfecto porque amaba la comida grasienta.

-¿Una vampiresa? Ese fue un sueño muy bizarro.- habló James mientras caminaban de regreso a la empresa.

-Lo sé, fue...fue algo muy raro. Digo, soy bisexual asi que no me sorprende soñar con una mujer, pero de ahí a soñar con vampiros.- explicaba Kara rodando sus ojos.

-Debo admitir que los vampiros suelen presentarse en la televisión como seres hermosos. Quizás la influencia de los medios te llevó a idear ese sueño.- comentaba Olsen y Kara se encontró asintiendo mientras él hablaba.

El resto del camino pasó mientras James le comentaba de sus estudios. Kara quiso decirle que su gran sueño era ser reportera, pero pensó que no debía traer eso a colación sabiendo que el moreno tenía cierta influencia en Cat. Ella quería ganarse el puesto por sus propios méritos. Para cuando llegaron al elevador principal faltaban solo unos cinco minutos para que acabase la hora del almuerzo. Olsen se despidió dejando un beso en la mejilla de la rubia y esta entró al elevador que en esos momentos estaba repleto.

Kara estaba comenzando a sentirse un poco claustrofobica cuando en el piso número cuatro un enorme grupo abandonó el ascensor. Todo quedó en silencio. La rubia sintió que volvía a respirar con tranquilidad. Sintió una presencia a su lado: quizás más cerca de lo que debería. Giró el rostro y dio un pequeño salto hacia atrás al ver aquellos labios.

-¡Lena! ¡Me has asustado!- exclamó al encontrarse con los ojos verdes fijos en ella.

-Lo siento, señorita Danvers. Usted parecía pensativa. Solo quería decirle que...si todavía está interesada en comer algún día conmigo solo debe avisarme.- ofreció la mujer y sonrió. Kara quiso no mostrar mucha emoción, pero la ojiverde tenía una sonrisa hermosa y la rubia se encontró sonriendo de inmediato.

-Claro, me encantaría. Aunque...bueno...usted es la dueña de todo esto y no quisiera...

-Era la dueña cuando me invitaste.- le interrumpió la pelinegra, sus ojos estaban tan fijos en Kara que la rubia no pudo evitar sentirse nerviosa. Lena Luthor tenía una mirada intensa. Sus ojos parecían ver lo profundo del alma de Danvers y conocer todos los secretos que se ocultaban dentro de la ojiazul.

-Pero yo no lo sabía.- replicó la rubia.

-Nadie dirá nada. Pero podemos no volver a hablarnos si eso te hace sentir más tranquila.- ofreció la pelinegra retrocediendo hasta crear bastante distancia entre ambas.

La distancia era buena, le permitía a la ojiazul pensar con claridad. Nuevamente Lena volvía a comportarse con la misma frialdad que en la mañana. La rubia se preguntó si la habría ofendido. Kara no pretendía hacerla pensar que no podían llegar a ser amigas porque la otra fuese la jefa de todo lo que estaban pisando. A la ojiazul Lena le parecía una persona amable e interesante.

-Lamentó si te ofendí o...

-No me ofendiste. No eres la primera persona que no quiere acercarse a mi al saber que soy Lena Luthor.- respondió ella y Kara abrió enormemente sus ojos.

La rubia iba a responder, a explicar que eso no era lo que había querido decir. Ella iba a hacerlo, pero el elevador se detuvo en su piso. Lena ni siquiera le miraba. La pelinegra estaba seria, con el mentón ligeramente levantado y sujetando unos papeles en su mano derecha. Kara solo abandonó el ascensor sin lanzar una mirada atrás.

El resto de la tarde Danvers se dedicó a seguir las instrucciones de Cat al pie de la letra. Cuando llegaron las 3:55 minutos ella estaba acabando de apuntar las reuniones que Grant tendría el día siguiente. Cat se había ido hace unos diez minutos y le había pedido que dejase todo organizado antes de a abandonar su lugar de trabajo. Kara logró tener todo en perfecto orden a las 4:15 pm. Tomó su mochila, la colgó de su hombro y se apresuró a la salida despidiéndose con su mano de algunos compañeros que aún ocupaban sus puestos de trabajo.

Kara no tenía muchas ganas de caminar sola hasta la estación del bus. Decidió llamar un taxi; por lo cual se detuvo en la salida de la empresa a esperarle. James le había enviado un texto diciéndole que esperaba que el resto de su día hubiese sido excelente. El moreno incluso la invitó a almorzar juntos el día siguiente. La rubia estaba a punto de responder ese mensaje cuando un vehículo negro, el cual reconoció de inmediato, se detuvo delante de ella.

-Hola...- saludó la rubia cuando se encontró con el rostro de Lena luego de que esta bajase uno de los cristales.

-¿Necesitas que te lleven?- cuestionó la ojiverde, volvía a tener una sonrisa en sus labios y Kara de preguntó si aquella mujer tendría algún transtorno de bipolaridad.

-He pedido un taxi.- respondió intentado sonar agradecida por el ofrecimiento.

-Esas nubes indican lluvia; seguramente lloverá antes de que el taxi llegue. Puedo llevarte, y de paso disculparme por mi actitud a la hora del almuerzo.- insistió Luthor.

La rubia levantó su mirada al cielo. La pelinegra tenía razón: habían unas nubes grises que definitivamente eran una clara premonición de lluvia. Volvió a bajar sus azules ojos a Lena y sonrió. No quería volver a rechazarla. La mujer delante de ella era el motivo por el cual tenía su empleo en esos momentos. Siendo una exitosa empresaria, hija del matrimonio más rico de Metrópolis, ella pudo haber seguido sin detenerse a ayudar a Kara, pero no lo había hecho. Había mostrado no ser una arrogante y caprichosa mujer con poder. Kara realmente disfrutaría siendo su amiga.

-Vale, pero vivo un poco lejos.- advirtió la rubia.

-No creo que algún sitio sea demasiado lejos. Los humanos son demasiado impacientes.- comentó la ojiverde y a Kara le pareció graciosa su forma de hablar.

Con una sonrisa extendió su mano para abrir la puerta del copiloto. El auto olía suave, una mezcla de especias que Kara no logró identificar. Reconoció un aroma floral y casi imposible de percibirse un extraño olor fuerte. Ese último olor era tan débil que todos los demas lo opacaban haciendo imposible su identificación. Luthor le dedicó una media sonrisa cuando la rubia se colocó el cinturón de seguridad.

-Entonces... ¿me disculpas por mi actitud en el elevador?- preguntó Lena moviendo el volante para incorporarse al tráfico.

-No hay nada que disculpar. Fue un error de comunicación. Nunca quise decir que tú posición como jefa sea un impedimento para que vayamos almorzar o quizás para ser amigas. Solo no quiero que pienses, o la gente piense, que me estoy aprovechando.- explicó la rubia cambiando un poco su posición. Los asientos negros eran incluso más suaves que su cama. El auto de Lena parecía sacado de un sueño: espacioso, limpio y con unos asientos traseros que invitaban a dormir en ellos.

-Me lo imagino, aunque a mi nunca me ha importado lo que piense la gente. Y no soy quien toma decisiones en tu área de trabajo sino Cat.- comentó Lena.

-Aqui a la derecha. Asi que...averiguaste en qué área trabajo.- comentó Kara, fue lo primero qué pasó por su cabeza al escuchar el comentario de la ojiverde.

-Me fije en que piso te detuviste. Conozco mi empresa.- replicó Lena con un sutil guiño y una sonrisa.

Kara sonrió ante el nuevo comportamiento de empresaria. Lena Luthor se materializó delante de ella como la joven que era y no la empresaria de rostro serio de la mañana. La rubia incluso pensó que no aparentaba los 27 años que, según los medios, tenía. Los ojos de Kara se deslizaron a la mano que la otra descansaba sobre la palanca de cambios y frunció el ceño observándole. Una parte de su cabeza parecía estar luchando por crear la imagen de una mano semejante a esa en una situación completamente diferente.

Luthor interrumpió sus pensamientos preguntándole sobre asuntos personales. Danvers se encontró compartiendo con ella parte de su vida. La ojiverde no hablaba mucho sobre ella, pero si hacía muchas preguntas. El viaje fue ameno, y antes de que Kara pudiese siquiera enterarse, estaban a sólo metros de su apartamento. Una de sus manos voló a desabrochar su cinturón, y en el proceso tocó la mano que Lena tenía en la palanca de cambios.

Inmediatamente frunció el ceño, pero Luthor ni siquiera se había percatado. A Kara le pareció que aquella mano era un témpano de hielo. Sus ojos se quedaron fijos en la zona de interés hasta que el auto comenzó a reducir la velocidad. Estaban a segundos de detenerse cuando la rubia comenzó a levantar su rostro. El auto se detuvo y Danvers se encontró con los ojos verdes de la empresaria.

-Sana y salva, señorita Danvers.- susurró la ojiverde.

Un nerviosismo, que antes no había experimentado, se extendió por todo su cuerpo. Esa voz: un poco grave y rasposa la había escuchado antes. El auto se sentía más caliente que hace algunos minutos, el acondicionador de aire parecía estar fallando miserablemente en su misión de refrescar el interior del vehículo. Kara tenía las palabras estancadas en su garganta, tragó con dificultad y el sonido de la saliva pasando por su garganta llenó el carro. Lena había bajado a la mirada a su yugular por un segundo; o eso le pareció a la ojiazul.

-Sí...gracias por traerme señorita Luthor.- replicó la rubia mientras una de sus manos se movía con nerviosismo en busca de abrir la puerta. Necesitaba abandonar ese auto.

-No ha sido nada.- respondió Lena.

A Kara le parecía que su mirada estaba cargada de oscuridad. Aun cuando sus ojos eran de un verde-azul muy brillante y llamativo; había cierta oscuridad en el fondo. Alrededor de Luthor había una atmósfera pesada, y Danvers percibió el peligro o quizás lo imaginó. No sabía porqué, pero en esos momentos la pelinegra le pareció un depredador en busca de alimento. Quizás era su cabeza creando todos esos detalles, pero la rubia no deseaba averiguarlo. Solo quería alejarse en ese mismo instante.

-Nos vemos luego.- fue lo último que susurró cuando logró abrir la puerta y sus pies tocaron el asfalto.

-Hasta luego, Kara.- respondió la pelinegra y tan pronto la rubia cerró la puerta la ojiverde comenzó a alejarse.

Danvers observaba el vehículo hacerse pequeño en el silencio de la calle. Frunció el ceño, un poco molesta consigo misma y con su subconsciente. ¿Por qué había sentido miedo en el carro cuando aquellos ojos verdes se quedaron fijos en ella? Sabía la respuesta, pero no quería aceptarla. Todo era culpa de los extraños "sueños". Por algún motivo que no creía conocer, Lena Luthor encajaba a ala perfección con la imagen que ella imaginaba en aquella vampira de sus sueños. Era misteriosa, coqueta y sexy.

-Y Humana Kara Danvers. Ella es humana. Como todo el mundo.- se regañó a sí misma mientras giraba sobre su cuerpo para dirigirse al departamento.

Continuará...