Gracias a todos los que siguen la historia y han dejado Reviews. 😍😍

Capitulo 4: El apagon

Para una adolescente nacida en los 1800 la vida era complicada. Desde muy pequeña la habían enseñado a reservarse su opinión con respecto al noventa porciento de los temas. Ella en ocasiones deseaba comentar en medio de las reuniones, pero guardar silencio parecía la decisión más segura. Lo mismo había ocurrido cuando comenzó a ser cortejada por Jack Spheer.

El hombre de oscura barba y perfecto cabello oscuro era quien dirigía la conversación durante horas mientras ella asentía y escuchaba. Usualmente se sentaban en la sala, con su cuidadora Elvira a la izquierda del sofá. Su madre le había explicado que era muy mal visto que una señorita estuviese sola con un caballero antes del matrimonio. Ella entendía, y en el interior, la sola idea de estar a solas con él, tampoco la emocionaba.

Jack hablaba de política. Este era su tema favorito. A la pelinegra la llenaba de aburrimiento escucharlo escupir información con respecto a la cual ella no podía hacer nada. ¿Podía votar ella? Por supuesto que no. ¿Entonces para que él le contaba las mismas historias una y otra vez? Pero las reuniones podían llegar a ser mucho más incómodas y horribles. Él podía instarle a escurrirse del cuidado de Elvira.

La ojiverde debía fingir que disfrutaba su compañía. Después de todo, se suponía que estaban, ambos, interesados en el matrimonio. Su madre le había reunido la noche antes de que supiese del compromiso para dejarle saber los acuerdos. La charla había durado el tiempo suficiente para que la pelinegra tuviese que bañarse lo más rápido posible para dormir a la hora indicada. El resumen de la larga conversación era: tu sonríe y figue que estas enamorada porque una unión con la familia Spheer es ideal para el bienestar de todos.

El cumplimiento de esa ordenanza llevaba a la pelinegra a sujetar la mano de Jack y seguirlo a donde él desease. Spheer no era muy creativo; solía arrastrarle siempre hasta las caballerizas. Su risa llenaba el aire, y ella sonreía; era solo en esos momentos donde su sonrisa era genuina. Llevarle la contraria a sus padres, e intentar revelarse, aunque fuese momentáneamente, era un motivo para sonreír. Pero la emoción era breve, porque pronto su cuerpo estaba siendo aprisionado contra la pared de madera.

Los besos de Jack eran una de esas experiencias que le resultaban ambiguas. Él no era un experto en la materia, pero tampoco lo era la pelinegra. La ojiverde intentaba cerrar los ojos e imaginar que estaba en una extraña sección de lavado bucal. Solo que el cepillo de dientes estaba intentando llegar a su laringe. Él nunca intentó ir más allá de los besos, mostraba cierto grado de respeto. O eso pensaba ella.

Las secciones, incómodas, de besos duraban unos diez minutos. Siempre terminaban cuando la ojiverde sentía algo duro contra su bajo vientre. La primera vez había dado un salto espantada y Jack había enrojecido pidiendo una y mil disculpas. Ella imaginó lo que había ocurrido, después de todo era joven y había escuchado conversaciones entre su círculo de amistades menos "decentes."

-Es inevitable...eres tan preciosa...tu cuerpo es tan lindo. Tu boca. Ese corset acentúa tan bien tu...tu cintura.- había explicado él la tercera vez que ocurrió.

La pelinegra en realidad había comenzado a odiar las citas con Jack. Odiaba aquel intercambio excesivo de saliva y odiaba los comentarios que cada vez eran mas indecentes para su disgusto. La ojiverde no sabía si sus palabras se debían a que su boda estaba próxima o a que Jack le tenía más confianza.

-No sabes las cosas que planeo hacer con esa erección cuando seas mi esposa, Kieran.- le había dicho tres días antes de la boda.

Ella no quería ni saberlo ni imaginarlo.

La pelinegra, cada vez que recordaba esos días en los cuales estuvo bajo el mando de otra persona, se preguntaba si realmente algo había cambiado a lo largo de las décadas. Si bien es cierto no era la misma mujer. Ella había sido debil la mayor parte de su vida. Pero luego del ataque en el bosque las cosas comenzaron a cambiar. En un principio todo le resultaba extraño y horrible. Desde el deseo, casi obsesión, por enterrar sus colmillos en un cuello hasta su nueva familia.

-Mmm...así que... ¿te cansaste de fingir que eres humana?- le preguntó Lilian la primera vez que la sacaron de aquel calabozo al cual le habían arrojado. Ella había rehusado a seguir las reglas de ellos.

La mujer de cabello negro aún tenía su boca manchada de sangre. Sangre tan oscura que casi se inclinaba a ser un color vino y no un rojo carmesí. Los colmillos hacían de su intento de mantener su boca cerrada una incómoda experiencia. La mujer castaña estaba cruzaba de brazos observando a la otra. La ojiverde mostró sus dientes desafiante, la castaña sonrió como si estuviese muy orgullosa de lo que estaba contemplando.

-Quizás seas útil. - meditó la mujer.

-Necesito...- comenzó a decir ella con voz rasposa y grave. Ese tono estaba muy lejano al que había reconocido como suyo en los pasados 24 años.

-Necesitas sangre, Lena.- la interrumpió.

-No me llamo...

-Así te llamarás desde ahora.- explicó la castaña.

-No quiero permanecer...

-Sí quieres sobrevivir, te quedarás. Agradece mi hospitalidad y la de mi familia. No solemos recoger huérfanas en las calles.

-No soy huérfana...

-Lo serás querida. Lo serás. - replicó Lilian con media sonrisa antes de lanzar una mirada sobre su hombro.

Un hombre de cabello rubio se dejó ver. Él sujetaba a una mujer de los brazos. Ella tenía el cabello corto y ojos grandes y expresivos. Lena lamió su boca ensangrentada al escuchar el pulso rápido de la mujer. Era una música. Era una de esas melodías que ella había escuchado en el estudio de su padre mientras le enseñaban pasos de ballet. La sangre olía como el nuevo platillo favorito para la ojiverde. Ella dio un paso hacia la mujer cuando el hombre la dejó caer al suelo. Lilian le detuvo colocando una mano en su hombro. Por supuesto que intentó soltarse, pero la otra era mucho más fuerte.

-No ensucies mi sala.- indicó Lilian.

La mujer intentó retroceder mientras la pelinegra se acercaba. Había miedo en sus ojos color caramelo. Algunas lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Lena se sintió culpable. Una parte de ella, esa que aún pensaba cómo la humana que ya no era, no deseaba lastimar a nadie. No quería asesinarla. Para su desdicha, comenzaba a formarse otra ley en su cuerpo, una nueva moral en su interior.

Ella había vivido, muerto y vuelto a vivir. Todo en su cuerpo estaba oscuro, apagado y comenzando a pudrirse a medida que pasaban los días. O así lo sentía ella. Lena podía oler la putrefacción, haber bebido la sangre de aquel hombre solo había acelerado el proceso. Ella sabía. Sabía que una vez sus colmillos se hundiesen en aquella yugular no podría detenerse.

La mujer delante de ella tenía el cabello color miel y un centellar de pecas cubrían su rostro. Cuando la ojiverde se arrodilló delante de ella, lo único que podía escuchar era el sonido de su corazón. El Thump Thump que enloquecía los sentidos del monstruo que ahora era ella.

-Por favor...tengo un hijo...por favor no...

-Shh...ella no puede controlarse, querida. Salúdame a tu marido.- escuchó la voz de Lilian a lo lejos. Un tono burlón y cruel. Lena supo que la castaña estaba disfrutando eso.

-Yo lo siento...- susurró Lena

Pero de todas formas, cuando la sangre comenzó a fluir hacia su sedienta boca, no pudo detenerse. Y aún en ese momento, sintiéndose fuerte y dominante, había alguien a sus espaldas dirigiéndole como a una marioneta.

(...)

Kara estaba meditando en sus condición física para el momento en que atravesó las puertas de la empresa. El camino no era muy largo desde el restaurante, pero sus los músculos de sus piernas estaban un poco a doloridos para cuando hubo llegado a Luthor Corp. Recordó que había salido a correr la tarde anterior luego de comerse un envase, no muy grande en su opinión, de helado de vainilla. Aquella actividad física le estaba pasando cuenta en esos instantes y ella lamentó tanto su decisión de ejercitarse.

Estaba concentrada en esos pensamientos, intentando olvidar la discusión con James. Lo menos que necesitaba era tener dolor en sus músculos y a la vez pensar en lo ingenua que debía lucir para que Olsen intentase tomarle el pelo. Detuvo sus pasos delante del ascensor y golpeó el botón varías veces. Estaba distraída, por lo cual, no fue consciente de cuánto tiempo pasó esperando hasta que alguien se detuvo a su lado.

-No hay luz, Kara. Hubo un apagón en la ciudad. Tendrás que usar las escaleras. - le dijo Winn, el castaño que trabajaba un piso sobre el de Danvers. Se había cruzado con él una o dos veces, era un chico agradable y Cat siempre le comentaba sobre su gran trabajo como editor de la revista.

-¿Un apagón? Justo hoy me dolían las piernas.- se quejó Kara con un gesto de derrota mientras miraba hacia la puerta que conducía a escaleras.

-Escuché en la radio que estan esperando que el presidente hable al respecto. La empresa tiene una reserva eléctrica pero es solo para el área de los laboratorios en el penúltimo piso.- explicó Winn

-Que considerada la jefa. - murmuró Danvers.

-La política la estableció su hermano. Ella en realidad propuso que la reserva proveyese luz en todo el edificio.- se atrevió a defender él y Kara se sonrojó.

-Oh, eso...

-Tranquila, la mayoría de los empleados piensan como tú. La señorita Luthor es muy seria y da la impresión de no prestar atención a nuestras necesidades. Pero...bueno, nos ha aumentado el sueldo varías veces en los últimos dos años. Además de defender nuestros derechos en el consejo de la familia. - mientras el castaño hablaba Kara se sentía más avergonzada.

La rubia estaba sorprendida. ¿Por qué nadie comentaba sobre eso en los pasillos? Lo más que había escuchado eran chismes sobre la ojiverde. Empezando por su odio hacia varias empresas rivales y terminando por su vida sexual. Por la cual Danvers no sentía curiosidad, pero si se sorprendió cuando escuchó a Nia decir que Luthor practicaba BDMS. Había buscado que era aquello tan pronto llegó a su apartamento. Se llevó una sorpresa cuando leyó sobre la práctica.

-Debo no prestar mucha atención a los chismes entonces...- admitió la ojiazul.

-Esa es una buena opción. Exito subiendo esas escaleras. Por lo menos hay luces de emergencia.- le dijo el castaño antes de alejarse.

La rubia suspiró en más de una ocasión observando hacia aquellas escaleras. El camino sería eterno hasta el piso número siete. En esos momentos no se sentía la persona más dichosa por trabajar en Luthor Corp. Escaleras, más Kara Danvers, no era exactamente una buena combinación. Además, las luces de emergencia eran opacas y ella tenía un problema de la vista que se negaba a aceptar. Solo utilizaba los espejuelos para leer, aunque su médico le había aconsejado el uso diario y continuo.

Las escaleras eran largas, pero la rubia aprovechaba la unión cuadrada de una escalera con la otra para tomar descansos. Estaba segura de que había iniciado a tomar respiraciones por su boca cuando estuvo en el piso número cuatro. Sus músculos ya estaban quejándose. Ella se detuvo, entre el piso cuatro y cinco. Tenía las manos apoyadas en las rodillas y respiraba con los labios entre abiertos.

En su fuero interior estaba maldiciendo las escaleras, las luces opacas, el apagón y al presidente. Tambien a Lex Luthor por no colocar una planta eléctrica que proveyese luz a todo el edificio. Suspiró preparándose mentalmente para comenzar una carrera. Alex siempre le decía que al mal paso debía darle prisa. Danvers decidió que lo mejor era subir lo que restaba de camino corriendo. Sus músculos dolerían como si estuviesen siendo destrozados, pero el proceso sería más rápido.

Estaba irguiendo su cuerpo, lista para comenzar a subir cuando sintió un cuerpo chocando contra el suyo desde atrás. Su corazón, ya bastante acelerado, quería salirse de su pecho. El primer pensamiento fue "es un sueño", porque así habian iniciado muchos de ellos. Pronto su pecho estaba presionado contra una pared de concreto. Por la comisura de sus ojos observó un brazo, delgado y pálido, a su costado izquierdo.

-Es un sueño...es un sueño...- murmuró cerrando los ojos fuertemente.

Escuchó una risa. Una risa que, casi podía reconocer. Sintió una mano apartando lentamente el cabello de su hombro derecho. Los dedos fríos, como había imaginado que serían, rozaron la piel de su cuello. Un escalofrío recorrió su cuerpo ante el contraste de temperatura. Para su sorpresa, sintió el cuerpo desconocido pegándose a ella. Lo primero que reconoció fueron los pechos, bien dotados, contra su espalda. Luego percibió un aliento acariciando el lóbulo de su oreja.

-¿Por qué no dejó de soñarte?- preguntó la rubia cuando sintió la lengua acariciar su lóbulo.

Hubiese intentado apartar aquel cuerpo, pero sabía de antemano que era una forma estúpida de desperdiciar energías. Quería pensar que este encuentro era un asalto, o un intento de violacion, pero no lo hacía, porque siempre amanecía excitaba luego de acabado el sueño.¿Por qué le excitaba aquel personaje que su mente había creado? Era oscuro y depravado. Y su cuerpo reaccionaba a su presencia.

-Deseo quizás. - susurró la desconocida, su voz tan grave como en sus sueños. Sintió una mano sujetar su cintura, era un agarre tan firme. La ojiazul casi podía asegurar que era posesivo. Kara apoyó una de sus manos en la pared, deslizándola hasta colocar su mano sobre la que la mujer mantenía allí. El frío la hizo volver a estremecerse.

-Estás tan fría.

-Eso te gusta.

-Sí, pero me asustas.- susurró la rubia, era consciente de que este sueño se sentía real, pero...muchos otros también se habían sentido de aquella manera.

-¿Qué te asusta?

-Todo. El deseo, tu bebiendo mi sangre, tu presencia...

-No tienes que temer. No tomaré más que lo necesario.

-Es solo...

-Shh...

Sintió esa lengua deslizándose por su cuello. Era tan húmeda y, para su sorpresa, cálida. Su cuerpo de estremeció. Sintió la humedad en su ropa interior. No entendía porqué ocurría eso cuando aquel travieso miembro se deslizaba por la columna de su cuello. Su respiración se volvió pesada. Sintió una mano levantando ligeramente su camisa, unos dedos acariciando la piel con delicadeza. La caricia era tan diferente a sus otros sueños. En ellos solo había brusquedad de parte de la vampira. Siempre tomando y tomando. Aquella caricia y esas lamidas en su piel se sentían como si ella estuviese dando y no quitando.

-Tu olor...no sabía que podía gustarme mucho más que el aroma de tu sangre.- murmuró en su oído. Danvers estaba demasiado excitada como para intentar comprenderla. Además, su voz había bajado una octava, demasiado grave para ser entendida a la perfección.

La mano fría que estaba en su vientre subió sobre la camisa. Se deslizaba con tal agilidad que la rubia deseó poder observar sus movimientos y no solo percibirlos. La mano acabó en su cuello, obligándola a ladear ligeramente el rostro. Sintió unos labios, ahora más cálidos, succionando sobre su piel. Se estremeció y apretó la mano de la desconocida. Sintió la lengua apaciguando la ligera molestia y luego otra succión. Esas repeticiones, en un marco realístico, podrían dejar una horrible marca.

Tembló contra el cuerpo a su espalda. Cerró los ojos. Movió la mano que no tenía sobre la de la vampira en la pared y la llevó al cuero cabelludo de la otra. La ausencia de rechazo le pareció algo extraño. Confundida, porque en sus sueños eso no solía pasar, giró el rostro. Si moviese el cabello de la vampira aún lado podría observar que rostro colocaba su subconsciente a aquel ser irreal.

La mujer había decidió clavar lentamente sus colmillos interrumpiendo sus pensamientos. Placer era lo único que pasaba por la cabeza y el cuerpo de la rubia en esos precisos momentos. Apretó la mano fría bajo la suya. Sintió que una nueva oleada de placer le recorría y podía imaginar lo arruinada que estaba su ropa interior.

Todo su cuerpo le indicaba cuán cerca de correrse se encontraba. Sería este, el segundo sueño donde tendría un orgasmo, pero la mujer a su espalda había parado. Kara intentó abrir sus ojos, pero estaban demasiado pesados. Sintió una lengua lamer su herida y gimió. Se tensó ante la súbita oleada de placer que la envío muy cerca del cielo. Podía casi tocarlo, pero no era suficiente. La mano que tenía en el cabello negro intentó acercarla.

-Por favor...un poco más...- pidió

-Suelen pedirme que me detenga...no que continúe...- escuchó la lejana voz. Era menos grave...se parecía a una voz conocida. Cargada de diversión y burla.

-Por favor...estoy tan cerca.- susurró, pero su cuerpo ni siquiera parecía poder mantenerse de pie.

-Lo sé...Kara. - le respondió la otra con burla. Eso fue lo último que logró escuchar antes de que perdiese la consciencia.

Imaginó los labio y mandíbula manchados de sangre y una sonrisa estuvo a punto de formarse en su boca. Esos sueños eran tan elocuentes. Comenzaba a creer que podría escribir una película sobre ellos. Quedó inconsciente preguntándose si se había desmayado mientras subía las escaleras a causa de la agitación. Quizás se había sofocado. Las escaleras estaban bastante calurosas.

(...)

-Kayla...Kayla...- escuchó una voz llamándole.

Abrió sus ojos despacio, un poco desconcertada y confundida. Delante de ella estaba Cat Grant mirándola con preocupación. La mujer pasó la botella de alcohol a Winn, y volvió a acercar el algodón al rostro de la ojiazul. Danvers empujó aquel algodón lo más delicadamente que pudo. No quería parecer una desagradecida con su jefa.

-¿Qué ocurrió?- preguntó llevando una mano a su cabeza.

-Te desmallaste en las escaleras. Por suerte iba subiendo a ver a la señorita Luthor y te he visto. - explico Winn

-¿Comiste Kira? ¿Tienes alguna condición médica?- preguntó Grant y ella rápidamente negó con la cabeza.

-No almorcé. Quizás por eso me desmayé. Tengo unas barras conmigo así que seguro eso me hará sentir mejor.- aseguró la ojiazul.

Ella no quería ser el centro de atención. Tenía a medio grupo de editores, reporteros y secretarias mirándole con preocupación. Unos le preguntaban si aún se sentía mareada y otros le ofrecían alimentos. Por suerte, Cat pronto estaba enviando a la multitud a sus respectivas labores. Kara nunca había sentido tanto agradecimiento hacia Grant. Winn le había traído un café del cuarto de descanso y luego se despidio pidiéndole que si volvía a sentirse mal no dudara en avisarle.

-No hay luz así que me iré temprano. Si te sientes mejor organiza la agenda, sino puedes irte a casa.- le indicó Grant deteniéndose delante de su escritorio con el bolso colgando de su hombro.

A pesar del poco tiempo que llevaban de conocerse, la ojiazul percibió una preocupación genuina en la mujer. Grant se detuvo delante de ella a inspeccionarla, y cuando ella aseguró estar bien, la mujer solo sonrió y asintió. Sus ojos persistieron algunos segundos más en su cuello, Kara se acarició allí por acto reflejo.

-Nos vemos mañana, Kayla.- fueron las últimas palabras que recibió antes de ver a su jefa marchar.

La rubia se acarició el cuello un rato más. Recordaba la extraña alucinación con claridad. Una parte de su cerebro comenzaba a preocuparse. La mayoría de las noches desde el ataque en el callejón soñaba con la misma persona. Se lo había comentado a Alex. La pelirroja solo le dijo que debió haber sido una impresión muy fuerte el que la hallan atacado. Ella había estado de acuerdo con aquella hipótesis, pero ahora dudaba.

La piel bajó sus dedos se sentía tierna, como si hubiese crecido tras una herida. No lo había percibido la primera vez en el callejón. Siempre que despertaba de sus otros sueños ni siquiera se detenía a tocar su cuello. Pero en esos momentos, notaba que la piel donde había sido mordida se sentía diferente. Quería pensar que era una locura.

"Tendré que ver a un psiquiatra" pensó quitando la mano de su cuello. No iba a dedicarle más pensamiento a aquello. Necesitaba olvidarse de esos extraños sueños.

-Kara...- la voz conocida de Lena Luthor le hizo dar un salto en su silla.

La morena estaba delante de ella. Estudiándole con sus ojos ojos verdes y sosteniendo un abrigo sobre su antebrazo. La ojiazul se puso de pie lo más rápido que sus piernas le permitieron. Luthor no había bajado hasta su área de trabajo en el tiempo que llevaba en la empresa. ¿Habría ocurrido algo?

-Señorita Luthor. ¿Necesita algo?- cuestionó rubia.

-No, solo...escuché que te desmayaste. - explicó Lena

-Sí, quizás un bajón de azucar.

-Desayunaste mucha azúcar, no creo que ese fuese el motivo.- comentó la otra con una sonrisa casi dulce.

-Cierto...

-Ademas, Olsen te compró bastante comida.

-No me quede a almorzar. - admitió desviando su mirada.

Para su sorpresa sintió una mano bajo su barbilla. La tela se sentía muy suave, y ella podía casi asegurar que los dedos de la pelinegra se sentirían igual. Se tensó por un instante al pensar que podría sentirse bien una caricia de la ojiverde . Luthor le hizo volver la mirada hacia ella mientras le acariciaba la barbilla. Kara se sonrojó. La intensidad de aquella mirada, tan profunda y llena de misterios, la intimidaba.

-No hagas eso otra vez. Tus ojos...tus ojos son demasiado hermosos como para que mires el suelo.- habló la pelinegra.

Kara estaba segura de que lucía como un pez fuera del agua. Había abierto y cerrado su boca varías veces. Quería dar una respuesta, aunque fuese solo un agradecimiento. Aparentemente había perdido la habilidad de expresarse. Luthor elevó una de sus cejas y las piernas de la ojiazul temblaron un poco. Ese último hecho prefirió ignorarlo. Porque no estaba sintiendo sus piernas débiles solo por una mirada de aquella mujer de presencia imponente y mirada penetrante.

-Bueno...gracias por lo del restaurante.- susurró mirándole a los ojos.

-¿Dejarte saber que James está casado?

-Sí, eso.

-Kara...eso lo hice por motivos muy egoístas. - admitió Lena y su sonrisa y mirada fueron como un libro abierto para la rubia.

Había pensado que era difícil leer las intenciones de la misteriosa mujer. Lena le parecía complicada y llena de matices. Repleta de capas que debían ser removidas antes de poder ver la verdadera esencia de Luthor. Pero mientras se miraban a los ojos en aquella oficina, Kara creyó conocer todos sus secretos. Leyó a superficie creyendo descubrir los profundos deseos de la ojiverde.

-Y esos motivos son...

-Creo que no he sido muy sutil, Kara. Pero si aún no te percatas...me gustaría conocerte. Fuera de las paredes de este edificio.- ofreció la ojiverde.

Lena apoyó las palmas de sus manos en el escritorio perfectamente organizado. Danvers miró el escote que se presentaba delante de ella como toda una tentacion. Tragó ruidosamente e intentó desviar la vista. Subiendo la mirada se encontró con el rostro de la mujer que le tenía tan nerviosa. Luthor tenía una ceja levantada y una sonrisa que le permitió a Danvers saber que la pelinegra no hacía movimiento que antes no hubiese premeditado lo que provocaría. La rubia podía sentir las miradas en ellas, casi escuchaba los comentarios y podía imaginar los chismes que ya se estarían formando en las cabezas de sus compañeros.

-Entonces ¿te puedo llevar a tu casa?-preguntó la pelinegra.

Kara había bajado la vista de nueva cuenta a su escote. Se había quedado un poco embobada por la piel pálida como canvas esperando ser pintadas. La rubia podía imaginarse a sí misma sacando sus antiguos instrumentos de arte y pasando pintura por aquella perfecta piel. Nunca antes le había coqueteado un ser tan etéreo como Lena Luthor. No tenían nada en común y ella, aunque tenia una apariencia física agradable, no creía poder encajar en el mundo de la ojiverde.

-¿Kara? ¿Te llevo?- volvió a hablar la pelinegra.

La rubia parpadeó varias veces. Lena se había erguido y cruzado sus brazos. El movimiento presionó sus pechos más juntos. Danvers intentó no imaginarla sin aquella ropa sobre su cuerpo. Su cuerpo casi gravitaba hacia el iman que era Luthor. Ella intentaba empujarse lejos, pero solo conseguía estar más cerca. Eso la hizo percatarse de que, aun sabiendo que eran muy diferentes, podría llegar a gustarle que fuesen de esa manera.

-Eh...si...claro. Si no es molestia. - habló comenzando a empacar las cosas que estaban sobre el escritorio en su mochila negra.

-No es molestia. Iba de salida.

-¿No te desvío de tu camino?- insistió mientras se levantaba de su silla.

-No, pero de ser así valdría la pena. - señaló Luthor con una sonrisa y ladeó el rostro cuando la rubia pasó a su lado. Kara pensó que le miraba el trasero, pero no se giró a comprobarlo.

-Oh, mierda...otra vez más escaleras.- gimió luego de golpear el botón del ascensor y recordar que aún no se había restaurado la electricidad.

-¿Estarás bien? No quiero que vuelvas a desmayarte.- comentó Lena mientras comenzaban a bajar.

-Comí algo. En realidad me estoy sintiendo muy bien.- admitió la ojiazul.

Caminaban una al lado de la otra. Kara iba muy despacio, no quería empujar su cuerpo al límite nuevamente. Lo último que deseaba era perder la consciencia o...volver a tener uno de esos extraños sueños. No. No más sueños. Tenían que acabarse, porque ella estaba comenzando a pensar que quizás necesitaría ayuda psiquiátrica para superar ese evento.

-¿Te interesa James?- le preguntó Luthor sacándola de su burbuja.

-Mmm...es guapo y simpático.

-No te pregunté eso.

-Me parecía un buen partido. Un hombre responsable, amable, chistoso...

-Eso es lo que busco en la amiga con la cual salgo una vez al mes a tomar bebidas. - comentó la pelinegra.

-Tambien es sexy, ya sabes...atractivo.

-Asi que te interesa.

-Puede que me hubiese interesado si no estuviese casado.

-Ya veo.

El sonido de sus pasos fue lo único que llenó el tenso silencio que quedó entre ambas. Kara no recordaba haber estado tan incómoda junto a la ojiverde hasta ese momento. Recordó el coqueteo de Lena y se preguntó si la habría ofendido al admitir que si le había interesado Olsen. Pensó en disculparse, pero era algo tonto. Ellas no era nada. Apenas se conocían. Danvers podria salir con cualquiera y la pelinegra no tendría que decir nada al respecto.

-¿Sabes como confirmas que realmente te interesa alguien?- preguntó Lena cuando estaban llegando al piso número dos.

Kara giró el rostro en dirección a la ojiverde. Lena le miró al mismo tiempo. Lo siguiente que sintió la rubia fue una mano en guantada sobre su mejilla. El rostro de Luthor cada vez estaba más cerca. Ella cerró los ojos y apretó las manos en puños. Sintió el aliento de la pelinegra sobre sus labios. El pulgar de la ojiverde le acarició con delicadeza la mejilla. Luego se deslizó con cuidado hasta la boca de Kara, trazando los finos labios rosados.

-¿Quieres que te bese, señorita Danvers?- interrogó Luthor, la rubia imaginó su sonrisa.

-Deberias invitarme a una cita antes.- susurró Kara. Sentía las piernas débiles.

-No parece que sea necesario...- se burló Lena.

Kara abrió sus ojos para encontrarse a la otra mirando sus labios. Pensaba quejarse por el comentario de la ojiverde, pero entonces recordó algo. Ella no era la única que estaba siendo afectada por la cercanía de la otra. Luthor había admitido que está interesada en conocerle. Indirectamente le había entregado algo de poder a la rubia y solo hasta ese momento Danvers pareció entenderlo.

-Sí quieres un beso...tendrás que esforzarte un poco.- comentó Kara curvando sus labios en un intento de sonrisa traviesa. Lena deslizó su pulgar y tiró del labio inferior de la rubia antes de levantar su mirada hasta sus ojos azules.

-Bien. Tengo algunas ideas en mi cabeza.- respondió Luthor.

Seguido entrelazó su mano resguardada por el guante con la de Danvers. La rubia bajó la mirada al agarre. Le pareció un poco más fuerte de lo usual; no la fuerza que esperaba encontrar en alguien como Luthor. Ignoró ese sentimiento cuando la otra le hizo comenzar a andar. Era extraño, ser llevaba de la mano por Lena. Como si se conociesen de mucho tiempo. Pero la pelinegra no le soltó hasta que ella subió al asiento del copiloto y Luthor tuvo que rodear el auto para conducir.

Durante todo el trayecto varios empleados habían girado hacia ellas sus rostros. Danvers leyó curiosidad, sorpresa, enojo e incluso pena en las miradas. Quiso soltar a la ojiverde, para no levantar más habladurías, pero esta le sujetaba demasiado fuerte. Lena no parecía poner atención al mundo a su alrededor; ella seguía su propia forma de vida. Y Danvers no pudo evitar desear conocer más de ella.

-¿Escuchas Mozart en tu auto?- preguntó la rubia cuando Lena había encendido la radio a medio camino.

-Mozart, Bach, en ocasiones Beethoven. - comentó Lena encogiéndose de hombros.

-¿Y Bad Bunny? ¿Beyoncé? ¿Los Beatles? Dime que también los escuchas.- pidió la ojiazul empezando a creer que estaba comenzando a interesarse en una mujer con gustos de anciano.

-Me gusta la buena música. Puedo tolerar a Beyonce. - fue la respuesta que recibió.

-No, espera. Debes escuchar una canción de Bad Bunny.- insistió Danvers metiendo sus dedos en la radio en busca de alguna emisora que estuviese transmitiendo música más moderna.

-Por los clavos de Cristo, solo quería música de fondo.- murmuró la pelinegra entre dientes, a la rubia le hizo algo de gracia.

-También yo estoy un poco incómoda. No sé de que hablar ahora que me dijiste que estás interesada en mi. Eso no es excusa para poner de fondo un instrumental digno de un entierro. ¿Qué rayos era lo que tenias puesto?

-Requiem. Los acordes de la pieza me ayudan a relajarme.

La pelinegra dio un pequeño salto en su asiento, pegando un bocinazo accidentalmente, cuando Kara consiguió una canción más moderna. El sonido del bajo y el ritmo pegajoso; en lugar de relajar pretendía despertar los sentidos. Luthor arrugó el gesto mientras Kara dejaba salir una risa.

Y estar soltera está de moda

Por eso ella no se enamora

Y estar soltera está de moda

Por eso no va a cambiar

-¿Eso es lo que me pierdo al escuchar Bach? Haz el favor de dejarme con mi música de relajación.- comentó Lena, el disgusto era evidente en su rostro.

-Oh, vamos...bueno, a Alex tampoco le gusta Bad Bunny. Quizás eres más de Ed-Sheeran o quizás te guste Reyli Barba. O...bueno...quizás deba dejarte escuchar a Mozart.- la emoción con la cual había iniciado aquel monólogo comenzó a perderse al no ver a Lena mostrar mucho interés.

Las manos de Kara estaban por regresar la radio a la emisora que Luthor tenía cuando sintió una mano sobre la suya. Nuevamente el guante estorbaba y ella deseó sentir el contacto piel con piel. Levantó la mirada, encontrandose con la de Lena. Estaban detenidas en un semáforo rojo, señal de que había regresado la luz a la ciudad, mientras algunos peatones cruzaban. No era romántico. Pero Danvers sintió una calidez en el pecho cuando una sonrisa comenzó a formarse en los labios de la pelinegra.

-Podria intentar escuchar algo de esa música. Si te gusta, algo bueno ha de tener.- ofreció la ojiverde. Kara sonrió. No tenían mucho en común, pero Lena parecía genuinamente interesada. Y era lindo que incluso estuviese dispuesta a escuchar la música que a la rubia le agradaba.

-Bien, luego escúchamos el documental de casi media hora de tu amigo Mozart.- cedió la ojiazul

Fue cuando escuchó por primera vez uno de los sonidos más extraños y bonitos. La risa de Lena. Con el tiempo se daría cuenta que no era usual escucharle reír con las demás personas.

En efecto, el viaje había durado quince minutos más del tiempo que solía tomar. Kara culpaba el tráfico y el pequeño debate sobre "Amor del bueno" en el cual se habían sumergido. A Luthor no le gustaba la canción; Danvers amaba esa canción desde que era muy pequeña. La pelinegra había aminorado la marcha, iban tan lento que cualquiera diría que estaban en medio de un paseo. Kara no se fijó de cuan lento se desplazaban hasta que la ojiverde volvió a tomar velocidad una vez colocó una pieza de Bach.

-Esto me da mucho sueño.

-Es relajante. Puedes servir una copa de...vino...llenar la tina con agua y dejar que tu cuerpo se relaje. - comentó Lena

Kara la había imaginado. Maldijo su creativa mente una y mil veces. La ojiverde estaba hablando y conduciendo. Parloteaba sobre los beneficios de un tiempo de relajación. La rubia había distraído. Sus ojos comenzaron a deslizarse por el perfil de Luthor. El traje negro acentuaba muy bien su cuerpo. Sus ojos llegaron hasta los muslos que estaban a la vista casi en su totalidad. El traje tenía un largo que podría ser llamado por muchos decente; pero en el camino la ojiverde parecía haberse acomodado logrando que se subiese.

-Chaikovski era un genio. Su música, sus conciertos. Debías sentarte en primera fila. Cerrar los ojos. Imaginar como sus manos volaban por el piano. Te enamoraba de los sentidos.

Kara no estaba escuchando. Solo escuchó el nombre del famoso escritor de música clásica. Decidió que no era que le internase mucho la música clásica. Sus sentidos estaban más interesados en observar aquellos muslos entre los cuales no le molestaría ser atrapada. Mordió su labio inferior y levantó la mirada. Se lamentó al encontrarse con los ojos de Lena. Se sorprendió al ver que el verde se había vuelto más oscuro. No negro, aunque estaba cerca de serlo.

-Yo...

-Ya llegamos.- la interrumpió Luthor.

Kara agradeció que la pelinegra no estuviese comentando sobre cómo le había pillado observandole de forma lasciva durante los últimos minutos. El auto se había llenado rápidamente de una tensión sexual que Danvers antes no había notado hasta ese momento. Pero ahí estaba, palpable, evidente. Lena colocó una mano sobre la que Kara tenía apoyada sobre su pierna y ella dio un pequeño salto. Su piel se puso de gallina.

-Queria pedirte algo.

-¿Una cita?- interrogó Danvers con una sonrisa entre divertida y nerviosa.

-La empresa ofrecerá una gala mañana. El evento recaudará fondos para los niños y jóvenes con cancer. Debo llevar un acompañante.

-Espera... ¿quieres que yo vaya?

- Me encantaría que estuvieses ahí. Ademas, pedí que uno de los platillos fuesen potstickers. Contraté al mejor chef...no puedes perdértelo.- intentó chantajearle.

Kara frunció el ceño.

-No recuerdo haberte dicho que esa es mi comida favorita. ¿Cómo lo sabes?

Luthor removió su mano y colocó un mechón de cabello tras su oreja.

-Lo mencionaste en la mañana.

-No recuerdo...

-¿Como más podría saberlo, Kara? Aún no puedo leer mentes.- bromeó la pelinegra con media sonrisa.

-Cierto. Siendo así, por los potstickers, tendré que acompañarte.

-Claro, solo por los potstickers...

-Es un pequeño sacrifico en nombre de la comida.

Lena se había inclinado hacia ella mientras le seguía el juego. Danvers lamió sus labios cuando sus rostros volvieron a encontrarse a centímetros. Pensó que la pelinegra le besaría. Volvió a cerrar sus ojos. Expectante.

-Kara Danvers...- susurró la ojiverde sobre sus labios, su aliento tentándole, burlándose.

-¿Si?- aquello salió de entre sus labios como el silbido de un pajarito asustado.

Lena quitó el cinturon de seguridad de la rubia lentamente. Danvers estaba segura de que la pelinegra solo quitaba la molestosa correa para estar más cómoda. Nuevamente su aliento le hizo cosquillas en la nariz, y luego en los labios. Quizás si podía llegar a gustarle la pelinegra. Más de lo que deseaba aceptar.

-Debo llegar a mi casa. - susurró la ojiverde y se alejó.

Kara parpadeó varias veces. Miró a Lena, con su mano en el volante y una sonrisa llena de maldad y arrogancia. Lamió sus propios labios, repitiéndose mentalmente que no había deseado que Luthor humedeciese su boca con la suya propia. Sintió un calor expandiéndose por su cuerpo. Se había excitado. Maldijo en su mente, su libido y su ser. No podía excitarse solo por tenerla cerca. Ni siquiera estaba convencida de que le gustase la pelinegra.

-Si, si...gracias por traerme.- habló atropelladamente mientras bajaba del vehículo.

Cuando cerro la puerta, Luthor le sonrió y tardó solo minutos en desaparecer totalmente de su campo visión. Dejandola ahí de pie, con el ceño fruncido y una mente confundida.

Continuará...