Disclaimer: Harry Potter y cualquier elemento relacionado pertenece a J.K. Rowling.

"Este fic participa en el reto multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras." El tema es personaje en la niñez.


―… 9, ¡10! ―Petunia se apartó de la pared, no oía nada aparte de ni su propia respiración. Era así de fácil cuando la casa estaba vacía y en total silencio. Agudizó el oído para captar hasta la más débil risa, Lily tenía la debilidad de reírse siempre que creía que estaba ganando. Sin importar cuanto Petunia le explicara, no llegaba a entenderlo de todo.

Cuando llegó hasta la primera puerta sus dedos vacilaron en el pomo, el cuarto de sus padres era el límite de su territorio. Mientras empujaba la puerta Petunia contuvo la respiración, el piso alfombrado ahogaba el sonido de sus pisadas. Sabía que no debían ingresar pero por Lily, su sonrisa brillante y la felicidad que derramaba con cada gesto haría cualquier cosa. Solo iba a echar un vistazo, no a probarse la ropa y cosméticos de mamá. Recordaba que a Lily le había quedado tan bien un vestido que hacia juego con sus ojos, en total contraste Petunia vestía una carpa sin gracia. Tardaron en darse cuenta que la prenda de Lily no le quedaría a un adulto, convenientemente escogió una prenda encogida a pesar de que mamá siempre cuidaba sus prendas con esmero.

―¡Te encontré! ―exclamó Petunia corriendo con fuerza las cortinas.

Solo se encontró con una pared vacía. Petunia miró con frustración a través de la ventana como si fuera la culpable, le molestaba las marcas de suciedad que impedían observar con claridad la calle. Se arrodilló para observar debajo de la cama. Vació, excepto por algunas cajas y zapatos. Escuchó una risa proveniente del pasillo seguida por el rápido sonido de pisadas. De inmediato corrió hacia la fuente de la voz.

En la mitad del pasillo una media solitaria tendida en dirección de una puerta entreabierta, Petunia asomó su cabeza dentro del dormitorio de Lily. La cesta de ropa estaba tirada en el suelo con las prendas extendidas en desorden, "Acababas de ordenar", pensó Petunia ahogando una carcajada. Al salir deslumbró una mata de cabello rojo correr hacia el primer piso. Petunia olvidó por completo que estaba prohibido correr por la escalera.

En ese momento Lily tropezó, su espalda chocó contra el pasamanos y la inercia la inclinó.

―¡Lily! ―chilló Petunia.

Petunia corrió con las manos sobre la boca, ahogando el alarido que luchaba por quebrarla. Se detuvo cuando Lily cayó de cabeza con un grito agudo que se clavó en sus oídos como dagas. Sin aliento, con los ojos llenos de lágrimas y el corazón palpitando tan fuerte como si quisiera salir de su pecho, Petunia cayó de rodillas. Su mirada quedó perdida en los peldaños.

―¿Tuney?―la pregunta hizo que se atragantara, luego un par de ojos verdes la observaron con muda preocupación desde el pie de la escalera―. ¿Por qué lloras?

Lily subió por la escalera y se arrodilló frente a ella, la preocupación se reflejaba en todos sus rasgos más pálidos de lo normal. El labio de Petunia tembló y envolvió sus brazos alrededor de su hermana en un abrazo asfixiante. Era un milagro, pero no podía sentirse tranquila. Lily también se echó a llorar y la abrazó con fuerza, limpiando las lágrimas en su rostro.

―No vuelvas a hacer eso ―susurró Petunia con voz quebrada, apenas consciente de lo que estaba pasando, el rostro triste su hermana la calmó lo suficiente para desear que desaparecieran.


El parque estaba solitario, como la gran mayoría de las tardes, solo algunas palomas a lo lejos con un andar torpe. «Mejor así», pensó Petunia. No esperaba ser encontrada. Era su refugio, donde sentía que podía hacer sonreír a Lily.

―Lily, cuéntame lo que pasó.

Ninguna sonrisa enmarcaba su rostro, solo un sentimiento de culpa que se reflejaba en sus rasgos.

"No estuve allí para ayudarte", pensó Petunia, mientras arrullaba a Lily contra su pecho.

―Yo… no sé ―respondió entre ruidos que podrían ser sollozos si estuviera llorando, una de sus manos se aferraba a la cadena del columpio―, ese chico intentó quitarme mi almuerzo.

En ese momento Petunia hubiera querido tenerlo frente a ella, amenazarlo por molestar a su hermanita. Sabía que no era capaz y no era correcto, aunque la promesa de una venganza la hizo sentí mejor. Acarició los cabellos rojos de Lily con cariño, le pareció ver movimiento en unos arbustos pero no le dio importancia.

―¿Tuviste hambre? ―Lily negó con la cabeza, murmurando que no llegó a quitarle su almuerzo―. Entonces solo te asustó, ¿te ayudaron los profesores?

Para su sorpresa, Lily volvió a negarlo.

―No ―el terror se apoderó de sus facciones―, sus manos…

―¿Qué pasó con sus manos? ―Petunia frunció el ceño.

Lily la observó con sus grandes ojos verdes con un sentimiento indescriptible. Parecía querer decir tantas cosas, pero algo la retenía de expresarse. Petunia oculto lo herida que se sentía, eran hermanas y esa repentina falta de confianza se sintió como un mazazo.

―¿Lily?

―Se llenaron de pústulas.

Lily se estremeció, Petunia la abrazó contra su pecho en un intento de calmarla. No comprendía el porqué de su pánico, solo que eso la atormentaba.

―Yo no quise hacerlo ―balbuceó Lily―, Tuney, yo no quería.

―¿Cómo va a ser tu culpa, Lily?

Lily abrió la boca solo para cerrarla un momento después.

―No lo sé ―murmuró mirando a algún punto sobre el hombro de Petunia―, solo sé que fui yo.

Cerró los ojos y volvió a abrazarla. Petunia le dio un beso en la frente y la instó a pararse del columpio.

―Vamos, Lily ―susurró con cariño―. No fue tu culpa.

―Siempre pasan cosas raras cuando estoy cerca―dijo atropelladamente―, no puedo evitarlo. Tuney, no sé qué hacer.

―¡No eres rara! ―exclamó Petunia, cortante―, solo es casualidad.

Lily agachó la cabeza. Por un momento breve Petunia solo deseo saber que estaba pasando dentro de su cabeza. Que su hermana no compartiera sus sentimientos no era algo usual. «¿Qué ocurre, Lily?, ¿Por qué te escondes?», quiso llorar aunque se obligó a mantenerse firme por ella.

―Mirame, Lily ―después de un momento de duda ella alzó la cabeza―. Sea lo que sea, estaré allí para ti, hermanita.

Petunia sonrió con vacilación, pero cuando Lily la abrazó devolviéndole la sonrisa supo que no tenía nada de qué preocuparse, lo resolverían juntas. Sonrió en su cabello con una cálida sensación en el pecho.

―Vamos a casa, ¿sí?

Lily asintió. Las dos salieron tomadas de la mano, ajenas al muchacho que las escuchó detrás de los arbustos.


Abajo, en la sala, escuchaba a esos sujetos raros hablar con sus padres.

Petunia sentía la garganta seca, su expresión igual a quien había chupado un limón, el dolor en su brazo era mucho más agudo. No se atrevió a bajar y ni siquiera a poner un pie en esa sala. Aunque quisiera ir y proteger a Lily de las estupideces que le había metido en la cabeza ese muchacho. Primero la había llamado bruja, ¡A su hermana! y luego le dijo... lo que sea que significara esa cosa. Había confiado en que Lily sabría que había de alejarse de esa clase de personas, pero ella no tardo en escaparse un día al parque, poco después le confió que el tal Severus (¡qué nombre más vulgar y horrible!) tenía una madre bruja. Petunia escuchó con calma todo, segura de que Lily no se había tragado ese cuento y buscaba burlarse con ella de ese niño tonto.

Le siguió el juego. Lily contó sobre un castillo que nadie que no supiera magia podría encontrar, un deporte sobre escobas, «pero Severus no quiere hablar mucho de eso»y que la carta para ingresar la traía una lechuza.

«No estoy bromeando, Tuney»

Sintió una punzada de amargura, ¿Cómo iba a creer el cuento de un niñito andrajoso y no a su hermana, que la había protegido de cualquier cosa que pudiera borrar su sonrisa?

Lo odiaba. A ese muchacho por robarle a su hermana. La volvió una rara, cuestionándose de sí misma y dudando de la palabra de una persona que la conocía desde que nació.

Un día decidió a poner fin a todo, la siguió a hurtadillas a una de sus reuniones con su «amigo».

Se preocupó al ver que no iban a su parque, su mal presentimiento sobre ese muchacho mostró estar nada errado. Magos, un estúpido castillo e insultando a sus padres llamándolos… lo que sea que significara esa palabra.

Todo acabo mal, muy mal. El dolor en el brazo no se comparaba al del corazón, al ver a su hermana feliz junto a otra persona. La había visto con sus amigas, pero la sensación era diferente: de alguna forma tenía control, cosa que se escapaba de sus manos con ese chico. Y si lo que Lily decía era cierto, al ir a «Howards» a aprender magia no volvería hasta la navidad y el verano, ¿Cómo iba a cuidarla si la llevaban tan lejos de su lado?

No permitiría eso. Primero tendrían que arrancarla de sus brazos.


Señor director o directora de…

¿Cómo se llamaba ese lugar? Petunia sacó de su bolsillo el retazo de papel periódico en el que escribió esa palabra tan extraña.

…Hogwarts

Luego permaneció en silencio mirando la carta, ¿Qué más pondría? Cualquier cosa sonaba ridícula y dudaba que a esa gente le interesaran tonterías sobre que su hermana estaba perfectamente bien.

«Por favor, ella es mi hermana. Tengo que protegerla»

Sacudió la cabeza y apoyó el lápiz. La hoja siguió pulcra cuando sus padres la llamaron para almorzar. La escondió debajo de un libro y corrió a lavarse las manos. Era consciente de como Lily hablaba sobre su nuevo colegio, la emoción con la que sus padres le respondían y alentaban. Petunia se mordió la lengua para no decir algo desagradable, pero su ceño fruncido permaneció inmovible de su rostro mientras ingresaba al comedor. Cuando su familia la observó sus sonrisas se desvanecieron levemente, hasta la luz que ingresaba por la ventana se opacó.

―¿Estas bien, Tuney? ―preguntó Lily en voz baja y llena de preocupación.

―Sí ―«Continúen, no quería matarles la diversión», pensó, aunque las palabras murieron en su garganta.

Sus padres no hicieron ningún comentario. Durante el almuerzo solo hablaron de cosas triviales: el clima, si visitarían a su tía la siguiente semana (Petunia se preguntó cómo le esconderían al mundo la ausencia de Lily).

Cada bocado era agrio como la decepción, su estómago se retorció de amargura al forzarse a tragar. Sentada frente a ella Lily reía sin parar, alegre como todos los días. «No te importa que vayan a separarnos», Petunia nunca se sintió más aliviada que cuando pudo abandonar la mesa y volver a su habitación. No permitió que las lágrimas cayeran por su rostro mientras volvía toda su atención a la hoja.

Soy Petunia Evans...

Solo algunas lágrimas mancharon el papel, pero el grafito no difuminó las palabras que salieron de su corazón. Petunia sintió que se liberaba de una carga, los celos de ese don que temía y admiraba, cuya existencia decidió negar porque amaba a la persona que los poseía. Sin importar que tuviera Lily y lo que pasara a continuación, la amaría por siempre.

En silencio depositó la carta en el buzón. El resto del día pasó muy lento y no durmió hasta muy entrada la noche.


Querida señorita Evans.

Primero mis más sinceros saludos. En respuesta a su misiva:

Lamento profundamente negarme a su solicitud. La magia no se puede aprender, es un poder con el que se nace. Nadie puede volverla una bruja, ni siquiera un auténtico mago. Comprendo cuanto desea el bienestar de su hermana y el amor sincero que le tiene. Todos queremos permanecer junto a las personas que amamos y que nada ni nadie los lastime. El amor es algo poderoso que nos vincula con nuestros seres queridos, algo que valoramos aunque nos duela verlos partir.

Le garantizo por mi vida que ella será feliz. Porque una forma de amar es aceptar la felicidad de la otra persona, incluso si es lejos de nuestro lado.

Cordialmente, Albus Dumbledore, Director de Hogwarts

―¡Condenado!―Petunia resistió el impulso de hacer trizas la carta, en su lugar la arrojó a través de la habitación―. ¡Locos! ¡Todos están locos!

Desesperadamente ahogó sus sollozos mientras se dejaba caer al lado de la puerta. Esas palabras seguían grabadas en su mente, estrujándole el corazón con cada latido, como si le arrancaran alguna parte de ella.

«Lily, Lily»

Todo era culpa de ese muchacho y los de su clase, le quitó a Lily sin pensarlo. Se metió en sus vidas, en su familia. Su hermana ya ni le hablaba, la evitaba como una peste. Petunia hubiera hecho lo que sea para entenderla, ¿Por qué no podía ser como Lily? ¿Qué había hecho para que las separaran?

Escuchó el sonido de la puerta al abrirse. Alzó la cabeza asustada, pero solo era el viento. Recordó que sus padres no estaban en casa, solo Lily y ese muchacho que jugaban en el primer piso.

Inmediatamente se secó las lágrimas y fue al baño para limpiarse el rostro. De soslayo vislumbró a Lily en la escalera seguida por ese chico. Ignoró el débil «Tuney» que pronunció antes de cerrar la puerta de golpe. Esperaba que Lily no le tomara importancia, después de todo ya tenía nuevos compañeros a su lado, igual de raros que ella. ¿Para qué quería ser una rara?

Pero entonces, ¿Por qué no la abandonaban las ganas de llorar?


Miraba el suelo como si fuera la cosa más interesante, sus padres la tomaban de las manos pero Petunia sentía que ellos la guiaban a donde ir. No existía nada más que el recuerdo de la tristeza provocada en el rostro de Lily, esa expresión contra la que había luchado para no ver.

Saber que su hermana había espiado la carta no le dolía tanto como el hecho de que no entendía como se había sentido. Ignoró por completo el amor que se tenían desde niñas, ese que, ahora, parecía haberse quebrado como un vidrio.

Quería que Lily se enojara, ¿para qué? No extrañarla, ver que ella no la extrañaría ahora que estaba con los suyos.

«Solo la lastime»

La mano suave que acarició su mejilla la hizo estremecerse. La señora Evans trazó los surcos de las lágrimas que no había notado.

―No estés triste, Lily volverá en verano.

Tantas cosas pasaron por su mente. «No me importa», «Me da igual», «Lo que le pase no es mi asunto»

Pero, en algún lugar en el fondo de su corazón, sabía que era mentira.


Soy Petunia Evans, hermana de Lily. Sé que ella fue admitida en su escuela para aprender magia. Pero tengo miedo. Es mi única hermana y va a estar sola en un lugar desconocido, puede ser una de ustedes pero ninguno la conoce. Es una persona fuerte pero sensible, siempre dispuesta a ayudar a los que ama y perdonar a los que la hirieron. Ella significa mucho para mí, cuando lloraba yo estuve allí para calmarla. Si tenía miedo le permitía dormir conmigo y le contaba historias para verla sonreír. Quiero saber que ella está bien, que nadie la lastimara ni la hará llorar. Ella es más fuerte que yo, la extrañare mucho y solo quiero que ella sea feliz.

Me pidió ayuda cuando no entendía que pasaba. Creí que era un juego porque siempre pasaban cosas raras junto a ella, nunca le di importancia. Déjeme acompañarla, aprenderé todo para ingresar, mis notas son buenas y puedo estudiar más si así puedo estar allí para ella.

Hare lo que sea necesario, pero por favor no la apartes de mí lado.


En mi primer borrador pensaba escribir sobre Hermione. Luego (de esas ideas que vienen lavando los platos) la cambie por las hermanas Evans. Se centra principalmente en Petunia y el descubrimiento de la "anormalidad" de Lily. Creo que debió amarla mucho, de otro modo no habría aceptado a Harry.

Muchas gracias por leer.