Disclaimer: Los personajes que reconozcáis y el universo le pertenecen a JK Rowling. La historia es mía. No obtengo beneficios económicos al escribirla.


Aviso: Este fic participa en el Reto #44: "La magia del azar" del foro Hogwarts a través de los años.


Categoría: Personajes de Gryffindor.

Prompt: Pelirroja.

Condición: Tiene que haber un nacimiento.

Palabras: 500.


Cuando un pequeño viene al mundo.


Lily no creía que podía sentir tanta rabia hacia alguien como la que bullía en su interior por el caos que reinaba en su casa.

¿En qué buena hora decidió que James Potter era un buen partido y que casarse con él era la mejor idea desde la invención del "Accio"?

Se lo preguntaba porque hacía media hora que él, junto a Sirius Black, se habían enterado de que ella se había puesto de parto y corrían en círculos como idiotas.

-Va a nacer, Cornamenta. Oh, por el lunar en los genitales de Merlín.

-Lo sé, Canuto. Creo que estoy asustado. ¿Qué se supone que haré yo con un bebé? ¿Qué sé sobre ellos?

-¿Que son pequeños y que lloran como banshees? -Sirius dijo inseguro.

La chimenea resplandeció de verde y la pelirroja apretó los dientes.

En parte era porque esperaba que quien entrara no tuviera otro ataque de pánico, y también porque justo le sobrevino otra contracción.

Iba a hechizar a James Potter de tal manera que no lo iban a reconocer ni los retratos familiares.

El sanador Pucey entró seguido por Remus Lupin.

Eso eran buenas noticias en el libro de la bruja de ojos verdes.

El medimago podría darle algo para el dolor, y Remus lograría que los zopencos esos dejaran de hacer el tonto y los calmaría... Esperaba.


Lily fue conducida al cuarto que se había preparado precisamente para el nacimiento de su bebé.

Con el aumento de los estragos que Voldemort causaba, no muchos iban a San Mungo por lo que pudiera ocurrir.

-Está bien, Señora Potter. Ahora realizaré hechizos diagnósticos sobre usted.

Ella asintió. Había leído mucho sobre eso.

Maldijo cuando su esposo y amigos entraron a la habitación.

¿No podían quedarse fuera?

-Va a nacer, Cornamenta. -Sirius repitió por trigésima vez.

-Sí. Mi pequeño Harry...

-¿Por dónde saldrá? Oh por Godric. ¿Por dónde se supone que...? -Black no pensaba mirar a la pelirroja.

-Pues verás, Sirius. El bebé saldrá por...

-¡Calla, Lunático! No quiero saber. O sea, lo sé, pero no quiero pensar en ello.

-¡Black! ¡Si no te callas, las maldiciones imperdonables te parecerán un juego de niños comparado con lo que yo te haré! -Lily le gritó.

Peter, que iba entrando en ese momento, se transformó en rata y se ocultó bajo un mueble en el rincón más oscuro.

Esa mujer podía ser temible si quería.


El pequeño Harry James Potter llegó al mundo tras horas de caos, desmayos, y más hechizos de los necesarios debido a que su padre y padrino eran incapaces de tranquilizarse.

Sirius se había puesto tan gris que el sanador Pucey tuvo que atenderlo y tranquilizarlo más que a la madre.

Incluso Lily tuvo que respirar con él.

Por supuesto, el animago perro negaría todo eso si a alguien se le ocurría contarlo alguna vez.

Por otro lado, James, aunque se había asustado, al ver a su pequeño todo se le olvidó y cuando pudo acunarlo, supo que daría su vida por él de ser necesario.