-¿Qué pasa Harry? ¿Qué es lo que sabes?-
-Hay una razón por la cuál puedo escucharlos. Los horrocruxes. Creo que lo he sabido desde hace un tiempo; y creo que ustedes también-.
Las lágrimas comenzaron a derramarse por los ojos de Hermione mientras ella daba un pequeño paso al frente...
-Iré contigo-
-No- el sólo pensar que ella estaría en peligro lo hacía no querer ir y quedarse protegiéndola para siempre -maten a la serpiente. Maten a la serpiente y sólo quedará el-.
Y después solamente había sido un fuerte abrazo, esa era la última vez que lo había tenido junto a ella.
...
La imagen de Harry caminando hacia la salida del castillo aún seguía en su mente al mismo tiempo que su garganta dolía por el grito desgarrador que había salido de ella hace unos segundos, mientras Ron la sostenía con fuerza para que no fuera detrás del azabache.
Sentada en las escaleras sollozando y forcejeando, así era como se encontraba. Por otro lado, Ron tenía la voz quebrada tratando de hablarle y darle palabras de consuelo.
Pero ella no lo escuchaba, ella en ese momento solo quería correr tras Harry, ponerse frente a cualquiera que le quisiese hacer daño, convencerlo de que aún tenían una oportunidad de ganar sin que se entregara.
Pero Harry ya no estaba y ese era el gran problema.
-Vamos al comedor Hermione- Ron volvió a hablar después de un buen rato.
Ella por su parte solo alejó su hombro de la mano del pelirrojo, quien no deseaba soltarla para no dejarla escapar, por orden de Harry.
-No- su voz fue sólo un susurro, pero dejó en claro que no iría a ningún lado.
Ron suspiró...
-Yo también quiero detenerlo Hermione...-
-No, no quieres. Si quisieras hacerlo no me tendrías retenida acá- lo cortó con odio.
-Sabes que no es así- negó con cansancio el chico -Harry es mi mejor amigo, pero al menos, quiero hacer algo que él me pida bien, solo por esta vez, y si te pasa algo allá afuera, sé que él no se lo perdonaría y yo tampoco- dijo con gravedad.
Por primera vez Hermione lo escuchó, pero esto no significó que cambiara de idea, algo que Ron malinterpretó al ver que las lágrimas pararon de salir de sus ojos, así que le dio una pequeña palmadita en el hombro y le mostró una pequeña sonrisa, una que Hermione ignoró.
Los dos se quedaron observando las escaleras, pero Hermione estaba pensando en la mejor manera de llegar a Harry.
No se había marchado hace mucho, así que con suerte estaría llegando a las orillas del bosque.
Ron no se veía distraído hasta que el grito desgarrador de Molly proveniente del pasillo lo distrajo, haciendo que se levantase y olvidara a Hermione en las escaleras.
-Mi pequeño Fred- los sollozos de la señora Weasley eran incontrolables y desgarradores.
Hermione no podía imaginar cómo se sentía perder a un hijo.
Su pecho dolió cuando de reojo vio como el rostro de Ron componía una mueca de desconsuelo al llegar junto a su madre y abrazarla.
Un suspiro tembloroso salió por su boca cuando logró ver las escaleras vacías y el camino completamente libre.
Esta era su oportunidad...
Siendo sigilosa, se levantó con un movimiento lento de las escaleras.
Ron ni nadie le prestaban atención, todos estaban distraídos.
Caminando hacia atrás y prestando atención a que nadie la escuchara, comenzó a bajar hasta llegar al final de estas.
Dando una última mirada para asegurarse de pasar desapercibida, dio media vuelta y sus pasos no tardaron en convertirse en grandes zancadas y después en un trote para llegar a la puerta.
Siguió su carrera, algo que de seguro la hacía parecer loca ya que muchos la veían con cara de desconcierto y preocupación, pero eso no le importo y corrió lo más rápido que pudo para atravesar todo el jardín. Cuanto más se acercaba al bosque, menos personas habían, muchas no querían estar cerca de ese lugar.
Sus piernas y sus pulmones protestaban al tener que correr de nuevo y esta vez más rápido, pues ya estaban agotados de todo lo que había pasado esa noche.
Sin embargo, Hermione siguió corriendo, poco importándole que en la entrada se encontrara a algún mortífago que la persiguiera, pues ella tenía que llegar junto a Harry.
Si no lo encontraba vivo, ella sería la que jamás se lo perdonaría, no soportaría saber que mientras el chico se encontraba caminando hacia su muerte, ella se había quedado sentada en las escaleras sin poder ir a ningún lugar.
En pocos minutos, logró llegar a la entrada del bosque, algo que para ella fueron siglos.
Jadeando no lo pensó ni un minuto y se adentró en él.
Estando ya ahí, supo que la mejor opción era no hacer ningún tipo de sonido para que nadie la escuchara.
El temor que sentía por ese lugar fue reemplazado por el temor de llegar demasiado tarde.
Las ramas y hojas crujían bajo sus pisadas suavemente.
Decidió tomar un camino más rápido pero con un poco más de obstáculos, pues si se iba por el que normalmente todos tomaban, corría el riesgo de ser vista.
Su instinto le decía que no había nadie en el lugar donde ella estaba, pero un mal presentimiento se apoderaba de ella al pensar en lo que podría encontrar más adelante.
Tropezó unas cuantas veces con los troncos caídos a medio camino, algunas telarañas se pegaban contra su cuerpo y las pequeñas ramitas con algunas púas le hacían pequeños cortes en las manos y cara, pero eso no le afectaba.
A ese punto sabía que Ron o cualquiera ya habrían notado su ausencia y si era así, era muy poco probable que la encontraran o la alcanzaran, así que ya no se preocupaba por ellos, pero tenía los nervios de punta y el corazón martillando contra su pecho por Harry, no lo había visto por ningún lugar, tampoco había escuchado otros pasos que no fueran los de ella.
Cada vez apartaba con más desesperación las ramas, hojas y cualquier tipo de objeto que se interpusiera en su camino, pues ya había pasado demasiado tiempo desde que Harry los había dejado.
Al tiempo que avanzaba, dejaba de haber más vegetación en el bosque y este comenzaba a convertirse más espacioso y claro.
¿Dónde estaba Harry?
Sus ojos ardían al negarse a llorar allí mismo y proponerse a seguir buscando a Harry.
Volteara a ver donde fuera, no veía ni escuchaba a nadie, lo cual no daba ninguna buena señal, algo que la humedad y soledad que había en el ambiente empeoraba.
Cada vez el aire se volvía más asfixiante al avanzar en la oscuridad, la luna iluminando la tierra por la cual caminaba y un poco del panorama que tenía delante de ella, que fue lo que la hizo detenerse.
Le pareció ver una luz parpadeante a muchos metros de distancia, así que dio unos pasos muy silenciosos para acercarse.
¡Había luz!
Lo más seguro, era que fuera una fogata, ya que está se agitaba en el aire y daba un ambiente más oscuro al lugar.
¿Estaría Harry ahí?
Probablemente no, si fuera Harry, no habría hecho una fogata para quedarse esperando a Voldemort, así que eso significaba que era el mismísimo Voldemort junto a los mortífagos quienes se encontraban ahí.
Entre su esfuerzo por ver si Harry se encontraba en ese espacio, los ojos de Hermione se detuvieron con un destello en el suelo. Con cuidado y precavidamente se agachó para ver mejor. Al verlo, casi da un pequeño salto de sorpresa hacia atrás.
Una piedra bastante pequeña yacía en el suelo un poco cubierta de tierra, pero era evidente que no llevaba ahí mucho tiempo. A cualquiera le parecería una piedra normal e inofensiva, pero Hermione sabía muy bien lo que tenía frente a ella y por eso no podía salir de su admiración, y no era por que fuera la piedra de la resurrección la que se encontraba frente a sus ojos lo que le sorprendía, sino que ella sabía quien la tenía hace unos días o unas cuantas horas atrás y por eso su preocupación no hizo más que aumentar.
Harry ya había estado ahí.
Con las manos temblorosas, la recogió y la puso con cuidado dentro de su bolso, para devolvérsela a Harry después, aunque ahora, a esa distancia, aún no podía ver ni escuchar nada claramente bien, así que optó por seguir caminando, pero esta vez casi sobre la tierra para esconderse detrás de las gruesas raíces de los árboles.
Lo que fue más difícil ya que no se podía apresurar demasiado al tener que arrastrarse y no hacer ningún tipo de sonido. Se acercaba cada vez más y podía ver sombras moviéndose de un lado a otro.
En demasiados...
Poco a poco logró escuchar el revuelo que había en el lugar, todos parecían distraídos y seguramente no la escuchaban a ese punto.
Con alivio se levantó lentamente y caminó un poco más rápido, preguntándose dónde estaría Harry si aún no se había presentado.
¿Habría decidido regresar al castillo?
Su corazón se paralizó al escuchar la voz rota de Hagrid hacer eco por todo el bosque.
-¡Harry! ¡No!-
No pudiendo creerlo, caminó más rápido sosteniendo su varita en mano.
-¡No! ¡No! Harry, ¿qué haces?-
-¡Cállate!- gritó uno de los mortífagos.
A Hermione se le desgarró el corazón. Él no podía estar ahí, él no podía haberlo hecho, tal vez lo habían confundido, tal vez no era Harry... Eso quería creer ella. Su mente era un desastre cuando se acercó al último árbol para poder tener la vista completa del lugar. Frente a ella, tenía la escena más horrible de su vida...
Voldemort sonreía en el medio del pequeño círculo que formaban sus seguidores, quienes expectantes como el, tenían sus ojos puestos en Harry, que se encontraba al otro lado.
No, no, no, no!, A Hermione le faltaba el aire y su corazón latía desbocado de miedo.
-Harry Potter- dijo Voldemort suavemente. Su voz podría ser parte del fuego que saltaba. –El niño que vivió... viene a morir...-
La varita ya estaba levantada, estaba apuntado hacia Harry...
El terror se apoderó aún más de Hermione al ver como de la varita del mago salió una luz verde...
-¡Harry!-
Y de su garganta solo salió su nombre, un grito doloroso y asustado, uno que hizo que todos voltearan a ver a la recién llegada, que lentamente veía como la luz se aceraba hacia Harry.
Y él también había volteado a ver, pero a diferencia de los demás, en sus ojos solo había miedo y susto al verla ahí, pues sus pupilas solo disminuyeron su tamaño cuando él dio un paso hacia ella y gritó su nombre...
-¡Hermione!-
Pero ella nunca supo si le diría algo más, pues la maldición imperdonable golpeó el pecho del azabache y los ojos de este perdieron el brillo al instante aún fijos en ella...
Un grito hizo que todos voltearan hacia el lado contrario, para notar que Voldemort había caído en el piso y se sacudía mientras rápidamente su piel comenzaba a separarse de él en pequeños pedazos, volando hacia arriba y desintegrándose, lo que también significaba que Naggini había sido destruida.
Los mortífagos corrieron hacia su amo, pero Hermione no podía respirar aún con los ojos como platos viendo a Harry, pues a este le pasaba lo mismo.
-¡No, no, no!-
Eso no podía estar pasando, no a él, él no lo merecía, él se tenía que quedar, él no se podía ir.
Un sollozo quedó ahogado en su garganta cuando dio un paso hacia adelante, aprovechando que los mortífagos no la veían.
Corrió hacia el cuerpo desvaneciéndose...
-¡No, no, no, Harry, por favor!- su mano fue directamente hacia el hombro del chico, que había caído al piso y aún la seguía mirando sin brillo en sus ojos. Pero eso solo pareció empeorar las cosas, pues Hermione no pudo tocar nada más que polvo, por que el cuerpo de Harry se desintegró más rápido frente a ella. Sin poder creerlo, y sin Harry frente a ella, solo escuchó como los mortífagos se voltearon hacia ella.
Y sin importarle, dio media vuelta y desapareció. Al instante apareció en la pequeña y vieja habitación con piso de sucia madera, la casa de los gritos, cambiando radicalmente de ambiente.
Unas pequeñas sacudidas hicieron que se llevara una mano a la boca sin poder respirar. Eso no había pasado, Harry debía seguir ahí, él tenía que estar vivo, él no podía... él simplemente no podía estar...
Dando pasos hacia atrás, su espalda chocó contra una pared, logrando solamente que Hermione cayera al piso lentamente, procesando todo lo que había visto hacía un momento.
Las pequeñas sacudidas se convirtieron en sollozos, los sollozos trajeron un mar de lágrimas y se conviertieron en violentos temblores que la sacudían contra la pared creando una imagen desastrosa y desgarradora.
Y sus gritos eran lo peor de todo, unos donde el nombre de Harry no paraba de repetirse con la esperanza que él llegara y le dijera que aún estaba ahí.
Pero eso nunca pasó...
A pesar de pasar unos cuantos minutos llamándolo, lo único que hacía era comenzar a aceptar que Harry se había ido, que ya no estaba ahí y eso le perforaba el pecho, destruía su corazón.
No pasó mucho tiempo para que ella terminara en el suelo llorando y sollozando cuando la puerta de la habitación se abrió de golpe. Al ver la escena que tenía frente a él, Ron solo supo una cosa que le partió el alma...
Harry se había ido. Y lo peor de todo era que lo más seguro ella lo había visto todo. Lo supo desde que tuvo que traer el mapa del merodeador para buscarla al no verla en las escaleras y encontrar su nombre en la casa de los gritos. Rápidamente llegó hasta ella y se sentó en el suelo.
-Se fue Ron. Ya no está- la voz de Hermione sonó completamente rota, débil y ronca.
No era muy bueno con las palabras de consuelo y en ese momento, Ron también estaba cayendo en la realidad.
Solo atinó a abrazarla torpemente y completamente vulnerable, Hermione acepto el abrazo, al cual se pegó y se descargó en el.
-Y... yo no hice nada para detenerlo, se… frente a mis ojos- los sollozos de la castaña no le permitían hablar claramente y solo empeoraban cada vez más... al recordar como Harry desaparecía frente a sus ojos.
-Estoy seguro que no fue tu culpa Hermione, nada de lo qué pasó lo fue- susurró el pelirrojo al sentir sus ojos llenarse de lágrimas también.
Pues ese era el día más triste de sus vidas, habían perdido a familiares, amigos, maestros, pero lo más desastroso era lo que había pasado ahora.
Habían perdido a Harry.
