CAPÍTULO 1: La persecución


Comentarios a los reviews:

Kaoruca: No sé cuántos capítulos te pasé (no creo que fuesen más de tres, porque por ahí tuve mi primera interrupción de la historia), así que de momento no creo que veas mucha cosa cambiada. Te tocará esperar más que las demás para leer algo nuevo ^_^º. Pero bueno, también como fue hace tanto tiempo, lo tendrás olvidado y seguro que te estará resultando casi nuevo, jajaja.

Éste es el primer capítulo y ya sí, tiene una extensión más normal. En general, el fic está yendo por estas extensiones, así que no son capítulos excesivamente largos (que en otros fics hacía "tocho-capítulos"). Estos son más cortitos :-D

Espero que os guste ;-D


CAPÍTULO 1: La persecución

Marzo 1885

No iban a poder seguir con ese ritmo mucho tiempo. Tenían que dar con la manera de darles esquinazo o les acabarían alcanzando. El mayor problema era que tenía la sensación de estar dando vueltas. El bosque era muy denso y salían y volvían al camino indiscriminadamente con la esperanza de perderles.

Pero no lo hacían.

Y entre tanto árbol, ni siquiera podían ver con claridad el movimiento del sol. No sabía el tiempo que llevaban corriendo; no sabía a dónde iban. Hacía lo que le parecían horas que había perdido del todo la orientación.

—Así no vamos a conseguir nada —dijo Misao cuando Yakumo se detuvo exhausto tras un árbol—. Por mucho que corramos, ellos son más y pueden abarcar más terreno rastreándonos.

Misao miró en los alrededores. No podían detenerse mucho o los encontrarían. Siempre los encontraban, como si fuesen un faro que les guiara hacia ellos en medio de la oscuridad.

—No podemos detenernos, Yakumo.

—No puedo seguir —contestó jadeando—. Intentaré esconderme y, en caso de que me encuentren, los retrasaré para daros más tiempo.

—No pienso dejarte aquí —replicó con rotundidad Misao—. Pero tienes razón en una cosa. Puede que lo único que nos quede sea escondernos. Si nos separamos haciendo que se dividan, quizás podríamos conseguirlo.

—No —la contradijo al momento Kazuki, el compañero que había sido enviado de avanzadilla para reconocer el terreno—. Nos encontrarán igual y entonces estaremos en mayor desventaja numérica.

—Ellos también tendrán que dividirse —repuso Misao.

—O podrían cazarnos uno a uno. Ellos conocen este bosque. Vosotros ni siquiera sabéis moveros por él. Antes de salir de él, habrán dado con todos nosotros.

¿Cómo podían haberse metido en semejante lío?, pensó Misao. Se suponía que sólo iban a tratar unas negociaciones para compartir información entre organizaciones. Pero la conversación se había salido de esos puntos y ahora querían acabar con ellos.

—Puede que la mejor opción sea que Yakumo se quede aquí y nos dé tiempo.

—¡No pienso dejarle atrás! —gritó Misao más alto de lo que hubiera querido.

Porque al momento, oyó movimiento a lo lejos en su dirección. Cogió del brazo a Yakumo y le instó a levantarse.

—¡Vamos, vamos! —les urgió en un susurro—. Están cerca.

Aunque por un momento pensó que Yakumo se negaría a seguir, al final se puso en marcha.

—Hay un cañón por aquí cerca —informó Kazuki.

—¿Y por qué no lo has dicho antes? Llevamos corriendo ni se sabe el tiempo —recriminó Yakumo, que estaba al borde de sus fuerzas.

Misao no pudo estar más de acuerdo con él. Un cañón sería su salvación si conseguían cruzarlo y cortar el puente que hubiera. Se encontraba muy cansada de correr y sin ver una salida verdadera a esa persecución. Ni siquiera entendía cómo demonios estaban consiguiendo seguirles.

—¿Por dónde está? —preguntó Misao casi sin respiración después de retomar el furioso ritmo de carrera que llevaban desde que supieron que les seguían—. Si conseguimos cortarles el paso por un puente, podremos salir de ésta.

—Os estoy llevando hacia allí. No lo he recordado hasta que no me he dado cuenta de la zona en la que estamos.

—¿En serio eres capaz de orientarte? —inquirió sorprendido Yakumo—. Yo tengo la sensación continua de estar dando vueltas.

Al menos no era la única que lo pensaba. Era evidente que ese bosque anulaba la percepción de cualquiera que no lo conociera. Todo le parecía igual y si no fuese porque no tenían tiempo de detenerse, habría estado poniendo muescas en los troncos para asegurarse de si estaban pasando una y otra vez por el mismo sitio.

A Misao le encantaba la naturaleza, pero reconocía que ese bosque la estaba agobiando. Había ido otras veces a Tokio y nunca había pasado por él. No sabía muy bien por qué se habían metido allí. Kazuki había dicho que ese bosque era lo suficientemente frondoso como para poder darles esquinazo, pero se había convertido en una trampa para ellos. Porque al parecer, los Yoshida lo conocían como la palma de su mano y conseguían rastrearles sin problemas.

Pero ella no veía su final. Por mucho que corrieran y recorrieran, no veía el final del bosque. Ni a los lados, ni por arriba o por abajo. Sólo se veían árboles y más árboles; todo eran troncos, ramas y copas frondosas.

Y de vez en cuando, sus enemigos cuando se les acercaban.

—Recorreremos la orilla hasta dar con un puente —ordenó Misao—. Es nuestra única escapatoria.

—El puente más cercano está en esa dirección —respondió al momento Kazuki y les orientó hacia el sur.

No tardaron en encontrar el cañón. Pero no se veía ningún puente por ninguno de los lados.

—Por aquí —les indicó Kazuki.

Siguieron recorriendo la orilla con la esperanza de poder encontrar el puente. Yakumo parecía tener fuerzas renovadas sabiendo que podrían dar con una salida a esa endemoniada persecución.

Pero apenas habían recorrido un kilómetro cuando sus perseguidores les cortaron el paso. O, mejor dicho, se tropezaron con ellos. El líder incluso se rio. Por sorprendente que pareciera, Misao tuvo la sensación de que les estaban esperando.

—Os esperábamos —confirmó jactancioso sus pensamientos el líder—. Habéis tardado más de lo que creía en llegar.

¿Cómo que les esperaban?, pensó desconcertada. Casi ni había terminado de formular esa idea cuando Kazuki agarró a Yakumo por detrás y, sacando su tanto*, le rebanó el cuello.

Misao no podía dar crédito a lo que estaba viendo. Se quedó lívida viendo cómo Yakumo caía al suelo sin un solo sonido de su boca. Miró a Kazuki con el cuchillo ensangrentado y volvió a mirar el cuerpo inerte de Yakumo.

«No puede ser… No puede ser… No puede ser…», repetía una y otra vez mientras la rabia bullía en su interior.

Acababa de matar a sangre fría a un compañero que confiaba en él y, por supuesto, ahora podía ver con claridad que les había llevado hasta ellos. Todos los pasos que habían dado en su huida convergían allí.

Y las consecuencias le cayeron como una losa en su conciencia. Toda la persecución; las horas de angustia intentando escapar de ellos; las vueltas que seguramente habían estado dando al maldito bosque, siempre guiados por Kazuki y su supuesto conocimiento de la zona.

Se habían convertido en unos ratones intentando salir de una ratonera.

Y con ese pensamiento, toda la rabia acumulada estalló.

—¡Traidor! —escupió como si no hubiera peor insulto para decir a alguien… Y no lo había para Misao—. ¿Cómo has podido?

Sus perseguidores se echaron a reír. Misao quería fulminarlos a todos, pero sabía que no podía. Eran demasiados. El grupo de hombres presente era más numeroso que incluso los que les estaban siguiendo. Y, además, eran miembros del grupo Yoshida de Tokio: la organización ninja más fuerte de la zona oeste del país. No podría hacerles frente. No habrían podido siendo tres, mucho menos ella sola.

Con impotencia, volvió a mirar el cadáver de Yakumo tirado en el suelo. Era uno de sus ninjas de mayor confianza y había muerto sin poder defenderse a manos de un compañero. Quería estrangular a Kazuki. ¿Cómo era posible que no hubieran sospechado que tenían un traidor en sus filas?

—Tokio me gusta más —terminó por contestar Kazuki. Encima tenía la desfachatez de burlarse de ella—. Tu respuesta al líder Yoshida no ha gustado nada. No dejaremos que rompas las negociaciones entre nuestros grupos. Yoshida no quiere echar a perder sus planes de hacerse con los Oniwaban-shu de Kioto. Por eso, cuando vuelva a casa, les daré a todos la trágica noticia del desafortunado incidente sufrido con unos ladrones donde moristeis los dos.

—No te saldrás con la tuya —replicó ella, más por inercia que porque realmente lo pensara. Su situación había pasado de castaño a oscuro en sólo unos minutos. Sólo de pensar que tenían un traidor y que además manipularía las circunstancias en beneficio de Yoshida, le revolvía las entrañas.

—¿Salirme con la mía? A mí me da igual. Sólo es que me gusta estar con el caballo ganador. Y una mujer no puede serlo.

—¿Y vas a terminar el trabajo tú? —le provocó con toda intención, desechando por el momento la ofensa a su valía por ser mujer. Pero su única posibilidad en esos momentos era acabar con él. Yoshida podría informarles de que habían sufrido un accidente o un asalto, pero al menos no tendrían al traidor metido en el corazón de Oniwaban-shu.

Kazuki recogió el reto. Miró a sus compinches y, cuando el líder hizo un gesto afirmativo, se propuso a pelear contra ella. No tenía muy claro por qué lo hacía; si pretendía lucirse ante sus nuevos compañeros o lo hacía por resentimientos, pues Kazuki jamás la había ganado en un entrenamiento.

Misao sacó sus kunais*, lamentando por enésima vez el haber dejado el resto de sus armas en el equipaje cuando tuvieron que salir corriendo sin previo aviso y dejando las bolsas en el camino.

Iba a hacerle sangrar y no tendría ningún remordimiento por ello. Con una precisión de años con sus cuchillos, lanzó uno de ellos con el propósito de que lo esquivara. Kazuki tendía a esquivar a la derecha, de modo que podía prever dónde lanzar dos más para alcanzarle en las piernas.

No la defraudó. Con un kunai en cada pierna, Kazuki maldijo al caer en su trampa.

Como pudo, se lanzó hacia ella con intención de clavarle el tanto. Misao le agarró de la muñeca para que no impactara en ella y le dio una patada en una de las heridas. La pierna se dobló y Kazuki perdió el equilibrio. Entonces, Misao le hizo una llave de presa con la que inmovilizó su brazo por detrás y se hizo con el poder del tanto.

Cambio de planes.

Le puso el cuchillo en el cuello mientras utilizaba su cuerpo de escudo.

—No os acerquéis o le rajo el cuello —les ordenó.

Iba a utilizarlo para salir del campo de visión de esos hombres y, cuando no le sirviera, lo tiraría por el barranco por traidor. Su instinto le decía que el puente estaba en dirección contraria. Si él les había dirigido hacia allí —y parecía que ellos habían estudiado que la fuga se daría de esa forma—, si había un puente, tenía que estar en sentido contrario.

Pero sólo dio dos pasos hacia atrás cuando uno de los hombres lanzó dos shurikens* a la frente de Kazuki. Durante unos segundos, su cuerpo sufrió espasmos, lo que hizo que tuviera que hacer más fuerza en la sujeción. Se los habían lanzado con mucha fuerza; uno de ellos se había clavado más de la mitad en su cabeza, observó con asombro. Kazuki finalmente murió y no pudo mantener su pesado cuerpo como escudo.

—¿No pensarás que tendríamos consideración con alguien que ha demostrado no tener lealtad? —expuso el líder.

Falta de razón no tenía, para su desgracia. Pero a Misao le hubiera gustado que tuvieran algo más de escrúpulos con un camarada.

Le lanzaron otra estrella y Misao la esquivó saltando a la rama de un árbol.

Vuelta a huir.

Era la más rápida de los Oniwaban-shu. De hecho, era la más rápida en comparación con la gran mayoría de personas que conocía. Tenía que dar con ese maldito puente.

Y con ese objetivo en mente, echó a correr como alma que lleva el diablo en dirección contraria. Los oyó ponerse en marcha y lanzarle algunas estrellas más; pero era lo suficientemente lista como para no correr en línea recta. Saltaba arbustos y dejaba a su espalda gruesos troncos de árbol donde oía que se incrustaban sus armas. Por el modo en que estaban usándolas —lanzándolas contra ella en su huida—, la posibilidad de que estuvieran envenenadas era muy alta. Así frenarían su avance para alcanzarla.

Corrió y corrió como si nada más importara en su vida. Porque, por desgracia, era así. Si flaqueaba y la cogían, podía dar por finalizada su vida, aunque tuviera el consuelo de que el traidor no volvería a Kioto.

Pero se negaba a dejar caer a los Oniwaban-shu. No se había pasado siete años levantando su organización para que una chusma como los Yoshida se hicieran con ella. No se merecían ni un mísero acuerdo entre bandas; mucho menos unirse como le habían propuesto. De hecho, merecían que el resto de clanes ninjas del país se unieran y los destruyesen por sus actividades deshonrosas.

El desánimo empezó a hacerle mella cuando recorrió varios kilómetros y no encontró ningún lugar para pasar. El conocimiento de que había un puente le habría dado fuerzas, pero en realidad no sabía si había uno y no podía dejar de considerar que en verdad estuviera hacia el sur.

Continuó corriendo porque no podía hacer otra cosa. Sus perseguidores la seguían de cerca, pero sabía que habían tenido que ir desperdigándose. Cualquiera no podía seguir su ritmo.

Y entonces, apareció. Un flamante puente de cuerdas y listones de madera que de por sí no parecía muy estable. Un puente cuyas cuerdas se ataban a dos maderas que se podían cortar imposibilitando el paso. Habría llorado de alegría si hubiese tenido tiempo para ello.

—¡No dejéis que se acerque al puente! —oyó que gritaban desde atrás y, por desgracia, muy cerca de ella.

Porque, como cualquiera con dos dedos de frente sabría, iba a cortarlo.

Una nueva estrella pasó silbando a centímetros de su cabeza. No tenía tiempo para cruzarlo como buenamente pudiera y dedicarse a cortarlo al otro lado. Ese puente no estaba en condiciones para pasarlo corriendo; terminaría con una pierna atrapada en algún listón y entonces les dejaría vía libre para acabar con ella. De modo que lo cortaría en ese extremo y rezaría por no matarse al otro lado.

Le dio una patada a la primera madera según llegó y ésta se partió. La tensión del puente flaqueó y las cuerdas de ese lado se aflojaron. Cogió la cuerda del otro lateral y le dio un golpe a la otra madera. Pero sin el impulso de la carrera, le costó dos patadas más arrancarlo del suelo. La madera cascó y el puente perdió la sujeción.

Se aproximó a gran velocidad hacia la otra orilla enroscándose el brazo con la cuerda en el proceso. Era un cañón muy amplio y, por tanto, también el puente que lo cruzaba.

«Esto va a doler… Esto va a doler… Esto va a doler…», aunque mentalizarse del golpe que se iba a dar no ayudaba mucho.

Se estrelló contra el acantilado y, si no hubiera sido por haberse enroscado con las cuerdas, del impacto se habría soltado y caído al vacío. Pero antes de que se escurriera de la sujeción, se agarró a los listones. Le dolía el costado como un demonio, pero no podía centrarse ahora en ello. Los listones seguían sujetos y los escaló y medio saltó trepando a gran velocidad. Sus perseguidores llegaron y maldijeron por el puente cortado.

Varios shurikens se clavaron en la roca, pero la otra orilla quedaba demasiado lejos para apuntar bien. Y ella era una trepadora nata; llegó arriba mucho antes de lo que hubiera tardado un guerrero normal.

Siguió corriendo sin mirar atrás, saliendo del radio de tiro de las estrellas que le lanzaban. No podía explicarse cómo salían armados con tantas, siendo como eran unas armas más de distracción que de ataque. Pero era evidente que para los Yoshida eran una de sus armas predilectas. No había dudas de que las debían tener envenenadas o no las usarían así.

Corrió y corrió otra vez, con fuerzas renovadas sabiendo que los iba a poder dejar atrás. El hombro le dolía muchísimo, pero no podía detenerse en esos momentos. Tenía que alejarse lo más posible porque ellos conocían esa zona y sabrían dónde estaba el siguiente puente que cruzar.

—¡Te atraparemos, maldita zorra! —gritaron en la lejanía—. ¡No podrás escapar de nosotros!

Y Misao sólo corrió y corrió…


Notas del fic:

*Tanto: Arma corta de filo similar a un puñal de uno o de doble filo con una longitud de hoja entre 15 y 30 cm.

*Kunai: Cuchilla con forma triangular unida a un mango en cuyo extremo hay un aro concebido para atar una cuerda.

*Shuriken: Es un tipo de arma blanca arrojadiza, predominantemente en forma de estrella.


— * —


Fin del Capítulo 1

15 Octubre 2017


Notas de la autora:

Corre, Forrest, corre... Ah, no, me he equivocado XD.

Bueno, éste es el primer capítulo de esta laaaaaarga historia. Espero que os haya gustado y con ganas de más ;-D

¡Saludos!