CAPÍTULO 8: Delirios
Comentarios a los reviews:
Kaoruca: Es que la escena del río tiene tela. Por regla general, tengo una idea de la historia que quiero escribir, pero una vez que se ponen los personajes a «actuar» en función de ella pues voy escribiendo lo que sale (y eso llega a que incluso a veces me desbaraten la historia u_u). Esta escena no es que me la desbaratara pero me dejó un poco estupefacta la forma en que se lo toma: como si estuviera valorando un jarrón en una tienda. Yo quería que el hecho de que Misao estuviese desnuda no le despertase deseo sexual (así que le puse un mal antecedente) pero tampoco esperaba que fuese igual que si estuviera mirando el muñeco anatómico de clase. Pero me gustó cómo quedó, porque consigue lo que buscaba que era dejar esa sensación de desinterés por el sexo.
Y en cuanto a lo de la fiebre, por eso lo puse como nota, porque hay gente que todavía piensa que eso es lo mejor. Y no, puedes hacerle más mal que bien :-s
Estefi: Me alegra que te guste y cómo se maneja la historia. Esta parte en la que la relación entre los dos es como algo más espinosa tiene los capítulos contados ^o^ (creo que éste y el siguiente). De todo el cómputo de capítulos que llevo escritos, los que están publicados son los que «menos me gustan». Me encantan cuando su relación es más cercana *o*.
SlayArmisa: Woooww! Otra fan más de esta pareja. A mí cada vez me gusta más. Y hay muy pocos fics sobre ellos. Una pena... Me alegra que te esté gustando la historia y si dices que te gusta cómo se van acercando, espera a unos pocos capítulos más ^o^.
Sobre Soujiro, como le decía a Kaoruca, quería una impresión concreta pero no esperaba que Soujiro hiciera eso. Sin embargo, me gusta cómo queda, porque da una sensación de que ha tenido algo malo que le produce un rechazo hacia esos temas pero tampoco está traumatizado; no se siente víctima de lo que le pasó. Es más, teniendo la vida que ha tenido, lo que le pasó con la oiran es lo menos grave, así que el pobre ni se plantea que pudiese ser otro abuso más sobre él u_u.
En fin, os dejo con el siguiente capítulo. Espero que os guste :-D
CAPÍTULO 8: Delirios
No era estúpida, pensaba Misao mientras caminaba con Soujiro hacia el poblado de esa mañana. Era consciente de que ese día se había puesto muy mal. Lo poco que recordaba estaba nebuloso en su memoria. Pero si no hubiera sido porque estaba acompañada, sus huesos podrían haberse quedado en el camino.
Y ella no era estúpida porque sabía eso, siguió reflexionando dando un nuevo paso que siempre le costaba un poco más que el anterior. No tenía una gripe o una enfermedad similar que con unos días de reposo se podría curar por sí sola. Tenía una infección grave y, sin tratamiento, el único camino que había era ir a peor. Y eso significaba que no se podría haber levantado una vez se quedara en el camino.
Y como no era estúpida, se dijo mientras el camino se le iba haciendo borroso, ahora se encontraba con que no podía separarse de Soujiro. Volvía hacia atrás para recibir un tratamiento que no iban a darle porque no tenían ni una moneda. Pero no podía quedarse sola porque, de hacerlo, se estaría sentenciando a muerte ella misma.
Soujiro, en cambio, andaba de mucho mejor humor que ella. Sabía que a Misao no le quedaba más remedio que ir con él tras lanzarle el ultimátum. Y estaba mucho más animado porque ya veía el pueblo desde el punto en el que estaban. Misao se había ido descomponiendo poco a poco, pero tenía una capacidad de lucha que le dejaba impresionado. Había aguantado casi todo el camino cuando en sus mejores pronósticos sólo esperaba que llegara a la mitad.
Misao se tambaleó y Soujiro la cogió por debajo del brazo bueno.
—Ya casi estamos —le informó a la vez que señalaba al frente—. Lo tenemos ahí.
Misao no respondió. Su cuerpo volvía a arder por la fiebre y Soujiro decidió que ya había sido suficiente para ella. La cogió en brazos para ahorrarle el resto del camino y Misao se mareó por el cambio brusco de movimiento. Apoyó la cabeza en su hombro y gimió.
—Piense en la cama confortable en la que estará en breve —le dijo en un intento por animarla.
—No me dejes sola… —Casi ni la escuchó por lo bajo que habló.
—Por supuesto que no —le dijo él.
—No me dejes sola… —volvió a murmurar.
—No lo voy a hacer, señorita Misao. Me ha hecho caso, ¿recuerda? —comentó con humor.
—No me dejes sola… —reiteró.
Soujiro perdió la sonrisa. No le estaba escuchando; estaba delirando. Y al parecer, con su conversación anterior, le había dejado el susto metido en el cuerpo hasta el punto de hacerlo visible en su delirio.
La sujetó más fuerte contra él, con el pecho encogido por ser el causante de angustiarla en un momento tan vulnerable para ella, mientras seguía pidiéndole una y otra vez que no la abandonara.
En la primera casa que encontró, Soujiro preguntó por una dirección a la que llevarla. Por suerte, había un pequeño hospital, lo cual le animó pues Misao necesitaría cuidados constantes que no podía recibir en una clínica médica familiar.
Enseguida se hicieron cargo de ella. La cara del doctor cuando vio la infección del hombro era un claro indicador de lo mal que estaba.
—Se le está necrosando la piel —le informó el hombre. Eso ya lo sabía Soujiro desde que se la había visto él—. ¿Quién es esta mujer? ¿Se la ha encontrado?
—No, viene conmigo.
—¿Es su esposa?
Soujiro tardó una fracción de segundo en considerar sus posibilidades. Si decía que sí, Misao quedaría registrada con su apellido.
—Sí, es Misao Seta —contestó. Pero otra fracción de segundo después se dio cuenta de que también se podría haber inventado un nombre y apellido falso.
Sin embargo, pensó enseguida, Misao pasaría más desapercibida llegando bajo la identidad de una mujer casada, que una mujer soltera que había sido llevada por un hombre allí.
—¿Y por qué está en estas condiciones? —reprochó el doctor suspicaz—. Debería haberla visto un médico antes.
—Me lo ocultó —contestó con sinceridad. Porque era la verdad—. Estábamos de viaje y no quería interrumpirlo. No me di cuenta de lo mal que estaba hasta esta mañana. Creo que ella no era consciente de la gravedad —mintió. Misao lo sabía perfectamente, pero su terquedad la había puesto en la situación en la que estaban.
El hombre le siguió mirando con sospecha. Después, resopló.
—Voy a buscar una sala para intervenirla. Vendrá una enfermera a prepararla.
—¿Puedo quedarme un momento con ella? —preguntó Soujiro.
—Está delirando…
—Lo sé —contestó sin más. Cuando el doctor le miró ceñudo, agregó—: Quiero que oiga mi voz hasta que la traten.
El hombre asintió y salió de la habitación.
—Misao… —la llamó. Por supuesto, no le hizo caso—. Misao… —dijo con más fuerza—. ¿Qué debo poner en el telegrama?
Al cuarto intento de sonsacarle el código, Misao por fin dijo un nombre:
—Asuka —susurró de un modo apenas perceptible.
—¿Asuka?
—Cómo está Asuka…
—¿Quién es Asuka? —preguntó extrañado.
—Cómo está Asuka… —repitió.
—¿Ése es el código? —intentó aclararse. No sabía si era un delirio o no.
—Pregunta por Asuka. —Y eso fue lo último que dijo antes de que entrara la enfermera y se la llevara.
Le habían informado de que tardarían un buen rato en intentar curar la infección. Tenían que abrirle todo el hombro y limpiar a conciencia. Les iba a llevar unas cuantas horas.
Así que aprovechó ese momento que estaría rodeada de gente para realizar las gestiones que tenía que hacer.
No quería dejar mucho tiempo sola a Misao. En su fuero interno, creía que Misao tenía cierta paranoia con que la encontrarían. Cierto era que habían evitado hasta los caminos secundarios en su viaje, pero no había visto rastro de nadie que los siguiera. Además, por muy grande que fuese el grupo Yoshida, no podrían cubrir todos los pueblos, estaciones y puertos ya que no sabían ni por dónde andaba. Y sin contar con que, ahora mismo, estaba bajo la identidad de una mujer casada a la que no buscarían.
Pero, aun así, no quería dejarla sola demasiado tiempo. Y menos una vez mandase el telegrama al Aoiya. Porque ése sí que estaba convencido de que era un canal interceptado; sabía que, en cuanto llegase un mensaje hacia el Aoiya, buscarían en el lugar de origen a Misao. Y por eso había intentado sacarle por todos los medios su código. No le importaba que se enteraran de su contenido; ni siquiera que vinieran a buscarla. Pero sí que el mensaje fuese recibido y que el que le enviasen de vuelta fuese auténtico.
Así que se marchó a la oficina de telégrafos que esperaba que aún estuviera abierta. Y lo estaba, pero por muy poco. Al hombre no le hizo gracia verle entrar cuando era evidente que estaba a punto de cerrar.
—Quiero enviar dos telegramas urgentes —le comunicó con su sonrisa más amable. Veía a las claras que pretendía echarle—. Será rápido —le tranquilizó, aunque no sabía lo que le llevaría pensar el de Misao. No quería dar indicios de que estaba mal de salud, ni que su situación era precaria en cuanto a los Yoshida. Si hacía alguna mención que se pudiera entender como delictiva, el oficinista avisaría a la policía.
Así que empezó por el telegrama fácil que era escribir a su casa en Yokohama y pedir que le enviaran varias cosas, entre ellas, dinero. Eso le hizo sonreír al recordar a Misao, la cual pensaba que era, como mínimo, un mendigo. Lo supo el día que dio por hecho que había robado la comida en vez de comprarla.
Pero no había nada más lejos de la realidad.
Porque el señor Shishio había dejado su fortuna repartida entre la señorita Komagata, el señor Hoji y él. Y puesto que los dos primeros no habían sobrevivido ni tenían parientes en los que recayera su parte, todo el contenido del testamento fue a parar a sus manos —incluida una casa en Yokohama, la ciudad de los extranjeros y vía de contacto con occidente.
Y eso sin contar con el dinero que había ganado durante años trabajando para el señor Shishio, el cual no había escatimado en el salario que le había proporcionado.
Pero le resultaba gracioso hacerle creer a Misao que era pobre y por eso nunca la sacaba de su error.
—¿Cuál es el segundo telegrama? —le preguntó el oficinista cuando terminó.
—Va dirigido al restaurante Aoiya, en Kioto.
No sabía a quién se lo podría destinar, pero puesto que contaba con que ese mensaje iba a ser revisado por manos hostiles, ni se preocupó en intentar camuflarlo. Iban a saber que no estaría escrito por Misao —lo que añadiría el problema extra de que se sabría que estaba imposibilitada para mandarlo ella misma, dándoles pistas de sus precarias circunstancias—, de modo que prefería que quedara bien claro el contenido y ellos mismos analizaran qué tenían que hacer.
—Indique de remitente a Misao.
El hombre asintió y esperó a que le comunicara el contenido. Soujiro pensó un poco, pero decidió maquillar bastante la situación.
—Las negociaciones con el clan Yoshida no han ido bien. Estoy sola, pero he encontrado a un amigo por el camino. —El hombre le miró extrañado sin mover un dedo—. Escriba —le dijo para que fuese apuntando su mensaje en el papel que usaban antes de telegrafiar.
—¿Sabe que cobramos por palabra? —Soujiro asintió.
—Escriba, no se preocupe.
El hombre comenzó a escribir y Soujiro vigiló que el mensaje lo copiara como se lo había dicho. Misao había ido a Tokio acompañada, así que al avisar de que estaba sola —algo que, en un principio, era una información inocua para cualquier persona ajena—, estaba dándoles a entender que había pasado algo grave.
—Voy a retrasarme un tiempo —siguió diciendo cuando el hombre terminó con lo anterior—. Enviadme la contestación aquí. —Y con eso sabía que, al día siguiente, rondarían hombres de Yoshida por todo el pueblo porque, para su desgracia, el tren sí llegaba hasta allí. Después dudó un momento, pero pensó que no podía afectar para mal añadir una línea extra—. Por favor, ponga al final del mensaje «¿Cómo está Asuka?».
Con aquello consiguió que el hombre le mirara muy raro, pero siguió escribiendo cuando Soujiro se limitó a sonreírle.
—Podía haber enviado una carta —masculló el oficinista.
—Pero no llegaría tan rápido —replicó Soujiro. Una vez enviados y pagados los dos telegramas, preguntó—: ¿Podría enviarme la respuesta al hospital? No voy a poder moverme de allí.
—No hay problema —contestó el hombre.
—Gracias. Hágamelo llegar a mí. —Asintió y, tras eso, Soujiro se marchó camino al hospital. Sin embargo, justo antes de salir se volvió hacia él para decirle una última cosa—: Es probable que vengan a preguntarle quién envió ese telegrama. ¿Podría decirles que fue una mujer baja y de pelo moreno muy largo la que vino aquí a enviar y recibir la contestación? —El telegrafista le miró confundido—. Se lo compensaré si lo hace.
Al hombre le cambió el semblante, no en vano sabía el contenido de lo que había pedido a su casa. De modo que, tras decir eso, por fin se marchó hacia el hospital.
Iba a ser una noche muy larga.
— * —
Fin del Capítulo 8
3 Diciembre 2017
Notas de la autora:
¿Alguna vez os habíais parado a pensar dónde acabó la fortuna de Shishio? Casi te la imaginas escondida en una caja fuerte de algún lugar recóndito cuyo lugar es en la x de un mapa troceado. Pero debía estar en algún lado con relativa accesibilidad pues el hombre tenía que pagar muchos sueldos y comprar mucho armamento u_uº. Entonces me planteé dos posibilidades: o el Gobierno se la requisó o alguien la heredó. Con lo listo que era Shishio, estoy segura de que tenía en mente que, si le pasase algo, lo último que querría era que el gobierno que quería derrocar se quedara con su fortuna. De modo que amarraría bien el hecho de que sus pertenencias pasaran legalmente a alguien. ¿Y quién mejor que el protagonista de esta historia? ^o^
Lo cierto es que fue de lo primero que me vino a la cabeza de este personaje. No quería hacer una historia de «otro vagabundo». Tiene dinero y tiene una casa. Si viaja es porque quiere, no porque no tenga otra cosa. Y por otro lado, no es para nada descabellado que Soujiro fuese el heredero de Shishio cuando su nueva andadura la empezó con y gracias a Soujiro.
¡Saludos!
