N/A: ¡Hola! Gracias a todos los que estén leyendo este fanfic. Este capítulo es bastante más largo que los anteriores, y será un punto de inflexión para la historia. ¡Espero que les guste!

Aclaración: Detective Conan no me pertenece.


Capítulo 3

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¡NO!

Haibara estaba sentada frente a la pantalla de la computadora, con las piernas cruzadas y con una taza de café en su mano izquierda. Giró la cabeza hacia Conan con el ceño fruncido, molesta por su solicitud de un antídoto APTX 4869 para volver a su cuerpo de adolescente, más aún cuando no habían pasado ni un par de semanas que le había pasado unas cuantas, y para variar, no sin problemas. Se preguntaba como un chico con una mente deductiva como la de él, es capaz de repetir tantas veces los mismos errores. Es como si no aprendiera nada de lo que le pasaba.

Conan seguía con la mano estirada, esperando por un antídoto.

—Vamos, Haibara —dijo el niño de gafas con una sonrisa nerviosa en su rostro. —No te estoy pidiendo 100 píldoras, solo te pido una..o tal vez dos.

La niña con melena castaña rojiza se volteó nuevamente hacia su pantalla con semblante serio, dándole la espalda al detective encogido, y se puso a escribir sobre su teclado.

—No y no. Ya te he dado demasiados antídotos—le dijo mientras escribía indiferentemente en la computadora. —Es peligroso.

Conan caminó hacia su escritorio para poder recuperar el contacto visual con la científico encogida. Aún así, ella mantuvo sus ojos sobre la pantalla como si nadie se hubiese acercado a ella. Le dio un sorbo a su café mientras tecleaba.

—Es solo una píldora del antídoto, nada más—insistió Conan. —Te prometo, no haré nada que nos ponga en peligro.

A Haibara le parecía tremendamente molesto y frustrante la insistencia de Kudo. Era como si para él, todo este asunto del antídoto fuera un juego de niños. No le daba la seriedad que en realidad tenía. Venía a pedir píldoras cada vez que quería, como si todas sus explicaciones acerca de las consecuencias de ingerirlo con regularidad le entraran por un oído y le salieran por el otro. Sigue repitiendo sus errores una y otra vez.

Suspiró con exasperación, y se volvió nuevamente hacia él.

—¡Pareciera que tú no comprendes! Ya te he dado demasiadas. Y cada vez que has vuelto a tu cuerpo normal, siempre buscas exponerte ante todo el mundo. Entiende: ¡Nadie puede saber que Shinichi Kudo sigue vivo!—le dijo en tono molesto. Conan estaba listo para replicar, pero ella no lo dejó y prosiguió. —Además, te di varios antídotos del APTX 4869 hace tan solo unas semanas atrás para que pudieras viajar fuera del país, y aún así tomaste una más de la cuenta y tuve que rescatarte. ¿Y ahora quieres más? ¡El antídoto no es un caramelo! No te lo puedes tomar cada vez que se te de la gana. Esto es delicado, no está hecho para los caprichos tuyos.

—¿Y qué querías que hiciera? Fue necesario en ese momento—se defendió el detective. Bueno, él le dice eso, pero debía reconocer que fue bastante estúpido, y no había valido la pena para nada. Él estaba en Londres, Ran había descubierto que él estaba también allí, y por eso, y conociendo su impulsividad, estaba casi seguro que Ran iría tras él y lo descubriría. Entonces, en un momento de terror, se tomó su último antídoto. Ese que tenía para regresar a Tokio. Lo peor de todo era había sido que ésto no había sido en vano, pues contrario a lo que él pensaba ella no lo buscó. Ahora que lo pensaba, se preguntaba si ahí estaba el origen de todo este problema. —Pero en serio. Esto es una emergencia. Lo necesito.

Haibara esbozó una media sonrisa burlona. Ya sabía ella el tipo de problema que lo inducía a pedir un nuevo antídoto. Si, él mismo que lo hizo ingerirlo la última vez, y que le trajo todos esos problemas.

—Déjame adivinar, ¿Tiene algo que ver con la chica de la agencia de detectives?—le dijo la niña. Por la mirada que él puso cuando lo dijo, supo de inmediato que estaba en lo cierto. —Lo siento, pero la escenita romántica va a tener que esperar. Creo que ya te lo he advertido bastante, pero te lo diré otra vez. Te estás haciendo cada vez más inmune al antídoto, y si te los sigues tomando, llegará el momento en que ya no podrás volver a tener tu cuerpo normal.

Conan suspiró. Esto estaba resultado más difícil de lo que pensaba. Si, él sabía que Haibara le pondría trabas y condiciones, pero realmente tenía la esperanza de que si le explicaba que esta era una emergencia, ella lo ayudaría.

—Se que me has dicho que me podría estar volviendo inmune—le dijo el niño de gafas mirando el frío suelo de la casa del profesor. —Pero en serio, necesito arreglar un problema con Ran. Solo te pido una píldora.

Haibara lo miró sorprendida por unos instantes, como si quisiera tantear la situación en el rostro de Conan, y luego volvió a su trabajo con semblante serio.

—¿Qué hiciste?—le preguntó la científica mientras sus ágiles dedos escribían con rapidez y destreza sobre el teclado. Aún así tenía disimuladamente un ojo puesto en el chico de gafas.

—¡Nada! bueno, no estoy seguro de lo que hice con exactitud—respondió el detective encogido rascándose la nuca. —Lo único que se es que Ran ha estado ignorándome por semanas, y cuando le pregunté, dijo que a veces había que dejar ir a las personas...

—Es decir, que te dejará de esperar—tradujo la niña de pelo castaño rojizo, con un tono de voz neutro que no denotaba ninguna emoción.

—Si—respondió él. —Es por esa razón que debo hablar con ella.

—O sea quieres que te siga esperando—nuevamente utilizó ese tono neutro y sin emoción.

Conan la miró sorprendido por unos instantes, y luego agachó la cabeza. No quería admitirlo, pero algo de ese tono de voz le había estado incomodando y ya entendió la razón. Era un tono de reproche. Él quería que Ran lo siguiera esperando, y era capaz de hacer lo que sea para retenerla. Se le retorció el estómago al darse cuenta de que solo estaba pensando en él. Metió sus manos sobre sus bolsillos, y recordó lo que le había dicho a Haibara y al profesor hace un tiempo.

Pero aún así él creía que no era tal y como parecía. Porque más allá de todo, ellos eran amigos desde hace mucho tiempo, ella significaba mucho para él. No podía simplemente dejar que se quedara todo así Más aún cuando todo era culpa de sus mentiras. Ella tenía que conocer la verdad, entender sus razones. Se debían una explicación. Sí, había decidido a que ya no hubieran más mentiras entre los dos. Estaba seguro que si lo hacía, todo mejoraría.

En niño de gafas se sacudió la cabeza, y se volvió hacia Haibara.

—No es como lo haces sonar—respondió. —De verdad, necesito hablar con Ran.

Conan notó que el rostro de Haibara dejaba entrever una mezcla entre cierta empatía, y molestia. Esto hizo confuso adivinar si la científica lo ayudaría o no.

—Kudo-kun, ¿No fuiste tú el que me dijo que si le decías como te sentías por ella te extrañara aún más?

Conan se rascó la cabeza. No pensaba contarle los detalles a Haibara, pues sabía lo que ella le diría. Si, estaba evitando este momento. —Emm... pensaba decirle toda la verdad.

Su reacción era tal y como él había imaginado. Estaba furiosa. Dejó su café sobre el escritorio, y caminó hacia él con un dedo acusatorio justo en frente de su cara.

—¡Estás loco! ¡Pensé que lo tenías claro!—le dijo con un tono más alto y agudo. —Si ella se entera de la organización y de los efectos en nosotros de la APTX 4869, la estarías poniendo en un grave peligro, y de paso, a todos nosotros—la explicó, y aunque él abrió la boca, ella prosiguió con su perorata. —Además, tú mismo has dicho que si ella se enterara de toda la verdad, entendería el grave peligro en que estás, y ya nunca podría estar tranquila. Que ella dejaría de sonreír.

El detective encogido se quedó mirándola, sin saber que responder. Odiaba que le dijera todo ésto precisamente en este momento. Lo único que deseaba era que ella le pasara una píldora del antídoto, él pudiera volver a la normalidad por unas horas, y conseguir solucionar su problema con Ran. Pero ahora tenía un montón de ideas y dudas danzando sin parar por todo su cerebro. ¿Por qué tenía que ser tan complicado?

—Mira, Kudo-kun—suspiró Haibara, y prosiguió en tono más moderado. —Tu asunto con la chica de la agencia de detectives no es de mi incumbencia, pero permíteme decirte una cosa—dijo, teniendo la total atención de Conan. —Si tu chica está tomando esta decisión, sabiendo cómo se siente por ti, significa que esta era la única forma que le permitía dejar de sufrir.

Esta frase le retumbó en su cabeza, y se quedaría dando vueltas por ahí por algún tiempo.

Haibara se volteó hacia su escritorio, y Conan entendió que ella no tenía nada más que decir. Por supuesto, ya sabía que no le entregaría el antídoto. Después de todo le dejó su opinión bastante clara. Suspiró derrotado, sabiendo que esta era ya una batalla perdida y que debería darse por vencido con Haibara. Ahora tenía que pensar en otra opción para arreglar su problema.

Conan caminó hacia la salida con las manos en sus bolsillos y tomó el pomo de la puerta para irse cuando...

—Espera.

Escuchó que la voz de la niña lo interrumpía, haciendo que se detuviera en el acto. Se volteó rapidamente para encontrarse con la científica de pie, buscando algo en una pequeña cajita de medicamentos. Su emoción dio un salto, esperanzado a que, a pesar de todo, le daría en antídoto. Solo esperaba que ella estuviera buscando el antídoto del APTX 4869 y no un tranquilizante.

—Te daré una píldora del antídoto—le dijo ella con gran seriedad, y la mantuvo aún cuando la cara de Conan se iluminó y le empezó a agradecer. —Pero escucha con atención: no harás nada estúpido ni arriesgado que te exponga ante todos, ni tampoco le dirás nada delicado acerca de la organización. Limítate a hablar lo que tengas que hablar con tu chica, y luego te vas. ¿Entendido?

Él le aseguró que haría todo lo que le indicó. Recibió el antídoto con gran ansiedad, casi arrancándoselo de las manos ferozmente. Haibara mantenía un estricto ceño fruncido. Conan observó aquella píldora de color rojo con blanco que se posaba sobre la palma de su mano, y apretó su puño con fuerza. Al hacerlo, una oleada de nerviosismo se apoderó de todo su cuerpo, pensando desde ya en todo lo que hablaría con ella, pero entendiendo que esto era lo que debía hacer si quería solucionar todo su problema con Ran.

Le agradeció nuevamente a Haibara, se despidió del profesor Agasa que se encontraba comiendo en la cocina, y salió disparado hacia su propia casa. Allí podría sacar un poco de su ropa de Shinichi, la cual le serviría para cuando volviera a tener temporalmente su verdadero cuerpo. Desde ahí iría hacia la agencia de detectives para hablar con Ran. Después de todo, no tenía mucho tiempo que perder pues el efecto del antídoto, tal como se lo ha recalcado Haibara, es cada vez más reducido. Abrió la puerta de la mansión Kudo con ansiedad, como si no pudiera esperar para volver a ser Shinichi Kudo, y caminó en zancadas hacia su propia habitación. Él siempre está deseoso por volver a ser él mismo.

Abrió rápidamente su armario, metió la mano entre sus prendas de ropa, y escogió lo primero que encontró. Cualquier cosa estaría bien. Sin perder más tiempo, se vistió con aquella ropa que parecía quedarle gigantesca, pero que después de unos minutos le quedaría como un guante. Sacó del bolsillo de su pantalón la pequeña píldora de color rojo con blanco y la observó. Al mirarla detenidamente, se dedicó a pensar como abordaría a Ran. Después de todo, ella no le contesta el teléfono. Pero no tardaría en recordar las palabras y advertencias de Haibara, las cuales aún revoloteaban molestamente y sin control por su cabeza.

Sintió una opresión en el pecho cuando entendió que todo lo que le había dicho Haibara hace un rato era verdad. Lo que él quería hacer era que Ran lo siguiera esperando, pero en realidad lo único que ha estado consiguiendo con todo ésto es hacerla sufrir. ¿Por qué él insiste retenerla para sí mismo? ¿Es él tan egoísta? Y lo peor de todo, Shinichi estaba tan desesperado por que ella lo siguiera esperando, por no perderla, que era capaz de contarle todo sobre la organización, lo que la expondría en un grave riesgo. ¿Era capaz de ponerla en peligro con tal de que él obtuviera lo que quería?

Se sacudió la cabeza, intentando alejar imágenes terribles en que ella era capturada por la organización. Porque sí, a él le dolía mucho pensar en perder su oportunidad con ella, pero era muchísimo peor pensar que a ella le pudiera suceder algo malo. Muchísimo peor. Eso si que no podría soportarlo. Más aún si fuera por su culpa, por algo que él mismo causó.

Conan se guardó nuevamente el antídoto del APTX 4869 en el bolsillo de su pantalón, y se sentó al borde de su cama, mirando la muralla vacía de su habitación. Necesitaba tiempo para pensar que era lo que iba a hacer, y aquel silencio le parecía venir perfecto. Porque todo parecía tan complicado. Por un lado, él no quería dejar las cosas así con Ran. Pero por otra parte, lo que más quería en el mundo era protegerla. Odiaba cuando ella sufría por él, y haría lo que fuese por no volver a verla derramar lágrimas. Lágrimas de las cuales él era el causante.

Estaba tan inmerso en sus pensamientos y cavilaciones, que no se dio cuenta de cuánto tiempo había pasado allí en su habitación. Cuando levantó la cabeza, se sobresaltó al ver que casi no entraba luz por su ventana, lo que lo tenía sentado casi en medio de la oscuridad. Miró el teléfono de Conan y tragó saliva al revisar la gran cantidad de mensajes preocupados de Ran. La noche había llegado tan de pronto que se le había olvidado por completo llamarle para avisar que tardaría en regresar a casa. Bueno, después de todo, él tenia otros planes originalmente.

Como no quería preocuparla aún más, se levantó de la cama, colgó su mochila escolar sobre los hombros, y salió rápidamente de su casa en camino a la agencia de detectives, aún con el antídoto guardado en el bolsillo de su pantalón. Podía prever que al llegar se encontraría con una Ran ansiosa y preocupada por su tardanza. Por supuesto, es esperable. Después de todo, a cualquiera le preocuparía que un niño de 7 años, del cual se encuentra a su cargo, no haya aparecido en casa a estas horas. Cerró la puerta de su casa tras de él, y se introdujo por aquellas calles tan conocidas. Había caminado por ellas toda su vida. Se puso a pensar en cuantas veces había recorrido este mismo itinerario desde que era un niño -un verdadero niño-. Debieron ser muchas. Ellos han sido amigos por muchos años.

Además la mansión Kudo estaba a muy corta distancia de la agencia de detectives Mouri. No debían ser más de tres o cuatro cuadras. Por eso no era de extrañar que no tardara mucho en conseguir una lejana visualización del Poirot, cuyos pisos superiores estaban ocupados por los Mouri.

"O sea quieres que te siga esperando"

Las palabras de Haibara aún retumbaban en su cabeza mientras caminaba hacia su destino. Bueno, siempre ha sido así. Su cabeza nunca consigue estar quieta. Su mente siempre se ve atravesada por una serie pensamientos, detalles, y análisis. Era así incluso a la hora de ir a dormir.

"Si ella se entera de la organización la estarías poniendo en un grave peligro"

Por fin Conan se plantó justo en frente de la fachada de la agencia, y suspiró mientras la observaba por unos instantes. ¿Cuánto tiempo llevaba en esta situación, viviendo con Ran y su padre bajo la mentira de Conan? Ya había perdido la cuenta cuantas mentiras les ha dicho a los dos, en especial a ella. ¡Cómo soñaba con terminar con todo ésto, poder volver a ser Shinichi Kudo y recuperar su vida!

Subió las escaleras que lo llevaba directamente a casa, saltándose sin pensar la oficina, pues sabía que a esta hora ya debían estar cenando arriba.

"Tú mismo lo has dicho, si ella supiera toda la verdad entendería el grave peligro en que estás, y ya nunca más podría estar tranquila"

Giró el pomo de la puerta, e ingresó al pequeño departamento. Pudo percibir como el agradable aroma de la cena que preparaba Ran invadía todo el lugar.

—¡Ya estoy en casa!—se anunció Conan mientras colgaba su mochila escolar en el perchero de la entrada. Sin esperar un segundo, como si lo estuviera esperando, Ran corrió hacia la entrada y se dirigió a Conan con una gran cara de preocupación.

—¡Conan-kun! ¡¿Dónde has estado?!—le exigió la karateca, dejando cualquier cosas que estuviera haciendo para regañar al niño. —¡Me tenías muy preocupada! ¿No has visto las horas que son?

Conan siempre se sentía mal cuando preocupaba Ran. Después de todo lo que la preocupa y hacer sufrir como Shinichi, siempre intenta portarse lo mejor posible como Conan. La idea era no ser una preocupación extra para ella.

—Lo siento mucho, Ran-neechan—se disculpó el niño de gafas con un tono tierno e infantil. —Lo que sucede es que estaba probando unos video juegos en casa del profesor y se me pasó la hora.

Ran dejó caer sus brazos a sus lados, y refunfuñó por el susto que la había hecho pasar. Aún así, el chico pudo percibir que su molestia empezaba a menguar.

—Oi, Conan-kun, ¿No te he dicho que tienes que avisarme cuando vayas a quedarte hasta tarde en casa del profesor?

Conan volvió a disculparse, y le prometió que nunca más llegaría tarde sin avisar.

Ran pareció satisfecha con su explicación. Tras notar que el niño se veía extrañamente cabizbajo, rápidamente cambió su rostro preocupado por una cálida sonrisa.

"Y su sonrisa se apagará para siempre"

La joven volvió alegremente hacia la cocina y le solicitó ayuda a su pequeño hermanito. Ran le indicó que tomara tres platos y los ubicara en la mesa para la cena. Conan obedeció sin chistar y realizó la tarea encomendada sin abrir la boca.

No demoró mucho en hacerlo. Luego caminó hacia la cocina nuevamente y se apoyó sobre el marco de la puerta. Allí podría verla mejor. Ella estaba tarareando una canción mientras revolvía el caldo con una cuchara de palo. Estaba aún vestida con su uniforme escolar. Mientras la observaba, se puso a meditar acerca de cuánto tiempo llevaba sintiéndose así por ella. Pareciera como si siempre hubiese estado enamorado de Ran. De hecho, no tenía recuerdos en los no lo estuviera.

"Si tu chica está tomando esta decisión, sabiendo cómo se siente por ti, significa que esta era la única forma que le permitía dejar de sufrir"

Si, en muchas ocasiones Shinichi podía comportarse como un idiota alrededor de Ran, pero la verdad era que la amaba más que a nadie en este mundo, y eso significaba querer lo mejor para ella. Lamentablemente él no podía ser lo mejor para Ran en este momento. De hecho, él solo la estaba haciendo sufrir.

Conan ingresó a la cocina con su mirada pegada en sus zapatos. Podía sentir que estaba temblando, y tuvo que secarse el sudor de sus manos sobre su suéter. Ya tenía claro lo que tenía que hacer, a pesar de que estaba seguro que luego se arrepentiría.

—Ran-neechan...

Estaba nervioso. Después de todo, esto estaba muy alejado de lo que le habría gustado hacer. Pero lo hacía por Ran.

Ella se volteó hacia el niño y lo observó de frente. Pudo notar que éste no la miraba a los ojos.

—¿Si, Conan-kun?

Conan se demoró más de la cuenta en responder, y se quedó unos instantes con la mirada pegada sobre las agujetas de sus zapatos. Ran esperó pacientemente a que le dijera lo que le tenía que decir.

Finalmente, después de mucho esfuerzo, abrió la boca, y solo dijo una frase.

—Shinichi-niichan me dijo que te dijera que lo sentía.

Si, parecía algo muy sencillo de decir. Podría haberle dicho en su lugar que lo dejara de esperar. Habría sido mucho más directo, y podía permitir a Ran seguir adelante. Pero pensó que eso le podría romper el corazón y destruir para siempre cualquier tipo de amistad entre ellos. Porque si bien había decidido respetar su decisión y no insistir en contarle todo, tampoco quería destrozar en mil pedazos sus lazos. Le pareció que era una buena manera de soltarla, pero sin hacerle tanto daño.

Sin deseos de hablar nada más, Conan se retiró de la cocina sin voltear a verla.

Ran parpadeó, sin entender bien lo que acababa de decirle Conan. Se quedó plantada en su lugar, mirando a la nada. Pero luego volvería al caldo como si estuviera en modo automático. Y mientras sentía el vapor caliente sobre su rostro, se preguntó que había hecho mal todos estos años como para merecer este trato tan indiferente por parte de Shinichi. Era claro que él se había dado cuenta de su lejanía, pero por lo visto no le importaba demasiado. De hecho, le importaba tan poco como para enviar un estúpido y escueto mensaje con un niño, en lugar de intentar hablar con ella en persona.

No quería hacerlo, pero no podía evitarlo. Múltiples lágrimas surgieron de sus ojos liláceos mientras revolvía el caldo. Lloraba porque sentía que ella no había sido más que una molestia todos estos años -más aún ahora que el quería hacer su propia vida-, y que le había dado la oportunidad perfecta para deshacerse de ella.

Quizás, lo mejor que le había pasado era deshacerse de él.


N/A: ¡Gracias por leer! En el próximo capítulo habrá un pequeño salto en el tiempo.

Espero que les haya gustado, y agradecería sus comentarios.