Aclaración: Detective Conan no me pertenece.
Capítulo 4
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Conan se ajustó sus gafas sobre su nariz, y se apoyó meditativamente sobre la ventana de la Agencia de Detectives Mouri. El paso de los años hizo que su cuerpo creciera un poco más, lo que permitió que ya no tuviera que colgarse con sus brazos para mirar por sobre la ventana. El follaje de los árboles estaban coloreados con un intenso color rojo que lo hacían muy agradable para la vista de quienes lo contemplaban.
Pensó amargamente en cuantas veces había visto esa misma postal desde esta misma ventana.
Con un suspiro, se alejó de la ventana para tomar un libro que se encontraba sobre la mesita de la agencia. Era aquella novela de misterio que había mandado a pedir desde Estados Unidos. Por supuesto, ya la había leído tres veces, aunque eso no significaba que no fuera a darle otro vistazo. Tenía que ocupar su mente en cosas más agradables que en su patética situación actual.
Se preguntó porqué seguía viviendo en casa de los Mouri. Ya habían pasado 4 años desde que se había encogido en esa fatídica noche en Tropical Land, y siempre pensó que en el momento en que Ran decidiera dejar de esperarlo, él desearía abandonar aquella casa. Había supuesto que se sentiría incómodo viviendo ahí todavía. Pero, sin darse cuenta, se había quedado viviendo allí todos estos años. Bueno, después de todo, irse implicaría dejar de verla en absoluto.
Pero todo esto no había sido nada fácil. Los años habían agotado en él todas sus ideas y sus esperanzas de volver a la normalidad, y mientras en un principio podía vivir con ser Conan por un tiempo, ahora se sentía cada vez más ahogado en este cuerpo, como si casi pudiera sentir los fríos garrotes de una cárcel. Estaba casando de vivir una vida que no era la suya, mientras todo el resto avanzaba. Todo parecía una pesadilla de la que no puede despertar.
De pronto sintió las livianas pisadas de dos chicas subiendo por las escaleras, seguidas por un tercer par de pisadas, las cuales se más sentían pesadas como las de un hombre, las cuales se dirigían con seguridad hacia la agencia. De inmediato Conan supo identificar las pisadas gráciles de Ran, y supuso que las otros debían corresponder a las de Sonoko. Pero las terceras pisadas no las sabía reconocer. Estaba seguro que no eran las de Kogoro pues la de él eran menos pesadas y más volátiles debido a los constantes efectos del alcohol en su cuerpo. El rostro de Conan se tensó imaginándose que con seguridad las terceras pisadas debían corresponder a un hombre. Un hombre joven. Supuso de inmediato que debía ser un chico que Sonoko había conseguido para Ran. ¡Cómo odiaba cuando hacía eso!
Pronto sus temores se confirmaron cuando las tres personas entraron en la agencia, y se dirigieron a él.
—¡Ya estoy en casa!—se anunció Ran, mientras miraba a Conan-kun. Él la saludó instintivamente, y luego desvió su mirada al intruso masculino que había ingresado junto a ellas. Era un hombre de unos 21 años, vestido con unos jeans y un sueter, y colgaba un bolso con libros sobre su hombro. Era evidente que se trataba de alguien que había conocido en la universidad. ¿Pero por qué demonios tenía que traerlo a casa?. —Conan-kun, te presento a Shiro-kun, es un compañero de la universidad que vino para que le prestara un libro.
Conan alzó una ceja con incredulidad. ¿Vino desde el campus de la universidad hasta el distrito de Beika para pedir prestado un libro de Ran? ¿No podía perdirlo en la biblioteca de la universidad? ¿O, por último esperar, a que Ran se lo llevara a clases? Estaba seguro que Sonoko estaba detrás de esta visita. Era tan fácil como notar esa molesta sonrisa de satisfacción que se dibujaba en su cara como para saberlo.
—Oh, mira como ha crecido el pequeño mocoso—exclamó burlonamente Sonoko al ver la expresión de Conan sobre Shiro-kun. —Ahora hasta te pide explicaciones, Ran.
El color volvió a las mejillas de Conan.
—Ay, Sonoko. No digas tonterías. —la regañó a su amiga.
Ran en cuanto se había graduado de la escuela, había decidido estudiar literatura en la Universidad de Haido. Por supuesto, Sonoko deseaba fervientemente estudiar junto a Ran, y pasar su alocada vida universitaria juntas en el campus, y para ello se habían mudado juntas a un pequeño apartamento universitario cerca de la universidad. Pero luego de unas semanas surgió un problema. Kogoro no podía mantenerse solo, y más aún, cuidar a Conan. Su padre le había llamado a tan solo días de muduarse para recriminarle el dejarle al mocoso de gafas a su cuidado, siendo que había sido ella la que había decidido quedárselo. Por supuesto, nunca pensaron que se lo dejarían a su cuidado por tanto tiempo.
Si, tuvo que volver a casa, y vivir allí durante la universidad. Ella jamás podría dejar abandonados a su padre y a Conan.
—Vamos a subir a casa para buscar el libro—indicó la dueña de casa a sus invitados. Ambos asintieron con una sonrisa y cerraron la puerta de la agencia para subir las escaleras en dirección a su departamento. Obviamente Conan los siguió para saber que hacían o hablaban.
Subieron las escaleras mientras charlaban alegremente de asuntos de la universidad - a pesar de los intentos de Sonoko de llevarlos a otros temas más interesantes-, y en cuanto entraron, todos colgaron sus bolsos sobre el perchero de madera que estaba ubicado justo en la entrada, y Ran les ofreció té a sus invitados. Bueno, en realidad a Shiro -quien era el único verdadero invitado- pero sería grosero ofrecérselo solo a él.
Ran caminó sonriente hacia la cocina, y Sonoko le dio un codazo a Shiro indicándole hacia el lugar en donde se encontraba la dueña de la casa. Él comprendió de inmediato la indirecta de la castaña. Se puso de pie desde el sofá en la que se había sentado, y siguió a Ran para ofrecerle ayuda para hacer el té. Ella aceptó encantada la ayuda.
Por supuesto, Conan también entró junto a él, y siguió sus pasos como una sombra, impidiendo que se acerca lo suficiente a ella como para que hicieran contacto. Shiro y Ran lo miraron un tanto sorprendidos. El muchacho ya había alcanzado, con sus casi 11 años, una altura que ya era notoria su presencia y sus ansias de interponerse. Pero rápidamente recompusieron la conversación mientras preparaban el té.
—Oye, Ran-san, ¿Has pensado en la propuesta que te hizo mi padre?—le preguntó Shiro intentando sonar casual mientras llenaba la tetera con agua.
Conan tosió en cuanto escuchó esas palabras, y tuvo dar pequeños golpes sobre su pecho para no ahogarse. ¿Qué demonios significaba eso de "la propuesta que te hizo mi padre"? Miles de teorías e imágenes poco agradables pasaron como remolino por su cabeza.
¿Propuesta de su padre? ¡No me digas que...! ¡NO, es imposible esa posibilidad!
¿Y si se trata de este tal Shiro, después de todo? ¿Y si su padre les ofreció una enorme casa para que vivan juntos cuando se casen?
De inmediato, y sin poder controlar el poder su imaginación, le vino a la cabeza la imagen de Ran y Shiro vestidos de novios mientras se besan en el altar.
Ran se sonrojó levemente al ver la reacción de Conan, entendiendo qué era en lo que estaba pensando. Luego ella sacudió la cabeza, y se giró hacia Shiro.
—Es que fue todo tan sorpresivo, Shiro-kun —respondió la joven, mientras ponía la tetera con agua en el fuego de la estufa de la cocina. —Fue hace tan solo unos días, y no he tenido tiempo para pensar sobre eso...
—¿Pensar qué? ¿Qué fue lo que te propuso, Ran-neechan?—preguntó Conan directamente, sin ser capaz de esperar mucho más para saber que era lo que exactamente estaba pasando. La incertidumbre lo estaba volviendo loco.
—¿Qué? ¿No le has dicho nada al mocoso, Ran?—intervino Sonoko desde la sala. Rápidamente caminó hacia donde estaban todos, y puso sus manos sobre su cintura. —¡Ran se va! Así que ya es hora que vayas dejando en paz a Ran.
Conan miró a Ran con sobresalto, pero ella le regaló una sonrisa tranquilizadora.
—No es tan así como lo dice Sonoko, Conan-kun—le respondió la muchacha. —Lo que pasa es que el padre de Shiro-kun, quien hace clases de cine en la universidad, me ofreció a Ran ir a filmar una película de acción en París.
Ran y Sonoko le relataron al niño cómo había sucedido todo. Todo había pasado hace un par de días en el campus de la universidad. Las dos amigas caminaban por los patios de universidad en camino al salón de su próxima clase, cuando vieron como un par de hombres estaban forcejeando violentamente con una chica para robarle su bolso. No tenían idea de cómo estos delincuentes consiguieron ingresar a la universidad, pero, por supuesto, Ran no podía quedarse así como así mientras presenciaba esta escena. Lanzó su bolso lejos, y sin pensarlo dos veces, salió persiguiendo a los hombres, y en cuanto los alcanzó, los golpeó con una ágil patada voladora dejándolos inconscientes en el suelo. Claro, hacer este tipo de cosas no era nada extraño para ella, pero si lo suficientemente extraordinario para impresionar un director de cine de películas de acción, el padre de Shiro, que ocasionalmente dicta cátedras en la escuela de cine.
De inmediato, impresionado con el espectáculo que había presenciado de Ran, le ofreció el papel protagónico para su próxima película de acción que rodaría en París. Por supuesto, esta propuesta tomó tan de sorpresa a Ran que no supo que responder en ese momento, pero Sonoko le prometió que su amiga lo pensaría.
Y el hecho de que Shiro fuera compañero de ellas solo aumentó la insistencia para que aceptara el papel. Sonoko insistía que esto debía ser el destino, y que era hora que Ran empezara a vivir su vida.
Pero no todo era tan fácil. Tenía varios problemas para aceptar ese trabajo. Por un lado, si decidía aceptar, debía marcharse fuera del país en tan solo un par de semanas, pues las grabaciones comenzarían muy pronto, y ella de verdad no quería abandonar sus estudios. Pero lo que más le aproblemaba era todo el tema de abandonar a su padre y a Conan a su suerte. Ella sabía que su padre no era capaz de mantenerse solo. Él es un verdadero desastre. Y menos aún puede hacerse cargo de Conan. ¿Qué sería de ellos sin ella?
Bueno, además Ran no creía tener el talento necesario como para actuar en una película. ¿Que pasaría si va y lo arruina todo?
Pero Sonoko la ha estado persuadiendo todos estos días para que acepte. Está segura que su increible talento para el karate y su belleza, lo harían toda una estrella. Y con eso, podría tener una vida glamoroso recorriendo el mundo. Por supuesto, Sonoko tenía planeado acompañarla, y así vivirían la vida que dos jóvenes universitarias jóvenes y bellas se merecían.
Conan estaba feliz con esa perspectiva. Se imaginó con satisfacción conociendo París junto a Ran, hasta que se acordó que Conan no tiene pasaporte. Y ahí toda su fantasía se vino a abajo, pues eso significaba que él no podría acompañarla. Él tendría que quedarse aquí todo ese tiempo.
—¿Y cuanto tiempo duraría la filmación de la película?—preguntó Conan mientras ayudaba llevando la bandeja con las tazas de té a la sala.
—Bueno, yo creo que duraría unos 8 meses—respondió Shiro-kun —pero si todo sale bien, lo más probable es que de allí, nos vayamos a Estados Unidos a filmar por un tiempo más. Y luego a otro país. ¡Así son las cosas en esta industria!
Conan miró a los ojos de Ran, y ella sintió un pequeño escalofríos ante su intensidad.
—¿P-pero eso...no es mucho tiempo?—inquirió el ahora chico pre adolescente de gafas, mientras intentaba mantenerse en calma. Pero él no estaba calmado. No, él podía sentir que sus manos se mojaban por el sudor que le producía la ansiedad de esta perspectiva. Se limpió sus húmedas manos sobre su pantalón, y tomó la taza de té caliente.
Eso parecía mucho tiempo. Si, él siempre ha sido un hombre independiente, pero imaginarse pasar años sin volver a ver a Ran lo llenó de ansiedad. Él siempre había evitado este momento, desde que era un niño. No quiso irse con sus padres en dos ocasiones por no querer dejar su vida junto a Ran. Tampoco quiso irse de casa de los Mouri cuando Ran cortó todo con Shinichi, y se había quedado ahí durante años. Años en los que observaba como todos, incluida Ran, crecían, cambiaban, y hacían su propia vida, y él seguía anclado en el cuerpo de un niño.
Es por ella que se quedaba en esta casa. Es por querer seguir viéndola lo que lo ataba a este lugar. A pesar de que Ran parecía ya haberlo olvidado, él no estaba preparado para separarse de ella.
Conan caminó hacía la ventana para pensar. Le gustaba observar a las personas caminar por la acera para distraerse de su problemas. Además, después de todo, nada de esto era seguro. Ran no le había aceptado la propuesta y quizás él se estaba preocupando por nada.
Pero de pronto lo vio. Se petrificó al ver estacionado en la acera justo en frente de la agencia de detectives a un reconocible Porsche 356A negro. Lo peor fue corroborar que dentro de éste se encontraba un hombre vestido totalmente de negro, con un distintivo y largo cabello rubio plateado. Era indudable que se trataba de Gin.
¿Pero qué estaban haciendo ellos aquí?
Todos sus sentidos se agitaron, como si ya no fuera capaz de controlar su cuerpo ni sus emociones. No sabía que estaba pasando, porqué estaban aquí, y qué era lo que querían, pero sabía que no era nada bueno.
¿Estaba aquí detrás de Kogoro? ¿O...tal vez...por fin había descubierto que él, Conan Edogawa es en realidad Shinichi Kudo?
Lo peor de todo ésto es saber que Ran y los demás estaban a tan solo unos metros de distancias de ese desalmado criminal.
El terror lo invadió por completo pensando en que les podrían hacer. En que le podría hacer a ella.
Todo por culpa de sus descuidos.
