N/A: ¡Hola a todos! Gracias a todos por leer la historia, y en especial agradezco a quienes han dejado por sus comentarios. Realmente los valoro y me instan a seguir escribiendo :)

Me demoré un poco en actualizar, pero aquí esta un nuevo capítulo. ¡Espero les guste!

Aclaración: Detective Conan no me pertenece.


Capítulo 5

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—Conan-kun, ¿qué es lo que pasa?
El drástico cambio en el semblante de Conan hizo que la atención de Ran se dirigiera hacia él. El cuerpo del chico de gafas se había tensado ante la perspectiva de verse enfrentado a Gin con todos ellos en casa, y el sudor empezó a cubrir su cuerpo ante este inesperada escenario. Un terrible escenario. Y como si no fuera poco, tenía sobre él la preocupada y atenta mirada de Ran, quien estaba expectante a su respuesta. Por supuesto, ésto hacía que sintiera aún más presión sobre sus hombros.

¿Qué debía hacer? Por un lado, considerando el inminente enfrentamiento ante uno de los integrantes más peligrosos de esta despiadada Organización, quizás lo más sensato sería explicarles directamente y sin pelos en la lengua acerca de todo lo que está pasando, y qué es lo que deben hacer en este momento. De este modo, podrían estar preparados con lo que posiblemente se encontrarían, y así sabrían que esperar y que hacer. Se podrían esconder.

Pero rápidamente desechó esa idea. Descartó esa posibilidad pues sentía que todo este asunto era demasiado complicado de explicar en este momento, más aún con el reducido tiempo de acción. Además, no necesitaba que más personas, incluido un perfecto desconocido, supieran de esta organización. No quería involucrar a más personas en toda esta porquería. Después de todo, cada persona que sabía la verdad acerca de su condición y de la existencia de la Organización se ponía en un enorme peligro. Y, por lo demás, lo que menos quería era preocupar a más personas con este asunto. Él ya había sentido suficiente angustia durante todos estos años como para agregar más personas a las lista. Y menos a Ran, quien es a la que menos quería preocupar.

Entonces, entendido ésto, sabía que debía actuar rápido y no despertar las suspicacias de Ran ni de nadie. Aún así, hacer ésto, en este preciso momento, le parecía una tarea verdaderamente titánica. Si bien él siempre ha tenido la capacidad de mantener su mente fría a pesar de las circunstancias, cuando se trataba de algo relacionado con la organización, sus nervios solían dominar la plenitud de sus razonamientos más acertados. Y ni hablar cuando se podía ver involucrada Ran. Por ello le parecía realmente complicado actuar como si nada estuviera pasando y tranquilizar a los demás, cuando él mismo debía de luchar contra su propio nerviosismo.

Su respiración se agitaba cada vez más mientras sopesaba todas sus opciones.

—¿Conan-kun?—volvió a insistir Ran, acercándose aún más al pre adolescente de gafas. Éste tragó saliva al entender que debía actuar ya.

—¡No es nada, Ran-neechan!—respondió con una sonrisa falsa y su ya típica voz inocente, mientras se rascaba la nuca nerviosamente. —Es solo que... acabo de recordar que había quedado de juntarme con Genta y los demás hace media hora y se me había olvidado.

Ran lo observó atentamente. Sus miradas se encontraron por un instante o dos y, por un momento, Conan temió que Ran no hubiese creído en su mentira.

Una más de las miles de mentiras que le ha dicho por años.

—Oi, Conan-kun, tienes que ser más responsable. ¡No debes dejar esperando a tus amigos tanto rato!

Conan dejó salir un suspiro, un poco más aliviado de haber conseguido engañar a Ran una vez más, pero todavía nervioso y alertado ante al inminente peligro que Gin estacionado frente a la Agencia de Detectives significaba. Por ello, sin pensar en nada más que en encargarse de este terrible problema, se disculpó rápidamente ante Ran y los demás, y salió disparado por la puerta hacia el exterior, sin esperar una respuesta de vuelta. No tenía tiempo que perder, y no podía preocuparse en este preciso instante en los modales que debe mostrar frente a las visitas.

Los tres siguieron con la mirada la trayectoria de Conan desde la ventana hasta la puerta de salida, y no abrieron la boca hasta que sintieron el sonido de la puerta detrás de él.

—Ran-san, ¿ese niño es tu hermano?—le preguntó mientras le daba un sorbo a su té, rompiendo el silencio que imperaba hasta hace unos instantes. —Espero no te molestes, pero me pareció un poco extraño.

Esta impresión no era para sorprenderse. Después de todo, Conan había estado constantemente asechándole desde el mismo momento en que lo vio, interponiéndose entre él y Ran, y haciéndole constantes preguntas al hueso. Incluso, si era sincero, casi diría que lo observaba con una mirada oscura y mordaz. De hecho, había algo en la actitud del chico que había provocado en él un poco de temor por su integridad física.

Ran sonrió nerviosamente. Debía admitir que todo el asunto "Conan" era, a estas alturas, algo bastante complicado de explicar. En realidad ya ni ella podía entender cómo terminó quedándose con un niño prácticamente desconocido por cuatro años. De hecho, si era era completamente sincera, todo lo que rodeaba a Conan-kun era, por decir lo menos, extraño.

Desde su aparición en casa de Shinichi justo en que éste desapareció, el casi abandono de sus padres con unos desconocidos, el que Conan-kun no parezca extrañarlos en lo más mínimo, como también sus actitudes alejadas a las de un niño común y corriente, y ni hablar de su particular inteligencia y capacidad de deducción que incluso superaba a la de detectives consagrados, todo era un poco extraño. Si no supiera que es imposible, casi parecía como si sus habilidades se parecieran a los de... ¡No!

Simplemente era un chico muy listo.

—No, no es mi hermano—le aclaró, haciendo un movimiento de manos. —Simplemente se está quedando con nosotros por un tiempo.

Sonoko se rió. —¿Por un tiempo? El mocoso ya que se quedó a vivir con ustedes—le dijo con un risita. Después acercó su cabeza a la de su amiga, y le dijo en voz más baja. —Oye Ran, ¿no crees que a veces eres demasiado amable con él?

La karateca pareció no entender a que se refería Sonoko. —¿Demasiado amable?

—¡Por favor, Ran! ¿Es que no te has dado cuenta? Conan-kun se comporta a veces...como si le gustaras. No se si lo notaste, pero fue demasiado evidente que el mocoso está celoso de Shiro-kun—le dijo. —¿No será que lo consientes demasiado? Ya está grandecito.

La aludida frunció ante lo que que dejaba insinuar su amiga. —¡No digas tonterías, Sonoko! Conan-kun es como si fuera mi hermano pequeño—le aclaró con seguridad. —Y él no está celoso, solo quiere cuidarme, tal como mi padre.

Ella sinceramente creía en eso. O quizás quería creer eso.

Aún así, tenía que admitir que, en ocasiones, le parecía que Conan-kun podría estar un poco...confundido con ella. Antes siempre creyó que entre ambos los unía un inquebrantable y entrañable lazo fraterno, como de hermanos. Pero de aquí hace un tiempo, a medida que el niño ha crecido, ha venido percibiendo que Conan-kun podría tener demasiada preferencia por ella, más que como una hermana mayor. Por supuesto, Ran de todo corazón esperaba que esto no fuera cierto, ni que ella fuera la culpable provocar en él algún tipo de ilusión imposible. No quería pensar que su actitud amable y preocupada por él lo hiciera sufrir de alguna forma. Ella no se lo perdonaría a sí misma.

Por ello ansiaba poder esfumar las sospechas acerca de algún sentimientos de Conan-kun por ella, en especial ahora que con los años el chico de gafas se parece cada vez más a Shinichi. Y si era sincera, siempre ha intentado pensar lo menos posible en él.

Por supuesto, ella no estaba enterada que ese mismo chico de quien se habìa desilusionado tanto, era en realidad aquel niño de gafas que había decidido quedarse en esta casa por cuatro largos años a pesar de la decisión de Ran. Ella no sabía que Shinichi ha estado con ella todo el tiempo. Que en realidad era capaz de quedarse a su lado como Conan antes que dejar de verla, y asegurarse de protegerla de cualquier cosa, en especial de la peligrosa Organización Negra que lo ha venido asechando todo este tiempo. De aquella sanguinaria organización de la que ella no tiene ni idea, ni que quería que supiera en lo más mínimo.

Y es precisamente lo que tenía que hacer en este momento. Proteger a ella y a las otras personas presentes, del peligro de Gin, Vodka, y el resto de la Organización.

Más aún cuando estaba realmente cerca. Estacionado justo en frente de al Agencia, a tan solo unos metros de distancia.

Nunca había sentido a la Organización tan cerca de Ran y, por supuesto, ésto lo hacía ponerse más ansioso que de costumbre. Incluso podía sentir como le temblaban las piernas mientras bajaba a toda velocidad por las escaleras e ingresaba con gran nerviosismo en la agencia y cerraba la puerta con seguro, lugar en donde sabía que tendría suficiente libertad, ya que sabía que Kogoro no estaría en casa pues había ido a ver las carreras de caballos, y además estaba seguro que no estaría de regreso temprano pues se había enterado que acababa de inaugurarse en Beika el festival de la cerveza. Podía apostar que no le debían esperar hasta pasada la medianoche.

Por eso sabía que desde la agencia podría tener más libertad para pensar qué hacer y vigilar los movimiento de Gin y Vodka desde la ventana.

Al respecto, en ocasiones normales, y debido a su afán de hacer todo por sí mismo, habría ideado un arriesgado plan para deshacerse temporalmente de Gin, pero considerando que la vida de Ran y de otros estaba en inminente riesgo, y así como también la comprensión de que sus nervios podrían nublarle un poco sus cavilaciones, pensó que lo más sensato era llamar al profesor por ayuda. Después de todo, él ya en varias ocasiones le ha dado una mano con este asunto.

Mientras tanto su mente no podía dejar de preguntarse qué demonios haría Gin aquí.

Esto era un gran y terrible problema del que no veía solución en los próximos minutos, y no contaba con más tiempo que eso.

Estrujó su cabeza pensando que pudo haber hecho mal. Porque si bien todavía ha seguido investigando a la Organización Negra, y ha tenido algunos momentos arriesgados, no recordaba que hiciera nada descuidado que pudiese haber provocado el descubrir su identidad ante ellos, ni nada que los hiciera sospechar de Kogoro una vez más.

La respiración de Conan se agitaba cada vez más. ¿Qué haría si Gin entraba, con todos ellos arriba?

No podía evitar imaginar aterradoras y preocupantes imágenes en las que Gin asesinaba a sangre fría a Ran y los demás. Sintió como una pequeña oleada de escalofríos atravesaba su espalda mientras consideraba esta posibilidad.

Su reloj de muñeca le indicaba que el tiempo avanzaba, y si no estuviera seguro que era imposible, juraría que transcurría con mas rapidez que lo usual.

Metió nerviosamente su mano dentro del bolsillo de su pantalón, tomó su teléfono celular y le marcó a Agasa inmediatamente. Suponía que él y Haibara podrían tener un poco más de mente fría que él y ayudarle a crear algún plan.

—P-profesor...—dijo con ansiedad en cuanto sintió el tono de voz de Agasa. —Tengo un problema. Miré por la ventana, y frente a la agencia está estacionado el Porsche de Gin. No hay duda que ellos están aquí—indicó frunciendo el ceño. —Y Ran está aquí. Ella y otras personas están en casa.

—¿Q-qué dices, Shinichi? ¿Que ellos están ahí?—respondió un alarmado Agasa en cuanto lo escuchó. Por supuesto, por el tono y la conmoción del profesor, Haibara, quien se encontraba a pocos metros de él, entendió de qué debía tratarse y que la situación debía ser grave. Por ello no dudó en quitarle con agilidad el teléfono al profesor desde sus propias manos, y se puso al frente de éste.

—¿Cómo qué están ahí, Kudo-kun?—intervino con tono chillón la científica encogida, abriendo los ojos con sobresalto. —¿Hiciste algo imprudente otra vez? ¿No te dije que...?

—¡Eso ahora no importa! Hay personas inocentes aquí en este momento ...—la interrumpió con impaciencia. No contaba con el tiempo como para escuchar cantaletas y reproches. Necesitaba actuar ya.

Haibara inspiró el aire a través de sus pulmones, y una vez que hubo controlado su respiración, volvió a hablar. —Esta bien, Kudo-kun. Mira por la ventana, y asegúrate de que ellos todavía esté ahí. Probablemente estén vigilando el lugar antes de hacer algún movimiento. Cuéntame todo lo que veas.

Con el tiempo la científica ha querido ser más activa en la ayuda para acabar con la Organización Negra a medida que ha podido dejar atrás poco a poco los temores de su duro pasado.

Tal como le indicó la niña, Conan caminó sigilosamente a través de la oficina hacia el ventanal de la Agencia de Detectives, y posó lentamente su cara sobre el cristal de la venta. Desde allí observó en dirección hacia la calle, en donde hace tan solo unos minutos había podido divisar el Porshe de Gin posado justo frente a la Agencia como si estuviera vigilando o esperando a algo o a alguien. Como si estuviera expectante para actuar. Como si ya no pudiera esperar para entrar y acabar con todos.

Sus ojos se expandieron al mirar la escena.

Parpadeó un par de veces, aún no convencido de lo que veía. Pero así era. La calle estaba totalmente despejada. Se habían ido.

Aún en estado de conmoción, su mente empezó a divagar considerando como opción el que ya habían ingresado a casa, pero luego la razón se impuso y entendió que esa opción no era posible. Después de todo, no había rastros de su automóvil. Era prácticamente una obviedad de que se habían marchado de allí.

—¿Kudo-kun? ¡¿Kudo-kun?!—lo llamó insistentemente Haibara, temiendo que hubiese pasado algo terrible. —¿Por qué no contestas? ¿Qué pasó...?

—Ya no está el Porsche negro—la interrumpió con voz seca y cortante. —Se fueron.

Si bien tenía que admitir que sentía un poco más de alivio, aún estaba preocupado. ¿Qué demonios hacían aquí? ¿Con qué información poseen sobre él? ¿Estarán planeando algo?

Estaba aún nervioso. Eso había estado cerca, muy cerca. Y si era completamente sincero, si en realidad hubiesen atacado, no sabe cómo los habría detenido. No había estado preparado.

Por ello, aún tenía el corazón latiendo con una fuerza inusitada, como si este aún no se conectara por completo con su cerebro.

Se preguntaba qué habría hecho si de verdad hubiesen venido a asesinar a todos.

Si bien ya había sentido antes el miedo de ser atrapado por ellos, nunca habían estado tan cerca a estos criminales de Ran. Y esto era muy grave para él, pues precisamente una de las razones por las que se ha estado quedando todos estos años en la casa de los Mouri es precisamente para asegurarse de que ella -y Kogoro- estuviera a salvo, de protegerla.

Pero quizás estaba haciendo todo lo contrario.

Se preguntó si era él mismo, irónicamente, el que estaba convirtiendo la residencia Mouri en la cueva del lobo. Posiblemente era él el que estaba poniendo a todos, y en especial a Ran, en los ojos de una peligrosa y sanguinaria organización criminal.

Está claro que su propia presencia es la que pone en peligro a Ran y a otros inocentes.

Y aunque muy en el fondo sabía que su presencia los ponía en peligro, aún así quiso obviarlo para poder seguir viviendo junto a Ran.

Entonces, quizás, a pesar de todo lo que hacía para que ella no sufriera, él aún seguía siendo un egoísta.

Y él no quería eso.

Ella tenía que estar a salvo.

¿Será verdad que, como dicen, cuando realmente amas a alguien, hay que dejarla ir?


N/A: ¡Muchas gracias por leer! Agradecería mucho que me dejaran sus comentarios u opiniones :)