N/A: ¡Hola a todos! De verdad agradezco a todos los que siguen la historia, y a quienes han comentado. Es lindo leerlos, y espero sus reviews de este capítulo :)
¡Espero les guste!
Aclaración: Detective Conan no me pertenece.
Capítulo 6
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Siempre había escuchado que algo extraño pasaba con los aeropuertos. Es como si este lugar marcara en un lienzo el comienzo de algo y el término de otro, cambiándolo todo. Tenía esa aura de despedida, enmarcado con ese paisaje de personas yendo y viniendo, todo repleto de maletas de equipaje, paquetes, y de personas esperando la llegada de un avión con un destino muchas veces lejano. Muchas veces sin retorno. También están esas personas que se quedan y que son testigos tristes de la ausencia de otros, del vacío que dejarán en su vida. En ocasiones hay abrazos y lágrimas en el momento de la despedida. Si era sincero, Conan nunca entendió mucho eso de las lágrimas y la tristeza. Sus padres atravesaron este aeropuerto muchísimas veces, y él nunca sintió ganar de llorar por su partida. Ellos se iban y eso era todo. Él seguía con su vida.
Pero hoy era diferente para él. Ahora entendía que este lugar podía llegar a ser bastante melancólico. No, peor aún, triste y agustiante. De hecho, una incómoda y molesta punzada en su estómago se había alojado en él hace ya unas semanas, y ahora, mientras caminaba por las brillantes y blancas baldosas del suelo del aeropuerto internacional, se agudizaba aún más, haciéndolo insoportable. Pero tenía que aguantarlo. Tenía que fingir por el bien de Ran.
—¡Vamos, rápido Ran! —bociferaba con gran energía y entusiasmo Sonoko mientras tomaba la muñeca de Ran y la apuraba. Kogoro y Conan iban detrás de ellas con mal humor. A ninguno le gustaba la idea de que Ran se fuera tan lejos, y con personas desconocidas a hacer quien sabe que cosa. ¿Qué pasaba si un hombre la seducía y la embaucaba? Claro, Ran no era tonta y era bastante fuerte como para aplastarlo fácilmente, pero podía ser bastante inocente y solía tener la tendencia en creer en las personas. Bueno, no se iba sola. Iría acompañada con Sonoko. Pero si lo pensaban bien, eso no era garantía de nada bueno.
Por su parte, el tener que llevar a cuestas el equipaje de Ran y Sonoko aumentaba más la irritabilidad de Kogoro. No entendía porqué la heredera de la corporación Suzuki no traía a alguien con ella para que la ayudara con sus maletas, en lugar a tenerlo a él como un idiota cargando el pesado equipaje de las dos chicas. A un lado de Kogoro iba caminado Conan, con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón. Él sabía que el humor de Kogoro no se debía el exceso de peso de las maletas de Sonoko, sino que a la tristeza por la partida de su hija. Claro, él se podía quejar a menudo de lo pesada que se puede poner su hija con él con el tema de los bares, el juego y el alcohol, pero ellos estaban muy apegados. Por supuesto, entendía que este tipo de despedidas podía ser muy difícil para un padre. Aún recordaba como lloraba y lo abrazaba su madre Yukiko cuando se fue a vivir junto a su padre a Los Ángeles, y dejando solo a su adorado Shin-chan en Japón.
Era un consuelo para Kogoro el saber que pronto la volvería a ver, pues ya tenía comprados los tiquetes de él y Eri para ir a verla en un par de meses. Lamentablemente Conan no tendría la misma suerte. Él no sabía si la volvería a ver.
—¡Esto será genial, Ran! ¡Vamos a conocer a muchos actores guapos! Y tú sabes cómo son los hombres occidentales... de seguro rápido te consigues un buen novio.
—¡Sonoko!—la regañó su amiga. Kogoro y Conan tosieron en el acto. Ran ya le había dicho que no hablara de esos temas en frente de su padre. Desde que ella había cumplido la mayoría de edad hace unos años atrás, Kogoro se ponía muy pesado con cada salida, alarmado de que en una de ellas se encontrara con las campanadas nupciales.
Conan sintió como la sangre se le subía a la cabeza. Esa era precisamente una preocupación recurrente desde que Ran decidió ir finalmente a París. Sabía que allí tendría que trabajar con muchos actores que Sonoko intentaría a toda costa de enganchar a Ran. ¿Qué tal si como dice Sonoko, Ran se encuentra novio allí? Después de todo, Ran se podría encandilar con el ambiente romántico de París, y por el afán conquistador de los hombres de allá. No sería de extrañar considerando que los extranjeros suelen ser más desinhibidos en estas cosas.
El chico de gafas sacudió la cabeza, sintiéndose estúpido por tener ese tipo de pensamientos. Él hace mucho tiempo que no tenía ni podía tener ningún tipo de esperanza o expectativas con Ran. Eso se había desvanecido junto con el recuerdo de Shinichi ya hace cuatro años, y a su insuficiente capacidad de hacerle llegar sus sentimientos. Él simplemente había estado viviendo en esa casa de rebote, nada más. No tenía ningún derecho de estar celoso, y él lo sabía a la perfección. Aún así, cada vez que Sonoko se ponía a transmitir por horas acerca de los guapos y sexys hombres de París, y cómo conseguiría uno para Ran, los rasgos de su cara se tensionaban. No sabía si alguna vez lograría controlar ese sentimiento.
La heredera de la corporación Suzuki no disimulaba su emoción, sonriendo y colgándose del brazo de Ran alegremente mientras caminaban hacia el lugar del embarque. No era para menos. Aún no podía creer que finalmente Ran hubiese aceptado hacer la película, más aún cuando significaba dejar a su padre y al niño de gafas, por quienes se ha postergado tanto. Ya podía visualizar en su cabeza a ambas recorriendo las bellas callejuelas de la ciudad de la mano de un apuesto galán, quien les susurraría al oído bellas promesas de amor en francés. Su amiga definitivamente necesitaba salir con más hombres, y no podía imaginarse una mejor ocasión que ésta.
Aún así, al girar su cabeza hacia Ran, quien aún se encontraba atrapada alrededor de su brazo, ésta simplemente se limitó a regalarle una tímida sonrisa triste. Estaba claro que la karateca no estaba completamente feliz.
—¿Qué es lo que pasa, Ran?—le preguntó Sonoko. Ambas aún caminaban a un ritmo superior al de los otros, sacando una distancia de cerca de dos metros adelante de Kogoro y Conan. —¡No me digas que estás dudando de ir a París!
—No es eso—respondió a la defensiva. —Es solo que...
No alcanzó a terminar la frase, pues la sola mirada inconsciente en dirección hacia donde Kogoro y Conan se encontraban, le hizo entender rápidamente lo que estaba sucediendo en la cabeza de su amiga.
—¡Ay, no otra vez con lo mismo!—roló los ojos Sonoko, exasperada con la actitud de Ran. —¡Deja de preocuparte por ellos! ¡Estarán bien! Recuerda que tu mamá te prometió que le tendía puesto un ojo al tío—le recordó. —Y en cuanto al mocoso, el problema está resuelto hace semanas. Tú misma me dijiste que sus padres te llamaron para por fin llevárselo con ellos a Estados Unidos. Entiende, el cuidado Conan-kun ya no es asunto tuyo, sino de ellos. ¡Ahora es momento de vivir tu vida!
Ran asintió tibiamente, y le sonrió. Sabía que Sonoko tenía razón. Ella se preocupaba porque se había acostumbrado a cuidarlos, pero sabía que ellos estarían bien. Además es verdad que esta era una oportunidad que no podía desperdiciar, pese a que no estaba muy segura de poder hacerlo por mucho que Sonoko le hubiese estado enviando por semanas mensaje motivacionales a su teléfono. Por lo demás, ¿Cuándo podría conocer gratis la ciudad más romántica del mundo?. Tenía que admitir que el viajar a París la ha estado entusiasmado mucho, y ya tenía comprando su libro turístico con todas las atracciones de la ciudad. ¡No hallaba las horas de poder subirse a la torre Eiffel y mirar todo París desde arriba!
Si tan solo esto no significara alejarse de sus seres queridos por tanto tiempo. Si tan solo no significara perder aún más las esperanzas de que él apareciera. ¡Qué tonta!, ya han pasado tantos años...
Se sacudió de sus temores y se obligó a sonreír. Solo deseaba no tener esta sensación de vacío que estaba sintiendo en este momento. Si era sincera, no tenía idea porqué le estaba pasando ésto.
Después de caminar por unos cinco minutos más, con Sonoko agarrada alegremente a una tímidamente feliz Ran, y con Kogoro y Conan caminando detrás de ellas no muy felices, por fin llegaron al sector en donde tenía que prepararse para embarcar. De aquí en adelante solo podían ingresar los pasajeros que abordarían el avión.
Era la hora de decir adiós.
Dicen que ésto puede considerarse como uno de los momentos más tristes por las que pasa una persona. Cuando vas al aeropuerto a despedirte de la persona que amas, y las dejar ir sabiendo que puede que jamás la vuelvas a ver. Es más, muchas personas relacionan inconscientemente al aeropuerto como el sitio en donde se les fue separado de un ser querido. Kogoro sabía que la vería en un par de meses, pero un padre aprehensivo nunca está preparado para la separación con su hija. Por supuesto, Ran no pudo evitar derramar sus brillantes lágrimas al rodear a su padre en los brazos.
Conan no formó parte de la despedida, y se ubicó un par de pasos detrás de la escena. No estaba de ánimo para despedirse de Ran, ni de mostrar demasiado frente a ella y los otros. Por ello solo se limitó a despedirse secamente mientras enfocaba su mirada sobre las agujetas de sus zapatos. Si, podía verse como una actitud demasiado fría para Ran, pero de lo contrario estaba seguro que dejaría salir demasiado.
Después de todo, él sabía que con esta despedida estaba alejando el último rastro de él en la vida de Ran. Ya se había perdido del horizonte Shinichi, y ahora era el momento de Conan. Era doloroso para él, pero sabía que esto era lo más maduro que podía hacer por ella. Y por ello se había asegurado de grabarse en la cabeza que esto lo hacía por ella. Porque su seguridad estaba primero. Era un acto de amor del que ella probablemente no se enteraría jamás, así como de muchos otros que había hecho durante estos años.
Pero a pesar de querer mantenerse alejado, como si esto tuviera la capacidad de protegerlo de la realidad, Ran se volvió hacia él, extrañada de la actitud de aquel niño que había sido el hermano que nunca tuvo, y se le acercó, lo que lo obligó a mirarla.
—Adiós Conan-kun —le dijo tomándole el hombro. Él siguió instintivamente la posición de su mano sobre él, y luego fijó sus ojos sobre el rostro de la chica. Allí pudo notar que sus ojos violetas brillaban más que nunca, a punto de volver a liberar otra tanda de lágrimas—Te voy a extrañar.
En cuanto pronunció estas palabras, Ran se abalanzó hacia el pre adolescente de gafas, y lo abrazó mientras múltiples lágrimas volvían a poblar su rostro. Conan no tuvo el coraje para mirarla de vuelta, y se quedó parado sobre sus dos pies, quieto como una piedra, mientras la chica se colgaba sobre él con gran emoción, en tanto que él luchaba por no mostrarle la suya. Pero tras unos instantes más no pudo soportar el mantener esa estoicidad, en especial cuando estaba sintiendo el roce de su piel en contra la de él, aquella misma sensación que siempre le ha alborotado las hormonas, y agitado el latido de su corazón, como si un gran espectaculo de fuegos pirotécnicos lo invadiera por dentro. Era imposible mostrar tranquilidad cuando ella estaba tan cerca de él, sintiendo su calor. Por ello, aunque aún luchaba por contenerse, movió su brazo para acariciar tímidamente el hombro de ella. —Adiós, Ran-neechan.—le respondió con una sonrisa triste. Eso fue lo mejor que pudo conseguir en este momento.
Ran tenía una sensación extraña. Como si esta despedida fuese algo más, como la separación completa con alguien a quien quería. Como si ahora la despedida estaba completa. Como si ahora estuviera completamente sola.
Después de que la muchacha les pidiera, como es la costumbre en estos casos, que ambos la llamaran a menudo, se despidió una vez más de sus dos hombres, pero esta vez intentando disimular su tristeza aguantando aquellas fáciles lágrimas que hace unos instantes no podía dejar de salir, y dibujó en su rostro la mejor de sus sonrisas. Una hermosa sonrisa. Luego tomó sin problemas su pesado equipaje, y se marchó junto a su entusiasta amiga rumbo a su embarque a través de un largo pasillo rodeadas de otras cientos de personas.
Conan, o mejor dicho Shinichi, se quedó mirando la triste escena de cómo la chica de sus sueños se marchaba lejos. Siguió su silueta con atención, y la vio perderse en el horizonte entre el océano de personas hasta desaparecer por completo para sus ojos. Pensó amargamente que quizás esta sería la última imagen que tendría de ella en la vida, y deseó poder guardar esa última vista de ella para siempre. Con la camiseta de color lila, esa falda que tanto le gusta usar, y aquella sonrisa dibujada en su rostro, esa misma sonrisa que siempre lo había cautivado desde el primer momento en que la conoció.
Una enorme opresión en el pecho lo inundaba mientras la vio perderse, y si era sincero no sabía cuando esta punzada se acabaría. Solo esperaba que en algún momento sus caminos se encuentren una vez más.
Adiós, Ran.
N/A: Si, este fue un capítulo triste. Pero tranquilos, que esta historia no se acaba aquí. Espero poder publicar un nuevo capítulo lo más pronto que pueda.
Agradecería mucho que dejaran sus comentarios ;)
