N/A: ¡Hola a todos! Muchas gracias por seguir la historia y por sus comentarios, los aprecio mucho :) Lo siento si me demoré en actualizar, pero había estado muy ocupada. Ahora espero poder estar publicando más seguido!

Aclaración: Detective Conan y sus personajes no me pertenece.


Capítulo 7

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Si era totalmente sincero, tenía que admitir que ella siempre había sido perfecta para sus ojos. Siempre ha sido una chica bondadosa y gentil, llorona pero con fuertes convicciones, y fuerte… bueno, demasiado fuerte en realidad. Pero la imagen que tenía de ella frente a él es impresionante. Es curioso, nunca se imaginó que volvería a verla en una simple salida junto al Profesor Agasa y Haibara a comer curry al nuevo restaurante de moda de Beika. Ver nuevamente su rostro fue como un milagro, una aparición. Por supuesto, no se trataba de la mismísima Ran en carne y hueso, sino de una Ran impresa, libre para ser observaba ante el ojo público a través de una vitrina de cristal. Él había conseguido captar con gran ojo, desde la enorme fila para entrar a comer, la espectacular vista de ella en una revista sobre una estantería. Suponía que era instintivo para él encontrarla en donde quiere que fuera, aunque fuera su figura en un simple pedazo de papel. O tal vez era su innato lado detectivesco. Pero fuese como fuese el caso, la verdad es que con ese traje negro y en esa pose karateca con la que se mostraba en la portada, se veía… muy bien. Conan se aseguró de limpiarse la sangre de la nariz ante de que sus acompañantes consiguieran notarlo.

—Oh, es Ran-kun—exclamó afablemente el profesor Agasa en cuanto vio la revista que observaba en el detective encogido. —Parece que le está yendo muy bien ¿No es así, Shinichi?

Conan, luego de haberse asegurado de recomponerse de la impresión inicial de encontrarse con su rostro otra vez, se llevó sus brazos detrás de la cabeza y le dio la espalda a su imagen. —E-eso parece.

Hace ya tiempo que intentaba mostrarle al Profesor y Haibara que este distanciamiento definitivo entre Ran y él no le afectaba demasiado. Que tiene su mente ocupada con el objetivo de finalmente derrotar a la organización. Por eso le parecía increíblemente molesto cuando intuía que el profesor inventaba ridículos paseos para distraerlo. De hecho, sabía que todo este cuento de venir a probar el famoso curry era una excusa para sacarlo de casa, lugar de donde casi no salía sino era estrictamente necesario. Además, no comprendía cual era el problema con que se quedara en casa. Después de todo, ahora todo el tiempo del mundo para investigar a esa organización que lo convirtió en niño hace tantos años, y por fin conseguir que pagaran por sus actos delictivos.

—Deberíamos comprar la revista para leer que dicen de Ran-kun —Propuso el profesor, idea la cual tuvo una buena acogida en Haibara, quien, con su calma habitual, tenía un ojo puesto en Conan.

—Si, deberías comprarlo—apoyó la científica encogida. —Así Kudo-kun tendría muchas fotos de la chica para observarla en su cama por las noches—respondió con una media sonrisa burlona.

—¡Eso no es verdad!—contestó frunciendo el ceño, volviéndose a la fila. —No me interesa para nada.

Ambos sabían a la perfección que no estaba diciendo la verdad. El profesor lo conocía por suficientes años como para conocer sus viejas y típicas técnicas de evasión. Por ello no dudó en contrariar sus deseos, y comprar la revista de todos modos. En ella se podía ver a Ran vestida con un atuendo negro y con una postura de karateca en la portada. Por supuesto, ella se encontraba participando en una película de acción, y qué mejor forma de promocionar la película en Japón que con una japonesa de protagonista en la portada.

El curry estaba bueno, aunque el profesor pensaba que había probado mejores y reconoció que no entendía la razón de aquella fila tan extensa para probarlo. Pese a ello, Haibara tuvo que luchar con el profesor para que no comiera un segundo plato de curry, abogando por el bien de su salud y su peso. Después de todo, ya estaba entrado en edad. Y, dado que había sido el primero en acabar su comida, decidió ocupar el tiempo leyendo en voz alta el reportaje de Ran de la revista que había recientemente comprado, mientras los otros dos aun comían. Conan lo odió por eso. Ya le había dicho que no quería escuchar una palabra de lo que decía esa revista.

Aunque mentiría si no admitiera que, en secreto, se encontraba inquieto y expectante ante lo que pudiese decir. Si lo pensaba detenidamente, en los últimos meses su contacto con ella como Conan ha ido disminuyendo progresivamente, hasta convertirse casi en inexistente. Por supuesto, no es como si Ran no quisiera hablar con su querido hermanito adoptivo, sino más bien que las constantes y extensas jornadas de filmación ocupaban casi todo su tiempo, y, bueno, él también la había estado evitando. Pero era casi naturalmente inevitable sentir un intenso interés acerca de todo lo que tuviera que ver con ella. Cualquier cosa que tuviera relación con Ran siempre lograba capturar su atención.

—Ah mira, hablan muy bien de Ran-kun, parece que están satisfechos con ella—dijo con amabilidad el profesor Agasa mientras procedía a hacer lectura palabra por palabra del reportaje. Haibara tenía su cara naturalmente apacible y seria mientras llevaba los palillos a su boca, mientras tanto Conan fingía hacer los mismo, concentrando su mirada en la aromática y apetecible comida que tenía en frente de sus gafas. Pese a ello, no podía esconder el sonrojo que surgía en sus pálidas mejillas cada vez que escuchaba mencionar su nombre. Detestaba cuando le pasaba eso, así que decidió agachar su cabeza hacia su comida y enfocar su mirada hacia ésta.

Aun así, se volvió instintivamente hacia el frente de la mesa, en donde se encontraba sentado Agasa, cuando éste detuvo de pronto su lectura en voz alta y empezó a balbucear acerca de lo que estaba leyendo y ofrecer explicaciones sin ser solicitadas, afirmando que los periodistas suelen inventar cosas para vender más. Era obvio para Conan y Haibara que éste había leído algo extraño. Después de todo, el profesor no sabe mentir. Era tan obvio como si se lo hubiera pegado sobre su cabeza semi calva.

—¿Por qué? ¿Qué dice?—preguntó Conan instintivamente. —Q-quiero decir, no es que me interese, solo...soy curioso.

—Es obvio ¿no?—intervino Haibara a su lado con tono calmado y taciturno. —Incluso cuando un corazón late con fuerza por otra persona, cuando esos corazones se ven separados por demasiado tiempo, el ligazón que los unía se desgasta y rompe inevitablemente—comentó como si estuviera reflexionando para sí misma en voz alta. —Es normal para cualquier el querer rehacer su vida con otra persona después de tanto tiempo de esperar.

Agasa le lanzó una mirada aguda a la chica de pelo corto y rojizo, quien ya había vuelto su atención a los restos de curry que quedaban en su plato. —Eso no es así, Shinichi —intervino el anciano con tono tranquilizador. —Simplemente es un rumor, y todos sabemos que este tipo de revistas inventa romances para vender más revistas.

—Da igual, no me interesa—afirmó con dureza Conan, mientras fruncía el ceño y se abocaba con decisión hacia su curry.

El tono no daba pie para más más conversación ni para continuar hablando del tema. En cuanto todos hubiesen terminado su comida, se pusieron nuevamente sus abrigos y partieron en silencio de vuelta a casa de Agasa. En aquel lugar se encuentra Conan cuando no está en su casa, especialmente cuando necesita de ayuda para sus investigaciones o simplemente en búsqueda de alimentación casera. La cocina nunca ha sido uno de sus fuertes.

Pero fuera de ello, Conan usualmente se encuentra casi siempre en su casa, a excepción de cuando va a la escuela, a la cual sigue asistiendo para mantener su fachada de niño normal. Después de todo, allí se contaba a sus anchas con toda su fastuosa biblioteca llena de novelas de misterio, y otros miles de datos informativos que le eran muy útiles para su investigación. Además, no se veía interrumpido por nada ni por nadie, ni debía fingir ser alguien que no era. Era simplemente él con un montón de libros, como a él siempre la ha gustado. Entonces, ¿por qué no avanza en nada su búsqueda? Después de todo, tiene grandes razones para querer destruir a esa organización. Lo había convertido en niño, y le había quitado toda su vida. No le permitió ser un adolescente normal, tener una vida como los demás, graduarse con sus amigos, ser el detective Shinichi Kudo. Le había arrebatado de las manos su oportunidad con Ran, de quien siempre había estado enamorado.

Ahora que lo piensa, quizás ella era la razón de su poca fuerza para encontrarlos. Quizás le falta un poco de incentivo. Quizás ahora es más entretenido leer por días completos novelas de misterio que hacer cualquier otro tipo de investigación.

Y, lo peor de todo: ella seguía en su cabeza. De hecho, siempre ocupaba algún parte de su día para pensar qué estaría haciendo ella en este momento. Por supuesto, los rumores de aquella revista respecto a ella, y las palabras sombrías de Haibara no ayudaban. Un agudo dolor en el estómago apareció de pronto al pensar de que ella se podría haber encontrado a alguien más. Sabía que esto estaba dentro de lo que podría pasar, pero no parecía estar preparado. ¿Será que él, en un rincón muy oculto y oscuro de su corazón, aun pensaba que podía tener una oportunidad con ella?

Ridículo, imposible. Él sabía que eso era completamente imposible. Entonces, ¿por qué razón no puede evitar tener este tipo de sentimientos molestos y sin sentido?

Su cabeza trabajaba sin detenerse, apareciendo en ella imágenes inquietantes de Ran junto a un hombre de rostro incógnito. Recordó las insistentes palabras de Sonoko a Ran respecto a encontrarse un novio francés con el cual poder recorrer de la mano las calles de París, y se le revolvió el estómago con tan solo pensar en que todo eso fuera cierto. Claro, es verdad que, tal como decía el profesor, las revistas suelen inventar romances para vender más copias a aquellas incautas mentes que solo viven para cotillear sobre las vidas románticas de los demás. Aun así, de todas formas, no se puede inventar rumores de la nada. Tenía que tener alguna mínima base que permitiera la especulación.

Se escarbó nerviosamente los pelos de su cabeza, sin poder quitarse de la mente a Ran siendo rozada...abrazada...besada por otro hombre, sintiendo sus cálidos labios sobre alguien que no era él. ¿Será que tienen una relación física? Fue sacudido con un escalofrío, y apretó con fuerza el puño de su mano. Ese bastardo.

Pero luego, comprendiendo que estos pensamientos no podían estar ahí, sacudió su cabeza para esfumarlos muy lejos de su mente, como si esto bastara para que desaparecieran. Frunciendo el ceño, intentó incrustarse a la fuerza dentro de su cabeza que lo primordial debía ser el bienestar de ella, más cuando no existía probablemente en el mundo alguien que se merezca ser feliz más que ella. Él tenía que aceptar y conformarse ante cualquier decisión que ella tomara.

De todas maneras, el pensamiento de que todo era un malintencionado rumor lo tranquilizaba un poco.

A su lado pudo sentir la inquisitiva mirada del profesor y Haibara sobre él mientras caminaban, como si pudieran adivinar sus pensamientos, haciendo que se se sintiera molesto y avergonzado, tensando su mirada e ignorándolos. Después de todo, nada de esto era de su incumbencia y no estaba pidiendo consejos.

Ya empezaban a visualizar la casa del profesor como también, a un poco más de distancia, la residencia Kudo, ambos enmarcados en el cielo rojizo del atardecer de Beika. Conan jugueteó entre sus dedos con la revista que el profesor había comprado, y luego de darle un vistazo fugaz al rostro de Ran impreso en el papel, botó la revista en el tacho de la basura, ahuyentando así cualquier suspicacia o mirada lastimera de nadie. Agasa y Haibara lo observaron sorprendidos ante tal acto, y a pesar de que el profesor trató de disuadirlo, comentándole que aun no había leídos por completo el reportaje, éste mostró indiferencia mientras volvía a introducir las manos en los bolsillos de su pantalón y seguía su camino.

Y entraron a casa con normalidad, sin percatarse que en la casa de al lado, la residencia Kudo, estaba siendo registrada por dos hombres vestidos completamente de negro, buscando de punta a punta indicios de Shinichi Kudo, el residente oficial de aquella casa. Si, es verdad que ni se acordaban de él y que desde hace mucho tiempo que había sido dado por muerto por la organización. También es verdad que incluso habían enviado a registrar esta misma casa con anterioridad. Pero siempre existieron, a lo largo de todos estos años, pistas que los hacían sospechar de que todo esto no era cierto, que aquella droga confeccionada por Miyano no era completamente efectiva, y que ese Kudo seguía pululado por ahí, resolviendo casos que salían libremente en la prensa, cuando se suponía que estaba muerto. Pero, además, existían evidencias concluyentes de que no solo seguiría con vida, sino que aquella droga tendría un efecto inesperado: el encogimiento a una edad más temprana.

Por lo demás, tenía la certeza de que esa pequeña traidora de Shiho Miyano los había engañado a todos, mintiendo sobre los resultados de su investigación y del estado de Kudo. Y que seguía por ahí, libre y viva, escondida como una rata por ese Kudo, quien la mantenía en su alero de forma clandestina. Pero los iba a encontrar. Los capturaría a ambos como una fiera salvaje encuentra a su presa y los destrozaría sin clemencia. Después todo, llevaban años viviendo gratis cuando ya deberían tener sus cuerpos podridos y comidos por los gusanos.

Por eso estaban aquí. Para encontrar cualquier signo que los llevaran al paradero de Kudo, rastro de alguna forma perdido luego de que éste hubiese abandonado la casa de Kogoro Mouri, sobre quien había puesto erróneamente el radar hace un tiempo. Y mientras registraba cada rincón aquella mansión de estilo occidental, tuvo la extraña sensación de que no estaba siendo tan cuidadoso como antes, especialmente porque podía notar de forma evidente que esta casa solía ser ocupada de forma habitual por alguien. Pero, al mismo tiempo, podía ser lo suficientemente astuto como para que no existiera nada en este lugar que sirviera de evidencia de que Shinichi Kudo era el que residía allí. Ni una sola pista que evidenciara que él sigue vivo. Nada.

Luego de maldecir y dedicarle una serie de improperios a Kudo y a su acompañante, quien no estaba siendo de ayuda para nada, decidió que lo mejor que podían hacer en este momento era abandonar la casa, por ahora. De todas formas estaban casi seguros de que Shinichi Kudo frecuenta esta casa, y ellos volverían por él para acabar con el trabajo inconcluso. Después de todo, sabían donde podrían encontrarlo. Y en ese momento no le temblaría el pulso para deshacerse ese detective de pacotilla, y, por supuesto de la rata de Sherry.

—¡Vámonos!—indicó bruscamente Gin, un hombre con aspecto temible y sombrío, que poseía una larga y blanca cabellera que le llegaba más abajo de la cintura, y que vestía, tal como su compañero, de contextura más baja y maciza, completamente de negro. —Volveremos otro día a terminar el trabajo.

Vodka obedeció sin chistar, cerrando sin delicadeza la puerta de la mansión Kudo detrás de sus espaldas. Y sin mirar hacia atrás, y con la total seguridad que te da el tener el poder de disponer de la vida de tus enemigos, los dos caminaron hacia aquel espectacular porsche negro que se encontraba estacionado en una calle aledaña a la casa, lo cual les había permitido no ser vistos por nadie.

Gin abrió con autocomplacencia la puerta de su lujoso automóvil y se sentó en el asiento del conductor, listo para marcharse de allí sin que nadie hubiese visto su presencia. Pero con molestia vio que su compañero se había distraído idiotamente con quien sabe que tontería, desviándose inconvenientemente del camino hacia el vehículo.

—¡¿Qué es lo que estás haciendo?!—bramó con hastío Gin desde la ventana del porsche. —¡Ya dije que nos vamos! ¿Qué parte no has entendido?

Vodka, quien podía ser igual de malvado que su compañero, pero mucho más simplón y poco astuto, se había quedado mirando a una sexy chica a través de un papelero a tan solo unos cuantos metros de la casa de Kudo. El hombre tomó entre sus manos, con una sucia risita, la revista que sobresalía superficialmente entre los residuos de la basura en la que aparecía Ran como un traje negro que la hacía lucir su figura y que a Vodka le parecía bastante atractivo para mirar.

—¿Quién botaría una revista con esta chica?—se preguntó mientras escaneaba con la mirada a la chica de la revista sin tener en mente, por cierto, pensamientos especialmente limpios. —A muchos nos daría mucha felicidad mirar en casa algo así—afirmó con ojos curiosos y con un brillo oscuro.

—¿A quién demonios le importa?—respondió con rudeza el hombre desde el lujoso automóvil. —Súbete rápido, sino quieres que empiece a considerar deshacerme de ti.

Vodka recogió rápidamente la revista desde el basurero y caminó obedientemente hacia el porsche que lo esperaba con inquietud. En cuanto estuvo cerrada la puerta desde adentro, Gin arrancó su amado vehículo con frialdad, y se esfumaron rápidamente de Beika. Y, mientras recorrían las calles de Tokio a toda velocidad, su compañero se volvió hacia aquella revista recientemente rescatada de un frío basurero, y la estiró frente a sus ojos negros para ocupar su tiempo deleitándose de la sexy figura que allí aparecía, pero no tardó en ver en aquella fotografía algo más que una mujer bonita. Era la curiosidad de haber encontrado algo que ha estado buscando.

—Mira, ¿no te parece conocida?—le dijo a Gin. Vodka volteó la tapa de la revista hacia su compañero para que éste diera su propia apreciación al respecto.

Éste último miró el papel por un micro segundo, como si el tema que traía a colación no significaba de ningún interés para él, y luego volvió a la conducción. —Ni idea, ¿No está en algunos estúpidos carteles por la ciudad?—respondió sin prestarle atención, mientras se colgaba un cigarrillo en la boca.

Vodka sacudió la cabeza. —No, no me refiero a eso—insistió el hombre, aun con la mirada pegada en la imagen de Ran. —Me parece que la conocemos de otra parte.

A Gin no parecía interesarle.

De pronto, como si un rayo hubiese impactado sobre la cabeza del macizo hombre vestido de negro, las imágenes que estaba buscando infructuosamente llegaron mágicamente a su cabeza. —Ya lo se—exclamó, con una sombra en la mirada. —¡Ya recuerdo en donde la habíamos visto antes! Esta es la chica que estaba con ese Kudo esa noche en ese parque de atracciones.

Gin no de inmediato respondió, pero era claro que por fin había conseguido tener su atención. Una fría y despiadada sonrisa se dibujó en su cara, deteniendo entre sus dientes el cigarrillo encendido.

—Entonces... habrá que hacerle una pequeña visita—respondió finalmente, con los ojos más oscuros y tenebrosos que de costumbre, interrumpiendo el silencio que había imperado en los últimos instantes.

Y tan fría como la sonrisa de Gin, estaba la estrellada noche de Beika, en la cual Conan se acababa de internar para recuperar, sin que nadie se enterara, la revista que hace un par de horas tan valientemente había botado a la basura. Estaba decidido a acabar de leer lo que de Ran decía aquel reportaje, fuese lo que éste dijese. Además, debía admitir que deseaba conservar toda esa serie de fotografías suyas con aquel traje negro.

Pero, para su sorpresa, no había rastro de la revista en ninguna parte de aquel basurero.

En un primer momento se maldijo a si mismo por no haber venido antes de que vinieran a recoger la basura, pero luego notó que toda la basura seguía ahí, y que era precisamente aquella revista lo único que había desaparecido. Por supuesto, le pareció sospechoso, pero no lo suficiente como para evitar descartar sus teorías achacándolas a su típica paranoia de detective. Al respecto, supuso que lo más probable era que algún tipo pervertido lo había tomado al ver a una linda chica en su portada, lo cual, debía admitir, no lo tranquilizaba en lo absoluto. De hecho, deseaba que quitaran todas las imágenes de Ran que pusiesen estar expuestas por la ciudad.

Y con sus manos en los bolsillos de su pantalón, caminó rumbo a su casa con el firme propósito de averiguar más acerca de lo que decían de Ran en la revista a través del navegador de Internet de su teléfono, sin sospechar con la escena con la que se encontraría a su llegada.


N/A: ¡Muchas gracias por leer! Espero que les haya gustado este capítulo, y me encantaría leer sus comentarios u opiniones :)