CAPÍTULO 13: La emboscada - Parte I
Comentarios a los reviews:
Kaoruca: Me alegra que te haya gustado el capítulo XD. Sobre lo que le dice Misao a Soujiro, es que es una gran verdad. Unas mismas palabras pueden causarnos tanto agrado como rechazo en función de quién nos las diga. Así que Soujiro va a empezar a ver la diferencia ^o^.
ddaisyaguilar52: Ohh, nueva lectora fan de la pareja *o*. Me alegra que te esté gustando el fic. Lo cierto es que hay muy poco escrito de esta pareja y, para rematar, la mayoría no pasa ni de las 10 000 palabras (algo que a mi juicio se me hace poco creíble teniendo en cuenta que la relación entre Soujiro y Misao parte de 0 y, por lo general, ella enamorada de Aoshi u_uº). Cuando me puse a crear la historia me leí la mayoría (en español) porque quería ver qué puntos de vista tenía la gente sobre Soujiro y, por lo que vi, ninguno se asemeja ni mínimamente a lo que tengo en mente pues ninguno menciona ni de refilón la problemática que debería tener una persona que ha vivido su vida sin emociones. Además, tienden a hacer de Aoshi una especie de «monstruo» para así repeler a Misao de sus sentimientos por él, así que... ssssshh (MAEC sisea), casi que mejor lejos de mí. Aunque sí que recuerdo uno de Okashira Janet que la historia estaba bien (el de «Prisioneros»), que va sobre ellos dos que se quedan atrapados bajo un edificio derruido. Pero los demás... hay algunos que hasta daban calambre »_«. Algún día tendré que indagar en el fandom inglés, a ver si encuentro alguno chulo...
Y bien, gracias por vuestros reviews. Espero que os guste este capítulo y no me matéis XD.
CAPÍTULO 13: La emboscada - Parte I
—No me lo esperaba, si te soy sincero —dijo Soujiro mientras ponía una mano en la parte frontal del hombro de Misao para estirar su brazo.
—No son la mejor organización del este de Japón por nada, ¿sabes?
—Pero estamos ya cerca de Kioto. Ésta no es su zona.
—Pero es fácil crear un radio vigilado que cerque la ciudad.
Uno de los hombres les había avistado desde la otra orilla del río al que se habían acercado para coger agua. Según los vio, el ninja había salido huyendo e intuía que para buscar refuerzos. El río era ancho y profundo, de modo que Soujiro no había podido perseguirle al no haber un puente cercano y fue inevitable que el hombre escapara.
Así, se habían adentrado por el bosque durante varias horas para poner distancia desde aquel lugar. El ninja tardaría un tiempo en buscar a sus compañeros y extender la voz de alarma, pero por la mañana tendrían gente dando vueltas por allí.
Suspiró con resignación.
—¿Cómo pueden ser tan persistentes? —se quejó Soujiro, que alzó de más el brazo que sujetaba. Misao protestó y él suavizó el agarre—. Perdona.
—En parte a mí también me sorprenden, y por eso estos días he pensado mucho en ello. Hay algo que me ha rondado en la cabeza desde que salimos del hospital y no creo que te haga gracia a la conclusión que he llegado —comentó Misao contrariada.
—¿Por qué?
—Verás —comenzó incómoda—. Podía entenderlo al principio cuando mi gente no estaba informada de nada. Formar una alianza con los Oniwaban-shu es un gran avance para ellos, que buscan controlar las rutas de información y comercialización. Pero esa opción ahora es complicada. Si después de haberles dicho que las negociaciones fueron mal y sabiendo que dos de mis hombres desaparecieron antes de que yo pudiera dar señales de vida, Aoshi sabrá que los responsables son ellos.
—Cierto. —Ésa había sido su intención cuando mandó el telegrama: que supieran que había pasado algo y que los Yoshida estaban detrás.
—Por mucho que intentasen inventar una historia, es muy complicado que se la crean viniendo de ellos. Así que la posibilidad de conseguir una alianza ahora mismo es muy remota. No deberían haber persistido de esta forma en su persecución. Me pongo en su lugar y lo cierto es que, en la situación actual, matarme sería un problema para ellos.
—Pues no lo parece, por lo que veo —comentó con un deje de humor en su tono.
—Que miembros de ambos bandos combatan y pierdan la vida tiene una relevancia hasta cierto punto. Que un grupo mate al líder de otro y éstos lo sepan, los aboca a una guerra abierta entre bandas, algo a lo que ya están expuestos por el intento. Matarme cuando nadie sabe nada es una cosa, pero hacerlo ahora…
Soujiro dejó de tirar de su brazo y se sentó frente a ella mirándola fijamente a los ojos.
—¿Intentas decir que no crees que nos persigan por ti?
—El hecho de que al salir del hospital te persiguieran cuando te vieron en vez de aprovechar para entrar en la habitación a por mí, me da qué pensar —explicó contrariada.
—Ya veo… —comentó él sin demasiada emoción en su voz.
—Creo que ahora, más que nada, están buscando venganza por sus hombres caídos.
—Los que maté cuando te encontré.
—Sí —corroboró ella con una mueca de condolencia—. Tienen que saber que tú no tienes nada que ver con los Oniwaban-shu. Es probable que el hombre que consiguió escapar les contara que fue casualidad que los encontraras. Y como es el único que sabe cómo eres, por eso estaba vigilando la entrada. No veo qué otra cosa puede tenerlos persiguiéndonos hasta casi entrar en nuestro territorio.
—Entonces, crees que me persiguen a mí.
—En realidad, es sólo una suposición —añadió con rapidez Misao. Encajar que un grupo ninja estaba tras su vida no debía ser fácil ni siquiera para alguien como Soujiro—. Podría no ser verdad…
—Bueno… Eso tiene más sentido —suspiró Soujiro con cierta resignación—. Me puedo despedir de mis días de tranquilidad.
—Lo siento muchísimo, Soujiro —se lamentó Misao, que se sentía muy culpable por esto—. Nunca habría querido meterte en algo así. Si llego a saber que esto acabaría de esta forma…
—¿Qué? ¿Te hubieras dejado matar? —la interrumpió él.
—No antepondría mi vida a la tuya. Debería haberte dejado en aquella cabaña —respondió contrita. Si su suposición era correcta, le estarían persiguiendo hasta matarlo o que se cansaran de perder más efectivos—. Lo siento mucho —volvió a lamentarse.
—No te sientas culpable. Son cosas que pasan.
—Pues no, no deberían —se quejó ella por esa injusticia—. No quiero que te suceda nada. En dos días llegaremos a Kioto y yo estaré en mi casa y protegida por mi gente. En cambio, tú volverás a vagar por ahí con todos esos hombres dándote caza. ¿Cómo no voy a estar preocupada?
—Sólo una persona sabe cómo soy. En el momento en el que ya no te tenga al lado, no podrán dar conmigo.
—¿Y si te ven y más de ellos te reconocen?
Soujiro sonrió a pesar de tener a Misao muy alterada sentada en un tocón frente a él y con el hombro al descubierto. Era una situación curiosa para él.
—¿Te parece divertido?
—Es la primera vez que alguien se preocupa de esta forma por mí.
—No estoy bromeando —protestó ella al ver que Soujiro no se tomaba aquello con la relevancia que debiera.
—Ni yo. ¿Qué tal el brazo? —preguntó él sin venir a cuento.
—No me cambies de tema.
—Sí lo hago. Hablar de esto te preocupa y te deja decaída. Prefiero hablar de algo que te anime.
—Ni pienses que vas a poder cambiar…
—Por supuesto que puedo… —la interrumpió divertido—. Ni siquiera me supone un pequeño reto. Tienes un punto débil enorme. Y tienes mucha suerte de que la última broma que intenté te afectara tanto que por consideración no lo explote más.
Se había disculpado por ello. Misao se había sorprendido mucho de que hubiera intentado gastarle una broma. Entonces ella le había acusado de haberla disfrazado de oiran* para fastidiarla y, tras confirmarle que se debía a una pequeña venganza, se había puesto como una furia.
«—¿Me hiciste disfrazarme de oiran porque te oculté algo?», aún le resonaba su grito en la cabeza.
Hasta ese momento, Misao le había dicho que debía trabajar más en socializar pero, después de eso, había añadido a sus tareas el sentido del humor pues —según su opinión— no sólo debía aprender a escoger mejor el tipo de broma, sino que además no era capaz de hacer una con proporcionalidad.
—No es que me haga mucha gracia —continuó Misao desechando sus palabras—, pero podríamos separarnos y así no podrán saber que eres tú.
Soujiro se giró y la miró serio, con la intención de que con eso dejara el tema. No quería ni oír hablar sobre dejarla por el camino desprotegida cuando estaban tan cerca de su destino.
—No me importa, así que olvídalo. Hablo en serio —le amenazó él.
—¡¿Cómo no te va a importar?! —exclamó Misao que no era capaz de entender cómo Soujiro se mostraba tan despreocupado ante algo tan importante.
—Vale, lo haremos por las malas —aceptó él con una sonrisa maligna manifiesta—. Como te dije la última vez, no tengo por costumbre frecuentar mujeres, así que sois algo curioso para mí.
—¿Qué? —preguntó desconcertada Misao.
—La próxima vez que hagamos los ejercicios del brazo, te voy a quitar todas las vendas. Como en el hospital.
Misao se quedó perpleja cuando entendió a qué se estaba refiriendo Soujiro, pero como sabía que pretendía molestarla para cambiar el tema importante, se sobrepuso.
—¡Ni pienses que vas a conseguir terminar esta conversación! Soujiro, de verdad, esto es muy serio. ¡Quieren matarte! —intentó apelar ella a su cordura.
—No he visto muchas mujeres desnudas, así que es interesante. Me refiero a que sería algo instructivo —siguió a lo suyo él con actitud pensativa—. Cuando te vi desnuda también te estuve tocando por todo el cuerpo para aprender, pero creo que no fue suficiente.
—¡¿Que hiciste qué?! —exclamó Misao ultrajada al extremo. Misao se puso muy roja y se llevó ambos brazos al pecho por reflejo, a pesar de estar cubierta por el vendaje y sus ropas. Eso sí que no lo sabía. ¿Cómo se había atrevido?—. ¡No es verdad! —negó ella al fin tras recordar por qué Soujiro estaba hablando de ello.
—Sí lo es —la contradijo él al instante. Puso la mano en forma de cuenco y lo orientó hacia ella—. Tu pecho entra perfectamente en mi mano. Hice la prueba de ello. Aunque ahora que has cogido peso puede que también hayan crecido. ¿Ves por qué debería verte otra vez?
Misao soltó un chillido cuando esa escena tan gráfica le vino a la mente.
—¡Eres un pervertido!
—No era nada de eso, no te preocupes. Sólo estaba comparándote. Creo que se podrían hacer categorías de mujeres en función de cómo son —siguió con aire reflexivo, lo que provocó más a Misao—. ¿Dónde crees que estarías? ¿En las normales?
Misao sintió que le consumía la ira por dentro con ese comentario tan desprendido hacia su aspecto.
—¡Entérate, misógino! —le insultó enfurecida—. ¡Soy una mujer atractiva! No tengo nada que sea corriente —le recriminó haciendo gala de su buena autoestima—. Eres tú el raro al que no le gustan las mujeres y sólo las contempla como objetos decorativos.
Soujiro se levantó y cogió su petate con una sonrisa satisfecha. Era demasiado fácil. Si él tenía que trabajar en sus interacciones sociales, ella debía trabajar mucho en eso. No podía ser que una mujer con sus responsabilidades tuviera un punto débil tan grande que la hiciera salirse de sus casillas a la mínima. A Soujiro se le hacía muy evidente que el trabajo de Misao se restringía a temas meramente estratégicos. De lo contrario, otros miembros de su organización se habrían dado cuenta de esto y habrían actuado para corregirlo. No había otra explicación para él.
—Eres una de las personas más divertidas que he conocido nunca —se jactó Soujiro al tiempo que comenzaba a andar—. ¿Ves cómo ese tema no falla contigo? De verdad, debes trabajar mucho en ello —terminó diciendo con gran regocijo, pues sabía la cantidad de veces que había tenido que escuchar esas palabras de ella.
—Pero serás… —Misao le tiró su sandalia y le dio en la espalda a Soujiro, el cual se rio más aún de ella—. ¿Cómo puedes ser tan impasible con algo tan personal?
—Porque no es algo que me importe. Para mí tiene la misma relevancia que hablar del color de la hierba —explicó a la vez que se agachaba para recoger la sandalia—. Es tu problema que para ti no lo sea.
—Pero si a los hombres…
Una flecha pasó por donde sólo un segundo antes había estado Soujiro y se clavó en un árbol. Los dos se tiraron al suelo por reflejo.
—¡Mierda! No estábamos prestando atención —maldijo Misao mientras escrutaba los alrededores—. Pero ¿cómo diablos han dado con nosotros tan rápido?
—No debían estar lejos. —Soujiro evaluó rápidamente la situación por los movimientos que veía en la maleza—. Nos están rodeando. Veo acercarse a cuatro de momento.
Cogió a Misao del brazo y la guio entre los arbustos con cuidado para no separarse de ella. Se quedaron escondidos un momento cuando encontraron un pequeño recoveco y Soujiro le devolvió la sandalia a Misao.
—Soujiro —susurró a la vez que se la ponía—, no creo que seas un misógino, ni que seas raro porque no te gusten las mujeres y las veas sólo como objetos decorativos.
—¿A qué viene eso ahora? —se extrañó el aludido sin poder evitar mirarla y perdiendo así su concentración en la búsqueda de enemigos. No era momento para hablar de eso.
—Porque si algo nos pasa a alguno, no quiero que ésas sean las últimas palabras que recuerde el otro. Eres una buena persona, ¿sabes? Y…
—Vale… No hables más —ordenó apremiante mientras volvía a revisar los alrededores, con una sonrisa en completa contraposición a la situación en la que estaban.
Tuvo que contener la risa al pensar en el arrebato de Misao. No era el momento indicado para esas cuestiones, pero no podía evitar encontrarlo divertido. Sólo a ella se le ocurría hacer algo así en un momento como ése.
Esa mujer era única.
Soujiro desenvainó con cuidado su espada y le dio la funda a Misao.
—Quédate aquí. Si en verdad me buscan a mí, en cuanto me mueva, centrarán sus esfuerzos donde esté y ya no te encontrarán.
—Recuerda que podría estar equivocada —susurró ella, que no quería que se alejara.
—Dará lo mismo, porque me verán como la amenaza inminente a abatir y se centrarán de igual modo en mí.
—Podría intentar…
Soujiro le cogió de la mano y Misao dejó de hablar por la sorpresa.
—¡Escúchame! No tienes armas; no te puedes enfrentar a ellos —adujo él con un férreo apretón—. Estaré más tranquilo si sé que estás aquí escondida. —Tras el ligero desconcierto por ver a Soujiro tan autoritario, Misao asintió, aunque muy disconforme. Ella no estaba acostumbrada a hacer el papel de la damisela en apuros—. En cuanto vaya a por el primero y descubran mi posición, el resto saldrá. No te muevas de aquí.
Soujiro se movió con el sigilo propio de un ninja, lo que asombró a Misao. No le había visto pelear más allá del cruce de espadas que había tenido con Himura. Un cruce, por cierto, que había durado un instante. Ni había visto lo ocurrido. En un momento estaban los dos en posición de «Batto» y, al siguiente, la espada de Himura estaba partida y la de Soujiro agrietada.
Se deslizaba con cuidado analizando su alrededor. Estaba evitando que la vegetación se moviera; no quería que supieran de dónde partía pues descubrirían su escondrijo. Misao se arrastró un poco para poder tener una visión más amplia. Hacia la zona a la que se dirigía Soujiro había tres hombres encaramados en los árboles y uno de ellos llevaba un arco en la mano con el que apuntaba al suelo a la vez que lo rastreaba. Se había quedado muy perpleja cuando había visto la flecha delante de sus ojos, pero en verdad había un arquero entre ellos. Era algo muy inusual entre los grupos ninjas.
Misao giró la cabeza y escudriñó al otro lado del árbol, hacia atrás. Había otros dos, uno de ellos también arquero, por si no se había sorprendido lo suficiente con el primero. Se habían colocado uno a cada lado para tener cubierta la zona. Si aún tuviera dudas de que venían a por Soujiro, aquello se las habría quitado. Eran conscientes de que se enfrentaban a alguien rápido capaz de matar a seis de sus compañeros sin que tuvieran oportunidad de contratacar. Querían abatirlo de lejos.
Misao se encogió en su escondite para que no la vieran y acabase con una flecha clavada. Los habían rodeado y ahora los estaban buscando.
Oyó el silbido de una flecha cortando el aire, pero antes de que impactara, Soujiro se movió. Lo único que pudo ver fue a las plantas agitarse como si dibujasen un surco en dirección hacia el arquero. Después de eso, sólo le vio saltar al árbol y el primer hombre cayó. Los dos que se encontraban en la posición trasera a ella la adelantaron saltando entre los árboles sin llegar a verla. El otro arquero disparó una flecha que se clavó cerca de donde estaba Soujiro, pero él ya se había movido a su siguiente víctima. Pasaron escasos segundos antes de que los dos acompañaran al primero en el suelo.
Apenas era perceptible… Igual que Himura. Era muy desconcertante ver moverse a alguien así. O, mejor dicho, saber que se estaba moviendo, porque sus ojos no lo alcanzaron hasta que estuvo en las ramas, lo que le obligó a ralentizar su velocidad. Aun así, no estaba muy segura de tras qué tronco de árbol estaba escondido y los hombres se detuvieron, procediendo con cautela hacia allí.
Otra flecha más se clavó en un tronco. Misao se arrastró saliendo de su escondrijo. Al ras del suelo había otros dos hombres y cada uno venía desde otra dirección, lo que componían otro grupo de siete personas como la vez anterior. Iban directos hacia el árbol donde estaba clavada esa última flecha que había lanzado el segundo arquero tras posicionarse en un punto elevado, por lo que sospechaba que había visto esconderse a Soujiro allí. Le estaban arrinconando. Los tres del suelo iban con espadas y Misao pensó que podría acercarse al menos a uno de ellos. Sabía que era probable que Soujiro fuese consciente de los tres hombres del suelo, pero también de que el arquero tenía que estar llevándose toda su atención. Si hacía un mínimo movimiento saliendo de su refugio, podía matarle con una flecha antes de que se diera cuenta.
Pero ella tenía la misma ventaja; si el arquero atraía la atención de Soujiro, Soujiro también atraía la atención del resto. Podía acercarse con sigilo sin que la percibieran, aunque eso le doliese en su amor propio. La estaban ignorando por completo. Soujiro les representaba tal amenaza, que la habían dejado de lado. Al menos uno podría estar buscándola, refunfuñó en su mente. Pero claro… No podían distraerse cuando tenían en frente a un hombre que había matado a tres de ellos en menos de diez segundos.
El silencio que se generó fue inquietante. Ninguno hacía ni un solo ruido. No sabía si Soujiro se había movido de su escondite, pero los cuatro hombres que quedaban se fueron aproximando hacia allí poco a poco, ocultos entre los árboles y la maleza. Subido a los árboles, Soujiro no podía desplazarse con la misma libertad que en el suelo y temía que no pudiera moverse mientras el arquero le apuntase.
Por eso ella iba a generar una distracción. Esperaba que eso le ayudara y pudiera salir de allí.
Cuando tuvo cerca al ninja que acechaba, se lanzó a sus piernas y le hizo caer al suelo. El revuelo consiguió lo que esperaba pues, aparte de los gemidos de forcejeo del hombre con el que combatía y al que había conseguido coger del cuello con la funda de Soujiro, oyó alguno más en la lejanía. El hombre le dio un puñetazo haciendo que perdiera fuerza y consiguió lanzarla por encima de él, con el consiguiente golpe de su espalda contra el suelo.
Por un momento se le paralizaron los pulmones y dejó de respirar. Entonces el hombre aprovechó para ponerse encima e intentar cortarla con su espada. Interpuso la funda en medio y, haciendo caso omiso del dolor del hombro, hizo fuerza para que no le acercara el filo. Sin embargo, era un hombre corpulento y tenía mucha más fuerza que ella. Por eso intentó desequilibrarle moviendo las piernas, aunque no consiguió nada con ello. Era demasiado pesado.
Un borrón entró en su visión periférica y, por acto reflejo, giró la cabeza cuando un montón de sangre la salpicó. El cuerpo decapitado cayó como peso muerto sobre ella, pero Soujiro se lo quitó de encima de una patada. La levantó del suelo sin miramientos y la arrastró hasta detrás de un árbol.
—Te dije que no te movieras —la reprendió sin siquiera mirarla. Su voz sonó muy alterada a oídos de Misao. Revisaba a su alrededor como si rastreara a alguien y, tras unos momentos de búsqueda infructuosa, por fin centró sus ojos en ella—. ¿Estás bien?
—Sí. —Soujiro le pasó la manga por la cara para limpiarla—. La sangre es suya, no me ha herido.
—¿Estás segura? —cuestionó con apremio.
Su mano no se retiró; por el contrario, la deslizó hasta entretejer sus dedos por su pelo. Misao le miró a los ojos sin poder pestañear siquiera por la sorpresa. Supo al momento que no la estaba «agarrando» sino que la estaba tocando, algo que la desconcertó por completo. Soujiro no era dado a ese tipo de muestras afectivas.
—Sí, estoy bien —contestó confundida. Por lo general, solía tomarse todo de forma muy relajada. Incluso pelear contra otros, como le había visto hacer en el hospital.
Pero ahora le tenía ahí delante preocupado por su seguridad. Alzó la mano hasta sujetar la suya, como intentando darle más fuerzas a sus palabras. Entonces, al fin asintió conforme.
—He perdido al arquero —le informó inquieto, y se puso a revisar de nuevo a su alrededor—. En cuanto vio que estaba en el suelo huyó, y no podía seguirle sin dejarte abandonada. Es el único que queda.
—Lo siento, no quería entorpecerte —se disculpó ella. No necesitaba ser muy lista para leer entre líneas: Soujiro había perdido a uno de los hombres que mayor peligro representaba para ellos porque había tenido que volver para ayudarla.
Soujiro dejó escapar el aire de sus pulmones, el cual salía de forma entrecortada. Intentaba calmarse poco a poco.
—No lo has hecho. En realidad, no podía bajar de ese árbol sin que el arquero me diera.
—Es lo que imaginé. La gravedad no es tan rápida como tú —comentó Misao con una leve sonrisa.
Soujiro volvió a suspirar y de nuevo revisó a su alrededor. Su intento de broma no había funcionado. Seguía muy serio, algo que le extrañó teniendo en cuenta que no hacía ni cinco minutos que se había vanagloriado de no preocuparle nada su situación.
Y por eso, su mente volvió a lo que había sospechado momentos antes: no le preocupaba tanto su situación como lo hacía la de ella. Ese razonamiento cobró mucha fuerza en sus pensamientos.
—Tenemos que irnos de aquí. El arquero estará en las alturas, por lo que, si logramos movernos rápido, conseguiremos alejarnos de él. No puede avanzar por las ramas a gran velocidad llevando el arco en las manos. O lo guarda, por lo que evitamos que nos alcance con sus flechas, o irá más lento —dedujo él.
—He dejado nuestras cosas donde estaba escondida.
—No importa. Podemos volver más tarde cuando se haya marchado. Lo primero es alejarnos de él.
Misao asintió y Soujiro la agarró de la mano para tirar de ella.
Pero no dieron ni un paso cuando Misao oyó el ínfimo ruido del arco crujir. Miró hacia arriba por reflejo, en dirección al sonido, y todo su cuerpo se paralizó cuando vio al arquero encima de ellos con su brazo hacia atrás y el arco estirado al máximo, con la flecha a punto de ser lanzada sobre sus cabezas.
Notas del fic:
*Oiran: Antiguas prostitutas de lujo.
— * —
Fin del Capítulo 13
4 Enero 2018
Notas finales:
Lo sé, lo sé... pero por favor, los puñales lejos. Además, deberíais alegraros de que justo ahora actualizo más rápido y no vais a tener que esperar una semana para la continuación ^o^.
¡Saludos!
