Aclaración: Detective Conan no me pertenece
Capítulo 8
.
.
.
—¿Q-qué? ¿Qué estás diciendo?—exclamó Haibara con voz temblorosa y expandiendo los ojos. El terror había vuelto a su rostro en cuanto Conan les contó a ella y al profesor acerca de lo que había pasado en su casa hacia muy pocos instantes. Por su puesto, ambos se apresuraron a visitar la residencia Kudo para observar con sus propios ojos lo que les habían dicho y así poder verificar de lo que se trataba. Conan les relató acerca de las cosas revueltas con las que se había encontrado a su regreso, y sus sospechas al respecto. Todo indicaba que ellos habían vuelto, que estaban sospechando de él otra vez. Más aun cuando no hace mucho tiempo ya habían hecho una pequeña visita a la Agencia de Detectives Mouri. Es cosa de atar cabos.
Y, bueno, a nadie podía extrañar que la científico encogida supiera perfectamente el modo de operar de la organización, y lo que significaban todas estas apariciones. Por ello no dudaba en que las deducciones del preadolescente de gafas estuviera acertadas. Estaba segura de que ellos había vuelto a sospechar de que seguían vivos. Y con ello volvieron todos los miedos que con mucho esfuerzo había empezado enterrar en lo más profundo de su cabeza.
Conan, Haibara y el Profesor Agasa se dedicaron a mirar e inspeccionar todos los rastros que habían dejado los intrusos al lo largo y ancho de la casa de estilo occidental. No era como si todo estuviera completamente revuelto o destruido, después de todo, es importante para ellos no dejar en evidencia su presencia. Pero Shinichi es un detective, y es capaz de percibir cuando no todas las cosas están en su lugar. Después de todo, él siempre ha sido muy cuidadoso con las cosas que tiene y guarda en su casa, especialmente para quienes quisieran buscar cosas de él en ella. Él tenía en aquella casa solo lo que él quería mostrar. Cosas que no eran peligrosas. Y todas las pistas indicaban que estaban tras su rastro, por lo que tenía que dar gracias al destino que no se encontrara en casa, porque ese habría sido su fin.
Conan, a pesar de su ansiedad, juntó sus manos estaba e intentó concentrarse, frunciendo el ceño, pensando en cómo actuar. Pero Haibara estaba mucho más nerviosa.
—¡Siempre supe que era una mala idea que volvieras a vivir en esta casa, Kudo-kun!—le recriminó Haibara con molestia. Ella siempre se asegura de darle indicaciones respecto a su actuar frente a la organización, pero éste nunca cumple y hace lo que se le da la gana. —Te dije que no podías bajar la guardia, por mucho que ya no supiéramos más de ellos.
—Tú también has estado bajando la guardia—le recordó Conan en su defensa. Él sabe que su comportamiento en este último tiempo ha sido descuidado, e incluso irresponsable, pero odia la idea de sentirse estúpido. Pero eso no quita que Haibara también ha estado relajándose bastante, incluso bajando la guardia. Ella siempre había tenido una particular capacidad para reconocer a personas emparentadas con la organización, como si tuviera un especie de radar, y dado que ese radar ya no se había activado hace mucho tiempo, y su actitud frente al mundo estaba más relajada, eso le hizo pesar que el peligro ya no era tan inminente. Claro, su intención siempre ha sido atraparlos, pero desde hace un tiempo su ansiedad acerca de eso estaba en un nivel más bajo, y él sabía la razón.
—Lo importante ahora es que salgas de aquí, Shinichi—intervino el profesor en tono preocupado, pensando en alojarlo a él también en su propia casa. —Lo más probable es que vuelvan por aquí.
—No solo él—dijo Haibara con un rostro sombrío. —Todos nosotros tenemos que irnos.
Tanto el profesor como Conan la miraron atentamente. Siempre supusieron que su paradero debía ser protegido, y aunque Conan asumía que en algún momento todos tendrían que esconderse, no pensaba que el terrible momento de tener que vivir escapando y escondiéndose como fugitivo, como un criminal, llegara algún día. Siempre pensó que los derrotaría antes que eso. Era como si estuviera perdiendo un poco más la batalla que creía dormida. Haibara prosiguió.
—No creo que se demoren mucho tiempo para que ellos vuelva a registrar esta casa, especialmente porque saben que aquí podrán encontrar lo que estaban buscando, y es cosa de tiempo para que volteen y se interesen por la casa de al lado, en donde habita un científico amigo de la familia Kudo —explicó la chica de pelo rojizo, con la mirada perdida en el horizonte. Siempre le ha pesado con fuerza el que, por su culpa, se encuentren en peligro otras personas, en especial aquellas que le dieron una mano cuando ella se encontraba sola y desesperada. —Yo me voy a quedar—dijo con voz seria, obviando a que podía sentir como le temblaban las piernas. —Si me tienen a mi, tal vez se olviden de los demás.
—No digas tonterías, Ai-kun—le dijo Agasa. —Nos vamos a ir todos juntos.
—El profesor tiene razón, Haibara —contestó Conan con las manos en sus bolsillos. —Nos iremos todos
A pesar de la negativa generalizada ante la propuesta de la científico, y el apoyo que éstos le dan, aun se veía cabizbaja y extremadamente seria.
—Si, quizás tienen razón—dijo meditabunda. —Así no involucramos a todos nuestros conocidos, evitando que los relacionen con nosotros.
Conan recordó a los niños detectives. Claro, ya no eran tan niños, pero seguían siguiéndoles tan inocentemente como siempre, sin saber quienes son ellos en realidad, ansiando y protegiendo su amistad como una sagrada cofradía. Ellos le ha entregado sus lazos fraternos, y lo mejor que podían hacer por ellos es que nadie pudiera relacionarlos. Tenían que irse. Dónde, aun no lo sabia.
—Kudo-kun, por lo menos tienes la suerte de que todos tus cercanos no estén cerca, especialmente tu chica, que está en el extranjero—dijo Haibara. —Eso la mantendrá a salvo.
Conan estaba harto de que le nombraran a Ran a cada rato, y más aun que le siguiera diciendo que era su chica, ya que era como si su mente le restregara que no lo era, y probablemente jamás lo sería. Esto solo lo hacía incómodo y triste. Pero cuando le iba a corregir que ella no era su chica, de un momento a otro, pensamientos inquietantes llegaron a su mente, como si de pronto todos los hechos se unieran como un rompecabezas, y le diera un sentido a cosas que había desechado si importancia. Se acordó de aquella revista en la que Ran aparecía en la portada y que Agasa había comprado para él. Claro, esto no tenía nada de relevancia en ésto si se considera que, lo más probable, esa imagen debe estar repartida por varios carteles en la ciudad. Pero lo que lo que lo inquietaba era que aquella revista, la misma que había votado en el basurero, había desaparecido al poco tiempo de dejarla allí.
Y ahora todo encajaba de una forma muy terrible y angustiante. La transpiración empezó a recorrer su cuerpo mientras realmente le tomaba el peso al hecho de que solo faltaba esa revista, como si alguien lo hubiese sacado especialmente por algo. Y justo había desaparecido cuando esos hombres habían registrado por su casa.
Tenía que existir una razón para tomaran esa revista, precisamente esa revista en la que aparecía Ran. No querría pensar en esa posibilidad, pero sabía que si ellos habían hecho la conexión, llegarían fácilmente a ella. Justamente lo que menos querría en la vida.
Su corazón se empezó a agitar con fuerza, solo considerando en cómo las posibilidades de que la busquen y le llegaran a hacer algo eran cada vez más altas. Y lo peor era que ella estaba tan lejos y sola en un lugar extraño, y él aquí, sin tener la posibilidad de protegerla.
Él no se siente capaz de soportar, ni quiera la posibilidad de que le tocaran un solo pelo de su cabeza. Y si algo le sucediera, todo sería su culpa.
Solo suya.
N/A: ¡Muchas gracias por leer y por seguir la historia! Espero que me dejen sus comentarios u opiniones, siempre es gratificante y motivante leerlos.
