CAPÍTULO 14: La emboscada - Parte II
Comentarios a los reviews:
ddaisyaguilar52: El romance llegará y, seguramente, antes de lo que os pensáis, no te preocupes ;-D. En cuanto a la longitud de los capítulos, pues más o menos ya has visto cómo son. De hecho, el anterior es el capítulo más largo de los que llevo escritos hasta la fecha, si exceptúo el capítulo final. Pero siempre te queda el consuelo de que ahora actualizo más rápido ^_^º
Kaoruca: No te puedes quejar: no has sufrido la espera XD. Sobre Soujiro... ya os avisé que no se cortaba a la hora de hablar y es bastante sincero. Es algo tanto bueno como malo, porque sabes que no te miente con lo que te dice, pero por otro lado, tampoco tiene en consideración cómo afecta lo que dice. Sobre su encuentro con los Oniwaban-shu, pues no queda mucho y de verdad que tengo ganas de ir subiéndola aunque miedo me da. Es lo que yo considero la segunda parte (la llegada a Kioto) y cada vez que releo un capítulo de ahí no puedo evitar engancharme hasta el final. No quiero ni pensar la de veces que voy a releer esa parte mientras haga las correcciones para subir aquí »_«. Pero es tan emocionante *o*. Me encanta, ya te lo he dicho, pero es que me encanta la segunda parte de este fic *o* (ahora no os gustará por las expectativas creadas, ya verás T_T).
Gracias por vuestros reviews. Espero que os guste la continuación del capítulo anterior XD.
CAPÍTULO 14: La emboscada - Parte II
A pesar de ser consciente de que en realidad estaban transcurriendo milésimas de segundo, todo se ralentizó en la mente de Misao. Incluso sabiendo que iban a por él, ver a un hombre a punto de lanzarle una flecha mortífera sobre su cabeza le quitó años de vida, estaba convencida. No supo ni cómo reaccionó, pero antes de oír el silbido de la flecha al cruzar la distancia, se lanzó sobre Soujiro para tirarle al suelo y quitarle de su dirección.
Un dolor lacerante explotó en su pierna anulando cualquier otro pensamiento en su cabeza. La flecha se le había incrustado a ella, para su desgracia. Se giró para evitar golpearse en la zona al caer. Sin embargo, cuando Soujiro salió de debajo de ella, se golpeó al rodar por el suelo y vio literalmente las estrellas. Era muy doloroso.
Oyó un ruido fuerte contra el suelo y poco después Soujiro estaba a su lado.
—¡Misao! ¿Estás bien? —Soujiro la cogió de la cabeza para que pudiera mirarlo.
—¡No! —exclamó entre gemidos.
Soujiro intentó acomodarla sobre su regazo para que estuviera más cómoda, pero con el primer movimiento, Misao se quejó de dolor. Le cogió el antebrazo y le apretó con mucha fuerza. No dudaba que ella fuese fuerte, pero no esperaba que le hiciera ese daño. En cuanto le soltara un poco, dejaría a su alcance la funda de su espada para que la retorciera todo lo que quisiese.
Se inclinó un poco hacia su pierna para poder analizar mejor la herida. Estaba clavada de forma limpia casi en el borde, por lo que podía asegurar que no habría afectado a ninguna arteria o vena importante. Le iba doler mucho, pero no era una herida demasiado peligrosa si se trataba bien.
En cuanto le tocó en la zona superior de la pierna para modificar su ángulo, Misao gritó.
—¡No lo toques!
—Hay que cambiarte de posición para poder sacarla lo más limpiamente posible.
—No, no, no… —negó con vehemencia.
—Hay que sacarla de ahí —intentó razonar él.
—Lo sé, pero no quiero —gimió con voz temblorosa. Ella misma sabía que había que hacerlo, pero si sólo con estar ahí dolía de esa forma, no quería ni pensar cuando se la quitaran.
—Escúchame. No es grave —le informó para que se calmara—. Está en la cara externa y es superficial. Sólo se ha clavado en el músculo. Has tenido mucha suerte.
—¡Suerte habría sido que no me diera! —contratacó con toda razón.
—Cierto, pero necesito que te tranquilices —continuó él en tono suave—. No va a sangrar demasiado, podré cerrar las dos heridas sin mucho problema.
Misao se retorció contra el suelo y se le cayeron las lágrimas que estaba aguantando. A Soujiro se le contrajo el pecho hasta casi el punto de cortarle la respiración. Se le hacía angustioso verla así, algo que no le había ocurrido hasta la fecha. La había incluso visto al borde de la muerte y no le había afectado de esa forma.
Se tensó cuando se dio cuenta de ese hecho. Debido al bloqueo de emociones que había vivido durante la mayor parte de su vida, era algo a lo que se había acostumbrado a hacer: comparar situaciones y analizar estados para así saber qué demonios le sucedía.
Y todo eso le estaba llevando a una conclusión sorprendente: después de todas esas semanas, se había encariñado de Misao. No era una simple compañera de viaje como al principio: era la primera amiga que había hecho en su vida. No había otra respuesta a sentirse tan cómodo hablando de cualquier cosa con ella o disfrutar del simple hecho de que anduviera alrededor de él contando sus historias.
Y por eso le perturbaba tanto verla sufrir así. Nadie quería que sus personas queridas pasaran por algo como esto. No quería que sufriera, ni tampoco quería que le afectase verlo. De modo que, por mucho que los próximos minutos fuesen horribles para ella, cuanto antes terminaran de sacarle esa flecha, antes se les pasaría a los dos.
—Misao, te voy a dejar un momento.
—¡No se te ocurra dejarme sola! —rechazó ella según esas palabras salieron de su boca. Le cogió de las ropas para no dejar que se fuese y Soujiro puso su mano sobre la de ella para conseguir que le soltara.
—Sólo voy a por nuestras cosas —explicó con tranquilidad, aunque su intento de tono calmo no estaba dando los resultados que esperaba en ella. Estaba muy alterada y eso le repercutía a él cada vez más—. Quieras o no, te voy a quitar esa flecha, así que será mejor para ti que colabores.
Misao se quedó echada sobre la pierna buena mientras veía cómo se alejaba. Y en lo único que podía pensar era en que la anterior vez su cuerpo había tenido el buen juicio de quedarse inconsciente. ¿Por qué no lo hacía ahora? Maldijo en su mente. En casos como éste era mejor no estar descansada, ni comer y beber de manera adecuada, ni estar libre de veneno en su cuerpo. Todo aquello había sido la combinación perfecta para no haberse tenido que enterar de lo que sucedió después.
Resopló. Estaba en una postura incómoda y se estaba clavando los relieves del suelo. Pero si hacía un gesto para moverse, la flecha le recordaba de mala manera que estaba ahí.
Soujiro tardó muy poco en regresar con su bolsa y no intentó razonar con ella. Se puso manos a la obra según llegó. Rebuscó dentro y sacó algunas vendas y la cantimplora. Vertió parte del contenido sobre la herida para limpiarla y, aunque era agua, ardió como si fuese fuego.
—Tengo que cortar el extremo final —informó él sin esperar una verdadera respuesta por su parte.
Misao asintió. Soujiro asió el extremo de la flecha con fuerza y con la otra mano protegida bajo la manga, cogió su espada por la zona del filo de forma que acortara la distancia de maniobra.
—Intentaré que no se mueva. Esta espada está muy afilada; debería cortarlo de una vez. —Misao volvió a asentir—. A la de tres. ¿Preparada? —Le dio la bolsa y la funda de su espada para que escogiera lo que quería tener en las manos para agarrar y sintió que Misao se tensaba en cuanto empezó a contar—: Uno, dos, tres… —Misao se encogió del todo—, cuatro, cinco, seis, siete…
—Pero ¿qué…? ¡Ah! —gritó cuando Soujiro cortó la flecha—. ¡Dijiste a la de tres!
—Lo mejor para quitar estas cosas es que no tengas los músculos contraídos, y no hay nada más tenso que saber cuándo te lo van a quitar.
—Cuando se hace eso, ¡se quita antes de llegar a tres! —espetó ella.
—Pero tú ya sabías que te lo podía quitar antes, así que no es efectivo.
Misao se recostó y resopló; dolía mucho. Intentó respirar varias veces para serenarse.
—Haces cosas raras hasta con esto… ¡Ah! —Volvió a gritar más fuerte cuando le sacó la flecha sin siquiera avisar—. ¡Maldita sea! —juró en alto—. ¡Avisa al menos!
—Contar ya no iba a ser efectivo; había que buscar el momento oportuno.
Misao volvió a maldecir y resopló de nuevo mientras Soujiro vaciaba otra parte de la cantimplora en las heridas y presionaba con un trozo de venda en ellas. Sin embargo, acabó por girarse hacia arriba, lo que entorpeció a Soujiro.
—Duele mucho; me estoy mareando —le informó a la vez que cerraba los ojos con lágrimas y respiraba profundo.
—Pues te necesito consciente para que te mantengas de lado —replicó él en cuanto entró en su línea de visión. Le cogió la mano, pero ella no fue capaz de asírsela. No tenía fuerzas—. Te estás quedando muy pálida. —Le apartó el pelo del rostro. El sudor se volvía frío por momentos—. Abre los ojos, Misao. No te duermas.
Le hizo caso, pero Soujiro vio que tenía los ojos nublados. Sopló sobre ella para darle aire.
—¿Sabes qué estaba pensando? —le preguntó para que la conversación la despejara. Ella negó y Soujiro volvió a soplarle—. Que eres una mujer problemática —comentó divertido antes de volver a soplar.
Misao se relajó; el aire le sentaba bien.
—¿Yo? —Soujiro asintió.
—Sí. Deberías tener cuidado. Eres propensa a que te ocurran accidentes.
Misao le miró todo lo ceñuda que pudo en esas circunstancias. Si hubiera estado bien, le habría golpeado.
—Perdona por recibir una flecha que era tuya —reprochó sin mucho ímpetu. No tenía fuerzas para algo más que no fuese susurrar.
—Sólo intento animarte —se defendió mientras seguía dándole aire.
—Pues burlándote de haber recibido tu flecha, con lo que duele, no es la forma.
—Lo siento, sabes que estas cosas no se me dan bien.
Con eso, Misao sí esbozó una leve sonrisa y apretó un poco su mano unida.
—Está claro que lo tuyo no son las bromas, Soujiro. Tu inoportunidad es abrumadora.
—Lo siento —volvió a disculparse él. Misao respiró profundo varias veces en un intento de controlar su mareo y eso hizo que su nudo siguiera apretándose en el pecho. Porque se encontraba así cuando esa flecha no era para ella—. Gracias —le dijo con voz conmovida a la vez que llevaba su mano contra su pecho—. Sé que vino de justo encima de donde estaba. Podría haber sido grave para mí.
—Bueno… De por sí es culpa mía que la hayan tomado contigo. Es lo menos que puedo hacer.
Soujiro no estaba muy de acuerdo con eso. Había varias formas de reaccionar ante lo que había ocurrido y eso hablaba por sí solo del tipo de persona que era. Podía simplemente haberse echado a un lado sin preocuparse más que de ella. También podía haberle avisado sin más y esperar a que hubiera reaccionado él, aunque eso conllevaba el riesgo de que no se hubiera movido y le hubieran dado. Y estaba lo que había hecho ella: su primer instinto había sido protegerle con su cuerpo.
Había una gran diferencia entre las tres. Misao pensaba demasiado en la seguridad del resto de personas. Casi había muerto dos veces por su organización. Y ahora le había protegido a él.
Era una de las mujeres más imprudentes que había conocido.
Le tocó la cara y Misao abrió los ojos para verle. Poco a poco iba recuperando el color, lo que hacía que inesperadamente él también se fuese sintiendo mejor.
—¿Cómo te encuentras?
—No sabría decirte. Cuando me mareé me dejó de doler tanto. Ahora vuelve otra vez con fuerza.
—Necesito que estés despierta —explicó él, como si lamentase que no pudiera dejarla sumirse en la inconsciencia. Ella asintió, subió su otra mano hasta alcanzársela y suspiró, con una respiración contenida por el dolor y el mareo—. Eres una buena mujer.
Misao le miró confusa ante unas palabras del todo fuera de lugar y sonrió con algo más de ánimo.
—¿No me digas que la herida de la pierna es peor de lo que creías y voy a morirme?
—No —corrigió sonriente—. Es para que lo sepas si en el futuro nos ocurre algo. Esas cosas parecen importarte. —Con eso consiguió que Misao se riera por lo bajo. Entonces se puso serio—. Sabes que tengo que cerrarte las heridas, ¿verdad? Intentaré hacerlo con cuidado.
Se incorporó y acercó los útiles que iba a necesitar. Misao se giró y se agarró a las raíces del árbol que surcaban por el suelo. Iban a tener que vigilar mucho esa herida, pensó Soujiro preocupado. Con lo que llevaban encima, no podía limpiarle la herida de una forma adecuada, por lo que las posibilidades de infección aumentaban. Por suerte, aún les quedaba algo de la cataplasma que habían utilizado para su primera herida en la pierna, lo que era mejor que nada.
—¿Cómo supiste que el arquero estaba sobre nosotros? —preguntó antes de empezar a coserle. Misao dio un respingo y aguantó la respiración.
—¿Intentas distraerme?
—Sí —contestó sincero.
—Oí la cuerda estirarse y el crujido del arco.
—No es verdad —negó Soujiro impresionado. Estaba a bastante altura como para que hubiera escuchado un ruido tan pequeño.
—Sí lo es. ¿O te crees que soy adivina? —Misao siseó cuando volvió a clavarle la aguja.
—Sé qué tienes buen oído, pero incluso así…
—Los ninjas entrenamos nuestros oídos —dijo altanera Misao antes de volver a sisear del dolor cuando Soujiro continuó con el siguiente punto—. Desde que inicias un entrenamiento para ser un ninja, haces ejercicios en los que te alejan cada vez más la fuente del ruido. Incluso podemos distinguir el tipo que es y su naturaleza —explicó mientras Soujiro se concentraba en terminar con la herida superior—. Podemos saber si es por la caída de un cuchillo, si es un paso en la lejanía o sólo la madera crujiendo… ¡Ah! —se quejó cuando Soujiro dio el último punto. Soltó el aire con brusquedad y continuó—: Por eso hay que tener mucho cuidado cuando te acercas a un ninja. Tienen muy buen oído y en cambio a ellos no se les oye —concluyó con voz contenida. Resopló.
—¿Por eso supiste que había dos personas en el techo del hospital? —Soujiro la empujó un poco para que se inclinara más hacia delante y tuviera mejor ángulo con la herida de la parte posterior.
—En ese caso fue más bien estar pendiente del truco habitual.
—¿Qué truco?
Misao se quejó al iniciar con el primer punto.
—La zona de atrás duele más —gimió sin poder evitarlo en cuanto notó la aguja.
—¿Cuál es el truco? —repitió Soujiro para que se centrara en la conversación.
—Cuando estás sobre un techo que sabes que cruje y las personas que pretendes sorprender están justo debajo, sincronizas los pasos con tu compañero para que crean que sólo hay un intruso en caso de que te oigan.
—¿En serio? —Misao asintió e hizo una mueca de dolor antes de expulsar el aire.
—Sí, de esa forma puedes conseguir que el segundo que entre en la estancia pueda hacer una emboscada.
—Entiendo. ¿Y tú los oíste descompasarse? —le preguntó con curiosidad. A él le había parecido en todo momento que sólo había una persona.
—Si sabes lo que quieres escuchar, no es tan difícil oír que los pasos están en distintos puntos del techo por mucho que suenen a la vez.
Eso tenía su lógica, pensó Soujiro. Si estaban cada uno en una punta, por mucho que pisaran a la vez, se oirían crujidos separados en cuanto a distancia.
—Lo tendré en cuenta en el futuro.
—Si te sirve de consuelo, lo hicieron muy bien. Sólo que yo soy mejor —se jactó Misao.
—Éste es el último punto —le advirtió a Misao.
—Gracias al cielo. Recuérdame que no vuelva a hacer esto nunca jamás.
Soujiro rio y terminó de cerrar la última sutura. Sabía que, a pesar de no tener ya la flecha incrustada, debía dolerle mucho la herida. Por eso, el hecho de que Misao se diera el lujo de bromear era algo que le aliviaba como pocas cosas. Era una mujer con mucho aguante.
Cogió la cantimplora y vertió el resto del contenido encima para limpiar la sangre. El bote de la cataplasma estaba casi vacío por lo que tendrían que hacerse con algo similar cuando llegaran al próximo pueblo. Vendó la herida y por fin recogió todo.
—Misao, voy a levantarte. —La ayudó a incorporarse, aunque tuvo que sostenerse por su pierna buena—. Toma —le dijo mientras le pasaba la correa de la funda de la espada por su cabeza y la dejaba a su espalda—. Vas a tener que llevarla tú. Y esto también. —Hizo el mismo proceso con su bolsa de viaje—. No sé cuánto queda hasta la aldea más cercana, si es que encontramos una en lo que queda de día. Te llevaré en mi espalda.
—Lo siento —se disculpó cuando se pusieron en marcha—. Vas a cansarte si me llevas mucho tiempo.
—No te preocupes —la tranquilizó él con una sonrisa.
En verdad no parecía importarle, tal y como podía apreciar en su semblante. A pesar de lo que acababan de pasar con los secuaces de Yoshida, volvía a mostrarse sonriente y sin preocupaciones encima. No parecía importarle lo más mínimo lo que podría sucederle. Estaba bastante convencida de que se había alterado en esa revuelta por el hecho de que había estado inmiscuida ella. Pero, tal y como decía, en cuanto la dejara en Kioto se iría tan tranquilo por ahí, aunque le persiguieran.
Misao no pudo evitar envidiar en parte esa forma de encarar la vida. Pasaba página con una facilidad pasmosa y esperaba impasible lo que vendría. No le había visto ni inmutarse cuando le dijo que podría ser perseguido por una organización ninja. Para ella había sido un sinvivir; en cambio, a él, ni le había inquietado.
¿En qué pensaría? Era una de las personas más peculiares que había conocido en su vida. Tenía una perspectiva de las cosas muy distinta a la habitual. Era demasiado racional con lo que acontecía incluso cuando sólo se limitaba a hablar con alguien. Cada vez que tenía que explicarle algo relacionado con las interacciones sociales, se la quedaba mirando igual que si estuviera descifrando algo y luego asentía como si asimilara una lección.
Era un hombre muy extraño, pero muchas veces eso le resultaba divertido.
Se apoyó sobre su hombro complacida. A pesar de su aspecto juvenil, en realidad sí había crecido. Había ganado musculatura, la cual notaba al estar pegada a él. Pero aquello no debía extrañarle, pues ya era un hombre adulto. Y, además, seguía entrenándose; por eso era tan hábil. Todo aquello debía ser la causa de que no le importunara tener que soportar su peso encima de la espalda.
Miró hacia los lados del camino, en parte desconcertada por el conocimiento de que, durante un tiempo, volverían a estar tranquilos sin nadie que los persiguiese al haber acabado con el equipo que rastreaba aquella zona. Y vio por el rabillo del ojo la empuñadura de la espada de Soujiro.
Aún no le había contado que se la había estropeado. Era una espada preciosa. La imitación de su revestimiento era impresionante. Si no fuese porque sabía que había debajo una espada de verdad, pensaría que era un bokken*.
Y ella había sido una negligente que no había tenido cuidado con un arma tan bella.
—Por cierto —le dijo titubeante—, siento lo de tu funda. Se ha agrietado el revestimiento de madera.
—Lo he visto.
—Te prometo que la arreglaré. En Kioto buscaré a alguien que pueda volver a dejarla como estaba. No importa lo que cueste: yo lo pagaré.
Soujiro sonrió de nuevo animado y negó con la cabeza divertido.
—No te preocupes tampoco por eso.
—Por supuesto que sí. Es tu arma y he roto su camuflaje.
Soujiro suspiró con resignación por su insistencia. Esa mujer era una batalla perdida. Se preocupaba por las cosas más nimias aun estando imposibilitada de una pierna. Ese tipo de heridas dolía mucho, ya no sólo porque un objeto la había atravesado; había que añadir además que, todavía con la zona resentida, había sido suturada. Una persona normal se concentraría en su recuperación y en mantenerse en una posición que lograra evitar dolor de más. En cambio, ella estaba pendiente de una funda agrietada.
No tenía sentido. Misao era bastante fácil de leer en muchos aspectos, pero había otros que lo descolocaban por completo. No había una razón comprensible para algunas de las cosas que hacía.
Y era por eso había llegado a una conclusión: Misao no estaba bien de la cabeza.
Notas del fic:
*Bokken: Espada de madera. Kaoru utiliza una en sus entrenamientos y peleas.
— * —
Fin del Capítulo 14
7 Enero 2018
