Nota: Detective Conan no me pertenece.


Capítulo 9

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El paisaje frío y gris que envolvía París convertía a aquella bella ciudad y su impresionante arquitectura, en un ambiente tenebroso y fúnebre, en donde casi se podía olfatear el aroma del peligro. Por esos mismo recovecos, Ran corría sin aliento por unas descuidadas y agrietadas calles empedradas, viéndose casi envuelta por unas sucias y abandonadas casas de ladrillos. La única luz que le permitía ver sus propias pisadas provenía desde una parpadeante y solitaria luminaria en medio de la calle.

De pronto la muchacha se detuvo, como si ya no supiera que más hacer, ni hacia donde más seguir. No parecía tener escapatoria. Tenía que enfrentarse a ellos. Su respiración era entrecortada mientras giraba hacia ambos lados, esperando que algo o alguien la atacara.

Miró hacia el suelo, intentando pensar en un nuevo plan. Al hacerlo, pudo notar su aspecto lamentable. La ropa que había elegido cuidadosamente para su cita, ahora se veía andrajosa y sucia, como si alguien lo hubiese hecho a propósito. Además, recién ahora podía percatarse de la gravedad de sus heridas sobre su pierna izquierda. Apostaría que se las había hecho mientras peleaba con esos tipos en aquella casa. Ran suspiró. Sabía que ella era capaz de enfrentarse en una batalla contra de un par de hombres fuertes, pero no estaba segura de poder hacerlo frente a estos nuevos sujetos que poseían una fuerza con la de ella parecía verse pequeña e inútil. Expresó en voz alta lo mucho que desearía que él estuviera aquí. De esta manera podrían luchar juntos, como un equipo. Pero eso era imposible.

De pronto, con sobresalto sintió que esas escalofriantes pisadas se hacían cada vez más cercanas, como si estuvieran a unos pies de distancia. Ran frunció el ceño y giró la cabeza para observar a quien sea que se estuviera acercando. Al hacerlo, pudo notar la sombra de un hombre en las paredes de ladrillos de las antiguas callejuelas de la ciudad, seguido por otras personas detrás de él. Tenía miedo, por supuesto, pero estaba dispuesta a luchar a pesar de encontrarse herida.

Con sobresalto, cuando giró su cabeza hacia el origen del ruido, observó que un terrorífico hombre vestido completamente de negro la apuntaba con una pistola. Por un momento se sintió petrificada ante el arma, sintiéndose desprovista de protección ante ésta. Aun así, se armó de valor y alzó su pierna con gran agilidad y consiguió que la pistola que reposaba en la ruda mano de aquel hombre volara por los aires...

—¡CORTE! ¡Se queda!—gritó el director de la película "Acción en París", mientras se dejaba caer sobre su silla desmontable y juntaba sus manos con satisfacción. —Estuviste muy bien, Ran.

Ran detuvo su perfomance karateca en el acto y observó a todas las personas que conformaban el staff de la película con un sonrojo. Todo alrededor de la muchacha se trataba de una escenografía muy bien montado para la película, notándose fácilmente la separación de éste con el lugar desde donde el equipo de producción observaba con atención la filmación de una de sus escenas de suspenso y acción. Entre las personas, además de los trabajadores del filme, se encontraba Sonoko, quien la miraba y saludaba con gran entusiasmo, como si su rostro fuera a explotar de la emoción.

—¿U-usted cree?—respondió la aludida con timidez. La muchacha se movió a través del set y se acercó al director, un hombre de edad mediana, regordete y una cabeza semi calva, quien estaba acompañado con parte del equipo de producción. Si era sincera, debía admitir que le daba bastante corte el tener que actuar frente a tantas personas, todos atentos a sus movimientos y a su muy amateur desempeño. El director la felicitó nuevamente, y le dijo que ella realmente tenía pasta de artista. Ran, por cierto, no estaba muy convencida. Después de todo, ella es demasiado modesta como para creer que tuviese grandes dotes actorales.

—¡Ran estuviste genial!—exclamó Sonoko con emoción en cuanto se acercaron a conversar —Como se esperaba de ti.

—N-no se, estaba nerviosa, pensé que había olvidado algo...—respondió Ran con voz insegura.

—¡Claro que no! ¡Lo hiciste excelente!—le dijo su mejor amiga, como si ésta fuera la mayor de sus fan. Sonoko le aseguró que ella actuaba muy bien y le confesó que incluso, en algún momento, sintió como si todo ese drama estuviese pasando de verdad. Ran le agradeció con sinceridad por todo su entusiasta apoyo. Sonoko, instintivamente, se abalanzó hacia ella para darle unas palmaditas de apoyo, pero luego se contuvo, recordando que no podía tocarla mientras estuviera grabando pues podía arruinar su maquillaje.

—No, no hay problemas esta vez—le dijo Ran con una sonrisa. —Hoy terminaremos de filmar más temprano por la lluvia—le indicó. —De hecho, esta fue la última escena que filmamos por hoy.

Esto incitó a Sonoko a tomarla por lo hombros con fuerza y afirmarle, como todos los días hacía, que dejara que ella fuese su representante y que la corporación Suzuki la patrocinara. Ran le respondió con cautela y leve vergüenza, asegurándole que toda esta filmación y esta posibilidad de conocer París ha sido entretenido, pero no sabía si seguiría una carrera actoral. Después de todo, a ella le gustaría terminar la universidad.

—Cambiando de tema, creo que tu salida temprano llegó justo a tiempo—le dijo Sonoko mientras le guiñaba un ojo juguetonamente. Ran se volteó a verla.

—¿Por qué lo dices?—preguntó Ran entrecerrando los ojos. Ella conocía perfectamente el significado de ese tono en boca de Sonoko: se trataba de chicos. De hecho, si lo pensaba bien, desde que terminaron de recorrer los principales puntos turísticos de París y luego de sacarse fotos para las redes sociales, Sonoko empezó su operación de encontrar novio con el cual poder conocer París de primera mano. Por supuesto, esto significaba encontrarle novio a Ran, pues Sonoko ya tenía uno. Ella, por cierto, aceptó ir a aquellas movidas de su amiga para que ésta dejara de molestarla con que seguía pegada con el desaparecido amigo de la infancia. Sonoko tenía buenos contactos en la ciudad, así que sabia exactamente a qué juntas asistir para conocer a los chicos más guapos del lugar. Por supuesto, no eran tan osadas como para asistir a esas fiestas occidentales a la cual asistían la mayoría de los franceses, pero si a las reuniones en donde podrían encontrarse un galán. Claro, Ran admitía que eran guapos y agradables, pero sentía que estaba demasiado abocada en su trabajo como para darle tiempo a citas.

Luego, sin darse por vencida, Sonoko decidió llevar a cabo una nueva estrategia: emparejar a su amiga con el protagonista de la película, es decir, el compañero de Ran en el set. Era perfecto. Después de todo, ella estaba la mayoría del tiempo con él, era muy guapo, y tenían juntos muchas escenas de amor. Era solo cuestión de un empujoncito para que éstos empezaran a salir. Para ello, decidió correr el rumor acerca del romance entre ellos al equipo de producción con la firme intención de que esto se filtrara en las revistas de espectáculos. Pero aquel rumor no surtió el efecto deseado, ya que rápidamente se enteró que aquel actor estaba casado con una actriz muy conocida en Francia, por lo que decidió desistir prontamente de esa estrategia antes de que le trajera problemas a Ran. Finalmente han terminado saliendo ambas con Shiro, su compañero de la universidad que las estaba acompañando, el cual se ha convertido en un muy buen amigo de ellas, y con quien pasean por la ciudad a menudo. Sonoko deseaba poder emparejarla con él aunque no fuera francés, pero todavía no lo ha conseguido. Su amiga es muy lenta.

—Porque me dijeron que un hombre te estaba esperando en tu camerino—le contestó Sonoko con una risita, mientras le mostraba una casa rodante de color plateado que se encontraba estacionado a unos metros desde su posición. Se trata del lugar en donde Ran suele descansar en sus tiempos libres, en especial aquellos períodos entre la grabación de escena y escena. Ese era su especie de camerino personal. Ran elevó ambas cejas, sorprendida ante tal aviso y su ánimo se dio un vuelco inesperado. Ella no tenía idea de quien podría tratarse y ni de que querría hablar con ella. De hecho, no recordaba haber acordado en reunirse con nadie y tampoco entendía la razón para hacerlo sin llamarle antes. Su mente y sus acusaciones se dirigieron hacia Sonoko y sus ansias de encontrarle novio. Probablemente ella le había encontrado una cita, e hizo que éste la viniese a recoger hasta aquí.

—¿Qué hombre?—preguntó, con el ceño fruncido y tono acusatorio.

—Ni idea—respondió Sonoko con sinceridad, hundiéndose de hombros. —Simplemente uno de los asistente de producción me dijo que te avisara de que un hombre te estaba esperando en tu casa rodante, pero no pude ver nada pues la puerta estaba cerrada—le relató. Lucía decepcionada de no haber sido capaz de espiar mejor hacia dentro y saber la apariencia de aquel visitante.

Con esto, podía estar segura de que el hombre que la esperaba no se trataba de ninguna cita a ciegas orquestada por Sonoko. Debía ser alguien más, alguien a quien le gusta avisar acerca de su visita.

—¿Quién será?—se preguntó Ran en voz alta, mientras ponía un dedo en su boca. Tenía que admitir que el hecho de que un sujeto desconocido y misterioso, quien ni siquiera era capaz de dejarle su nombre con el equipo de producción para avisarle, la estuviera esperando a solas en su casa rodante, le daba un poco de nervios. Por supuesto, si fuera alguien peligroso ella lo reduciría en un instante con su karate, pero eso no quería decir que no le aproblemara. —¿Me acompañarás?—agregó luego de unos instantes.

—No puedo—respondió alegremente. —¿No te acuerdas que te conté que Makoto-san estaría competiendo aquí en París? ¡Pues ya llegó! Así que tengo que ir a recibirlo ahora mismo al aeropuerto.

Ran se le había olvidado acerca del arribo de Makoto. De hecho, se preguntaba cómo le hacía Makoto para seguir tan vigente en los torneos de karate y mantenerse firme como un roble en su puesto de el rey de las patadas. Después de todo, y a pesar de todos estos años, él seguía siendo imbatible, y creía que la única manera de que alguien pudiese quedarse con ese trono sería cuando Makoto renunciara. Claro, ella podría haber seguido compitiendo en los torneos universitarios, pero sintió que esta era una oportunidad que no podía rechazar.

Ran se despidió de Sonoko, prometiéndole que le contaría todo en la noche y la observó mientras se marchaba, alegrándose sinceramente por ella. Se imaginaba que ambos irían juntos a caminar por esta bella y romántica ciudad, tal como Sonoko había estado queriendo. De hecho, debido a su propia nutrida cultura en películas románticas, ella también deseaba tener un paseo romántico por París. Pero, dado su carácter idealista respecto al amor, ella deseaba hacerlo con el hombre que amara, con el hombre indicado. Y, al parecer, y a pesar de que en algún momento de su vida ella pensó haberlo encontrado, la cruda realidad era que aun no parecía encontrar al hombre para ella. La persona con quien recorrer las callejuelas de París. Pero intentaba que esto no la desanimara. Tenía otras cosas en las cuales ocupar su mente. Después de todo, leía novelas románticas para saciar su deseo de amor y romance que sabía, muy en el fondo, que en el mundo real no le sería tan fácil conseguir, a pesar de que aun seguía creyendo en éste.

Recordó de pronto que todavía estaba cubierta de maquillaje y de un vestuario andrajoso, y, considerando que tenía una visita esperándole, le solicitó a uno de los trabajadores que le dijeran a aquella persona que le esperara unos instantes más, para ella tener tiempo de ducharse y cambiarse de ropa. Se sentiría incómoda hablando con alguien con sangre falsa chorreando de su pierna izquierda. Y, en cuanto estuvo presentable, caminó en dirección a aquella casa rodante que por estos meses ha sido su camerino, y suspiró.

Estaba nerviosa y sentía como sus tripas se arremolinaban en su estómago con tan solo anticipar el encuentro con este visitante incógnito. No comprendía porqué le sucedía ésto. Lo más probable era que fuese algún agente en búsqueda de actrices para una nueva película, y bueno, no era como si ella ansiara tener una gran carrera. Ni si quiera estaba segura de actuar tan bien, de todas formas.

Finalmente llegó a la casa rodante, subió los tres escalones que separaban la puerta del suelo, y giró el pomo de la puerta con sigilo, intentando en vano de reconocer a la persona antes de entrar por completo.

Pero con tan solo ingresar al lugar y observar de frente a la persona, su cuerpo quedó completamente petrificado, y sus ojos se abrieron por completo. Podía sentir como sus pantorrillas temblaban, y temía que en cualquier momento pudieran ceder y perder el equilibrio para caer sobre el suelo del camerino. No podía ser verdad lo que sus ojos veían.


N/A: ¡Muchas gracias a todos por leer, seguir la historia y hacer sus comentarios. Son un estimulo para seguir escribiendo :) En fin, espero conocer que tal les pareció el capítulo y quien creen que esa persona que está esperando a Ran.