CAPÍTULO 16: Días lluviosos
Comentarios a los reviews:
SlayArmisa: Caloooooorr... ¡yo quiero! Aquí hace frío y mal tiempo. Quiero solecito T_T . Pero en fin, dejemos mis deseos a un lado T_T y te contesto. Sobre las emociones de Soujiro, ya avisé que nos iba a mostrar un aspecto racional de ellas (como en esa conversación XD), y justamente es por eso que Misao le va a poner la vida del revés (MUY del revés, muajaja ^o^). Lo cierto es que me gusta mucho escribir su perspectiva ^_^º. La mente de Soujiro es todo un reto, pero muy divertida, a pesar de que a veces me vuelva loca a mí (porque hay momentos en que sé lo que quiero poner, pero no encuentro la forma adecuada de expresarlo). Pero es que el Soujiro que me está saliendo en esta historia me encanta. Es un personaje súperinteresante y quizás por eso me está gustando tanto este fic. No sé muy bien la percepción que tienen sobre esta posible pareja los seguidores de la saga, pero reconozco que la pareja SouMis de este fic me fascina *o*.
ddaisyaguilar52: A mí me hace gracia también imaginarme el momento en que Soujiro se despierta con Misao durmiendo sobre él. Pero más gracia me hace al pensar que él ni se inmuta y sigue durmiendo como si nada. Si en el fondo es más inocente que un chupa-chups XD. Sobre Misao, está empezando a tener una «toma de conciencia» de Soujiro que no tenía antes. No es que lo considerara un mueble, pero no tenía una conciencia de él como hombre, aunque haya sido momentáneo. Es evidente que ambos se sienten cada vez más unidos, pero ninguno sabe todavía hasta qué punto ^_^º. Ya se darán cuenta, ya... ^o^
Kaoruca: Ya sabía yo que te iba a gustar este capítulo XD. Y sí, yo también me lo imagino haciendo ecuaciones matemáticas XD. Que conste que él no lo llega a expresar así, pero es consciente de que lo hace. Y me alegra que te parezca coherente la forma de ser de Soujiro. Ya sabes que voy en plan rebelde con él al escribirlo a mi manera (porque no he visto a nadie tratar a Soujiro en función de este problema. Es como si no le hubiera ocurrido, a pesar de ser algo bastante traumático :-s). En cuanto a poner a Yumi como amiga, él mismo se lo dice a Misao: en aquella época, él sólo entendía el concepto de amistad de forma teórica. Al no sentir todas las emociones que acompañan a la amistad, no podía llegar a pensar en la gente que le rodeaba como amigos. Sólo como compañeros de armas que buscan un mismo fin.
Gracias por vuestros reviews. Os dejo con el siguiente capítulo, que es algo cortito pero importante en cuanto a la perspectiva de Soujiro (recordad que ahora actualizo más rápido, así que, aunque sea más corto, no hay que esperar mucho para el siguiente. No me matéis ^_^º). Espero que os guste ;-D.
CAPÍTULO 16: Días lluviosos
Otro día más lloviendo. No era el clima más propicio estando Misao herida en la pierna. Por eso esperaban a que cesara antes de ponerse en camino. Pero encadenaban ya tres días de lluvias y no parecía que fuese a amainar. Si lo pensaba bien, habían tenido suerte en su trayecto. De los días que habían estado de viaje, sólo uno les había llovido. En los demás casos, habían estado a refugio en el hospital y ahora en esa casa.
Pero, por otra parte, esa lluvia también les reportaba tranquilidad porque les complicaba la búsqueda a sus perseguidores. De todas formas, Misao estaba convencida de que, después de haber eliminado a siete más de sus hombres en un solo día, sería una locura que un líder mandara a más efectivos a por él. Ella no lo haría sabiendo que habría perdido a un total de trece hombres a manos de uno solo que lo había hecho encima sin esfuerzo —aunque esa información sólo la tuvieran de la primera remesa—. Sería algo que no la dejaría ni dormir —había dicho—, por lo que no sería capaz de enviar más hombres a la muerte por mucha venganza que quisiera.
Pero incluso aunque hubieran mandado a más, ellos no podrían imaginar que estarían a resguardo en la casa de unos ancianos. Y buscar rastros con esa lluvia intensa era difícil.
En realidad, se podría decir que esa lluvia les tenía retenidos allí. Si el tiempo les acompañase, ya podrían haberse marchado en dirección a Kioto. Llevaban una semana en esa casa y hacía ya un par de días que Misao podía andar, aunque no fuese rápido.
Pero la señora Kojima tampoco quería saber nada de dejarles ir con ese tiempo tan desagradable. Sólo habían hecho una mera mención a esa posibilidad y la mujer se había opuesto de manera tajante. Misao le había comentado cuando se quedaron solos que era probable que hubiera otro motivo de fondo a su impetuosa negativa: que le hacían compañía a la señora.
Al señor Kojima no le había visto mucho por la casa, ni siquiera esos días en que el clima era tan inclemente e incitaba a cualquier persona a quedarse bajo un techo. Pero él salía temprano y volvía entrada la tarde. No tenía claro qué hacía, pero gracias a que estaban ellos allí, la mujer se pasaba el tiempo entretenida con Misao.
Dejó de mirar por la ventana para observar a las dos mujeres. Llevaban cuatro días tejiendo. En cuanto la señora Kojima había descubierto que Misao no sabía tejer, se había propuesto enseñarle. Y por supuesto, ella estaba más que encantada.
Jamás se la habría imaginado en una tarea como ésa. Le sorprendía que a Misao le interesasen esas labores siendo una mujer de acción como lo era, pero le gustaban.
La señora Kojima tejía un manto destinado a arropar a un recién nacido. Les había comunicado que serían abuelos de nuevo en otoño, por lo que se entretenía haciendo distintas prendas para cuando llegara el acontecimiento.
Misao, por su parte, parecía una niña que hubiera descubierto un juego nuevo. Sonrió cuando esa idea cruzó por su mente. Se pasaba las tardes concentrada y absorbiendo distintas formas de hacer puntos. De ahí que tuviera la sensación de que se había hecho una idea equivocada de Misao, influenciada en gran medida por el hecho de ser la líder de los Oniwaban-shu. Tenía tendencia a pensar que a Misao le gustaban las cosas propias de los hombres por ejercer un cargo más propio de ellos. A pesar de que le había dicho que ella también trabajaba en el restaurante y que sabía cocinar, había seguido haciéndose una idea de que no le gustaban las tareas típicas de las mujeres.
Pero sí que le gustaban y encima se le daban bien, para su gran sorpresa.
—¿Qué intentas arreglar? —le preguntó de pronto la señora Kojima a Misao cuando la vio coger una tercera aguja.
—Nada… —respondió con tono culpable. Metió un dedo en un pequeño agujero y suspiró—. Creo que he perdido un punto.
La anciana cogió su trabajo y se puso a observarlo. Después asintió.
—Como sólo tienes una hilera más hecha, es mejor que deshagas y lo recuperes ahí, en vez de rellenarlo.
Misao tomó su labor y sacó la lana de la aguja para tirar del cordón y deshacerlo. Después, con una concentración que a Soujiro le hizo sonreír, volvió a meter la aguja por los agujeros una vez recuperado el punto.
No tenía muy claro por qué verla añadir puntos a una tela rectangular le relajaba. Quizás se debiera al hecho de ver a Misao tranquila y despreocupada. Charlaba con la anciana de temas intranscendentes y eso la mantenía de buen humor. Se la veía contenta y, con eso en mente, volvió a mirar por la ventana.
No estaban muy lejos de Kioto. En cuanto salieran de esa casa, no creía que les llevase más de dos días llegar incluso al paso lento de Misao. Se sentía algo apenado cuando pensaba en ello. Hacía más de mes y medio que había estado acompañado durante todas las horas del día. No había estado con alguien tanto tiempo desde que el señor Shishio vivía y no se podía decir que en aquel entonces tuviera la misma consideración que ahora en referencia a las compañías.
Se le iba a hacer extraño quedarse solo otra vez. Misao era una buena compañera de viaje. A pesar de las tensiones por poder ser localizados por los Yoshida, no recordaba que un viaje se le hubiera hecho ameno. No solía tener entretenimientos cuando estaba fuera de los poblados, que era la mayor parte del tiempo. Los caminos que utilizaba eran solitarios y por eso siempre estaba enfrascado en sus propios pensamientos y recuerdos. No era que eso fuese malo, en realidad. Hacer introspección sobre su vida le había llevado a saber lo que quería. Pero llevaba un tiempo en que viajar ya no le motivaba tanto como lo hacía al principio y quizás por eso, antes de encontrarla, ya se estaba planteando volver a casa cuando sólo hacía un mes que había salido.
Después de haber visto Japón de arriba abajo varias veces, podría ser que se le estuviera haciendo aburrido. Ya no se impresionaba al ver lugares porque muchos ya los había visto o se parecían a otros que ya había visitado con anterioridad. Y eso podría estar detrás del hecho de haber perdido sus ganas de viajar: porque ya no estaba ese aliciente que cada primavera le impulsaba a salir de su casa.
En cambio, con aquel viaje, había recuperado su diversión por ellos. Y lo había hecho porque iba acompañado de una mujer que le mantenía entretenido y que le mostraba lo que veían bajo otra perspectiva: la de ella. Y debía reconocer que era interesante.
Sonrió por esto, aunque lo hizo con una sensación de desazón en su interior porque no le hacía especial ilusión retomar sus monótonos viajes. Consideró volver a casa tras dejar a Misao en Kioto. Sin embargo, no tardó en descartarlo porque recordó que empezaba a sospechar que Yokohama era la que le impulsaba a volver a ellos cada primavera, lo que le indicaba el orden de sus preferencias, pues Yokohama estaba por debajo de sus viajes y éstos, muy por debajo del que estaba haciendo con Misao.
Y con esa perspectiva, no era de extrañar que se sintiera apesadumbrado ante el hecho de finalizarlo.
Misao chasqueó la lengua y atrajo la atención de Soujiro con ello.
—Se ha salido del canasto otra vez —se quejó.
—Tiras demasiado fuerte —explicó la anciana a su lado. Hizo el intento de levantarse, pero Soujiro la detuvo. Aunque Misao podía moverse, él prefería que descansara.
Se alejó de la ventana en dirección al ovillo que rodaba por la habitación. Lo cogió y lo dejó en el canasto.
—Gracias —le dijo Misao con una sonrisa.
Soujiro asintió con un nuevo y desconocido nudo en el pecho: iba a echar de menos aquello. Misao era una influencia positiva para él. Lo sabía porque hasta la fecha no había podido tratar a nadie con la facilidad con la que lo hacía con ella. Y eso era algo muy grato para él.
—Me va a dar pena no poder hacer esto cuando llegue a casa —se quejó Misao resignada a la vez que recolocaba el ovillo en el canasto para que no se volviera a salir—. Es muy relajante, a diferencia del restaurante.
La anciana se rio y Soujiro se sentó de nuevo en la ventana observándolas desde allí.
—Ya verá cómo encuentra hueco —le quitó importancia la mujer—. Además, saber hacer accesorios es muy útil cuando se espera un niño. ¿Tienen hijos?
—No —respondió Misao algo cohibida.
—No se preocupe, ya los tendrán —comentó ilusionada la mujer—. Es demasiado joven. Fíjese en mi hija pequeña —dijo alzando la manta en la que trabajaba—. Le costó casarse, pero ya va a tener a su primer retoño. ¡Y tiene veintiún años! Así que ustedes tienen mucho tiempo en comparación —alegó con una risa que resonó por toda la habitación.
Misao compuso una sonrisa extraña que no le había visto hasta el momento y después rio con cierto nerviosismo.
—Sí, tiene razón —replicó a la vez que fijaba su atención otra vez en su labor.
A la señora Kojima le había sucedido lo mismo que a él y había presupuesto que Misao era más joven de lo que era. Pero parecía habérselo tomado con humor y por eso Soujiro también sonrió.
Misao debía ser una mujer dedicada por completo a los Oniwaban-shu, dedujo él. Puesto que en unos meses cumpliría veinticuatro años, estaba prácticamente fuera de la edad casadera. De modo que, si no estaba casada ya, era porque había preferido a su organización por encima de formar una familia. Ese tipo de cosas eran las que hacía que ajustara el comportamiento de Misao a términos más masculinos y que luego le descolocara que hiciera tareas propias de las mujeres como le había ocurrido cuando se había puesto a tejer.
Volvió a mirar por la ventana y las dejó con su banal charla sobre familias. Las gotas de agua seguían cayendo incesantes y Soujiro otra vez retomó el dilema que le creaban. Porque quería que cesara esa lluvia y continuar con su camino para dejar a Misao a salvo en su casa, pero a la vez se encontraba dividido porque no quería que terminara ese viaje.
Suspiró de nuevo, porque sabía que no iba a llegar a ninguna conclusión y tampoco había mucho que hacer al respecto, pues nada dependía de él. Porque el hecho de que Misao iba a llegar a su casa era una realidad, y el cuándo lo hiciera, sólo dependía del momento en que esas gotas dejaran de caer.
— * —
Fin del Capítulo 16
14 Enero 2018
