N/A: ¡Hola a todos! Muchas gracias por su apoyo, lo valoro mucho :)

¡Espero les guste el capítulo!

Aclaración: Detective Conan no me pertenece


Capítulo 11

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Estaba inquieto. Movía nerviosamente sus manos y caminaba de vez en cuando al rededor de la casa rodante para quemar el tiempo. La demora de Ran lo impacientaba más y más, y no sabía si era por el ya reducido efecto del antídoto sobre él debido a su paulatina inmunidad, o a la ansiedad que le daba el volver a verla cara a cara, como Shinichi. Los minutos pasaban rápidamente, y el temor a que el tiempo que le quedaba como Shinichi no le fuera ahora suficiente para hablar con Ran de lo que necesitaba decirle. Miró por la pequeña ventanilla, y de pronto, la vio. Estaba con unos simples pantalones vaqueros y una camiseta a rayas. Además, tenía el pelo semi mojado y la nariz colorada por el cambio de temperatura. Se veía muy casual, pero él encontraba que se veía adorable, especialmente por los colores que tenía su cara, sin poder evitar que sus mejillas, las cuales habían estado extremadamente pálidas por la tensión de la espera, ahora se tiñeran de un rojo furioso.

En cuanto sintió las gráciles y livianas pisadas de Ran subiendo por las pequeñas escaleras de la casa rodante, Shinichi quiso prepararse para su encuentro, y, de forma instintiva, volteó su cuerpo con la intención de que ella se encontrara con su espalda al entrar. Creía que este tipo de aparición le podía dar un aire casual al encuentro, y le permitía verse ante a ella de forma tranquila y genial. Pese a ello, tenía que admitir que el rostro de impacto de Ran al verle, como si estuviera presenciando a un terrorífico fantasma, no le ayudó a mantener su actitud calmada.

Ran se quedó plantada ahí, mirándolo con los ojos muy abiertos y con la piel tan pálida como la de un papel. Shinichi no pudo evitar que su rostro, ya sonrojado desde antes, se convirtiera en un tomate por completo. Rogaba para que Ran no lo hubiese notado.

—R-Ran—dijo Shinichi en cuanto se hubo volteado por completo hacia ella, intentando dar con un tono profundo en su voz. —¿Cómo estás?

Ella mudó la extrema palidez de su cara a uno rosa, como si recién comprendiera de quien se trataba la persona que estaba frente a ella.

—Shi-shinichi —murmuró la chica, aun demasiado sorprendida ante la aparición de su amigo de la infancia. En una primera instancia pensó que debía tratarse de una jugada de su mente, ya que le parecía surrealista de que él apareciera justamente aquí, en París, dentro de su casa rodante. Pero luego comprendió que el Shinichi que tenía frente a sus narices era el verdadero, el de carne y hueso, y pensó que era bastante paradójico que el nuevo encuentro entre ambos fuera otra vez en el extranjero. Tensó la cara, deseando reprimir las lágrimas que se encontraban deseosas de salir del encierro de sus ojos. —¿Q-qué estás haciendo aquí?—preguntó finalmente.

Ella deseaba molerlo a palos por todos estos años fuera. Si, era verdad que ella había decidido dejar de esperarle y cortar relaciones con él, pero éste no había hecho nada. Él no apareció nuevamente por Tokio para intentar arreglar el problema. No había intentado contactarse con ella por cualquier otro medio. A él no le había importado que ella estuviera molesta con él, y no volvió a saber de él en todos estos años. Y a pesar de eso, ella había llorado en secreto por él, pensando que quizás había muerto. Pero no era así. Simplemente había estado demasiado ocupado resolviendo sus preciosos casos. Entonces, ¿qué hacía aquí después de todo este tiempo? ¿cómo llegó aquí? ¿por qué la estaba buscando?. Con cada instante que pasaba, sentía que la necesidad de llorar se hacía más insoportable.

Él se sintió incómodo con su mirada. Había algo en su rostro que denotaba desconcierto e incluso desconocimiento hacia él, su amigo de toda la vida, lo que le daba un gran bajón a su espíritu.

—Barou, ¿cómo que estoy haciendo aquí?—respondió éste con voz temblorosa, intentando hacer de este momento de tensión algo más casual. Sabía que este encuentro podía ser muy emocional para ambos, pero le costaba pensar que estos años hayan podido cambiar la impresión que tenía en ella, y la forma en que la chica se relacionaba con él. —Sabía que estabas aquí, y vine a visitarte.

Ran no parecía creerse la excusa. Le parecía otra mentira de él, igual como había pasado la última vez en Londres. Él desaparece del mundo y de su vida por años, y luego aparece aquí, a kilómetros de Japón, como si no hubiese pasado nada. Una parte de ella estaba emocionada por volverlo a ver, llegando a sentir latir su corazón como hace años no lo hacía. Porque, mientras que para muchas personas la distancia y el tiempo pueden destruir un amor, para otros, como ella, la espera puede provocar que la felicidad sea mayor tras el reencuentro. Aun así, no podía fingir que nada hubiese pasado, y que esto no era más que una muestra de que él no ha hecho más que jugar con ella, dejándola olvidada por años, sin dedicarle una sola llamada para entregarle una explicación, pero que ahora llega, tan cínicamente, a pasar casualmente en su lugar de trabajo. Ha estado por ahí, vivo y resolviendo casos por el mundo, sin siquiera molestarse en buscarla hasta ahora.

Con todas esas sensaciones en su mente, en los últimos años oculto bajo amparo de su propia fuerza de voluntad, su autocontrol emocional ya no podo contenerse más dentro de sus ojos, y empezó a liberar sus numerosas y brillantes lágrimas, las cuales empezaron a atravesar como acantilados toda la cubierta de su rostro. Shinichi se mostró conmocionado, horrorizado de ver llorar a Ran. Odiaba ver a llorar a Ran, y menos a causa de él. Casi siendo derrotadas sus defensas, éste abrió la boca para decirle algo más. Un frase de sinceridad. Palabras de sus verdaderos sentimientos. Pero la muchacha no le permitió, pues su mezcla de emociones y su extrema molestia hacia él le hizo tomar la palabra fiereza.

—¡¿Quién te crees que eres?!—chilló Ran con rabia contenida, con sus ojos liláceos llenos de lágrimas. Él estaba pasmado y su cara estaba tan blanca que si no estuviera parado sobre sus dos pies, cualquiera podría pensar que no había sangre recorriendo por su cuerpo. No esperaba este recibimiento y le congelaba sus palabras llenas de dolor y resentimiento. —Me pediste que te esperara, pero luego te vas por años, desapareces de la fas de la tierra y luego llegas aquí como si nada—continuó diciendo ella mirando el suelo, con las mejillas sonrojadas por la fuerza que hacían los rasgos de su cara. —¿A qué estás jugando? ¿Qué te he hecho para te comportes así?

A Ran ya no le importaba estar dejando salir demasiado. Daba igual que él se enterara que ella era una niña estúpida que lo había estado esperando como una ilusa enamorada cuando él se lo pidió, y que, a pesar de querer olvidarlo, ella aun seguía preocupada por él y su seguridad, él en tanto se encontraba felizmente haciendo su propia vida, dedicando todo su tiempo a los misterios, sin importarle todo lo demás. Por ello, lo único que quiere oir de su boca es una explicación. Una respuesta de alguien que ella antes creía que una persona, más allá de su apariencia de chico genial, era un amigo confiable y siempre correcto.

—N-No—respondió él automáticamente. —N-No he estado jugando contigo—le aseguró con voz temblorosa. Lo que menos habría deseado en el mundo era escuchar esas palabras teñidas con ese tono de amargura y decepción desde la boca de Ran. Deseó poder arreglar todo lo malo que había hecho, y hacerle entender que lo que piensa de él es mentira. Quería que ella supiera. —R-Ran, mira, escucha, las cosas no son como tú lo piensas...—le dijo, mirando atentamente los rasgos enrojecidos de Ran y aquellos brillantes ojos que lo miraban con atención, esperando a escuchar las palabras que él tenía para decirle. —La verdad es que...

Pero de pronto sintió una dolorosa punzada en el corazón, y un fuerte y horrible escalofrío atravesó todo su cuerpo. No había lugar a dudas de lo que estaba pasando. Ya lo había vivido antes, cuando había ingerido el antídoto en otras ocasiones. Era el signo que le indicaba que le quedaba poco tiempo en su cuerpo como Shinichi Kudo. Era el primer llamado de atención que le daba su cuerpo para avisarle que se le acaba el tiempo. Que tenía que ir al grano, o sino todo este esfuerzo no valdría la pena. Los dioses sabían como le dolía las palabras de Ran y lo que ella estaba pensando de él, pero la seguridad de ella debía ser primero. Por ello, de lo único que debía preocuparse era de advertirla acerca del peligro de Gin, ya que los minutos pasaban irremediablemente.

—La verdad es que...vine para pedirte que te vayas y que te escondas—le dijo frunciendo el ceño con seriedad, armándose de valor para empezar a decirle la razón de su visita.

Por la cara de Ran, la chica jamás había esperado estas palabras. Sus ojos, hace instantes totalmente humedecidos por las lágrimas, se abrieron como dos focos, sin comprender a que se podía referir con ésto. Ella, si era sincera, pensaba que Shinichi había aparecido por aquí porque ella le podría colaborar con algo. Que quizás ella tenía alguna información que le pudiese servir para una de sus investigaciones. Pero la seriedad en su rostro al decirle que se escondiera la dejó estupefacta y confundida. Le recordó a ese Shinichi serio y confiable, que aparecía de vez en cuando, cuando el nivel del escenario lo ameritaba.

—¿A-a qué te refieres?—respondió Ran, quien había parado de llorar para conseguir comprender lo que verdaderamente estaba pasando. Claramente el asunto que lo había traído hasta aquí era más serio que sus propios problemas personales. Tal vez si tenía una buena excusa para su descuidado comportamiento, después de todo.

Shinichi seguía mirándola seriamente, dando un aura de severidad al ambiente que Ran comprendió muy bien, y asumió una posición adecuada para escuchar la historia. Él le dijo que se sentara para que estuviese más cómoda, y ella obedeció sin chistar.

—Tengo que decirte la verdad, Ran, yo no he estado ausente por todo este tiempo por un caso difícil de resolver—empezó él, buscando las palabras exactas para contarle lo que necesita saber de la historia para comprender la situación pero sin darle los detalles como para hacerla un objetivo de la organización. Por su parte, ella, muy en el fondo, siempre ha sabido que ese caso difícil debía ser una excusa para ocultar una verdad más grave, aunque nunca tuvo las pruebas como para aseverarlo seriamente. —En realidad, he estado ocupado tratando de solucionar un problema mucho más grande, algo peligroso por el cual mi vida ha corrido peligro todo este tiempo—le dijo. —Y, en este momento, tal vez, la tuya también. Por eso he venido.

—¡¿Pero de que se trata eso tan peligroso a lo que te estás enfrentando?!—preguntó Ran, encontrando demasiado ambigua la información que le estaba entregando. Le había dicho que le contaría toda la verdad, pero el mensaje que le entregaba le parecía en extremo críptico. Luego recordó la última vez que estuvo con Shinichi, antes que desapareciera, cuando fueron juntos al Tropical Land. Rememoraba como si fuera ayer esa sensación de nunca volver a verlo luego de que Shinichi la dejara en medio del parque de atracciones. —No me digas que todo tiene que ver con lo sucedido esa vez en Tropical Land, cuando seguiste a esos hombres.

Oh, caliente, caliente. ¡Qué cerca está Ran de atinarle por completo al origen de todos sus problemas! Qué fácil sería decirle que está en lo correcto y relatarle con lujo de detalles el itinerario de todo lo que sucedió esa noche, desde aquellos hombres de negro, su encogimiento en Conan y todo lo que ha averiguado en este tiempo. Pero no podía. El que ella supiera los detalles que ha recolectado acerca de la organización significaría que la pondría aun en más peligro. Sería un objetivo para esos criminales. —Más o menos,—respondió a la interrogante de ella, tratando de evitar tocar ese tema. —pero lo importante ahora no es eso, sino que entiendas la situación: estoy metido en un problema grande con unas personas muy peligrosas que no pueden saber de mi existencia, por lo cual he estado intentando vencerlos, pero aun no lo he conseguido—le explicó. —Y, respecto a ellos, es que tengo muy fuertes sospechas de que, de alguna manera, podrían llegar a ti, y muy pronto...

"Ellos" pensó Ran con fastidio. Él le seguía mintiendo, le seguía ocultando cosas a pesar de asegurarle que le diría la verdad. No sabía si no confiaba lo suficientemente en ella, o creía no lo entendería bien la situación si se lo explicara, pero este relato tan general le empezaba a molestar.

—¿Por qué no me dices quienes son esas personas tan peligrosas?—le exigió la chica de pelo largo, frunciendo el ceño. —¿No dices que ellos podrían llegar a mi, Shinichi? ¿No sería mejor que supiera más detalles de ellos?

—No—respondió él tácitamente. —Lo mejor es que sepas lo menos posible y que arranques de aquí.

Ran se estaba empezando a impacientar. No entendía porqué no podía confiar en ella. Después de todo, él llega aquí, después de años de ausencia, a exigirle que debe dejar todo su trabajo botado y arrancar para esconderse de alguien de quien no sabe nada. Además, cuántas veces le dijo que si seguía con arriesgándose tanto en su trabajo detectivesco terminaría metido en un problema grave. ¡Y eso fue lo que sucedió! Pero aun así, él no muestra capaz de contarle nada importante.

—¡¿Cuál es la razón por la cual no me cuentas lo que sabes, Shinichi?!—le dijo Ran, como quien se siente traicionada y menospreciada de parte de quien nunca lo esperó. —¡¿Por qué no confías en mi?!

Shinichi tensó los rasgos de su cara y se rascó nerviosamente los cabellos de su cabeza.

—¡Es que ésto no se trata de un asunto de confianza!—bramó él. —¡Se trata de que sepas lo menos posible para que estés segura! ¡Lo único que quiero es protegerte!

—¿Pero por qué no me dejas decidir a mi cómo protegerme?—le respondió inmediatamente, obviando la agradable sensación de que se preocupaba por ella. —Por qué te empeñas en dejar fuera a las...¡¿Qué te pasa?!

Ran detuvo la discusión al notar la cara de profundo dolor físico de Shinichi, justo en frente de ella. Éste se llevó la mano al pecho, en la altura del corazón, y lo presionó, intentando en vano contener el insoportable sufrimiento que estaba sintiendo. Por supuesto, él sabía que es lo que le estaba pasando. Estaba volviendo a ser Conan. Le asustaba el poco tiempo que hizo efecto el antídoto y entendió que cada vez se estaba volviendo más inmune a éste.

Tenía que irse ahora. Escapar antes de que Ran lo descubriese.

—B-Bueno, R-Ran...me tengo que i-ir—dijo Shinichi, luchando de forma sobre humana por decirle estas últimas palabras ya que el dolor de sentir cómo sus huesos se derretían dentro de su cuerpo era casi insoportable. —Re-recuerda... vete...y...escóndete...

Pero Ran no le importaba eso. Lo único que tenía en mente en este momento era ayudar a su querido amigo de la infancia que se retorcía de dolor frente a ella. Al respecto, y si lo recordaba bien, ya le había visto antes en el pasado esta misma misma cara de dolor, marcado siempre por su rápida huida. ¿Es qué está él enfermo? ¿Cuántos años lleva ya con esta enfermedad? ¿Tenía algo que ver ésto con esa personas tan peligrosas?

La chica se abalanzó hacia él, y lo tomó por los hombros en un claro deseo de sostenerlo y llevarlo a un sofá que reposaba en la orilla de la casa rodante. Allí pensaba atenderlo e intentar bajarle la evidente fiebre que lo aquejaba. Estaba completamente mojado por un incontrolable sudor que expelía de su cuerpo. Su dolor la asustaba, y pensó en llamar de urgencia al médico que se encontraba permanentemente en el campamento de la producción de la película.

Shinichi elevó la cabeza y abrió sus ojos con sobresalto al notar que Ran lo tenía tomado con el fin de recostarlo sobre un sofá, horrorizándose al pensar en la posibilidad de que ella lo viera transformándose. No sabía si era por miedo a involucrarla en toda esta basura de la organización, o que, sencillamente, le aterrorizaba que ella se enterara de que él era en realidad Conan, pero en lo único que podía pensar mientras la miraba a la cara era que ella no podía presenciar el momento en que sus huesos se derretirían y volviese a encogerse al cuerpo de pre adolescente de gafas.

"Ella no puede saberlo" pensaba con desesperación.

"No puede verme"

"No puede"

"¡No quiero!"

Sobresaltado, se soltó como pudo de las manos de Ran y corrió hacia la puerta. Tenía que escapar lo más pronto posible.

—¡NO!—exclamó Ran detrás de él, y tomó con fuerza su brazo. Con una fuerza propia de una experta en artes marciales. —No vas hacerlo otra vez, ¡No te irás!


N/A: ¡Espero que les haya gustado el capítulo, y que me dejen en los comentarios sus opiniones (me encanta leerlos, me motivan :D)! ¿Qué creen que pasará? ¿Ran descubrirá que Shinichi es Conan?