N/A : ¡Hola a todos! Muchas gracias por apoyar esta historia :) Este será un capítulo importante, así que espero que sea de su agrado!
Aclaración: Detective Conan no me pertenece.
Capítulo 12
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Una gruesa capa de sudor bañaba todo su cuerpo debido a su muy elevaba fiebre y al intenso dolor que todo su cuerpo sentía. Podía percibir como sus piernas temblaban, incapaz, al parecer, de mantenerse erguido sobre ellas. Así mismo, podía sentir como su caja torácica retumbaba con violencia, como si ésta hubiese cobrado vida propia, y su corazón se fuese salir de su pecho. Miró a Ran, totalmente sobresaltado de verse aprisionado por su fuerte mano, como si sus dedos fueran una una poderosa fuerza impenetrable que le impedía proteger su ahora frágil identidad.
En vano intentó librarse de la mano de Ran. Ella tenía una fuerza increíble en sus brazos y él estaba débil, con un cuerpo tembloroso, totalmente sometido a ese horrible dolor que significaba retornar a ser Conan. Él, por supuesto, entendía la razón por la cual Ran no lo dejaba marchar. Su muy notoria apariencia enfermiza y adolorida impresionaría a cualquiera, y más a ella, quien tiene una tendencia natural por preocuparse en exceso por todas las personas. Es natural que desee fervientemente aliviar su sufrimiento. Pero él no se sentía mínimante preparado para que presenciara este acontecimiento. Esto debía estar en una posición elevada de la lista de aquellas cosas que menos deseaba en la vida. Es más, creía haber tenido pesadillas en las cuales Ran descubría su oscuro secreto.
Solo tenía una opción, aunque no querría hacerlo. Odiaba tener que usarlo, pero creía la única forma de conseguir librarse de esta situación desesperada. Con un solo pinchazo de la aguja anestesiante de su reloj de muñeca, Ran caería profundamente dormida, y en ese momento él aprovecharía para soltarse de la atadura de su mano y escaparía. Pero sus ojos se agrandaron con sobresalto cuando se percata, con horror, que Ran lo tenía tomado justo del brazo en que el reloj se ubicaba, y su mano lo cubría por completo, lo que hacía imposible usarlo. Intentó en vano forcejear con ella con el objetivo de que, al menos, se liberara parte de su reloj.
—No te irás, Shinichi —le dijo Ran con gran seriedad, mirando como éste intentaba infructuosamente liberarse de su fuerte agarre. —Te quedarás y te acostarás en este sofá hasta que llegue el médico.
Pero Shinichi no tuvo más tiempo para reclamar. De pronto ya no podía pensar en nada más que en su intenso dolor y no se pudo mover ni resistir más. Solo podía sentir su cuerpo arder, mientras que el humo que expelía de su cuerpo producto del derretimiento de sus huesos era lo único que podían visibilizar sus ojos. Y luego de un par de segundos, retorciéndose de dolor, y lanzó de su boca un sonido ensordecedor.
Había sucedido. Estaba nuevamente en el cuerpo de Conan.
Olvidándose por un momento del lugar en el cual se encontraba, agachó su mirada hacia abajo, de manera de poder visualizar, desde su nueva altura reducida, la enorme ropa que colgaba desde su infantil cuerpo. Pero luego, como si recordara en donde estaba y con qué persona, sintió que su corazón se detenía por unos instantes cuando vio las piernas de Ran frente a él. Ella lo había visto todo. Todo.
Y su mundo se vino abajo. No era en absoluto la manera en que hubiese querido que ella se enterara de la verdad. Si como Conan solía sentirse más bajo de lo que le gustaría, ahora creía se había encogido aún más. Estaba tan avergonzado y nervioso, que no se sentía capaz de mirarle a los ojos. Bueno, si lo pensaba bien, jamás se había sentido así. Después de todo, él siempre ha sido un idealista de la verdad y la justicia, quien, a pesar de poder equivocarse en ocasiones, sabía que intentaba hacer lo mejor posible.
Pero ahora era diferente. Él era el mentiroso, el injusto. Justamente con la persona que es aun más idealista de la justicia que él. La mirada de Conan parecía pegada en el suelo, sin encontrar ninguna palabra lo suficientemente buena o apropiada como para decirle en este momento. Y no lo encontraba porque no la había. Si, él lo había hecho para protegerla, pero aun así la había engañado por muchos años. Y este silencio que imperaba en el lugar lo estaba volviendo loco. Ella no decía una palabra. Simplemente se quedó ahí, parada en su lugar frente a él, en silencio. No tenía idea qué era lo que ella sentía en este momento, y él no tenía el suficiente valor para elevar su cara y averiguarlo.
Por su parte, Ran no sabía qué pensar ni cómo actuar. Todavía estaba impresionada y pasmada por la escena que acaba de presenciar. Ella, en muchísimas ocasiones, había sospechado que Conan era en realidad Shinichi. Después de todo, siempre había estado rodeada de pruebas que guiaban esa creencia. ¡Es que ambos eran tan parecidos! Eran demasiadas coincidencias como para obviarlas. Pero luego se convencía de que era imposible. ¿Era acaso posible encogerse?
Si lo recordaba bien, cada vez que sospechaba que Conan podía ser Shinichi, siempre había sentido una entremezcla de emociones. Por una parte, Ran siempre se sintió herida por su engaño y dolida por su poca confianza en ella. Así mismo, la rabia solía burbujear su sangre, odiando el hecho de él se hubiese burlado de ella todo ese tiempo, abusando de su confianza. Escuchando cosas que no debiese haber escuchado, como sus sentimientos por él. Como haberse bañado con ella. Como haberse acostado con ella. Pero, si era completamente sincera, sus pensamientos predominantes siempre habían sido de felicidad y alivio. Porque él no había sido chico insensible que se había ido de un día para otro, olvidando a todos atrás por un caso. No, él estaba viviendo junto a ella, sano y salvo.
Pero ahora era diferente.
No sabía la razón, pero esa mezcla de sentimientos ya no estaba ahí, en el interior de su pecho. No, era una sensación diferente, como de tristeza y desilusión. No estaba ese alivio oculto detrás de un superficial enfado hacia él.
—E-escucha, Ran…—escuchó una voz infantil desde debajo de ella. Conan, o mejor dicho, Shinichi, había decidido romper el hielo y sacarla de sus propios pensamientos. Aun así, éste seguía sin mirarle la cara, solo siéndole posible observar los cabellos desordenados de cabeza y parte de su nariz, la cual apuntaba al piso de la casa rodante, lugar en donde su otra identidad y ella se veían por fin las caras. —ésta…ésta no es la forma en la que me hubiese gustado que te enteraras…
Ran lo observó atentamente, con mirada oscura y un par de lágrimas en los ojos. Tenía ganas de llorar, pero por razones muy diferentes a las anteriores. Eran lágrimas frías y secas, no teñidas de su emocionalidad habitual, sino de desilusión.
—Bien,—dijo ella, intentando sonar lo más severa posible. —Me gustaría escucharte, Shinichi…
Si, ella necesitaba imperiosamente escuchar lo que tenía que decir. Ran siempre creyó que Shinichi debía tener una muy buena razón para mentirle de esta manera. Aunque dudaba si sus razones serían suficientes esta vez. Pero quería creerle. Necesitaba confiar en él.
Y así, de esta manera, esta se transformó en una tarde llena de revelaciones y emociones complicadas. Ella pensaba que sería un día como todos desde que había llegado a París. Filmaciones todo el día y luego a casa, a menos de que Sonoko y Shiro tuvieran planes para salir. Pero ahora estaba aquí, con quien ya debía ser un fantasma del pasado, pero por quien aun sentía amor, contándole una verdad que había esperado conocer hace varios años atrás. Una revelación que se había tardado en llegar. Que quizás había llegado demasiado tarde. Y Shinichi, quien solo venía a intentar prevenir desesperadamente a Ran del posible peligro que se avecinaba, ahora debía hacer lo más había evitado en la vida. Involucrarla a ella en toda esta basura, y provocar que este conocimiento la pusiera aun en más peligro. ¿Pero qué más podía hacer? Ella ya sabía la verdad de Conan, y eso ya la hacía saber demasiado. Ahora era mejor y más seguro que lo supiera todo.
Shinichi, ahora como Conan, se sentó junto a ella en el sofá de la casa rodante, y le contó absolutamente todo lo que había pasado, y todo aquello que sabía. Ran, por primera vez desde que empezó todo esto, tenía el mismo conocimiento que él y todos sus aliados. Ya no existían ningún tipo de secreto o mentiras entre ellos. Y no solo eso. Ahora sabía todo lo que había hecho para mantenerla a salvo.
Entonces, ¿por qué no se sentía mejor?
—¿Sabes? —dijo Ran con una sonrisa triste, ahora mucho más tranquila que hace unos momentos atrás. —Hace ya varios años atrás, cuando había descubierto tu verdadera identidad, por un momento estuve muy molesta, pero, en el fondo estaba feliz—le relató con nostalgia. —estaba aliviada porque, cuando pensé que te habías ido, en realidad siempre habías estado ahí—le dijo, mirándolo a los ojos, con esas perennes lagrimas en sus ojos. —Pero ahora no siento lo mismo. Han pasado demasiados años. Ahora ya es tarde.
Esas palabras hicieron que el corazón de Shinichi se partiera en dos. Él tenía la convicción de que todo lo hacía por ella, pero, tal vez, debió hacerlo de otra manera.
—Pero todo eso es cierto—respondió Shinichi tímidamente, para lo cual la tierna voz de Conan ayudaba. —Yo siempre estuve ahí, estuve junto a ti todo el tiempo.
—¿Pero sabes cuántos años han pasado ya?—respondió Ran frunciendo el ceño. —¿Puedo saber cuándo pensabas decírmelo? ¿O planeabas que jamás me enterara? ¿Que yo viviera toda mi vida engañada como una idiota, escondiéndote sin si quiera saber quien eras en realidad?
—Y-yo pensaba decírtelo…—replicó el pre adolescente, quien ahora con sin gafas era mucho más fácil reconocer a Shinichi en él. —…cuando ya no hubiese peligro en hacerlo…
Ran se tomó un par de instantes para llevar sus manos a sus ojos y limpiar de ellos las pobres lágrimas que aún se posaban en éstos.
—¿Por qué no confiaste en mi? —dijo por fin, con la mirada fija en un armario. Él la miró sorprendido.
—Ya te lo dije, no es una cuestión de confianza…era simplemente para mantenerte segura…
Ran se rio sin humor.
—¿Y es que pensabas que yo soy una niña idiota, que iría por las calles contando esa información tan importante? —replicó ella con molestia y rencor. —¿Esa es la imagen que tienes de mi? ¿Esa es la confianza que me tienes?
A Shinichi le temblaban los labios, odiando hacia donde se estaba encaminando esta conversación.
—No es como tú lo dices…—dijo el chico, intentando detener ese flujo de pensamientos que brotaban en la cabeza de ella. —…lo único que quería es…
—Pero saben casi todos tus conocidos, ¿no? —lo interrumpió Ran. Para ella no era necesario volver a escuchar la excusa de que quería protegerla. Ella le creía que quería protegerla. El problema radicaba en otra parte. Estaba en que Shinichi pensaba que no diciéndole la verdad la protegía. Y eso se debe a que éste sentía que ella no era una persona para fiar una información de esa envergadura. Porque creía que ella no podría guardar un secreto, y que lo dejaría caer en cualquier momento. Él creía que cualquier persona podía mantener la boca cerrada con esa información y ayudarle, excepto ella. Él jamás confió en ella. Él la menospreciaba y esto le desgarraba el espíritu. —¿Entonces dices que ellos no corrían riesgo al saber la verdad, pero yo si? ¡Porque casi todos sabían menos yo! ¡Yo quien pensaba que era tu amiga!
—Ran, no es así, yo no le conté a todas esas personas—le aseguró él, nervioso ante las precipitadas conclusiones a las que estaba llegando. —¡La mayoría de ellos lo descubrieron por su cuenta!
Pero a Ran estas palabras no le saciaban el dolor y la decepción. Solo hacía que encontrara más y más reproches ante su comportamiento hacia ella. Cada vez se desilusionaba más de él.
—Claro, pero a ellos no los engañaste una y otra vez para que no descubrieran la verdad ¿no? —le recriminó. —Eso fue solo conmigo.
Él lucho consigo mismo para dejar salir aquellas palabras que siempre habían estado atragantadas en su sistema. Deseaba gritarle a los cuatro vientos que él había tenido esa conducta con ella porque estaba tan perdidamente enamorado de ella que era capaz de hacer lo inimaginable por mantenerla a salvo. Él confiaba en ella, pero prefería no correr ningún tipo riesgos, ni el más mínimo. Porque si a ella le pasaba algo, su mundo se derrumbaría para siempre. Pero no consiguió decírselo. Él era demasiado tímido para decirle algo así. Por ello, Ran tomó por las astas este silencio y prosiguió.
—Tú viste todo lo que sufría, y no fuiste capaz de decirme nada—le recriminó, aumentando el número de lágrimas en sus ojos. —Me viste llorar por ti por todos estos años, y no fuiste capaz de decirme nada… te aprovechaste de mi y de mi papá para conseguir tus objetivos.
—¡NO!—replicó él, desesperado al no poder hacer entender su situación. —No te dije nada a ti ni a tu padre porque no los quería involucrar en esto, para mantenerlos seguros…
—Claro, —respondió Ran con tono irónico. —Has llenado el cuerpo de anestesiantes a mi papá para protegerlo…—le dijo, con el ceño fruncido. Shinichi abrió sus ojos como platos y se sonrojó avergonzado por esta acusación. Por supuesto, él siempre se imaginó que, en algún momento, este asunto de Kogoro el durmiente le podría traer problemas. Pero, de todas formas, siempre creyó que estas no eran más que medidas desesperadas para sobrellevar la situación. Y, por lo demás, el viejo Kogoro no tenía porqué quejarse. Él lo había hecho famoso en todo Japón, y éste lo ha disfrutado al máximo.
—¡L-Lo hice porque era la única forma de resolver los casos! —se defendió él, incómodo— ¡Nadie le creería las deducciones a un niño!
—¿Y qué hubiese pasado si le ocurría algo a mi papá? —preguntó Ran dolida. Ella entendía la razón por la que había usado a su papá como interlocutor suyo para resolver los casos. Podía entender que era mucho más creíble que lo resolviera un detective adulto que un aparente niño de siete años. Pero esto no hacía más que acercar sus acusaciones hacia un sitio que ella no había contemplado al principio. Él escuda su engaño con protección, pero la verdad era que todas estas acciones no eran originadas más que por su empecinado deseo de resolver casos a toda costa. No porque los quisiera proteger. —¿Qué más daba si a mi papá lo pudiese haber matado la cantidad de anestesia si tu obtenías tus preciosos casos?
Él quedó impactado ante esa acusación. Eso no era así ¡Eso no es verdad!
—Ran, estás malinterpretando las cosas—dijo Shinichi. —No lo hago por mi, lo hago para que los casos no queden impunes, tú sabes que…
—¡Deja de darme excusas! —chilló Ran, interrumpiéndole. —¡Pero si a ti siempre solo te han importado los casos, así ha sido toda la vida! De hecho, si estás en esta situación es precisamente por eso—lo acusó con fiereza. —Y si te has quedado en mi casa es para utilizar a mi padre con el fin de encontrar a esas personas ¡Solo nos has utilizado! Entonces no me vengas a decir que es para protegerme, porque si fuera así, me habrías dicho toda la verdad o por lo menos no habrías seguido viviendo con nosotros, porque sino ¿no se supone que nos pondrías en más peligro?
Él en un primer momento no supo que responder. Abrió la boca y luego la cerró, sin encontrar las palabras exactas para decirle. Si bien en un principio decidió quedarse en casa de Ran para utilizar los contactos que Kogoro, como detective, pudiese llegar a tener y para tener una buena cubierta para Conan. Pero luego se quedó para siempre porque consideró que la mejor manera de protegerla era quedándose en la residencia Mouri. Pero, si lo pensaba detenidamente, nunca había querido pensar así del asunto, pero tenía lógica. Si se quedaba en casa de Ran y su padre, ellos los podrían relacionar con él. De todas formas los ponía en peligro. ¿Entonces por qué se quedó ahí por tantos años?
A quien quería engañar. Él sabía la respuesta. Siempre ha sabido la razón por la cual no se fue por años de esa casa. Es la misma razón por la cual había decidido quedarse Japón y no irse con sus padres. Y no solo una vez, sino dos veces.
El problema era que, tal vez, para Ran, su respuesta no sería suficiente.
—Eso no es asi—respondió Shinichi finalmente, con la respiración entre cortada por todas estas emociones y acusaciones. —Si seguía en esa casa no era solo para encontrar pistas…no era solo para protegerte…es porque…
"¡Díselo!" pensó para sí mismo.
—…es porque…
Shinichi se estaba atragantando con sus propias palabras. Siempre ha tenido una gran facilidad con las palabras cuando se trataba de enfrentar los casos de un modo que dejara una marca en las personas, pero siempre ha sido torpe para expresar sus sentimientos. Siempre ha temido dejar salir su corazón de ese cofre con candado en el que lo tiene, y que la gente descubra que hay mucho más en él de lo que se esmera tanto en mostrar.
—…Es porque…porque no quería irme…
—¿Por qué? —preguntó Ran con los ojos bien abiertos.
Shinichi, ahora en el cuerpo de Conan, empezó sentir su cara arder. Pero esta vez no era debido a los efectos desafortunados del término de un nuevo antídoto. Se trataba por la cantidad de emociones que lo atravesaban en este momento, amenazándolo con explotar en cualquier momento. Sentía que ya no podía guardar más todo aquello que siempre le quiso decir, pero que nunca tuvo el valor para hacerlo. Pero ya no podía seguir fingiendo. Sabía que este sería el momento de lanzarlo.
—¡Porque no me quería alejar de ti!—bramó de pronto, y la intensidad y el contenido de sus palabras sorprendieron de tal forma a Ran que este sopor hizo olvidar por un momento la rabia y la tristeza acumulada, y lo mirara atónita, con las mejillas sonrojadas, y un atisbo de emoción en su corazón. Él se veía conmocionado, como si no estuviera la capacidad en este momento de moderarse a sí mismo. —Po-porque me importas mucho…siempre lo has hecho… y…se que nunca te lo he dicho, po-porque siempre he tenido miedo a que te enteres…pero la verdad es que yo…desde hace mucho tiempo…
Ran lo miraba expectante, con el corazón latiendo con fuerza. Aunque eso no se podía comparar a la agitación en el cuerpo de Shinichi. Éste sentía como la adrenalina del momento hacía conmoción en sus sentidos y burbujear su sangre. Las palabras que siempre quiso decir estaban ahí, en la punta de la lengua, pero enredada en su boca. Con los labios temblorosos, apretó los puños de sus manos posados a cada lado de su cuerpo, y exhaló una bocarada de aire.
—¡YO TE AMO!
La impresión en Ran era mayor a la que ella misma pudiese imaginar. Sus ojos brillaban como nunca, como si estuviera presenciando al más hermoso de los cuentos encantados. Ella realmente deseaba escuchar, algún día, estas palabras de su boca. Exactamente estas tres palabras. De hecho, le parecía que este momento no era real. Desde que ella lo conocía, siempre creyó que él estaba demasiado embotellado en los misterios y casos para pensar en el romance, pese a que, en algún momento luego de desaparecer, creyó que él podría corresponderle. Incluso antes de que todo esto sucediera, cuando todo era normal entre ellos, a él le encantaba meterse constantemente con ella y hacerse el interesante. ¿Cómo ella se podría haber imaginado que alguna vez escucharía este tipo de frases desde su boca?
Pero por alguna razón, no se podía sentir feliz como ella hubiese esperado. Todavía tenía fresca en su memoria y en su corazón todas las mentiras y juegos que ha tenido con ella. Esto le recordaba todas las cosas que ella le había dicho a Conan acerca de su interés amoroso por Shinichi, sin saber que él mismo era Shinichi. Y como él nunca evitó que ella hiciera el ridículo, mostrando su corazón, ni hizo nada cuando la vio por años llorar por él. ¿Cómo podía ahora verlo a la cara? Y ahora, si lo pensaba bien, él comenzó insinuar ciertos sentimientos hacia ella justamente luego de eso. ¿No existiría la posibilidad de que estuviera utilizando esa información que ella, muy inocentemente, le entregó? Él no solo le ha mentido. Shinichi le ha mentido por años. De hecho, lo único que ha escuchado de boca de él, durante todos estos años, son mentiras.
—Dime una cosa, Shinichi—respondió Ran con mirada sombría, apuntando sus ojos hacia el suelo. —¿Alguna vez me has dicho algo que no fuera mentira durante todos estos años?
Ella ya no sabía si creerle. Ya no estaba segura si lo conocía en realidad.
N/A: ¡Muchas gracias por leer! Espero que les haya gustado este capítulo, y agradecería mucho sus comentarios u opiniones :)
Intentaré de actualizar lo más pronto posible.
