CAPÍTULO 18: Llegada a Kioto


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Kaoruca: Soujiro es muy sincero y de ahí que a Misao la haya intentado confundir con su comentarios más de una vez al omitir o retorcer la información. Y después del tiempo que llevan juntos, ella es consciente de sus «maneras». Lo cierto es que el Soujiro de este fic me encanta: es un buenazo. Pero es que siempre he tenido esa sensación con ese personaje. Cuando era niño y sufría palizas, siempre las encaraba con una extraña paciencia, y cuando habló con Himura de su futuro, estaba resignado y conforme con el viaje que tendría hasta encontrarse a sí mismo. Así que me lleva a pensar que Soujiro tiene una naturaleza conformista. Incluso cuando aparecía mientras estaba a las órdenes de Shishio, siempre se mostraba relajado. Por eso creo que si le quitásemos el factor Shishio, nos encontraríamos una persona pacífica. Y así me está saliendo ^_^º.
Sobre que sea más conciente que Misao sobre lo que siente por el otro, en realidad creo que es más porque él lo va analizando y piensa más sobre ello, pero Misao también está teniendo sus momentos, sólo que los de ella son más viscerales. Le dan piques emocionales, como en el capítulo anterior que busca la manera de retenerle o cuando se lo imaginaba con otras. Lo cierto es que ella va a ser consciente de Soujiro de una forma más real, en contraposición de la racional idealizada (y desbaratada ^o^) de él.

ddaisyaguilar52: ¡Felicidades! Espero que pasaras un buen día ;-D. En cuanto a la invitación a Soujiro... aún queda mucho fic por delante, no te preocupes XD. Y sí, la cara de Misao es impagable, pero en este capítulo verás que no es la única, jiusjiusjius.

Gracias por vuestros reviews. Éste es el primer capítulo de «La llegada a Kioto» y viene movido ^o^. Espero que os guste el capítulo XD.


CAPÍTULO 18: Llegada a Kioto

Toda la inquietud por la inminente llegada de la que había hecho gala Misao antes de su conversación se desbocó de repente. Soujiro, que había mejorado un poco su estado de ánimo, se alarmó cuando Misao dio un respingo repentino y soltó un grito de emoción. Estaba pletórica y se aproximó al Aoiya con la mayor celeridad a la que las recientes heridas cicatrizadas le permitían.

Había tres niños en la entrada, concentrados en el suelo mientras dibujaban con los palos que llevaban en la mano. Pero todos la miraron en cuanto la escucharon. Una de las niñas, de unos tres o cuatro años, incluso lanzó el palo al suelo y echó a correr en dirección a Misao.

—¡Asuka! —gritó ella.

—¡Misi! —exclamó la niña tras tirarse a sus brazos. Misao la levantó y la estrujó contra su pecho, diciéndole una y otra vez lo mucho que la había echado de menos.

Y Soujiro entró, sin saberlo, en los segundos más largos de su vida. Se quedó de piedra; casi sin respiración. Tardó en darse cuenta de que se le había caído el morral al suelo. ¿Misao tenía una hija? ¿Estaba casada? ¿Por qué no se lo había dicho? Misao hablaba mucho de todo en general; le contaba un montón de cosas todos los días. ¿Cómo se había dejado, entonces, algo tan importante como eso?, pensó estupefacto.

«¿Cómo está Asuka?», recordó de pronto. Era el código que utilizaba para los mensajes. Y ahora se daba cuenta de que era más efectivo de lo que creía. A través del código, no sólo verificaban si los habían intervenido o no; también podía enterarse de si a su hija le había pasado algo.

Y mientras veía a Misao abrazada a la niña y tan resplandeciente como una estrella, Soujiro sintió como si algo le hubiese golpeado. O más bien arrollado. Un carruaje… O mejor dicho, un tren. Nunca le había sucedido algo así. Para su mayor asombro, tenía ganas de darse la vuelta y marcharse sin más. Y a la vez, entrar dentro y abrir en canal al responsable de aquello.

Se tambaleó ante ese pensamiento tan desconcertante. ¿Aquello era envidia? Siendo niño, recordaba haber sentido envidia de sus hermanastros; envidia por no poder vivir tranquilo como lo hacían ellos. Pero no era comparable a lo que sentía en ese momento.

—¿Señor? —le llamó de pronto un chiquillo que pasaba por su lado ofreciéndole su bolsa—. ¿Se le ha caído esto? ¿Se encuentra bien? —preguntó preocupado cuando le miró a la cara.

—Sí… gracias —contestó de forma monótona.

Volvió a mirar hacia Misao y la niña. Era una escena bella y horripilante a la vez. Misao estaba feliz, como le gustaba verla; pero esa niña no debería estar ahí…

O no esa niña, le dijo una voz en su cabeza.

Fue un momento de tal lucidez, que estuvo a punto de caerse al suelo. Por eso había estado tan indispuesto durante ese día… Porque se había equivocado. No sentía a Misao como una amiga.

Tenía que ser una broma; una broma de muy mal gusto.

—Soujiro, pasa —le dijo Misao tras cruzar por la puerta y sin mirarle. Estaba demasiado concentrada en la maldita cría que gritaba jubilosa llamando a su padre.

No supo cómo se movió. En realidad, sentía como si viera la escena desde fuera de su propio cuerpo. Pero llegó hasta la puerta a tiempo de ver cómo la niña pasaba de los brazos de Misao a los de Aoshi Shinomori.

—Misao —dijo a la vez que se colocaba a la niña sentada en uno de sus brazos. Atrajo a Misao con el otro hacia su pecho y suspiró complacido—, nos tenías a todos muy preocupados. ¿Estás bien?

—Misi ha vuelto —festejó la niña dando palmadas. Misao asintió y se separó de Aoshi.

El hombre tenía el pelo algo más largo que la última vez que lo vio y mostraba unas pequeñas arrugas en los ojos. No recordaba los años que tenía cuando se conocieron, pero en esos momentos debía rondar la treintena. Mientras contemplaba a Misao no sonreía, pero se notaba desde lejos su alivio por verla allí sana y salva.

Y en lo único que podía pensar mientras los miraba era en la lógica ecuación que hacían: Misao Makimachi, líder de los Oniwaban-shu, junto con Aoshi Shinomori, uno de los hombres más fuertes de Japón y, con seguridad, el más fuerte de la organización.

Y su mente se detuvo.

Misao Makimachi y Aoshi Shinomori…

Con un alivio que no se esperaba, soltó lentamente el aire que no sabía que mantenía atrapado en sus pulmones. No recordaba a Misao de antes, así que no sabía cuál era su apellido de soltera. Pero de lo que sí estaba seguro era de que no llevaba el de Aoshi Shinomori.

Y teniendo en cuenta que la niña daba saltitos emocionada en los brazos de su padre, eso quería decir que la maldita cría no era de Misao.

Gracias a lo cual pudo sonreír algo más tranquilo, desechando el amargo sabor de unos celos primerizos. No le gustaba esa sensación, concluyó. Había sido algo momentáneo, pero no le había gustado absolutamente nada. Era algo que primero le había despojado de toda su fuerza para después corroerlo por dentro y dejarle con ganas de acabar con alguien.

Y no quería volver a experimentarlo.

Nunca.

Eso asentó en su cabeza —como pocas cosas lo habían hecho antes—, la idea de salir de allí en cuanto pudiera. Cuando años atrás había pensado sobre ello, en su ingenuidad, nunca había esperado que se dieran unas consecuencias como ésas. Jamás. Y por eso tendría que salir de allí lo antes posible. No quería que le volviera a pasar algo parecido, lo que implicaba que no volvería a verla. Si no sabía lo que Misao hacía, nunca le afectaría.

—¿Qué ha ocurrido? —inquirió Aoshi muy serio.

—Es bastante largo de contar —suspiró con resignación Misao. Él sólo asintió, sin pedir más detalles.

—Los demás están atendiendo el restaurante; se alegrarán de verte. Llamaré a los capitanes de la ciudad para que vengan, también —expuso él—. A los que están fuera les iremos informando de todo según veamos que el canal es seguro. —Aoshi levantó la vista y miró hacia la puerta, pero ni siquiera se inmutó tras reconocerle—. Veo que traes una compañía especial.

Misao se giró en la dirección de sus ojos y sonrió.

—Soujiro, ven —le instó con un gesto de la mano—. Me lo encontré en un momento muy complicado. O más bien, me encontró él a mí. Me salvó la vida —explicó emocionada—. Me ha cuidado y protegido hasta venir a casa.

Soujiro se acercó e hizo un rígido saludo con la cabeza.

—Señor Shinomori, mucho gusto de volver a verlo —saludó esbozando una de sus habituales sonrisas.

Aoshi tardó unos segundos en contestar mientras le estudiaba sin pestañear.

—Parece que te debemos el que Misao esté aquí. Gracias por ello.

A Soujiro no se le escapó que Aoshi no estuviera muy complacido de verle.

—Soujiro ha estado vagando por Japón, igual que hizo Himura —comentó Misao en tono ameno, aunque varios segundos después se volvió serio—. Le he pedido que se quede unos días aquí para que descanse del viaje, pero insiste en irse. ¿Verdad que no importa que se quede? —preguntó esperanzada.

Soujiro contuvo la respiración cuando Misao volvió a sacar a colación el quedarse. Y mientras sopesaba lo que había pasado en los escasos dos minutos desde que habían franqueado la puerta, Aoshi le miró detenidamente hasta que por fin se limitó a negar una vez.

—Ha sido bastante movido —siguió ella animada— y él es el que ha cargado con la mayor parte de los problemas.

—Eso no ha sido así —la contradijo él—. Yo no he estado a punto de morir dos veces como tú.

Todo su ánimo se desinfló. Misao se sonrojó cuando expuso de esa forma sus circunstancias. Aoshi posó los ojos en ella de inmediato, lo que hizo que aumentara su nerviosismo varios grados.

—Pero tú te encargaste de alejar a la gente que intentaba matarme.

—Vas a contarme lo que ha pasado… ¡ahora! —ordenó Aoshi con un tono muy gélido.

—Prefiero esperar a que lleguen…

—Ahora —la interrumpió Aoshi con una voz que consiguió que Misao se encogiera y Asuka se quedara quieta.

—¿No eras tú la líder de los Oniwaban-shu? —cuestionó Soujiro con curiosidad.

—Sí, pero esto es como intentar levantarle la voz a tu padre —masculló ella por lo bajo.

—Te he oído —la regañó Aoshi.

Soujiro sonrió por la represalia e hizo que su rigidez se aflojara. No entendía bien el símil pues él apenas había tratado con ninguno de sus padres, pero se podía hacer una idea de lo que quería decirle Misao.

Aoshi intentó dejar a su hija en el suelo, pero una voz femenina le detuvo.

—¡Misao! —Una mujer morena y de tez muy blanca se acercó corriendo hasta ellos y abrazó a Misao con fuerza—. ¡Por fin estás en casa!

Era una mujer muy bella y Soujiro no pudo evitar observarla con atención. Le sonaba su cara vagamente. Debía haberla visto en algún sitio.

—¡Mami, Misi ha vuelto! —gritó pletórica la niña, como si su madre no se hubiera dado cuenta de ese hecho.

—Estábamos tan preocupados por ti… ¿Cómo te encuentras? —preguntó, pero al momento se separó de ella y la escrutó de arriba abajo—. Al menos, parece que estás bien.

—Estoy perfectamente, aunque me tienes que revisar un par de lesiones —murmuró por lo bajo para que Aoshi no la escuchara y se enfadara más—. Pero estoy feliz de volver a casa —contestó emocionada.

La mujer volvió a abrazar a Misao y soltó un suspiro de alivio. Después, se separó de nuevo y miró en dirección a Soujiro.

—Usted debe ser el acompañante que se mencionaba en el telegrama que nos llegó, ¿verdad? —le preguntó.

—Sí, señora.

Y no supo cómo, pero en ese momento le pasó como si de un fogonazo se tratara el instante en que la vio por primera vez.

—No sabes quién es, ¿verdad? —dedujo Misao con una sonrisa.

—¿Debería? —cuestionó la mujer.

—Es Soujiro Seta —comentó a punto de echarse a reír por la perplejidad de ella—. Soujiro, ella es Megumi Shinomori.

—Encantado de conocerla. Me alegra ver que han acabado en tan buenos términos.

—¿Por qué lo dices? —preguntó Misao. Megumi seguía estática como una piedra, con los ojos abiertos de par en par e incapaz de articular sonido alguno.

—La primera vez que los vi, el señor Shinomori amenazaba con matarla si no le revelaba el paradero del señor Himura. —Soujiro reflexionó sobre ello—. Es una extraña forma de cortejar a una mujer. No se me había ocurrido que una interacción como ésa pudiera funcionar para algo que no fuese la intimidación. —Y miró a Aoshi—. Pero si ha conseguido que esté con usted, es evidente que sabía lo que hacía.

Misao le observó con absoluta perplejidad por sus palabras y, acto seguido, se echó a reír hasta el borde de las lágrimas. Megumi se puso roja de vergüenza en un instante, mientras que Aoshi fulminó a Soujiro por sacar a colación aquel incidente.

Lo único que se oyó, por interminables e incómodos segundos, fue a Misao reír con estruendosas carcajadas.

—Eso no era… —Pero Misao no pudo seguir ante un nuevo ataque de risa. Tras varios intentos, consiguió continuar—: Eso no era un cortejo. —Y prosiguió desternillándose de risa.

—¿Y no es raro que una mujer acabe casada con un hombre que quiso matarla? ¿Acaso la coaccionó? —inquirió muy extrañado.

Por respuesta, Misao se volvió a echar a reír, ya doblada por el dolor que le ocasionaba el estómago.

—¡No! —contestó Megumi ultrajada—. ¡No me coaccionó! Simplemente, cambiaron mucho las circunstancias.

Soujiro sonrió y Misao supo que no estaba entendiendo nada.

—Debió ser mucho, sí… —especuló intrigado, y Megumi se ofendió ante lo que interpretó como un sarcasmo.

—Soujiro, para, por favor. No puedo reír más —suplicó Misao, la cual se agarraba ya el costado. Inspiró varias veces en un intento de serenarse—. Megumi, no le hagas caso. No te está tomando el pelo, aunque lo parezca. Soujiro no tiene filtro en la boca, así que sus raras explicaciones te las suelta sin más. Te acabas acostumbrando —terminó al tiempo que se retiraba las lágrimas de los ojos.

Soujiro rara vez se sentía ofendido. Por norma general, sólo era consciente de que debería estarlo a un nivel lógico. Pero, aunque suponía que quizás —y sólo quizás—, ése podría ser uno de esos momentos, no pudo evitar sonreír por haberla hecho reír de esa manera.

Ni tampoco por el hecho de que, al parecer, le entendiera tan bien. No se había percatado de que pudiera estar agraviando a la mujer, pero ella sí lo había visto y había intercedido.

Y se lo había tomado con muy buen humor. ¿Cómo podía sentirse mal por ello?

—Mis disculpas si la he ofendido, señora Shinomori. No era mi intención.

—Sigues siendo muy directo —comentó por fin Aoshi, el cual seguía con sus fulminantes ojos sobre él por todo aquel malentendido.

—No sabría decirle… —repuso Soujiro inquieto.

—Ya le he dicho que tiene que trabajar más lo de socializar con otros. Sus comentarios suelen ser demasiado literales para él, pero no para el resto.

Megumi no supo qué más decir ante ese momento tan incómodo y optó por coger a Asuka en brazos. Ahora que tenía a madre e hija juntas, podía apreciar los rasgos de ambas. Asuka se parecía más a su madre que a su padre, destacando sobre todo su tez clara y los mismos ojos marrones de ella.

Aoshi, que por fin se vio liberado de la vigilancia de la niña, le indicó con un gesto a Misao para que le siguiera hacia dentro de la casa.

—Imagino que tendréis que hablar de lo que ha pasado en Tokio y en tu viaje de vuelta —dijo Megumi, que aferraba a la niña casi como si fuese el escudo de su incomodidad.

—Me gustaría esperar a que estuvieran los demás y no tener que contarlo dos veces —masculló por lo bajo Misao.

—Aoshi ha estado muy preocupado por ti. Es normal que quiera saber cuanto antes qué ha pasado.

Misao suspiró resignada y siguió los pasos de Aoshi. Cuando vio que iba sola, se giró hacia Soujiro. Puesto que Megumi salía por la puerta para llevar a Asuka con los niños con los que jugaba antes de su llegada, se había quedado solo mirando en su dirección.

—Ven conmigo —le pidió—. Estuviste presente la mayor parte del tiempo y podrás ayudarme…

—Seguro que podrás contar la historia tú sola —la interrumpió él.

Misao se acercó con celeridad hasta que le tuvo justo en frente.

—Ni se te ocurra dejarme tirada —masculló en una súplica.

—La verdad es que tengo que irme; me ha surgido una cosa —se excusó él de pronto.

Y no mentía. Se había hecho una promesa a sí mismo años atrás y debía asegurarse de cumplirla llegado el caso. Si revisaba en su mente las últimas semanas, se lamentaba de no haberlo notado antes y haberse recreado en ello, que ésa había sido su idea inicial. Pero no quería saber nada de la parte negativa que había aflorado unos minutos antes.

—Por favor, quédate aunque sea hasta que Aoshi termine de echarme la bronca.

—No me imagino al señor Shinomori echando la bronca a nadie —replicó con una sonrisa.

—Hasta que hablas de la seguridad de su familia. Entonces se convierte en un tirano. Por favor, acompáñame —volvió a la carga juntando sus dos manos.

—Por la hora que es, se me va a hacer tarde. Tengo que hacer un recado y buscar un alojamiento.

El rostro de Misao se iluminó.

—¿Te vas a quedar esta noche? —preguntó esperanzada.

—Voy a estar unos días. Me tienen que traer algunas cosas de casa, así que necesito permanecer en un lugar fijo hasta que lleguen.

—Puedes quedarte aquí —se ofreció al momento.

A Soujiro le tentaba a la vez que le repelía estar en el mismo lugar que ella. Podría disfrutar varios días de su nueva interacción con Misao, pero del mismo modo, podía sentirse más apegado a ella y deprimirle más la posterior marcha. Con el lío que tenía en la cabeza en ese momento, ésta podía ser la mejor oportunidad para irse.

Además, no quería importunar a los habitantes del local y ya había comprobado que la reacción de dos de ellos no había sido buena.

—Piensa que, además de un restaurante, el Aoiya es una pensión —explicó con más detalle Misao para convencerle—. Ya te dije que podrías descansar aquí mientras otros te cuidan. Te dejaremos una habitación de la zona familiar para ti; eres mi invitado.

Misao estaba entusiasmada con el giro de los acontecimientos, pensó. No podía evitarlo; le encantaba verla así de contenta. Y empezaba a formarse una idea clara —y desconcertante— de por qué llevaba un tiempo siendo así.

¿De verdad tan perjudiciales podían ser unos días? Suspiró. Ni siquiera había esperado ya que le sucediera algo así. Y cuando lo pidió hacía ya años, lo hizo porque quería probar la parte positiva; la única que, de hecho, en su gran ignorancia creía que había.

¿Qué podía pasar por sólo unos días?

Misao soltó un gritito de júbilo y Soujiro salió de sus pensamientos.

—¡Vas a decir que sí!

—¿Por qué lo dices? —cuestionó con curiosidad.

—Tienes esa sonrisa de decirme que sí.

—¿Tengo una sonrisa de decirte que sí? —Esta vez, lo preguntó extrañado. No se esperaba esa respuesta por su parte.

—Tienes varias sonrisas, de hecho; y poco a poco voy descifrando qué quieren decir cada una. —Soujiro se rio por las elocuencias de Misao—. Y ésa es una risa auténtica; una que dice que te diviertes de verdad. Como ves, poco a poco voy teniéndolas todas registradas.

Soujiro hizo un pequeño gesto incrédulo de negación. No sabía qué iba a hacer con ella. Pero lo que sí sabía era que lo imposible acababa de dar un firme paso para convertirse en posible.

Tenía que escribir a casa.


— * —


Fin del Capítulo 18

21 Enero 2018


Notas finales:

Que ¿qué puede pasar por sólo unos días?. Pues el resto del fic, muajajaja. Pobre ingenuo, jiusjius.

A ver, antes de que a alguna se le empiecen a cruzar los cables por la actitud de Soujiro, os cuento algunas cosillas para que vayáis preparadas (porque llega a hacer cosas muy raras :-s). Al pobre le ha explotado esto encima. Hay que decir que estoy bastante convencida de que de otra forma no se habría dado cuenta en la vida de lo torpe que es u_uº, así que supongo que por eso mi subconsciente le tiró una bomba que no pudiera obviar a la cara (siempre he dicho que escribe mejor que yo u_uº). Total, que se ha dado cuenta de una forma bastante desagradable, pero imagino que más de una estará pensando que por qué la primera reacción que tiene es separarse de ella.

Bueno, obviamente no os quiero destripar nada, así que sólo diré que poco a poco veréis que Soujiro tiene un concepto del amor muy distorsionado (también se sabrá por qué lo tiene así, pero hay que tener paciencia, que todo tiene explicación). Se podría decir que en cuanto a este tema vive en el «país de la piruleta». Así que claro, de pronto se va a ver teniendo que manejar un sentimiento muy fuerte que se le va a escapar por completo de las manos. Y lo va a tener que hacer solo, de modo que irá aprendiendo «a su modo». Sé que alguna vez pensaréis: «¡Pero ¿qué demonios haces?!», pero a mí me encanta su evolución y espero que a vosotras también.

En fin, espero que os haya gustado el capítulo. A mí me encanta porque lo mismo estás con el shock del descubrimiento de Soujiro que riendo por el encuentro de los cuatro. Yo es que soy de risa floja, así que me río por todo. Pero me hace mucha gracia imaginarme la escena de los cuatro en mi cabeza XD.

¡Saludos!