N/A: ¡Hola a todos! Muchas gracias por sus comentarios y apoyo, leerlos es gran motivador para escribir.

Por otra parte, quería comentarles que si bien tengo bastante claro en cómo sigue y seguirá esta historia, así mismo cuál será el final, pero por alguna razón no sabía cómo redactar este capítulo de forma concreta y es por eso que me demoré más de lo planeado en actualizar. Pero ya tengo mentalmente claro la línea que seguiré.

¡Espero poder actualizar pronto!

Aclaración: Detective Conan no me pertenece.


Capítulo 13

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Cuando la noche despierta, aparece la oscuridad. Pese a eso, esta ciudad adquiría un nuevo brillo a estas horas, existiendo un atractivo y burbujeante movimiento que llevaba a locales y turistas a internarse a través de sus pintorescas callejuelas. Esas mismas calles iluminadas que habían atraído como un imán a Ran, Sonoko y Shiro con bastante frecuencia luego de una jornada de arduo trabajo.

De hecho, precisamente en este momento, Sonoko y Shiro sentían casi una picazón en la planta de sus pies por el deseo de moverlos fuera de casa e ir a conocer un nuevo bar temático en una zona muy divertida y animada de París. Pero hoy Ran estaba empecinada en quedarse en casa. Sonoko, por supuesto, intentó disuadirla insistentemente, intentando toda clase de estrategias para convencerla, pero fue completamente en vano. Ran estaba totalmente enfrascada en su deseo de quedarse, y nada de lo que le dijeran logró sacarle eso de su mente.

Ella se mostró muy segura de su decisión, pero eso no pudo evitar que la mirada preocupada de Sonoko se posara sobre ella, lo que podía ser bastante esperable considerando que se trataba de esos lugares lindos que a Ran tanto le gusta ir. Por supuesto, sabía que Sonoko dudaba en salir sin ella, que no quería dejarla sola en casa. Era casi seguro que la heredera de la corporación Suzuki no se tragaba por completo la excusa de Ran de que quería quedarse en casa para descansar en su cama y ver películas. Sabía que había algo más.

—Creo que mejor no debiésemos salir hoy, Shiro-kun—dijo Sonoko mordiendo su labio inferior. —No creo que sea bueno dejar a Ran aquí... además, tal vez no le guste a Makoto-san que salga a solas con otro chico.

—¡NO!—se apresuró a decir Ran con un movimiento nervioso de manos, intentando que Shiro, quien la observaba con una mirada tan profunda que provocó que se sonrojara, no tuviera la oportunidad de responder. —Salgan, de verdad, por mi no se preocupen—dijo Ran con una brillante sonrisa tranquilizadora. —Además, ¿desde cuándo lo que Kyogoku-san piense te a impedido de hacer cosas?—agregó, entrecerrando los ojos.

Y luego de un tira y afloje más entre ellas, por fin consiguió que sus amigos salieran a divertirse y la dejaran a ella en casa.

La castaña de pelo largo suspiró aliviada cuando por fin atravesaron la puerta, aunque sin que esto significara que el latido irregular de su corazón se calmara en absoluto. Pero estaba feliz porque sabía que esto era lo mejor para sus amigos.

Por su puesto, los dos jóvenes no sabían que, en contraste a las apariencias, la oscuridad no se encontraba afuera, en las animadas calles de la ciudad en donde irían a disfrutar de la noche, sino que en esta precisa casa, la cual era un edificio estrecho de tres niveles con estilo medieval.

Como tampoco sospechaban que sus inocentes pasos estaban siendo vigilados por varios pares de ojos escondidos, atentos como un águila sobre todo movimiento que surgiera de esa casa. Pero los jóvenes no tenían nada que temer. Esas personas no serían tan estúpidos como para actuar en sangre caliente y atacar por diestra y siniestra a cualquier persona que se apareciera, facilitando que la policía pusiera sus ojos sobre la Organización.

Gin aspiró el último suspiro de su cigarrillo desde el lujoso automóvil estacionado frente a aquella casa, con sus fríos ojos posados despreocupadamente sobre la silueta de los dos chicos que se alejaban del lugar, perdiéndose en el horizonte, y luego volviéndola hacia la ventana del segundo nivel, la cual tenía la luz encendida, deduciendo que era altamente probable que allí se encontraba a quien buscaba. El hombre apagó el cigarrillo sobre el cenicero del vehículo, no entando dispuesto a hacerle daño a su vehículo, y recapituló tranquilamente sus acciones futuras.

La calle que parecía desierta, demasiado tranquila para su gusto. Extrañamente solitaria.

El hombre de larga cabellera solía tener una gran agilidad en sus sentidos y una increíble perspicacia mental, pero no tenía cómo saber que existían personas que sabían de este movimiento, y que oculto en la oscuridad de la noche, escondido en un pequeño pasaje, un pre adolescente de gafas lo apuntaba con fiereza con su reloj anestesiante, con el ceño fruncido, intentando control ferozmente el temblor que dominaba su cuerpo al ver a Ran involucrada en estas instancias, atento a cualquier movimiento peligroso.

Shinichi, ya de regreso en ese cuerpo que muchas veces parecía una cárcel para él, estaba posado firmemente fuera de la casa de Ran, esperando a que este momento llegara. Había estado casi todo el día ahí. De hecho, había estado vigilando en secreto esta casa desde el mismo día en el que había tenido esa fatídica charla con Ran, sabiendo que ellos vendría tarde o temprano. Deseaba proteger a Ran a cualquier costo, incluso cuando ella le había dicho, con ese desgarrador rostro de desilusión y rabia contenida, que no necesitaba de su protección. Que no necesitaba nada de él, y que ella buscaría la manera de salir de este problema sin tener que necesitar de su ayuda.

Solo le bastaba rememorar ese rostro para que su pecho se apretara. Ella jamás, bajo ninguna circunstancia lo había mirado de esa forma. Era ya obvio que estaba todo perdido entre los dos.

De hecho, no han vuelto a hablar desde entonces.

El detective encogido apegó su cuerpo lo que más que pudo a la fría muralla de concreto para conseguir no ser visto por Gin, y tensó los dedos de su mano izquierda para apretar lo que sería para él como su gatillo en contra del despiadado hombre. Solo esperaba que diera un paso más, solo uno, y apretaría su reloj. No podía permitir por nada del mundo que tocara ni con un solo pie la entrada de esa casa.

Pero de pronto, con total desconcierto, pudo percibir que ellos no eran las únicas personas que estaban presenciando esta escena. Y no, no se refería a los civiles que transitaban por esta calle ignorantes de lo que estaba pasando, si no a otros, que al igual que él, estaban atentos a todo movimiento que que perturbara esa vivienda. No era como si estuvieran fácilmente visibles. Pero su innata intuición de detective le hacía notar que existía cierto movimiento a los alrededores, tanto en las calles aledañas, como desde la ventanas de algunos edificios vecinos.

¿Quienes podían ser estas personas? Su brillante mente empezó a analizar en casi tiempo récord todas las posibilidades. En primera instancia pensó con inquietud que eran integrantes de la Organización que habían venido junto a Gin. Pero rápidamente desechó esa idea ya que no tenía sentido que vinieran con tal contingente de gente solo para hablar con una chica que no tenía verdaderas armas para defenderse contra ellos, a pesar de que él sabía sus grandes (pero en este caso probablemente insuficientes) capacidades en karate. Por lo tanto, luego dedujo que la única otra opción era que las personas que estaban ahí fueran, de hecho, la contraparte. Es decir, personas que estaban luchando en contra de Gin y de la Organización, y que sabían que este peligroso integrante estaría presente en el lugar.

Entendió rápidamente que con esto se había referido Ran respecto a que podía solucionar el problema ella sola. Había llamado a la policía para que resguardara el lugar. Claro, él jamás quiso involucrar de lleno a la policía, aunque podía entenderla perfectamente por querer hacerlo. De hecho, esto era, objetivamente, lo más sensato que ella podía hacer, aunque debía admitir que realmente habría esperado que ella le avisara de ello, y no que hiciera todo sin consultarle antes. Inconscientemente, le dolía que no quisiera ni siquiera permitirle ayudarla en salir del problema en el que él mismo la había metido. Era como si no quisiera saber más de él.

No podía fingir que le sorprendía. Él le había mentido y ocultado muchas cosas, y por demasiado tiempo. Probablemente sentía que ya no podía confiar en él después de todo lo que ha pasado. Pero él jamás quiso realmente mentirle. No habían sido más que medidas desesperadas para que ella no se involucrara en este problema, ya que detrás de ésto estaba una organización gigantesca, internacional y criminal. Ran era una chica fuerte, pero ella no podía protegerse sí misma de personas de esta envergadura. Él mismo no había podido dar con ellos y destruirlos en todos estos años. Por eso, haría lo imposible por mantenerla a salvo, incluso si ella no quiere. Incluso si ella lo odia.

La pregunta era saber de qué fuerza policial se trataba, y si él los conocía. ¿Sería la CIA, FBI, la policía japonesa, o la policía local? No tenía cómo saberlo en este momento, aunque de cierta medida era un alivio saber que no estaba solo.

Y entendiendo que los vigilantes, para él incógnitos, debían tener un plan de acción para detener a Gin, relajó su brazo y lo dejó caer a su lado.

Pese a saber esto, los latidos de su corazón empezaron intensificarse cada vez con más fuerza al observar como Gin posaba sus sucios pies en la entrada de casa de Ran. Era un sentimiento irracional y que no podía evitar, el cual le impulsaba desear ingresar de todas formas a esa casa y protegerla.

Nunca se había puesto a pensar qué era lo que Gin quería de Ran. Claro, pudo deducir correctamente por aquella revista robada que ahora la podían tener en la vista debido a su relación con él, Shinichi Kudo, pero nunca a sabido a ciencia cierta lo que desean de ella. Por supuesto, seguramente querría saber información sobre su paradero y el de Haibara, ¿pero y luego qué? Cuando ella le diera la información (o no) que ellos querían, ¿se desharían de ella?

Su mente estaba totalmente nublada, temiendo que a ella le pudiese pasar lo peor, aun sabiendo que existía un gran contingente rodeando el lugar, presuntamente vigilando la escena para protegerla de cualquier cosa.

No lo soportaba.

No aguantaba que ella estuviera ahí mientras él estaba fuera, siendo un infeliz testigo.

Porque él la ama tanto.

Dominado por un irracional instinto, despegó los pies del piso que lo tenía prisionero, e intentó alzarse hacia el interior. Pero en cuanto se movió, una voz entre las tinieblas de la oscura calle le habló en un susurro.

—Quédate ahí—le dijo cortante una voz masculina casi detrás de él, como si estuviera en un pasaje cercano a su posición. —Hay que esperar.

"¿Esperar?" pensó él con ansiedad, obviando preguntarse quién era el que le hablaba. La verdad es que en este momento no le interesaba nada ni nadie más que mantener a Ran a salvo. "¿Cómo quieren que espere sabiendo que ella está dentro a solas con Gin?"

Pero, aun con toda su conmoción mental, entendió dentro de su turbación que debía existir algo planeado por parte de éstos, y que tal vez lo mejor para ella era esperar. Actuar cuando ellos creyeran que era el momento adecuado. Aunque lo sentía muy difícil.

Y, mientras toda la contingencia policial se alojaba firmemente afuera de su casa, en la fresca noche de la ciudad, Ran se estaba preparando para enfrentarse cara a cara con aquella persona, esa que ella sabía era muy peligroso. Con el integrante de esa peligrosa Organización que había convertido a Shinichi en Conan. Suspiró con solo pensarlo.

Tenía mucho miedo, y los dioses sabían cuánto. Después de todo, sabía lo peligroso que podían ser, considerando que ni Shinichi con todos sus poderosos aliados habían podido con ellos.

Pero ella estaba decidida a demostrarle a Shinichi y a todas esas personas que se empeñaron en mantenerla en la oscuridad por todos estos años que ella no es ninguna chica débil, no era una niña frágil y de porcelana a quien se le debía mentir descaradamente y de forma tan reiterada y desmedida, a la que hay que mantener fuera de todo, la que hay que cuidar. En la que no se puede confiar porque se pondría en peligro.

Mostrarles que ella es una chica fuerte, que puede hacer frente a las adversidades, como lo ha hecho toda su vida. Que ella tiene el coraje suficiente para poder controlar la situación por sí misma.

Con solo recordar que él, su amigo, quienes habían sido casi toda la vida tan apegados, nunca confió realmente en ella, y que, aunque no lo dijera, la veía por debajo del hombro, como alguien débil a quien hay que alejar de todo, y se le hacía un nudo en la garganta. Luchaba por no liberara sus lágrimas.

Pero este no era el momento de pensar en eso. O más bien, era mejor utilizar esta desilusión como una fuerza motivadora.

Ran conocía tanto a Shinichi que casi podía asegurar que debía estar ahí afuera, haciendo guardia como el héroe todopoderoso y omnipresente que siempre ha querido ser. Probablemente está esperando a que pase alguna situación extrema para entrar en su ayuda. Claro, debía admitir que secretamente siempre se sintió un poco atraída por ese aura confiable y de seguridad que su figura expele, en este momento no deseaba su protección. Quería demostrar que no era la chica débil que él cree que es.

De pronto, empezó a sentir el crujir de la puerta de la entrada abriéndose. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, desde la punta de su cabeza al extremo dedos de los pies, y expandió los ojos como dos potentes focos, como si sus pupilas quisieran absorber por completo todas las imágenes a su alrededor. La figura que se escindía frente a ella era terrorífico e imponente, siendo capaz de percibir en su mirada una espeluznante frialdad.

Por un momento, dudó de lo que estaba haciendo, temiendo que tal vez esto estaba por encima de sus capacidades, pero rápidamente se armó de valor y tensó las facciones de su cara, provocando que sus mejillas se sonrojaran por el esfuerzo de la concentración. Este debía ser el momento más difícil en el que recuerde haber estado. Ahora creía que todos esos torneos de karate por los cuales había trabajado tan duro parecían insignificantes ante esto. Aun así, utilizó todos sus métodos de relajación mental y control de sus músculos para prepararse ante cualquier cosa, como solía hacerlo cuando debía luchar.

Si existía un momento para demostrar de qué estaba hecha, era ahora.

Gin sonrió sin humor al ver a Ran, quien parecía ser una simple muchacha veinteañera con mejillas sonrojadas y un ceño fruncido. Ella pudo notar los asquerosos y amarillentos dientes del hombre al abrir la boca, como también su fría y despiadada mirada clavada en ella, como quien ve con atención a su presa. Como un león observando meticulosamente a un débil ciervo para deborárselo como una apetitosa cena.

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N/A: Como siempre, muchas gracias por leer, en especialmente si han llegado hasta aquí. Respecto al capítulo, siempre he querido ver y escribir a una Ran más protagonista o activa de la trama principal, y no tanto de fondo o siendo totalmente ajena de lo que verdad está pasando, como muchas veces se muestra en el canon, en especial porque ella es un personaje muy fuerte y capaz de actuar efectiva y valientemente cuando la situación lo amerita.

En fin, les agradecería mucho sus comentarios u opiniones respecto al capítulo, ya que siempre es reconfortante leerlos y un motivador para escribir. Cuéntenme, ¿Qué creen que pasará con Ran? ¿Con Shinichi?

¡Nos leemos!