CAPÍTULO 19: Sentimientos
Comentarios a los reviews:
Estefi: ¡Sigues por ahí! Bien, bien... Me alegra saber que seguís el fic *o*
Kaoruca: Bueno, ya sabía yo que el capítulo os iba a dar por todos lados. Por eso me gusta tanto *o* El hecho de que Soujiro sea el primero en ser consciente, tal y como está planteada la historia, es llamativo; porque la trama te da pie a pensar que llevará a Misao por la calle de la amargura al no darse cuenta hasta el epílogo ¬_¬º. Pero no, y es algo que estuvo en mi cabeza desde el minuto 1. Esa escena es de las primeras que tuve de todo el fic (que ya es retorcido empezar la historia por la mitad, pero es que así me salen la gran mayoría de las que escribo XD). Y como es algo tan repentino, también por eso hemos estado varios capítulos en su cabeza para ver cómo se ha dado. De ahí que no me hiciera gracia el que tuviera que saltarme el capítulo 17 pues es importante en su evolución, así que agradezco mucho que me llegara al fin la inspiración. Por cierto, tu review me está haciendo sangrar la lengua de todo lo que me la estoy mordiendo »_« (no quiero contar nada, no quiero contar nada, no quiero contar nada...). Así que tú haz más hipótesis que yo sigo sangrando ^o^. Y bueno, imagino que puede ser difícil contemplar que alguien entienda una amenaza desde otra perspectiva, pero a él se le hace raro que una mujer no tema al hombre que intentó matarla. Y como es tan consciente de que la gente no piensa como él, pues a veces deduce cosas muy raras sobre las acciones de los demás XD
ddaisyaguilar52: Madre mía, sí que os tengo malacostumbradas, que ya me escribís incluso si me retraso (qué maja XD). Sí, suponía que iba a sorprender, pero Aoshi/Megumi es la pareja que me faltaba por tocar XD (ya avisé en las notas previas que no había forma de que Misao acabara con Aoshi aunque insistieran ^_^º). Es una pareja que me agrada desde hace mucho (hasta que Misao se cayó del ranking, era mi número 2 para él. Ahora es la primera aunque también lo sea para Sanosuke XD). Pero si los fics de Soujiro/Misao son escasos, los de Aoshi y Megumi brillan por su ausencia (y mira que hay parejas raras »_«). Así que no me extraña que os sorprenda tanto. ¡Espero que os guste y no me vetéis T_T!
SlayArmisa: Sí, el pobre Soujiro no sabe dónde se ha metido, jiusjiusjius. Y según vayáis leyendo vais a pensar más de una vez que se ha debido caer de cabeza desde una altura muy muy alta XD. Pero ese golpe se irá curando después de correr como pollo sin cabeza por todos lados sin saber qué hacer. Se irá centrando y, lo peor (o mejor), empezará a ver las amplias consecuencias que tiene enamorarse, que no son ni por asomo lo que se esperaba. En cuanto a Misao, ya lo comenté, es bastante «permisiva» en lo que se refiere a Soujiro. Es muy consciente de sus peculiaridades... y de lo divertidas que son algunas veces ^o^
Fairyfemme: ¡Hola! Me alegra saber que os está gustando el fic *o*
Gracias por vuestros reviews. Ahora vamos con el siguiente después de «El descubrimiento» XD. Espero que os guste el capítulo XD.
CAPÍTULO 19: Sentimientos
Soujiro —que estaba algo más tranquilo— se dejó guiar hacia una habitación en la que los esperaba Aoshi con semblante más serio que con el que los recibió. Al final, Misao le había convencido de que dejara para el día siguiente lo que fuese que hubiera recordado hacer. Y cuando Aoshi intentó que Soujiro se marchara, Misao alegó que conocía toda la situación y que podía quedarse con ella por si se dejaba detalles por el camino.
Sin embargo, no hizo mucho caso de lo que hablaba. Se limitó a admirar su perfil mientras reflexionaba en el descubrimiento épico que había tenido nada más llegar.
Por primera vez había sentido los celos. No envidia de algo o alguien… celos. Ni había esperado sentirlos, ni enterarse de que sentía algo por ella de una forma tan negativa. Cuando tiempo atrás aún pensaba en ello, siempre se había imaginado que se daría cuenta sin más. Meditaría y se recrearía un tiempo experimentando ese sentimiento y después seguiría su camino.
Y aunque apenas había transcurrido una semana desde que le había expuesto a Misao su postura acerca de las emociones simples y las complejas que tienen asociadas otro montón de emociones detrás, no se había imaginado que una de esas asociadas impactaría así sobre él.
Había sentido como si Misao le hubiera mentido todo ese tiempo al ocultarle algo así. Y, en realidad, era bien consciente de que no lo había hecho porque, incluso si hubiera estado casada, nunca habían hablado del tema. Pero habría sido una omisión de la verdad y eso le molestaba… a pesar de que él se lo hacía a ella de forma habitual.
Sin embargo, eso no había sido nada en comparación a cuando había concluido que tenía un marido y una hija. Había sentido que todo su alrededor se paralizaba ante ese momento de lucidez que lo había arrollado. Pero, para empezar, nunca había esperado que le afectara la situación familiar de la mujer en cuestión —a fin de cuentas, él no tenía pensamiento de interactuar con ella.
Sin embargo, lo había corroído por dentro.
Pensándolo en retrospectiva, no se extrañaba de no haber detectado los síntomas. Muchos sentimientos tenía que analizarlos de forma racional para definir qué eran. Y eso no se lo esperaba… No hasta que le había golpeado con la fuerza e intensidad de una bomba, haciendo imposible que lo pasara por alto.
Pero tendría que haberse dado cuenta. Cada vez le gustaba más estar con ella. Por sorprendente que pareciera, cada vez se deleitaba más viéndola, como si no se hubiera dado cuenta de su atractivo cuando la conoció. En consecuencia, muchas veces se encontraba observándola por el simple placer de hacerlo. Le gustaban sus bromas y la forma que tenía de tratar con él. No era ignorante sobre sus propias limitaciones emocionales y por eso le resultaba agradable ver que ella se tomaba con humor su peculiar manera de visualizar lo que ocurría a su alrededor. Con lo calculador que era para establecer qué factores determinaban qué emoción, era asombroso que no se hubiera parado a listar todo y ver el resultado final.
Cuando sus ojos enfocaron de nuevo, se encontró mirando a Misao, la cual narraba lo sucedido a la mesilla que tenía en frente. Parecía un niño pequeño confesando una travesura. Y se dio cuenta de que estaba hablando de su negligencia con la infección del hombro y las consecuencias que había conllevado. Entendía por qué se avergonzaba tanto de explicar ese hecho. Casi se había matado por su terquedad.
No pudo evitar sonreír mientras la observaba. Sabía que Misao era una mujer fuerte y de mucho carácter, por lo que verla casi encogida como si esperase ser castigada, era una nueva faceta que le resultó agradable. Siempre intentaba mostrarse como una mujer invulnerable, pero en ese momento no lo era.
Soujiro miró a Aoshi y su sonrisa flaqueó un segundo; después, el nerviosismo hizo que aumentara de tamaño. Porque no observaba a Misao; tenía sus ojos fijos en él. Tuvo la sensación de que le hubiera pillado haciendo algo malo, pero en realidad no había ni abierto la boca.
—¿Cómo pudiste poner en riesgo tu vida? —recriminó Aoshi cuando terminó de contar lo de la infección.
—Necesitaba llegar a casa. Tenía que contaros…
—No a costa de tu vida.
—Eso ya se lo dije yo —agregó Soujiro complaciente. Aoshi no se movió, sólo desvió sus ojos hasta él y regresaron a Misao un instante después.
—Te he dicho muchas veces que tienes que dejar de llevar todas las cargas sobre tus hombros. Tus ninjas son muy capaces de valerse aunque estés ausente. Y por supuesto, no son tan fáciles de manipular por gente ajena.
—No podía arriesgarme a que…
—Sigues pensando como hace seis años —la interrumpió Aoshi con su tono calmo—. Y da igual las veces que te lo diga. Los Oniwaban-shu no son un grupo que necesiten de tu vigilancia constante. Hay una jerarquía y puede seguir en funcionamiento incluso con la ausencia de uno de sus ejes. Debes dejar de intentar controlarlo todo.
—¿Acaso tú no lo hacías? —replicó para escudarse.
—Por supuesto que no —contestó él, para su asombro—. Porque, a diferencia de ti, cuando entré en los Oniwaban-shu la organización ya era grande. Y sabía que hay partes que funcionan independientes. Puede que lideres a todos, pero tus capitanes son muy capaces de llevar a cabo las tareas que se les asignen sin necesidad de que estés encima. Debes confiar más en tu gente.
Misao apretó los puños, con el cuerpo tenso y una evidente angustia. A Soujiro ya no le hizo gracia la situación.
—Si no eres capaz de delegar el trabajo en tus capitanes, los Oniwaban-shu te consumirán. O harás locuras como la que hiciste.
—Es evidente la devoción de Misao por los Oniwaban-shu —intercedió Soujiro—, pero no creo que recriminárselo sea la mejor forma de hacerle ver que tiene que delegar en otros.
—Estoy hablando con ella, no contigo —dijo Aoshi con voz dura. Soujiro, en cambio, sonrió.
—Pero parece que Misao está cohibida al tratar con usted —repuso con su voz más tranquila. Misao se alteró al verle entrar en la conversación con Aoshi y este último lo miró suspicaz—. En lo que llevo de tiempo desde que conozco a Misao, no ha tendido a contenerse mucho en sus opiniones, pero no es capaz de hacerle frente cuando la reprende.
—Soujiro… —susurró Misao en advertencia.
—Por el comentario que ha hecho antes en el patio, entiendo que ha sido su maestro.
—Fue mi tutor —le sacó de su error ella.
—Entonces, tengo razón. No te sientes libre para discutir tu postura con él. —Misao se quedó con la boca abierta sin poder decir nada—. Créame, señor Shinomori, que en esa cuestión estoy de acuerdo con usted y no debería poner en juego su vida tan fácilmente. Pero si dice que ya han hecho esto más veces, es evidente que, para ella, su consejo expresado de esta forma no es efectivo. La está reprendiendo como si fuera su hija por una decisión tomada como líder de los Oniwaban-shu. —Observó por un momento a Misao, la cual estaba lívida y, acto seguido, regresó a su alegación con Aoshi—. Si sigue siendo miembro de los Oniwaban-shu, ella es su líder y no debería tratarla así. Creo que al igual que ella puede estar estancada en la estructura de hace seis años, usted tampoco ha visto la evolución de Misao más allá de ser su pupila. Los dos están en las mismas condiciones.
Misao emitió un ligero gemido y se llevó las manos a la cara. Desde que Aoshi volvió al Aoiya siete años atrás, nunca le había contrariado. Y lo primero que le vino a la cabeza era que, al final, Soujiro sí que debería haberlos esperado fuera. A Aoshi no le iba a hacer ni pizca de gracia que se metiera en medio.
Se hizo un tenso silencio; tenso y largo. Aoshi no hacía ni un somero gesto y Soujiro seguía con su sempiterna sonrisa en dirección a Aoshi. Como si estuvieran en una lucha de voluntades de la que ella no tenía ni idea de cómo acabaría. Aoshi era demasiado templado como para echarle, y Soujiro, demasiado distraído con las indirectas como para captar que querían que desapareciera de allí.
Por eso fue una total sorpresa para Misao ver a Aoshi asentir.
—Tienes razón. Misao es la líder y no debería cuestionarla de esta forma. En lo referente a los Oniwaban-shu, no debería tratarla como a mi protegida.
Misao miró de uno a otro sin dar crédito a lo que escuchaba. En general, ni siquiera estaba segura de si le gustaba la dirección de esa conversación. Siempre había tenido el respaldo y los consejos de Aoshi para liderar al grupo. De modo que esa forma de quitarle la red de seguridad no podía ser buena.
—Soujiro está hablando de más —replicó Misao.
—En realidad, no. En parte, creo que inconscientemente tomas determinadas decisiones a sabiendas de que estoy detrás de ti para respaldarte. Pero eso va a cambiar en un par de semanas. Tienes que empezar a tomar tus decisiones de forma más independiente y asumir todos los riesgos que eso traiga.
Misao lo observó con una clara expresión de confusión pintada en la cara.
—¿A qué te refieres con lo de «cambiar en un par de semanas»?
Llamaron a la puerta y ésta se abrió.
—Perdonad, pero ya han llegado todos para la reunión —dijo Natsu, una de las mujeres que no pertenecía a los Oniwaban-shu pero sí trabajaba en el Aoiya.
Aoshi asintió, lo que hizo que la mujer se diera la vuelta para buscar a sus invitados.
—No es buen momento para tener esta conversación. Será mejor que lo dejemos para más tarde.
—¿Qué ha pasado?
Misao no iba a darse por vencida tan fácilmente.
—No es nada malo; no te preocupes.
Un grupo de personas se acercó a la puerta en ese momento. Soujiro se levantó y dio por finalizada su aportación de los hechos, que no había sido mucha. Aoshi ya estaba al corriente de gran parte de lo ocurrido y les informarían a los demás.
Sin mucho ruido, salió de la habitación. En realidad, ésa era la mejor oportunidad de marcharse del lugar. Misao estaba siendo distraída en una reunión, por lo que no podía impedirle dejar el Aoiya. Pero pronto se dio cuenta de que no estaba del todo convencido de que esa fuese la mejor opción. Además, el motivo que en última instancia le mantenía en Kioto era ella. Mientras no resolviera su promesa, no podría irse.
Pero ahora que no estaba siendo retenido, podía volver a centrarse en sus tareas y, con suerte, antes de que terminara esa semana podría continuar con sus rutas por el país.
— * —
Cuando después de recorrer todo el Aoiya —dos veces— no encontró a Soujiro por ningún lado, Misao empezó a ponerse nerviosa. Sólo le había quitado el ojo de encima mientras había estado reunida, pero el hombre en cuestión había aprovechado para largarse.
Sabía que no había salido de Kioto. Le había dicho que no se iría, pero le había costado convencerle de que se quedara allí. Se veía al día siguiente rastreando la ciudad para dar con él.
Misao suspiró con resignación. Al menos, se podía consolar sabiendo que estaba cerca.
Aun así, no perdió la esperanza y se acercó a la habitación que le habían asignado para salir de dudas. No quería invadir su espacio después de haber alardeado de que allí estaría tranquilo y podría descansar. Pero le extrañaba que se hubiera ido a dormir tan pronto. Era un hombre con mucha energía. A pesar de haberse encargado de las tareas más desgastadoras durante el viaje, siempre dormía menos que ella y no parecía cansado.
Tocó el panel de la puerta con cuidado, inspiró hondo y la abrió unos centímetros. Estaba oscuro y no oyó movimiento dentro. Deslizó un poco más la puerta hasta que una franja mayor de luz pasó hasta la habitación aportando una iluminación tenue. Pudo ver que el futón estaba estirado en el suelo, pero sin usar. Terminó de abrir la puerta esta vez con menos cuidado, segura de que Soujiro no estaba allí. Y como bien sospechaba, no había nadie.
Soltó el aire que había cogido, entre resignada y frustrada al saber que se había marchado sin decir nada. Caminó por la habitación hasta el futón extendido con intención de recogerlo, pero sus ojos se encontraron con un bulto en la oscuridad. No era muy grande, pero después de tantos días con él, le era perfectamente reconocible.
Era su bolsa de viaje. Con una sonrisa de alivio se acercó a ella y la tocó. Después de todo, no había buscado otro lugar para hospedarse. Quizás había salido a dar una vuelta… o puesto que tenía recados por hacer en Kioto, podría haber pasado la tarde con ellos.
Ese pensamiento no era muy alentador. Esas tareas eran las que lo tenían retrasado allí; cuanto antes las terminara, antes se iría, y reconocía que quería pasar unos días en su compañía de modo tranquilo y no con la constante sospecha de que los seguían. Ambos se merecían unos días para relajarse.
Cogió la espada de madera falsa que había al lado. Le seguía impactando lo real que parecía, pero para nada era inofensiva. Les había protegido durante el camino de regreso. Ella… y la habilidad de Soujiro. Era muy bueno peleando.
Suspiró. Tocó la muesca que había en el revestimiento de madera y recordó aquel día.
Habían ido a por él. Le había metido en sus problemas y habían intentado matarle. Se sentía muy culpable por eso, aunque él se mostrara impasible.
—Por mucho que la mires, no te la voy a dar.
Misao se sobresaltó cuando Soujiro apareció por la puerta.
—Tampoco tengo pensamiento de quedármela —resopló indignada—. Para empezar, yo no uso espadas.
—¿Qué querías?
—Sólo te buscaba —contestó mientras dejaba la espada en el suelo—. La reunión ha terminado y sólo quería saber dónde andabas.
—He aprovechado para hacer los recados que tengo pendientes.
Misao se levantó del suelo y se dirigió a la puerta, por donde entraba más luz.
—Es bastante tarde.
—Pero me ha dado tiempo a hacerlos —dijo con su típica sonrisa tranquila.
Misao permaneció en silencio sin saber qué decir. De modo que había terminado con lo que tenía que hacer.
—Entonces… ¿te vas?
—No —respondió rápidamente—. Me temo que abusaré de tu hospitalidad. Necesito permanecer en Kioto hasta que me traigan algunas cosas de casa. Pero me quedaré aquí en vez de buscar otro sitio.
—Tómate el tiempo que quieras —comentó más tranquila—. Además, ya has visto que eres bienvenido.
—Yo no diría tanto —replicó al recordar el comportamiento de Aoshi—. El señor Shinomori no parecía muy complacido.
Nada más decir eso, Misao esbozó una sonrisa y tuvo que contenerse de reír.
—¿Qué? —preguntó Soujiro por su reacción.
—Lo que me he reído cuando hemos llegado —dijo haciendo alusión al malentendido de Soujiro con Megumi y Aoshi—. Quería ver la reacción que tendrías cuando conocieras la noticia, pero no me imaginaba eso. —Y comenzó a reír.
—Entiendo por tus palabras que me lo ocultaste deliberadamente —repuso él algo incómodo, pues esa omisión había tenido unas consecuencias negativas sobre él que no había esperado.
—Bueno, es que cuando me dijiste que te sorprendía que Himura fuese un hombre de familia, no podía esperar a ver cómo reaccionarías cuando te enterases que alguien como Aoshi también lo era —explicó a la vez que seguía riéndose de la escena de la tarde—. Tenías que haberte visto… Te quedaste blanco.
Mientras Misao continuaba riendo, Soujiro no pudo evitar pensar en la cadena de acontecimientos a las que había dado lugar esa omisión. Aunque Misao pensase que se había quedado blanco por ver a Aoshi con una niña, él sabía que había sido por algo totalmente diferente. Pero ahora podía darse cuenta de que, si Misao se lo hubiera contado y, por tanto, no hubiera llegado a una conclusión equivocada, en esos momentos no sabría que sentía algo por ella. Se habría ido de allí, sintiéndose deprimido, pero achacándoselo por error al hecho de volver a quedarse solo.
Sin embargo, en vista de cómo se había sentido con toda aquella escena, ahora no estaba muy seguro de si enterarse iba a ser positivo o no.
—Fue algo impactante —expuso él, aunque no por lo que ella pensaba. Pero no quería desvelar lo que en verdad le había sucedido.
—Lo sé —corroboró Misao, algo más calmada por la risa—. Pero me hiciste vestir de oiran* por ello. Lo mínimo que podías hacer era resarcirme de forma adecuada. Y puesto que hoy me has hecho reír muchísimo, te perdono.
Cierto… Su pequeña venganza había sido instigada por una omisión de información por parte de Misao.
«Así que había sido esto…», pensó desconcertado.
—Te voy a dejar descansar —añadió finalmente ella—. No sé tú, pero ha sido un día agotador.
—Sí, nos vendrá bien descansar después de este viaje lleno de altercados.
Diciendo eso, se despidieron y Soujiro se encerró en la habitación. Misao se dirigió a la suya aún con la sonrisa en los labios. Había sido un día duro; con un mayor número de altibajos en sus emociones de lo que había esperado, sin descontar la reunión que había tenido y que había sido agotadora. Estar tan tensa con todos alrededor no había sido agradable y quizás por eso le había sentado tan bien volver a reír.
Misao llegó a su habitación e intentó acallar la risa en cuanto volvió a recordar la escena de esa tarde. Negó con la cabeza animada; casi sin poder dar crédito a las cosas que se le pasaban por la cabeza a Soujiro. Y pensó que nunca dejaría de sorprenderla lo grata que le resultaba su compañía.
Notas del fic:
*Oiran: Antiguas prostitutas de lujo.
— * —
Fin del Capítulo 19
25 Enero 2018
