CAPÍTULO 20: Declaración de contienda


Comentarios a los reviews:

Kaoruca: Bueno... es que era un descubrimiento épico, ¿o no? XD . En cuanto a que Aoshi le pillara... sospechar, lo que se dice sospechar, ahora mismo no (más bien le ha sorprendido XD). Pero es el inicio. Acaba de reencontrarle y lo que recuerda de él difiere del Soujiro actual ^_^º. Pero poco tardarán en notarlo (en los dos, si es que son más evidentes... es para darles de tortas a ellos por lelos u_uº). En cuanto a qué va a pasar en dos semanas... pues te lo encuentras todo en este capítulo, así que no digo nada. Sigue leyendo ^o^. ¡Y otra cosa! Veo que me pones momentitos que te han calado, así que te aviso que hay un montón ^o^. Si es que me paso el día en plan: ¡ahhh, qué bonito! XD

SlayArmisa: No sé por qué, pero siempre he tenido esa idea en la cabeza sobre cómo dirigiría Misao una organización que ha crecido. Siempre lo he visto con el respaldo de Aoshi, pero más que nada porque al principio la iba a necesitar sí o sí. Misao, cuando era adolescente, era muy inmadura y explosiva. No podría ser la líder de nadie. Y por eso imagino que, de continuar por la vía de potenciar los Oni, Aoshi tendría que meter mano para guiarla. Para este fic, eso es algo que se ha prolongado en el tiempo y de ahí que Aoshi la reprenda por hacer cosas al saber que él está detrás.

Gracias por vuestros reviews :-D. Os dejo con el siguiente capítulo. Espero que os guste XD.


CAPÍTULO 20: Declaración de contienda

La primera en despertarse fue Asuka, como de costumbre. A pesar de los intentos de sus padres para que no alborotara, varias personas se despertaron por su causa. Entre ellas, Soujiro. Para él era extraño despertarse por una niña correteando por la casa. No era que él se levantase tarde de forma habitual; de hecho, solía hacerlo bastante pronto también. Pero era raro tener a una cría en la misma casa en la que él estuviera.

Cuando salió al pasillo, dicha niña casi lo arrolló. Soujiro salió del paso dejando a la niña —y su madre, que corría detrás de ella— seguir su camino. Y se volvió a encontrar con Asuka cuando llegó a la estancia que utilizaban para comer. Su madre la había dejado ahí con Aoshi mientras Misao traía distintos platos con el desayuno. Ésta parecía preocupada e inquieta.

—Pero ¿qué tienen en contra de Kioto? —preguntó Misao a la vez que dejaba los platos—. Esta ciudad es mucho mejor que Aizu. ¿Por qué no se quedan aquí?

—Lo siento, Misao —dijo Aoshi—, pero es un deseo de su madre y Megumi quiere complacerla. Sabes cómo de sensible es ella con el tema de su familia.

—Pero ¿y tú? Los Oniwaban-shu están aquí —intentó convencerle, casi al borde de las lágrimas. Soujiro se tensó al verla afligida. No sabía de qué hablaban, pero era evidente que estaba angustiada por ello.

—Sabes que dejé la organización —contrarrestó, en cambio, él—. Puedo ayudaros y seguiré haciéndolo desde allí, si es que me necesitáis. Pero ya no es una prioridad para mí. —Aoshi exhaló aire con aspecto cansado—. Sabes que quiero dejar todo aquello atrás y lo sabes desde que volví. No es que sea una noticia nueva para ti.

—¡Pero estaríais aquí! Aunque no te impliques tanto, los tres seguiríais aquí. —A Misao se le escaparon unas lágrimas que rápidamente se limpió—. Sois lo único que me queda.

—Tienes a los Oniwaban-shu —replicó Aoshi.

—¡Sabes que no es eso a lo que me refiero! —se quejó ella, dando un puñetazo en la mesita. Y Asuka, por reflejo, se acercó a su padre.

Aoshi volvió a dejar escapar el aire, incómodo con todo aquello.

—Lo siento, Misao —repitió—. Pero no es una decisión que vaya a cambiar. Se han enviado ya la mayor parte de nuestras cosas a Aizu. Megumi y Asuka sólo se han quedado esperando a que llegaras, pero ahora que estás aquí, cogerán unos billetes para la semana que viene. Su madre está en un estado delicado y no sabemos mucho de su hermano. En realidad, es un desconocido y no quiere dejarla sola con él mucho tiempo.

Misao levantó la cabeza, con los ojos rojos.

—Has dicho Megumi y Asuka. ¿Tú no te vas?

Soujiro miró de uno a otro, observando sus reacciones. Aoshi no era muy expresivo. O al menos no lo era en el tiempo que le conoció. Por eso le sorprendió verlo indispuesto, frotándose la frente con una mano.

La conversación era muy tensa. No terminaba de entender los pormenores, pero sí el hecho de que Aoshi hablaba de marcharse. Quizás por eso había recapitulado tan rápido el día anterior en cuanto metió baza sobre la dirección de Misao en los Oniwaban-shu. Porque si Aoshi era la mano que la guiaba —que tenía bastantes posibilidades de serlo— se la iban a cortar en breve.

Retornó su vista a Misao; seguía aguantándose las ganas de llorar. No sabía realmente qué hacer ni qué decir para cambiar el ambiente y que se sintiera mejor. De hecho, era posible que ni siquiera se hubiesen dado cuenta de que estaba allí, dado lo concentrados que estaban en la conversación.

—En menos de dos semanas se cumple «el año» —dijo con cierto tono fúnebre.

—¿Qué año? —inquirió ella desconcertada.

—Sasaki.

Un nombre y no hizo falta más para Misao, aunque Soujiro hubiera necesitado una explicación mucho más extensa de lo que eso significaba. Sin embargo, Misao se derrumbó sobre la mesa y ocultó el rostro.

—¿Estamos ya a finales de mayo?

En realidad, lo sabía, sólo que durante las últimas semanas había vivido tan ajena a cualquier obligación relacionada con los Oniwaban-shu, que se había olvidado de todo, y más si atendía al hecho de que era algo que se esforzaba en olvidar por su propia paz mental.

—Imagino que con todo lo que ha pasado no estabas muy pendiente de ello.

—Quizás se haya rendido ya…. Ha perdido seis veces —comentó con cierta esperanza.

—Pero recuerda que el año pasado estuvo muy cerca de ganar. —Aoshi negó con la cabeza y otra vez suspiró fuerte—. Ha mandado la declaración de contienda. Y como de costumbre, no da ni un día de margen. Misao, debes considerar…

—No quiero oírlo —negó a ultranza interrumpiéndole.

—El año pasado ya lo hablamos —continuó él por encima de la negativa de Misao—. Es una organización muy fuerte. Y Sasaki es el más destacado. Lleva cinco años entrenándose en mis técnicas sólo para ganarme y no es seguro que algún día no lo consiga.

—Es lo que me faltaba por oír hoy —dijo con una nota compungida en la voz—. ¿Tenías que decírmelo todo seguido?

—Es la realidad. Si la contienda de Sasaki fuese dentro de varios meses, no te lo estaría diciendo ahora —respondió muy serio. Incluso para Soujiro era obvio que Aoshi no estaba muy contento con aquella conversación.

—Entonces, debería seguir desaparecida. Así se tendría que cancelar.

—No creo que eso le valiera a él —replicó Aoshi a la vez que cruzaba los brazos—. Simplemente esperaría a que volvieses. —Ella no dijo nada y él continuó—: ¿Has considerado siquiera…?

Misao se levantó con celeridad interrumpiendo las palabras de Aoshi y se encaminó a la puerta.

—Misao… —la llamó.

Pero ella se marchó sin decir palabra dando un portazo con la puerta corredera. Aoshi no hizo ningún gesto más, algo que llamó la atención de Soujiro. Si eran como una familia, debería haber intentado evitar que Misao se marchara de la habitación en el estado que lo hizo. O ya puestos, haber evitado que se pusiera en ese estado.

No estaba muy seguro de qué había sucedido. No había entendido ni la mitad de la conversación. Lo único que entendía era que Misao se acababa de marchar llorando por algo que no era el hecho de que su familia se mudara.

—¿Por qué se ha ido así?

Aoshi lo miró fríamente y Soujiro se limitó a sonreír en respuesta.

—No es algo que te incumba —espetó de mal humor.

— * —

Misao no había vuelto en lo que llevaba de mañana. Se había marchado del Aoiya después de la discusión con Aoshi y no había regresado. Soujiro miraba hacia el pequeño jardín privado que tenían en la parte de atrás. Se encargaba de vigilar a Asuka, la cual jugaba con sus muñecos sin hacer demasiado alboroto. Teniendo en cuenta que le había despertado esa mañana con sus correteos, era bastante paradójico que ahora se comportara de una forma tan tranquila.

—Gracias por echarle un ojo a la niña —dijo de pronto Megumi mientras se acercaba a él. Soujiro la observó y sonrió.

—La verdad es que ha sido un descanso.

—¿Ah, sí?

—Bueno, han sido unas semanas algo complicadas, así que estar sentado sin nada que hacer, me permite pensar un poco en todo.

—Gracias por ayudar a Misao —le agradeció de nuevo.

Megumi no estaba segura de que esas palabras pudieran expresar lo que sentía. Misao era como una hermana menor y él la había traído de vuelta del borde de la muerte. Aunque Aoshi no había entrado en detalles, sí que le había contado que había peligrado su vida. Y tras ver el estado de su hombro, sabía que con eso había estado muy cerca.

—¿Puedo sentarme?

—Claro —respondió Soujiro con su habitual sonrisa. Pero puesto que durante varios minutos ninguno dijo nada, terminó por hablar él—. ¿Le incomoda que esté aquí?

—No… —contestó al momento, consciente de que había sonado a la defensiva—. En realidad, no —dijo más firme en un intento de enmendarlo—. Sólo es algo raro. De entre todas las personas…

Soujiro rio por lo bajo.

—Lo sé. Para mí también ha sido algo extraño volver a encontrarme con el señor Shinomori.

—¿Y con Misao no? —preguntó con curiosidad.

—No exactamente. Yo no sabía quién era hasta que me lo dijo. Y como no la conocía, tampoco lo sentí extraño.

Aunque Megumi dijera que no le incomodaba su presencia, Soujiro sabía que estaba en tensión. La veía bastante rígida, sin hacer ningún tipo de movimiento.

—He oído decir al señor Shinomori que se marchan de Kioto.

—Sí… —volvió a responder demasiado rápido, como si le pillara la pregunta por sorpresa—. Sí, nos vamos a Aizu.

—Misao estaba muy disgustada con la noticia.

—Lo sé… —dijo ella en un susurro—. Ha sido una decisión difícil, pero me he reencontrado con parte de mi familia y quiero estar con ella. ¿Se va a quedar una temporada aquí? —cuestionó cambiando de tema. Como sonó algo esperanzada, Soujiro la miró.

—No, sólo permaneceré en Kioto hasta que me traigan algunas cosas que he pedido. Me marcharé en cuanto lleguen.

—Ah… —Y ahora, sonó desilusionada. Soujiro se extrañó.

—¿Lo pregunta por algo?

—Tenía la esperanza de que se quedara un tiempo por aquí. Suponía que eso ayudaría a Misao con este cambio.

—¿Por qué lo dice?

—Nosotros tres somos lo único que queda de la familia que conoció. Cuando nos vayamos, se quedará sola.

—Yo veo bastante gente aquí —dijo confuso.

—Pero no es su familia. —Megumi hizo una pequeña pausa—. Su abuelo murió hace cuatro años; poco después de que encontráramos a mi madre viva. Nos sorprendió a todos porque estaba bien de salud. Okon y Omasu se casaron en un breve espacio de tiempo y se marcharon, obviamente. Siguen entre los Oniwaban-shu como red de información, pero no en activo. Y Kuro y Shiro, al ser ninjas de total confianza de Misao, se encuentran dirigiendo células de la organización en otras zonas. De modo que sólo quedamos nosotros aquí.

—Entiendo…

—Misao va a necesitar apoyo ahora que se va a quedar sola. Por eso tenía la esperanza de que permaneciera un tiempo por la ciudad. Ella parece confiar en usted… —concluyó.

Megumi se quedó pensativa con sus ojos fijos en el jardín y Soujiro hizo lo mismo. No estaba seguro de por qué le contaba todo aquello. Aunque la había visto con anterioridad, no había conversado con ella hasta el día anterior y que no fue mucho. No entendía por qué le estaba haciendo el resumen del estado familiar de Misao.

Una ligera brisa comenzó a soplar por el jardín y Soujiro inspiró hondo. Era relajante. Aquella era su época favorita. Los días eran soleados, con una temperatura cálida, pero sin el bochorno ni las lluvias torrenciales que importunaban en sus viajes cuando avanzaba el verano.

—¿Qué tiene que hacer después de que le traigan sus cosas? —inquirió de pronto ella, sacando a Soujiro de su mundo.

—Lo de siempre. Viajo por el país —comentó sin darle mucha importancia.

—Entonces, ¿no tiene realmente nada específico que le haga irse? —Soujiro no supo cómo responder a eso, así que sonrió de forma nerviosa—. ¿No podría quedarse una temporada?

—Es mejor que no.

Puesto que su perspectiva de la relación con Misao había cambiado, prefería no quedarse mucho tiempo por allí. Lo único que conseguiría sería postergarlo y estar durante más días pensando en que tenía que separarse de ella… Y él siempre había sido de la opinión de que lo mejor era quitarse las cosas de encima cuanto antes.

Megumi bajó la mirada a su regazo, algo consternada.

—Lo siento. No debería haberle atosigado con eso —se disculpó ella—. Es sólo que me siento culpable —murmuró hacia abajo—, aunque no haya tenido mucho que ver en ello. Siento que mi hermano ha aparecido en el peor momento.

—¿Había perdido a su familia? —preguntó Soujiro al ver que había mencionado a su madre y su hermano. Megumi asintió.

—Era el último que nos faltaba por localizar. Todos están muertos menos mi madre y él. Le encontraron en Iwami, hará unas tres semanas. —Hizo una pequeña pausa—. No estaba en buenas condiciones —siguió—. No tenía un empleo en esos momentos, así que se mantenía como podía. Mi madre ha vuelto a Aizu con él y quiere que vayamos también nosotros. Quiere tener a lo que le queda de su familia reunida en su ciudad natal. ¿Cómo podría negarme a ello? —suspiró cansada—. Pero eso supone dejar sola a Misao con lo que se le viene encima.

—Misao es más fuerte de lo que parece —intentó animarla él—. Podrá con ello.

Pero Megumi no respondió a eso. No estaba tan convencida como él. O podría ser que no tuviera toda la historia completa. A fin de cuentas, Misao se había ido de la casa por el tema posterior a la mudanza.

—Habría que buscar a Misao —comentó Megumi de pronto—. Lleva demasiado tiempo fuera.

—Sólo lleva lo que va de mañana… —volvió a intentar animarla.

—¿Podría ir a buscarla? —Le ignoró por completo—. Podría hacer alguna locura, como intentar pelearse con quien no debe.

—¿Y por qué haría algo así?

—Está bastante disgustada. ¿Puede hacerlo?

Iba a contestar que no hacía falta porque Misao llegaría para la hora de la comida, pero la vio tan preocupada que finalmente aceptó.

Sin embargo, para él era absurdo. Con probabilidad, él iría por un lado y ella regresaría por el otro. No hablaban de alguien que hubiera huido. Estaba molesta por lo que demonios hubieran estado hablando esa mañana, pero no se había ido de allí. Mucho le había costado volver; él podía dar fe de ello.

Después de preguntar en algunos puestos de tiendas por si la habían visto pasar, le dijeron que tanto Misao como Aoshi solían ir bastante a uno de los templos de Kioto. Como no tenía tampoco una pista más específica, se encaminó hasta allí. Y aunque en realidad no esperaba localizarla —seguía convencido de que Misao ya habría vuelto a casa—, la encontró allí.

Estaba mucho más tranquila que cuando se marchó, aunque también debía considerar que llevaba fuera varias horas.

—Misao… —la llamó mientras se acercaba a ella—. La señora Shinomori está preocupada por ti; deberías volver al Aoiya.

—No me apetece —contestó con sequedad.

Soujiro se sentó a su lado.

—¿Con todo lo que te ha costado volver? —preguntó con humor—. Deberías no querer marcharte de allí. —Misao no sonrió, un indicativo claro de lo afectada que estaba—. Menos mal que ayer hice mis recados, porque entre cuidar a la niña y buscarte, he perdido la mañana.

—Lo siento —contestó con voz monótona.

Y tampoco se movió. Soujiro no había pretendido que se disculpara. Sólo intentaba animarla con lo primero que le venía a la cabeza. Y hasta el día anterior por la noche, el tema de sus recados la hacía meterse en la conversación.

Misao parecía deprimida. La marcha de su familia la estaba afligiendo, pero algo más estaba echando sal a la herida.

Soujiro la cogió del brazo y tiró un poco para incitarla a moverse y levantarse, pero ella se soltó.

—Tenemos que volver.

—No pienso volver.

Soujiro suspiró con fuerza. No se esperaba aquello.

—No entiendo muy bien qué te ha afectado tanto; pero no deberías esconderte aquí.

—¿Por qué no?

—Porque tú no te escondes —respondió con convicción—. Bueno, al menos, si no te están siguiendo varias personas para matarte mientras estás herida.

No sonrió, pero por lo menos le miró.

—No es tan sencillo.

—Pero seguro que encuentras la forma de arreglarlo.

No, no tenía mucho arreglo, pensó Misao. No sólo no tenía forma de evitar que su familia se mudara dejándola a ella allí sola. Estaba, como bien había dicho Aoshi, el problema de la contienda con Sasaki. Era uno de los hombres más persistentes que había visto en su vida y le ponía los pelos de punta cada vez que le veía.

Cuando tenía dieciocho años, le propuso matrimonio para unir sus organizaciones. Por supuesto, se negó en rotundo. Pero insistió y metió mano hasta tal punto, que varios de sus subordinados empezaron a considerar interesante la propuesta. Sobre todo, porque en aquel entonces no eran tan fuertes como ahora. Estaban creciendo a un ritmo rápido gracias a su labor en los altercados ocurridos por culpa de Shishio, pero había grupos en la ciudad más grandes que ellos.

No estaba segura de por qué de inicio le pidió matrimonio; si era para obtener una fusión de grupos o para quitarles del mapa, consiguiendo así que no creciera otra organización rival en Kioto. Pero lo que sí sabía era que no quería casarse y menos con él.

Entonces, cuando ya tenía diecinueve años, casi saboteó su liderazgo. Le habría llenado el cuerpo de kunais* sólo por eso, pero suficiente trabajo tuvo con aplacar la tormenta. El tema del matrimonio volvió a salir a relucir entre su gente y ella, para salir del paso, propuso las contiendas.

«No puedo casarme con alguien que no sea capaz de ganar a Aoshi», había dicho como excusa.

Por supuesto, Aoshi no puso pegas en ello. Y por sorprendente que le pareciera, ese argumento fue acogido entre una parte importante de su gente.

«El marido de su líder no podía ser un débil».

Y gracias a eso, consiguió estar tranquila durante bastante tiempo porque, ¿quién iba a ganar a Aoshi en una pelea?

Pero Sasaki no se amilanó con ello, de modo que se enfrentó a Aoshi para conseguir casarse con ella. Y lo hizo varias veces en un año, por lo que al final tuvieron que poner por condición que las contiendas sólo se podían volver a solicitar pasado un año desde la última. Aoshi no tenía por qué estar peleándose día sí, día también, mientras el rival esperaba cogerle en un mal día y ganarle. Tenía cosas mucho más importantes que hacer que estar pendiente de individuos como Sasaki.

Por suerte, sólo otro más había insistido una segunda vez. Los demás que lo habían intentado desistieron con el primer fracaso. Pero Sasaki no. Todos los años, el primer día de junio, se enfrentaba a Aoshi esperando poder ganarle. Y cada vez lo hacía mejor, a fin de cuentas, era una persona perseverante que se entrenaba día tras día en las tácticas de Aoshi para vencerle.

Y ese tipo de perseverancia era lo que le ponía los pelos de punta. ¿Por qué alguien insistiría tanto en algo así? ¿Quién perdería tanto tiempo e invertiría tanto esfuerzo para conseguir ganarle?

Por eso, tenía claro que no era por ella. No era una obsesión enfermiza que tuviera Sasaki; él quería los Oniwaban-shu, y más ahora que se habían posicionado como la organización más fuerte del oeste de Japón.

Y por nada del mundo dejaría que cayese en sus manos. Por su culpa había tenido que poner el escudo de las contiendas y por encima de su cadáver dejaría que al final se saliera con la suya.

Por eso había acabado allí. En un momento de furia se había acercado a los terrenos de su familia —que eran cercanos al templo—, para tener unas «palabras» con él. Pero se había retractado a tiempo. No sólo no conseguiría nada, sino que encima sabía que se jactaría de ella.

Estaba muy enfadada, y por eso había modificado su rumbo y había acabado allí intentando serenarse en un lugar tranquilo.

—Créeme, no es tan…

—¡Qué sorpresa! Por fin has vuelto. —Una voz escalofriante que conocía bien se dirigió hasta ellos desde la entrada del patio—. Has tenido a mis chicos entretenidos toda la mañana.


Notas del fic:

*Kunai: Cuchillas de forma triangular y mango. Se utilizan para múltiples usos, entre ellos, como armas. Son las armas preferentes de Misao.


— * —


Fin del Capítulo 20

1 Febrero 2018


Notas finales:

Como apunte, si os ha sonado el nombre de Sasaki de antes de este capítulo, leed el prólogo de nuevo XD. Y de paso, ahora entenderéis de otra forma por qué Megumi estaba ahí ^o^.

Espero que os haya gustado el capítulo ;-D

¡Saludos!