CAPÍTULO 21: Sasaki
Comentarios a los reviews:
Kaoruca: Yo también tengo ganas de que llegue lo que tiene que llegar... Ya te dije que me froto las manos con lo que pensaréis ^o^. Y bueno, como tú dices, el capítulo nos pone en situación del panorama que hay en Kioto (el cual me mola un montón porque es lo que nos lleva a la montaña rusa que os comenté, muajaja). Sobre Megumi, si te soy sincera, me dio pena que se fuese tan rápido u_uº, porque es partidaria de ambos. Debido a lo que ha tenido que vivir, siempre me ha parecido un personaje muy centrado y que se fija en lo que verdaderamente importa. De modo que si Soujiro puede ser beneficioso para Misao, el resto le resbalaría ^_^º. Y en cuanto a quién aparece en el capítulo al final, obvio que no te cuento porque lo vas a leer a continuación... tenso, tenso... »_«
Missao: Qué te voy a decir, si la parte de Kioto me encanta *o*
SlayArmisa: Y yo que pensaba que lo del Prólogo lo tendríais ya olvidado XD. Pasan muchas cosas hasta que cobra sentido ^_^º. En cuanto al truco de Misao, la dejó tranquila un tiempo, pero se le acabó volviendo en contra u_uº. Es lo que tiene... Y sobre Soujiro y sus celos no sabría qué decirte, porque para eso tendría que haber una persona que ronde a Misao y ella quiera, que no es el caso :-s. Además, por cómo se conduce la historia, este fic no da pie a esas escenas ^_^º.
En fin, me alegro que os esté enganchando la historia *o*. Gracias por vuestros reviews :-D. Os dejo con el capítulo de hoy. Espero que os guste XD.
CAPÍTULO 21: Sasaki
Era la última persona que quería ver y ahí estaba, como invocado por sus pensamientos. Misao se levantó con ganas de machacarle. Sintió que toda la furia que se había contenido esa mañana volvía en un instante. Era injusto que alguien pudiera perturbar tanto su vida.
—No era mi intención —contestó mordaz.
—Ya… Pero después de estar… ¿cuánto tiempo?, ¿dos meses? —era una pregunta retórica, por lo que siguió sin esperar respuesta— desaparecida en «nadie sabe qué misión», si de repente me llegan rumores de que has vuelto, entenderás que me interese —le dijo con una falsa voz melosa que le puso los pelos de punta a Misao—. Aunque, si te soy sincero, había pensado que no eran ciertos —agregó, esta vez, con humor, algo que la fastidió más aún—. Pero resulta que, de pronto, aparece un muchacho preguntando en las calles por ti y que después se dirige cerca de mi casa. ¿Me echabas de menos, querida?
«¿Muchacho?», se dijo a sí mismo Soujiro.
—Eso nunca pasará —replicó entre dientes Misao.
Sabía que no le habían seguido, pero era cierto que no se había preocupado de si alguien se enteraba de que la andaba buscando como para que informaran a un tercero de eso. No era algo relevante para él, pues Misao estaba en su ciudad; los Yoshida —si es que aún estuviesen interesados en ella— ya no tenían nada que hacer. Y, tal y como había comprobado al preguntar por ella, Misao era una persona reconocida en la ciudad. Igual que él había preguntado, esos hombres podían haber hecho lo mismo.
Soujiro miró con atención al hombre que hablaba. Era un alto y corpulento, entrenado en algún tipo de disciplina de lucha. Tenía el pelo moreno largo y liso agarrado en una coleta baja. Los ojos eran oscuros y pequeños en comparación con su cara de facciones duras y mandíbula cuadrada. Soujiro no llegaría a catalogarlo como desagraciado, pero tampoco era un hombre que llamara la atención. Por su aspecto, estimaba que rondaría la treintena.
A su lado había dos hombres más, también bastante corpulentos y no muy notorios en aspecto. Iban vestidos de igual forma por lo que entendió que eran subalternos del hombre que había hablado. Tuvo una sensación siniestra con ellos, pero era más por la actitud que mostraban hacia Misao que por su aspecto. Parecía que intentaban intimidarla.
Como vio que Misao se empezó a alterar de nuevo en esa ajetreada mañana, decidió intervenir.
—Deberíamos irnos, Misao. La señora Shinomori está preocupada por ti.
Misao asintió de forma forzada, pero al fin se movió. Y en el momento en que cruzó al lado del hombre sin siquiera mirarle, él la aferró del brazo.
—Esta vez ganaré —rio mientras la acercaba a él.
—Sasaki, suéltame —advirtió mientras forcejeaba.
Soujiro, que en un inicio no entendía muy bien la escena que estaba presenciando, de pronto tuvo cierta luz. Aquel debía ser el hombre que había hecho salir llorando a Misao esa mañana.
—Shinomori está viejo, no deberías contar con él —se jactó. Soujiro enarcó una ceja al descubrir que el hombre no tenía la edad similar a Aoshi, como había pensado—. En cambio, yo estoy en la flor de la vida. —La acercó hacia su cuerpo de un tirón, pero Misao evitó contactar con él al poner su brazo contra su pecho y mantenerlo a distancia. Sasaki dejó de lado el supuesto humor y añadió en tono furioso—: Le voy a hacer morder el polvo por todos estos años que me ha mantenido alejado de mi objetivo.
—Nunca voy a dejar que pongas tus sucias manos en mi gente.
Misao le agarró con la mano el brazo que le sujetaba y le hincó las uñas, en un vano intento de que le soltase. Soujiro sabía que Misao podía ser más agresiva, pero no estaban peleándose. Era más bien una especie de batalla de voluntades, algo bastante extraño para él.
—Me parece bien, porque en cuanto te consiga, dejarán de ser tu gente y entonces estarán a mis órdenes.
—¿Estás soñando? Mi gente es leal a mí —espetó ella.
—¿A una mujer? Se tienen que estar frotando las manos de sólo pensar que por fin podrán quitarte de en medio —contratacó él—. Y yo les daré el gusto porque te voy a encerrar en un sótano por haberme amargado durante cinco años —agregó con desprecio.
Misao se paralizó. Soujiro lo supo porque su mano dejó de estar en tensión. Además, se había quedado blanca. Era evidente para él que la «batalla de voluntades» la estaba perdiendo Misao.
—Antes te mataría —le susurró, aunque no sonó tan amenazante como seguramente ella querría.
—Que no haya podido vencer hasta ahora a Shinomori, no quiere decir que no pueda vencerte a ti. No eres rival para mí. —El hombre compuso una sonrisa intimidante—. Así que no sólo me quedaré con los Oniwaban-shu sino que también seré tu dueño para hacer lo que quiera contigo. Y todo, en un solo día.
Como Misao no pudo decir nada, Soujiro intercedió:
—Creo que el juego ha terminado; la señorita Misao ha perdido el interés. —Un eufemismo gigantesco de lo que allí había pasado. Pero jamás mortificaría a Misao delante de otras personas diciendo que había perdido.
El hombre le miró como si no le hubiera visto hasta ese momento.
—Tú debes ser el chico de los recados que la andaba buscando, ¿no?
—No soy un chico —contestó con su mayor sonrisa, mientras ponía la mano en el brazo que sujetaba a Misao y empezó a apretar. El hombre le miró con una nueva luz al ver que tenía mucha más fuerza de la que esperaba—. Y si no la suelta, voy a hacerle daño… mucho.
El hombre empezó a reír con estruendosas carcajadas y eso hizo que soltara a Misao. Soujiro sabía que no lo había hecho a propósito: había sido una consecuencia de su explosiva risa, pero no le importó. Tiró con sutileza de Misao para acercarla más a él y poner así más distancia con el hombre.
—¿Tú? —Y continuó riéndose acompañado de sus secuaces—. Eres muy gracioso, chico. —Le dio una palmada en el hombro y añadió—: Está bien. Veo que te preocupas por tu líder; algo que te honra. Así que te dejo que te la lleves —enfatizó él, lo que Soujiro interpretó como un intento de definir quién mandaba allí, pero que, en lo personal, le importaba más bien poco si conseguía su propósito—. Ya le he dicho todo lo que quería decirle.
—Gracias —se despidió cordial Soujiro mientras sujetaba suave pero firme a Misao y la hacía moverse de allí.
Aunque habría estado más que dispuesto a sacarla del templo corriendo, Soujiro mantuvo un paso normal mientras se alejaban. Suponía que Misao habría querido aparentar serenidad ante los que se intuía como rivales de ella. Ese tipo de protocolos solía ser importante entre bandas rivales. Y decía que lo suponía porque Misao estaba aturdida y no parecía darse cuenta de lo que hacían. Tenía la mirada vidriosa y perdida. Se había llevado un gran impacto en la conversación con ese hombre.
Tampoco era para menos. Le había dicho con rencor que pensaba quitarle su organización y encerrarla en algún lugar donde no pudiera salir. A Soujiro le había inquietado aquello. Todo había sonado a una especie de matrimonio de conveniencia, de otra forma, nada habría tenido sentido.
Observó a Misao preocupado. Una mujer pasaba a ser propiedad de un hombre al casarse con él. Y Sasaki había afirmado que iba a ser su dueño, además de hacerse con los Oniwaban-shu, por lo que tenían que estar hablando de matrimonio.
Pero allí había algo raro. Él hablaba como si fuese un hecho y, sin embargo, Misao, como si eso fuese imposible. Uno de los dos estaba equivocado y esperaba que no lo fuese ella.
Cuando vio que la respiración se le empezó a acelerar, Soujiro inspiró profundo para serenarse. El día anterior había experimentado una sensación horrible al creer que Misao era una mujer casada. Debía quitarse esa idea de la cabeza lo antes posible o acabaría tan perturbado como ella.
Pero entonces, Misao reaccionó al fin. Si analizaba todo lo que había ocurrido durante ese día, la vuelta a casa estaba siendo un infierno para ella. Debía estar maldiciendo a todo lo que se encontrase. Había sobrevivido a una constante caza para llegar al lugar donde debería estar a salvo y encontrarse con su familia a punto de mudarse y a un hombre que le quería quitar lo que le quedaba.
—Respira hondo —sugirió Soujiro tras ver que se iba a desmoronar.
Misao estaba helada y temblando, algo a lo que era ajena hasta que su mente se conectó de nuevo con su cuerpo. Sufría los efectos posteriores de un momento de gran tensión.
Ella asintió y revisó a su alrededor para descubrir dónde estaba.
—No nos siguen —informó cuando vio que iba a girase a mirar atrás—. Pronto llegaremos.
La vio intentar controlar su respiración, pero no lo consiguió. Apretaba la mandíbula con fuerza y supo que estaba enfadándose otra vez. Estaba pensando en lo que no debía, suspiró Soujiro en su mente con resignación.
—Tranquila, Misao.
—¡Tranquila… y un cuerno! —gritó sin más—. Voy a matar a esa escoria.
Estaba muy enfadada y entendía que lo estuviera, pero no veía muy viable su plan de acción a menos que lo hiciese a traición. En aquello estaba de acuerdo con el hombre: si era capaz de igualar en habilidad a Aoshi, ella no tenía nada que hacer contra él.
Aceleró el paso en cuanto llegaron a su calle y casi corría al traspasar la puerta del Aoiya. Soujiro creyó que aquello no podía ser bueno para su pierna. Debía descansar más si no quería recaer en su lesión.
—¿Dónde está Aoshi? —preguntó al primero que encontró.
—Creo que está arriba, en su habitación.
Misao salió en su busca y le encontró donde le dijeron, solo que estaba acompañado de Megumi y Asuka.
—¡Aoshi! —gritó según entró—. No puedes perder.
—¿Misao? —se preocupó Megumi al verla—. ¿Te ha pasado algo? ¿Estás bien?
—Me preguntaste si lo había considerado y la respuesta es que no puedo ni verle. Prefiero morirme antes.
—Vale, me llevo a la niña —interrumpió al instante Megumi—. No es algo que ella deba escuchar.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Aoshi a la vez.
—Ese… ese… individuo —espetó al no encontrar una palabra para definirle. Megumi saludó a Soujiro al pasar a su lado y cerró la puerta—, quiere quitarme de en medio. Quiere quedarse con los Oni y me encerrará para ello. Y me torturará… Y hará un infierno de mi vida. Y…
—Estás muy alterada y no piensas con claridad. Estás imaginando cosas.
Ella negó con vehemencia.
—En realidad, sí —la contradijo Soujiro. Misao se giró amenazante—. Lo de torturarte no lo ha dicho —corrigió solícito él—. Pero el resto sí. Y sin contar la mala intención con que se lo dijo.
—¿Mala intención?
—No sabría decirlo de otra manera —concluyó sonriente—. El hombre estaba muy enfadado y se veía que pretendía intimidarla.
Aoshi no reaccionó a sus palabras. Las ignoró y volvió a centrarse en Misao.
—Estás entrando en pánico innecesariamente. Es obvio que Sasaki quiere molestarte y lo está consiguiendo.
—¿Que estoy entrando en pánico innecesariamente? —recriminó furiosa—. Ese hombre dice que quiere encerrarme como a un criminal…
—En realidad…
—¡Cállate! —exhortó enojada a Soujiro, y siguió como si no hubiese sido interrumpida—. Y que quiere destruir mi único legado, ¿y estoy entrando en pánico?
—No lo dijo así.
—¡Soujiro!
—Reconoce que en parte estás exagerando.
—¡No, no lo hago! Porque le conozco y sé lo que quería decir con sus palabras.
—Misao… —empezó a decir Aoshi para cortar la discusión—. No ves las cosas con claridad. Te podrá haber dicho eso, pero si piensas que tu gente va a permitir que te hagan algo como lo que dices, es a ellos a los que no conoces bien.
Aoshi le cogió la mano para reconfortarla. No solía tener ese tipo de gestos cariñosos con ella, pero estaba demasiado alterada.
—Sasaki te ha encontrado en un mal momento. Todo lo que ha pasado hoy te ha superado. La noticia de nuestra marcha y luego esto. Las emociones te nublan el juicio.
Misao siguió negando.
—Le odio… le odio… No puedes perder.
—Misao, ¿crees que perdería a propósito? —Ella negó con la cabeza—. Entonces, sabes que haré mi mayor esfuerzo por evitarlo. Pero tienes que hacerte a la idea…
—No… —rechazó categórica.
—Por mucho que te disguste, Sasaki se ha convertido en uno de los hombres más fuertes que he conocido. Apenas pude ganarle el año pasado.
—Y éste seguirá siendo así.
Aoshi suspiró.
—Entrena cómo vencer mis técnicas. Y cada año su nivel es mucho mayor. Si persiste, acabará por ganarme. Si no es este año, será el que viene.
—Me negaré… aunque pierdas —agregó con convicción—. No dejaré que ese hombre se me acerque ni a mí, ni a mi gente.
Aoshi estuvo largos segundos en silencio; unos segundos que se hicieron notar en la estancia entre los presentes.
—Si tomas esa decisión, ahí no te podré ayudar.
—¿Sobre qué?
—Un líder que rompe su palabra es un líder sin honor.
Misao se quedó blanca, incapaz de decir nada más. Soujiro la observó preocupado al ver su reacción. Pero antes de que pudiera interferir, salió de la habitación como si el diablo pisara sus talones.
Aquella conversación le había dado una información más amplia de la situación y por eso empezaba a hacerse una idea de todo. Al parecer, alguien podría casarse con Misao si vencía a Aoshi. Y ese hombre que se habían encontrado en el templo debía haber sido insistente.
Un sentimiento extraño le invadió mientras permanecía en la estancia solo con Aoshi. Misao se había largado de allí después de verse en cierta forma acorralada. Se sentía inquieto y, en parte, se lamentaba de no haberse marchado de Kioto el día anterior. Habría preferido no enterarse de todo aquello.
Misao era la primera persona por la que había sentido algo después de todos sus años anestesiados. No era sólo cariño; sabía que era muy diferente a eso. Y ahora se enteraba de que esa persona estaba en venta al mejor postor. Cierto que la puja era alta —cualquiera no podía vencer a Aoshi—, pero estaba en venta.
Los matrimonios concertados no eran inusuales, pero no se lo esperaba de alguien tan independiente como Misao. ¿Quizás fuese eso lo que tan inquieto le tenía? Otro detalle en el que no había pensado al conocerla, igual que su hipotético matrimonio con Aoshi.
—Estoy empezando a creer que habría sido mejor no llegar —comentó preocupado Soujiro. Aoshi miró en su dirección con una expresión extraña de resignación.
—Eso no habría solucionado nada —contestó él—. La contienda se habría celebrado igual y solo habríais llegado con todo ya preparado.
—¿No crees poder ganarle? —Aunque sonó a pregunta, casi fue una afirmación.
—Misao no se quiere dar cuenta, pero tengo muchas peleas a mis espaldas. —Aoshi giró su cabeza para observar por la ventana al tiempo que se tocaba el hombro izquierdo—. Desde hace un par de años, Megumi tiene que hacerme masajes en el hombro. No puedo pelear como cuando era más joven sin resentirme y, por tanto, tampoco puedo entrenar de forma habitual. No al menos para superar a un hombre siete años menor que yo y que sí entrena duro a diario para vencerme.
«¿Siete años?», pensó asombrado Soujiro. O Aoshi tenía más años de los que creía, o ese hombre no se conservaba muy bien.
—Si te soy sincero, no esperaba este desarrollo. Y Misao tampoco. —Su tono al decirlo era apagado.
Soujiro estaba un poco sorprendido por la actitud de Aoshi. Cuando le conoció, era un hombre mucho más reservado e inexpresivo. Pero era evidente que el tiempo y su familia habían obrado su pequeño milagro en él. No encontraba otra explicación a las distintas actitudes que había visto en ese escaso tiempo.
—Incluso sin un entrenamiento diario, no es fácil vencerme. Por eso era improbable que alguien lo consiguiera. Pero no habíamos contado con la perseverancia de Sasaki.
—Alguien que se ha pasado los últimos años entrenando para vencerle —terminó por él Soujiro.
Aoshi asintió y se quedó pensativo mientras seguía observando por la ventana.
—Misao se niega a ver la realidad, pero no le va a quedar más opción que elegir entre ella o los Oniwaban-shu.
— * —
Fin del Capítulo 21
8 Febrero 2018
