CAPÍTULO 25: El acuerdo
Comentarios a los reviews:
ddaisyaguilar52: Sí, ya era hora de que aceptara. Que ha tenido a Misao viviendo en un sinvivir XD
SlayArmisa: Me alegra que te estén gustando los capítulos. Entiendo que os tengan en vilo porque estamos en un momento de "qué va a pasar con ellossss?!". Todo muy tenso XD. Y me alegra que os tengan tan metidas que estéis hasta montándoos vuestras películas sobre cómo va a seguir. Mola! XD. Sobre lo que piensa Soujiro, aún no se ha llegado a saber por qué tenía esa idea tan superficial sobre el amor, pero sí se sabe cuál es su reticencia. Lo ha explicado en el capítulo anterior. Él considera que te puedes separar de esa persona fácilmente (por eso siempre dice que pretendía largarse después), pero está viviendo en sus carnes que no es tan sencillo como pensaba. Así que teme las consecuencias para él si sigue transcurriendo tiempo al lado de ella, muajaja ^o^
Gracias por vuestros reviews :-D. Os dejo ya continuar con el siguiente capítulo, que seguro que hay ganas ^o^. Espero que os guste XD.
CAPÍTULO 25: El acuerdo
Primero abrió mucho los ojos, después se llevó las manos a la boca y, finalmente, se puso a llorar. Soujiro no supo cómo reaccionar, sobre todo, porque se suponía que había accedido a su petición, pero ella se había echado a llorar.
—Gracias —dijo mientras se abrazaba a él—. Gracias, gracias…
—Entonces, ¿por qué lloras? —preguntó, sin saber muy bien qué hacer con sus manos.
—¡Porque estoy feliz! —contestó a su pecho.
¿Llorar de felicidad? Eso nunca le había pasado a él. Tampoco se podía decir que hubiera vivido muchos momentos felices como para que le ocurriera.
Y de pronto, a Misao empezó a sentirla como un peso muerto.
—Se me están doblando las piernas, tengo que sentarme —le avisó titubeante ella a la vez que se iba al suelo para continuar igual que como estaba de pie.
Soujiro se sentó con ella a la espera de que se le pasara. Ni siquiera podía hablarle. Era como si le hubiera dado un ataque y no pudiera detenerse. Algo como lo que había sucedido el día anterior, pero esta vez, decía estar feliz.
Poco a poco su respiración se fue normalizando y fue entonces cuando por fin habló.
—Tenemos que buscar a Aoshi para informarle.
—Podemos esperar a que te encuentres mejor.
—¿Estás de broma? —ironizó ella—. Con lo que me ha costado convencerte, si fuese por mí, te haría pelear con Aoshi ahora mismo y firmar una licencia matrimonial al minuto siguiente. No vaya a ser que te eches para atrás.
—No me apetece mucho pelearme ahora mismo después de haber estado todo el día recorriendo Kioto, la verdad —replicó él con aire cansado—. Y las licencias no se sacan al momento; menos a estas horas. Así que veo un poco complicado cómo llevar a cabo lo que propones.
—Ya sé que no se puede —se rio ella por su exposición de los hechos—. Por eso quiero ir donde Aoshi y que haya un montón de testigos para que no te retractes.
—He dicho que te ayudaré. No te preocupes.
—Gracias —repitió. Sentía que se podría pasar el resto de su vida diciéndoselo y no sería suficiente.
Misao se levantó y Soujiro lo hizo a su vez. Misao le enganchó del brazo y lo arrastró camino al despacho de Aoshi, que era donde solía encontrarse por las tardes para revisar la contabilidad.
Soujiro sintió que esa escena apaciguaba en parte su pecho. Desde que llegaron, todo había sido muy tenso con Misao. Para empezar, había tenido un momento revelador cuando llegaron, con la cantidad de emociones nuevas que le habían asaltado de pronto. Y seguido a eso, se había encontrado con los problemas de Misao que tan angustiada la tenían. Por si no fuese suficiente, su relación se había resentido con la conversación del día anterior. Ella le estaba evitando, con toda probabilidad, por vergüenza de lo que había ocurrido en el jardín. Y como muestra, lo sucedido cuando regresó. Soujiro sabía que le había oído llegar al Aoiya cuando entró en la zona del restaurante, pero ella no le saludó y por eso lo había dejado estar.
De hecho, esa actitud era en gran medida la causante de la sorpresa que se había llevado cuando entró sin siquiera llamar en su habitación. Había pasado de no hablarle, a entrar como un vendaval y soltarle otra propuesta de matrimonio.
¿Por qué las personas eran tan extrañas?
Misao llamó a una puerta que Soujiro desconocía. No había estado por esa parte de la casa.
—¿Aoshi? ¿Puedo pasar? —preguntó ella. Nada más recibir la confirmación, abrió la puerta, volvió a tirar de él y dijo tan rápido que más bien pareció una única palabra—: Se presta a una contienda.
Se hizo un silencio incómodo en la habitación.
—Creo que el señor Shinomori necesitaría una explicación más amplia, Misao —comentó Soujiro con cierto nerviosismo.
—Quería decirlo cuanto antes. Ya no te puedes retractar —alegó feliz riendo.
Y eso le animó. Lo hizo más que cualquier otra cosa en esos dos días. ¿Qué clase de poder era aquél? Había tenido un nudo en el pecho cada vez que la veía desesperada y, ahora, en cambio, todo lo contrario por verla sonreír así.
—¿De qué estáis hablando? —inquirió Aoshi desde detrás de su escritorio.
Soujiro no podía asegurar qué le parecía todo aquello a Aoshi. No se movió —ni siquiera un ápice— mientras Misao le explicaba los pormenores de su plan. Estaba tan emocionada que llegó a descolocar a Soujiro.
Casi había permitido que destruyeran eso. Lo que más quería de Misao: esa forma de ser tan radiante. Había desaparecido durante esos dos días y él ni siquiera se había preocupado. Sólo se había obsesionado consigo mismo y lo que sucedería si permanecía más tiempo con ella. Pero eso era lo que se habría perdido el mundo si se hubiese ido sin mirar atrás: a una Misao radiante.
Misao le cogió del brazo y le sonrió feliz. El pecho de Soujiro dio un vuelco, algo por completo opuesto al nudo que había acarreado esos días cuando hablaba con ella. Entonces, Misao miró a Aoshi y preguntó:
—¿Qué te parece la idea?
Soujiro se enfocó en Aoshi y, ahora sí, los miraba con bastante asombro. Le llevó casi un minuto completo responder; minuto durante el cual Misao fue perdiendo la sonrisa por la espera.
—¿Estáis seguros?
—Sí, por supuesto —contestó al instante Misao mientras se acercaba al escritorio—. Por favor, Aoshi, tienes que perder. Si es necesario, déjate ganar.
Aoshi la escrutó en un principio sorprendido, pero luego sonrió y, poco después, empezó a reír por lo bajo. Misao se tensó y se separó de la mesa, confundida por su reacción.
—Jamás pensé que te oiría decir eso. —Aoshi apoyó los codos en el escritorio y se dirigió a Soujiro—: ¿Has seguido entrenando?
—Sí, señor Shinomori —contestó solícito.
—¿Y crees que eres mejor o peor que cuando te conocí?
—Creo que he mejorado, señor.
—Entonces, Misao, el que necesitará ayuda para ganar seré yo.
—No digas eso —le recriminó ella por su falta de confianza en sus capacidades—. Eres un gran luchador.
—Lo soy, pero no puedo compararme a cómo era hace unos años. Tengo varias lesiones que no me dejan serlo —explicó él.
—Aun así…
—Aun así, nada. Si no fuese por eso, no estarías en el problema en el que estás —enfatizó para concluir la discusión con Misao. Y lo hizo, porque no le replicó. Después inspiró fuerte y añadió—: Si decides que quieres hacer esto, te apoyaré. Pero habría que hacerlo rápido y, a la vez, tener mucho cuidado con los detalles.
—Cuanto antes mejor —aseveró ella mientras se sentaba en una silla—. No creo que sea capaz de dormir hasta que esto esté hecho, pensando que Soujiro se escape por la ventana.
Soujiro arrastró otra silla hasta el escritorio y se sentó con un resoplido cansado.
—Ya te he dicho que no me voy a ir.
Aoshi cogió una hoja y empezó a escribir con la pluma.
—Lo más inmediato es la contienda; el papeleo puede hacerse después. Hay que establecer un día…
—Mañana a primera hora estaría bien —interrumpió Misao con impaciencia.
—Sé que este tema te afecta mucho y quieres quitártelo cuanto antes. Pero hay que hacerlo bien. Déjame exponerte mi idea. —Misao se acomodó en la silla y miró con atención la hoja en la que escribía Aoshi—. Celebraremos la contienda en tres o cuatro días.
—¿Por qué tanto?
—¿Y por qué menos? —contrarrestó Soujiro. Misao le fulminó con la mirada—. ¿Qué más da mientras sea antes de la establecida para Sasaki?
—Creo que lo he comentado ya antes: ¡porque podrías marcharte! —exclamó ella más alto de lo que debiera.
—Soujiro, es una batalla perdida cuando se pone impaciente —le dijo Aoshi con total seriedad—. Ignórala.
—¡Ey! —protestó indignada. Pero según iba viendo a Aoshi escribir, se fue quedando más tranquila.
—Necesito saber qué escenario te viene mejor para combatir. ¿Prefieres un recinto abierto o cerrado?
—Donde soláis hacerlo estará bien. No es algo que me preocupe.
—A mí tampoco, pero hacemos esto para facilitártelo —respondió Aoshi. Introdujo la pluma en el tintero y la escurrió con cuidado.
—Un recinto cerrado me aporta más lugares de apoyo para atacar desde distintas direcciones.
Aoshi asintió, le vio leer las últimas líneas escritas y siguió escribiendo.
—Mañana mismo solicitaré que dejen libre nuestro dojo* de entrenamiento para el lunes o el martes. En función de cuándo lo podamos tener disponible, mandaremos invitaciones con la fecha para la contienda, incluido a los Sasaki.
—¿Invitaciones? —cuestionó Misao. Nunca lo hacían así. Normalmente, los únicos que estaban presentes eran un par de familiares y un hombre de confianza de cada organización.
Aoshi dejó de escribir para centrarse en Misao.
—Necesitaremos testigos de la pelea. Si la familia Sasaki se enterase de repente que unos días antes ha habido otro hombre que ha ganado el derecho a casarse contigo —explicó apuntando con la pluma a Soujiro—, podrían generarse problemas indeseados. Necesitamos que haya gente que pueda asegurar que no se ha amañado la contienda, y nada mejor que incluir a los propios interesados y puedan verlo con sus ojos.
—Ya entiendo —asintió Misao, con lo que se recostó contra el respaldo.
—Necesitamos también solicitar una licencia matrimonial. Quizás esta parte sea la que más se pueda retrasar, en función del papeleo y la búsqueda de un sacerdote. —Volvió a leer la hoja y escribió dos líneas más en silencio—. Y puesto que el matrimonio será temporal, debemos hacer una separación de bienes.
Soujiro observó confuso a Aoshi y luego a Misao.
—No necesito ninguna dote —dijo por fin.
—Y tampoco la hay —informó Aoshi, lo que dejó más desconcertado aún a Soujiro—. Sólo quiero proteger a Misao. Además, el hecho de tener por escrito los términos simplifica el proceso de separación.
—Entiendo —asintió Soujiro.
A pesar de que, de inicio, su separación no sería conflictiva, comprendía que Aoshi quisiera evitar las consecuencias para Misao en caso de que las cosas cambiaran.
—En realidad —continuó Aoshi—, la mayor parte de los bienes de Misao están ligados al Oniwaban-shu. Lo único realmente suyo es el Aoiya, que le quedó en herencia. Y debe seguir siendo de ella —aseveró él.
—Claro —estuvo de acuerdo Soujiro—. Lo mío puede llevar algo más de tiempo —agregó incómodo llevándose una mano a la cabeza—. Hay un abogado en Yokohama que lleva mis asuntos cuando necesito asesoramiento legal. Mañana le enviaré un telegrama, pero podría tardar unos días en tener todo.
Aoshi miró a Misao sin entender si Soujiro hablaba en serio o no. Ella se puso una mano al lado de su boca para que Soujiro no la viera gesticular «herencia» y «Shishio».
—No es un secreto, Misao —le dijo Soujiro con tono divertido—. Te lo oculté a ti porque me resultaba gracioso que pensaras que era un vagabundo. El señor Shishio me dejó en herencia su fortuna —le explicó, lo que arrojó luz sobre sus anteriores palabras.
—Eso sí que es una sorpresa —repuso Aoshi, el cual tenía la misma idea equivocada que Misao y pensaba que Soujiro se encontraba en una situación similar a la de Himura cuando lo conoció—. Una vez tengamos redactado el contrato prematrimonial, se podrá celebrar la boda.
Miró a ambos esperando alguna reacción por su parte, pero ninguno añadió nada. Misao estaba más que contenta con la idea y Aoshi sabía que, en esos momentos, aceptaría cualquier cosa. Pero Soujiro tampoco parecía preocupado. Giró la hoja hacia Soujiro y le acercó la pluma y el tintero.
—Creo que ésta es la forma más correcta de proceder, pero si veis algún inconveniente, estamos a tiempo de cambiarlo.
Soujiro se aproximó al escritorio y acercó la hoja hasta él. Lo que en un principio creía que era la descripción de lo que iban a hacer, resultó ser una declaración de contienda.
—Estoy muy sorprendido —comentó Soujiro a la vez que cogía el papel para leer desde el inicio la misiva—. Reconozco que a mí me costaría idear un plan mientras escribo otra cosa.
—Por supuesto. Es Aoshi —alegó Misao como si eso explicara todo.
—¿Estás de acuerdo? —preguntó Aoshi. Soujiro terminó de leer la hoja y asintió con la cabeza—. Entonces, fírmalo.
— * —
Cuando Aoshi llegó a su habitación, Megumi estaba frotándose las manos con una pomada. Era algo habitual cuando se quedaba muchas horas en el hospital. Eso solía implicar tener que realizar más curas y los productos que utilizaba para ello conseguían resecarle las manos.
—Qué bien que ya estés aquí —lo saludó Megumi en cuanto le vio—. Quería esperarte para darte un masaje en el hombro. Aunque lo mejor sería dártelo antes y después de la pelea, no voy a estar, y he pensado que sería mejor empezar estos días. Debes presentarte en las mejores condiciones posibles.
Aoshi se sentó en el futón matrimonial junto a Megumi, la cual le esperaba allí vestida sólo con una yukata* para dormir.
—Puede que al final sí puedas estar aquí antes y después de una contienda.
—¿Qué? ¿Qué ha pasado? ¿Lo ha adelantado? —preguntó enojada—. ¡No puede!
—No, no es eso. —Aoshi cogió su mano y posó un beso cariñoso en ella. Jamás pensó, cuando quiso retribuirle por su periodo con Kanryu ayudándola a buscar a su familia en Aizu, que acabarían así. Megumi era un gran faro en su vida. No sabía qué haría si lo perdiese—. No lo sabe nadie aún, pero mañana va a haber mucho movimiento por aquí.
—Me estás preocupando. ¿Qué ha pasado?
—Soujiro ha presentado una declaración de contienda por Misao.
Vio cómo a Megumi se le cambiaba la cara en cuanto asimiló esas palabras. Se le había abierto la boca de la impresión y tenía los ojos grandes como platos.
—¿Que Soujiro qué? —cuestionó atónita.
—Es algo que ha planeado Misao. Le ha propuesto un matrimonio temporal, de modo que él pueda marcharse cuando quiera, después de haber pasado un tiempo aquí haciendo el papel de marido.
—¿Me tomas el pelo?
—¿Te parece que pueda bromear con esto?
—No, pero es que…
—Lo sé. —Porque él había estado tan perplejo como ella cuando se lo contaron—. Hemos estado concretando los detalles y la idea es realizarlo a principios de semana. Por eso seguramente aún estés cuando se celebre.
—¿Por qué vais a esperar?
—Porque necesitamos avisar a algunos testigos. Soujiro va a conseguir lo que Sasaki quiere desde hace años. No estará muy contento, así que tiene que haber gente que pueda corroborar lo ocurrido.
—¿Soujiro podrá ganarte?
Aoshi respiró fuerte, con resignación.
—Me duele reconocerlo, pero era mejor que yo incluso en mis buenos años. —Megumi le puso la mano en el hombro para reconfortarlo—. Himura nos contó que fue capaz de ganarle hace siete años porque Soujiro se desmoronó de pronto en el combate. Él mismo no estaba seguro de que lo hubiera conseguido si no llega a suceder. —Dicho esto, Aoshi esbozó una pequeña sonrisa—. Lo bueno es que no vamos a tener que preocuparnos de que la victoria sea creíble o no.
—Vaya… —murmuró al fin Megumi, tras un corto silencio—. ¿Quién lo iba a decir? Las vueltas que da la vida…
—¿Lo dices por experiencia propia? —replicó con un deje de humor Aoshi.
—Es que es muy sorprendente. Es como si le hubiera caído del cielo a Misao. Aparece en un momento de gran peligro para ella y no sólo la salva y la devuelve a su casa, sino que ahora la ayudará con esto. —La mujer romántica y soñadora que había en ella salió a flote—. Es como si el destino les estuviera diciendo algo, ¿no crees?
—No —respondió tajante Aoshi, lo que hizo resoplar a Megumi—. Sabes que no creo en esas cosas.
—En fin —suspiró ella, dejando de lado el poco romanticismo de su marido—. En todo caso, yo me alegro de que sus caminos se hayan cruzado si eso es para ayudar a Misao. Me imagino que estaría muy contenta.
Aoshi la miró divertido.
—¿Contenta? Eso no describe cómo estaba —corrigió él. Misao parecía la mujer más feliz de la Tierra mientras le contaba su acuerdo—. Pletórica sería la palabra más justa.
Megumi se rio; realmente lo hizo. Creía que jamás podría hacerlo cuando hablara de ella. Cada vez que se ponía en su piel, sentía que se moría un poco. No podía concebir lo horroroso que había tenido que ser todo aquello para Misao, cuando ella podía comparar lo feliz que podía ser una mujer cuando estaba con el hombre que amaba.
Cuando Aoshi ganó el año anterior, todos sabían cómo había sido. El propio Aoshi le había confirmado por la noche que el asunto de las contiendas no se prolongaría mucho más. Sólo estaban postergando lo inevitable, porque pronto Misao sería liberada de su trampa dorada y se encontraría con la cruda realidad.
Sólo había hablado con ella de ese tema una vez después de la contienda y Megumi supo que se autoengañaba. Pero posiblemente ésa era su forma de evitar angustiarse por un futuro que aún faltaba tiempo por llegar. Era un mecanismo de defensa de su mente y Megumi lo dejó estar.
Sin embargo, ahora aparecía una salida. Estaba muy feliz por Misao.
—Me alegro mucho —dijo con sinceridad—. Me alegro muchísimo por Misao. Me están dando ganas de ir a festejarlo con ella.
—Esperemos primero a que todo se haga y lo celebráis después. Como decía, estos días van a ser movidos —la aplacó Aoshi en un intento por meter un poco de cordura a su esposa.
—¿Y Soujiro? —preguntó de pronto cuando se acordó del otro implicado—. ¿Estaba conforme o Misao le había coaccionado al extremo? —Por desgracia, para Megumi era una posibilidad plausible—. Madre mía, no quiero ni saber lo persistente que ha tenido que ser Misao para conseguir que aceptase algo así.
Aoshi se quedó por unos instantes callado y luego miró a Megumi con una mirada extraña.
—¿Y si te digo que lo que más me ha sorprendido de todo ha sido él?
—¿Soujiro? —Teniendo en cuenta que Megumi podía hacerse una idea del torbellino que debía haber sido Misao con toda esa historia, no podía imaginar que el tranquilo Soujiro fuese lo más sorprendente—. ¿Por qué?
—No dijo nada. Misao entró, se puso a soltar su descabellado plan y él no dijo nada. Sólo la observaba… Y tenías que haber visto cómo lo hacía.
Megumi lo miró confundida.
—¿Cómo?
Aoshi titubeó al decirlo. En realidad, le costaba ponerlo en palabras de lo extraño que le había parecido. Pero finalmente lo soltó:
—Como si no hubiera nada más en esa habitación que ella.
Ahora fue Megumi la que tardó en romper el silencio, asombrada de lo que le decía.
—¿Lo dices en serio?
Aoshi asintió.
—Fue todo muy extraño. Se comportaba como si fuese un reflejo de ella: si sonreía, él también lo hacía. Y cuando Misao le agarró al final… —Aoshi se detuvo. Esa escena había sido muy desconcertante, porque incluso habría asegurado que Soujiro estaba feliz.
—Espera… ¿Estás diciendo que Soujiro podría sentir algo por ella? —Todo su lado romántico volvió a surgir en un instante.
—No, eso es imposible —respondió de inmediato—. Estamos hablando de Soujiro. Cuando le conocí, era como una piedra.
—¿Y lo dices tú? —inquirió sarcástica Megumi.
—Es distinto. —Megumi alzó una ceja en un gesto de completa disconformidad—. No sé a otras personas, pero hablar con Soujiro me ponía los pelos de punta. Se dirigía a ti con esa sonrisa artificial y con ese tono agradable capaz de engañar a cualquiera. Pero en todo momento pensaba que, si le daba la espalda, acabaría con una espada clavada en ella. Soujiro era alguien muy peligroso y esa forma de actuar era escalofriante.
—Tú también eras escalofriante en el pasado —contratacó ella—, cuando te ponías a hablar con esa voz tan fría y sin emoción. Sin contar con esa cara tan impasible que no decía nada. A mí también me ponías los pelos de punta. —Megumi volvió a poner sus manos en sus hombros para que centrase su atención en ella—. La gente cambia y eso no sólo va por ti.
—Ya, pero…
—No me importa lo que sucedió en el pasado —le interrumpió Megumi—. Sabe Dios que nunca podré cuestionar a nadie por lo que hizo en él. Por eso, para mí, sólo hay una pregunta importante: ¿sientes eso ahora con él? —Como se hizo el silencio en la habitación, Megumi añadió con humor—: Porque sería importante que lo aclararas antes de volver a dejar a nuestra hija a su cuidado.
Aoshi se quedó paralizado por unos instantes, pero después rio por lo bajo y atrajo a Megumi a su pecho para abrazarla.
—Eres una mujer muy lista, Megumi Shinomori.
—Por supuesto —se jactó ella abrazándose más a él.
Notas del fic:
*Dojo: Lugar destinado a entrenamientos.
*Yukata: Prenda similar al kimono pero de algodón. Es más liviano.
— * —
Fin del Capítulo 25
22 Febrero 2018
Notas finales:
Bueno, entro en la segunda parte de la explicación de los divorcios japoneses para ubicaros. Por lo que he leído investigando esto, lo de poder divorciarse dejando una notificación y ya está se da en los casos en los que el divorcio no acarrea conflictos. El hombre devuelve la dote y las tierras que pertenecían a la mujer y se puede largar con lo suyo. Para eso tiene que estar determinado qué es lo de ella y de ahí que Aoshi quiera hacer el documento, a fin de cuentas, como en el matrimonio de antaño todo era propiedad del hombre (incluidos la mujer y los hijos), en la separación se podría generar el caso de que el hombre litigie por algo que de inicio fuese de la mujer pero no hubiera constancia.
Dicho esto, suspiro cada vez que leo la escena de Aoshi y Megumi *o* Me encantaaaaaa. Qué mal está que una misma se regocije en escenas que ha escrito, pero es que me encanta. Suspiro *o* Qué pena me da que salgan tan poco T_T
¡Saludos!
