CAPÍTULO 26: Inconformidades
Comentarios a los reviews:
Estefi: Un rato de distracción entre tanto estudio no viene mal ;-D. Espero que tus exámenes vayan bien. ¡Mucha suerte!
ddaisyaguilar52: Lo de que Misao se enamore poco a poco... a estas alturas ya es complicado. Hablamos de una mujer a la que le deprimió pensar que Soujiro se marcharía de Kioto, que ha reconocido que no le disgusta para nada la idea de casarse con él y que le sentó como un tiro en la pierna que la rechazara de plano. A mí me parece que lo de «sólo amigos» se quedó atrás hace unos cuantos capítulos ^o^.
SlayArmisa: Jajaja... creo que todas podemos hacernos una idea del estado de Misao con lo explosiva que es XD. Hasta Aoshi le aconsejó a Soujiro que la ignorara, así que hazte una idea XD. Sobre Soujiro, ya os comenté que era el que más iba a evolucionar en esto, a fin de cuentas, empieza de 0 y se encuentra con todas las consecuencias (buenas y malas) que esto conlleva. En cuanto a la reacción de Sasaki... sólo seguid leyendo ^o^. No pienso spoilearos nada, que luego no lo disfrutáis igual ^_^º.
Kaoruca: Misao siempre se ha mostrado como un personaje muy seguro de sí mismo. Por eso es muy significativo que la hagan dudar las palabras de Soujiro. Ella misma sabe del valor de las palabras, así que si tanto la han afectado, por algo será ^o^ Y en cuanto a Soujiro, como os dije al principio, su comportamiento iba a ser errático porque el pobre no sabe bien por dónde le vienen los golpes con esto. Pero veréis que poco a poco irá centrándose. De hecho, ya ha empezado, pues ahora mismo está anteponiendo a Misao por encima de él. Es algo que no le queda más remedio que ir aprendiendo pues, como todos sabemos, estamos conectados a las emociones de las personas que queremos. Pero para él, es la primera vez, y por eso le impactará este tema bastante.
De la petición de Misao a Aoshi, a mí también me hizo gracia cuando apareció esa escena en mi cabeza; era una escena surrealista viniendo de Misao, pero es que las circunstancias son tan extremas, que en realidad no podía hacer otra cosa XD . Y ya por último, sobre Megumi, es que siempre he tenido la percepción de que es un personaje romántico. En «Recuedos olvidados» ya lo dejé también patente. Es una mujer que se enamoró y luego sufrió un rechazo, con lo duro que es eso. Y hasta tuvo que tomar la decisión de hacerse a un lado. Vamos, que no es precisamente una inconsciente. Así que definitivamente, creo que es una mujer que se alegraría viendo que sus allegados son felices con las personas amadas *o*
En fin... Gracias por vuestros reviews :-D. Os dejo con el siguiente capítulo que, aunque cortito, estoy segura de que os va a gustar ^o^.
CAPÍTULO 26: Inconformidades
Tal y como Aoshi predijo, al día siguiente se formó bastante revuelo. Podrían disponer del dojo de entrenamiento el lunes y habían invitado a varios capitanes y a los líderes de otra banda de Kioto con la que solían tener contacto comercial para estar presentes allí.
Para cuando llegó la tarde, varios capitanes habían aparecido por allí para enterarse de la nueva situación. Por supuesto, el hecho de que el matrimonio sólo fuese temporal fue algo que se mantuvo oculto. Pero ellos sabían que ese hombre era el que había traído de vuelta a Misao a Kioto y no les costó mucho usar la tapadera de que se habían enamorado por el camino.
—Siento haberte recluido hoy en el Aoiya, pero no deberías salir de aquí —le dijo Misao a Soujiro preocupada—. O al menos, no sin tu espada de madera falsa.
—¿Crees que alguien va a atacarme por la calle? ¿Con todo el mundo alrededor?
—No, esperarán a que estés en algún sitio solo.
Soujiro suspiró por los temores de Misao. Al parecer, pensaba que alguien —o más concretamente, alguien de la familia Sasaki— querría eliminarle por convertirse en un obstáculo.
—Aunque no sea infalible, tampoco es fácil cogerme desprevenido —intentó tranquilizarla.
—Como bien dices, no es fácil, pero se puede. Fíjate lo que sucedió la semana pasada. ¡Casi te matan!
—Había un ninja arquero y era la primera vez que me tenía que preocupar por alguien más que yo —se defendió él, algo molesto porque le sacara a relucir aquel fallo—. No estaba pendiente de que estuviera cerca, sino más bien de que nos flechara desde lejos. Podría habernos matado estando a cincuenta metros de nosotros y estábamos rodeados por un arbolado que podía esconderle en cualquier sitio. Así que, como entenderás, mi atención estaba puesta en muchos lugares.
—Pero no encima de nosotros —hurgó en la llaga Misao, a pesar de que era muy consciente de que Soujiro se había alterado por estar preocupado por ella.
—No había forma de sentirle ni de oírle… Y eso que tengo muy buen oído —expuso él—. Pero vuestro gremio es muy silencioso, por lo que sólo alguien como él podría detectarle —terminó por alegar soltando un fuerte suspiro.
—Lo sé —dijo Misao muy pagada de sí misma.
—Sin embargo, pude apreciar que Sasaki no es ninja.
—Cierto —corroboró ella.
—Por lo tanto, le va a ser muy difícil cogerme desprevenido. Además, se supone que voy a vencer al señor Shinomori, mientras que ese hombre, hasta ahora, no lo ha conseguido. ¿No debería ser capaz de salir sin problemas de un combate contra él?
—Si lo sé… Pero entiende que no quiero que te pase nada —argumentó ella—. ¿Qué pasaría si te lesionaran y no pudieras combatir?
—Que entonces le lesionaría yo para que él tampoco pudiera hacerlo.
Misao se echó a reír por su sinceridad. En realidad, estaba intranquila porque temía que pasara algún contratiempo. Iban tan a contrarreloj que cualquier cosa podría tirar sus planes abajo. Lo único que en esos momentos la conseguía serenar era ver a Soujiro tan confiado. Suspiró.
—Echaba de menos esto. Eres tan gracioso…
—No estaba intentando serlo —repuso desconcertado.
—Lo sé, y por eso me lo parece —explicó volviendo a reír.
Soujiro sonrió. A veces pensaba que Misao era más extraña que él. No creía que alguien más le percibiera de la manera en la que lo hacía ella. Y eso le gustaba, porque no tenía que comedirse tanto con lo que le decía. Era fácil tratar a la gente cuando tenía sus emociones reprimidas. No tenía que preocuparse de lo que decía sin intención. Sólo de lo que decía esperando una reacción concreta: miedo, angustia, recelo… Eso se le había dado bien causarlo; sabía cómo hacerlo.
Pero entonces sus emociones volvieron y ya no sólo se empezó a preocupar de lo que hacía con intención, sino de lo que hacía sin proponérselo y que condicionaba a otros. Y encima, se había encontrado con el gran problema de que otros podían afectarle a él. Algo que no le había pasado desde que era un niño. Se había visto, de pronto, teniéndose que contener en un mundo de emociones que no conocía.
Se oyeron algunos gritos en la casa y eso trajo de vuelta a Soujiro.
—¡Sé qué está aquí!
—No puede ser… —murmuró Misao. Se levantó y se puso en guardia vigilando la entrada del pasillo en el que estaban sentados. Soujiro también se puso de pie con el alboroto.
El hombre que había visto en el templo entraba encolerizado hasta donde estaban, seguido de dos chicas del servicio del restaurante que no sabían muy bien cómo proceder.
—Pues no ha hecho falta salir a la calle… —murmuró Soujiro para sí mismo.
—¡Sabía que te encontraría aquí! —Levantó una carta ante su cara y gritó—: ¡¿Qué es esto?!
—Creo que está claro —dijo ella envalentonada—. Es una invitación para que puedas ser testigo en la contienda del lunes.
—¿Acaso intentas jugármela? —espetó el hombre furioso a la vez que agarraba del brazo a Misao.
—Hasta donde tengo entendido, las reglas de las contiendas no son sólo para usted —contestó Soujiro por Misao, la cual forcejeaba para escapar de su agarre. Ese hombre no tenía respeto por nada: dos veces que le había visto, dos veces que intentaba intimidar a una mujer por la fuerza—. Y por favor, suelte a Misao.
Sasaki desvió su atención de Misao a él, al cual parecía ni siquiera haber visto, pero no soltó su brazo. Aoshi llegó en ese momento, alertado por el bullicio.
—¿Qué pasa aquí?
—Nada —respondió Soujiro sin quitar su atención de Sasaki—. Sólo le explicaba que Misao no está disponible para él en exclusiva.
—¿Eres tú el que se va a batir? —preguntó incrédulo—. ¿El chico de los recados?
—Como le dije el otro día, no soy un chico —dijo con una sonrisa que a Misao le dio escalofríos. Sasaki había enfadado a Soujiro—. Y no se lo voy a volver a repetir: suelte a Misao —le amenazó.
—¿Acaso os creéis que soy idiota? —le acusó a Aoshi.
Con su nuevo objetivo en mente, se desprendió de Misao de un empujón para encararse a Aoshi y Soujiro la cogió en el acto cuando perdió el equilibrio. Sasaki estuvo a punto de cogerle de la ropa, pero Aoshi le hizo contenerse tras lanzarle una mirada espeluznante.
—Si pretendéis hacerme creer que ese chico va a ganarte, lo lleváis claro —le advirtió furioso—. No permitiré que me quitéis lo que quiero.
—Por eso se te ha invitado para que estés presente ante lo que sea que ocurra —repuso Aoshi con un tono amenazador. Sasaki se tensó, pero no se amilanó.
—Así que confirmas que me la vais a jugar.
—No voy a dejarme ganar, si es lo que piensas. —Porque en realidad, sí se la iban a jugar, pero no por lo que el hombre pensaba—. De hecho, me agradaría más que se peleara contigo que conmigo. Por desgracia, las reglas son para todos y él quiere a Misao. Tiene derecho a pelear por ella.
Sasaki se rio con desgana mientras se volvía para mirar a Misao. Le echó una mirada escrutadora de arriba abajo y resopló.
—Querer a la chica... —espetó—. No vale nada sin los Oniwaban-shu.
Soujiro sintió que Misao se tensaba en sus brazos y un brillo asesino apareció en los ojos de Aoshi.
—Pues es curioso que yo piense justo lo contario —dijo Soujiro, el cual evitó, sin darse cuenta, una posible confrontación al hacer que todas las miradas se dirigieran a él—. Porque creo que los Oniwaban-shu no valen mucho sin Misao.
A Misao se le abrió la boca a la vez que se le disparaba el corazón. Se había sentido ultrajada de que Sasaki la hubiera menospreciado de esa manera. Pero entonces, Soujiro había replicado justo lo contrario y había notado su voz sincera, no un contrataque a lo dicho por Sasaki.
—Menuda estupidez —masculló el hombre volviéndose hacia Aoshi—. Por supuesto que estaré el lunes… He entrenado mucho por esto; no permitiré que me lo quitéis.
El hombre se marchó con paso acelerado, ignorado por completo por Misao, la cual seguía centrada en Soujiro y las palabras que había dicho.
—¿Realmente lo piensas?
Soujiro, que tenía sus ojos puestos en el hombre que se marchaba, cambió su dirección para mirarla a ella.
—¿El qué?
—Lo que acabas de decir.
—Por supuesto —afirmó con sinceridad—. Has tenido que pedirme ayuda a mí por algo que te hacía desgraciada y por lo que tu gente no ha movido ni un dedo. En cambio, tú, estuviste a punto de morir dos veces por ellos. No hace falta ser muy listo para saber qué es lo más valioso de los Oniwaban-shu —adujo sin darle mucha importancia, como si lo que estaba diciendo fuese obvio. Se oyeron unos ruidos de algo rompiéndose en la zona del restaurante y Soujiro miró hacia allí—. Ese tipo seguro que está destrozando algo o amenazando a las trabajadoras. Alguien debería enseñarle modales. No se puede ir por ahí zarandeando a las mujeres —recriminó molesto—. Ahora vuelvo…
Soujiro se fue con paso rápido y Misao se quedó allí, traspuesta, sin poder reaccionar. Algo muy, muy cálido se había apoderado de ella. Algo que no había sentido nunca, pero que no había podido surgir de la nada. Había estado allí, pero sus palabras sólo habían conseguido que saliera como si le hubieran dado un golpe y así poder ser consciente de ello.
Se le empezaron a llenar los ojos de lágrimas.
—¿Misao? —la llamó Aoshi, que se acercó hasta ella al ver su semblante. Tenía los ojos rojos y eso le preocupó—. ¿Estás bien?
—¿Cómo no lo voy a estar? —contestó ella con voz emocionada—. Es lo más bonito que me han dicho nunca.
Nunca había sentido nada como eso, ni siquiera cuando creía estar enamorada de Aoshi. Pero no había otra explicación al hecho de que lo que él pensara o dijera de ella pudiera hacerle tanto daño… o hacerla tan feliz.
Se había enamorado de él. No estaba segura de cuándo había sucedido, pero aquél era el momento en que se había dado cuenta. Era casi increíble, si lo pensaba bien; era la última persona de la que esperaría enamorarse.
Y era la peor persona con quien le podía pasar.
Era como un chiste malo y absurdo. Se había enamorado de un hombre que apenas era capaz de gestionar sus propias emociones. No podría esperar nada de él. Era un callejón sin salida. ¿Quizás por eso su mente había ignorado los indicios hasta que no le había sido posible hacerlo más?
Estaba metida en un buen lío, pensó aturdida. ¿Cómo se suponía que podría actuar normal a su alrededor cuando en breve estaría atada a él como su esposa, aunque no fuese real?
—¿Seguro que te encuentras bien? —preguntó de nuevo Aoshi—. Te has quedado pálida.
—Sí, claro —dijo al momento con el propósito de sonar despreocupada—. Pero tengo cosas que hacer.
Se despidió de él y se encaminó en dirección contraria, hacia su habitación. En ese momento la incomodaba tener gente a su alrededor que pudiera darse cuenta del enredo emocional que sentía. Y por eso, ahora más que nunca, necesitaba intimidad para meditar sobre lo que acababa de descubrir y poder poner sus sentimientos en orden antes de volver a encontrarse con él.
— * —
Fin del Capítulo 26
25 Febrero 2018
Notas finales:
Y ya tenemos el juego completo: Misao siendo consciente de sus sentimientos. Que conste que yo la entiendo bastante. Quiero decir: no me extraña que la pobre se haya autonegado esos sentimientos teniendo en cuenta a quién iban dirigidos. Es algo así como «un callejón sin salida llamado Sufrimiento». Pobre T_T
En fin, espero que os haya gustado el capítulo ;-D
¡Saludos!
