CAPÍTULO 27: La contienda
Comentarios a los reviews:
ddaisyaguilar52: ¿Verdad? Y las dice como si nada. Así ha dejado a la pobre Misao toda muerta XD
SlayArmisa: Lo sabemos nosotras, pero que lo sepan ellos ya es otra cosa. Nos aparecerán los instintos asesinos con alguno/a , no te preocupes ^o^. Y bueno, el enfrentamiento lo tienes en este capítulo, así verás las consecuencias por ti misma XD
Alice Himura: Wooooow! Estoy sin palabras. Pero lo estoy desde mi nube particular desde la que pululo desde el martes que leí tu mensaje *o*. Al igual que tú, me encanta el mundo de RK. Watsuki fue un genio al crear una historia tan compleja como ésta y que lo tiene todo... (bueno, igual todo no, porque habría molado algo más de romance ¬_¬, pero en fin... para eso estamos los fickers XD). Así que si alguien me dice que mis historias se apegan al manga y a sus personajes y encima lo adereza con buenos comentarios hacia mi creatividad como autora... pues eso, que acabo en esa nube que te comento durante días *o*.
Como autora, agradezco mucho que me hayas escrito ese review sobre lo que te hacen sentir mis historias. Creo que para cualquier persona que escriba (aunque sólo sea mi opinión) una de sus más grandes satisfacciones es saber que «ha llegado» a la gente que le ha leído. Saber que algo que has hecho tú ha tenido entretenida, emocionada, enganchada, etc., durante horas a otra persona es muy, muy gratificante. Es decir, piensas: «hay alguien al otro lado del mundo (o igual no tan lejos, pero ya me entiendes) a la que le he alegrado el día por leer una historia que he escrito». Y es como: Woooow! ¡Qué ilusión! *o*. Así que estoy superfeliz de que me hayas hecho llegar tu opinión tan extensa. Me alegra muchísimo saber que disfrutas tanto mis historias y espero que lo sigan haciendo.
Gracias a todas por vuestros reviews :-D. Os dejo con el siguiente capítulo. Éste es más extenso que el anterior, así que espero compensar XD. Creo que el de hoy también os va a gustar bastante ^o^.
CAPÍTULO 27: La contienda
En la mañana del lunes, Misao pensó que, definitivamente, acabaría dándole un infarto. Estaba cardiaca a pesar de ser la única. Pero no era para menos. No sólo estaban ante un momento crucial que cambiaría su vida, sino que desde «El Descubrimiento» se ponía muy tensa cada vez que le tenía cerca. Era demasiado consciente de sus sentimientos cuando estaba con él, algo que no entendía cómo su cabeza había podido minimizar hasta el punto de no darse cuenta de ello. Pero desde entonces no tenía muy claro cómo mediar con la situación y eso le había hecho pasar los últimos dos días muy alterada.
No era como si nunca hubiese sido consciente de Soujiro como hombre. Lo había sido con anterioridad y, de hecho, no hacía ni dos semanas que tuvo un momento revelador muy fuerte. Pero reconocía que había desechado demasiado rápido la idea cuando ahora veía que tendría que haber prestado más atención a lo que su corazón le había intentado decir. Si lo hubiera meditado como era debido, podría haberse dado cuenta de los indicios, los mismos que pretendían dejarle patente que su amistad estaba dejando de serlo como tal. Y quizás, sólo quizás, no se habría llevado el impacto reciente que se había llevado en unos días tan delicados.
Todo aquello estaba destrozando sus nervios… literalmente. En cambio, Soujiro estaba tan sonriente como de costumbre. Era lo único que conseguía tranquilizarla un poco al pensar que, por lo menos, la carga más grande, el tema de las contiendas, podría por fin acabar.
Por desgracia, como bien decía, sólo la tranquilizaba una mínima parte, pues su cabeza no era tan benevolente como le gustaría. Pensamientos como: «¿Y si tiene un mal momento y Aoshi le deja fuera de combate sin proponérselo?», no la habían dejado dormir en toda la noche. Cada vez que le cruzaba ese escenario por la mente se le revolvía el estómago. Estaba segura de que se moriría allí en el sitio si eso ocurriese.
Negó de forma inconsciente por enésima vez para deshacerse de esa imagen. No había otra alternativa: Soujiro tenía que ganar. Si antes la horrorizaba casarse con Sasaki, pensar en ello sabiendo que había estado a punto de hacerlo con la persona que quería —aunque fuese un matrimonio falso— la destrozaría.
Estaba tan nerviosa que Megumi había tenido que hacerle una infusión para tranquilizarla.
Misao inspeccionó a su alrededor tras dejar escapar un largo suspiro. No había demasiada gente en el dojo*. Cuando Aoshi habló de invitaciones, se había esperado que avisara a más personas, pero luego razonó que debería dolerle en su orgullo que presenciaran su derrota, de modo que lo había dejado en los justos e indispensables.
Había cuatro de sus capitanes de la ciudad allí, además de Megumi y ella. Por supuesto, también estaban Sasaki y un subordinado, los cuales habían llegado casi los primeros para no perderse la contienda. Como parte neutral, habían invitado a los Daimiki, que eran un grupo con el que tenían negocios comerciales. Su líder y su mano derecha entraron justo en ese momento por la puerta, por lo que con ellos se completó el aforo.
Soujiro estaba al fondo del dojo hablando con el instructor a cargo. Éste le mostraba las distintas armas de madera que tenían, las cuales Soujiro probó una a una para escoger la adecuada. Puesto que él no tenía un arma propia que no fuese letal, debía utilizar una de las que había allí.
El resto estaban sentados en el lateral del dojo, en la zona de visitas. Megumi le aplicaba a Aoshi una pomada en el hombro mientras le decía que con ella no debería sentir molestias durante la pelea.
Daimiki se acercó a ellos para saludarles.
—No me esperaba su invitación —dijo el hombre risueño tras los correspondientes saludos a los presentes—. Imagino que la insistencia por venir será por algo especial…
—Bueno, es probable que Misao salga de aquí con un prometido, así que nos viene bien tener más testigos.
Daimiki se rio, con lo que llamó la atención de los que estaban alrededor ajenos a la conversación. Miró hacia donde se encontraba Soujiro revisando las armas y le habló:
—No me diga que piensan jugar sucio. ¡Ese chico no podría ganarle, Shinomori! —aseguró el hombre.
Misao le fulminó por semejante muestra de descortesía. Sabía que Soujiro no aparentaba ser un gran luchador, pero tampoco había que subestimarle hasta ese punto.
—Eso les dije yo —entró Sasaki en la conversación desde atrás.
—Soujiro es muy fuerte —le defendió ella a ultranza—. Mucho más que tú —espetó con desprecio.
—Misao tiene razón —corroboró Aoshi, dirigiéndose a Daimiki y haciendo caso omiso de Sasaki—. Ahí donde le ve, hace siete años no ganó a Battosai por un descuido.
—¿Quién le ha dicho eso?
—El propio Battosai —confirmó para gran sorpresa del hombre, que se giró a mirar a Soujiro con una nueva luz en su cara.
Pero no sólo fue él, también sus capitanes le miraron como si hubiera aparecido alguien inesperado allí. Soujiro cortó el aire rápidamente con el arma que tenía en la mano y se desequilibró un poco.
—¿Ésta es el arma más pesada que tienen? —preguntó. Repitió el movimiento, aunque con un mejor resultado. El instructor asintió—. Creo que nunca me acostumbraré a las armas de madera —se excusó sonriente—. Es como no tener nada en la mano.
—¿Pretendes engañarnos? ¿Quieres que creamos que ese chico casi gana a Battosai? —se jactó Sasaki—. No es posible… Además, ese hombre sólo es un mito.
—¿Y qué ganaría con ello? Vais a verle pelear en breve.
—Pues no parece muy fuerte…
—Será mejor que haga una prueba —oyó Misao que decía Soujiro de fondo mientras se alejaba del instructor.
—Porque la verdadera arma de Soujiro no es su fuerza —murmuró Misao abstraída. Le observó prepararse para realizar un ataque y para ella fue como si lo hiciera por primera vez. Un segundo después, Soujiro cortó el aire de la otra punta del dojo con el arma de madera—. Es que no le ves venir.
Aquello la hizo suspirar con una sensación cálida en el pecho. Esta vez no iba a pelear para proteger su vida, como había sido hasta ahora; lo haría para proteger su felicidad, y eso era invaluable para ella.
—Casi me vuelvo a caer —se rio Soujiro. Se giró hacia el instructor creyendo que también le habría divertido su torpeza, pero su risa se volvió nerviosa al darse cuenta de que le observaba tan pasmado como el resto. Entonces, sin saber qué otra cosa hacer, se dirigió a ella—. Misao, deberías haberme avisado de que no usaríamos armas de verdad. Ayer podría haber practicado un poco.
—¿Cómo…? ¿Cómo ha hecho eso? —preguntó Daimiki con absoluta incredulidad.
Megumi terminó de vendarle el hombro a Aoshi y lo vistió.
—¿Puedes moverlo bien? —Aoshi hizo pruebas con el hombro para comprobar que los vendajes no le obstaculizaran los movimientos, y asintió—. Esto debería bastar para evitar que el hombro empeore.
—Gracias, Megumi.
—Señor Shinomori, ¿le importaría entrenar unos minutos conmigo? —le propuso Soujiro cuando le vio levantarse del sitio—. Nos vendrá bien para calentar, además de que me ayudará a adaptarme a esta espada.
Aoshi aceptó e iniciaron un breve calentamiento. Veía que Soujiro poco a poco se iba acostumbrando a la espada de madera, aunque se propuso no mirar la contienda después de que se le escapase la espada de las manos en un ataque. Si resultara que Soujiro perdiese porque no estaba habituado al arma, lo mataba.
—Tranquila, Misao… —intentó serenarla Megumi con unos ligeros toques en su mano.
—No puedo estar tranquila.
—Creo que ya lo tengo —dijo Soujiro tras un último golpe—. ¿Qué tal si empezamos?
—Creo que me va a dar algo —susurró Misao. Esta vez, Megumi le cogió la mano y se la puso en su regazo para reconfortarla.
Aoshi se puso en guardia con sus dos espadas cortas de madera. Era muy bueno manejando las kodachi* incluso de forma ofensiva, cuando técnicamente eran armas defensivas.
El primero en atacar fue Aoshi, que fue contrarrestado con la espada de Soujiro. Pero Aoshi aprovechó para barrer sus piernas de una patada y Soujiro rodó hasta ponerse de pie. Y esa vez fue él el que atacó.
Se sucedieron los golpes mientras la batalla iba ganando en intensidad. Aoshi utilizó varias variantes del «Kodachi nito-ryu», tanto de seis estocadas como en cruz. Pero Soujiro lo detenía o lo esquivaba. Era muy rápido, pero ella lo había visto siendo incluso más.
Entonces, Soujiro le dio un golpe en el pecho que tiró a Aoshi al suelo. Se levantó tambaleante presionándose la zona, pero pronto estuvo de nuevo en guardia. Aoshi se puso en marcha alrededor de Soujiro utilizando el «Kaiten Kenbu», una técnica que desorientaba a los contrincantes con movimientos semejantes al fluir del agua. Cambiaba las velocidades de tal forma que avanzaba rápido hasta un punto, para luego casi detenerse y después volver a avanzar, lo que daba la sensación de ver que Aoshi estaba en varios sitios a la vez. Aquello conseguía que el ojo del rival no pudiera centrarse adecuadamente en el posterior ataque.
Sin embargo, Soujiro se lanzó contra él a gran velocidad, cambiando en varias direcciones hasta que encontró al verdadero y lo tiró al suelo. Y cuando Aoshi se levantó, el que estaba siendo rodeado era él. Soujiro se movía muy rápido; apenas era visible. Aoshi no podía salir del centro y, aunque al principio miraba en todas direcciones buscándolo, finalmente se quedó quieto.
Se le oía en todas partes: en el suelo, en las paredes, en el techo. De vez en cuando, Aoshi hacía un gesto que conseguía detener un ataque de Soujiro al acercarse.
—¿Cómo puede contrarrestarle? —preguntó incrédulo Daimiki—. Ni siquiera puedo verle y eso que observo toda la escena desde fuera.
—Es porque le oye —respondió Misao, que no perdía detalle del combate—. Los pasos de Soujiro mientras corre son parecidos hasta que intenta atacarle. Entonces, da una pisada más fuerte y es así cómo Aoshi puede prever por dónde viene.
—¿Lo dices en serio? —cuestionó Megumi pasmada ante algo que se escapaba de su entendimiento. Por muchas batallas increíbles que hubiera visto a esas alturas, había cosas que nunca dejarían de sorprenderla—. Yo no distingo nada.
Misao se encogió de hombros.
—Yo sí puedo —aseguró ella—. Nuestro oído es más sensible.
Soujiro por fin se detuvo tras la espalda de Aoshi, a varios metros de él, y éste se giró para encararle. A pesar de que Soujiro acababa de dar una muestra de forma física espléndida, Aoshi se veía más cansado que él. Respiraba con más dificultad que Soujiro.
—Me ha engañado, señor Shinomori —le dijo con una mirada risueña—. Me ha advertido tanto de que había empeorado en combate, que esperaba encontrarme otra cosa.
—Gracias… supongo —contestó Aoshi a ese extraño halago—. Lo que acabas de hacer, ¿es el «Shukuchi» del que habló Himura? —le preguntó Aoshi intentando recobrar el aliento.
—No, en realidad no. Si le soy sincero, no esperaba tener que usarlo —le informó con una sonrisa mientras se llevaba su mano libre a la cabeza—. Es tres pasos por delante —especificó pensativo—. Si no recuerdo mal de cuando peleé contra él, creo que es similar a la velocidad divina de Himura.
Aoshi tomó varias y profundas bocanadas de aire. Si aquélla no era la velocidad máxima que podía alcanzar Soujiro, podía tirar las espadas ya. Apenas conseguía contrarrestar sus ataques y sólo porque le escuchaba cambiar el ritmo. Si fuese más rápido aún, para cuando oyese el cambio, lo tendría encima, sin posibilidad de reaccionar.
—Enséñame el «Shukuchi».
Porque no quería irse de allí sin verlo.
Soujiro inclinó la cabeza en reverencia y, tras dar un par de saltos, desapareció.
Si antes le había parecido que Soujiro estaba en todos sitios, ahora lo estaba de verdad. Sus pisadas provenían de todas las direcciones. ¿Cómo había podido Himura luchar contra él? No tenía forma de saber dónde estaba.
Pero fue pensarlo y recordó la grieta: ésa por la que Himura le había dicho que había podido ganar. Soujiro se había desmoronado en la batalla y Himura, un experto en prever los próximos movimientos del rival en base a su aura de combate, pudo así establecer por dónde le vendría. Pero él no podía percibir nada; Soujiro era mudo en ese sentido. Era evidente que, en ese tiempo, de alguna forma había podido corregir ese fallo.
Era una situación agobiante. Los pasos de Soujiro eran más fuertes que antes, pero debían serlo para poder saltar y desplazarse tan rápido de un punto a otro. Retumbaban en su cabeza golpes que venían de todos lados. Era una sensación abrumadora de estar rodeado.
Y de pronto, oyó el cambio de ritmo, pero para entonces, Soujiro estaba delante de él, con su espada empuñada con las dos manos y tocando su cuello. Si hubiera tenido una espada real y no se hubiese detenido, habría cortado su cabeza de un tajo limpio. No se habría ni enterado de su muerte.
—Puesto que estas batallas no son a muerte —empezó diciendo mientras cogía aire por el esfuerzo realizado—, imagino que finalizan cuando se indica un golpe mortal, ¿no? —terminó Soujiro con una sonrisa.
Porque le había ganado. Un golpe mortal que habría mandado su cabeza a rodar por el suelo. No había golpe más letal que ése.
Aoshi sonrió y bajó sus espadas. En realidad, no había reglas con las contiendas. Sólo que no eran mortales y que el vencedor era el que seguía en pie. De modo que, hasta la fecha, se prolongaban hasta que uno de los rivales no pudiera combatir más, ya fuese por extenuación o por quedar inconsciente.
Pero Soujiro le había ganado sin necesidad de encajar un golpe certero que le hubiese dejado tirado en el suelo. Agradecía mucho ese cambio; era una mejora con respecto a las batallas anteriores donde ambos contrincantes acababan muy magullados.
Y, sobre todo, mucho menos humillante.
—Aún puede pelear —exigió Sasaki en cuanto vio que el combate se iba a dar por finalizado.
Todos los presentes miraron en su dirección, incluso los combatientes. Pero en vez de mantenerse en silencio como el resto, Daimiki refunfuñó mientras se frotaba la barbilla.
—En realidad, el chico tiene razón. No es sólo por el tipo de golpe que ha asestado. Estoy seguro de que en vuestras propias peleas os habréis dado muchos del estilo —dijo el hombre al descuido, restando importancia a los encuentros anteriores—. Pero ese golpe habría dejado «durmiendo» un rato a Shinomori si no llega a detenerse —agregó con su peculiar humor—. Es evidente que ha perdido.
—Tú no eres el juez de esto —acusó enfurecido al escuchar su opinión, que iba en contra de sus intereses.
—Creo que tú tampoco —contratacó Daimiki con toda la razón a su espalda ante la beligerancia del hombre.
—Cierto —corroboró Misao metiendo baza—. Aquí no hay jueces, sólo la palabra de los combatientes. La contienda finaliza cuando uno de ellos declara haber perdido o es incapaz de seguir peleando. Nosotros sólo somos meros espectadores que contemplan que la batalla sea limpia.
—Y yo tengo muy claro lo que he visto —replicó mordaz Daimiki—. Sería un sinsentido que continuase. Shinomori no podría ganarle… De hecho —matizó—, en realidad no sé quién podría ganar a ese chico. —Después se cruzó de brazos y frunció el ceño—. Reconozco que estoy disgustado; me encantaría tenerle en mis filas.
—No podría estar más de acuerdo —expuso Satoshi, uno de sus hombres más leales y que había observado la pelea con absoluta fascinación. Sonaba como si le hubiera tocado un premio.
El resto de sus capitanes asintieron y a Misao le dio un vuelco el pecho. Porque la única opinión válida de todas era la de ellos, que serían los que aceptasen legítimamente el resultado dentro de su organización. Todas las personas externas al Oniwaban-shu podrían pensar lo que quisieran, pero, a la hora de la verdad, las contiendas eran algo propio de ellos y, por tanto, sería resuelta por ellos.
—He perdido —declaró Aoshi.
—¡Sí! —gritó sin poder evitarlo Misao, al tiempo que se levantaba del sitio con un salto.
Corrió hasta Soujiro y se colgó de su cuello. En un principio, éste no supo cómo reaccionar, pero después pensó que tenía a una Misao feliz entre sus brazos y se dijo: ¿por qué no? A fin de cuentas, se suponía que acababan de convertirse en prometidos. No se vería extraño que disfrutara de ese momento.
De modo que la abrazó de vuelta, aún con la espada en la mano, y respiró hondo atesorando ese contacto tan inesperado.
—Gracias, Soujiro —le agradeció Misao en un susurro.
—De nada.
Sin embargo, ese dulce momento para Soujiro fue roto por las maldiciones de Sasaki.
—Esta vez habría ganado yo, todos lo sabéis —protestó el hombre, lo que hizo que la pareja se separara—. Quiero batirme también contra Shinomori.
—No tendría sentido —replicó uno de sus capitanes con el ceño fruncido—. Misao ya tiene un prometido.
—Sólo porque estoy condicionado por las fechas —alegó él—. No pienso dejar esto así.
Y entonces, como si fuese música celestial para los oídos de Misao, oyó lo que no tenía esperanzas de escuchar:
—¿Qué te hace pensar que esto va contigo? —reprochó Satoshi—. Las contiendas se han realizado con el propósito de buscar un marido fuerte para nuestra señora. Y el señor Seta no sólo ha superado la prueba, sino que la señora es feliz con el resultado. ¿Por qué deberíamos considerar otra opción?
Soujiro le dio un apretón a Misao, la cual se hinchó de orgullo por la defensa de su capitán.
—Vaya… Eso sí que no me lo esperaba —le dijo Soujiro al oído—. Al final sí que se preocupan por ti.
—Sí —confirmó feliz.
Toda ella resplandecía y Soujiro no pudo separar sus ojos de esa imagen. Le encantaría verla así siempre; sentía que no necesitaba mucho más para ser feliz él también. La veía sonreír y, acto seguido, sentía unas imperiosas ganas de sonreír con ella.
Qué efecto tan extraño tenía Misao en él.
—Por honor —contestó Sasaki a la pregunta de Satoshi—. Sabíais que yo tenía una contienda pendiente.
Soujiro resopló cuando su pequeña burbuja momentánea se explotó por volver a escuchar a ese hombre. Misao incluso se sorprendió. Pero aquello había llegado al límite social que Soujiro podía permitirse. Ni ella ni nadie tenían por qué soportar los gimoteos de ese hombre por perder.
—En realidad, puede ser interesante —comentó en alto con una sonrisa. Soltó a Misao y avanzó hacia donde estaban los asistentes.
Ella le miró con ojos horrorizados, sin poder creerse lo que oía por parte de Soujiro. Pero ¿qué estaba diciendo?
—Veo que se queja mucho —lo hizo sonar como si fuese un niño inmaduro que lloriqueaba a sus padres— por no poder combatir contra el señor Shinomori. Pero puesto que he ganado, este asunto recaería ahora sobre mí. Si quiere pelear, será conmigo, y no tendré ningún problema con ello. Pero le advierto —apuntó la espada hacia él—, que a diferencia del señor Shinomori al cual respeto, con usted no detendré mis golpes.
Sasaki dio un paso hacia atrás por la amenaza. No en vano había visto lo que era capaz de hacer. Le había costado años conseguir desbaratar la técnica «Kaiten Kenbu» de Shinomori, la cual el chico de los recados había echado abajo con el primer intento. Era muy consciente de que no estaba, para nada, preparado para enfrentarse a su rapidez. No había visto nunca nada igual.
—Si decide que aún quiere pelear, podrá localizarme en el Aoiya. —Se dirigió hacia el resto de personas y saludó—: Con permiso.
Soujiro se alejó de allí en dirección al instructor y devolvió la espada de madera. Cuando después de ofrecerse a ayudar a recoger el hombre se negó en rotundo, Soujiro salió del dojo seguido de una Misao que parecía tan feliz como si hubiera encontrado una fuente de maná.
—¿Has visto lo mismo que yo? —le susurró Megumi a Aoshi cuando se acercó a él para poder revisarle.
—Es a eso a lo que me refería el otro día…
—Ya, pero es que no es sólo él —corrigió Megumi encantada.
—¿Tú crees? —murmuró algo más alto él por la sorpresa. Aoshi la miró desconcertado y después volvió sus ojos a la puerta por donde se habían ido—. Misao sólo está contenta porque era éste el resultado que buscaba.
Megumi le fulminó por ser tan aguafiestas y chasqueó con la lengua.
—Pero ¡qué poco conoces a tu protegida! —recriminó ella—. Créeme, Aoshi —aseguró la mujer otra vez entusiasmada—. En esto sé más que tú.
Notas del fic:
*Dojo: Lugar de entrenamiento.
*Kodachi: Espada corta.
— * —
Fin del Capítulo 27
1 Marzo 2018
Notas finales:
Ainssss! Que sepáis que, en mi cabeza, la cara de Misao tras ver a Soujiro resoplar es impagable XD . «¿Ein? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Qué estrella se ha roto? O_o», jajaja. Pero es que Soujiro estaba viviendo un momento superfeliz (como si hubiera tenido muchos el pobre T_T) y el tipejo va y se lo corta. Hay que entenderle. Yo también estaría mosqueada XD
Espero que os haya gustado el capítulo ;-D
¡Saludos!
