CAPÍTULO 29: Segundas intenciones
Comentarios a los reviews:
ddaisyaguilar52: Uy, maja... no sabes tú bien el lío que van a tener en la noche de bodas ^o^. Con decirte que dura como unos seis capítulos... ya puedes hacerte una idea de la movida que van a tener. Y no, créeme, no va a ser un lemon de 6 capítulos »_«
Kaoruca: Ya... Hay una falta de entendimiento por ambas partes, pero en lo que se refiere a Soujiro, parece más una falta de comprensión sobre la importancia de lo que le dice Misao que otra cosa. A pesar de que Misao le habla de pensamientos y sentimientos suyos relevantes, él no termina de ver que para ella son condicionantes en su vida. Por eso luego se lleva esas sorpresas cuando esa importancia de algo que ya le había dicho le cae encima. Y por parte de Misao, este momento es tan estresante que ahora mismo está obcecada como los burros y no es capaz de ver en otras direcciones. Pero pronto se le caerá ese muro, no os preocupéis ;-D. En cuanto al enamoramiento platónico de Misao, qué te voy a decir que no hayamos hablado ya. El Aoshi que conoció siendo niña no es el mismo al que encontró después. Sería imposible teniendo en cuenta todo lo que vivió Aoshi en esos años. Además, él no estaba con ella y Misao era niña la última vez que le vio. Que idealizara a Aoshi con el paso de los años era lo más probable. En cambio, de Soujiro se ha enamorado por tenerle junto a ella y por eso es tan consciente de la diferencia entre uno y otro. Y sobre el final... bueno, ya os lo dije. De inicio Soujiro iba a tener unas reacciones por las que querríamos golpearle, pero hay que entender que el pobre no tenía ni idea de por dónde le daba el aire. Sin embargo, ya veis que poco a poco va aprendiendo, aunque sea a base de prueba y error »_«. Y ya por último, sobre que aclaren sus sentimientos, algunas os daréis de cabezazos contra la pared cuando ocurra XD (yo me los di para escribirlo T_T), pero será cosa de ellos. Sasaki no vuelve a salir (Soujiro le ha acojona*o pero bien ^o^), y además, aunque los capítulos de Kioto los estáis leyendo desde hace semanas, en realidad no llega ni a 6 días transcurridos en el fic. Antes de que os deis cuenta, estarán casados ^o^, así que es difícil que un tercero intervenga XD.
SlayArmisa: En el fondo, lo de Misao sé que es más paranoia mía que otra cosa. Y si fuese la única a la que le pasa, pues lo dicho, no me emparanoiaría tanto. Pero en la actualidad, hay muchas mujeres que piensan lo mismo que yo y podrían ver raro el comportamiento de Misao. Pero si te pones en el contexto del fic, lo de Misao no es tan extraño porque en aquella época no les daban la oportunidad de elegirlo, pues desde que nacían, a las mujeres les lavaban el cerebro para que pensaran en ser la ama de casa por excelencia. Como decía, lo de Misao es suave en comparación de otras acciones que he llegado a ver (sobre todo, tras el capítulo de hoy). Pero va a condicionar mucho el comportamiento de Misao y, por ende, afectará a Soujiro (por eso venía avisando sobre el tema ^_^º). En cuanto a la evolución de las emociones de Soujiro y cómo las afronta, ya os dije que iba a evolucionar mucho. Es un personaje que pasa de ser casi asocial a alguien que tiene en consideración a las personas que le rodean. El Soujiro que leéis ahora no se parece al que empezó el fic. Pero es que tampoco se parece al que termina. Así que me alegra ver que os gusta cómo se va desarrollando *o*. En fin, espero tu review del capítulo escrito a hurtadillas sin vigilancia de tus jefes XD
Gracias a todas por vuestros reviews :-D. Os dejo el siguiente capítulo, que es una de esas charlas reflexivas que tanto me suelen gustar (porque me encanta meterme en la mente de los personajes y enredarles a base de bien, muajaja ^o^). Espero que os guste ;-D
CAPÍTULO 29: Segundas intenciones
—Megumi… —la llamó Misao. Pero acto seguido se dio la vuelta indecisa—. No es nada…
Megumi la observó por unos momentos y vio cómo Misao volvía a hacer el intento de hablar con ella para acabar por desechar la idea.
—Misao, ¿te ocurre algo? —preguntó al ver que ella no terminaba de decidirse.
—Bueno… En realidad… No, no, da igual. Tenéis que ir a la estación.
Megumi dejó la maleta en el suelo y, con un gesto de asentimiento hacia Aoshi, cogió a Misao del brazo para llevarla hasta una zona apartada del jardín donde pudieran sentarse con tranquilidad.
—No tardéis mucho —les dijo Aoshi antes de que desaparecieran de su vista.
Megumi se sentó en un banco y esperó a que Misao la siguiera. Podía verla bastante inquieta y al final optó por tirar de su ropa para que se sentara.
—Si estás así, debe ser importante —dedujo ella tras analizar la postura tensa que mostraba—. Más vale que me lo digas pronto porque pasarán semanas o meses hasta que volvamos a coincidir.
Megumi no sabía muy bien qué mantenía en ese estado a Misao. En cualquier otra circunstancia habría esperado que esa inquietud derivase de preguntarle cosas sobre la noche de bodas. Pero puesto que su matrimonio era una farsa, no podía ser ése el motivo, concluyó.
Y fue por eso que, cuando a Misao le asaltó un tono rojizo en sus mejillas, no pudo evitar sorprenderse.
—Hace unos años nos explicaste a las chicas lo que sucede cuando… bueno, dos personas se casan.
El rojo que le cubría el rostro se hizo más intenso, y eso no hizo más que aumentar su asombro. Cuando la primera de las chicas se casó, al no tener madre, ella fue la que tuvo que hablarle sobre lo que ocurría en la noche de bodas. Pero había decidido que no pensaba tener que explicar aquello cada vez que alguna se casara, de modo que las había reunido y lo había soltado todo.
Por eso, en esos momentos no sabía ni qué decir: Misao ya estaba informada de lo que sucedía entre un hombre y una mujer, pero, además, era algo que se suponía que no iba a pasar entre ellos.
«¿O sí?», pensó con su tono más pícaro y un gran rayo de esperanza en su cabeza.
—Y me ha entrado curiosidad con algo que nos dijiste, porque… bueno… —titubeó de nuevo. Estaba haciendo un gran esfuerzo por hacer de esa conversación algo casual, lo que divirtió a Megumi—. Comentaste que una mujer se queda embarazada así, pero no lo… —carraspeó—, concretaste. Quiero decir —agregó al momento—, es evidente que no sucede siempre o habría muchísimos más niños por ahí. Por eso, quería saber qué es lo que lo hace posible y qué lo evita.
Aunque la sospecha hasta ahora había sido bastante considerable, Megumi constató —en ese preciso instante—, que Misao estaba enamorada de Soujiro. Sin género de dudas. Ella quería avanzar en esa indefinible relación que tenían. No había otra posibilidad para que la hubiera interceptado para preguntarle aquello ante un supuesto matrimonio falso.
Pero la intención con la que lo hacía le dio mala espina. Si pretendía afianzar su relación con él y convertir ese matrimonio en uno verdadero, ese tema surgiría entre ellos de forma natural; no tendría que preguntarle a ella. En cambio, estaban allí sentadas, lejos de oídos indiscretos, hablando de cómo conseguir quedarse embarazada.
Porque sabía que hablaban de eso. No necesitaba que le diera más detalles porque sabía perfectamente cuáles eran los sueños de Misao. Y eso le hizo deducir que pensaba en todo ese tema de forma unilateral. Un gran, gran error, en su opinión.
No quería entrometerse. No conocía a Soujiro lo suficiente, pero intuía que él no veía a Misao como lo hacía con otras personas por la forma en que la trataba. Sin embargo, si Misao seguía ese camino pedregoso y Soujiro se enterase, cualquier posibilidad de convertir ese matrimonio en verdadero se iría igual que una hoja arrastrada por la lluvia.
Tenía que hacerla recapacitar… Y, por desgracia, no disponía de mucho tiempo para ello. Debía ir al grano si pretendía que Misao reconsiderara mejor sus actos.
—En realidad, no necesitas saber más para evitarlo. Si no hay acto, no hay consecuencias. —Megumi la escrutó con mucha atención, lo que hizo que Misao se desinflara un poco—. No hace falta que te preocupes por ello. Vuestro matrimonio sólo lo es de nombre.
—Es… curiosidad —contestó ella de la forma más desprendida que pudo.
A Misao le había costado mucho reunir el valor para preguntarle algo así. Y la forma en que la miraba, como si estuviera leyéndole la mente, no la tranquilizó en nada.
Por interminables segundos, Megumi sólo la observó con esos ojos marrones escrutadores que veían cosas que no tendrían que ver, pero de pronto soltó:
—A mí no me engañas… —Se cruzó de brazos y continuó—. Te he oído hablar de lo contenta que estarás cuando puedas formar una familia en un futuro cercano, pero sé que sólo lo haces para no preocupar a Soujiro con este matrimonio. Sin embargo, no hay que ser muy listo para saber que no quieres esperar a tu siguiente matrimonio.
—¿De dónde te sacas eso? —recriminó a la defensiva Misao—. Yo sólo quiero saber…
—Si quieres que sigamos con esto, tendrás que ser sincera o me voy —le advirtió Megumi, que no quería escuchar más excusas—. Te conozco muy bien. Hemos vivido bajo el mismo techo seis años. ¿En serio crees que no sé lo que te pasa por la cabeza? Me lo puedo imaginar perfectamente: «Voy a cumplir veinticuatro años y me estoy haciendo mayor», «podría no encontrar a otro hombre con el que querer casarme o quiera casarse conmigo», «¿para qué desaprovechar esta oportunidad para ser madre?», y otras ideas varias. Se te ve en la cara —acusó sin remordimientos.
No era exactamente lo que había pensado, pero se aproximaba mucho. Por eso Misao no supo cómo defenderse ante ello y se formó un incómodo silencio que hizo que Megumi confirmara su sospecha acerca de sus planes ocultos.
—¿En serio pretendes tener un hijo con Soujiro? —Lo dijo con un tono de disgusto que indignó a Misao.
—Sabes que quiero tener hijos —repuso ofendida.
—Pero ¿con Soujiro?
—¿Qué problema hay con él? —Esta vez, contratacó beligerante. Pero la única respuesta por parte de Megumi fue una ligera sonrisa pícara que puso de los nervios a Misao. Megumi la había provocado y había caído como una estúpida.
—¿Y qué dice Soujiro al respecto? —A Misao la cogió tan desprevenida esa pregunta, que se quedó con la boca abierta sin saber qué decir—. Así que entiendo que él no está al corriente de tus planes. —Megumi suspiró al darse cuenta de que su suposición había sido correcta—. Misao, no te precipites —le aconsejó.
—No me precipito. Sabes que quiero tener un hijo y, como bien has dicho, me preocupa no encontrar al hombre de ese supuesto segundo matrimonio o hacerlo demasiado tarde. ¿Para qué arriesgarme?
—¿Para tener un hijo con un hombre que quieras?
—Quizás no lo encuentre nunca —masculló por lo bajo.
«No, tú problema es que ya lo has encontrado», pensó con malicia Megumi.
Soujiro era extraño. En realidad, se había esperado otro tipo de hombre teniendo en cuenta lo que habían contado de él. En cierta forma, le recordaba a Kenshin: un hombre menudo con una gran capacidad de destrucción. Pero hasta ahí llegaba la comparación. Era… «curioso» tratar con él. No parecía comedirse en sus opiniones y era en extremo sincero con ellas.
Si tenía en cuenta que, durante muchos años, Misao había tenido por amor platónico a una persona tan introvertida como Aoshi, era extraño que se hubiera ido al lado opuesto: una persona que decía cualquier cosa que le viniera a la cabeza sin ningún tipo de reparo. Aunque, bien mirado, Misao se había desencantado de Aoshi en pocos meses, por lo que una persona introvertida no le debía interesar, en realidad. Sólo le había mantenido como objetivo por su imagen idealizada de él de cuando era niña.
—Te quiero mucho —comenzó a decir. Misao se tensó por el abrupto cambio de tema—. Eres como una hermana pequeña para mí.
—Yo también te quiero, Megumi —dijo con voz sentida.
—Y como esto que te voy a decir es duro para mí, déjame decirlo de una sola vez.
Misao la miró sin entender por sus contundentes palabras. Pero cuando vio que ella seguía sin hablar y sólo se quedó observando al jardín, la llamó:
—¿Megumi?
—Ya me estás interrumpiendo —se quejó ella resignada.
—Lo siento —respondió con una sonrisa, pues sabía que su amiga sólo bromeaba.
Megumi inspiró profundamente y empezó:
—¿Recuerdas el día que nació Asuka? —Misao asintió—. Estabas en la habitación conmigo. Tenías una cara de susto que casi me hizo mandarte fuera con Aoshi. Pero, aun así, te quedaste las largas horas que duró el parto. Cuando por fin pude cogerla… —Megumi se interrumpió emocionada—. Es algo que no se puede explicar y que no puedes saber hasta que te sucede. Pero también vi cómo te cambiaba la cara cuando la cogiste tú. Estabas como maravillada, y me extrañó porque no era el primer bebé con el que tratabas.
—Era el primero que veía nacer —comentó ella con una sonrisa de felicidad—. Y el primero con el que viví todo el embarazo de su madre. Y de repente estaba allí, después de tantos meses. Y lloraba a pleno pulmón.
—Sí, y Aoshi entró en la habitación en cuanto me adecentaron.
—No sabía ni cómo cogerla —rio ella al recordar lo torpe que había sido Aoshi—. Parecía que le había cogido por sorpresa que la niña estuviera allí, en vez de llevar avisándolo nueve meses.
Megumi suspiró al recordarlo. Había sido un momento tan pleno y mágico para ella… Nunca podría olvidar cómo fue cogerla en brazos, ni cómo fue ver a su marido coger a su hija con las manos temblorosas y abrazarla contra sí.
Pero ése no era el verdadero motivo por el que sacaba a colación aquello. Y por eso se puso seria sabiendo que había llegado al punto en cuestión del recordatorio.
—Te quedaste pálida como un fantasma.
Misao dejó de reír. Sabía a la perfección por qué había sido, pero no se había dado cuenta de que Megumi se fijara en su estado. Con toda la emoción del momento, había esperado que nadie se percatara de ello.
—Nos miraste a los tres como si de repente hubiera aparecido el diablo entre nosotros. Aoshi estaba tan absorto con la niña que no lo vio. Pero yo sí, y vi cómo te marchaste de la habitación tras alegar querer dejarnos intimidad. Se me quedó un nudo horrible en el cuerpo porque pensé… —Megumi suspiró—. Bueno… Qué te voy a decir. Pensaba que no habías superado realmente lo de Aoshi.
—¡¿Qué?! —exclamó al instante Misao—. ¡No fue eso!
—Escúchame —demandó Megumi con fuerza—. No me interrumpas. —Misao se calló, pero se quedó con una postura rígida, en una clara disconformidad con las palabras de Megumi—. Fue lo que pensé en ese momento y fue bastante duro para mí saber que mi matrimonio con Aoshi te hacía daño. —Misao negó y volvió a intentar refutarla—. Luego entendí que no fue por eso —continuó diciendo para que Misao dejara de inquietarse, y en realidad lo consiguió porque se quedó quieta al fin—. Pero en ese momento lo pensé. Sin embargo, según pasaban los días, tu trato con los tres era normal. No había rencor hacia nosotros, ni dejaste de hablarnos. Y te desvivías en atenciones hacia Asuka. No conseguía entender tu reacción.
»Pero entonces, tres semanas después se celebró una contienda. Y aunque eres consciente de que a Aoshi no le van a vencer así como así, en realidad, nunca estás quieta. Te pasas la pelea mascullando y maldiciendo al aire porque haya hombres que se presten a las contiendas para echarte mano a ti y a los Oniwaban-shu. Sin embargo, ese día te quedaste sentada y no moviste ni un músculo; no pronunciaste palabra. —Megumi hizo una pausa en su relato y miró furtivamente a Misao. Tenía los ojos humedecidos y apretaba los labios con fuerza—. Fue entonces que entendí todo. Algo desde dentro me dijo que lo que pasó el día en que nació Asuka no tenía nada que ver con nosotros y todo que ver contigo. Porque ése fue el momento exacto en el que te diste cuenta de que estabas atrapada en tu propia trampa.
Misao no tenía la entereza suficiente en la voz para contestarle así que se limitó a asentir. Durante varios minutos, ninguna de las dos dijo nada.
—¿Sabes que me resultó gracioso que Aoshi no se diera cuenta de ello hasta que se lo hiciste ver? Se había hecho la idea errónea de que no querías casarte.
Misao la miró desconcertada. Jamás había dicho que estuviera en contra de casarse algún día. Sin ir más lejos, se había pasado muchos años soñando con casarse con él.
—¿En serio?
Megumi asintió.
—No se había dado cuenta hasta que conociste a aquel chico que venía mucho al restaurante hará unos dos o tres años… No recuerdo su nombre.
—¿Daichi? —la ayudó Misao, y Megumi asintió—. Era agradable, pero sólo éramos amigos. Nunca quise nada con él.
—En realidad, siempre he creído que de forma inconsciente tú misma te cerraste esa puerta —comentó con resignación Megumi.
—¿Yo? —se extrañó.
—Sí, porque como era imposible que pudiera superar una contienda, directamente le omitiste —adujo la doctora—. Pero era obvio que él estaba interesado en ti. Y os llevabais muy bien. Aoshi también lo notó.
—¿Ah, sí? —su grado de extrañeza subió un nivel más.
—Sí —afirmó—. Recuerdo que Aoshi me preguntó de pronto si tenía idea sobre si tú querías casarte o no, porque te veía tratar mucho con un chico que ni siquiera era ninja. Y ambos sabíamos lo que eso implicaba: ese chico era imposible que le ganara ni aunque se dejara. Fue en ese momento que se dio cuenta de que, con vuestra condición de contienda, habíais reducido muchísimo los hombres con los que podrías casarte. Y creo que de aquí vienen tus… sentimientos —dijo a falta de una palabra mejor— actuales.
—¿Crees que estoy confundida o coaccionada? —preguntó Misao, que no sabía muy bien si se refería al tema de los niños o a que sospechaba que se podría haber fijado en Soujiro por falta de opciones.
—No hay nada peor para querer algo que el saber que no está a nuestro alcance.
—¿Crees que quiero tener hijos porque no está a mi alcance? —exclamó ella indignada, al ver que Megumi hablaba de esa opción.
—No, creo que la forma con la que quieres conseguirlos es la que está condicionada —aseveró Megumi, lo que dejó sin palabras a una beligerante Misao—. Jamás he puesto en duda que quieras tener una familia. Pero las ansias con las que la quieres no te han surgido de forma natural. Por eso vuelvo a decirte que no te precipites. Tienes tiempo…
—No tengo tiempo —contrarrestó Misao. Porque lo que Megumi no sabía era que había aparecido un condicionante enorme hacía dos días. Y eso se reducía a que su tiempo para lograrlo se limitaba a medio año.
—Puede que no te lo creas, pero sí que lo tienes. Y no estoy hablando, precisamente, del tiempo por delante que te queda en la búsqueda de tu segundo marido, porque cualquiera que te vea un rato con él sabe que no quieres un segundo marido.
Misao gimió horrorizada al ver sus sentimientos descubiertos a la mínima. Bajó la cabeza avergonzada y se quedó mirando al suelo, incapaz de hacer frente a Megumi.
—¿Lo sabe Aoshi? —le preguntó a las manos de su regazo.
—Lo hemos comentado, sí —afirmó ella—. Y, además, hace días. De verdad que no hace falta veros mucho para llegar a esa conclusión —rio Megumi mortificando a Misao con ello—. De todas formas, piensa en positivo: realmente vais a dar la sensación de que os habéis casado porque hay algo entre vosotros.
—No hay nada entre nosotros —aclaró Misao al instante.
—Por supuesto que lo hay. ¡Ha accedido a casarse contigo! —exclamó Megumi como si eso lo explicara todo.
Pero para Misao, no explicaba nada.
—Porque le pedí ese favor —replicó ella para luego mirar de nuevo a Megumi. Ella se limitó a menear la cabeza en negación.
—Pero qué poco conoces a los hombres. Un hombre no accede a casarse con una mujer porque sí.
—Es evidente que Soujiro sí —refunfuñó ella.
—Ni siquiera Soujiro —la contradijo Megumi—. Hay algo que le ha tenido que mover para hacerlo. Y es muy probable que sea porque te has convertido en la persona más importante para él.
—Sólo soy una amiga… Más concretamente, su única amiga —murmuró Misao resignada—. Por eso habrá accedido al final.
—Créeme, tiene que haber algo más que eso.
—No, es sólo que Soujiro es así de raro.
Megumi resopló con fuerza y la miró con disgusto.
—¿Por qué de pronto eres tan pesimista? —recriminó sin saber muy bien por qué habían llegado hasta ese punto—. Tú no eres así; eres una luchadora. ¿Por qué estás tan derrotada?
—Porque no es que sea pesimista. Soy realista —exclamó alterada—. Hablamos de Soujiro.
Megumi volvió a resoplar, rechazando esa idea.
—Mira, no te lo voy a negar: él es un poco especial. Pero la realidad es que ha accedido a casarse contigo. ¡Un matrimonio, Misao! —volvió al punto clave—. Los hombres no se casan a menos que haya algo importante que les inste a ello. Puede ser amor, cuestiones de descendencia, posición social… lo que sea. Pero tiene que haber algo. Y con este matrimonio, Soujiro no consigue nada.
—Por eso te decía que…
—¡No me interrumpas! —la detuvo al momento y, acto seguido, afirmó contundente—: Los hombres no se casan sin un motivo. Así que, si él no consigue nada, sólo queda otra opción: lo ha hecho porque eres tú.
Misao no supo qué alegar en contra de ella. En realidad, ni siquiera había contemplado la posibilidad que mencionaba Megumi. Ni siquiera se atrevía a considerar algo más allá que el desapego de Soujiro ante ese tipo de cosas. Era cierto que había cuidado de ella, que la había protegido todo el camino hasta casa y que intentaba ayudarla con los problemas que le surgían. Pero en realidad, no había considerado que pudiera ser algo más que la amistad que se había fraguado entre ellos y la rareza con la que encaraba las circunstancias que le rodeaban.
Megumi se levantó de su sitio y sobresaltó a Misao.
—Mi tren parte dentro de poco. Aún tengo que llegar a la estación. —La cogió de la mano para darle apoyo—. No era mi intención hablar tanto. Este asunto es tuyo y debería dejar que tomes tus decisiones. Pero quiero que seas feliz. Por favor, piensa en lo que te he dicho.
Como Megumi empezó a marcharse, Misao la detuvo al ver que el verdadero propósito por el que había ido a hablar con ella no había sido tratado.
—Al final no has respondido a mi pregunta —le dijo con urgencia. Megumi se limitó a sonreír con esa sonrisa pícara de la que tanto hacía alarde.
—Pregúntaselo a Soujiro.
—Pero…
—Eso te obligará a sacar el tema y hablarlo con él. —Megumi retomó su camino—. Recuerda que estáis invitados a venir a Aizu cuando queráis.
Misao no pudo hacer otra cosa que ver su espalda alejarse con una sensación de abandono en el cuerpo. Esperaba que Megumi le resolviera sus dudas, pero lo que había obtenido era una charla en la que había ahondado en sus emociones y la había dejado con más preguntas que respuestas.
Se acercó a la entrada donde vio cómo Soujiro cogía la maleta de Megumi que había dejado en el suelo. Aoshi la esperaba con otra maleta y sujetaba con la otra mano a Asuka.
—Les voy a acompañar —anunció Soujiro—. Así les ayudo con el equipaje.
—No se preocupe. Sólo me quedan estas dos maletas. Podremos nosotros.
—No es molestia…
—Insisto —le interrumpió Megumi. Miró en la dirección por la que había llegado y pudo comprobar que Misao la había seguido lo suficiente como para escucharles—. Pero me gustaría que me hiciera un favor —agregó con un tono muy significativo.
Soujiro sonrió y, por la amplitud de la sonrisa, Misao supo que le había puesto nervioso. Megumi lo había hecho a propósito.
—Todo dependerá de lo que sea —sonrió más y se llevó una mano a la cabeza en un gesto incómodo.
—Quiero que cuides de ella —le dijo de forma categórica tuteándole. Soujiro siguió la mirada de Megumi y se encontró con Misao, la cual observaba la escena tan estática como una estatua.
—Claro —contestó con una sonrisa más tranquila—, eso puedo hacerlo.
— * —
Fin del Capítulo 29
15 Marzo 2018
Notas finales:
No sé vosotras pero yo me estaba imaginado a Megumi con sus orejitas de zorro en todo su esplendor ^o^. Cómo la ha enredado, jijiji.
Espero que os haya gustado ;-D
¡Saludos!
