CAPÍTULO 30: El acuerdo prenupcial


Comentarios a los reviews:

SlayArmisa: Ya dije que me daba pena que Megumi se marchara tan pronto. Pero cuando empecé a ver la parte de Kioto, quería que parte de la carga de Misao al llegar fuese por el desamparo de encontrarse sola además del tema de las contiendas. Es decir, que tuviera un cúmulo de circunstancias que la hicieran derrumbarse (tristeza y desesperación) de modo que se agarrara a un clavo ardiendo (siendo Soujiro el clavo, obvio). Sin embargo, al escribir sobre ello, el tema de las contiendas la eclipsó por completo y el tema de la marcha de Aoshi y Megumi quedó en un «quinto plano». El caso es que, al final, sólo quedó desesperación como combustible, pero fue más combustible del que esperaba. Fue una de esas cosas que te desbaratan de pronto los personajes, pero bueno, al menos no me cambió el hilo de la historia (como ya me ha pasado en otros relatos »_«). Y como me gusta la idea de dejarles solos al inicio de su matrimonio, tampoco lo cambié una vez que vi que no influía demasiado en Misao el que se marcharan. Así que ahí les tendremos a los dos: a la aventura del matrimonio ^o^

ddaisyaguilar52: Bueno... Se ha dado cuenta Megumi y cualquiera que los vea... Si es que los dos son muy obvios (menos entre ellos XD).

Kaoruca: Megumi les da un montón de vueltas a esos dos incautos, y ve lo que entre ellos no se ven. Así que al final ha tenido que ir directa al grano porque si no, con Misao no terminaba nunca. Y ella quiere que Misao sea feliz, así que... ^o^. Y sobre Soujiro, en lo personal, creo que Watsuki le quiso dar ese tinte al personaje. A diferencia de Sanosuke que se marcha a vivir aventuras, Soujiro se marcha para dejar su turbio pasado atrás y vivir tranquilo. Un «ya he tenido suficiente por esta vida». De modo que siempre pienso en su personalidad como «relajante»... al menos de inicio, porque con Misao en medio... ^o^

Gracias por vuestros reviews :-D. Os dejo con el capítulo de hoy. Es cortito y casi de transición de lo que viene, muajaja ^o^. Pero aún así, espero que os guste ;-D


CAPÍTULO 30: El acuerdo prenupcial

Sus cosas llegaron al día siguiente, a la vez que los papeles prenupciales. Y eso sucedió porque todo lo trajo la misma persona.

—Señor Tanaka, ¿qué hace aquí? —saludó Soujiro al hombre de mediana edad que se encontraba en el recibidor del Aoiya.

—Alguien tenía que venir a traerle esta documentación. No podía dejar que pudiera perderse en el correo —argumentó el hombre. El señor Tanaka era la persona que se encargaba de gestionar los temas legales de sus posesiones. Era un hombre afable, pero a la vez estricto con la legislación, de ahí que le hubiera contratado—. Fue muy sorprendente leer que se casaba. Enhorabuena.

—Gracias, pero no hacía falta que viniera hasta Kioto. Podía haber mandado a otra persona.

—No se preocupe. Quiero estar presente cuando se firme el acuerdo. Por lo que solicita, entiendo que es un matrimonio de conveniencia.

Soujiro miró alrededor para comprobar que nadie les hubiera escuchado y se llevó al hombre a una esquina más privada.

—Lo es, pero sólo cuatro personas lo sabemos. —Tanaka asintió al percatarse de que la cuestión era delicada—. Sólo estaremos casados unos meses.

—¿Es por algún motivo que deba saber?

—Es una cuestión personal. —El hombre volvió a asentir sin hacer más preguntas. A él no le pagaban por meterse en la vida de sus clientes—. Pero como el matrimonio no va a ser permanente, por eso hemos solicitado esta documentación.

Soujiro miró a la entrada donde se lo había encontrado parado. Había varias maletas en el suelo, pero teniendo en cuenta que con probabilidad se iría ese mismo día, dudaba que fuesen suyas.

—Le he traído las cosas que pidió en los dos telegramas. —Soujiro había vuelto a solicitar cosas a su casa cuando fue un hecho que se quedaría allí durante varios meses—. Cuando recibí el suyo, me pasé por su casa para poner a punto los papeles y allí estaban buscando a alguien para traer sus cosas. Al parecer, les pidió algo de valor que no querían mandar por correo.

—Es cierto —suspiró con una sonrisa, pensando que había estado pendiente de la llegada de sus pertenencias en vano—. Veo que le han usado de recadero.

—No importa. Iba a venir de todas formas a traerle sus papeles.

—¿Soujiro? —Se dio la vuelta cuando escuchó que Misao le llamaba—. Me han dicho que ha venido alguien a buscarte.

—¿Me tienes vigilado? —preguntó divertido. Misao se acercó con claro gesto aliviado.

—No exactamente —contestó ella cuando estuvo a su lado—. Poca gente sabe que estás aquí, así que el hecho de que vengan por ti, me inquieta.

—Sería un poco extraño que alguien entrara en el Aoiya para hacerme daño —replicó con tono divertido, porque Soujiro sabía a la perfección que hablaban de eso. Misao le había dejado bien claro que le preocupaba que le sucediera algo antes de que se casaran.

—Nunca se sabe…

Soujiro negó sonriente con la cabeza y le presentó al hombre que había llegado con sus cosas.

—Él es el señor Tanaka —le dijo a Misao. El hombre hizo una formal reverencia—. Es el abogado que lleva mis asuntos en Yokohama. Ha traído el contrato prenupcial.

—Eso es estupendo —comentó Misao cambiándole por completo el humor—. Es lo único que nos faltaba.

—Ella es Misao Makimachi: mi prometida —siguió con las presentaciones él. Ambos se saludaron.

—¿Se va a quedar aquí? —preguntó Misao con su tono más hospitalario.

—No, en realidad tengo pensado volver hoy mismo. Sólo vengo a comprobar que todo esté en orden.

Misao asintió en conformidad.

—Voy a avisar a Aoshi, entonces.

— * —

Misao observó —con evidente tensión—, tanto a Aoshi como al señor Tanaka. Ambos estaban absortos en los correspondientes documentos acerca de sus posesiones y las condiciones para el matrimonio.

Ella sólo veía el momento de firmar el maldito contrato. Pero entendía que Aoshi quisiera cerciorarse de lo que habían redactado. Ellos no tenían abogado propio, por lo que la redacción del contrato prematrimonial había sido realizada por el señor Tanaka.

—Es un contrato sencillo —alegó el hombre—. Puesto que no hay vinculaciones ni intereses de por medio, sólo es un documento que atestigua la separación de bienes y que cada uno mantendrá su tenencia en caso de separación.

Aun así, Aoshi terminó de leerlo. Después le asintió a Misao y tuvo que sacudir dos veces su mano para conseguir que dejara de temblarle. Sin embargo, Soujiro estampó su firma sin pensárselo, para sorpresa de Misao.

El señor Tanaka recogió el documento firmado por su parte y lo metió en un maletín, dejando otra copia firmada para ellos.

—Si no se me requiere para nada más, vuelvo a casa ya.

—Gracias por molestarse en venir hasta aquí —le agradeció Soujiro con una inclinación.

—No ha sido nada.

—Le acompaño a la puerta —se prestó Soujiro.

—No hace falta —le detuvo Tanaka—. Sé dónde está.

El hombre se marchó sin más dilación y dejó a los presentes allí. Aoshi recogió el documento que permanecía sobre su escritorio y le echó un último vistazo antes de guardarlo en un cajón.

—Otra cosa menos —comentó sin demasiada emoción, como si aquella fuese una tarea habitual.

—Cierto, ya solo nos queda buscar un día —expuso Misao entusiasmada a la vez que se colgaba del brazo de Soujiro—. Venga, nos vamos —instó, y le arrastró hacia la puerta.

—¿A dónde?

—¿Cómo que a dónde? —replicó ella con ironía—. A buscar al sacerdote que nos pueda casar cuanto antes, por supuesto. Hoy nos toca recorrer todos los templos de la ciudad.

— * —

No pensaba que se pudiera recorrer todo Kioto en una tarde, pero lo habían hecho. Habían ido a todos los templos buscando un día en el que un sacerdote pudiera casarlos. Soujiro estaba más que asombrado de que hubiera días asignados para los distintos servicios que daban. Siempre había pensado que bastaba con acercarse al templo y que el sacerdote que estuviera allí los casara.

Pero había resultado que, aunque había ciertos eventos como las oraciones diarias de los miembros del templo o los funerales que se realizaban indistintamente del día, otros casos como celebrar ceremonias matrimoniales sólo las realizaban una vez a la semana y programadas con cierta antelación. Suponía que aquello era una de las consecuencias de vivir en una gran ciudad. En vez de oficiar eventos según llegaban y de forma caótica, los concentraban ordenados a lo largo de la semana.

Al final, Misao había conseguido —a base de insistir— que uno de ellos los casara el próximo día de casamientos a pesar de tener el día cubierto y ser su petición repentina. Le había jurado que no quería nada elaborado y que con sólo ir al grano de la ceremonia le bastaba; que del resto de la celebración ya se encargarían ellos en el Aoiya. Y, a cambio, Misao se comprometía a llevarle un menú completo por las molestias en ese día tan atareado y en el que seguro que no tendría tiempo para hacerse su propia comida.

Aquel fue uno de los sobornos más peculiares que había visto en su vida, pensó divertido Soujiro.

Abrió las maletas que le había dejado Tanaka en busca del regalo para Misao. La caja se encontraba entre su ropa para evitar así los golpes. Abrió el estuche y suspiró.

A la hora de la verdad, le creaba cierta ansiedad dárselo. Cuando lo compró, no había esperado que las cosas se dieran así. Entregarlo y marcharse; ésa había sido su idea de inicio. Pero ahora, tendría que convivir con ella durante varios meses. No sabía muy bien qué pasaría. ¿Se sentirían incómodos después? ¿A Misao le parecería ridículo el motivo por el que lo compró?

No, eso no. Misao era muy considerada con él. No le hacía sentirse como un bicho raro. Era una de las cosas que había hecho que la quisiera.

Inspiró hondo.

Desde que se habían convertido en prometidos, había pensado mucho acerca de su situación. En un principio, se había quedado unos días más allí mientras esperaba a que le llegaran sus pertenencias desde Yokohama precisamente para poder disfrutar de esa emoción por fin descubierta.

Pero en realidad, no había podido hacerlo debido a todo lo sucedido desde el día siguiente. Misao había estado deprimida y angustiada en todo momento, y para él, todo había resultado muy desagradable, tanto por las circunstancias de ella como las de él. La Misao que había conocido había desaparecido durante aquellos dos eternos días y él había preferido mirar para otro lado. Y aunque después habían solucionado en parte el problema y los días posteriores su humor había mejorado mucho, sentía como si se le clavase una espina cada vez que ella sacaba a relucir lo agradecida que estaba porque por fin podría llevar la vida que quisiese cuando volviera a casarse.

Por eso, cuando le contara su historia, le pediría que dejara de mencionarlo, aunque Misao solía entenderle tan bien que posiblemente ella misma dejara de hacerlo por iniciativa propia. A diferencia de él, Misao estaba muy pendiente de cómo se sentía la gente a su alrededor, por lo que sabría qué cosas podrían afectarle y cuáles no.

Y seguro que ella comprendería que hablarle de lo que haría después no le agradaría.

Soujiro pretendía guardarse ese tiempo con él. En vez de sólo unos días, ahora tendría seis meses para atesorar buenos momentos con ella y por eso había decidido que no dejaría que su certero final lo deprimiera. Pero para eso, ambos tendrían que dejar de hablar de lo que pasaría después y centrarse en el día a día. Aunque, para llegar a ese punto, primero tendría que cumplir su promesa.

Suspiró de nuevo cerrando la tapa a la vez que sus ojos.

Se empezaba a arrepentir de haberse prometido hacer aquello. No quería tener que hablar de cómo se sentía sobre sus emociones, ni de cómo había iniciado todo. Pero por eso lo había comprado en un principio, ¿no?

Sin embargo, ahora que el momento había llegado, se estaba echando para atrás.

«No», se dijo con ímpetu en su mente. En realidad, no le importaba lo que sucediese. Siempre había estado mentalizado de ello. No podía dudar ahora.

Se lo daría al día siguiente, pensó con una inspiración profunda para relajarse. Aunque iba a haber bastante ajetreo porque se iban a casar en tres días y había mucho que organizar, buscaría un buen momento y le explicaría todo.

Era algo que tenía que hacer.


— * —


Fin del Capítulo 30

22 Marzo 2018


Notas finales:

Ainssss, amigo mío (Soujiro)... Hacer frente a la posibilidad del rechazo es duro ^o^. Si es que tienes la cabeza llena de grillos, pero ya se está encargando la realidad de matarlos a manotazos ^o^.

En fin, el capítulo es cortito, pero esta vez, la espera para el siguiente es menor ;-D

¡Saludos!