Nota: Me entretuve más de lo normal escribiendo una parte del capítulo 5 del ff "El primer amor" (centrado en Yohei Mito), así que tuve que darle su propio lugar a las aventuras de estos tres.
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El departamento de Kogure
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Capítulo 1: El departamento de Kogure
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Kiminobu Kogure quería ser médico desde que era un niño y su mamá se enterró una espina en el dedo cortando unas flores. No había pasado nada grave, pero verla sacar unas pinzas, limpiar la herida y luego sanar lo había hecho feliz. Esperaba hacer eso por los demás, sanar. Todos consideraban que tenía las capacidades y la personalidad para ello y él estaba convencido de que lo conseguiría siendo el buen alumno que era.
Pero el primer semestre fue más difícil de lo que imaginó. Ya no podía jugar basquetbol para desestresarse y extrañaba esos minutos en la cancha. Tenía que correr todo el día de un lado a otro con unos libros pesadísimos y su carrera era extremadamente competitiva.
Para pagar sus gastos había encontrado un trabajo en la cafetería del campus, así que con todo lo que tenía que hacer, llegaba a casa sin energías para estudiar en las noches, sin embargo, lo hacía igual. Nadie diría que no se esforzaba lo suficiente.
El chico sano y sonriente de siempre comenzó a bajar de peso y a tener grandes bolsas bajo los ojos que no desaparecían con nada. Incluso estaba irritable, algo que solo notaban las personas cercanas. Finalmente, sus padres no aguantaron verlo así y le dijeron que debía buscar un departamento cerca de la universidad y del trabajo, ellos lo apoyarían económicamente si fuera necesario. Ver a su alegre hijo convertirse en un zombie era doloroso.
Así es como apareció el departamento de Kogure. Era muy pequeño, de una sola habitación y cocina abierta, baño y un ventanal que daba a un espacio de 10 cm que correspondía -con imaginación- a un balcón. Solo cabía su cama, una mesa para estudiar y comer, una pequeña televisión en la pared y unas cuentas cosas personales más. Lo bueno es que quedaba tan cerca de la universidad que podía ir caminando. No tener que pasar horas en el transporte público lo había renovado y ahora tenía tiempo hasta de jugar basquetbol con sus amigos. Incluso comenzó a comer otra vez, disfrutándolo, no solo tragando lo necesario para sobrevivir.
Al principio estuvo triste de que sus padres lo obligaran a mudarse, pero rápidamente se dio cuenta de que le gustaba tener su propio lugar. Como el chico responsable que era, estaba todo limpio y en su lugar. Para mantenerse saludable y ahorrar, decidió preparar las comidas con antelación. Su refrigerador sería la envidia de Marie Kondo. Todo saludable y ordenado perfectamente por tipos de alimento, con etiquetas que indicaban la fecha de preparación y el mejor orden para comerlos frescos... más alguna que otra cosa que le traía felicidad, aunque no fuera especialmente nutritiva.
Lo otro que le daba mucha felicidad era que sus amigos estudiaran en la misma universidad. Akagi psicología y Mitsui arquitectura. El excapitán había conseguido una beca deportiva completa por sus buenas calificaciones y desempeño en la cancha. Mitsui, de malas notas, la consiguió por seguir siendo el mvp de la secundaria: sus tiros de tres puntos tenían un porcentaje de acierto superior a la media. Los dos jugaban en el mismo equipo así que seguían compitiendo.
Ahora que tenía más tiempo, le gustaba almorzar con ellos y pronto se dio cuenta de que Mitsui no podía cuidarse solo. Akagi era ordenado, enérgico y responsable, pero al número 14 solo le gustaba jugar basquetbol y desatendía sus estudios, así que pasaba noches enteras intentando aprender lo que no había entendido antes. Akagi estaba completamente harto de su compañero de equipo, así que Kogure optó por ser, como siempre, el mediador. Los invitó a su departamento. Ahí podrían comer bien, descansar y estudiar en compañía. Se transformó en el lugar de reuniones y en el segundo hogar de los universitarios deportistas.
Si alguien no veía a Akagi en las tardes, era probable que estuviera durmiendo una siesta entre clases y entrenamientos. Si Mitsui tenía hambre, pero no quería perder su estado físico para seguir jugando, era fácil adivinar que estaba en casa de Kogure comiendo de los tupper listos del refrigerador.
En algún momento les dio copias de las llaves con un pequeño adorno: para Akagi un número 4 y para Mitsui un número 14. Así no tendrían que esperarlo para ir o interrumpirlo en el trabajo.
Sí, Kiminobu Kogure era el "amigo mamá" del grupo. Y vaya que se arrepentiría.
