nota: este es un spin off del ff "El primer amor" y pueden leer un complemento de este capítulo ahí.
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El departamento de Kogure
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Capítulo 2: De cuando decidieron vivir juntos o cómo Mitsui fue pillado con una chica en la cama de Kogure.
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El incidente que los llevó a arrendar un departamento juntos era vergonzoso para todos y habían decidido, por la paz de la convivencia, dejarlo atrás
Pero Kogure había bebido unas copas, la reunión de inauguración y estreno del departamento ya llevaba un par de horas y decidió que Mitsui merecía sufrir un poco más la vergüenza que les hizo pasar. Además, solo estaba presente el equipo de Shohoku (y la pandilla de Hanamichi que lo acompañó en busca de comida gratis). La historia comienza más o menos así.
Mitsui quería jugar básquetbol y la universidad era un medio para ese fin. Se decidió por arquitectura porque podía dibujar y tenía destreza con las manos. Ese día estaba completamente dedicado al taller de dibujo y la tarea era seleccionar un edificio del campus y renovarlo. Él eligió la torre de la facultad de medicina.
Siempre le llamó la atención que fuera de estilo gótico y occidental que no tenía mucho que ver con los propósitos del lugar. Quería ir a entrenar y lo haría tan pronto terminara con eso. Prefería siempre mirar bien su objetivo, estudiarlo, transformarlo en su mente y luego comenzar a trazar, del mismo modo que lo hacía al lanzar una canasta de tres puntos. Estaba tan concentrado mirándola que no ponía atención a su alrededor ni a su caminar errático. De pronto sintió un empujón en su hombro y una persona cayó al suelo, era claramente alguien más bajo y menos muscular que el jugador. Mitsui se irritó un poco, aunque la culpa era compartida, giró y encontró a una chica rubia, pequeña y muy delgada en el suelo.
La ayudó rápidamente estirando su brazo marcado. Ella le agradeció y comenzaron a levantar los papeles y libros que llevaba. Se notaba apurada. Mitsui reconoció algunos.
- ¡Hey! mi amigo Kogure está leyendo el mismo.
- ¿Kiminobu Kogure el chico alto de lentes? Es mi compañero -le dijo sonriendo con timidez.
- Pero él no tiene clases a esta hora... "¿estará faltando?"
- Su sección es de la mañana.
"Eso tiene mucho más sentido". Mitsui decidió ayudarla a llevar los libros y la dejó en el salón correspondiente que ya conocía porque había recogido ahí a Kogure muchas veces para ir a almorzar luego.
La muchacha tenía los ojos maquillados de un bonito color verde que combinaba con su vestido. Era muy simpática y le explicó qué estudiaban, Kogure se había estado amaneciendo todos los días desde hace una semana y parecía ser la tónica de todos los alumnos de primero porque las bolsas bajo los ojos, los vasos de café y las bebidas energéticas abundaban.
La chica se mantuvo sonrojada todo el tiempo que se demoraron en llegar. Él era notoriamente más alto que el promedio. Sabía que pertenecía al equipo de básquetbol porque Kogure lo había mencionado antes. Y porque ella ya lo había visto rondar varias veces por ahí. Mitsui llevaba el pelo un poco largo amarrado en una coleta pequeña y algunos cabellos caían al lado de su rostro, era difícil de ignorar.
Fue un flechazo inmediato, pero jamás había tenido la oportunidad de estar tan cerca de él y menos hablarle. Podía sentir que su órgano muscular hueco y contráctil ubicado un poco a la izquierda del pecho estaba trabajando más rápido de lo normal. "Debo estudiar más, esa descripción del corazón es demasiado vaga". Los latidos eran casi lo único que podía escuchar.
Mitsui dejó la torre de libros y papeles sobre la mesa y se entretuvo con un esqueleto colgando cerca de la puerta al que el profesor de una de las cátedras llamaba Betty. Le había pedido muchas veces a Kogure que llevara uno igual a casa.
- Muchas gracias -le dijo apurada antes de que se fuera. -Mi nombre es Akiko Sato.
- Hisachi Mitsui.
Así había empezado. Luego de eso se encontraron un par de veces y ella utilizaba todas las fuerzas que tenía para mantener una conversación diferente cada vez y no caer en el clima y las clases, temas aburridos que poca información le daría de sus gustos.
Podía verse pequeña, minúscula a veces, pero era atrevida y perseguía lo que le gustaba cuando tenía la oportunidad. Y Mitsui no parecía indiferente. Claro que eso traía ciertos inconvenientes como andar con el tiempo justo porque ahora tomaba el camino largo para llegar a su facultad, rodeando primero la de arquitectura por si lo veía por ahí. También visitaba más la cafetería de la universidad en la que trabajaba Kogure.
Mitsui se llevaba bien con ella, cuando iba a buscar a su amigo la saludaba y conversaba. Incluso la invitó a ver alguno de sus partidos y ella asistió entusiasmada. Mantenía un coqueteo cordial.
Pero lo que los llevó esa tarde a casa de Kogure fue otro incidente.
Mitsui había terminado los exámenes y sus amigos de arquitectura lo invitaron a celebrar. Como no tendría entrenamientos esa semana, decidió aceptar e ir al bar ese viernes por la noche. Le avisó a su mamá que se quedaría con Kogure estudiando y mientras se probaba ropa en el departamento de él y le preguntaba su opinión, aprovechó de decirle que llegaría tarde y que por favor le guardara algo de comer. No tenía que pedirlo, su amigo siempre tenía algo preparado y lo único que quería era que ya se largara para seguir estudiando.
Quería lucir bien porque hace mucho que no salía a divertirse y estaba renovado con el fin de las largas noche de estudio. Se decidió por un camiseta holgada y una chaqueta de cuero. El bar tenía un karaoke abierto y uno de sus compañeros ya estaba borracho haciendo un delirante espectáculo frente a todos, aunque debía admitir que, para casi no mantenerse en pie, el chico tenía buena voz. Se sintió observado y al girarse encontró la mirada de Akiko.
La chica rubia le sonrió abiertamente y se acercó más rápido de lo normal. Había estado bebiendo desde que lo vio entrar con la esperanza de tener las agallas para por fin invitarlo a salir.
- Hey -le dijo empujándolo suavemente a la pared. Mitsui no entendía qué estaba pasando- te invito a una cerveza.
- Gracias, pero ya bebí una.
- Por favor, Mitsui, celebremos un poco, por los exámenes que se terminaron y por conocernos.
Mitsui aceptó, jamás le habían abordado tan directamente y le gustó. A la vez estaba un poco preocupado por ella, no estaba borracha y sus amigas estaban ahí, pero los exámenes de los estudiantes de medicina aún durarían una semana más y si ya lo estaba olvidando, era mejor tener un ojo sobre ella solo por si acaso.
Charlaron mucho. La verdad es que no tenían tanto en común, pero ella era bonita y graciosa, y ese vestido ajustado le quedaba increíble.
Estuvieron hasta las dos de la mañana y luego se ofreció a llevarla a su residencia. Las amigas la dejaron a su cargo porque sabían lo mucho que a Akiko le gustaba Mitsui y así podrían atrasar la condena de escucharla hablar de él sin parar, al menos hasta el día siguiente. Sin embargo, le advirtieron que si se propasaba con ella utilizarían todos sus conocimientos de anatomía ("que corresponden solo a un semestre, así que no son perfectos") para castrarlo. Él jamás haría algo así, pero se sintió amenazado igual.
La dejó en la puerta de su casa y antes de irse ella se le abalanzó y lo agarró a besos. Mitsui quedó demasiado sorprendido como para responder. ¿Era un efecto del alcohol? ¿Esto contaba como "aprovecharse" y las amigas aparecerían para quitarle partes de su cuerpo que le parecía necesitar? ¿Debería regresarle el beso? porque en realidad se sentía bien. En medio de eso la chica se separó, lo miró y entró corriendo al edificio, dejándolo confundido en medio de la noche.
Llegó como a las 3 am al departamento de Kogure y Akagi le tiró un cojín por hacer ruido y despertarlo. El chico tuvo problemas para dormir. Hace muchísimo tiempo que no besaba a una mujer. Desde que se reunió con el básquetbol, de hecho. Había olvidado lo mucho que le gustaba.
Estuvo varios días inquieto y evitando pasar por la facultad de medicina, hasta que finalmente se encontró con ella en la cafetería. Kogure terminaba su turno a las doce y pasaría a dejarle una chaqueta como el chico de lentes le pidió. Esa tarde almorzaría donde Uozumi con Akagi, pero había olvidado llevar algo para cubrirse del frío de la tarde.
La chica entró a la cafetería y su cara se puso roja como un tomate mientras intentaba esconderse entre la gente. Sus acompañantes, como buenas amigas, le dieron un pequeño empujón para que se acercara a Mitsui mientras se reían abiertamente.
Se sentaron a conversar y, para alivio de los dos, se rieron de la situación. Kogure ya se había marchado y decidieron caminar aprovechando que ninguno de los dos tenía clases por al menos dos horas.
Terminaron en la entrada del departamento de Kogure. No fue planeado, pero comenzaron a besarse y entraron casi sin separarse.
Mitsui no sabía si estaba preparado para esto, pero en realidad lo deseaba. No había dejado de pensar en ella. La chica se sacó el vestido y lanzó al basquetbolista a la cama. Aunque era muy pequeña estaba totalmente decidida, tampoco había dejado de pensar en él.
Después de varios minutos de besos y quitarse lentamente el resto de la ropa, se pusieron de rodillas sobre la cama y ella comenzó a desabotonarle el pantalón. Por fin sucedería. Mitsui le soltó el cabello anudado en un moño desordenado y ella hizo lo mismo con el de él. Le encantaba su pelo largo y negro.
La agarró de la cintura y la recostó fácilmente. Se acercó a besarle la oreja mientras ella le acariciaba los costados del abdomen mientras pensaba que eran "los oblicuos más marcados que he visto, esto no lo enseñan en la escuela de medicina" y Kogure abría la puerta. Akagi estaba junto a él, más rojo de lo que había estado nunca.
"Mierda" pensó Mitsui perdiendo cualquier rastro de excitación. "¿Qué hacen aquí?"
La chica se tapó con lo que encontró y Mitsui la ayudó. Kogure volvió a cerrar la puerta para darle privacidad. Se vistieron rápidamente y él comenzó a pedirle disculpas una y otra vez. Akiko le respondía que la culpa era ella, que lo había perseguido. Le dijo a Kogure que podía entrar y comenzaron a disculparse otra vez.
El chico dejó la mochila en el suelo y le ofreció un té para calmarla, pero ella se retiró lo más rápido que pudo sin mirar a ninguno de los tres chicos de su edad. Akagi no sabía qué hacer y decidió que era mejor ocupar esa oportunidad para retirarse también, pero Kogure lo detuvo.
- Los tres tenemos que hablar. Siéntense.
-Kogure, olvidemos esto, a cualquier le puede pasar...
- Claro que no -dijo Akagi- ¿Cómo traes a una chica a un departamento que no es tuyo? ¡y a la de tu amigo!
- ¡No fue planeado! ¿Quién crees que soy?
- Sakuragi dijo el pelo largo aumenta su maldad...
- ¿Y desde cuándo le creemos a Sakuragi?
Kogure trajo una pequeña taza a la mesa y se sentó frente a ellos, no había hablado en todo ese rato.
- Kogure, lo siento mucho de verdad.
- Ella es mi compañera de curso.
- Lo sé, nos conocimos hace un tiempo... ayer nos encontramos en el bar...
- ¿Estuviste bebiendo? - preguntó Akagi como una mamá decepcionada de su hijo adolescente. Más para molestarlo aprovechándose de la situación que porque realmente le importara, Mitsui bebía muy poco y era responsable con su salud y su deber como deportista.
- ¡Dos cervezas!
Kogure les dio un discurso sobre el respeto, los espacios personales, la convivencia. Les recordó que él los deja hacer y deshacer en ese departamento, que se pueden comer su comida y estudiar, que no les pide nada por eso y jamás lo haría. Pero que todo tiene un límite.
Los dos escucharon sin interrumpirlo. Su voz era grave, sus ojos pequeños y hasta el final de sus días asegurarían que la temperatura del lugar había disminuido única y exclusivamente gracias a la furia del siempre amigable megane-kun. La única vez que Kogure se había enojado con Mitsui fue cuando llegó con su pandilla a destrozar el gimnasio, pero en esa oportunidad había sentido lástima por su amigo, ahora no.
Ahora estaba simplemente aburrido de esa dinámica en que él debía hacerse cargo de todo mientras descubría que su departamento era un hotel bed & breakfast. Con razón la mamá de Mitsui lo llamaba a él y no a su hijo para preguntarle cómo estaba y si no andaba en malos pasos. Se había transformado en el único adulto responsable y no le estaba gustando. No sabía tampoco si era mejor no haber cancelado el almuerzo con Uozumi o haber descubierto esta situación y terminar de una vez con ella.
Ellos venían, dormían, estudiaban, comían, descansaban y ayudaban muy poco. Pero no lo malentiendan, Kogure estaba feliz de tenerlos cerca. Estaba, tiempo pretérito. El vaso se había colmado.
- Hisahi, Takenori, o buscan un departamento para los tres, con piezas y camas separadas, del que nos hagamos cargo en conjunto o no les hablaré nunca más. Tienen tres días.
No era una amenaza terrible. La ley del hielo era algo de niños, pero incomodó mucho a sus dos amigos. Se levantó y abrió la puerta indicándoles que debían salir.
- Kogure...
El chico los miró con ojos asesinos que habrían hecho retroceder a Sakuragi y su pandilla. Salieron.
- Eres un imbécil -le dijo Akagi caminando en dirección a la estación para volver a su casa. - Y NO SÉ POR QUÉ TENGO QUE SUFRIR YO LAS CONSECUENCIAS DE TUS ACTOS.
Lo demás era historia conocida. Kogure los ignoró, habló con otras personas ("¿por qué es tan sociable?" se preguntaba a diario Akagi), no contestó llamados ni se inmutó de verlos a cada rato siguiéndolo. Mitsui no sabía cómo sobrevivir sin la comida saludable de Kogure y Akagi necesitaba un lugar donde descansar en medio del día. Y alguien con quien conversar de todo y de nada, el chico de lentes era su mejor amigo. Mitsui también lo pensaba, pero no admitiría esa parte.
Al tercer día -el plazo final- caminaron por horas visitando departamentos en arriendo hasta que encontraron uno perfecto, de tres habitaciones, cocina abierta en un pequeño espacio común. Se lo quedaron, sacaron copias de las llaves y se presentaron frente a Kogure como si fuera una ceremonia de arrepentimiento muy formal, en cierto modo lo era.
Él los hizo sufrir un poco más y aceptó la llave sin decirles nada. Pasarían años antes de contarles que después de echarlos de su departamento y darles el plazo de tres días había llamado inmediatamente al dueño del departamento para avisarle que se cambiaría de residencia, conocía a sus amigos demasiado bien y sabía que aprenderían la lección. Al día siguiente se apareció en el entrenamiento del equipo de básquetbol de la universidad con almuerzo para los tres. Tanto Akagi como Mitsui se aguantaron las ganas de llorar, no sabían en qué momento se habían vuelto tan dependientes de Kogure.
El chico de lentes y los demás compañeros del equipo de básquetbol de la preparatoria Shohoku se reían tanto que tenían lágrimas en los ojos. Hasta Rukawa se había tirado al piso (y se acomodaba, era una buena oportunidad para dormir). Mitsui estaba completamente rojo.
- NO FUE A PROPÓSITO, lo juro...
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