CAPÍTULO 33: Expectativas


Comentarios a los reviews:

Sora Celes D'Rossette Tsubasa: Jajajaja, sabía que a muchas os dejaría tiradas en el suelo con ese capítulo XD. Me alegra que te esté gustando el fic, y sobre todo, que la pareja te esté convenciendo *o*. Incluso con lo poco que sabemos de Soujiro por el manga, tenía todos los elementos para convertirse en un personaje adorable... ainsss (MAEC suspira).

Kaoruca: Muajaja. Cómo me he reído con las dos primeras líneas de tu mensaje. Qué ataque me da cada vez que lo leo XD. En fin, me alegra que os haya gustado cómo se le ha declarado. Por alguna razón, no soy capaz de ver a Soujiro lanzando una declaración de amor empalagosa, a pesar de que sus sentimientos por ella son muy fuertes. Y de la misma forma, tampoco soy capaz de ver a Soujiro reflexionar sobre la falta de respuesta de Misao. Ni siquiera había pensado en ello hasta que Misao lo menciona. Por eso tampoco se desilusiona o deprime por ello. Está convencido de inicio al 200% de que Misao no le quiere y tampoco eso va a cambiar. Por eso, Misao sí luchará por enamorarle, pero él no. Aun así, a él le vendrán los golpes por otro lado y suficiente va a tener ^o^.

Guest ¿Estefi?: Supongo que ya habrás visto que no he borrado la historia. La revisé tras actualizar «Un final alternativo» y según les haga el último repaso, iré subiendo los capítulos. El problema está en que tengo un montón de frentes abiertos: por un lado, tengo que escribir «Radiante», pero hay partes que me atascan y ésas me hacen evadirme con la historia de Fairy Tail que he empezado. Por otro lado, además de preparar «Recuerdos olvidados», también tengo que preparar los capítulos del fic de «Boku no hero Academia» que estoy subiendo. Lo sé, parezco masoca, pero son venadas que me dan: cuanto menos tiempo tengo, más ansia me da por hacer más cosas »_«.

SlayArmisa: Bueno, creo que lo de Misao le pasa a todo el mundo: se empieza a imaginar la historia en su cabeza pero no cuenta con lo que hará el resto de implicados. Y como le decía a Kaoruca, me alegra que os gustara la declaración de Soujiro porque me costó un montón hacerla, sobre todo porque Soujiro tampoco es empalagoso al decir sus sentimientos. No me lo puedo imaginar haciendo una declaración grandilocuente, la verdad. En fin, espero que te recuperes de la espalda, así que haz reposo ;-D

Rocio-del-Pilar: Sí, Misao se complica la vida u_uº. Pero esto no es lo que le viene a Soujiro. No sabe dónde se ha metido »_«

Gracias por vuestros reviews :-D. Os dejo con el siguiente capítulo, que estoy convencida de que os va a gustar ;-D


CAPÍTULO 33: Expectativas

Iba a tener que pensar una estrategia, pero lo peor de todo era que no podría hacerlo de una manera convencional. Además, ni siquiera sabía hasta qué punto Soujiro se sentía unido a ella en ese terreno, aunque sí creía que no era mucho. Tenía muy claro que, si la hubiera querido, no habría tenido que forzarle a ese matrimonio fals…

No, esas palabras le infundían negatividad. Ella misma se echaba piedras en su camino sin darse cuenta. Era evidente que el último par de semanas había sido horroroso. Había dejado de ser ella misma; temerosa de acabar casada con alguien que no quería para luego angustiarse por pensar que pudieran truncarse sus planes. Había estado tan a merced de las circunstancias que había terminado agradecida de cómo había concluido todo.

Pero, aunque estaba agradecida, no se iba a conformar. Y para ello, tenía que dejar de usar palabras que la minaran como hablar de un matrimonio falso. Un matrimonio falso no traía nada bueno. Era sinónimo de mentira y engaño, otras dos palabras negativas. Lo suyo era un matrimonio de conveniencia —que era infinitamente mejor que uno falso— puesto que aquí las dos partes sacaban beneficio.

Porque iba a conseguir que Soujiro pensara en su matrimonio como beneficioso o no se llamaba Misao.

—¿En qué piensas? —preguntó Soujiro divertido.

—¿Por qué?

—De repente te veo sonreír y pareces radiar felicidad.

No podía ser de otra forma siendo éste el primer día en el que por fin estaba libre para luchar por lo que quería, lejos de todas las circunstancias que intentaban encaminarla por el sitio no deseado. Y encima, partía de unas condiciones favorables: ya estaba casada con él.

—Es que creo que por fin mi cuerpo se ha conectado con la verdad de que estoy libre —mintió con el claro propósito de esconder el verdadero motivo.

—Creo que eres la única mujer que piensa que estar casada es estar libre —repuso más divertido que antes.

—Eso es porque no han vivido mis circunstancias. Si no, también lo pensarían —adujo ella con énfasis—. Estoy muy feliz de estar casada contigo, Soujiro.

—Me alegro.

La sonrisa sincera de Soujiro por sus palabras hizo que apuntara la primera regla de su estrategia en blanco. Hacerle saber lo importante que era en su mundo tenía que ser prioritario. Estaba bastante convencida de que Soujiro nunca había sido importante para alguien fuera del ámbito de arma humana.

—Sí, ya veo que vas asimilando que está hecho. Hasta estás más tranquila que hace un rato. Como puedes ver, no me he muerto antes de casarnos.

Misao se volvió a tensar en cuanto lo dijo. Se habían puesto a hablar de otros temas, por lo que había perdido de vista la consumación del matrimonio. No sabía qué hacer. En realidad, quería sacar el tema, pero era algo demasiado bochornoso para ella.

—Ya… Bueno… Sobre eso… —titubeó sin poder evitarlo.

A Misao se le aceleró el corazón como si estuviera corriendo. ¿Cómo podría sacar la conversación? Pero tenía que hacerlo. ¿No acababa de decir que había que pelear por lo que uno quería? Sin embargo, era más fácil pensarlo que hacerlo. Hablaba de algo en extremo personal e íntimo. Se podría llevar un rechazo rotundo, así que optó por intentar hacerlo parecer casual.

—No estaba nerviosa por eso. —Misao carraspeó y se enredó en las manos como si limpiara suciedad en ellas—. ¿Has pensado… por casualidad —añadió rápidamente en tono desentendido— que es nuestra noche de bodas?

—¿Qué? —preguntó él sin entender.

—Pues eso: que nos hemos casado y es nuestra noche de bodas. —Se formó un muy incómodo silencio que Misao no pudo evitar romper hablando de forma acelerada—. Es que no lo hemos comentado, así que claro, no sabía qué podría pasar. Porque sabes lo que sucede cuando dos personas se casan, ¿verdad? ¡Qué estupidez! Por supuesto que lo sabes, no eres idiota. Pero como no lo hemos comentado —parloteó repitiéndose— pues no sabía qué esperar. Así que…

—Misao, para —le dijo mientras la cogía de la mano.

—Gracias —susurró a la vez que se encogía sobre sus piernas. Estaba haciendo el ridículo.

—¿Por qué me agradeces ahora?

—Porque ya no sabía qué decir —respondió con su cabeza escondida—. Ya sabes lo que me cuesta hablar de esto.

—Bueno… Si te deja más tranquila, no me lo había planteado. —Si no fuese porque en ese momento no se atrevía ni a mirarle a la cara, le habría dado un puñetazo—. No es un matrimonio de verdad, a fin de cuentas.

—Pues yo sí —gimió Misao a sus piernas.

—Ya lo veo… —Soujiro sonrió ameno en un intento de levantar el ánimo de Misao—. Te has preocupado en vano.

—No, no lo hago, porque lo que me preocupa es que no lo pensaras.

—¿Qué? —preguntó Soujiro muy desconcertado.

—No quiero ser una mujer que después de un matrimonio sigue siendo virgen.

Por mucho que lo dijera oculta entre sus piernas, Soujiro no podía alegar que no la hubiera escuchado. Lo había hecho… y perfectamente.

—¿Esperabas… que tú y yo…?

Soujiro se quedó paralizado ante esa idea que no había considerado hasta la fecha. Pero para él, era una puerta cerrada hacía muchos años. Después de su experiencia con la oiran* y tras recuperar sus emociones, había intentado imaginarse haciendo lo mismo con otras mujeres atractivas que veía por la calle. Pero cuanto más lo pensaba, más aversión le producía todo. Por eso había llegado a la conclusión de que no le gustaba el sexo, lo que había hecho que tampoco pensara en ello ni remotamente.

En cambio, ahora…

Sintió que el corazón empezaba a acelerársele y respiró hondo para intentar serenarse. Miró a Misao, la cual seguía acurrucada contra sus piernas, incapaz de hacerle frente. Sabía que estaba muy avergonzada. Ella no era capaz de hablar de esos temas sin tapujos y en el pasado se había valido de esa debilidad para manipularla. Le había tenido que costar mucho decirlo y por eso se escondía.

Soujiro respiró de nuevo, aunque no conseguía ralentizar su corazón con eso. Se suponía que aquello no le gustaba. Lo había desechado años atrás e imaginaba que por eso lo que sentía por Misao se encontraba más en un espectro platónico; más en la línea de lo que él había concebido para esos sentimientos: un amor a distancia.

Pero ¿por qué, entonces, se sentía tan inquieto ante la expectativa? ¿Por qué, de pronto, su sangre se había puesto a revolotear por su cuerpo al imaginar el llevar a cabo su propuesta cuando se suponía que eso no le gustaba?

Sabía que no veía a Misao como lo hacía con otras. Ella no era una mujer bonita cualquiera que se encontraba por la calle y con la que imaginaba de forma abstracta lo que sería acostarse con ella. A diferencia de todas las demás, a Misao la quería.

Y con esa idea más consistente en su cabeza, sintió que un hormigueo le recorría por todo el cuerpo erizándole los pelos. «Con sólo pensarlo», se dijo a sí mismo perplejo. Aquella mujer le había toqueteado por todos sitios y no le había sucedido nada parecido. Y con Misao, ¿sólo tenía que pensarlo?

Se le entrecortó hasta la respiración de la impresión.

—¿Soujiro? —preguntó Misao, la cual se incorporó poco a poco para verle. Se había detenido en su pregunta y llevaba un rato sin decir nada más.

Y lo que vio no le gustó. Era raro ver a Soujiro tan aturdido. Por eso supo que no había sido buena idea hablar de ello y decidió retroceder. En cierta manera, había esperado que, al ser un hombre, si se le presentaba la posibilidad, la aceptaría. Pero incluso en ese aspecto Soujiro también era distinto.

—No te preocupes. Nunca te exigiría algo así; suficiente has hecho ya por mí —intentó calmarle ella—. Sólo era algo que había pensado, porque como hay muchos hombres que no tienen muchos reparos…

—Lo sé —dijo él, que corroboró sus palabras.

Soujiro era bien consciente de que había muchos hombres que no tenían escrúpulos en cuanto a con quién practicaban sexo. Incluso pagaban por ello. La señorita Komagata había vivido de eso hasta que conoció al señor Shishio. Y aunque jamás hablaban con él del tema por no importarle nada, sí había escuchado a hombres de la organización hacer comentarios subidos de tono. Era un tema recurrente entre los hombres.

Y que a él no le había importado hasta ahora.

¿En serio lo estaba considerando? Miró a Misao con atención, la cual llevaba una fina yukata* encima. Sabía que no llevaba nada más. Debajo estaba su cuerpo desnudo; un cuerpo que ya había visto pero que sabía que le gustaría más. No estaría tan enfermizo como aquella vez. Tenía la piel sonrosada propia de una salud sana y no estaba tan escuálida como cuando la encontró.

Otro ramalazo placentero de electricidad le recorrió por todo el cuerpo —más fuerte que el anterior—, sólo de pensar lo que Misao le ofrecía y que hasta ese momento habría jurado que no quería.

Y, sin embargo, de pronto, lo quiso…

Y lo único que tenía que hacer era quitarle esa prenda para descubrir hasta dónde llegaría esa nueva sensación que acababa de asaltarle de improviso. Misao le dejaría verla y tocarla. Tendría libre acceso para besar su piel y saborearla. Sus cuerpos se rozarían mientras ella le acariciaría la espalda con sus dedos. Y finalmente, entraría en ella…

Soujiro se levantó del futón cuando sintió que la sangre se le acumulaba en su miembro, lo que hizo que su postura se volviese incómoda. Ni siquiera había necesitado contacto físico. Era la primera vez que deseaba a una mujer. No era algo forzado como le había pasado con la cortesana. Era su cabeza la que estaba haciendo eso sin ayuda de nada más.

—No importa, en serio. No hace falta que te vayas…

—¿En serio quieres acostarte conmigo? —volvió al tema principal con un tono más brusco de lo que hubiera deseado. Pero estaba perturbado por las imágenes que habían pasado por su mente y sin contar lo desconcertado que estaba de que fuese Misao la que lo hubiese sugerido.

Misao gimió y volvió a esconderse contra sus piernas.

—Si lo vas a decir así, no —murmuró abochornada.

—Entonces no eres muy consciente de lo que estás pidiendo. Si ya estás así sólo de hablarlo, ¿cómo crees que reaccionarías a lo que vendría?

—No lo sé —respondió ella titubeante.

—Pues deberías pensar sobre ello. No estás hablando de cogerte de la mano o de un casto beso en la mejilla.

Soujiro cerró los ojos y suspiró. Y cuando vio que Misao seguía sin pronunciar palabra alguna, volvió a coger aire en profundidad. No era una buena idea, se lamentó. No podía hacerle algo así. Misao estaba perdida en ese terreno. Estaba coaccionada por las circunstancias; por la presión de encontrar un segundo marido y tener que explicarle que el anterior ni la había tocado. Se estaba dejando llevar por el qué dirían y eso podía conllevar a que acabara por arrepentirse y enfocara todo su resentimiento en él.

Tenía que sacarle esa idea de la cabeza y debía hacerlo de forma efectiva para que no intentara en un futuro retomarla. Y se acordó de Megumi. Era lo mejor para Misao y para su paz mental. Iba a darle la oportunidad de retractarse de su idea por ella misma, algo así como lo que había hecho Megumi con su hija. De esa forma, se quedaría conforme con el resultado.

—¿Sabes? —empezó para atraer su atención—. En estos días me he dado cuenta de que eres una mujer romántica. Sueñas con enamorarte de alguien y ser feliz con él. Por eso te sentías tan desgraciada ante la idea de casarte con Sasaki.

—No era sólo por eso —replicó al momento Misao. Dejó al fin sus piernas en libertad y le encaró en un arranque de valor.

—En realidad, en parte sí —repuso él—. Matrimonios de conveniencia hay todos los días y no son tan traumáticos como te lo parece a ti. Eso es porque esas personas ya están mentalizadas desde tiempo atrás. Pero ése no es tu caso porque has vivido independiente toda tu vida. Para personas románticas como tú, te aseguro que no es agradable hacer esto con alguien que no quieres.

—¿Y cómo lo sabes tú? —ironizó ella renuente.

—Créeme, lo sé. Ésa fue la causa de que perdiera todo el interés en estos temas.

«Hasta ahora», se mordió.

Misao abrió los ojos y la boca ante la sorpresa de que Soujiro le dijera eso. Y no sabía si le asombraba más el hecho de que realmente tuviera experiencia —y no que intentaba tomarle el pelo cuando lo mencionaba— o que esa experiencia hubiera sido tan horrible como para sacarlo de su vida.

—¿En serio? —preguntó preocupada. Se levantó y se acercó hasta él aturdida—. ¿Es que te hicieron algo sin tu consentimiento? ¿Fue tu familia? —cuestionó con un nudo en el pecho cuando una idea espantosa cruzó su mente. Su familia había sido un infierno. No quería ni pensar que le hubieran hecho algo más que las palizas.

—¡No! —negó rápidamente. Misao tenía la cara desencajada. Incluso se le había pasado toda la vergüenza que había tenido hasta el momento al centrarse en eso. Intentó tranquilizarla—. Fue un regalo del señor Shishio. No tiene importancia.

—¿Que fue un regalo de Shishio? —inquirió confusa, aunque aliviada después de haber pensado que le hubieran violado de niño—. Pero si tú en aquella época no podías… bueno… apreciarlo, ¿no?

—Ése no es el problema ahora. La cuestión es que no es agradable que alguien te toque de esa forma cuando no quieres.

—Eso sí lo sé —dijo Misao, la cual bajó su vista hacia su pecho por no poder sostener su mirada—. Hace años que Megumi nos explicó qué ocurría en la noche de bodas. No creas que no tengo una idea aproximada de lo que sucede —reprochó ella ante su forma categórica de decirle que no sabía nada—. Y cada vez que pensaba en que tendría que hacer eso con el que ganara la contienda, se me revolvía todo por dentro. ¡Y no digamos de Sasaki! Me daba tal grima que sentía que no habría jabón suficiente en el mundo para mí.

Soujiro se irguió ante sus palabras, pues había tenido la sensación de que Misao no había pensado en el sexo con hombres. Pero era evidente que sí. Y eso le hizo asentar el verdadero significado de sus palabras.

—Pero no te la da conmigo —dedujo él, pues era ella la que de inicio se lo había propuesto.

—No. —Bajó aún más la mirada—. Por eso quiero consumar el matrimonio. No te mentía cuando dije que no quería tener un matrimonio a mis espaldas y seguir siendo virgen. Es como si tuviera un cartel que dijera: «No eres apta ni para un hombre que tiene derechos sobre ti».

—¿Qué tontería es ésa? —protestó al momento Soujiro. Era absurdo.

Pero Misao le puso una mano en el pecho para que la dejara hablar, a pesar de que no era capaz de mirarle aún.

—Tengo veintitrés años —explicó ella con un ligero titubeo en la voz—. Si no fuese por los Oniwaban-shu, para muchos hombres ya no sería interesante. Sería una solterona.

—Si no fuese por los Oniwaban-shu, estarías casada desde hace mucho tiempo —alegó él mientras posaba su mano sobre la que ella tenía en su pecho.

Misao sonrió.

—Gracias. Eso es muy bonito por tu parte.

—Es la verdad.

Misao cogió aire y se armó de valor para lo que le iba a decir, porque era algo muy personal y le resultaba violento contárselo.

—Tengo mis motivos egoístas por los que quiero estar contigo —continuó ella, aunque notara que sus mejillas quemaban—. El que te he dicho es sólo el argumento más excusable de los que tengo. Es comprensible que una mujer no quiera seguir virgen después de un matrimonio. Tener que explicar eso es muy embarazoso. Pero otro motivo es que también tengo curiosidad.

—¿Ah, sí?

—Soy… Era —se corrigió tras un segundo— la única mujer soltera de todas mis amigas. La gran mayoría ya son madres, y ¿en cambio yo? Ni siquiera he besado a un hombre —reprochó algo enojada—. Sé que pensarás que, teniendo en cuenta lo que me cuesta hablar de estos temas, no debería pensar en esas cosas, pero como te decía, Megumi nos contó hace tiempo lo que sucedía. Y en un principio, hasta me horroricé. Y estoy segura de que no fui la única —concluyó Misao, que recordaba como si hubiese sido el día anterior las caras que habían puesto todas.

Soujiro esbozó una sonrisa divertida según avanzaba en su relato y eso enfadó más a Misao, que creía que se estaba riendo de ella.

—No tiene gracia. Sonó muy mal todo, como si fuese algún tipo de tortura para la mujer. Pero según se iban casando, luego todas tenían risitas al referirse a su matrimonio y a decirme «ya lo entenderás».

—¿Así que no era tan horrible para ellas? —comentó divertido Soujiro.

—Pues al parecer no. Y empezó a crearme mucha curiosidad. Pero incluso aunque una vez llegué a preguntarles, ninguna me contestó. Hasta me pasó una vez de entrar en la sala y que dos de ellas se callaran abruptamente. Las estaba oyendo hablar de sus maridos antes de abrir la puerta, ¿sabes? Pero claro, como era la pobre soltera del grupo que no tenía ni idea de nada, había que evitar que lo escuchara. —Soujiro comenzó a reírse por su indignación y eso enervó más a Misao—. ¡Ríete! Pero ¿cómo crees que me sentiré cuando venga la primera de mis amigas cotilla y me pregunte qué tal mi noche de bodas? ¡Me quedaré con cara de estúpida!

No pudo evitarlo. Tiró de su mano y la atrapó en un abrazo. Suspiró al darse cuenta de que se sentía muy aliviado. Prefería con mucho esa motivación que la anterior. La primera había sido una motivación forzada por las circunstancias; una de fácil arrepentimiento. «No me queda más remedio ya que me he casado», se podría definir.

Pero la curiosidad… eso sí lo entendía. En esos momentos, él mismo sufría sus consecuencias. Ya sabía lo que era yacer con una mujer a la que no quería, pero no tenía ni idea de lo que sentiría con la que amaba ahora que tenía sus emociones de vuelta. Y deducía que habría una diferencia abismal si se remitía al hecho de la reacción que había tenido su cuerpo con Misao cuando ni siquiera se habían tocado.

¿Cómo sería?, se preguntó en el acto casi sin poder evitarlo.

Si tenía en cuenta que cuando meditó sobre enamorarse años atrás, ni siquiera se había planteado algo a cambio por parte de la mujer en cuestión, llegar a ese punto era como un regalo. Había perdido la esperanza y, sin embargo, había encontrado a Misao y ésta le ofrecía algo más difícil de conseguir que lo primero, pues no dependía sólo de él. Podría no volver a suceder y, entonces, jamás podría despejar esa duda que le había aparecido de repente esa noche.

Era una oportunidad única.

Misao le devolvió el abrazo con torpeza, con probabilidad, a causa de esa reacción repentina. Se iba a valer de la curiosidad de ella para paliar la suya propia, decidió.

—Sé que puedes pensar que es una tontería y que estoy exagerando, pero…

—Para nada —la interrumpió él—. De hecho, me has dejado mucho más tranquilo.

—Lo siento, no era mi intención incomodarte. —Soujiro sintió que Misao aferraba su ropa y después le miró, muy sonrojada—. No quiero que te sientas obligado. Puedes negarte.

Soujiro sonrió mientras asentía. Entonces, se acercó y la besó.


Notas del fic:

*Oiran: Antiguas prostitutas de lujo.

*Yukata: Prenda similar al kimono pero de algodón. Es más liviano que los kimonos.


— * —


Fin del Capítulo 33

8 Abril 2018


Notas finales:

Después de 33, sí, ¡TREINTA Y TRES! capítulos, que se dice pronto... ¡Por fiiiiiiiiiiiiin! XD («- sí, sé que esto es lo que todas estáis pensando ahora mismo ^o^).

¡Saludos!