CAPÍTULO 34: Inseguridades


Comentarios a los reviews:

Kaoruca: Jijiji... ya avisé que la noche de bodas era larga y se extendía por un montón de capítulos. Dan más vueltas que un tiovivo XD. No sé muy bien qué contestarte a tu superanálisis porque todo eso también lo pienso yo, jajajaja. Ya te dije que yo misma suspiro y lanzo grititos con algunas escenas y eso que la historia la escribo yo XD. Sobre Misao, a la pobre le han venido tantas cosas de golpe que por eso ha costado un poco volver a ver a la Misao optimista. Pero ya vuelve, no os preocupéis XD. Tendrá algún bajón de vez en cuando (porque Soujiro puede acabar con la paciencia de un santo u_uº), pero la veremos más con su actitud positiva ^_^º. En cuanto a Soujiro... a él le vendrá lo gordo ahora ^o^. Va a dejar de ver a Misao en su forma «platónica» para darse de bruces con lo que es una relación «real» y todo lo que eso puede suponer para él. El pobre lleva dos semanas de aprendizaje forzoso... y lo que le queda aún ^o^

Sora Celes D'Rossette Tsubasa: Jajaja, mi conciencia de autora no: son ellos los lentos XD. Mira que les ha costado XD, pero también hay que entender que sin todo lo que les ha ido pasando, no habrían acabado juntos ^_^º

Estefi: Vale... mejor no digo nada ^_^º. Tú lee el siguiente capítulo, a ver qué encuentras ^o^.

Gracias por vuestros reviews :-D. Os dejo con el siguiente capítulo. Espero que os guste ;-D


CAPÍTULO 34: Inseguridades

Fue un beso suave, pero a Misao se le saltó el corazón del pecho igualmente. Era la primera vez que un hombre la besaba en los labios y no se esperaba que le recorriese un calor cosquilleante por el cuerpo sólo por eso.

No sabía muy bien qué tenía que hacer. En la explicación de Megumi no se incluía aquello. Se agarró a él sin tener mucha idea de cómo proceder. Las manos de Soujiro se posaron en su cintura, pero unos pocos segundos después la aferraban con firmeza. Sintió que le temblaban las manos, por eso la agarraba así: intentaba controlar el temblor. Estaba nervioso. No sólo era ella.

Quizás Soujiro tampoco sabía qué hacer, pensó. ¿Podría haberlo olvidado? ¿O podría estar recordándolo y eso era lo que le ponía tan inquieto? Le había dicho que había tenido una mala experiencia años atrás; podría sentirse agobiado.

Notó una de sus manos subir hasta su cara y supo que, al menos, olvidado del todo no lo tenía. Se abrió paso en su boca y le dio un beso en profundidad. Misao gimió por la impresión. No sabía que los besos podían ser así. Sintió que su lengua la recorría. No era impulsivo; más bien era tranquilo, como si temiese que ocurriera algo. Pero tampoco duró mucho; terminó casi antes de que se diera cuenta y se abrazó a ella, escondiendo su cara contra su hombro. Oyó que inspiraba de forma entrecortada. Se encontraba afectado por besarla.

—Siento no saber qué hacer —se disculpó Misao cuando fue pasando el tiempo sin que él se moviera.

—No importa. —Soujiro la abrazó más fuerte, como si no tuviera intención de soltarla. Si no fuese porque hablaba de él, juraría que disfrutaba del simple hecho de tenerla abrazada—. Tampoco es que yo sepa mucho —añadió con una sonrisa.

Misao sintió que tiraba de su ropa hacia abajo para descubrirle el hombro y la besó… varias veces. Exploró su piel enviándole escalofríos y ella jadeó. A la vez, sus pies dejaron de tocar el suelo y Soujiro la llevó hasta el futón. La hizo recostarse y, al momento, le tenía encima de ella. Misao metió sus manos dentro de su ropa para tocarle y empezó por su pecho para extenderse después a su espalda. Soujiro sonrió en su hombro.

—Al parecer, ya has encontrado algo que hacer —dijo divertido.

—¿Te gusta? —Soujiro asintió con la cabeza.

—Me gusta que me toques.

—¿Y qué otras cosas puedo hacer? —preguntó ella con curiosidad. No quería que volviera a tener una mala experiencia.

—No lo sé bien.

—¿Cómo que no lo sabes? Es evidente que sabes lo que no te gustó, así que tienes que saber qué es lo que te gustó de lo que hicisteis —alegó con nerviosismo—. Me vendría bien saberlo. Has dicho que tuviste una mala experiencia y yo no sé mucho de esto. No quiero que se repita.

—No lo hará.

—¿Y eso cómo lo sabes?

Soujiro se retiró para mirarla a los ojos. Estaba muy complacido por la reacción de Misao. Había tenido cierto temor de que se echara para atrás en cuanto la besara. Una cosa era pensar en hacer algo y otra hacerla. Y él mejor que nadie sabía que podía ser desagradable intimar con otra persona.

Pero Misao no parecía molesta en lo más mínimo. De hecho, se preocupaba de que no tuviera otra mala experiencia. ¿En serio podría tenerla para él? Aún le costaba asimilarlo. Pero ahí estaba, debajo de él y totalmente predispuesta a su toque. Sentía como si estuviese encima de un hormiguero y todas las hormigas le recorrieran por el cuerpo. Era una sensación impactante para él.

Hasta ese momento ni siquiera había deseado a una mujer; había desechado la posibilidad hasta tal punto que ni siquiera pensaba en ello. Pero ahora tenía delante a la mujer que quería y sentía que le envolvía una ansiedad desconocida por ella.

—Es complicado.

—¿Por qué?

—Porque no supe que no me gustó lo que hicimos hasta que empecé a sentir. Por eso no se va a repetir.

Misao le miró desconcertada y separó a Soujiro con sus manos.

—¿Qué? —se asombró ella con los ojos bien abiertos. Él, en cambio, sólo suspiró.

—No deberíamos hablar de esto. O al menos, no ahora —matizó Soujiro. Incluso él sabía que ése no era un buen momento para conversar de lo que hizo con otra mujer en el pasado.

—Yo creo que sí —replicó titubeante ella, que se incorporó más e hizo que Soujiro se pusiera a un lado—. Me estás diciendo que no te gustó lo que hicisteis. Es más, ni siquiera me puedes decir algo que te gustara. ¿Cómo sabes que no te va a disgustar ahora? Se supone que vamos a hacer lo mismo.

—No, ni siquiera va a ser parecido —la contradijo con su habitual sinceridad—. Ninguno de los dos sabe hacer las cosas que hacía ella.

—¿A qué te refieres? —preguntó confusa. ¿Acaso no era siempre igual?

—Bueno, era una oiran*. Y según el señor Shishio, una muy buena. Tenía muchos recursos —explicó él al descuido, para gran aprehensión de Misao.

Se echó hacia atrás y cogió aire. ¿Había estado con una cortesana y no le había gustado? Ese pensamiento le creó una gran inseguridad al instante.

De por sí no le hacía mucha gracia saber que Soujiro había estado con otra mujer; incluso habiendo sido hacía tanto tiempo. Pero el hecho de que hubiera sido con una mujer dedicada al arte de seducir a los hombres lo empeoraba. Habría sido más feliz si le hubiera dicho que Shishio le buscó a la primera fulana que se encontró en la calle, por lo que no tenía mucha idea y por eso había sido un desastre.

Pero reconocía que eso era más bien una fantasía.

Soujiro era rico gracias a la fortuna que había heredado de él. Era evidente que podía permitirse a la mejor cortesana como regalo; una mujer que sabría todo lo que ella no sabía acerca de los hombres y por la que ellos pagaban un alto precio por sus servicios. Las oirans no sólo eran entrenadas en esas artes, además eran mujeres exuberantes y se arreglaban para ser atractivas a los ojos de los hombres. Ella ni siquiera se pintaba los labios. La comparación iba a ser horrible.

Tenía una autoestima alta, pero todo tenía su límite.

—¿Y no te gustó?

Aún no conseguía asimilarlo. ¿Cómo iba a poder dejarle una mejor impresión cuando la distancia era tan grande entre las dos?

—No —contestó desconcertado por que le volviera a preguntar—. Ya te lo he dicho.

Misao estiró su yukata* y se la recolocó en su sitio, lo que dejó su cuerpo bien cubierto de nuevo. Acababa de decidir que se dormiría. Prefería con mucho tener que poner cara de idiota a partir de entonces a que Soujiro se llevase una desilusión mayor de la que ya tenía y no pudiese ni mirarle a la cara en los seis meses que les quedaban por delante.

Por la forma en que la había contestado, Misao supo que no se daba cuenta del verdadero efecto de sus palabras. No tenía ni idea de la repentina inseguridad que le había generado porque no era capaz de ponerse en su piel. Estaba siendo víctima de su nula empatía, de modo que debería pararlo cuanto antes o saldría más dañada.

—Será mejor que lo dejemos.

—¿Te encuentras bien? —se preocupó él al verla de repente indispuesta.

—No… digo, sí —se corrigió al momento. Lo último que quería era tener que indagar en aquel terreno—. Es sólo que tengo sueño y…

—Es por lo que acabamos de hablar —la interrumpió él perspicaz. Hasta justo antes de empezar esa conversación, Misao se había prestado sin problemas a continuar—. ¿Qué es lo que te ha molestado de lo que he dicho? —Porque él no conseguía ver que sus palabras pudieran ser hirientes para ella.

—Nada, de verdad…

—Misao, si ésta es una de esas cosas que otra gente sobreentiende, yo no. No puedo saber qué te ha molestado si no me lo dices.

—De eso ya me había dado cuenta —reprochó ella—. Por eso te digo que es mejor dejarlo.

Soujiro la cogió del rostro y la hizo mirarle.

—Misao… —insistió él.

Ella cogió aire y espetó:

—Que estuviste con una cortesana y no te gustó.

Soujiro la observó extrañado. Por mucho que intentara descubrir qué problema tenían esas palabras, era incapaz de verlo.

—¿Y qué?

—Que ella era una profesional y no te gustó. Yo no tengo ni idea.

Soujiro pestañeó dos veces sin que su expresión cambiara. Entonces, se irguió de pronto y se sentó en el futón a su lado.

—¿Te estás comparando con ella? —Sonó tan pasmado que incluso Misao sintió cierto alivio por su reacción. Intentó decir algo, pero no salió ningún sonido por su boca, y mucho menos cuando él siguió—: ¿Con una persona de la que ni siquiera recuerdo su nombre?

Estaba tan sorprendido que no sabía ni qué más decir. Sobre todo, porque por alguna extraña razón, Misao se había comparado con una mujer que no recordaba ni vagamente y se creía perdedora. Era la única explicación que veía a que se hubiera retraído de repente.

Estaba loca.

Ésa era su conclusión ante el hecho de ser incapaz de encontrar una lógica razonable con la que llegar a su línea de pensamiento. Era algo que se escapaba de su entendimiento.

—¿Por qué haces algo así? —preguntó al fin sin saber qué otra cosa decir.

Misao se incorporó en el futón, indignada por su tono recriminatorio.

—Lo dices como si fuese algo que hiciera por gusto.

—¿Y por qué lo has hecho? —volvió a preguntar él. De verdad que no salía de su asombro.

—No es que lo haya hecho yo… ¡Ha sido involuntario! —se defendió ella en tono beligerante. No estaba de humor como para que encima Soujiro le saliera con sus raras preguntas por no ser capaz de ponerse en su lugar.

Cuando Soujiro ladeó levemente la cabeza y se la quedó mirando con fijeza, Misao estuvo a punto de golpearle. Le había visto hacer eso un montón de veces. Era lo que hacía cuando le explicaba algo y él intentaba asimilarlo en su retorcida forma racional.

Era tan… tan… exasperante, pensó al fin ella. Quería cogerle del cuello y retorcérselo por hacerla pasar por esto. Cualquier otra persona se habría dado cuenta de su conflicto interno y no la miraría como si la rara fuese ella.

—¿Y también es involuntario que ella haya quedado por encima de ti? —inquirió él confuso.

Y como tenía la desgracia de ser consciente de que no la estaba entendiendo, tuvo que contenerse de no hacer lo que dos segundos antes había pensado hacerle a su cuello. Se llevó una mano a la cara y suspiró.

—No puedes entenderlo.

—No, y eso que lo intento… —replicó con su desesperante tono sincero—. No hay ni comparación entre las dos.

Misao resopló… fuerte, ante lo que ella consideró una flagrante mentira, y Soujiro frunció el ceño.

Ella estaba predispuesta a consumar ese matrimonio, pero se había echado atrás por la mujer de su pasado. Seguía sin comprender por qué se sentía insegura de alguien que no quería. Se suponía que Misao sabía más de esas cosas que él. Si él se había dado cuenta de la diferencia por estar con la mujer que amaba, ella también tenía que ser consciente de ello.

Soujiro le quitó la mano de la cara y la cogió entre las suyas. A pesar de haber tocado a Misao en muchas ocasiones, era la primera vez que lo hacía con una perspectiva sexual. Se acercó su mano a la cara y se rozó con ella. Su piel era suave y tenía un ligero rastro de olor floral por el jabón. En el pasado le había dicho que no le gustaba la pintura que usaban las oirans y, aunque la ceremonial que había usado no era igual, la tapaba de la misma forma. Ella se había bañado y había quitado todo rastro de pintura blanca para él; porque ella sí contemplaba que iban a consumar ese matrimonio.

Tiró de Misao para acercarla más a él y puso esa mano en el interior de su traje, sobre su pecho. Con la otra mano la asió con cuidado y esperó por una indicación negativa por su parte que no llegó. De modo que la besó, suave pero sin restricciones. Era tan diferente que su cuerpo tembló de expectación. Era una experiencia única que Misao había querido regalarle incluso antes de decirle que la quería y no entendía que se sintiera insegura después de confesarle que era la única mujer a la que había amado.

La acarició en el cuello con la mano que la sujetaba y sintió un ligero gemido de Misao ahogado en su boca. Se contuvo, sin saber casi cómo, a pesar del incremento de ese fuego desconocido que le incitaba a obtener más de ella, y la besó con paciencia… Una paciencia con la que su propio cuerpo no estaba de acuerdo.

Ambos respiraban con cierta dificultad, pero era más por las emociones surgidas en ese momento que porque no pudieran hacerlo físicamente. Y entonces, Soujiro se separó.

—¿Puedes notarlo? —Aunque tardó un poco, Misao fue capaz de conectar sus palabras a su mano en el pecho. El corazón se le había acelerado mucho, justo igual que como iba el suyo, el cual sentía que se le iba a salir de un momento a otro. Asintió a su pregunta—. Ella no lo consiguió. ¿Puedes entender tú eso?

Soujiro se alejó más de ella y la miró directo a los ojos. Misao sintió que toda la sangre de su cuerpo subía hasta sus mejillas. ¿Acaso pretendía decirle que a la oiran no la había deseado? Se le entrecortó la respiración cuando dejó el aire salir. Intentó contestarle, pero no pudo. Así que optó por lo fácil: asentir con la cabeza.

—No vuelvas a pensar en algo así… Ni siquiera de forma involuntaria —le dijo con seriedad.

Volvió a asentir, porque seguía siendo lo más fácil para ella. Soujiro hizo presión en su hombro y, con eso, Misao quedó otra vez recostada sobre el futón. Abrió ligeramente su yukata y contempló el colgante que estaba allí. Lo tocó con un suspiro.

—Quiero tenerte —sentenció sin más. Fue como si Soujiro hubiese apretado algún botón en ella. El cuerpo se le llenó de escalofríos desde la cabeza hasta los dedos de los pies y sintió que todos los pelos de su cuerpo se le erizaban. Dejó el colgante y la miró a los ojos—. Te lo digo para que lo tengas todo el tiempo presente. No puedo lidiar con que me detengas de nuevo con otra cosa como la de ahora que no puedo comprender. —Como Misao era incapaz de decir nada, siguió—: Piénsalo bien. Si sigues prefiriendo dormir, éste es el momento de decírmelo.

Ella negó con vehemencia según le dijo las palabras. No necesitaba pensarlo; sabía perfectamente lo que quería. Lo que no había esperado era la reacción de Soujiro. Si tenía en cuenta que le había dejado claro que no había ni considerado la posibilidad de consumar el matrimonio, que de repente fuese tan directo, la había dejado sin palabras.

Y sin contar la restauración de su autoestima temporalmente perdida. Había vuelto a su sitio en cuanto le había dicho que a ella la deseaba cuando a la oiran no.

Soujiro volvió a besarla en los labios y de nuevo sumergió su lengua en ella. Esta vez no la pilló tan desprevenida e intentó devolverle el beso. Era uno profundo que le quitaba la respiración. Ambos tenían que separarse cada cierto tiempo para recobrar el aire. Pero a pesar de ser extraño y no tener muy claro qué hacer, era algo que disfrutaba.

Sin embargo, en cuanto Soujiro metió su mano entre su ropa hasta alcanzar uno de sus pechos, Misao se tensó y olvidó por completo lo demás que estaban haciendo. Sintió a Soujiro sonreír contra sus labios. Y de verdad que sonrió, para su sorpresa. Se irguió sobre ella y la miró divertido.

—No te estoy deteniendo —alegó al momento Misao, que temía que diera por terminado lo que hacían.

—Lo sé —comentó a la vez que unía su frente a la suya y cerraba sus ojos mientras soltaba un suspiro—. He tropezado con tu gran debilidad. —Se incorporó de nuevo mientras le escrutaba la cara y ponía una mano en su mejilla—. Estás muy roja —rio sin compasión, lo que la mortificó mucho más.

Misao le dio un manotazo en el brazo por desconsiderado, pero sólo consiguió que se riera más.

—Espera. —Se levantó y Misao vio que empezó a quitarse la ropa.

Aunque en un principio había pensado mirar hacia otro lado, al final la curiosidad se impuso. Soujiro ni siquiera titubeó cuando dejó caer su traje ceremonial. Envidiaba esa parte de él. A ella le encantaría no estar condicionada por su sentido de la vergüenza. Pero era inevitable. En cambio, él, se quedó en diez segundos desnudo y sin inmutarse por que ella le observara.

Y lo hacía. Se le había secado hasta la boca. Ese cuerpo entrenado, pero que no había llegado a ver, apareció ante sus ojos. Sin embargo, su cuerpo definido no consiguió tanta atención como sí lo hizo otra parte no esperada de él.

Soujiro volvió a su posición en el futón y rio cuando se fijó en que Misao no podía apartar sus ojos de su miembro.

—Espero que así ya no te incomode tanto tu propia desnudez.

—Eso no puede estar así siempre —le replicó ignorándole muy desconcertada—. Se notaría bajo la ropa.

Soujiro sonrió divertido y se recostó en parte sobre Misao. Consiguió así que no pudiera seguir contemplándolo y en cambio sí le observara a los ojos.

—Me encanta cuando te pasa eso.

—¿El qué?

—Que algo atrape tanto tu atención que olvides que estabas pasando vergüenza.

Misao abrió la boca por la sorpresa y, acto seguido, se volvió a poner muy roja. Pero por si no hubiera tenido suficiente, Soujiro cogió su mano y se la puso sobre su miembro. No supo qué hacer.

—Ahora que me has tocado, ¿puedo tocarte yo a ti?

Entendía lo que intentaba hacer él, aunque no hiciera falta. Su problema de vergüenza no se iba a ir con el hecho de que pudiera verle y tocarle antes. Era algo que no perdería más que con el paso del tiempo. Pero algo se le derritió por dentro al saber que se esforzaba para que se sintiera cómoda con todo aquello.

—Te habría dejado hacerlo antes también.

Soujiro miró el nudo que mantenía cerrada la yukata y tiró de uno de sus extremos. Cuando la lazada se aflojó, terminó de deshacerlo con un ligero tirón y los lados se abrieron. Él los terminó de hacer a un lado para dejarla al descubierto y poder contemplarla sin obstáculos.

Pocas veces en su vida se había sentido tan abochornada, pero Soujiro ni se dio cuenta porque no perdía detalle de su cuerpo. La observó con detenimiento, a la vez que sentía que sus ojos la quemaban. Por allí por donde pasaban, un calor interno se extendía.

Soujiro suspiró complacido.

—Eres preciosa —susurró más para él que para ella, aunque Misao le escuchó y su corazón dio un vuelco.

Entonces, Soujiro puso sus manos sobre ella y acarició su cuerpo con sus dedos. Primero por su cintura y luego por su pecho, haciendo que se pusiera inhiesto. Todo rastro de vergüenza fue reemplazado por calidez, incluso después de que intercambiara sus manos por su boca. Aquello era muy placentero; empezaba a entender las risitas de sus amigas cuando hablaban de esto.

Metió sus manos entre su pelo mientras seguía chupando y succionando. Misao comenzó a sentirse ansiosa porque sólo podía acariciarle la espalda puesto que él se encontraba a mitad de su cuerpo. Y deseaba tocarle por todos lados. Quería grabar en sus dedos el contacto con su piel; memorizar su cuerpo. Porque no estaba segura de si repetirían aquello después de esa noche.

Tenía que aprovechar el momento.


Notas del fic:

*Oiran: Antiguas prostitutas de lujo.

*Yukata: Prenda similar al kimono pero de algodón. Es más liviano que los kimonos.


— * —


Fin del Capítulo 34

15 Abril 2018


Notas finales:

Al menos ya sé que una me mata porque esperaba el lemon en este capítulo »_«. Pero si os sirve de consuelo, el siguiente sí lo es. No hay más interrupciones ^_^º (eso sí, otra cosa es «cómo» es, que seguro que no como lo imagináis ^_^º).

¡Saludos!