CAPÍTULO 37: La mañana siguiente


Comentarios a los reviews:

Estefi: Que no me voy XD. Sólo subo capítulos a otro ritmo, nada más ;-D

Kaoruca: Ya, pero se os hace más presente el malentendido porque lleváis tiempo leyendo el fic. Cuando yo lo leo, como es todo seguido, no me da tanto esa sensación de malentendido XD. En cuanto a Soujiro, lo avisé al inicio: tenía una visión muy distorsionada del amor. Así que intenta sobrellevarlo como puede ^o^. Del capítulo, pues sí, lo que siente Misao es muy diferente a lo que le pasa a Soujiro. Él se agobia porque su reacción no era la que esperaba, mientras que Misao, que realmente no sabe de qué va la historia, sobreentiende que eso es lo normal (a fin de cuentas, ya sabía por sus amigas que no era tan malo como sonaba en la teoría ^o^). Por eso también a Misao le sorprende tanto la situación: porque ella, que es la novata, está como una rosa, y en cambio a Soujiro, que es el «experimentado» de la pareja, se le ha ido la cabeza. Pero bueno... consigue salir del paso, que es lo importante. Sobre lo que acarreará el juramento, no pienso decir nada. Puede que sea importante, puede que quede en nada... ¿quién sabe? XD

Guest: ¡Gracias! Me alegra que te esté gustando el fic *o*

Gracias por vuestros reviews ;-D. Bueno, os dejo con el día después ^_^º. Es un capítulo cortito y este sí, más tranquilo (que si no, mi cabeza se fundía definitivamente T_T). Espero que os guste ;-D


CAPÍTULO 37: La mañana siguiente

Después de esa aceptación tan brusca de Misao, no habían vuelto a hablar. Cuando por fin se calmó, Soujiro la había recostado en el futón y ella se había girado y dado la espalda sin mediar palabra. Tenía la sensación de que incluso había simulado estar dormida para evitar cualquier intento de conversación. Y para cuando despertó, ella ya no estaba en la habitación. Sentía un malestar interno debido a cómo habían quedado las cosas. Era como si la hubiera acorralado y de ahí que ahora sintiera esa opresión en el pecho.

Pero ésa no había sido su intención: simplemente se habían dado así las circunstancias. Su conversación se había torcido de tal modo que ni siquiera había podido procesar bien lo que ambos decían. Y antes de darse cuenta, había soltado algo para lo que no estaba preparado y él había aceptado.

Misao terminó de traer las cosas del desayuno y se sentó en la mesa. Se mostraba bastante seria. Se había limitado a darle los buenos días y ni tan siquiera le había vuelto a mirar directamente.

Se había pasado media noche desvelado. Había rezado para que nada de lo que habían discutido tuviera que ponerse en práctica. No sabía el tiempo que pasaría hasta que Misao pudiera confirmar si estaba embarazada o no, y tampoco se atrevía a preguntarle cuándo lo sabría. No quería volver a sacar a la luz ese tema que tanta angustia les había originado. Por eso se temía que no iba a poder vivir tranquilo hasta entonces. Sólo de pensar que podría tener un hijo, le dejaba la cabeza fundida.

Y encima estaba la promesa que le había sacado Misao. La había desesperado tanto con su amenaza de llevarse al hipotético niño, que para cuando fue consciente de sus propias palabras, ya le había hecho jurárselas.

Inspiró hondo para intentar relajarse. Tenía que dejar de pensar en ello, pues lo más probable era que no sucediera nada y lo único que estaba consiguiendo era alterarse él mismo.

—¿Estáis bien? —preguntó Aoshi de pronto, lo que hizo que Soujiro saliera de su mundo—. Estáis muy serios para ser vosotros dos.

—No es nada. Es sólo que estoy cansada. No he dormido suficiente —se excusó Misao con lo primero que se le ocurrió.

—La celebración no se prolongó tanto. ¿Estuvisteis mucho tiempo despiertos?

Misao se puso roja al momento en cuanto le vinieron a la cabeza las vívidas imágenes de lo que habían hecho y que los había mantenido despiertos.

—¡No! —negó con ímpetu—. ¡No era eso lo que quería decir! Sólo que acumulaba demasiado cansancio de estos días como para reponerme con lo que he dormido hoy.

—Misao… —la llamó Aoshi con cuidado—. ¿Qué piensas que estaba pensando?

Misao gimió mortificada y escondió su cara enrojecida entre sus manos. Y acto seguido, Aoshi miró a Soujiro con suspicacia.

Sin embargo, él se limitó a coger sus palillos y comenzar su desayuno. Misao se había metido en un jardín embarrado y, teniendo en cuenta lo vergonzosa que era, iba a pasar un mal rato durante los próximos minutos. Aoshi no había preguntado por lo que habían hecho por la noche con tono sospechoso, sino curioso. Era Misao la que había dado otro sentido a aquella conversación con su excusa.

Pero entonces, Soujiro le escuchó suspirar y empezar su desayuno con semblante más relajado.

—Menos mal que Megumi no se ha quedado hasta hoy.

—¿Por qué lo dice? —preguntó Soujiro algo asombrado.

—Porque así no tengo que darle la razón.

—¿Sobre qué?

Aoshi no aportó nada más a la conversación, más allá de una ligera sonrisa que inquietó a Soujiro. Misao tardó bastante en volver a mostrarse y todo para esconderse de nuevo tras su cuenco de arroz.

Sin embargo, Aoshi no le dio demasiada tregua. Sacó un papel del bolsillo y se lo tendió a Misao.

—¿Qué es esto? —cuestionó al tiempo que abría el papel—. ¿Una reunión otra vez? Tuvimos una hace unos días.

—Es la primera a la que asistirás como mujer casada. Puede que la hayan convocado para tratar todo lo que conlleva tu nuevo estado —concluyó él al tiempo que observaba subrepticiamente a Soujiro.

Misao arrugó el papel y resopló. No quería meter a Soujiro en los asuntos de los Oniwaban-shu. Pero si lo que sospechaba Aoshi era cierto, esa reunión podrían querer celebrarla con la intención de ubicar a su reciente marido en la estructura de la organización.

—La han acordado para dentro de tres días. Tú ya no estarás aquí —murmuró con tono reflexivo.

—No, me voy mañana a Aizu —corroboró él—. Recuerda lo que hablamos: siempre que necesites algo podrás contactar conmigo, pero en lo referente a la guía de los Oniwaban-shu ahora serán cosa tuya. Medita bien tus decisiones y, sobre todo, no hagas locuras.

—No hace falta que vuelvas con lo mismo —resopló Misao que sabía a la perfección a qué aludían las palabras de Aoshi.

—También podrás apoyarte en Soujiro —sugirió a la ligera para desconcierto del afectado. Misao se tensó en cuanto le mencionó—. A fin de cuentas, fue la mano derecha de Shishio, así que sabe mucho de…

—¡No! Soujiro se queda fuera de esto —le interrumpió con vehemencia—. Suficiente ha hecho ya. No quiero que le atosiguen con mis funciones. —Se giró para mirarle por primera vez desde la noche pasada, pero en ese momento lo único que le importaba era dejar las cosas claras—. Te dije que estos meses te los tomaras como unas vacaciones y me cercioraré de que así sea.

—¿Vacaciones? —En parte le hacía gracia que siguiera con esa idea cuando él no trabajaba.

—Sí, tú sólo descansa —decretó contundente.

—No es como si tuviera una vida demasiado ajetreada. Al menos, no hasta que te conocí —repuso con una ligera sonrisa.

—Pues por eso mismo —alegó ella—. Ya has hecho mucho por mí. No me mires con esa cara de resignación. ¡Es cierto! Necesitaría cuatro vidas para devolverte el favor.

—Estás exagerando… —rio él nervioso.

—No lo hago. Así que lo mínimo que puedo hacer yo es mantenerte tranquilo aquí.

—Misao… No es para tanto…

—¿Señor Shinomori? —los interrumpió desde la puerta una de las empleadas del restaurante—. El señor Minagawa ha venido a verle.

—¿A estas horas? —cuestionó Misao confundida—. Sí que ha venido temprano…

—Bueno, le dije que se presentara cuanto antes en vista de que no ha podido venir hasta hoy. —Después se dirigió a la mujer—. Hazle pasar.

—Sí, señor —se despidió ella, y los dejó solos a los tres.

—Imagino que tendréis bastante trabajo… —dedujo Misao. Acto seguido le explicó a Soujiro—. Osamu es la persona que se encarga de realizar el trabajo de gerente cuando Aoshi no está en el Aoiya. Y puesto que se marcha a Aizu, a partir de ahora será él quien se encargue de las cuentas.

—¿Nadie más aquí lleva la gestión del Aoiya? —preguntó con curiosidad Soujiro.

—No, antes la llevaba mi abuelo, pero una vez que regresó Aoshi y se hizo cargo de todo, sólo le sustituía en caso de que saliera de misión. Pero cuando murió, tuvimos que buscar a otra persona para esos momentos puntuales.

—Sabía que Aoshi llevaba la administración del Aoiya, pero reconozco que no me había dado cuenta de que, al marcharse, alguien tendría que sustituirle —meditó Soujiro—. Eres una mujer muy eficiente. Estás en todo —comentó algo asombrado.

—Gracias —dijo Misao cohibida por el halago.

Si tenía en cuenta la vorágine que habían sido esos últimos días con el tema de la boda, era sorprendente que Misao tuviera cabeza para más cosas. Pero no por nada era la líder de una organización ninja.

No pasó ni un minuto cuando un hombre de la edad similar a Aoshi apareció en la salita. Claro que tenía el antecedente de haber calculado mal la edad de Sasaki cuando le vio por primera vez, por lo que no podía asegurar ya nada. Lo mismo era más joven que él, meditó Soujiro.

—Buenos días, señor Shinomori —saludó el hombre con una leve inclinación de cabeza.

—Buenos días… Llegas muy pronto, Osamu. —No había reproche en su voz; sólo constataba un hecho.

—Lo siento. Me dijo que teníamos mucho trabajo por delante, así que vine lo antes posible.

—Aún estamos con el desayuno. Siéntate —le ofreció Misao mientras iba a por un taburete que le acercó.

Cuando Minagawa avanzó para acercarse a la mesa y al taburete que le dejó al lado Misao, Soujiro pudo observar que el hombre no caminaba bien. Parecía tener algún tipo de lesión en la pierna y mostraba una ligera cojera.

—Gracias… y felicidades por su reciente matrimonio, señora —comentó en tono afable.

Minagawa era un hombre algo más alto que él, valoró Soujiro. Tenía el cabello y los ojos oscuros, aunque su tez, en cambio, era muy clara. A pesar de sus ropas, su complexión era delgada, por lo que no parecía un ninja entrenado de la organización.

—Gracias —dijo feliz Misao—. Él es Soujiro: mi marido —los presentó.

Soujiro sintió que el hombre perdía la sonrisa y le escrutó de arriba abajo, para luego mirar a Aoshi y realizar el mismo proceso.

—Sí —contestó Aoshi a una pregunta no formulada—. Me ganó en la contienda.

Minagawa se ruborizó y levantó una mano con la que negó a la defensiva.

—Lo siento… No quería insinuar nada como eso —alegó mortificado.

—Pero se te veía en la cara —replicó resignada Misao con un suspiro. Ya empezaba a acostumbrarse al hecho de que todo el mundo subestimara a Soujiro en cuanto le veían—. Pero créeme: es muy fuerte.

Soujiro sonrió por la defensa de Misao y, gracias a eso, su humor desmadejado que mantenía desde el día anterior se fue suavizando. A pesar de su preocupación por el tema —que no era poco—, quería que su relación con ella volviera a ser normal. O al menos, todo lo normal que cabría esperar hasta que el asunto se resolviera.

Soujiro continuó con su desayuno, aunque se dirigió al recién llegado cuando habló.

—Misao acaba de comentar que realiza la gestión del Aoiya cuando el señor Shinomori no se encuentra aquí. Entonces, ¿a qué se dedica cuando sí está? ¿No le supondrá un problema tener que dedicarle tiempo de continuo?

—No, en realidad… Sólo emplearé más tiempo de mis tareas aquí —respondió el hombre.

—Osamu no es alguien que contratemos para sustituir a Aoshi —matizó Misao con una sonrisa—. Es un miembro de los Oniwaban-shu.

—¿Es usted ninja? —preguntó confundido—. Pero no puede pelear, ¿no? Cuando ha entrado, he visto que cojeaba.

—Soujiro… —masculló por lo bajo Misao para llamarle la atención. El pobre hombre se había quedado tieso en el sitio con sus palabras.

—¿Qué? —contestó ignorante del tono de Misao. Ella se llevó una mano a la frente y suspiró.

—Perdona, Osamu. Mi marido es demasiado directo con lo que piensa.

—Ah… Bueno… —Era evidente que le había dejado sin saber qué decir.

—Osamu era un buen luchador, pero tuvo una lesión hace unos años en una misión —explicó Misao—. De modo que, al no poder dedicarse a tareas que requieren destreza física, se le encomendó otras tareas. Sabe mucho de temas políticos actuales y se informa de cualquier avance que haya en el mercado. Además, es quien lleva la economía de los Oniwaban-shu.

—¿No era Aoshi?

—No —respondió el aludido—. Yo sólo me encargo de lo referente al Aoiya. Pero los Oniwaban-shu tienen muchos otros negocios que son los que financian la organización. Con el dinero que genera el Aoiya no se podría tener en funcionamiento una organización como ésta.

—Entiendo.

Lo que decían tenía lógica. El señor Shishio había amasado una fortuna con el tráfico de armas antes de que su organización creciera. Mantenerla en activo con tantos hombres costaba mucho dinero, aunque no tuviera claro cuánto pues de esos temas se encargaba el señor Hoji.

Pero era evidente que un restaurante de Kioto no podía hacer frente a todos esos gastos. Debían tener más negocios que generaran los ingresos suficientes como para que los Oniwaban-shu estuvieran en activo.

—Eres una mujer muy compasiva —comentó Soujiro tras meditarlo—. De modo que, cuando dejó de ser útil en la parte activa, le buscaste otras cosas que hacer.

—Soujiro… —reprendió más fuerte que la vez anterior.

—¿Qué? —volvió a preguntar ignorante. Pero en cuanto registró el tono y la expresión de Misao al verle, supo que había hecho lo mismo que unos minutos atrás, por lo que se disculpó de inmediato—. Lo siento.

—¡Todo el mundo es útil! —recriminó ella—. ¿Cómo puedes decir algo así?

—Bueno… Con el señor Shishio, cuando no servías para las tareas que se te encomendaban, lo mejor que te podía pasar era tener una muerte rápida.

Misao abrió la boca por la sorpresa, en especial, por la impasibilidad con la que había dicho algo tan cruel. Pero acabó por cerrarla tras un suspiro resignado al caer en la cuenta del pasado de Soujiro. Era un hombre tan tranquilo y risueño, que a veces se le olvidaba que, durante muchos años, el único mundo que había conocido era el dictado por un tirano.

—¿Quién es ese señor Shishio? —preguntó desconcertado Osamu.

—No quieres saberlo —le advirtió Aoshi, que terminó su desayuno en ese momento—. Será mejor que nos pongamos con nuestro trabajo. Hay mucho de lo que te tengo que poner al día.

Se despidieron de ellos y dejaron al matrimonio continuar con su propio desayuno. Misao lanzaba de vez en cuando miradas escrutadoras a Soujiro, el cual empezó a ponerse nervioso por ello.

—¿Qué ocurre?

—Que a veces me parece increíble que estés aquí.

—¿Por qué?

Misao se limitó a negar con una sonrisa conciliadora en sus labios, antes de proseguir con su desayuno.

Y pasaron varios minutos silenciosos antes de que ella volviera a hablar.

—La próxima vez que vea a Himura, recuérdame que le dé las gracias por liberarte de ese hombre.


— * —


Fin del Capítulo 37

17 Mayo 2018


Notas finales:

Matizo un tema importante. Lo que Soujiro menciona de que es difícil quedarse embarazada la primera vez es una leyenda urbana, pero era una creencia típica de antaño y de ahí que esté en el fic. La probabilidad de quedarse embarazada no depende tanto de la frecuencia del acto como de las condiciones (tipo momento fértil del ciclo y esas cosas). Así que ojo con el tema.

¡Saludos!