Notas de Autor: Hola y bienvenido a mi intento de escribir un oneshot para quitarme una idea de la cabeza. Los que me siguen de hace un tiempo saben que no me agradan mucho los oneshots, pero aquí vamos. Espero que les guste. Al final les dejo otra nota ;) Todos los errores son míos y los personajes no me pertenecen.


Volvió a su ciudad natal a principios de marzo. Nunca pensó regresar al lugar donde ya no tenía ningún tipo de conexión; ni amigos ni familiares, solo recuerdos de lo que un día fue y ya no volverá a ser. Pero ahí estaba, de regreso. No se quejaba, definitivamente las comodidades que tenía ahora eran mucho mejor. Por un lado tenía una vista estupenda del río Charles y a unas cuadras tenía el Parque Público de Boston. No podía ser mejor.

Lo primero que hizo al entrar en su nuevo apartamento fue soltar la única mochila que tenía con sus pertenencias y acercarse al ventanal con la vista al río. El apartamento ya estaba amoblado, como siempre, y no reflejaba para nada sus gustos, pero eso era lo de menos.

Conoció a su vecina en persona la primera semana de primavera.

Estaba empapada de agua por la lluvia y había olvidado su tarjeta. Tendría que bajar al mostrador y pedir una nueva. Qué inconveniencia se le hacía y lo demostró al soltar el suspiro más largo de su vida seguido con un gruñido. No estaba teniendo un buen día y terminar mojada por aún no haber comprado una sombrilla era como si el universo se estuviera burlando de ella.

-¿Está bien?

-¿He? -reaccionó sorprendida al escuchar a alguien. "¿Parece que estoy bien?" quería decir pero forzó una sonrisa y dijo:

-Olvidé mi tarjeta en el trabajo y pues... -Se miró su ropa mojada que aún goteaba sobre el suelo, creando un charco a sus pies.

-Soy Maura. Si vives aquí entonces somos vecinas. Te puedo dar una toalla para que te seques antes de bajar -ofreció, escaneando la tarjeta en su puerta, señalándole para que entrara.

-Si no es una molestia...

La mujer sonrió.

-No lo ofrecería si lo fuera.

-Gracias otra vez -agradeció mientras se secaba el cabello.

-De nada -respondió, observando cómo la mujer de piel bronceada intentaba secarse su largo cabello oscuro ¿Cuánto tiempo había estado bajo la lluvia para mojarse de esa forma? -Creo que necesitarás dos toallas -pensó en voz alta y desapareció por el pasillo antes de darle tiempo a responder.

La morena se secó la cara y sus ojos escanearon el lugar. El plano del apartamento era el mismo que el de ella -lo que era de suponer para todos los apartamentos en ese piso- pero el diseño interior era de envidiar. Maura tenía buen gusto.

-Aquí tienes. ¿Cómo te llamas? -preguntó y puso a calentar agua-. ¿Te apetece un té?

-June y no, gracias. No estoy acostumbrada a beber té.

-¿June? ¿Cómo el mes?

-El mismo.

La mirada de la mujer la escaneó de arriba abajo disimuladamente y se preguntó si estaba pensando si su nombre iba con su imagen física.

-Ha sido un gusto conocer, finalmente, a mi vecina, June. Siendo honesta no tengo idea desde cuándo vives al lado, no suelo estar mucho en casa, perdón.

La mujer paró de secarse por un instante al escuchar la disculpa. ¿Por qué se estaba disculpando por algo así?

-¿Te puedo ofrecer algo más de beber? Café tal vez.

-No, no. Gracias, Maura. Debería ir por mi nueva tarjeta. Necesito seguir trabajando desde casa.

-Entiendo.

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Maura salía a correr todos los días a las 4:30AM. La podía ver corriendo a lo largo del río desde el ventanal de su apartamento. Y alrededor de las 5:30AM regresaba caminando con un café en la mano y una bolsa de papel. Así era todos los días entre semana. Varias veces se encontraban en el vestíbulo y compartían el elevador con una charla tan breve como el tiempo que le tomaba llegar al piso 21 y caminar hasta sus respectivas puertas.

Dos meses después, a principios de Junio, se volvieron a encontrar.

-¿Maura? -preguntó insegura hasta que la mujer se giró hacia ella y abrió los ojos sorprendida al verla.

-¡June! ¡Hola! -saludó arrastrando las sílabas-. ¡Hola, señor! -saludó al hombre al lado de la mujer.

Le tomó varios segundos sobrepasar su sorpresa. Maura era una de las personas más articuladas que había conocido y escucharla de esa forma la había sorprendido. Aunque no más que el hecho de verla borracha.

-Él es Barry, mi compañero de trabajo, pero ya se iba. -Se giró hacia el hombre y sonrió, comunicándose con la mirada.

-Ha sido un gusto -le dijo a Maura que se rio asintiendo.

June se sentó a su lado en el taburete de la barra y le hizo una señal al bartender para que le sirviera un trago.

-Este era el último lugar donde pensaba encontrarte. -No estaban lejos del edificio donde vivían, en sí no les tomaría ni cinco minutos en llegar caminando. Aun así, las probabilidades de encontrarse con Maura en este ambiente eran muy bajas.

-¿Y eso por qué?

La mujer se sacudió de los hombros y aceptó el trago que el bartender le puso enfrente. Se lo tragó de uno mientras pensaba en qué contestar.

-Tienes aire de preferir un vino sofisticado, en casa y cómoda. No un -pausó y agarró uno de los varios vasos de tragos enfrente de la mujer para olerlo-. Tequila barato.

Maura rio. Era una risa quebrantada que hizo que todo su cuerpo vibrara. Le hizo otra señal al bartender y la morena lo miró seria negándole con la cabeza. El joven tragó en seco, intercambiando la mirada entre las dos mujeres.

-Un agua para mi amiga sería mejor -dijo y el joven asintió rápidamente-. ¿Entonces? -dijo y se giró hacia la rubia, colocando el codo sobre la barra para apoyar la cabeza sobre la palma de su mano-. ¿Qué haces aquí?

-Bebiendo.

No pudo contenerse la sonrisa que se dibujó en los labios.

-Sarcasmo. Vaya, por un momento pensé que eras incapaz de usarlo, Maura. Me alegra que no sea así. Me había preocupado de verdad.

-Soy capaz de muchas cosas, June -dijo con un tono bajo y una mirada que desconcertó a la morena.

-Bebe eso -recomendó, agradecida que el joven interrumpió aquel momento al poner el vaso de agua entre las dos.

-Es el aniversario de la muerte de mis padres -confesó momentos después de tomar varios sorbos de agua-. Los dos murieron en un accidente automovilístico hace varios años... yo fui la única que sobrevivió.

-Lo siento.

-Ya no me queda nada -susurró evitando la mirada de la mujer a su lado.

"Algo tenemos en común... Maura"

A pesar de estar tan cerca del edificio donde vivían, les tomó casi media hora para llegar hasta el vestíbulo. Maura apenas podía caminar en sus tacones y terminó rodeando su cintura, caminando junto a ella para que se apoyara en su cuerpo.

-Lo siento -dijo cuando entraron en el elevador. June aún la sostenía con un brazo por la cintura, y Maura rodeaba débilmente sus hombros.

-Te disculpas mucho -suspiró y giró la cabeza para mirarla, sorprendiéndose al ver que Maura ya la estaba mirando fijamente. Estaban tan cerca que podía sentir su aliento y oler el tequila barato en su aliento.

Maura no respondió y de un impulso cerró el espacio entre las dos, uniendo sus labios. El cuerpo de June se congeló y el brazo que rodeaba la cintura la sostuvo con más fuerza, estrechándola a su cuerpo.

Se separó al sentir la lengua de la mujer pidiendo permiso entre sus labios.

-No... Haz bebido mucho, Maura. No sabes lo que haces.

No pudo descifrar la mirada de la mujer, ¿dolida o indignada? no estaba segura. Tal vez las dos cosas. Maura se alejó de ella tan rápido que casi se tropieza con sus propios pies, pero se estabilizó con la pared. Cuando el elevador se detuvo y las puertas se abrieron, salió caminando lo más rápido que podía con la embriaguez y aquellos tacones que ni ella se atrevería a usar. Permaneció de pie en aquel cubo, observándola hasta que el sonar de las puertas cerrándose la sacó de su trance y salió. Se apoyó en la puerta al entrar en su apartamento y rozó los labios con los dedos, cerrando los ojos.

Al día siguiente se dio cuenta que Maura no recordaba nada de esa noche. Para bien o para mal apenas recordaba haberse encontrado con ella en algún momento durante la noche.

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Estaba atardeciendo y el parque aún estaba lleno de niños jugando mientras sus padres los observaban desde una distancia. El día había estado caluroso así que optó por un café frío que casi había terminado cuando un hombre se sentó en la banca detrás de ella y sacó un celular.

-No sabe que está vivo.

-¿Estás completamente segura?

-Sí.

-No olvides cuál es tu objetivo.

-No tengo nada más que reportar -dijo y se puso de pie, marchándose del parque.

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Las dos comenzaron a correr juntas a las 4:30AM. Era una nueva resolución de año, había dicho June, aunque ya estaban en pleno verano y medio año se había ido tan rápido como había llegado.

"Nunca es tarde para querer mejorar" había dicho Maura con una sonrisa de oreja a oreja.

Aquella mañana se reunieron en la parte trasera del edificio a diferencia de salir juntas. Ya Maura se estaba estirando cuando June se acercó acomodándose los audífonos. Para ser honesta no sabía de dónde la mujer sacaba tanta energía. Trabajaba muchos días hasta tarde y a veces también los fines de semanas. Y para su sorpresa tenía una resistencia sorprendente; algunos días le costaba llevar su ritmo.

-¡Buenos días, J... ¿Qué te ha pasado?

June se acomodó los lentes como si así pudiera ocultar el moretón que tenía en el ojo.

-No es nada -aseguró, pero la mujer ya estaba enfrente de ella, examinando su rostro.

-Esto no es nada. ¿Qué pasó?

-Solo tuve un mal entendido. De verdad no es nada para preocuparse. Ya la policía se ocupó.

Maura entrecerró los ojos, presionando los labios en una fina línea.

"A veces pienso que sabe que le miento" pensó y tensó la mandíbula, quejándose al sentir una punzada de dolor.

-¿Estás segura que quieres correr hoy? Preferiría que descanses.

-Completamente segura. Mis piernas aún funcionan.

-Muy bien. Intenta mantener el ritmo hoy. -Le guiñó un ojo, dejándola boquiabierta.

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-Saben que es su hija -dijo la voz en el teléfono y la mujer se sentó en la cama, despojándose de todo el sueño y cansancio que sentía apenas un segundo atrás.

-¿Cómo?

-No tengo idea.

-Tiene que haber una explicación, Barry.

-Claro, pero todavía no lo sé. No es como si sus archivos fueran secretos. Aunque su apellido haya cambiado cuando la adoptaron, es fácil de encontrarla si sabes qué es lo que estás buscando. Solo te estoy avisando porque esto complica todo ¿Lo sabes, verdad?

-Claro que lo sé.

-¿Seguirás?

-La vida no se paga sola. Hay que hacer dinero de alguna forma.

La línea se mantuvo en silencio por varios segundos.

-Te gusta el riesgo. Sé que esperas que, jugando a la ruleta rusa, algún día te toque una bala -pausó y se escuchó un suspiro. La mujer había quedado estupefacta con esas palabras como para responder de inmediato, así que mantuvo el silencio-. Puedes salirte en cualquier momento. No lo olvides.

-Lo sé.

-No te descarríes, Jane.

La mujer terminó la llamada de inmediato al escuchar su nombre.

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Había sido muy fácil instalar cámaras por todo el apartamento de Maura.

Jane se sentó en la mesa con una cerveza y un sándwich, abriendo la portátil y el programa de las cámaras. Casi se ahoga cuando vio la puerta de entrada abrirse y a Maura entrar con un hombre. Seleccionó la imagen de esa cámara poniéndola en pantalla completa, acercándose más.

Su mandíbula se tensó al ver cómo el hombre la toqueteaba toda, agarrándole las nalgas y subiendo su vestido poco a poco. No tenía el audio activado, pero con las imágenes ya era suficiente. Estaba a punto de cerrar la portátil cuando Maura se alejó del hombre, caminando en dirección al baño. El hombre asintió y se acomodó los pantalones, subiéndoselos. Jane pausó el video y acercó la imagen, notando la pistola y el tatuaje en el antebrazo.

"Maldita sea" -tiró el sándwich y casi tira la cerveza cuando se levantó rápidamente de la silla, saliendo del apartamento para dar dos pasos y tocar con fuerza la puerta de su vecina.

El hombre la miró de arriba abajo cuando abrió la puerta y Jane sonrió.

-¿Está Maura?

-Amm sí -miró hacia atrás, sosteniendo la puerta sin abrirla un centímetro más-. Está en el baño. ¿Necesitas algo urgente?

-¿Qué pasa?

La expresión del hombre cambió por completo al escuchar su voz y se giró hacia ella con una sonrisa amable.

-Hay una mujer... -La miró de reojo.

-June -dijo con un tono tajante.

-¿June?..-le avisó en voz alta-. ¿Qué tipo de nombre es ese? -dijo entre dientes y Jane tuvo que contenerse para no golpearlo hasta dejarlo inconsciente.

-¡June!

El hombre se hizo a un lado cuando Maura se acercó y abrió la puerta para recibirla.

-Puedo regresar más tarde si es que estoy interrumpiendo algo.

-No, no para nada -aseguró y Jane frunció el ceño al notar cómo arrastraba un poco las palabras.

Tomó una decisión en ese momento.

-Bueno... es que recordé que habíamos quedado hoy y pensé que lo habías olvidado al no llegar a la hora.

La expresión de Maura cambió por completo y Jane estaba agradecida de que le estaba dando la espalda al hombre. Rogaba para que le siguiera el juego, aunque estaba claro que Maura estaba completamente confundida.

-¿Para... ?

-La película. Pero, como te dije... si es un mal momento podemos dejarlo para otro día.

"Y si no aceptas igual me ocuparé de él" pensó.

-No. No, claro que podemos.

-¿En serio? -protestó el hombre-. ¿Me vas a dejar así por ver una película?

Jane entró en el apartamento sin esperar una invitación y cruzó los brazos, apoyándose en la isla de la cocina sin apartar la mirada de él. Observó en silencio cómo la mujer se disculpaba y despedía al hombre. No se movió hasta que la puerta se cerró y Maura la miró seriamente. Podría haber tenido unas copas, pero ahora estaba claro que no eran tantas como ella pensaba.

-Quiero una explicación ahora -demandó y Jane tomó un paso separándose de la isla, descruzando los brazos-. No me mientas, June -advirtió.

-No te voy a mentir.

-¿No? ¿Qué has estado haciendo todo este tiempo?

Jane separó los labios, entrecerrando los ojos, esperando.

-¿De qué hablas?

-No hemos quedado para ver ninguna película. ¿Por qué has dicho eso?

"Ah"

-Porque no es un buen hombre.

Maura se encogió haciendo una mueca. Era como si cada palabra que escuchaba de June la confundía más y más.

-¿Qué te hace decir eso? ¿Cómo sabes?

-Su tatuaje es de una pandilla, Maura. Lo sé porque crecí en Boston y simplemente lo sé.

-¿Te estás basando en un tatuaje? -dijo en voz alta, casi gritando, y ambas se sorprendieron-. La gente cambia y los tatuajes son permanentes. No puedo creer esto. -Se frotó la frente, caminando de un lado a otro.

-Lo siento -dijo, pero su rostro se mostraba impasible.

Maura dio unos pasos hacia ella hasta quedar cara a cara y la miró a los ojos.

-¿De verdad lo sientes?

La mandíbula de Jane se tensó visiblemente. Quería gritar que no. Que no lo sentía. Que era para su bien, para protegerla. Para proteger su vida.

Pero simplemente asintió sin apartar la mirada de esos ojos claros.

Maura soltó un suspiró y la sorpresa de Jane se ahogó en su garganta al sentir que la mujer apoyó la frente en su hombro susurrando un "Estoy cansada"

¿Qué hacía? No estaba supuesta a acercarse tanto.

-Solo quería relajarme y dormir.

Los brazos de Jane permanecieron al lado de su cuerpo sin saber qué hacer o si Maura quería que hiciera algo. No era el primer hombre ni mujer que Maura había tenido en su apartamento. Eso no la sorprendía, pero ahora era consciente de que tenía que estar más al tanto de quién la rubia decidía traer a su apartamento para "relajarse". Maura no estaba consciente del cambio que había tomado lugar, no era consciente del peligro que corría.

Jane tragó en seco y alzó los brazos, rodeando los hombros de la mujer, abrazándola a ella. Maura se tensó por un instante para luego relajarse por completo en sus brazos.

-Puedo ayudarte... solo tienes que decirme cómo -ofreció y sintió el suspiro en la piel de su cuello.

-Quédate conmigo esta noche. -Se rio al sentir el cuerpo de la morena tensarse y aclaró-. Solo a dormir, June. -Se separó y volvió a mirarla a los ojos con una sonrisa que nunca había visto antes en ella. La desarmó por completo.

Fue la primera vez que sintió que odiaba su alias.

-Claro. Dormir.

La cama de Maura era amplia; lo suficiente como para tener bastante espacio entre las dos y, aun así, la mujer estaba prácticamente pegada a su costado. "El alcohol. Eso ha de ser" se había dicho. Nada de la habitación se comparaba con la suya; las sábanas de algodón egipcio, el colchón firme pero suave a su vez, el olor al champú mezclado con la crema de piel. Estaba experimentando una sobrecarga sensorial de Maura Isles.

-Deja de pensar.

Jane parpadeó al escucharla. Había pensado que ya estaba dormida por lo suave y constante que era su respiración.

-Puedo escucharte desde aquí.

-Pensé que dormías.

-Es difícil cuando estás pensando tan alto. -Se quejó aunque en su tono se notaba su sonrisa.

-¿Qué hago? No estás relajada.

Maura rio y se incorporó, apoyándose en su codo. Estaban a oscuras, pero su visión se había acomodado lo suficiente para distinguir el rostro de la mujer a su lado.

-No es tu obligación "relajarme", June...

-Pero quiero -interrumpió antes de que pudiera seguir.

-Te abrazaré... si eso te incomoda... me puedes decir -dijo y esperó varios segundos hasta que notó que asentía.

Lo primero que sintió fue su calor y luego el roce de sus piernas seguidos por un suspiro al descansar la cabeza sobre su hombro. Los músculos abdominales de Jane se tensaron al sentir el brazo rodear su cintura, pero se relajó poco a poco.

-¿Mejor?

-Mucho mejor -susurró.

Maura se quedó dormida en segundos.

Ella no pudo dormir esa noche y se fue antes de que la mujer a su lado despertara.

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Jane cerró la sombrilla al entrar en la cafetería y se recogió el cabello aún lado, escaneando el lugar con la mirada hasta encontrarlo. El hombre alzó la mirada de la portátil que tenía abierta enfrente de él y sonrió al verla.

-¿Cuánto tiempo?

-¿Ya te estás poniendo sentimental? -preguntó con tono burlón al sentarse enfrente de él.

El hombre se sacudió de los hombros y le señaló la taza de café en el medio de la mesa.

-Lo pedí para ti. Lo han traído justo a tiempo.

-Cuatro meses. -Era el tiempo que había pasado sin encontrarse en persona. Jane prefería comunicación indirecta y en persona si era absolutamente necesario.

-Aquí está lo que me pediste. -Deslizó un sobre blanco sobre la mesa y Jane asintió agradecida antes de guardarlo en el bolsillo interior de su chaqueta.

-Gracias.

-Ujum... ¿Puedo preguntar qué pasó? -señaló con el dedo índice el rostro de la mujer. También había notado que cojeaba un poco.

-¿Qué crees?

-Korsak comienza a pensar que no podrás seguir sola. Es demasiado, incluso para alguien de tu calibre.

-He cumplido con mi objetivo.

-¿Pero a qué costo?

-Eso no importa.

El hombre, que era unos años más joven que ella, cerró la portátil y la observó en silencio mientras ella degustaba el café. Le alegraba que le haya gustado; podía notarlo.

-En todo caso me sorprende que hayas durado tanto.

Jane no dijo nada ya que tenía razón. Su trabajo era reconocido por ser rápido y eficiente, pero este era diferente. Era profesional en su campo y ahora su trabajo era proteger a alguien. Qué ironía. Al principio no comprendía la decisión de Korsak, pero con el tiempo se dio cuenta. ¿Quién mejor que ella para saber cómo piensan? Para predecir cada uno de sus movimientos.

-¿Hay algo nuevo? -preguntó más serio.

Jane soltó un suspiro, apoyándose en el espaldar del asiento.

-No. Aparte del hombre que la seguía hace una semana no ha habido más problemas. Su vida es... normal, aburrida incluso. Trabaja más de la cuenta, no tiene muchos amigos, la verdad es que pareciera que no tienen ninguno. No tiene familia. Está sola y solo... trabaja.

-Ahora sí que no entiendo cómo has durado tanto. Suelen aburrirte rápido este tipo de trabajo.

No lo había pensado de esa forma hasta que lo mencionó. Barry tenía razón. Ella odiaba los trabajos sedentarios. Necesitaba acción, viajar y encontrar nuevos lugares. Pero, para su sorpresa ha estado seis meses viviendo en Boston, en el mismo apartamento, con el mismo trabajo de día para aparentar una vida... normal. ¿De verdad ya habían pasado seis meses?

-Estaré en contacto si hay algo nuevo, como siempre -avisó y se puso de pie antes de que el hombre pudiera decir algo más.

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Esa noche se encontró recostada en el sofá con la mirada fija en el techo del apartamento. No había corrido en los últimos días porque Maura ha estado trabajando tan tarde que termina demasiado cansada como para despertar temprano e ir a correr. Había sido conveniente para ella porque le dio tiempo suficiente para que su rodilla dejara de doler y la cicatriz en su rostro había sanado rápido. De no haber sido así, Maura hubiera tenido muchas preguntas.

Se sentó y agarró la portátil sobre la mesita de café, abriéndola para chequear las cámaras y sin darse cuenta sonrió al verla caminar alrededor de la cocina preparándose un té.

Sin pensarlo se puso de pie, agarró su tarjeta y salió del apartamento para tocar la puerta de su vecina.

-¡June! Buenas noches.

-Hola, Maura. ¿Quería saber si ya habías comido y si te apetecía una pizza?

-¿Me estás invitando a cenar?

Jane abrió la boca, pensando. La verdad es que había tocado la puerta sin ningún plan en cabeza, simplemente la quería ver.

-Eso creo.

La rubia arqueó una de sus perfectas cejas y se hizo a un lado para que entrara.

Maura ordenó pizza de uno de sus lugares favoritos, aunque dejó muy claro que no comía mucha pizza o comida chatarra en general.

-Sorprendentemente la única pizza que había comido hasta ahora es la de la cafetería de mi trabajo -confesó mientras mordía un trozo. Estaba sentada en el suelo del salón, con la pizza sobre un plato en la mesita de café. Maura no se había sentado en el suelo, pero estaba a su lado en el sofá.

-Ahora que mencionas eso, creo que en los meses que nos hemos conocido nunca te he preguntado en qué trabajas.

-Soy maestra de preescolar. -Alzó la cabeza cuando el silencio se extendió por varios segundos y se encontró con una expresión sorprendida- ¿No lo parezco?

-No había pensado en eso.

-Entonces tomaré eso como un no -rio y se limpió la comisura de los labios con una servilleta antes de beber un poco de soda.

Maura no la había dejado de mirar y comenzaba a preguntarse si es que tenía comida en la cara.

-Tienes una bata blanca en la entrada ¿Eres doctora?

-Tengo un doctorado en ciencias forenses e ingeniería genética.

-Vaya, Doctora Isles -soltó un chiflido y le pareció ver un rubor en las mejillas de la rubia- Eso sí que es impresionante. Eso explicaría el por qué siempre estás trabajando. Espero que te estés relajando también.

Maura casi se ahoga con su bebida al escuchar aquello.

-Lo digo porque no has podido correr estos días -dijo intentando contener una sonrisa.

Ahora sí, definitivamente, estaba sonrojada. Maura no había tenido ninguna 'visita'. Desde que la acompañó a dormir, para ser más precisa, y desde esa noche ya había pasado un mes.

-Claro... correr -rio nerviosa-. He tenido mucho trabajo. Estoy tan cansada que no he tenido fuerzas ni para... correr.

Jane sonrió y la siguió con la mirada hasta la cocina donde agarró un par de servilletas más y volvió a sentarse en el sofá. Inconscientemente o no, terminó sentándose más cerca de ella.

¿De verdad esta mujer era la hija biológica de unos de los criminales más buscados nacional e internacionalmente? Jane ya sabía su profesión, sabe tantas cosas que incluso la propia Maura ni sabe de ella misma y, aun así, siempre respondía con la verdad a sus preguntas. Hasta ahora nunca le ha mentido y comenzaba a preguntarse si es que era incapaz de hacerlo. Todo el mundo miente, de eso estaba segura. Y por muy buena que Maura sea o aparenta ser -como ella misma hace- todos mentían en algún momento.

-Siempre que necesites relajarte me puedes decir -soltó sin pensar y abrió los ojos al caer en cuenta de lo que había dicho.

Maura estaba igual de sorprendida si el abrir de sus ojos era de alguna indicación.

Las dos se miraron a los ojos por varios segundos, sin decir nada.

-¿Qué me estás ofreciendo? -preguntó con un tono más bajo.

-Me has dicho que duermes mejor con alguien -dijo y Maura se cubrió el rostro como si esas palabras la apenaran de algún modo. Jane se mordió el interior de la mejilla, insegura de continuar con su explicación.

-Así es -admitió en un susurro.

-Estoy aquí, bueno, al lado, -aquella aclaración hizo sonreír a la rubia y verla hizo que algo se moviera en su interior-. Yo también -confesó-. Así que siempre que quieras dormir juntas... "¿Qué estoy diciendo?"

-Entiendo.

Jane sonrió aparentemente nerviosa. No. Sí estaba nerviosa y eso la desconcertó un poco.

-¿Deseas quedarte esta noche?

La morena asintió en silencio.

Jane volvió a su apartamento solo para cambiarse de ropa. Por alguna razón su corazón estaba latiendo más de lo usual mientras estaba acostada en la cama de Maura y la miraba de reojo mientras se quitaba el maquillaje del día. "Si estoy con ella será más fácil protegerla" se dijo convenciéndose a sí misma. Eso era todo. Era trabajo. Nada más.

-¿Siempre piensas cuando te acuestas? -preguntó mientras subía en la cama y se metía bajo la sábana.

-¿Tú no?

-Prefiero no hacerlo en la cama.

-A veces no lo puedo controlar -dijo, sintiendo la mano de Maura cerca de la suya.

Maura dejó escapar un suspiro tembloroso.

-Supongo que te pasa lo que me pasa a mí con las pesadillas.

-¿Tienes pesadillas?

-Varias veces esta semana. Creo que por eso me siento tan agotada, porque no he podido descansar bien.

La mano de Jane se movió un poco y cubrió la de Maura, sosteniéndola. Maura ladeó la cabeza para mirarla en la oscuridad y pudo ver que sonreía.

-No puedo detener las pesadillas, pero por lo menos hoy espero que puedas dormir sabiendo que no estás sola. Te protegeré.

-Oh, June. -Maura sostuvo su mano con más fuerza, conmovida con sus palabras-. Gracias.

Hablaron en cama durante una hora hasta que Maura se dio la vuelta cuando los ojos se le comenzaban a cerrar. Diez minutos pasaron y por la respiración de Maura pudo notar que aún estaba despierta. Pensó en la primera noche que compartieron en la misma cama y recordó que se había quedado dormida al abrazarse a ella. Jane se maldijo mentalmente, porque ¿qué estaba haciendo? Nunca había hecho esto. Nunca se había ofrecido tanto con ninguna persona y mucho menos un trabajo.

"Maldita sea" se gritó mentalmente cuando el deseo sobrepasó la razón. Se mordió el labio inferior y se movió lentamente, deteniéndose por un instante al escuchar un sonido de sorpresa escapar de los labios de Maura al sentirla moverse, al sentir su calor más cerca.

-Te protegeré -susurró, recordándole, y se acercó apegando su cuerpo al de Maura, abrazándola por detrás. El cuerpo de la mujer se relajó por completo, soltando un suspiro.

-Gracias.

Apenas alcanzó a escuchar y sonrió al notar que Maura se durmió en menos de un minuto.

Despertaron juntas al día siguiente. Jane se había despertado antes que ella y consideró irse como había hecho la última vez, pero no pudo. No quería. Hasta donde sabía, Maura no se había despertado con alguna pesadilla durante la noche. En sí, aparte de girarse y abrazarse a su cuerpo, no se había movido más.

-Maura ¿No tienes que ir a trabajar? -susurró y la mujer arrugó el ceño sin abrir los ojos.

-Dormir un poco más.

El pecho de Jane vibró al intentar contener su risa. Maura suspiró estrechándola más a su cuerpo.

-Duerme -dijo en voz baja, inconscientemente dibujando figuras en la espalda de la mujer.

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Las dos crearon una rutina sin darse cuenta. Jane iba a cenar y aparecía con comida chatarra (que a Maura le gustaba más de lo que se permitía admitir) o sino Maura cocinaba algo para las dos. Todo dependía de cuán cansada estaban. Después de eso veían algo en Netflix o en ocasiones, dependiendo del tiempo, salían a caminar a lo largo del río o el parque. No habían quedado de acuerdo en el arreglo para dormir, pero no habían dejado de dormir juntas desde la noche que le prometió protegerla de las pesadillas. No fue un tema que hablaron; se daba naturalmente. Incluso a veces ni Maura le preguntaba si quería quedarse.

Tres semanas durmiendo en la misma cama juntas y ahora Maura tenía una conferencia de trabajo por tres días en Nueva York. La siguió y la protegió de lejos, siguiendo cada uno de sus movimientos sin que la mujer se percatara. Lo más difícil era cuando la noche llegaba y se acostaba en la cama del hotel, unos pisos más abajo que Maura, y simplemente no podía dormir.

"¿Tanto puede cambiar en tres semanas?"

Extrañaba el calor de un -su- cuerpo a su lado. Cómo el brazo de Maura siempre terminaba estirado sobre su abdomen, estrechándola más fuerte. El champú de coco y el sentir de su pecho subir y bajar con cada respiro.

Jane se cubrió el rostro con el antebrazo y susurró una maldición.

Solo deseaba que no estuviera teniendo pesadillas.

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-¡Estoy de regreso! -anunció cuando la puerta se abrió y la abrazó sin darle tiempo a reaccionar.

Jane le devolvió el abrazo, notando que Maura tenía la maleta al lado ¿Había parado a saludarte antes de llegar a su apartamento?

-Te he traído algo -anunció al separarse y dirigirse a su puerta.

Jane negó con la cabeza al abrir la bolsa de papel y mirar su contenido. Se habían sentado en el sofá y Maura la estaba observando atentamente.

-Las compré antes de mi vuelo; quería que estuvieran lo más frescas posible.

-Me has traído bagels de Nueva York. -No dejaba de mirar el contenido de la bolsa, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza en su pecho.

-¡No son cualquier bagel! Los compré en una de las mejores panaderías que conozco en Nueva York y es tu favorito, June. De tomate y albahaca.

-¿Cómo...? -La miró a los ojos, sorprendida- ¿Cómo sabes?

-Me dijiste. Dijiste que te gustaban porque era como comer pizza de desayuno.

Jane la miró incrédula.

-Gracias... -dijo en voz baja, conmovida. No estaba segura exactamente de cuándo le había dicho aquello, pero tuvo que ser meses atrás. No podía creer que lo hubiera recordado y que se tomara la molestia de traerle.

-Ha sido un placer. -Sonrió de oreja a oreja y la miró expectativamente.

Jane dedujo que esperaba algo, así que agarró un bagel y le dio una mordida.

-Podría besarte en estos momentos -dijo sin haber terminado de tragar aún-. Dios, está muy bueno. ¿Te imaginas tostado con un poco de mantequilla? -Decía mientras guardaba el bagel y alzó la mirada, encontrándose con una Maura boquiabierta con las mejillas sonrojadas-. ¿Qué pasa?

Maura negó con la cabeza de un lado a otro, riendo.

-Me alegra que te haya gustado tanto.

Tres horas después Jane estaba de vuelta enfrente de la puerta de su vecina. Alzó la mano para tocar, pero se detuvo mordiéndose el labio. Se dio media vuelta para volver entrar en su apartamento y dio un brinco cuando la puerta de Maura se abrió y salió, igual de sorprendida que ella al verla en el pasillo, vistiendo su juego de pijama.

-Hola

-Hola, June.

-Amm...

-Me preguntaba si...

-Sí.

Maura sonrió de oreja a oreja; últimamente lo hacía mucho.

-¿Te gustaría dormir juntas?

Jane se giró hacia ella y no dudó en decir:

-Me encantaría.

Las dos suspiraron al unísono al acostarse una al lado de la otra.

-¿Tuviste pesadillas? -preguntó, acomodándose en su costado para mirar a Maura que tenía la mirada fija en el techo.

-Por suerte no -pausó al escuchar un suspiro de alivio a su lado-. Es extraño... cuánto extrañé dormir contigo. La cama se sentía enorme. Perdón si lo que digo suena muy raro o te incomoda. -Giró la cabeza para mirarla en la oscuridad de la habitación.

-No lo es y no me incomoda... yo, yo también te eché de menos. -Sostuvo su mano y Maura se movió de forma automática, como tantas veces había hecho en noches anteriores y se apegó a su cuerpo, encajando perfectamente.

-Gracias, June.

Jane se mordió el labio. A veces no quería más que escuchar su propio nombre de esos labios. ¿Cómo sonaría? Quería saberlo.

-No estoy supuesta a decirte -comenzó a susurrar con voz adormilada y Jane abrió los ojos al escucharla-, pero eres la única amiga que tengo. La única persona en la que puedo confiar.

El brazo de Jane involuntariamente la estrechó más fuerte al escuchar aquellas palabras y una sensación de culpa recorrió su cuerpo.

-Mi padre biológico está vivo. -Alzó la cabeza al sentir que el cuerpo de la morena se tensó.

-Pensé que...

-Me buscó en Nueva York... me explicó varias cosas.

"¿Cómo? ¿En qué momento?" se gritó mentalmente e intentó relajarse a toda costa.

-No entiendo...

-Te explicaré mañana... es algo complicado. -Se volvió a recostar.

No podía forzarla a decirle ahora. Maura estaba claramente agotada y ya se estaba quedando dormida. ¿En qué momento la perdió de vista por tanto tiempo que le dio oportunidad de encontrarla? Al menos no le hizo daño. Dios... si hubiera querido hacerlo lo hubiera podido hacer y habría perdido su objetivo. La hubiera perdido a ella.

Un sonido emergió de la garganta de Maura y Jane se dio cuenta que la estaba sosteniendo con un poco más de fuerza, así que usó toda su fuerza para relajar sus músculos.

Esa fue otra noche que no durmió.

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Jane estaba de pie enfrente del ventanal con la mirada perdida en las aguas del río. Barry no le había dado buenas noticias, en sí no le había dado ninguna noticia nueva. Quería saber, por primera vez, quién la había contratado para proteger a Maura. Nunca se había molestado en saber, pero este caso era diferente. Barry no obtuvo ninguna información, aparte de saber que era una mujer, eso era lo único que él y Korsak sabían.

Maura no tenía mucha información y sabía que lo poco que le había dicho era la verdad.

Doyle le confesó que él era su padre biológico. Que fue dada en adopción para su propia protección, pero que su identidad ya no era secreta. Lo que más la sorprendió fue que Doyle le aseguró que estaba en buenas manos. Que solo tenía que tener más cuidado hasta que él solucionara las cosas. ¿Cómo pudo asegurarle algo así? Tenía que estar más pendiente del entorno de la doctora. Si Doyle había sido honesto con ella, entonces estaba segura que tendría varios de sus hombres pendientes de Maura y de su seguridad.

Jane se pasó la mano por el cabello, suspirando. Solo podría hacer lo que había hecho hasta ahora.

Un toque en su puerta la sacó de sus pensamientos y entrecerró los ojos, sintiendo la pistola en su cadera. No estaba esperando a nadie y Maura debía estar trabajando a esa hora. Se fijó en la mirilla de la puerta y sonrió al ver cabello dorado.

-Doctora Isles -dijo al abrir la puerta-. ¿A qué debo el placer?

Maura se dio vuelta con bolsas en las manos.

-Te cocinaré hoy.

-¿Hoy?

-¿En eso quedamos ayer?

-Pensé que sería pizza... -Se hizo a un lado fingiendo una expresión de decepción.

-De vez en cuando deberías comer algo hecho en casa. -Sacaba todos los comestibles que había comprado y Jane la seguía con la mirada sin saber qué decir.

-¿Compraste para cocinar o para llenar mi refrigerador?

-Las dos cosas. Me he dado cuenta que aparte de cerveza, leche y sobras de comida china no tiendes a tener mucho más.

Jane se rio, apoyando los codos sobre la isla de la cocina.

-Puedo cocinar, sabes.

-¿Sí?

-No sé si sentirme dolida de que suenes tan sorprendida.

-Espero algún día probar algo que cocines.

-Algún día -le guiñó y se aclaró la garganta al recordar que aún tenía su arma-. Iré al banõ un momento, ¿necesitas algo?

-Necesitaré un sartén y una olla, ¿tienes?

-Sí, están abajo.

Maura sacó la carne y los vegetales que necesitaba cortar y comenzó a abrir las gavetas, buscando el sartén y una olla profunda. Necesitaba poner agua a hervir antes de comenzar a cortar. Había estado en el apartamento de June muchas veces, pero solo sabía dónde estaban los platos desechables, cubiertos y vasos. Le costaba creer que la mujer sí cocinaba.

Abrió la puerta debajo de la encimera, buscando con la mirada y sonriendo al ver una olla profunda al fondo. Se tuvo que poner de rodillas para poder alcanzarla y cuando la estaba sacando, su visión periférica notó una pistola pegada debajo de la gaveta al lado de su cabeza.

Soltó la olla por la sorpresa y el ruido que provocó hizo que diera un brinco y cayó al suelo. La morena llegó corriendo y se detuvo en seco al verla en el suelo y al ver la puerta que tenía abierta. Su mirada se intercambió entre las dos, notando la palidez del rostro de Maura y como su mano tembló al sostenerse de la encimera para ponerse de pie.

Lo había visto.

-June... ¿por qué tienes una pistola escondida? -preguntó e inconscientemente dio un paso atrás.

Jane se quedó helada. ¿Acaso Maura le tenía miedo?

-Por mi protección.

-¿Protección? ¿Quíen... quién esconde una pistola en un lugar como ese? ¿Acaso las personas no la guardan es una caja fuerte o...

-¿Qué utilidad tendría guardarla en una caja fuerte? Si estoy peligro necesitaría tenerlo a manos lo más rápido posible -razonó y Maura se quedó boquiabierta.

-¡Eres una maestra de preescolar! ¿Qué tipo de protección necesitarías...?

Jane dio un paso hacia ella, efectivamente callándola, y Maura la miró a los ojos, intentando entender la expresión en su rostro.

-¿Me tienes miedo? -preguntó en un susurro al detenerse enfrente de ella.

Maura negó con la cabeza unos segundos después y los hombros de Jane se relajaron visiblemente.

-Siempre he tenido una. Me siento más segura así.

-Perdóname a mí... sobrereaccioné y actué sin pensar. Claro que puedes tener las armas que quieras, está en tu derecho -razonó aunque su rostro aún estaba pálido y aún se le notaba nerviosa.

Jane asintió y se agachó para recoger la olla.

-¿Estás segura que estás bien?

Maura no se había movido ni un centímetro, pero asintió y separó los labios al ver que la morena dejó la olla sobre la encimera y se acercó más a ella, indecisa por unos segundos antes de rodear sus hombros con un brazo, estrechándola con fuerza.

-Estás segura conmigo, Maura -susurró sobre cabello dorado y sintió un brazo rodear su cintura-. Puedo ayudarte a cocinar -sonrió al separarse lo suficiente para apartar un mechón de pelo del rostro de la rubia-. Y puedo llevar la pistola a mi habitación si estás más cómoda así.

-No es necesario, June. Tú te sientes segura con esa arma y eso es todo lo que necesito saber. Y sí, me encantaría que me ayudaras.

-Decidido entonces.

Las dos cocinaron juntas y se movieron en la cocina como si hubieran estado cocinando juntas por años. Maura se fue relajando poco a poco hasta que sintió que podía volver a respirar. Aún no estaba segura del por qué había sobrereaccionado de aquella forma. En el fondo, si era honesta consigo misma, comenzaba a pensar que se trataba de la seguridad de June. No cualquier persona se compra un arma de fuego para sentirse segura y eso no había dejado de darle vueltas en la cabeza. Ella misma había considerado la idea de comprarse un arma de fuego después de que Doyle le informara del peligro que corría. Incluso él le había ofrecido una, pero ella se negó. ¿Acaso June tenía una razón más?

Las dos cenaron, ambas sorprendidas de las habilidades de la otra en la cocina, especialmente Maura. Jane le había demostrado que, en efecto, podía cocinar y manejárselas en una cocina. No comprendía por qué comía tanta chatarra si podía cocinar tan bien.

Para sorpresa de Jane, Maura no regresó a su apartamento esa noche. Había pensado que con lo ocurrido en la tarde querría mantenerse lo más lejos posible, al menos por un tiempo. Pero como siempre, la mujer terminó sorprendiéndola una vez más.

Las dos estaban sentadas en el sofá con algo en Netflix de fondo que a ninguna de las dos le importaba porque Maura se había quedado dormida con su cabeza apoyada en el hombro de la morena. Y Jane estaba pensando en lo ocurrido, llegando a la horrible conclusión de que si había reaccionado así al ver una pistola, nunca la aceptaría por lo que es en realidad.

"Perdóname por no ser honesta contigo, Maura..."

Pensó al cerrar los ojos, cubriendo la mano que yacía sobre su muslo con la suya.

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Las cosas tomaron un giro inesperado una semana después. Maura la había invitado a correr de noche y ella no se pudo negar. No había tanta diferencia para ser honesta; estaba igual de oscuro y frío que cuando corrían en las mañanas. La única diferencia era que Maura estaba más sonriente de lo usual y Jane no sabía por qué, pero tampoco se lo cuestionó mucho.

-¿Pizza después de correr?

-Corro para poder comer pizza -explicó Jane y Maura hizo una mueca a la vez que sacaba una botella de agua del refrigerador de su apartamento y le ofrecía una a la mujer-. ¿Y tú?

-Me relaja -contestó después de beber casi la mitad del contenido de la botella.

-Cierto, necesitas relajarte -dijo con una risita y sin pensar. Maura alzó una ceja, acercándose a ella lo suficiente para hacer que dejara de beber de repente, casi ahogándose por la cercanía tan inesperada.

-¿Por qué presiento que te refieres a algo más? -preguntó y se sorprendió al ver las mejillas de la mujer sonrojadas. Alzó la mirada porque June era más alta que ella cuando no usaba sus tacones y la mujer apartó la mirada como si estuviera apenada. Era la primera vez que la veía de esa forma.

-Solo...

-No me mientas -dijo en voz baja tomando otro paso, cerrando la distancia entre las dos y ojos oscuros se encontraron con los de ellas. Jane tragó en seco a la vez que asentía lentamente- ¿Enton...? -No le dio tiempo a terminar cuando sintió los labios de Jane sobre los de ella. Apenas había sido un toque de labios al principio y no pudo contener un gemido cuando sintió que su labio inferior era capturado antes de ser mordido.

Su cuerpo se derritió en los brazos de la morena cuando sus propios brazos rodearon el cuello de la mujer y eso pareció darle toda la confianza que necesitaba porque lo siguiente que sintió fue cómo su cuerpo era elevado hasta terminar sentada en la encimera de la cocina. Sus piernas rodearon la cadera de la mujer, estrechándola a su centro y sonriendo en el beso al escuchar el gemido de la mujer que estaba muy ocupada en deshacerse de su blusa deportiva y se quejó al ver el sostén deportivo antes de deshacerse de esa pieza también, dejándola con el torso desnudo.

La respiración jadeante de Maura junto con los sonidos de los besos sobre sus pechos ocupaba el espacio del apartamento. Dedos se perdieron entre el cabello oscuro, sosteniendo la cabeza sobre su pecho para que aquella boca hambrienta siguiera con sus administraciones.

-Oh, June -gimió al mover sus caderas.

Los ojos de Jane se abrieron al escuchar aquel nombre e instintivamente mordió el pezón que tenía en su boca en ese momento, haciendo que Maura gritara en una mezcla de placer y dolor.

De verdad comenzaba a odiar su alias.

-Llévame a la cama -rogó con la respiración agitada y no tuvo que repetirlo porque la morena la tomó entre sus brazos, deslizándola de la encimera, y ella se aferró a su cuerpo hasta sentir que era depositada con delicadeza sobre su colchón.

Esa noche ninguna de las dos durmieron.

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-No puedo creer que me hayas convencido a hacer esto -protestó mientras caminaban por el parque, las dos en disfraz de Halloween y con dos cestas de caramelos que ya estaban vacías.

-Lo hicimos por una buena causa. Y a los niños les encantó tus orejas.

Jane gruñó, tocándose las orejas de su disfraz de gata. No era una gata sexy, para nada. Maura le había dado un pijama de mono de adulto con una capucha con orejas. Era lo más ridículo -y adorable- que se había puesto en su vida, pero a los niños del hospital de cáncer les encantó y eso había sido suficiente para ella. Eso y que Maura también vestía uno de león.

-¿Te he dicho que te ves adorable con ese mono?

-No, pero si me han dicho que está lindo -dijo y sonrió de oreja a oreja.

Jane sonrió también al recordar al niño que intentó enamorar a la doctora con halagos. No la había visto reír tanto como lo había hecho en ese hospital. En aquel momento se dio cuenta que era imposible no sonreír cuando Maura lo hacía y su corazón siempre latía más rápido cuando aquellos ojos claros se encontraban con los suyos. Estaba desconcertada, pero feliz. Feliz cuando Maura se atrevió a entrelazar el brazo con el suyo mientras caminaban.

-Me quitaré esta pintura -avisó cuando estaban enfrente de sus respectivas puertas.

-¿Y vienes? -preguntó Maura y las dos intercambiaron una mirada en silencio hasta que Jane sonrió, asintiendo.

Demoró un poco más de lo que pensaba, tal vez diez minutos, en quitarse la pintura y ponerse su short y blusa de dormir. Cuando se dirigía hacia su puerta, escuchó un estruendo contra la pared justo a su lado y se dio media vuelta agarrando su arma antes de salir. La puerta de Maura estaba semiabierta; pensaba entrar sigilosamente, pero cuando escuchó otro estruendo y un gemido de dolor de la mujer, abrió la puerta y se lanzó encima del hombre que la sostenía del cuello con una mano.

-¡June! - quiso gritar, pero su voz salió entrecortada y su garganta dolía. Se deslizó por la pared hasta el suelo, intentando respirar. La expresión horrorizada en su rostro y la sensación de pánico que sintió la dejó paralizada al ver que el hombre conectaba su puño con el rostro de la mujer.

Los segundos se sintieron como horas y sin darse cuenta lágrimas corrieron por su rostro al ver cómo June retomó el control quedando a horcajadas encima del hombre y golpeaba su rostro con la culata de la pistola hasta dejarlo inconsciente.

-¡June, June! Si sigues lo vas a matar.

Jane se detuvo al escucharla y se puso de pie de forma automática con una expresión en blanco. Había perdido el control y Maura la había visto. No tenía que preguntarse qué pasaría; el rostro aterrorizado de la mujer y sus lágrimas eran respuesta suficiente.

Sus manos estaban ensangrentadas y se acercó a Maura lentamente.

-¿Puedes ponerte de pie? ¿Maura, puedes? -volvió a preguntar cuando la mujer simplemente la miró con un labio inferior tembloroso. Fue a ayudarla, pero Maura negó su ayuda y se puso de pie por su cuenta con piernas igual de temblorosas que sus labios. La mirada de Jane se enfocó en la piel del cuello enrojecida-. Aquí no estás segura. Sígueme -dio unos pasos hacia la puerta y se detuvo al notar que no la seguía-. Te prometo que te explicaré todo -contuvo un suspiro de alivio cuando Maura dio un paso y la siguió hasta su apartamento.

La sentó en el sofá y buscó su celular, marcando un número rápidamente.

-Piso 21. 3B. Código 4a.

-¿Qué fue eso? ¿El código?

Jane se limpiaba las manos en el fregadero, pero alcanzó a escuchar la pregunta. Se sentó en la mesita de café quedando cara a cara con Maura pero con suficiente espacio para que se sintiera segura.

-Vendrán a recogerlo -dio como única explicación.

-¿Quién eres? -preguntó en un susurró enquebrantado y Jane bajó la mirada-. No eres quién has dicho ser... ¿cierto? Dios...

-Me llamo Jane -confesó y la confirmación hizo que más lágrimas corrieran por el rostro de la doctora-. Hace unos meses me contrataron para protegerte.

-¿Protegerme? ¿De qué? ¿Quién?

-Nunca pregunto esas cosas. Si tuviera que adivinar diría que fue Doyle.

-¿Qué?... ¿Quién eres realmente? ¿Eres maestra de verdad?

-Sí soy maestra, pero eso es solo... -tragó en seco.

-Encubierta... todo ha sido una falsa... ¿Desde cuándo? Solo te acercaste a mí para eso...

-No es cierto, Maura.

La rubia ahogó una risa con una mano en el pecho.

-Ahora tantas cosas tienen sentido...

-Es solo un trabajo... pero tú... no todo ha sido falso, Maura. Lo que siento...

-Calla. -La cortó al gritar, pero sus cuerdas vocales estaban tan doloridas que salió como si fuera un susurro afónico.

Maura se puso de pie con los puños cerrados y lágrimas en las mejillas.

-¿Siquiera eres capaz de sentir algo de verdad?

Jane permaneció en silencio, presionando sus labios en una fina línea intentando que el temblor de su labio inferior no se notara. Se puso de pie y frunció el ceño cuando Maura instintivamente dio un paso atrás, chocando con el sofá y cayendo quedándose sentada otra vez.

-Te llevaré a un lugar seguro -dijo con voz firme y una expresión impasible antes de darse media vuelta.

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-¿Cuánto tiempo más tendré que estar aquí?

El hombre apartó la mirada de su portátil para dirigirse a ella antes de sacudirse de hombros.

-Hasta que esté segura. Apenas han pasado cinco días desde que casi muere. Se merece un descanso.

-Lo que merezco es poder regresar a mi trabajo.

El hombre cerró la portátil y le hizo un gesto para que se acercara. Maura vaciló antes de dar unos pasos y sentarse al otro lado de la mesa de madera que había en el portal de la cabaña en las afueras de la ciudad. Ya Barry se había introducido, oficialmente, por pedido de Jane. Ahí solo estaba mientras esperaba a que Jane regresara de la ciudad.

-Si las cosas siguen como van solo tardará unos días más. Ayer la policía estatal encontró el cuerpo de la mano derecha del causante de todo esto. Estoy seguro que Doyle se ocupará del resto y entre más rápido lo haga usted puede regresar a su vida.

-Alguien tiene que morir para eso... -No había sido una pregunta. Jane ya había intentado explicarle, pero ella se había negado a escucharla.

-Así es la vida de los criminales como su padre.

-No es mi padre. Mi padre murió.

-Ujum. Como quiera verlo. Está claro que para sus enemigos y para él, sigue siendo su hija. Solo le puedo asegurar que está en buenas manos.

-¿Lo dice por Jane?

Jane... Aún se le hacía tan raro llamarla de ese modo, aunque en el fondo le gustaba mucho más que el alias de "June".

-Sí. Su especialidad no es 'proteger' de por sí, pero se le da igual de bien.

-Porque es...

-Lo puedes decir, ¿ya te dijo, no?

Maura asintió frunciendo el ceño al recordar la noche de Halloween cuando fue atacada. Jane se lo confesó en el camino a la cabaña, cuando el silencio las envolvía en el auto a oscuras.

-Te diré algo y tal vez me equivoque al hacerlo. No está en mi lugar, pero también creo que eres la única persona capaz de ayudarla y ella no pedirá ayuda. Creo que ni siquiera sabe que lo necesita -terminó en voz baja con la mirada perdida.

Maura asintió, escuchándolo.

-Ha estado en este trabajo por casi nueve meses -dijo, señalándole, dejándole claro que ella era el trabajo-. Nunca ha durado tanto en uno solo y eso me sorprendió. Me dio como excusa que era por el dinero, pero eso nunca le había importado antes y, mirándolas a las dos juntas, ahora estoy seguro que eres la razón por la cual se quedó. La miras con desconfianza, lo cual es entendible, cualquiera lo haría cuando alguien te miente por tanto tiempo. Y, aun así, tal vez seas lo único verdadero para ella.

Maura inhaló profundamente intentando sentarse más recta.

-Ha querido dejar de serlo por mucho tiempo -suspiró, apoyando los codos sobre la madera que los separaba-. En parte también creo que por eso duró tantos meses contigo. El por qué todavía lo está.

-Yo... no creo que pueda... -Se calló al escuchar un auto acercarse.

Barry comenzó a guardar sus cosas en su bolso y se puso de pie guiñándole un ojo que la dejó confundida. Jane se bajó del auto y dio la vuelta a recoger varias bolsas con comida antes de subir la escalera de madera al portal.

-¿Problemas? -preguntó Barry al notar el corte encima de la ceja derecha.

-No fue nada. Gracias por quedarte Barry, te dejé tu favorito en el auto.

-¡Eres la mejor! -le dio un beso en la mejilla y se apresuró al auto.

Maura los miraba con una expresión escandalizada al ver la normalidad con la que Barry estaba actuando al verla de esa forma; la camisa de Jane estaba ensangrentada y el ojo derecho comenzaba a inflamarse.

Aguantó la respiración cuando Jane dirigió la mirada a ella por un instante antes de entrar a la cabaña.

Cuando decidió entrar a la cabaña, Jane ya había guardado el contenido de las bolsas y ella no estaba a la vista, pero la luz del baño estaba encendida.

-¿Puedo? -preguntó ignorando el hecho de que Jane se había quitado la blusa, quedándose con un sostén negro mientras se limpiaba la sangre de sus pechos.

Jane se detuvo y se giró hacia ella, sorprendida.

-No tienes que hacerlo.

Maura atravesó el umbral de la puerta, tomando la servilleta de papel de las manos de la morena, tensando la mandíbula al ver los nudillos ensangrentados de la mano derecha.

-¿Qué pasó?

-Estaban en tu apartamento cuando fui a recoger varias de tus cosas. Dejé la bolsa sobre la cama.

-¿Estaban? ¿Cuántos...?

-Tres -respondió con normalidad.

Maura dejó soltar un suspiro tembloroso mientras limpiaba los nudillos. No pensaba estar lista para preguntar cómo terminaron esas tres personas. Así que se concentró en limpiar sus heridas.

-¿Así sería estar en una relación con...? -susurró mientras inspeccionaba el corte sobre la ceja.

-¿Una asesina? -terminó en voz baja, mirándola a los ojos.

-Jane...

Jane se tragó la emoción que sintió al escuchar su nombre por primera vez de esos labios.

-No sabrías -dijo unos segundos después.

-¿Por qué me dijiste entonces?

Jane se mordió el labio cuando el antiséptico entró en contacto con la herida. Ellas no habían estado en una relación, por lo menos no una oficialmente. Varios minutos pasaron, los suficientes para hacer a Maura pensar que no obtendría una respuesta.

-Estaba cansada -susurró tan bajo que Maura apenas entendió lo que dijo y entonces se encontró con la mirada que reflejaba ese agotamiento-. Estaba cansada de ocultarme, de mentirte... de seguir escuchando June cuando solo quería escucharte llamarme por mi nombre. Estoy cansada -dijo entre dientes y sus labios se separaron por la sorpresa que causó el sentir dedos fríos limpiar las lágrimas que corrían por su rostro.

-Puedo ayudarte... solo tienes que decirme cómo, Jane -susurró Maura, acariciando su mejilla.

Jane ahogó un gemido al escucharla usar sus propias palabras, así que le respondió de la misma forma que ella había hecho meses atrás.

-Quédate conmigo esta noche.

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*Tres Años Después*

Aún no se acostumbraba al tiempo de Nueva York. En la mañana había salido abrigada, preparada para la nevada que se había pronosticado para la noche, pero en vez de eso terminó corriendo por las calles bajo un torrencial de lluvia helada. Solo quería llegar a su apartamento y tomarse una cerveza con la vista de la ciudad de noche y el Río Hudson.

-Buenas noches, Rick.

-¡Ah! Señora Isles, justo dejaron esta caja de pizza para usted.

No había ordenado pizza, pero tenía un presentimiento de quién pudo haber sido.

-Me puedes llamar por mi nombre, Rick.

-Lo siento, costumbre. ¿Necesita algo para secarse? -preguntó al notar que su ropa goteaba y estaba mojando el suelo.

-No, no, estoy bien. -Se acomodó el bolso de trabajo en el hombro y agarró la caja de pizza.

En realidad estaba helada y se dio cuenta cuando se quedó quieta en el elevador y comenzó a tiritar. Caminó con apresuro y tocó la puerta que se abrió en unos segundos.

La mujer del otro lado de la puerta se quedó boquiabierta al verla empapada.

-Le he traído la pizza, Señora Isles -dijo con un tono burlón.

-¿Estás loca? ¡Vas a enfermarte, Jane! -cámbiate rápido de ropa y ven a comer que estoy hambrienta-. ¿Olvidaste la sombrilla?

-No estaba supuesto a llover -se quejó y ahogó un gemido al sentir la calidez de las manos que sostenían su rostro, seguido por suaves labios.

-Excusas -susurró antes de separarse de ella-. Estás helada.

Jane prácticamente corrió por el pasillo hasta el cuarto y volvió con un juego de pijamas grueso y una toalla sobre los hombros. Sus ojos prácticamente brillaban al ver que Maura había ordenado su pizza favorita.

-Rick me sigue confundiendo contigo -dijo después de tragar la primera mordida de pizza.

-Lo dudo -sonrió la rubia que estaba sentada a su lado.

-Suenas muy segura. Te dije que era mala idea lo de tener el mismo apellido -refunfuñó-. Me sigue llamando "Señora Isles".

-¿Mala idea? Te encanta mi apellido. Además, estoy segura porque a mí me llama Maura.

Jane abrió los ojos sorprendida.

-¡Ese descarado! Deja que lo vuelva a ver.

-Come con la boca cerrada, cariño.

-Como mande, Señora Isles.

-Te salvas que te amo tanto -dijo a la vez que movía la cabeza de un lado a otro, muy enfocada en agarrar otro pedazo de pizza como para darse cuenta de la sonrisa de oreja a oreja que se había dibujado en el rostro de la morena.


Nota de Autor: Sorpresa, sigue sin gustarme los oneshots. Simplemente me dejan con un mal sabor y esto podría haberlo hecho un slow burn bien largo y detallado. PERO por lo menos me quitó las ganas de escribir esta idea. Fue interesante escribir a Jane un poquito fuera de personaje dada las circumstancias. Si llegaron hasta aquí muchas gracias por leer la historia y espero que haya sido de su agrado. Como siempre estoy en Twitter - TMisles :)