CAPÍTULO 40: Una visita inesperada


Comentarios a los reviews:

Rocío del Pilar: Me alegra saber que os gusta tanto la historia *o*. En realidad, no me gusta haceros esperar por los capítulos, pero estamos en la recta final y tengo muchos saltos en la continuidad de la historia, por lo que no puedo subirlos tan rápido. Espero de verdad poder terminar este fic este año. Me va a dar algo como siga prolongado T_T. Del capítulo, me ha hecho gracia lo vengativa que eres con ese «me da pena Misao, pero luego recuerdo lo despistada que fue y se me pasa» XD. Pero en parte tienes razón: Soujiro lo va a pasar mal por ello, así que Misao también se merece su parte. Sobre Aoshi... si ya me había dejado de convencer como pareja para Misao, definitivamente este fic lo ha vetado XD . Soujiro forever!

ddaisyaguilar52: Dios, estas cosas me hacen sentir culpable T_T. No quiero haceros esperar tanto por los capítulos T_T. Además, eso me mete la presión extra de que el capítulo que suba tiene que ser bueno para resarcir y un día de estos me vais a mandar a «freír espárragos» T_T. Espero que os guste el capítulo de hoy »_«

SlayArmisa: No, nunca. No sé lo que tardaré, pero este fic lo tengo que terminar. Lo he dicho anteriormente y me reitero: es mi obra maestra; ¡la quiero terminada! En cuanto al capítulo, era algo relajado para poder encajar bien ese cambio de mentalidad de Misao tras el varapalo. Es una mujer fuerte y ya no está tan abrumada por los factores externos que la tenían tan condicionada. Así que retomamos a esa mujer con la personalidad tenaz que conocemos :-D.

Kaoruca: Joé... sí que estabais esperando la actualización »_« . Al menos, creo que el capítulo de hoy es chulo, así que espero no defraudar tras la espera »_«

Estefi: Me alegra que te guste tanto el fic *o*

Gracias a todas por vuestros reviews ;-D. Al menos no ha pasado tanto tiempo como la otra vez. Os dejo con el siguiente capítulo que espero que os guste porque trae sorpresa XD.


CAPÍTULO 40: Una visita inesperada

Por suerte, el disgusto que Misao se había llevado la semana anterior le duró sólo unas horas. Después de aquello, se repuso con sorpresiva facilidad. Reconocía que se había esperado otra cosa. La había encontrado hundida en el baño para, poco después, hacer casi como si no hubiera sucedido nada. Tampoco habían hablado mucho del tema, pero en vista de su recuperación, había preferido no sacarlo a colación.

Y ella se había centrado en sus tareas como líder de una organización en ciernes de meterse en una pequeña batalla. Soujiro suspiró ante ello sobre todo porque, sin saberlo, parecían haberle metido en medio.

Se acercó hasta su habitación donde esperaba encontrarse a Misao. Y allí estaba, recogiendo las cosas y limpiándola. A pesar de llevar allí tres semanas, aún se le hacía extraño ver a Misao realizando tareas tan domésticas. Al ser la líder de un grupo ninja tan numeroso, se había imaginado que esos trabajos estarían encargados a otras personas.

Misao sacudió la colcha del futón por la ventana y al girarse para doblarla le vio.

—Déjame que te ayude —se ofreció Soujiro, que se acercó hasta ella. Puesto que era una colcha de un futón matrimonial era aparatoso manejarla por una sola persona.

La dejaron sobre un armario y, con ello, el espacio de la habitación quedó despejado.

—Quería hablarte sobre algo de lo que me he enterado de casualidad —empezó a decir él antes de que Misao saliera por la puerta.

—¿Sobre qué?

—Sobre el hecho de que me han comentado de paso hace unos minutos que esté tranquilo esta tarde en vuestra reunión; que siendo la primera a la que asistiría, no debía preocuparme de lo que allí se tratara —informó en tono neutro.

Era algo que le había sorprendido… aunque sólo a medias. Misao le había asegurado que con ese matrimonio no estaría involucrado en las misiones de los Oniwaban-shu. Pero mirándolo en retrospectiva, recordó que había pasado por una pelea contra Aoshi para demostrar que podría ser un miembro válido, así que tampoco era tan extraño que hubiera sucedido aquello.

Misao resopló y después refunfuñó, lo que hizo sonreír a Soujiro.

—No vas a venir. Olvídate de eso. Ya has hecho suficiente —alegó ella molesta—. No tenían que haberte dicho nada.

—No creo que lo haya hecho con mala intención. Parecía más bien querer suavizar el impacto por estar presente en una reunión vuestra.

—No te preocupes. Ya me encargo yo de aclararles que no eres un nuevo integrante.

—¿Y por qué tengo la sensación de que va a ser un problema para ti?

—No me importa —contestó mientras se acercaba hasta él y le cogía de las manos. Soujiro miró sus manos unidas con un extraño sentimiento de complacencia. Le gustaba el contacto con ella. Era sorprendente que no fuese algo que tuviera en consideración varias semanas atrás—. Los Oniwaban-shu son mi problema.

Soujiro suspiró y sonrió.

—No me molesta ayudarte con algo si eso te evita tener que enfrentarte a tu gente.

—No —negó con vehemencia ella—. Tú no tienes que hacer nada. Olvídalo.

—Créeme, hace siete años me propuse dejar atrás todo este tipo de actividades y…

—Por eso te digo…

—Déjame hablar —la interrumpió él al igual que lo había hecho ella. Suspiró—. Ya te dije que nunca me ha gustado mi vida de asesino y, aunque tampoco me quedo quieto si surge algún altercado, prefiero evitarlo en la medida de lo posible —matizó él—. Por eso, no accederé a ninguna misión de ese tipo, pero sí puedo ayudarte como informante —expuso con un ligero apretón a sus manos unidas—. Recopilar información es algo que siempre se me ha dado bien. Y si participo, aunque sea en eso, te evitará suspicacias.

—No quiero que te veas obligado a hacer nada.

—Me ha quedado claro que esperan que esté. Y yo no quiero que tengas una discusión innecesaria por algo que no me importa hacer.

—Soujiro…

Un par de golpes en la puerta los interrumpió y los sumió en un inesperado silencio.

—¿Misao? Tienes visita —le informaron desde el otro lado de la puerta—. El señor y la señora Himura están en la entrada.

Misao se tensó y acto seguido lanzó un grito de júbilo, dejando por completo la conversación en el olvido.

—¡¿En serio?! —exclamó mientras salía a gran velocidad hacia el lugar.

Misao ni siquiera podía empezar a imaginar qué hacían allí. No la habían avisado de que viajarían a Kioto. Pero las ganas de volver a verles le habían dado alas a sus pies y, en pocos segundos, estaba cruzando la entrada para encontrarlos.

—¡¿Qué hacéis aquí?! —los saludó emocionada. Kaoru hizo inmediatamente un gesto con el dedo para pedir silencio y apuntó con sus ojos a la espalda de Kenshin.

—¿Está dormida? —preguntó en un tono más bajo—. Quiero cogerla —le pidió en cuanto se acercó hasta ellos.

—Más tarde —le dijo Kaoru con una sonrisa.

—¡Ay, por favor, qué bonita es! —se emocionó Misao echándola un vistazo—. ¡Dios, Kaoru! —se lamentó mientras la miraba—. Tienes un problema. Todos tus hijos se parecen a Kenshin.

—Ya… —suspiró ella—. Pero me queda el consuelo de que todos me dicen que es habitual y que luego pueden acabar pareciéndose a mí.

Misao sonrió al ver que Kaoru no parecía para nada molesta por ello.

—¿Y dónde está Kenji? —preguntó tras revisar a su alrededor y no encontrar a su nuevo objetivo.

—Ha corrido hacia la cocina en cuanto entramos. Sabe que siempre le dan dulces —se excusó Kenshin por su hijo.

—¡Será traidor! —se quejó Misao—. Ni siquiera me ha saludado.

Pero acto seguido volvió a sonreír y los miró feliz.

—Pero ¿qué hacéis aquí? ¿Por qué no habéis avisado de que vendríais? —inquirió ella con desconcierto.

—Bueno, es que queríamos saber cómo estabas —respondió Kaoru con cuidado.

—¿Yo?

—La verdad es que te veo más feliz de lo que esperaba tras leer la carta de Megumi —explicó algo más serio Kenshin.

—¿Qué carta?

—Nos escribió para decirnos que estaba ya instalada en Aizu. Pero también nos dijo que para cuando leyéramos su carta, tú estarías ya casada. Y que sería bueno que viniéramos para apoyarte. —Kaoru se llevó una mano al pecho, como si fuese un pensamiento doloroso—. Imagino que este año por fin ha ganado. No podía creerlo. Casi no he podido dormir por lo preocupada que he estado por ti.

Misao sabía que en realidad no estaba pasando mucho tiempo, pero fue como si de pronto se le congelara a ella. No tenía ni idea de por qué Megumi les había contado lo de su matrimonio dejándose la información más relevante en el tintero…

Hasta que de pronto vio que Kenshin miraba por encima de ella y se le desencajó la cara por la sorpresa.

Entonces por fin lo entendió: Megumi le estaba haciendo el regalo de poder apreciar en vivo la cara de estupefacción de sus amigos.

Y con eso, se echó a reír… mucho.

—¡¿O-rooo?! —oyó que exclamaba Kenshin atónito.

—¡Oh, Dios! ¡Megumi es la mejor hermana del mundo! —Y siguió carcajeándose sin control delante de ellos.

—Es un placer volver a verle de nuevo, señor Himura —le saludó Soujiro cuando se acercó hasta ellos.

Kenshin se quedó literalmente de piedra; incapaz de articular palabra. Y Kaoru no hacía más que pasar su vista de su marido al recién llegado y de éste a Misao.

—¿Qué me estoy perdiendo? —preguntó ella al fin.

—Kaoru, te presento a Soujiro Seta: mi marido —le presentó solícita.

Kaoru frunció el ceño cuando escuchó el nombre y con eso volvió a observar a Kenshin.

—¿Por qué me suena ese nombre? —cuestionó desconcertada.

—Era la mano derecha de Makoto Shishio —le informó Kenshin.

Y con eso, Misao volvió a echarse a reír con estruendosas carcajadas ante la siguiente cara desencajada del día.

Por supuesto, todo aquel alboroto despertó a la niña, la cual se puso a llorar por su abrupto despertar. Soujiro se sorprendió del rápido cambio de estado de Misao, quien había pasado de estar desternillándose de risa a iluminarse por completo para coger a la niña.

—¡Ya la puedo coger! —mencionó mientras se colocaba en la espalda de Kenshin para coger a la cría—. ¡Hola, Ryoko! Saluda a la tía Misao. ¡Oh, por favor, qué bonita es! —volvió a repetir otra vez anonadada con la niña, al tiempo que la acunaba para detener su llanto.

—Perdona mi descortesía, Soujiro —dijo Himura cuando consiguió salir de su estado petrificado—. Me alegra verte de nuevo. Es sólo que me ha… —Y volvió a trabarse.

—¿Sorprendido? —le ayudó él. Kenshin asintió con una sonrisa relajada—. Es más o menos la reacción que estoy observando en todos.

—Megumi nos escribió que Misao se había casado, pero desde luego, no esperaba verte aquí. Creíamos que Sasaki había ganado la contienda de este año —explicó Kenshin.

—Bueno, Soujiro se le adelantó —comentó ufana Misao, que seguía con sus ojos puestos en la niña que no dejaba de llorar.

—¿Y es para bien? —Kaoru se había acercado hasta ellas para arrullar también a la bebé, y, aunque lo susurró, Soujiro pudo escuchar a la perfección su pregunta. Misao asintió y Kaoru volvió a la carga—. ¿Con él?

—Sí, lo es —confirmó con contundencia ella.

Kaoru tomó una sonora bocanada de aire ante la contestación brusca de Misao y con las mismas la expulsó.

—Vale… Entonces, todo está bien… supongo —aceptó algo incómoda—. Pero me tienes que contar ya cómo ha pasado esto. ¡Tiene que ser toda una historia! —alegó con entusiasmo a la vez que arrastraba a Misao hacia dentro de la casa.

Tras unos segundos de inmovilidad, Kenshin cogió la maleta que traían y se puso en marcha tras ellas.

—No soy dado a curiosear, pero reconozco que me intriga mucho cómo habéis acabado los dos casados.

—Fue un cúmulo de casualidades —informó Soujiro.

—Pues me gustaría escucharlas —replicó con una gran sonrisa.

En el salón, Misao se puso a contar toda la historia acompañados de un té que les había traído una de las trabajadoras, y Soujiro no pudo evitar comparar las dos formas en las que se la había oído relatar. Cuando eso mismo se lo había contado a Aoshi, había estado muy cohibida y sabía que para Misao había sido angustioso recordar todo aquello. Sin embargo, ahora, parecía que todo lo que les había sucedido fuese la anécdota de otra persona. Estaba animada, y resplandecía contemplando a la pequeña de los Himura como si no tuviera ningún tipo de preocupación encima.

Misao estaba feliz, concluyó… y eso le dejaba una sensación placentera por todo el cuerpo.

Ella terminó de contar lo sucedido a excepción de los condicionantes de su matrimonio. Misao le había dejado claro cuando lo acordaron que nadie podía enterarse de que su matrimonio era temporal, y era evidente que eso incluía tanto a su organización como a sus amigos.

—Es increíble… —murmuró emocionada Kaoru, la cual pasaba sus ojos de uno a otro hasta que al final los fijó en Misao—. Pero me alegro mucho por ti. Para mí era horrible pensar que te tenían expuesta como si fueses un premio. Y pensar que te has librado de eso y, encima, que te has casado con la persona que quieres… Estoy muy contenta, Misao.

—Gracias.

—Te agradezco que protegieras a Misao hasta traerla sana a casa —comentó Kenshin hacia Soujiro.

Soujiro asintió en aceptación, aunque no puedo evitar sonreír. El día de su boda le había quedado claro cómo se valoraba la situación de Misao en función de si eran hombres o mujeres. Y acababa de volver a presenciar esa diferenciación.

Ryoko hizo un pequeño mohín que atrajo la atención de los adultos, pero siguió durmiendo en los cómodos brazos de Misao.

—Estamos metiendo mucho ruido. Debería llevármela a la habitación para que duerma tranquila.

—¡No, no, no! —rechazó en el acto Misao—. Aquí está bien… con la tía Misao. —Sonrió feliz—. Pero qué bonita es —repitió por enésima vez desde que la pareja había llegado—. Me la voy a quedar.

—De eso nada —contratacó su madre—. Misao, hemos tenido esta conversación un montón de veces: no te puedes quedar con los niños de otros. —Kaoru suspiró y se cruzó se brazos—. Menos mal que ahora podrás tener los tuyos propios. Eres un peligro para cualquier madre.

Y con eso, se acabó el momento feliz de Misao. A Soujiro le desconcertó ser consciente de esto cuando ella seguía sonriendo… Una sonrisa que ya le había visto antes pero que no había sabido interpretar cuando estaban en la casa de los Kojima. Sin embargo, esta vez lo sintió porque era como si una luz se le hubiera apagado en su interior y ese resplandor que siempre le bañaba y que afectaba a sus emociones dejó de irradiarle.

—Sí, lo estoy deseando —comentó Misao.

Y de pronto, ese momento desconcertante se convirtió en aterrador para él; porque fue el instante en el que se dio cuenta de que conocía a Misao mejor que sus amigos, los cuales ni se habían percatado del cambio en el estado anímico de ella.

Sin embargo, eso no era lo peor… no. Aún había algo mucho más preocupante que eso. Y era el hecho de ser consciente, por primera vez, de que esa mujer era capaz de influenciarle hasta el punto en que sabía cómo se encontraba ella en función de cómo le hiciese sentir a él.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó Himura, que estaba sentado a su lado—. Te has quedado blanco. Pero te entiendo perfectamente —rio para animarle—. Ser padre es abrumador. Sin embargo, tienes la suerte de que Misao sabe mucho de niños. Sin ir muy lejos, casi crio a Asuka. Así que podrás estar tranquilo dejándolo en sus capaces manos —terminó con una sonrisa.

Soujiro no pudo evitar mirar a Misao. Aunque había aguantado el semblante tras tocar el tema tabú de sus futuros hijos, se había quedado seria en cuanto quedó liberada de la conversación al centrarse ésta en él.

Con una profunda inspiración, se sobrepuso al momento y miró a Himura, que esperaba expectante su reacción.

—Sí, tiene razón —corroboró él para dejarle más tranquilo y que no insistiera.

Porque en realidad, él lo dijo con la misma sonrisa forzada que había empleado Misao.


— * —


Fin del Capítulo 40

1 Marzo 2019


Notas finales:

¿No esperaríais en serio que no los metiera? Muajajaja ^o^. Tengo este pack de capítulos escritos desde hace mogollón (que también por eso tengo que revisarlos antes de subirlos para que no haya incongruencias con lo que he escrito previamente hasta unirlos). Y la verdad es que tenía ganas de subirlo. Van a tener su importancia en la pareja... pero hasta ahí puedo revelar ^o^

Espero que os haya gustado el capítulo ;-D

¡Saludos!