CAPÍTULO 41: Pensamientos contradictorios


Comentarios a los reviews:

Kaoru Tanuki: ¡Jo, que sí! Hay muy pocas historias de Soujiro y Misao. Con la buena pareja que hacen... T_T. Me alegra saber que estás disfrutando mucho la historia y la forma en la que se va desarrollando. Espero que siga así ;-D

Missao: Supongo que es porque las últimas actualizaciones han tardado mucho y claro, os dejé en un punto en el que ella estaba muy enfocada en eso, os enraizó y el resto os ha pasado desapercibido. Pero después del disgusto, cito textualmente lo que pensó Misao: «Conseguiría que se fijara en ella; conseguiría que se enamorara de ella. Y entonces, se quedaría allí para compartir su vida juntos». Claro que quiere formar una familia con él, pero deja bastante claro que busca que él se enamore de ella, no sólo tener hijos.
Sobre que Misao habría sido feliz con el hecho de no casarse con Sasaki y seguir con los Oni, siendo como una especie de «extra» a esa felicidad que Soujiro se enamorara de ella... No hemos entendido el personaje de Watsuki igual, es evidente. Pero no quiero spoilear el capítulo 42, así que no digo nada.
Pero lo de que te gustaba más al principio porque ahora parece una ¿arrastrada O_o? por querer una familia cuando es un personaje muy independiente... A ver si lo he entendido: ¿me estás diciendo que una tía a la que los hombres subordinados a ella la quieren casar con el primero que venga, que ha puesto su vida en peligro dos veces porque se ve obligada a demostrar a esos hombres su valía, que ha necesitado que entre el prota en escena para contener sus locuras porque tiene su vida condicionada y, por si no fuera poco, el prota ha tenido que prestarse a un matrimonio falso porque ella NO PUEDE SOLUCIONAR SU SITUACIÓN PERSONAL POR SÍ MISMA, te parece independiente? Y, sin embargo, cuando por fin se libra de todo y se puede preocupar de luchar por conseguir un deseo propio y expreso de ella que había tenido que desechar por las exigencias de su organización, ¿ya no lo es? Bufffffff... lo voy a dejar ahí porque si no, la lío parda. Pero deberías reconsiderar mucho tu concepto de independencia :-S

Kaoruca: Misao no dirá nada por la reacción de Soujiro porque ni siquiera lo ha visto XD. Suficiente tenía con ocultar lo suyo. Y en cuanto a lo de que el matrimonio Himura les vaya a influenciar, lo verás en el capítulo siguiente. Es la puntilla del capítulo de hoy, jijiji. Lo he releído después de terminar de revisar este y prácticamente se puede subir. Así que pretendo subirlo en una o dos semanas. Con un poco de suerte, se me reactiva la creatividad con este fic y a ver si lo acabo. En serio, ¡si es que no queda nada! Le hecho unos siete u ocho capítulos y de por sí tengo tres y medio más o menos escritos T_T Pero no hay manera de terminarlo T_T Qué disgustoooooo... Lo quiero finalizar de una vez, que llevo un montón de años con él T_T.

Estefi: ¡Gracias! Me alegra que te haya gustado la sorpresa ^o^

SlayArmisa: Bueno, es que es la típica cosa que haría Megumi, la verdad. Me la puedo imaginar hasta con sus orejas de zorro mientras les escribía la carta, jiusjiusjius. Y en cuanto al punto de inflexión de Soujiro, casi que ni te contesto porque eso sería spoilearte este y el siguiente capítulo. Así que lee, lee... ^o^

Gracias a todas por vuestros reviews ;-D. Siento el retraso pero de verdad que no tengo mucha cabeza para los fics de RK y menos con toda la movida personal que he tenido. Si hasta el fic que actualizaba todas las semanas lleva más de un mes parado T_T . Siento que tengáis que armaros de paciencia, pero tampoco puedo hacer mucho si la inspiración está de vacaciones T_T.

En fin, os dejo con el siguiente capítulo ;-D.


CAPÍTULO 41: Pensamientos contradictorios

En cuanto todos decidieron retirarse a dormir, Kenji protestó ante la idea puesto que él se encontraba en el punto álgido de su hiperactividad. Misao se había ofrecido a «cansarle». Ésa era la traducción que le había dado el matrimonio Himura ante el hecho de que se marchara con el niño a jugar en el jardín.

Y ella resplandecía… Lo había hecho todo el día a excepción de cuando habían tenido la reunión de los Oniwaban-shu. Puesto que no conocía cómo eran antes de que se casaran, no tenía otra percepción de lo que la banda suponía para Misao. Pero desde que habían llegado, sólo le había dado preocupaciones. Imaginaba que en otros tiempos le reportaría otras gratificaciones, porque si no, no entendía cómo había elegido su organización por encima de su felicidad.

La reunión había sido algo tensa. La forma en que Misao llevaba a su grupo no era como lo hacía el señor Shishio, el cual se limitaba a dispensar órdenes a sus subordinados. Ella dejaba a sus capitanes hablar y exponer sus puntos de vista hasta que al final Misao se decantaba por uno y era el que se hacía. Y eso le había llevado a recordar al hombre que le había interceptado e invitado a esa reunión cuando le dijo que se lo tomara con calma. El debate había sido muy intenso, con todos muy inflexibles ante un tema que los tenía de cabeza. Querían actuar cuanto antes contra unos rivales que habían matado a uno de sus compañeros y casi hecho lo mismo con su líder.

Los ánimos estaban bastante caldeados.

Además, era la primera reunión en la que Aoshi ya no estaba cerca, pero en cambio él sí. Algunos le habían estado observando con inquietud, casi esperando que él tomara iniciativa. Pero se había quedado en silencio estudiando los engranajes de aquellas reuniones.

Al final, en vista de que no tenían un conocimiento más amplio de los Yoshida y la estructura de su organización para poder trazar su plan de desmembrarlos, habían optado por una infiltración para recabar información.

Y no tenía muy claro cómo, pero había terminado inmiscuido. Él no estaría dentro del comando que se encargaría de los Yoshida pues no podían dejar una misión tan importante a alguien que no sabían cómo operaba, pero sí le dejarían que demostrara su valía recopilando información de ellos y sus aliados en los alrededores.

Sabía que Misao no estaba nada conforme, pero no lo dejó entrever. Ella no quería que interviniera en los Oniwaban-shu, pero no por el hecho en sí de implicarse en la organización, sino porque, por alguna razón, quería mantenerle tranquilo en el Aoiya. Imaginaba que ésa era su forma de agradecerle lo que había hecho por ella, pero desde su punto de vista, no era necesario. A él no le preocupaba hacer pequeñas tareas si eso la ayudaba.

Soujiro decidió esperar a Misao en su habitación. Como no tenía muy claro lo que le llevaría «cansar» al niño, se dirigió hasta allí una vez el restaurante quedó cerrado. Misao solía ir antes que él y por eso el futón estaba colocado para cuando él llegaba. Pero en ese momento, la habitación estaba despejada así que se encargó él mismo.

Suponía que aún tardaría un tiempo en acostumbrarse a esa cama. No hacía ni dos semanas que estaban casados y por eso se le hacía extraño aún que pudiera girarse y encontrarla durmiendo o que pudiera estirar el brazo y llegar a tocarla. Le gustaba tenerla al lado, pensó extendiendo el futón y colocando la manta bien. Le gustaba verla dormir y saber que estaba ahí. No entendía por qué algo tan nimio como eso podía hacerle suspirar de complacencia, pero suponía que debía ser inherente al hecho de quererla. Algo era lo que tenía que hacer que las personas quisieran mantenerse unidas cuando no había otros intereses materiales o alianzas de por medio.

Soujiro se sentó en el futón y la esperó, aún recreándose en esos hechos.

Y fue entonces que Misao entró como una exhalación en la habitación. Cerró la puerta y, antes de darse cuenta, se había lanzado de rodillas contra el futón.

—Cuando he dejado a Kenji con sus padres les he escuchado hablar de nosotros —comentó pletórica, algo que animó a Soujiro al instante—. Seguían sin poder dar crédito a que me hubiera casado contigo —rio feliz.

—Sí, ya me he dado cuenta de que les ha sorprendido bastante —comentó divertido.

—¿Bastante? Se han quedado de piedra. —Misao emitió un pequeño gritito de júbilo que le hizo sonreír—. Ha sido tan genial haber visto sus caras… Tengo que escribir a Megumi para darle las gracias por este regalo. Si les hubiera escrito para contarles que me había casado, me habría perdido sus reacciones.

—Ya veo que te ha hecho ilusión, sí.

—No lo sabes bien… —Misao se tumbó y empezó a patalear entusiasmada—. Lo que daría por poder dar a un botón y hacer que lo olvidasen para volver a darles la noticia. Y hacerlo una y otra y otra vez… ¡Ha sido genial!

Soujiro rio con ella al verla tan feliz y contenta. Era una emoción tan fuerte y cálida que tenía la sensación de que era adictiva. No había otra explicación al hecho de querer estar siempre así, aunque pensara que no podría soportar ese nivel de tensión emocional de continuo.

Pero le encantaba verla así. No lo podía evitar. Si la veía tan contenta, él también lo estaba.

—Si repites mucho una acción, deja de ser divertida.

—Éste no es el caso, te lo aseguro. —Se detuvo y se irguió para mirarle—. Soujiro, ¿a ti qué te ha parecido ver a Himura de nuevo?

—Desconcertante, aunque más bien lo ha sido porque no esperaba verle tan de repente —alegó tras meditar sobre ello—. Pero, en realidad, lo que me ha resultado más llamativo ha sido ver a una copia en miniatura de él. Su hijo se le parece muchísimo.

—Ya, son como dos gotas de agua —explicó Misao más tranquila—. Pero no se parecen en nada en el carácter. Ya lo verás. —Después suspiró—. Me alegra que hayan venido; me ha animado mucho que estén aquí y poder hablar con ellos.

—Me he dado cuenta.

Misao chasqueó la lengua y le dio un pequeño golpe en el brazo.

—No seas tan impasible, hombre. Que parece que soy la única a la que le ha divertido esto.

Soujiro sonrió con cierto nerviosismo, pues era justo lo que pensaba. A él no era algo que le afectara en especial. La única que se entretenía dejando pasmada a la gente era ella.

—Eres la única a la que le ha divertido —expuso él con su habitual sinceridad.

Misao resopló y se levantó para cambiarse de ropa y ponerse su yukata* para dormir. Soujiro no perdió detalle. Desde que se habían casado, Misao no le escondía su desnudez a pesar de que los primeros días se ponía muy roja al hacerlo. Pero por mucho que supiera que la incomodaba que la contemplase, él no iba a perder la oportunidad de deleitarse con ello. A fin de cuentas, era una mujer hermosa… y lo más desconcertante de todo: deseable.

Si pensaba que la sensación cálida que sentía con ella era adictiva, aquel otro fuego tampoco se quedaba atrás. No había entendido la motivación del señor Shishio cuando le trajo a la oiran* hasta su noche de bodas. Había sido aterrador y alucinante a la vez. Esa dicha de unirse a la persona que amaba; ese placer explosivo que había estallado en su cuerpo…

No había conocido nada igual.

A Soujiro se le entrecortó la respiración y dirigió sus ojos al futón cuando sintió que empezaba a excitarse. Habían hablado sobre eso y, por mucho que a Misao no le importara repetirlo, era consciente de que ella tenía una especie de deuda de gratitud hacia él que la impulsaba a hacer cualquier cosa.

—Soujiro —le llamó mientras se cerraba la yukata y se dirigía al futón—, he estado pensando en lo de esta tarde. Sé que me has dicho que no te importaría participar en alguna misión, pero no quiero que te sientas obligado.

—No me siento obligado.

—Casi han exigido que fueses desoyendo mi criterio o lo que tú pudieras decir.

—Quieren probarme. Tampoco es algo extraño.

—Pero no quiero…

—Misao —la interrumpió—, no pasa nada. Si no quisiera hacerlo, no lo haría. Nadie va a obligarme a hacer algo que no quiero.

—¿Cómo que no? Yo lo hice… —repuso contrita.

Soujiro suspiró y le acarició la mejilla. No le gustaba verla preocupada; a él le encantaba que estuviera feliz y alegre, como lo había estado hasta hacía medio minuto. La vio cerrar los ojos y sostener su mano en su rostro, sintiendo el contacto.

—Tú insististe, pero fui yo el que accedió.

—Nunca podré agradecértelo lo suficiente.

Por desgracia, lo sabía. Y por eso tenía la sensación de que Misao haría cualquier cosa que le pidiera.

—Claro que podrás. Sólo tienes que sonreír.

Porque mientras ella lo hiciera, su propio mundo se convertía en un lugar mejor.

Misao abrió los ojos y le miró desconcertada.

—¿Qué?

—Que sólo tienes que sonreír —reiteró—. Así me lo agradecerás.

Misao no pudo evitar reírse por lo bajo de la pura extrañeza por sus palabras.

—¿A qué viene eso? ¿Te has dado un golpe o qué? —bromeó, con lo que esa preocupación momentánea que había percibido desapareció para dar paso a la mujer radiante de la que se había enamorado.

Era magia. No tenía otra forma de explicar aquello. Un hechizo que le había unido directamente a las emociones de Misao. No había otra razón para que verla feliz le diera su propia felicidad. Y eso suponía una gran adicción; una que además le había atrapado en tan poco tiempo, que empezó a angustiarle sus efectos. Porque con esa idea, un pensamiento más perturbador había aparecido de pronto por su cabeza. Algo que no había valorado hasta hacía unos días, pero que había impactado en su racional mente como si fuese un proyectil.

No quería que aquello acabara.

Había estado seguro de estar conforme con sólo tener esos seis meses. Cuando ella le propuso ese matrimonio temporal le había bastado con eso. Experimentar ese sentimiento de amor que tanto buscaba la gente y marcharse después.

Pero tras dos semanas, de pronto, ese tiempo le parecía insuficiente. Porque ese sentimiento desconocido había aparecido con otro que removía por dentro su propio mundo: era feliz. Por fin podía experimentar esa emoción en el amplio sentido de la palabra y esto estaba tirando por los suelos la supuesta temporalidad. No quería que esas dos semanas se extendieran a sólo seis meses. Quería sentirse de esa forma por siempre.

Lo que le llevaba a recordar lo acertado que estuvo con las consecuencias que sufriría al término de ese matrimonio. Se había intentado convencer de que podría marcharse aunque le doliese la separación. Pero a esas alturas, ni siquiera quería plantearse cómo se sentiría cuando tuviera que dejarla.

—¿Qué te pasa? —preguntó preocupada. Misao le agarró la mano y la bajó a su regazo, donde la sostuvo entre las suyas dándole suaves caricias—. Te has quedado muy serio.

Soujiro sonrió sobreponiéndose a sus perturbadores pensamientos, y con eso, Misao volvió a animarse.

—Así está mejor —repuso complacida—. Si a ti te gusta verme sonreír, deberías saber que a mí también me gusta verte a ti.

Soujiro sintió que ese sentimiento cálido identificado como felicidad le envolvía con el único objetivo de afianzar más ese pensamiento. Cada vez estaba más convencido de que aquello tenía que ser lo que buscaba de forma inconsciente cuando salía de su casa para volver sólo porque llegaba el invierno. Y del mismo modo, lo que hacía que en el último tiempo no encontrara aliciente al simple hecho de viajar.

Empezaba a ver que «la respuesta» de su peregrinaje podría no ser sólo vivir tranquilo como había concluido años atrás, sino que, en el fondo, quería algo más que por culpa de su extraño pasado no había sido capaz de identificar ni con Misao diciéndole día tras día que ella buscaba ser feliz.

Pero por fin ahora lo entendía… y ése era el gran problema. Porque esto le generaba la mayor contradicción a la que se había enfrentado hasta la fecha. Conservar esa felicidad implicaba coartar los sueños de Misao, que eran los que en primera instancia habían provocado que acabaran en ese matrimonio. Ella quería enamorarse de un hombre y formar una familia con él en un futuro, aunque ahora ella no tuviese una perspectiva clara de su meta y se conformarse con él.

Aun así, Misao parecía feliz con ese matrimonio, de ahí que él se sintiese igual cuando estaba con ella. Pero estaba conforme porque había tenido unos precedentes que habían influido demasiado positivamente en su favor.

Y esto, sólo echaba de comer a su gran contradicción.

Misao se tumbó aún con su mano unida y él la imitó. La observó incluso cuando por fin cerró los ojos, imperturbable a esas alturas del hecho de mirarla fijamente. Había perdido esa parte de su vergüenza con sorpresiva facilidad. Le acarició la mejilla, consciente de que Misao no ponía objeciones a que la tocara, y ella sonrió con un suspiro.

Su pecho se volvió a encoger de forma estremecedora y no pudo evitar regresar a esos turbios pensamientos que iban en contra de los deseos de Misao. Ella tenía unos sueños muy definidos que llevaba años queriendo conseguir, pero que habían estado fuera de su alcance hasta ahora.

Sin embargo, al mismo tiempo, regresaba una y otra vez a su cabeza lo crítico que era para ambos que sufriera los efectos de esa droga que alimentaba sus turbios pensamientos. Porque Misao le restregaba con fuerza una tentación que resultaba difícil rechazar: estaba lo suficientemente agradecida con él como para conformarse con cómo estaba todo.

Y eso tiraba abajo sus buenas intenciones. Porque era esa situación la que le hacía querer aprovecharse de ella y convertir su propio estado en permanente.

Y de ahí que, antes de que Soujiro pudiera darse cuenta, comenzara a germinar una semilla negra en su interior que sólo podía conducirle al desastre.

Quería quedársela.


Notas del fic:

*Yukata: Prenda similar al kimono pero de algodón. Es más liviano que los kimonos.

*Oiran: Antiguas prostitutas de lujo.


— * —


Fin del Capítulo 41

23 Junio 2019


Notas finales:

Muajaja... Soujiro empieza a tener sórdidos pensamientos... jiusjiusjius. Pero hay que entenderle: el pobre nunca ha sido feliz y ahora lo es. ¿Y no es eso lo que quiere todo el mundo? Muajaja.

En fin, espero que os haya gustado el capítulo ;-D

¡Saludos!