CAPÍTULO 42: El amor platónico


Comentarios a los reviews:

Kaoruca: ¡Y hay más capítulos! Pero en mi ordenador ^o^. De todas formas, te comprendo completamente. Yo también soy ingenua cuando lo releo y espero encontrar más capítulos. Pero siguen faltando algunos T_T. He hecho como tú y me he puesto a releerlo poco a poco antes de dormir a ver si le puedo dar el último empujón y acabarlo. Es que me encanta esta historia y me fastidia hasta la infinidad no tenerlo terminado T_T
En cuanto a los pensamientos de Soujiro... pues sí, toda la movida viene por ahí. Soujiro cree haberle confesado sus sentimientos y piensa que ella le rechazó (obvio). Así que el pobre se come la cabeza y piensa cosas raras porque ella fue una alelada que no se enteró ¬_¬º Si es que... u_uº. En cuanto a Kenshin y Kaoru, no se van a meter en la relación de ellos de forma directa, aunque influirán mucho en su marcha sin darse cuenta. Cuando leas el capítulo de hoy, sabrás a qué me refiero ^o^.

Espero que os guste el capítulo. Reconozco que a mí me gusta bastante porque es lo que «le faltaba» por pasar y que estoy segura de que más de una esperaba que en algún momento ocurriera ^o^. Pues ya llegó, jiusjiusjius...


CAPÍTULO 42: El amor platónico

—Si tu madre te pilla cogiendo así el shinai*, te va a tener haciendo estoques frontales media mañana —le advirtió Kenshin a su hijo.

Soujiro se encontró, al llegar al patio trasero, a la versión en miniatura de Himura haciendo catas muy enérgicas con una espada de bambú mientras su padre le vigilaba sentado en uno de los bancos.

Se acercó hasta él y se sentó a su lado. Y durante unos minutos ninguno dijo nada; sólo estuvieron observando al chico practicar.

—¿Va a enseñarle su técnica? —le preguntó Soujiro por curiosidad.

—No, para nada —contestó al momento con rotundidad—. No tengo pensado transmitir mi técnica a nadie.

—¿Ah, no? —se extrañó.

—El «Hiten Mitsurugi Ryu» es el arte de matar por excelencia. No pienso enseñárselo a nadie. —Señaló a su hijo con la cabeza—. Kaoru le enseña el arte de su familia. El «Kamiya Kassin Ryu» es el arte de proteger con la espada. Sólo quiero que aprenda bien esas enseñanzas.

Soujiro reflexionó ante sus palabras. Cuando peleó contra él siete años atrás, había dejado de lado su vida de asesino y buscado una forma de compensar su violento pasado. Por eso podía entender que quisiera que su hijo fuese un protector de los débiles como lo había sido él una vez terminó la guerra.

—Si le digo la verdad, me sorprendió mucho cuando Misao me contó que se había casado y que había tenido a su segundo hijo.

—¿Ah, sí? —cuestionó—. Entonces, con Aoshi te llevarías una buena impresión.

Soujiro rio por lo bajo. Enterarse de la situación del señor Shinomori había sido más que sólo impactante. Pero aquello también le había hecho descubrir algo importante sobre él y debía dar gracias por ello.

—Sí, se podría decir que sí —corroboró él—. Pero lo cierto es que se me hace extraño, en gran medida, porque siempre he tenido una sensación solitaria sobre ustedes.

—Siempre eres solitario hasta que encuentras a la persona adecuada. Es lo mismo que te ha pasado a ti —expuso Kenshin con una sonrisa cómplice.

—Supongo… —replicó de forma ambigua él.

—La verdad es que te cambia la vida —suspiró Kenshin vigilando de nuevo a su hijo—. Pasas un montón de tiempo solo vagando por ahí sin tener muy claro qué quieres y, de pronto, una mujer te atrapa. Y ya sólo quieres estar con ella; pasar el tiempo juntos. Es uno de los mayores cambios de tu vida y es uno de los mejores. Ya lo verás —alegó con convencimiento.

Soujiro se quedó mirando también al niño, el cual seguía dando estoques con más fuerza de la necesaria.

—Quería preguntarte qué tal te ha ido en este tiempo —dijo de pronto Kenshin rompiendo el silencio—. Ayer no pude hablar mucho contigo a solas.

—Seguí su ejemplo y viajé por todo Japón.

—¿Y te sirvió?

—Sí. La tranquilidad me vino muy bien. No había podido disfrutarla nunca: ni cuando era pequeño, ni cuando crecí al lado del señor Shishio.

Kenshin perdió la sonrisa cuando recordó que Soujiro no había tenido una infancia fácil. Fue lo que hizo que se desmoronara en su pelea. No le quedó muy claro qué le había ocurrido, pero le había recriminado que no lo salvara cuando le necesitó.

—Es lo único que quiero —dijo Soujiro en tono neutro con la mirada perdida—. Tener una vida tranquila.

O al menos era lo que había querido hasta hacía varias semanas. Ahora no lo tenía claro, porque un nuevo deseo le estaba corroyendo por dentro.

—Pues aquí no la vas a tener —rio Kenshin en cuanto le escuchó—. Misao es un verdadero torbellino. Te has casado con la mujer equivocada —comentó en broma.

—Misao es justo la mujer que necesitaba en mi vida —confesó él, lo que hizo que Kenshin se sorprendiera por su solemnidad—. Es la persona más transparente que he conocido. No me cuesta entenderla.

—En eso tienes razón: Misao no es buena escondiendo lo que siente —concordó Kenshin, que se recostó contra el respaldo del banco con un suspiro—. Tengo que reconocer que me ha impresionado mucho vuestro matrimonio… y lo digo por ambas partes. Nunca se me hubiera ocurrido que el hombre que ganara la contienda fueses tú… pero es que tampoco esperaba que tu camino se volviera a cruzar con los nuestros.

—Ya… Me ha quedado claro que nadie esperaba verme por aquí —adujo divertido él.

—Y, sin embargo, eso no es lo más llamativo para mí. Ver así a Misao… —Kenshin hizo una breve pausa como si estuviera pensando cómo continuar—. Creo que nos ha pillado a todos igual de desubicados. Si te soy sincero, no creí que volviera a enamorarse después de lo de Aoshi.

Soujiro tardó varios segundos en entender el significado de esas palabras, pero en cuanto lo hizo, se tensó, aturdido por la revelación.

—¿Qué? —susurró.

Por supuesto, a Kenshin no le pasó desapercibida su reacción, por lo que se alarmó al sospechar que había hablado de más.

—¿No te lo ha dicho? —inquirió con cuidado. Soujiro se limitó a negar con la cabeza, y Kenshin se sintió más incómodo de lo que ya estaba—. Entonces, tampoco deberías darle mucha importancia. Es evidente que, si no lo ha hecho, es por lo poco relevante que es para ella —intentó corregir su desliz.

—Papá, ya me he cansado —se quejó Kenji al llegar hasta el banco donde se encontraban.

Kenshin dejó el shinai en el suelo y le aupó para sentarlo en sus piernas.

—Es que eres muy bruto, hijo —se lamentó él—. Si le pones tanta fuerza, te cansas antes.

—Mamá dice que hay que darle con fuerza.

—Porque tu madre también es un poco bruta —murmuró resignado.

—¡No hables mal de mamá!

Kenshin le dio con un dedo en la nariz y el chico rio divertido, al tiempo que intentaba atraparle la mano por la «osadía».

Soujiro les vio jugar, pero en realidad estaba más interesado en retomar la conversación donde la habían dejado, de modo que la recuperó:

—Pero tengo entendido que el señor Shinomori es su tutor.

Kenshin dejó que le atrapara la mano y Kenji se la estrujó. Sin embargo, el hombre no pareció hacerle mucho caso. Se limitó a suspirar y meditar qué contestarle.

—En realidad, siempre he creído que fue precisamente por eso —comenzó a decir, resignado a tener que hablar del tema para hacer control de daños. Lo último que quería era crear una sospecha en el matrimonio en cuanto a los sentimientos de Misao. Suspiró de nuevo—. Cuando la conocí, me resultó extraño que dijera que estaba enamorada de Aoshi cuando hacía unos ocho o nueve años que no le veía.

—¿Tanto tiempo?

—Sí, y ella tenía dieciséis —concretó él para hacerle entender dónde estaba el problema—. Es imposible que una niña de unos siete años se enamorara de forma romántica de alguien, así que sólo lo pudo hacer con el transcurso de los años y de una imagen creada en su cabeza.

—Como un amor platónico —especificó Soujiro.

Él había tenido la ingenua idea de que el día que se enamorara de una mujer sería así, y no como le estaba sucediendo en esos momentos donde padecía las verdaderas consecuencias de un amor real.

—¿Sabes? Hasta hace poco, Kenji no se portaba muy bien conmigo. Nos dijeron que era habitual que los niños tuvieran un celo especial hacia sus madres, del mismo modo que las niñas lo tienen hacia sus padres. —Se inclinó hacia Soujiro y le dijo en confidencia—: Y créeme: espero poder devolvérsela a Kaoru con Ryoko, porque Kenji fue un diablo —añadió divertido volviendo a su posición inicial.

El susodicho, por cierto, se puso a morderle la mano que tenía cogida, lo que hizo que Soujiro especulara sobre cómo debieron llevarse antes.

—El caso es que, tras ver cómo se comportaba Kenji con su madre, más de una vez he pensado que lo de Misao podría haber sido algo de eso. Pero como Aoshi se marchó, se quedó con ese sentimiento enquistado y no superó esa etapa. De otra manera, no se le habría pasado tan rápido después de que él volviera al Aoiya.

—¿El qué?

—Su encaprichamiento —contestó como si fuese evidente—. Tú no la llegaste a conocer en ese entonces. Estaba obsesionada con Aoshi. Se pasó casi una década buscándole para conseguir llevarle a casa, casarse con él y vivir como una familia feliz. Casi una década —volvió a remarcar—. Y, sin embargo, meses después, cuando nos enteramos de que se prometía con Megumi, ni siquiera se inmutó. Supongo que se daría cuenta de que el Aoshi del que se enamoró sólo estaba en su cabeza. E imagino que por eso no le habrá dado la importancia suficiente como para contártelo.

—No tenía ni idea… —murmuró Soujiro viendo al pequeño pelearse con la mano de su padre. Pero entonces, regresaron las palabras que había dicho sobre que Misao no se enamoraría de nuevo y su curiosidad se impuso de nuevo. Aquello era algo en lo que, para su desgracia, empezaba a estar muy interesado—. Pero ¿por qué ha dicho que no creía que volvería a enamorarse?

—Por lo que sucedió después con todo el tema de las contiendas —respondió Kenshin sin tapujos—. Fue lamentable ver cómo Misao ponía una barrera que prácticamente la dejaba imposibilitada para un matrimonio con tal de evitar que la casaran con el primero que se propusiera. Misao es una mujer muy maternal —explicó Kenshin para que entendiera de lo que estaban hablando—. Ficticio o no, se pasó media vida buscando a un hombre por todo Japón para casarse con él. Su motivación para formar una familia es muy fuerte. Por eso presenciarlo fue desesperanzador. Pero también, por eso mismo, nos alivia ver que al final todo ha acabado bien para ella.

—Mamá me dijo ayer que la tía Misao se había casado con él —habló de pronto Kenji, con lo que desconcertó a los adultos. Kenshin asintió—. ¿Entonces eres…? —Pero en vez de seguir, agarró a su padre por la yukata* y le acercó a él para susurrarle al oído—. No recuerdo cómo se llama —le dijo a su padre en un susurro que Soujiro escuchó a la perfección y que le hizo sonreír.

—Soujiro —le contestó Kenshin en bajo, aunque audible también. El niño asintió.

—Entonces, ¿eres el tío Soujiro?

El aludido no supo ni qué contestar al verse nombrado de esa manera. Ya el día anterior había tenido que hacer frente al hecho de que, al haberse casado con Misao, había adquirido ciertos compromisos con la gente que le rodeaba. Pero mientras que los del día anterior eran referentes a los Oniwaban-shu, ese día estaba comprobando que también los tenía con sus amigos.

—Kenji, puede que sea un poco pronto para él. Ha sido muy reciente.

—No… está bien —le tranquilizó Soujiro.

Porque sí, era desconcertante que alguien le tratara como parte de la familia, aunque fuese de forma nominal. Pero más asombroso era aún el hecho de que, quien lo hiciera, fuese el hijo de una persona que intentó matar en el pasado.

Era extraño, pero en el fondo, no lo era más que el hecho de que Aoshi y Megumi acabaran casados cuando sus circunstancias eran parecidas. Y ya había comprobado que podía darse el caso siendo un buen final.

—¡Anda, pero si estáis aquí! —exclamó Kaoru desde el pasillo que daba al patio.

—Te dije que estarían en el jardín —se jactó Misao.

—Ya hemos terminado con Ryoko así que podemos irnos —informó Kaoru dando un par de saltitos arrulladores para la niña que estaba en su espalda.

Puesto que no traía maletas, Soujiro supo que no se refería a regresar a Tokio. Hacía un buen día, por lo que no era descabellado que quisieran dar un paseo.

—¡Mamá! —gritó el niño a la vez que saltaba de las piernas de su padre para correr hacia Kaoru—. ¡Papá ha dicho que eres una bruta!

—Será chivato… —maldijo en bajo Kenshin, y Soujiro se rio.

—¿En serio ahora se llevan mejor?

—Sí, créeme —contestó en tono funesto—. Antes era peor.

— * —

Después de que la familia Himura se marchara y Misao retomara sus quehaceres en el Aoiya, Soujiro se había quedado sentado en el mismo banco sin poder evitar meditar en su conversación con Kenshin.

A pesar de que había estado varios días allí antes de que Megumi y Asuka se marcharan, poco la había visto estar con la niña. Pero tampoco era extraño teniendo en cuenta lo frenéticos que habían sido esos días. Misao había estado deprimida y, además, tenía reuniones habituales con su gente. Primero, por los acontecimientos de cuando llegó y, después, por el hecho de que se fuese a casar. No había tenido mucho tiempo para dedicarle a Asuka, aunque sabía que Misao había sentido mucho su marcha.

Pero ahora estaba tranquila y sin presiones encima y por fin la había visto interactuando con los niños que había a su alrededor. Y había que estar ciego para no ver que le encantaban.

Como le había dicho Himura, a pesar de ser una mujer luchadora, también era una mujer familiar; algo a lo que constantemente le había restado importancia, y de ahí que ahora le inquietara tanto la conversación que había tenido con él. Le había contado algo del pasado de Misao que desconocía y esto le daba un nuevo sentido a todo.

Y lo que era peor: daba un argumento más a ese sentimiento egoísta que quería desterrar. La perturbadora idea de quedársela él volvió a rondarle la cabeza y eso provocó que escondiera el rostro entre sus manos ante un pensamiento que consideraba inmoral. Pero su razón le decía una y otra vez que, si Misao nunca había estado enamorada de alguien «real», las probabilidades de que lo hiciera tras marcharse él eran pocas.

«No», se recriminó al momento. Ése era un pensamiento muy conveniente y cómodo para él. Ese egoísmo estaba intentando hacerse con el control de la situación y por eso estaba adornando la realidad a su conveniencia. Misao conocía a muchísima gente; quizás tuviera en mente alguien que antes de deshacerse del problema de las contiendas no podía valorar. Que un hombre no pudiera conseguirla ganando la contienda contra Aoshi no quería decir que no estuviera accesible ahora que ya no era necesario el enfrentamiento.

Pero Himura había dado a entender que no había nadie.

Soujiro se rascó la cabeza con fuerza ante ese nuevo argumento. Se encontraba con un debate consigo mismo que su parte noble quería ganar, pero no era capaz de hacerlo.

Resopló. No podía seguir escuchando esos oscuros pensamientos o acabaría perjudicando a Misao.

Y a la par que esa idea cruzó por su cabeza, la solución llegó con ella. Si quería dejar de escuchar a su lado egoísta, lo más sencillo era despejar las dudas. Misao le había dicho una y otra vez que gracias a él podría conseguir un segundo matrimonio. Sólo tenía que preguntarle si ya tenía a alguien en mente.

El corazón se le estrujó con esa idea.

Saber que Misao podría estar enamorada de otro hombre era un pensamiento desolador. ¿Cómo podría preguntarle sin más sobre ello? Se quedaría deshecho si su respuesta fuese afirmativa, lo sabía. Pero ¿cómo podría entonces terminar con ese debate? Mientras no tuviera una respuesta clara por su parte, albergaría dudas que darían alas a su egoísmo y podría acabar tomando una decisión perjudicial. Pero, al mismo tiempo, tampoco quería saber que sería reemplazado en cuanto se marchara.

Quería quedarse con ella; sabía que, cuanto más tiempo pasara junto a Misao, más profundo se haría ese sentimiento y más enraizaría en él. Pero, a su vez, él quería que ella fuese feliz, algo que sólo conseguiría encontrando a un hombre que amara y que realizara sus deseos.

Para su desgracia, eso no impedía que el combate volviera… con fuerza. Porque él quería ambas cosas cuando eran contrarias entre sí.

Y por eso, Soujiro se quedó por varias horas sentado en el banco en el que estaba a la espera de dar con una solución que no llegó.


Notas del fic:

*Shinai: Espada de bambú.

*Yukata: Prenda similar al kimono pero de algodón. Es más liviano que los kimonos.


— * —


Fin del Capítulo 42

7 Julio 2019


Notas finales:

Pobrecillo, en shock que se ha quedado tras enterarse del «pasado amoroso» de Misao ^o^

Y bueno, aquí se ve lo que no quería comentar en los reviews del capítulo anterior cuando se hablaba de que Misao dejaba de ser independiente por querer una familia (MAEC rolleyes). Mi visión de Misao es bastante familiar (que es la que comenta Kenshin). Exceptuando a Tae, es el personaje femenino que más énfasis hace en toda la serie en querer casarse con alguien (en aquel caso, Aoshi). Así que, cuando alguien me viene casi insinuando que me estoy inventado los deseos de Misao de querer tener familia es como... «¿qué serie has visto tú que yo no?». Es que es el único personaje que menciona el matrimonio para sí mismo en toda la serie. Y este fandom está lleno de fics de Aoshi/Misao precisamente por las ansias de ella de casarse con él, porque Aoshi NO DEMUESTRA en todo el manga que tenga sentimientos románticos por ella. Así que, ¿por qué no es cuestionable que Misao quiera casarse en todo el resto de historias que hay en el fandom, pero en mi fic sí?

Como podéis ver, es que me quedé muerta con el comentario. Fue un WTF?! tremendo, porque creo que todos sabemos que Misao desea casarse con la persona que quiere. Me sorprende tener que estar haciendo estas matizaciones a estas alturas, pero bueno...

En fin, espero que os haya gustado el capítulo. El siguiente también me mola un montón porque... bueno, ya lo veréis, muajaja.

¡Saludos!