CAPÍTULO 43: Sentimiento egoísta


Comentarios a los reviews:

Kaoruca: Pobre Kenshin XD. No es que sea un bocas: es que esperaba que eso ya lo supiera. Es decir, Soujiro es su marido y Aoshi su tutor. Teniendo en cuenta que han tenido que pasar por una contienda y que todo el mundo piensa que ha sido por amor, pues en algún momento dado alguien lo habría tenido que mencionar. Así que lo ha terminado de contar por hacer control de daños XD. Y por supuesto que esto va a tener sus consecuencias... pero no digo más. Dejaré que lo leáis ^o^

Kaoru Tanuki: En realidad, nunca he pensado que Kenji y Kenshin tengan una verdadera rivalidad. Eso es cosa de los OVAS del demonio ¬_¬º. Lo que Watsuki realmente metió como una gracia de rivalidad entre padre e hijo se enturbió en esos OVAS. Siempre lo tomé como la típica fase de los críos cuando tienen idolatrada a su madre. Eso es lo que manejo aquí con ellos. ¡Y por supuesto que Kenshin debe querer revancha! Con lo que ha tenido que pasar, jijiji. La verdad es que me encanta hacer escenas cotidianas de la vida de pareja de los personajes. Es otra forma de seguir viéndolos y saber que todo va bien. En cuanto al enamoramiento de Misao con Aoshi, me he pasado dos años cruzando dedos para que nadie preguntara por ello, porque era aquí donde se iba a enterar: 42 capítulos después y ya casados XD. Esto va a desencadenar algo... interesante ^o^. Os dejo leer, jijiji.

ddaisyaguilar52: Yo también leo los últimos capítulos y me quedo con ganas de más T_T. Es super frustrante no tenerla acabada porque esta historia me encanta. Y siempre me digo: «tengo que terminarla, tengo que terminarla, ¡tengo que terminarla! T_T». Pero tengo un bloqueo con ella y no hay manera T_T. Espero de verdad continuarla cuando acabe la otra historia T_T

Dany S: Entiendo que es difícil ver esta pareja cuando se tiene tan interiorizada otra. Sin embargo, yo siempre he dicho que una buena historia es capaz de juntar cualquier pareja. Pero para ello, la historia tiene que tener un trasfondo que normalmente la gente no se para a hacer. Muchos autores tienden a sacarse la cosas de la manga porque eso da menos trabajo, pero luego esas historias no son creíbles. Por eso, por lo general, no me gusta leer parejas crack: la gente no se curra una buena historia. Así que me alegra saber que la historia te está gustando e incluso veas a Soujiro como nueva opción para Misao. Eso significa que voy bien *o*

Gracias por vuestros reviews *o* Espero que os guste el capítulo de hoy porque, a pesar de ser corto, me encanta *o* Estos capítulos son un drama introspectivo para Soujiro ^o^


CAPÍTULO 43: Sentimiento egoísta

Misao estaba segura de que Soujiro no se había movido de allí en todo el tiempo. Pero ahora estaba de pie, tras el banco, apoyado con sus brazos en el respaldo y dirigiendo su rostro hacia el suelo.

Se acercó hasta él con cuidado. No sabía si estaba absorto o sólo contemplando la hierba, pero no quería asustarle.

—¿Soujiro? —le llamó cuando llegó. Él no se asustó y por eso sólo se limitó a levantar la cabeza. Pero a Misao no le gustó lo que vio—. ¿Estás bien? ¿Te duele algo?

Estaba… abatido, no tenía otra forma de describirlo. Tenía el rostro blanco y desencajado, con el semblante de quien cargaba con los problemas del mundo a sus espaldas.

Él negó con la cabeza y volvió a ocultarla mirando hacia abajo.

—¿No estás bien o no te duele nada? —preguntó ella sin saber a qué le estaba respondiendo. Como no contestó se acercó más y le tocó la espalda para reconfortarle—. ¿Qué te pasa? Me estás preocupando.

—Que no sé qué hacer… —contestó sin más.

—¿Sobre qué?

—No sé ni el tiempo que llevo aquí pensando sobre lo mismo, pero no consigo tener una respuesta clara.

—Pero ¿sobre qué? —repitió ella cuando vio que la había ignorado.

—Cuantas más vueltas le doy, más se apodera de mí este sentimiento egoísta. Nunca lo había tenido y no consigo quitármelo.

A Misao le quedó claro que no iba a hacerle caso por las buenas. Soujiro se había puesto sin más a soltar aquello que le preocupaba, pero ella quería ayudarle. Tenía una voz desesperada que estaba consiguiendo contraer su pecho.

—Intento decirme una y otra vez que eso no es lo correcto, pero le da igual. Es más fuerte que mi razón.

—Soujiro… —No le respondió—. Soujiro —le llamó con más ímpetu. Pero obtuvo la misma respuesta. Misao le cogió del brazo y le hizo girarse hacia ella, en vista de que esa sería la única forma de conseguir su atención—. No sé qué te ocurre, pero no me creo que te sientas egoísta. ¡Eres la persona más generosa que me he encontrado nunca! —exclamó ella. Y en verdad lo pensaba. Nadie que tuviese una pizca de egoísmo en su cuerpo haría lo que había hecho él durante esos meses—. Estoy convencida de que ni siquiera sabes lo que es eso —dijo ella con humor para intentar animarlo.

Pero no lo consiguió. Él la miró igual de contrariado.

—Es el aprecio desmesurado por uno mismo, que hace que atienda sólo a sus necesidades incluso si es en detrimento de otras personas.

Misao resopló cuando volvió a soltarle otra definición de libro. Soujiro tenía que dejar de pensar de esa forma tan racional.

—Vale, sabes la teoría, pero no la práctica —expuso ella molesta—. ¿En serio piensas que una persona egoísta habría hecho lo que tú? ¿Qué se hubiera puesto en peligro salvando a una desconocida?

—Sabía que no me pasaría nada… —adujo él.

—¿Qué la cuidaría, protegería y pagaría sus gastos médicos sin pedir nada a cambio? —siguió ella sin hacerle caso.

—No tenía otra cosa que hacer y tengo el suficiente dinero como para permitírmelo —la contradijo él.

—¿Y que se ha prestado a un matrimonio para ayudar a aquella desconocida?

—Ya no eras desconocida.

—Hazme caso: no lo eres —continuó por sobre las respuestas de Soujiro, las cuales no tenían sentido a sus oídos—. Y, de hecho, ya que estás reflexionando sobre esto, te recomendaría que lo fueses un poco de vez en cuando. Está bien pensar en los demás, pero también es bueno pensar en uno mismo. Y tú piensas muy poco en ti.

Soujiro la observó tan fijamente que incluso Misao se incomodó y eso elevó sus ansias curiosas.

—¿Se puede saber por qué estabas pensando eso?

Pero no le contestó. Sólo se dedicó a mirarla con atención hasta que se recostó contra el respaldo del banco y se cruzó de brazos.

—He hablado con el señor Himura —murmuró al fin.

Misao resopló con disgusto. Era lo que le faltaba…

—Otro igual… Ni siquiera te atrevas a utilizarle de baremo. No tengo ni idea de qué te habrá dicho, pero no le hagas ni caso.

—Me habló de lo que había cambiado su vida al casarse.

—Vale, si es eso, hazle caso —se corrigió ella. Teniendo en cuenta el historial altruista de Himura, le había preocupado que le metiera ideas raras en la cabeza—. Y dime, ¿es eso lo que te ha llevado a pensar que eres egoísta?

—No —contestó de inmediato. Porque no había sido eso, si no lo que le había dicho después y que había alimentado sus turbios pensamientos.

Misao se recostó contra el banco y suspiró cuando se percató de que no sacaría nada en claro de Soujiro. Para ella, era obvio que el tema le incomodaba y por eso se lo estaba cambiado a otro. Estaba dividida entre hacer caso a su curiosidad y retomarlo de nuevo o dejarlo estar.

—¿En verdad piensas que podrás tener un segundo matrimonio en un tiempo relativamente corto? —soltó de pronto haciendo que Misao se incorporara.

—¡¿Qué?! —preguntó nerviosa.

—Sé sincera.

A Misao se le abrió la boca de la impresión, pero no pudo decir palabra. La había pillado por sorpresa y, por supuesto, no podía ser sincera.

—Claro —contestó con una sonrisa para intentar sonar desprendida—. Ésa es la idea.

Él también se incorporó y se la quedó mirando con los ojos bien abiertos, por lo que Misao no pudo hacer otra cosa que seguir forzando su sonrisa.

—Me estás mintiendo —declaró confundido.

—De eso nada —negó al momento ella.

—Se te ha acelerado la respiración y tu respuesta ha ido camuflada con una risa nerviosa. Me has mentido —adujo convencido.

—No, es que me has cogido por sorpresa.

Soujiro volvió a recostarse contra el respaldo del banco y se puso a hablar solo.

—Aunque si sé que está mintiendo, me da igual si es sincera o no. —Acto seguido la enfrentó—. Para ser la líder de una organización ninja mientes fatal.

—Por supuesto que sé mentir —replicó ofendida ella.

—Pues te lo he notado yo… —Que ya era bastante decir…

—¿Por qué estamos hablando de esto ahora? —Esta vez fue Misao la que intentó cambiar de tema. Se suponía que la conversación había iniciado por cosas de él y, sin embargo, ahora eran temas de ella.

—El señor Himura me ha dicho que estuviste enamorada del señor Shinomori.

Misao se quedó sin palabras. No sabía qué contestar a eso. Era un tema muy complejo que no se podía responder con un monosílabo corriente.

—No fue así, en realidad.

—¿No estuviste enamorada de él durante casi una década?

—Sí, pero no. Aoshi se marchó cuando era muy pequeña y mi cabeza se fue haciendo una idea de él que luego no correspondió con cómo era en realidad.

—¿Así que te enamoraste de alguien ficticio? —La suposición de Kenshin, entonces, era correcta, pensó con cierto asombro.

—Algo así —refunfuñó ella.

—De modo que nunca te has enamorado de nadie. —Misao no respondió. Para decir algo que Soujiro pudiera detectar como mentira, mejor no decía nada—. Eres la líder de una gran organización. Tienes que conocer a muchos hombres tanto Oniwaban-shu como de otras bandas. Además, también trabajas en un restaurante donde debes conocer a mucha gente. ¿Nunca te has enamorado de ninguno de ellos?

—No —respondió secamente, a fin de cuentas, eso sí era verdad: no se había enamorado nunca de nadie que se pudiera incluir en los grupos que había mencionado.

—Te vuelvo a hacer la primera pregunta y sé sincera. ¿En verdad crees que podrás tener un segundo matrimonio a corto plazo?

El tiempo se hizo eterno. Sabía que sólo estaban pasando algunos segundos, pero se le hizo eterno de igual manera. El nerviosismo por escuchar su respuesta empezó a ser insoportable y al final se le escapó una exhalación de forma entrecortada. Misao tenía un semblante tenso que no ayudó en nada a su estado.

—No —repitió al fin de la misma forma que antes.

Soujiro inhaló una audible bocanada de aire que sus pulmones gritaban por tomar.

—Entonces, siempre me has mentido —expuso dolido, y no sabía si era por el engaño de ella o porque le estaba dando munición a su lado inmoral…

Un lado inmoral que no hacía más que regocijarse con esa respuesta.

—Eso no es así… ¡Entiéndeme! Casi te dio un ataque cuando te lo propuse. ¡Sólo te faltó salir corriendo! —se intentó defender ella, lo cual hizo muy bien, pues Soujiro se quedó petrificado tras lanzarle esa opción que realmente sí había considerado—. No quería que te asustaras o que pensases que al final intentaría retenerte o algo por el estilo. Me costó tanto convencerte, que no quería… —se interrumpió cuando el nudo en el pecho no la dejó seguir. Inspiró hondo antes de continuar—: No quería que te preocuparas innecesariamente con esto.

Soujiro observó a Misao con una nueva luz. Esa conversación le estaba dando una nueva perspectiva a todo lo que había sucedido desde que se casaron. Y la escena de cuando se la encontró llorando en el baño le volvió con fuerza a la mente para incordiarle en su dilema.

Si ella estaba convencida de que tardaría en volver a casarse —y si es que lo hacía algún día—, aunque sin buscarlo, habría perdido esa oportunidad que tanto deseaba de tener una familia. Por eso estuvo tan desolada…

—Tu sueño está muy lejos… —expuso con voz plana.

—No importa —murmuró ella con una triste sonrisa—. Todo no se puede tener…

Era lo último que necesitaba escuchar. Sabía que no podría pelear contra esto que sentía. Si Misao le hubiera confirmado que seguía en pie su objetivo de conseguir a otro hombre en su vida, podría hacerlo a un lado… por su bien. Pero no podría hacer nada ante ese egoísmo que crecía y que le instaba a quedársela él cuando ni ella misma esperaba que apareciese otra alternativa.

Con ese dilema enfrente, Soujiro se planteó si había sido buena idea preguntar. De inicio, había temido que Misao le dijera que ya tenía un hombre en mente para volver a casarse. Habría sido doloroso saberlo, pero, para él, ésa era la opción más probable y hubiera acabado de una vez con aquel eterno conflicto.

Pero no lo había sido. La respuesta había sido otra que le dejaba en un punto peor que en el que estaba. Sus ganas de aprovecharse de la situación de Misao estaban danzando en victoria mientras los remordimientos de que ella no consiguiera ser feliz iban apagándose poco a poco.

Porque, en realidad, podía conseguir que fuese feliz. Ella quería una familia y para eso le valía cualquier hombre…

No, cualquier hombre no. Ella había dejado bien claro que no le valía cualquiera o no estaría metido allí para evitar que Sasaki hubiera conseguido casarse con ella. Pero él le valía. Incluso en su noche de bodas se lo dejó claro.

—Soujiro, ¿estás bien? —se preocupó Misao cuando vio que se retraía.

—¿Puedes dejarme solo?

—De verdad, no tienes que preocuparte por nada —intentó tranquilizarle ella.

—Por favor, Misao —le pidió él y, tras unos segundos de indecisión, ella asintió y se marchó.

Soujiro se quedó allí, sin moverse, viendo a Misao entrar en la casa y otra vez perdido en su combate particular. Y lo único que pudo hacer mientras esto sucedía, era ver cómo uno de los contendientes empezaba a sobrepasar sin piedad al otro.


— * —


Fin del Capítulo 43

25 Diciembre 2019


Notas finales:

Bueno, bueno, bueno... ya podéis ir viendo lo que se está cociendo en el interior de Soujiro... una guerra con uno de los bandos aniquilados, muajajaja. Si es que lo están tentando, ¡así qué va a hacer el pobre!, jijiji.

En fin, siento haber tardado en subir esa continuación de lo que pasó en el capítulo anterior, pero para cuando me di cuenta, ya había pasado medio año »_«. El próximo está a medias, así que no sé cuándo lo podré subir. Quiero terminar este fic, de verdad de la buena. Es mi obra maestra T_T La quiero terminada... ¡maldita creatividad!

En fin, espero que os haya gustado mi regalito de Navidad (los que me siguen otros fics se tendrán que aguantar porque éste es el único que tenía con el capítulo terminado u_uº). ¡Espero que paséis unas felices fiestas!

¡Saludos!