CAPÍTULO 47: Tokio


Comentarios a los reviews:

Sweetly Weightless Mind: Si es que se ve a la legua que se quieren. Pero uno es un inepto social y la otra tiene prejuicios con él. Lo bueno es que ella empieza a verlo de otra manera... aunque para lo que le va a servir... ^o^
El fic de «El resultado del examen» no lo actualizo porque si os dejo colgados en el punto en que llevo escrito, me mataríais. Ahora mismo estáis en una zona valle y que considero llevadera para la espera XD. Pero os vienen 5 capítulos intensos y aún tengo el final del quinto sin saber qué rumbo tomar (si lo que tenía pensado o lo que me surgió de improviso). Y créeme, si os dejase en el cuarto, me dáis con el látigo T_T

Dani S: Bueno, recuerda que Soujiro cree que ella sabe de sus sentimientos y ella no los ha rechazado, así que se siente más libre que Misao para dar muestras de afecto.

Guest: Me ha hecho gracia que menciones lo de «superculpable» porque a mí también me chocó XD. Cuando me pongo a escribir una conversación lo hago del tirón y no intento pensar tanto en la redacción como sí lo hago en el contenido. La redacción se puede arreglar después ^_^º. Pero cuando me puse a cambiarlo, no me encajaba otra forma y me dije: «es que eso es lo que pasa». A ver, estamos hablando de un personaje que casi saluda a la gente con patadas voladoras. Misao es enérgica y habladora, y se encuentra contando por la calle una anécdota a una amiga y emocionada al relatarla. Es habitual utilizar un lenguaje más exagerando para dar más énfasis a una anécdota y por eso lo dejé ^_^º
En cuanto al uso del lenguaje coloquial, eso es más un problema de estar buscando algo que no corresponde con la intención de la historia que estás leyendo. Me explico. Como no sabemos japonés del siglo XIX, es imposible escribir la jerga de esa época y por eso se utilizan los coloquialismos actuales para representar (en contexto) el coloquialismo del pasado. A menos que te metas en narrativa de rigor histórico, es fácil encontrar un lenguaje actual aunque la historia se ambiente en el pasado. Entiendo, por lo que dices, que tú te refieres a que hiciera una escritura más neutra. Pero es que nadie habla neutro (y menos Misao). Este fic se basa en un manga en el cual el autor ha utilizado el lenguaje moderno para construir sus personajes. De hecho, el único personaje que utiliza algunas palabras más «escogidas» es Kenshin y el autor lo hace para remarcar esa personalidad respetuosa. Es un manga que está dirigido a un público joven y actual que no está buscando la realidad lingüística del siglo XIX, sólo una historia ambientada en esa época y de ahí que Watsuki tampoco se ponga a escribir en japonés antiguo. Luego, si no lo hace el autor de la obra, menos lo voy a hacer yo. Además, esto vendría a ser lo mismo que me dijeras que Misao no puede ser violenta ni malhablada porque en el siglo XIX a ninguna mujer japonesa se le ocurriría ser así. Y ya me dirás tú qué gracia tendría este fic si convierto a Misao en Tomoe. ¿A que no sería lo mismo? Entonces, ¿por qué iba a cambiar la forma en la que hablan? No tiene sentido...

Kaoruca: No sé muy bien por qué me salió ese momento de desquite de Misao XD. Supongo que porque medio fic lo ha sufrido por culpa de ese tipo. Sabe que no puede ganarle de forma física y tenía todas las de perder con lo de las contiendas. Estaba en manos de lo que se le ocurriera hacer a ese energúmeno y, sin embargo, de pronto estaba en una posición superior aunque sólo fuese por Soujiro. Así que por ahí me salió XD. Sobre lo felices que están... a Soujiro le dará la neura final y la vais a ver venir en este capítulo XD, pero durará poco que ya termino el fic *o*. Qué ganas, por favoooooorrrr!
PD: ¿En serio has perdido el interés en Fairy Tail? Muero... X_X

KHWeikath: Evidentemente, falta la batalla que falta, pero ya termina el fic en nada. Será corto ^_^º. Sobre la pareja de Aoshi y Misao, si te soy sincera, a mí me empezó a gustar a raíz de los fics que leía (el manga no lo había leído entero en aquel entonces). Pero después de leer el manga, como que poco a poco la cosa se derrumbaba. Me parece más «un complejo de Electra no superado» que un enamoramiento de verdad (que es lo que expongo en esta historia). Y creo de verdad que en vez de contagiar su vitalidad a Aoshi, Aoshi sería el que le amargaría la vida. Misao necesita a alguien más asentado que pueda equilibrar su temperamento, pero a la vez, que esa persona aprecie su vitalidad. Y Aoshi no lo aprecia. Por eso para mí Soujiro es el candidato perfecto para ella, además de que ella lo es para él. Aunque a estas alturas de la película ya le tenemos más o menos reformado XD, al principio, cualquiera no aguantaba sus insensibilidades. Sin embargo, Misao es muy dinámica y social y eso la ayuda a manejarlo sin llegar a generarle un drama. Ainsss... está mal decirlo, pero es que los adoro en esta historia *o*
PD: Yo soy bióloga, así que ya me dirás tú en qué me ayuda eso a la hora de escribir. Lo importante es la actitud, las ganas y la dedicación. Así que no te pongas piedras para escribir lo que quieres ;-D

Gracias a todas por vuestros reviews *o* Os dejo ya con el siguiente capítulo (que vaya tocho de respuestas he metido »_«). Espero que os guste XD


CAPÍTULO 47: Tokio

Había sido más fácil de lo esperado, pero siempre había sido bueno en esas tareas. Era consciente de que, por su apariencia, poca gente pensaba que tuviera malas intenciones y eso siempre le había beneficiado cuando tenía que hacer de informador del señor Shishio. De ahí que pareciera ser él único que solía tener buenas noticias.

—No importa a donde vaya: siempre hay un séquito importante a su alrededor —dijo uno de los hombres en referencia al líder de los Yoshida—. Ni que fuese un político importante.

—Es raro que un líder ninja tenga tanta protección —repuso Satoshi, el hombre a quién Misao había dejado a cargo de esa misión. Que ella le hubiera enviado con ellos resultaba reconfortante para Soujiro. Era de los pocos que ignoraba por completo cualquier comentario inoportuno que pudiera soltar—. Es como si estuvieran diciendo que no sabe protegerse él mismo o que sus hombres de confianza son unos inútiles.

—¿Es por eso que en el Aoiya apenas hay personal para defender a Misao? —curioseó Soujiro.

Aunque en un inicio no había sido su intención inmiscuirse demasiado en la organización, sólo había necesitado unos días viviendo en el Aoiya para saber que el personal del restaurante no eran miembros en sí del Oniwaban-shu. De modo que, o bien la vigilaban a distancia con un sigilo que no había percibido en los tres meses que llevaba allí o, directamente, no lo hacían.

—Eres su marido; deberías saber que Misao no es precisamente una florecilla del campo —expuso Satoshi como si dijese algo evidente—. Es capaz de vencernos a la mayoría.

Su compañero asintió con pesar y Soujiro sonrió por ello. Reconocía que, hasta la fecha, no había visto a Misao combatir. Nunca había asistido a un entrenamiento con sus hombres, de modo que, en realidad, no sabía si era buena o no. Pero el hecho de ver a dos de sus miembros reconocer sus habilidades y admitir que no podían ganarla, le enorgulleció por dentro. Y se prometió a sí mismo presenciar algún entrenamiento de los Oniwaban-shu en cuanto volviera a Kioto.

—Además —continuó el otro—, habría que estar loco para meterse en el Aoiya con Shinomori dentro.

—Pero él se marchó hace tiempo…

—Pero ahora estás tú —repuso Satoshi de forma obvia—. Y todo Kioto sabe que, si te has casado con la señora, es porque venciste a Shinomori. Tienen que estar muy mal de la cabeza para intentar algo —concluyó riendo.

Soujiro se irguió desconcertado al descubrir que la organización le contemplaba como un protector y, al mismo tiempo, un repelente de ataques contra Misao. Era evidente que no dejaría que alguien le hiciera daño en su presencia, pero no era consciente de hasta qué punto su gente la había dejado en sus manos.

—Y volviendo a lo importante, ¿tú has descubierto algo? —le preguntó Satoshi—. Hace días que no te vemos.

Soujiro sonrió complacido.

—He tenido algunas reuniones productivas con los Nishiyama. Es una banda que opera cerca del límite entre la prefectura de Tokio y Saitama, en la zona de las montañas —explicó.

—Eso está algo lejos.

—Sí, pero es el siguiente objetivo de los Yoshida.

—Por supuesto —bufó el hombre—. Sigue en pie su principal forma de expansión.

—Como podréis imaginar, no están muy conformes con la idea de ser forzados a unirse a ellos por la situación que ellos mismos les han provocado. —Aquello era un claro eufemismo, porque el sentimiento que había encontrado allí distaba mucho de la mera disconformidad—. Así que, tras explicarle que los Oniwaban-shu están buscando venganza, no les ha parecido mala idea hacer pasar a hombres nuestros por suyos.

—¿Hablas de infiltrarnos a través de ellos? —valoró con interés Satoshi.

—Por lo que hemos visto estas semanas atrás, el líder no parece muy accesible desde fuera y tampoco parece fácil ser aceptado como miembro independiente.

—Eso es cierto… Para él es más fácil hacerse por coacción con todo un grupo que le controle una zona, que aceptar a un individuo que no sabe en qué condiciones viene —confirmó.

Tenían a un par de miembros intentando esa estrategia, pero no habían conseguido nada más allá de pequeños intercambios.

—Y otra cosa —continuó Soujiro sacando un papel de la manga que les extendió—, estoy convencido de que habrá más, pero he conseguido algunos nombres de grupos que se unieron a ellos en claro desacuerdo. Habría que vigilar sus acciones antes, pero son potenciales aliados una vez dentro.

—Si tienes en cuenta los que faltarán aquí, hablamos de bastantes grupos a controlar —comentó el otro hombre leyendo el papel—. Puede que la protección exagerada que lleva siempre se deba a esto.

—Podría tener un ataque desde dentro —concluyó Satoshi—. Siempre hay un límite de la cantidad de gente que puedes controlar por coacción —meditó el hombre.

—¿Y por qué sigue absorbiendo a más? Acabará con una revuelta.

—Por arrogancia —contestó Soujiro—. El poder es adictivo y se creerá lo suficientemente fuerte e inteligente como para que no le suceda nada.

—Pues va a sucederle —sentenció él—. Ten por seguro que sí.

Sonrió de nuevo. Los miembros de los Oniwaban-shu eran personas muy determinadas. Desde que Misao y él llegaron Kioto, no se habían comedido en sus exigencias por conseguir la cabeza del líder. Si lograban una revuelta con los grupos disconformes, romperían la extensa red de la que se vanagloriaban los Yoshida. Y no sólo mermarían su tamaño, sino que perderían el control de rutas comerciales y disminuiría la solicitud de misiones. Sería un buen golpe económico para su soberbia antes de ver la caída final.

—Debo ir a Kioto para hablar con Misao —le dijo a Satoshi que andaba pendiente de cómo informar al resto del equipo desplazado a Tokio.

Los dos hombres asintieron y, tras despedirse, se puso rumbo a la estación. Sin embargo, hasta primera hora de la mañana siguiente no salía el próximo tren que le dejase cerca de la ciudad. Sacó un billete y después se entretuvo dando un paseo por las calles.

La deriva le acercó a una de esas zonas que había evitado en sus viajes por allí, igual que le había sucedido con el Aoiya en Kioto. Pero se había encontrado no hacía mucho con la familia Himura y había comprobado que Kenshin se había mostrado el menos reacio a su presencia de todos sus fantasmas pasados.

Pensó en dejarse caer por allí. Seguía siendo una experiencia nueva para él visitar a alguien, pues al final, con Misao nunca llegó a suceder. Cuando llamó a la puerta nadie salió a recibirle. Sin embargo, él sentía que había gente dentro. De hecho, bastante gente. De modo que abrió la puerta con cuidado y se adentró en el jardín.

Se oían bastantes voces provenir del dojo*, por lo que intuyó que estaban dando alguna clase. Observó el edificio, valorando si acercarse allí o esperar a que terminaran, pero no necesitó tomar ninguna opción porque entonces Himura apareció por el pasillo.

—Perdone, no le he oído… ¿Soujiro? —se interrumpió al verle.

—Buenas tardes —le saludó animado—. Me ha sorprendido. Pensaba que estaría en el dojo.

—Y yo que estarías en Kioto —replicó con una sonrisa.

—Estoy de misión.

—Y si ella no está contigo, entiendo que Misao no ha venido —adujo con acierto. Soujiro negó—. He dejado a Ryoko en el baño. ¿Puedes pasar?

Soujiro le siguió hasta el cuarto de baño. La niña estaba en el suelo arropada, al lado de una palangana con agua. Supo que le había interrumpido bañarla cuando la destapó y vio que estaba mojada.

—Lo siento, iba a tardar todavía un poco y no quería dejarte esperando —se excusó.

—No pasa nada. Es culpa mía por venir sin avisar.

Kenshin metió a la niña en la palangana y con un trapo la frotó con cuidado. Aquella fue una de las escenas que más le costó conectar con la realidad. Al hecho de asimilar —porque aún le costaba— que era padre de dos niños —y, uno de ellos, tan pequeño—, se le unía que fuese él y no su madre el que los estuviera cuidando.

—¿Qué tal se encuentra Misao?

—Bien, aunque bastante ocupada.

—Eso es habitual en ella —dijo con una sonrisa—. ¿Y qué tal estás tú? Porque, por lo que veo, Misao te ha metido en sus asuntos.

—Más que ser ella, han sido sus hombres —corrigió—. Desde que nos casamos han estado probándome como parte activa de la organización, aunque en realidad, no tengo mucha intención de inmiscuirme.

—Pero aquí estás…

—Porque no era nada del otro mundo.

Kenshin sonrió y le miró con ojos comprensivos.

—No me extraña que pienses así. Ambos salimos escaldados de nuestro pasado.

—¿Es por eso que se encuentra tan cómodo encargándose de las tareas de la casa?

Kenshin le observó, pero cuando vio que su pregunta atendía a la mera curiosidad, respondió:

—Sí. —Sacó a la niña del agua y la dejó sobre la toalla. Vació la palangana y la rellenó con agua tibia que había en la tina—. Sé que mucha gente lo ve extraño —por no decir otra cosa, pensó—, pero es algo que acordamos Kaoru y yo cuando nos casamos. Ella empezó a tener bastante trabajo con su escuela, y si yo también trabajara, lo hubiera tenido que dejar. Y para Kaoru habría sido un gran sacrificio que realmente no era necesario.

Dejó la palangana al lado de la niña y la volvió a meter para aclararla.

—A Misao le pasaría igual.

—Seguro —confirmó—. Si tuviera que dejar los Oniwaban-shu, sería la mujer más infeliz del planeta.

Soujiro le miró con atención cuando soltó de forma tan desprendida lo que le había hecho casarse con ella en primera instancia. Por supuesto, sus amigos eran bien conscientes de lo que supondría para ella dejar la organización, algo que él le había propuesto y, sin embargo, ella ni siquiera había considerado.

—Nos hemos casado con dos mujeres muy activas —finalizó el hombre.

Sacó a Ryoko de la palangana y la secó con cuidado. La niña reía a los gestos que le hacía su padre para entretenerla. Soujiro observó con cierta fascinación la escena. No estaba muy familiarizado con los niños, pero sí que sabía que los padres no prestaban demasiada atención a sus hijos cuando eran pequeños. Lo sabía por sus primos y porque la sociedad dictaba que la crianza de los hijos era un papel exclusivo de las madres.

—¿Esperaba esto cuando se casó?

—Lo que no esperaba era volver a casarme —respondió con cierta diversión. Soujiro abrió los ojos sorprendido por ese dato—. El que ella trabajara y yo mantuviera la casa era algo que ya hacíamos de antes, así que no era descabellado que siguiera así.

—¿Estuvo casado antes? —murmuró algo impresionado. Kenshin asintió.

—Durante la guerra, hace ya veinte años. —Suspiró—. Cómo pasa el tiempo… —reflexionó para él.

—Es… mucho, sí —concordó desorientado.

—Por eso, lo inesperado para mí fue encontrar a Kaoru. Pero es evidente que nunca puedes saber a quién te encontrarás a la vuelta de la esquina y lo que esa persona significará en tu vida. Es lo mismo que te ha pasado a ti, ¿no es así?

Soujiro observó con semblante descompuesto cómo Kenshin vestía a su hija. Era exactamente eso; a él le había ocurrido. Había perdido la esperanza, pero seis años después, había encontrado a alguien que había revuelto su mundo. Sin embargo, él había tenido la conveniente convicción de que a Misao no le sucedería algo similar. Pero ahí tenía otro ejemplo de ello: había tardado incluso más años que él, pero había encontrado a alguien con quien compartir su vida.

Se le empezó a acelerar la respiración. ¿Quién le aseguraba que Misao no se enamoraría de alguien que conociese en tres años? ¿O en uno? ¿O en varios meses?

—¿Estás bien? —inquirió Kenshin—. Te noto perturbado.

—Es sólo que esta conversación me está siendo reveladora.

—¿Y eso es bueno? —se preocupó. Lo último que quería era perjudicarle.

Pero desde luego que no era bueno, pensó conmocionado. O al menos, no lo era para su paz emocional, porque le acababa de dar una buena dosis de realidad. En ese aspecto, había sido claro y cristalino.

—Son cosas que no había considerado hasta ahora, pero está bien.

—Me alegro. —Kenshin asintió y cogió en brazos a la niña vestida—. Tenemos que marcharnos de aquí. Kaoru ha terminado su clase así que vendrá a bañarse con Kenji de un momento a otro.

Soujiro se levantó y le siguió por el pasillo hasta otra sala. En el trayecto se encontró con los dos mencionados. La sorpresa que se llevó Kaoru al verle se minimizó por la reacción de su hijo que se acercó a saludarle con efusividad. Y volvió a golpearle ese ambiente familiar que había vivido durante la semana que había permanecido la familia Himura en el Aoiya.

La reciente conversación regresó como un tormento a su conciencia mientras los veía alejarse y continuó cuando Kenshin le dejó solo para ir a prepararles un té. Aunque habría sido más feliz si no hubiera tenido esa conversación con él, su parte más lógica le decía que abrir los ojos a la realidad era lo más eficiente a largo plazo.

Kenshin volvió de la cocina con dos tazas humeantes y, antes siquiera de que pudiera sentarse, le preguntó:

—¿Por qué me cuenta cosas personales de usted?

No lo pudo evitar. No se conocían tanto como para que le hablara de su vida privada. Pero Kenshin no parecía reprimirse en contestarle a sus preguntas.

—¿Te molesta?

—No. De hecho, yo soy el primero que está preguntando —se inculpó—. Pero no me imagino a otras personas haciendo lo mismo con un desconocido.

Kenshin sonrió antes de darle un sorbo a su taza.

—Tú no lo eres para mí —alegó contundente—. Cuando terminamos nuestra pelea te dije que quería ayudarte, pero no supe nada de ti hasta que te vi en el Aoiya. Por eso me alegró ver que te había ido todo bien —expuso él—. Sé perfectamente lo que es tener un pasado desafortunado y por eso, si mi experiencia te sirve de ayuda, no es ningún problema para mí contártela.

—Gracias —respondió tras unos segundos considerándolo.

No tardaron mucho en unírseles Kaoru y Kenji. Este último mostraba una alta energía incluso después de haber tenido una clase de kendo. Le preguntó por Misao —a la cual ya sabía que el chico adoraba—, y se inventó varias historias sobre ella zurrando a «los malos». Sonrió al comprobar esa sencilla forma de ver el mundo que tenían los niños, cuando todo era mucho más complejo y no podía definirse entre buenos y malos, sino más bien en unos intereses u otros.

Cuando fue pasando la tarde, Kenshin le insistió en quedarse a dormir allí. Aceptó incluso a pesar de que, con cada minuto que transcurría, menos ganas tenía de permanecer en esa casa. Era como un círculo vicioso: cuanto más los veía interactuar como familia, más le volvía la conversación de Kenshin; y cuánto más lo hacía ésta, más consciente de ellos era.

Por eso, para cuando se fue a dormir, con el silencio y la oscuridad de la noche, tenía tal enredo en la cabeza que no pudo conciliar el sueño. Y para cuando cogió el tren a la mañana siguiente, aún seguía sin saber qué demonios iba a hacer con respecto a Misao.


Notas del fic:

*Dojo: Lugar de entrenamiento.


— * —


Fin del Capítulo 47

30 Junio 2020


Notas finales:

Pues ya véis por dónde va el problema ^o^. Es la gran espina de Soujiro que no podrá quitarse mientras la alelada siga sin confesar sus sentimientos. Si os sirve de consuelo, está en ello XD. Pero está más a disfrutar de su feliz matrimonio y cerciorarse bien de que él esté realmente enamorado de ella, que a preocuparse de inseguridades que pueda tener él y que ella ni siquiera contempla u_uº

PD: Que conste que no voy a concluir la trama de los Yoshida (por si estáis pensando que ocupe los capítulos que quedan en ello). Es una trama de fondo que más o menos se ve por dónde va y ya, pero eso es algo que terminará con posterioridad a la conclusión de esta historia (porque si no, tendría que hacer otro libro XD). Para que os hagáis una idea, a nuestros chicos les queda para concluir la historia como una semana cronológica, así que no da para contar esta trama ^_^º

Espero que os haya gustado el capítulo ;-D

¡Saludos!