CAPÍTULO 49: Reproches
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Sweetly Weightless Mind: Soujiro va a hacer algo, pero no será estúpido. Es algo que hará movido por las circunstancias y lo que siente por Misao. En cuanto a trucos sobre cómo escribo... pues no sabría decirte :-S Pienso una historia en mi cabeza y se transcribe así. Si te sirve de consuelo, hay cosas que cuando las releo, yo misma me digo: «¿en serio esto lo he escrito yo? O_o». Debo tener algún desdoblamiento de personalidad cuando escribo o algo así XD
Kaoruca: Sí, a Soujiro se le ha ido bastante la cabeza, pero por eso mismo, también tiene un conflicto interno importante que va a llevar a lo que lleva. En cuanto al «calendario» de Misao, no, él no lleva la cuenta, ésa sólo la llevo yo XD. Lo que ha pasado es que a Soujiro se la ha ido la pinza por los celos, lisa y llanamente ^o^. En cuanto a lo que pasará, pues obviamente, sigue leyendo... muajajaja ^o^
Dani S: En realidad, Misao sí toma parte activa en su vida sexual con Soujiro, es sólo que no lo he mostrado (a pesar de que sí lo he mencionado). No soy de meter lemons porque sí en una historia romántica. Si no es una historia erótica, cuando los añado es por algo con relevancia para la historia, sino, simplemente menciono que ocurren por encima y listo. Esta historia contiene 3 lemons: su noche de bodas, el día que acuerdan las condiciones de su matrimonio y el reencuentro del capítulo anterior. En su noche de bodas, obviamente, Soujiro toma las riendas porque es el que tiene experiencia. En el del capítulo anterior, porque le da un ataque de celos. Pero en el segundo, Misao toma la iniciativa hasta que él la detiene ante el temor de poder hacerle daño y se lo dice: se encargará al principio él hasta que se habitúe. Luego, eso quiere decir, que después de ese tiempo le ha dejado tomar la iniciativa, sólo que yo no os lo he narrado.
Gracias a todas por los reviews *o* Os dejo con el capítulo de hoy. Espero que os guste *o*
CAPÍTULO 49: Reproches
Cuando le había dicho que no se lo esperaba, era ni más ni menos que eso. Misao aún se sentía descolocada cuando se bajó del tocador y revisó su estado.
Soujiro jamás había hecho algo así. Él siempre era muy cuidadoso con ella, hasta el punto de hacerla creer que la consideraba de cristal. Se tomaba su tiempo, con caricias y besos por todo el cuerpo, para tenerla lista para él. Y aunque después pudiera desfogarse con intensidad, siempre lo hacía cuando ella tenía un nivel de excitación alto.
Pero nunca lo hacían de forma incontrolada. La había dejado aturdida y, al mismo tiempo, el escenario la había excitado en menos de un minuto. Se sentía algo pasmada y no tenía muy claro si había sido por el arrebato de Soujiro o porque era la primera vez que terminaba dentro de ella desde hacía dos meses.
Misao se dirigió al baño para asearse un poco, con la duda saltando entre que fuese un descuido o que finalmente hubiera decidido dar ese paso con ella. Sin embargo, para su desgracia, el comportamiento de Soujiro la llevaba a inclinarse más por lo primero, aunque a la vez, esa ansiedad mostrada por ella tras su reencuentro la regocijó por dentro.
Misao se llevó la mano al pecho para aferrar el colgante y sonrió cuando de pronto sintió tan cerca su objetivo. La había echado de menos, no había dudas; igual que le había echado de menos ella en esas casi tres semanas que había pasado fuera. Por supuesto, ella era bien consciente de por qué había sido así en su caso, pero esperaba que para Soujiro aquel fuese un paso más para acercarle hasta ella.
Se limpió y después se dispuso a buscarle para saber qué había motivado su vuelta. Pasar por delante del despacho en el que seguía Osamu fue mortificante, pero con una ligera esperanza, pensó, que al verla tan rápido por allí implicaría que sólo habían hablado.
—¿Has visto a Soujiro? —le preguntó desde la puerta—. Hay alguna cosa que no me ha quedado clara y quería que… ah, me la explicara —se excusó con un sonrojo.
Osamu la observó con una fijeza que le escamó todo el cuerpo. Incluso tuvo la imperiosa necesidad de cerrar la puerta para salir del escrutinio.
—A mí me parece que al que no le ha quedado claro ha sido a él —aseveró con el ceño fruncido.
—¿Él? No, es por algo que me ha dicho sobre Tokio y…
—Misao —la interrumpió y, por su semblante, ella supo que no creía ni por asomo su excusa—, ¿se puede saber qué te traes con tu marido?
—¿Qué… me traigo? —dudó.
—Ha estado aquí hace unos minutos y no estaba muy contento —ironizó él.
—Ah… —Se calló.
Misao no supo qué decir ante esa información. A Soujiro le gustaba el sexo; solía estar de un humor excelente después. Y aunque sí que era cierto que se había marchado según terminó, no parecía disgustado más allá de su preocupación por su estado tras su arrebato. Pensar que mientras que a ella le había resultado excitante él estuviera molesto, la preocupó.
—¿Estaba enfadado? —preguntó con un titubeo.
—No, estaba celoso —sentenció.
Misao le miró sin entender. Era la palabra más inverosímil que le podían decir para describir el estado de ánimo de su marido.
—¿Soujiro? —Y acto seguido se echó a reír—. No sé cómo has llegado a esa conclusión, pero te aseguro que estás muy equivocado.
—Sé muy bien lo que ha pasado.
Misao hizo un gesto con la mano para rechazar su opinión.
—Soujiro ni siquiera sabe lo que son los celos. Si le preguntas sobre ello, como mucho te soltará una definición de libro.
Y siguió riendo para mayor molestia del hombre al otro lado del escritorio.
—No estoy bromeando. Tu marido acaba de amenazarme —la acusó.
Toda risa terminó con esa frase.
—¿Qué?
—Ha sido interesante ver lo fácil que es hacerle creer que quiero algo contigo —contestó con firmeza.
—Pero si también estás casado…
—Pues o no lo sabe, o le importa poco.
Misao se tensó al valorar aquello. En su cabeza no existía una versión celosa de Soujiro. Conseguir una respuesta temperamental de su parte era muy difícil. Siempre estaba tranquilo y sonriente. Por eso, ni aunque lo intentase era capaz de generar una imagen celosa de él.
—Misao, he visto vuestro contrato prematrimonial.
Misao entró en la habitación y cerró la puerta en el acto. Esa información no podía ser escuchada por terceros.
—Sólo lo hicimos por seguridad. Él tiene mucho patrimonio —intentó defenderse.
—A mí me sonaba a que no ibais a estar mucho tiempo casados. A fin de cuentas, era demasiado conveniente que de pronto apareciese alguien que podía sacarte de las contiendas. Casi parecía que lo hubieras buscado.
—No es cierto. No le busqué —rechazó al momento. Ni en un millón de años se le habría ocurrido pensar en Soujiro para algo así.
—Eso es algo que me quedó claro según pasaron los días y os veía juntos. Y por eso llegué a la conclusión que me acabas de decir: que lo hicisteis por seguridad… hasta que ha sucedido lo de hace diez minutos y él me lo ha confirmado.
Misao se irguió sorprendida por que Soujiro le hubiera contado aquello. Habían prometido no revelárselo a nadie por los problemas que podría acarrearle con los Oniwaban-shu.
—Dudo que te haya dicho algo así —continuó con su versión. Osamu era bueno manipulando a la gente y podría estar sólo sondeándola.
—En realidad, se lo sonsaqué cuando le dije que estaba interesado en ti —comentó jactancioso—. No se lo tomó muy bien.
Misao escondió el rostro entre sus manos y suspiró. Osamu tenía una especial habilidad para calar a la gente y eso le hacía buen negociador. Si alguien le mostraba una herida, él hurgaría en ella hasta hacerla sangrar para conseguir sus fines.
—Soujiro es complicado. No puedes enredar así en sus emociones —recriminó.
—¿Te refieres a no más de lo que lo haces tú? —Misao se ofendió.
—Soujiro tuvo un pasado horrible. Por eso siempre soy muy paciente y cuidadosa con sus sentimientos.
—Y entonces, ¿cómo es posible que piense que podrías irte con otro?
—De la misma manera que puedo pensar yo que él podría irse con otra —protestó beligerante y, acto seguido, se recostó contra la pared derrotada—. A fin de cuentas, nosotros no tenemos nada que nos una de verdad.
—No puedes crees en serio que podría dejarte por otra mujer —cuestionó asombrado.
—No —contestó contrita tras varios segundos de silencio—. Aunque lo único que impide que no pueda dormir por las noches por esto es porque Soujiro es un inepto emocional —reveló con disgusto.
Osamu la observó atónito, casi sin saber qué replicar a esa sorpresiva respuesta.
—A mí me parece que no es sólo él —murmuró con incredulidad—. ¿Tú por qué crees que todo el mundo piensa que vuestro matrimonio es por amor?
—Porque es lo que dijimos —contestó al momento.
—Entonces sois unos excelentes actores —repuso sarcástico. Cogió la hoja de cuentas que estaba revisando cuando Misao entró y agregó—: Mira, me da igual lo que hagáis mientras sólo os afecte a vosotros. Pero si los hombres de la organización descubren que su integridad física peligra por hablar contigo, nadie se va a acercar a ti. Y ahí sí que tendremos un verdadero problema.
Misao se tensó y le observó atenta mientras reflexionaba sobre ello. Por su parte, no era ninguna actuación. Ella era cariñosa y afectuosa con él porque le amaba. Y quería que Soujiro se sintiera feliz de estar allí con una esposa que cuidara de él. Su objetivo era que se enamorara de ella y así se había comportado con él.
Pero en cuanto meditó en lo que a Soujiro respectaba, ella misma ya lo había pensado. No era tan inepta como quería hacer entender Osamu. Llevaba un tiempo pensando que quizás Soujiro la quisiera pero no se hubiera percatado de ello. A fin de cuentas, él sí tenía problemas para identificar algunas emociones y lo sabía porque le conocía bien.
Sin embargo, acababa de darse cuenta de que esas presunciones podrían ser el verdadero muro. Si realmente Soujiro se había puesto celoso, debía ser consciente —o estar muy cerca de serlo— de lo que sentía por ella. Y ella lo había pasado por alto bajo el supuesto de que él no «sabía» querer a nadie.
¿Podría ser que no estuviera viendo algo que todo el mundo sí hacía y todo por sus prejuicios?
—Madre mía… —murmuró, llevándose una mano a los ojos.
Debería haber estado más atenta a lo que le sucedía a Soujiro, en vez de enfocarse tanto en que se sintiera querido por ella. Nadie le había querido en su vida; se lo había dicho. Eso sí que podría no ser capaz de identificarlo, y no un sentimiento que —incluso desconocido—, golpeaba como si fuese una bomba.
Osamu levantó la vista de pronto y la fulminó con la mirada.
—¿Se puede saber qué haces ahí pasmada? —le recriminó, y señaló hacia la calle—. Haznos un favor a todos, ¡y arregla tu maldito matrimonio!
Misao se sobresaltó, pero dos segundos después hizo lo que le dijo. Salió del despacho y, desorientada, miró por el pasillo sin tener mucha idea de qué hacer. Aunque era lo que llevaba deseando que ocurriera desde hacía tres meses, le costaba hacerse a la idea de que Soujiro realmente la quisiera y estuviese al corriente de ello. Siempre había sido más proclive a pensar que él estuviera enamorado de ella pero no lo supiese.
Rebuscó por todo el Aoiya, pero no le encontró. Aunque si —tal y como había dicho Osamu— estaba enfadado, era muy probable que se hubiera ido a dar un paseo para calmarse. Era muy raro ver a Soujiro enfadado, pero cuando se sentía agobiado, solía salir a reflexionar sobre ello —o eso era lo que siempre había pensado que hacía—. Para alguien tan racional como él, imaginaba que era desconcertante sentir emociones violentas.
Por eso, tampoco la sorprendió que no regresara hasta que ya estaba colocando el futón de su habitación para irse a dormir. Sin embargo, el semblante que traía era más serio que el habitual cuando volvía de sus escapadas y eso la preocupó.
—¿Te encuentras bien?
—Claro.
Aunque no lo parecía. Misao le echó una ojeada y volvió a retomar la tarea de preparar el futón.
—No me has contado qué ha pasado en Tokio.
Soujiro la observó en un silencio inquietante hasta que de pronto le oyó suspirar por ese descuido.
—Es cierto, perdona —se disculpó.
Se acercó y la ayudó con el futón matrimonial. Le explicó lo sucedido sin poder quitar sus ojos críticos de él. Soujiro no estaba bien; apenas sonreía y, cuando lo hacía, era consciente de lo forzado que le salía.
Y lo hacía porque, después de horas encerrado en sus pensamientos, Soujiro había decidido dejarla. Era la decisión más difícil que había tenido que tomar, por encima de asesinar a su familia. Aquélla había sido una decisión para sobrevivir, pero ésta iba a hundirle, como bien había sospechado el día que aceptó ese matrimonio de conveniencia con fecha de fin.
Tener que dejar lo único que le había hecho feliz en la vida era muy doloroso. Y en esos momentos no tenía claro si le había gustado experimentarlo o no. Era como si un ente superior se lo estuviera restregando: lo que podría haber tenido, pero que le iban a dejar sin ello. Por suerte, se había mentalizado toda la tarde en que podía sucederle como a Himura y, aunque pasaran años, llegar un día en que hubiera dejado atrás lo que sentía por Misao y encontrar a alguien para él. Esa pequeña luz, definitivamente, había evitado que se deprimiera del todo.
Miró a Misao, sentada en el futón, con la tenue luz de la lámpara alumbrando su semblante concentrado. Era increíble cómo en unos meses había cambiado toda su percepción sobre su vida. Hasta hacía unos meses había creído que todo estaba bien con su vida solitaria; que no había necesidad de tener a alguien a su alrededor que le molestara con sus extraños comportamientos. Nunca se habría imaginado que pudiera sentirse así por una mujer. Pero cuando una persona sólo conocía la soledad, no tenía forma de prepararse para semejante diferencia. Conocer a Misao había supuesto un punto de inflexión para él que había echado abajo todas sus convicciones.
Le cogió la mano y se la acarició con cuidado, rememorando ese momento como si fuese el último. Iba a tener que grabar cada minuto que pasara con ella con la esperanza de que quizás eso le hiciese menos dolorosa la separación. No sabía cuánto tiempo le quedaba allí, pero sabía que no era mucho porque el sangrado lo había tenido antes de marcharse a Tokio.
—Siento lo de esta tarde —le dijo de pronto.
Misao salió de sus pensamientos y le miró desconcertada.
—¿Qué?
—Me descontrolé —se explicó.
—Ah, ya… Eso —murmuró, y compuso una débil sonrisa—. No es como si me importara.
—¿Cuándo lo sabrás?
No había acritud en su tono, pero Misao sintió la incomodidad que eso le generaba… por si aún le quedaran dudas de lo sucedido, pensó con resignación.
—Esta semana… en unos tres o cuatro días —respondió tras repasar en su memoria.
—Tres días… —susurró, y Misao percibió la lividez de su rostro incluso con la cándida luz de la llama.
—O cuatro… o cinco… Esto no es algo exacto —le dijo ella tragándose el amargor de su reacción—. No te preocupes, seguro que no ocurre nada… como las demás veces.
Tener que tranquilizarle con que no iba a suceder algo que ella deseaba tanto, le seguía suponiendo un jarro de agua fría. Pero se dijo por milésima vez que tenía que ser paciente. Estaba segura de que sería cuestión de tiempo. Cuando Soujiro terminara de aclimatarse a esa nueva vida que le había arrollado sin esperárselo, estaría más predispuesto a dar siguientes pasos.
Y sería mucho más fácil si terminaran de aclararlo todo y pudieran dejar atrás cualquier interferencia o malentendido inesperado como el ocurrido cuando llegó. Le costaba creer que Soujiro tuviese un ataque de celos, pero, por otro lado, ¿por qué otra causa iba a amenazar a Osamu? Soujiro se había mostrado con un ánimo apagado incluso mientras le comentaba lo sucedido en Tokio y había sido gracias a eso que empezó a dar validez a lo que le había dicho Osamu. Porque fuera lo que fuese lo que se imaginó al llegar al Aoiya, definitivamente, le había afectado.
Le hizo recostarse en el futón y le acarició el rostro con suavidad componiendo la sonrisa más reconfortante que pudo. No quería que se agobiara y sabía que lo estaría menos si no hubiera cabos sueltos entre ellos. Osamu tenía razón: tenía que arreglar su matrimonio. Y sería fallo suyo si se le ocurriera esperar a que Soujiro diera algún paso.
—He reservado el domingo para los dos —le dijo.
—¿Reservado?
—He pensado que podríamos irnos pronto por la mañana y pasar el día tranquilos en el arbolado del río. Llevaríamos comida y hasta podríamos bañarnos.
—¿Y si llueve?
Misao le miró molesta por aguafiestas.
—Entonces buscaríamos un sitio cerrado donde no mojarnos —replicó condescendiente.
—¿No decías que querías bañarte?
Misao habría valorado mejor su —algo más— atinado sentido del humor si no estuvieran hablando del día que había orquestado para confesarse. Dejó eso de lado y retomó la propuesta que le había lanzado.
—Sólo quiero que pasemos el día juntos.
Soujiro retiró el pelo que caía por su rostro y se lo colocó tras su oreja para contemplarla mejor. Misao era preciosa a sus ojos y su interior era tan brillante como el sol. Tener que abandonar sus rayos para convertir sus días en noche, le deprimía más cada vez que lo pensaba.
Miró la cadena que colgaba por su cuello y la rozó con sus dedos. Debía ser firme en su resolución, y no sólo por evitar el futuro desastre para él, sino por ella. Porque si Misao era libre, podría encontrar a ese hombre que despertara esos sentimientos que ahora mismo él tenía por ella. Se merecía sentirse igual de feliz que lo había sido él esos meses en Kioto, pero no podría serlo si permanecía allí entorpeciéndola. En cambio, si se marchaba y la dejaba continuar con su vida, un día por fin aparecería ese hombre que podría amar sin restricciones y sin tenerle a él de lastre. Un hombre que estaría dispuesto a darle todo lo que ella quisiera sin abrumarla con complicaciones como hacía él.
Un hombre normal, en resumidas cuentas.
Le acarició el cuello y la atrajo hacia él para darle un profundo pero pausado beso que dejó caliente sus huesos. La amaba como a ninguna otra cosa conocida en su vida… y se iba a tener que separar de ella.
Iba a ser doloroso y sabía que no podía mentalizarse lo suficiente para ello, pero era lo mejor a corto plazo para Misao y a largo para él.
Tenía que hacerlo.
—Será agradable —le dijo con una tibia sonrisa cuando se separó de ella.
Porque sabía que él ya no estaría en Kioto para ese día.
— * —
Fin del Capítulo 49
20 Septiembre 2020
Notas finales:
Me muerdo la lengua... me muerdo más la lengua... ¡auch! Me he hecho daño T_T. No digo nada salvo, ¿en serio? ¿cuánto has tardado en valorar el comportamiento de Soujiro de una forma normal? ¿Treinta capítulos? Manda narices... ¬_¬º
En fin, chicas, ¡recta final! ¡Sólo quedan tres capítulos! Y lo mejor es que están escritos *o* (en serio creo que voy a llorar de emoción cuando lo acabe T_T). Sé que tengo que cambiarles muchas cosas y retocar allí y allá porque han cambiando algunas cosas desde que los escribí, pero el grueso está. Así que espero tenerlos rapidito. ¡Qué ilusión *o*!
¡Saludos!
