CAPÍTULO 50: Los culpables
Comentarios a los reviews:
Sweetly Weightless Mind: El domingo no va a llegar; esta historia se resuelve antes XD Si Soujiro mismo lo está diciendo: se va a ir antes »_« Pero la conclusión son los dos capítulos siguientes, así que ¡relax! XD Espero que el final esté a la altura de las expectativas »_« Esta historia es demasiado bonita como para cargármela con el final T_T Espero que os guste ^_^º
Kaoruca: Voy a romper una lanza en favor de Misao esta vez. No está haciendo nada que no hayan hecho otras muchas personas antes que ella para una declaración. Buscar un sitio romántico, estar ellos dos solos, hablar de sus sentimientos... Vamos, Youtube está plagado de declaraciones superimpresionantes, así que lo de Misao no es nada del otro jueves ¬_¬º. Vamos a dejar a la pobre mujer hacer lo que pueda XD. El problema está en que ella no espera —por nada del mundo—, que el tipo se le escape. Soujiro le había prometido quedarse con ella, ¿por qué iba a pensar que tiene que hacerlo en menos de dos días? Así que no es nada raro que quiera organizar algo bonito para los dos el día que tenga libre, no seais rancias XD
Ddaisyaguilar52: Ya sabemos todas que Misao le quiere, pero él no lo sabe. No seas mala con él, que lo está pasando fatal T_T
Gracias a todas por los reviews *o* Os dejo ya con el siguiente capítulo. Espero que os guste *o*
CAPÍTULO 50: Los culpables
No podía creer que se hubiera dormido… otra vez. Y mientras corría hacia su puesto, sólo podía contar los minutos que iban pasando y que la hacían llegar tarde. Casi media hora desde el cambio de turno. Kiyoshi iba a matarla… esta vez de verdad. Tenía claro que ella no estaba hecha para el turno de la mañana. Era incapaz de despertarse pronto y nunca entendería cómo los demás sí podían hacerlo.
Llegó prácticamente sin resuello. En el lugar de vigilancia estaba Kiyoshi, aunque no parecía impaciente esperándola como pasaba otras veces. Miraba con atención al camino, como si estuviese sucediendo algo.
—Siento mucho llegar tarde —se excusó Asahi nada más llegar, entre jadeos—. Me he vuelto a dormir. Te prometo que mañana vendré media hora antes para compensártelo.
Por fin, el hombre giró la cabeza para mirarla.
—Eso sería de agradecer… si no te durmieras también —recriminó él. Asahi era un caso perdido. Era una buena ninja, pero no tenía remedio cuando se hablaba de tener que despertarse pronto.
—Lo siento —volvió a disculparse contrita.
Kiyoshi volvió su atención al camino y Asahi le imitó con curiosidad.
—¿Qué pasa ahí abajo que miras con tanto interés?
—Fíjate. —Kiyoshi le pasó un catalejo para que pudiera mirar.
Tras cogerlo, Asahi miró hacia el camino, rastreándolo en busca de algo anormal. A pesar de la poca luz que se filtraba en los primeros minutos del amanecer, pudo detectar una figura inmóvil en el camino.
—Hay alguien ahí —dijo ella.
—Lleva más de un cuarto de hora ahí parado —explicó el hombre—. Vino desde la ciudad a un paso normal, pero de pronto se detuvo y no se ha vuelto a mover. Ni siquiera para cambiar de postura.
Asahi graduó el catalejo para enfocar mejor la silueta y tuvo un momento de desconcertante reconocimiento.
—¿No se parece a…? —Pero no siguió. Debía ser por la falta de luz, que la hacía no ser capaz de distinguirle.
—Lo es —comentó contrito Kiyoshi—. Es el marido de la jefa.
—¿Y qué hace ahí a estas horas? —inquirió perpleja—. ¡Y quieto como una estatua!
—No tengo ni idea.
—¿Has mandado avisar a Misao? Ese no es un comportamiento normal, ¿no crees?
—Lo siento, pero no pienso meterme en los temas maritales de la jefa —decretó el hombre al tiempo que se incorporaba lentamente para marcharse—. Si fuese a salir de la ciudad por alguna circunstancia relativa a los Oniwaban-shu, nos habrían informado de que saldría. Pero no lo han hecho, así que no quiero saber nada. Si decides hacer algo tú, eres libre de hacerlo. Yo me voy a dormir.
Asahi se lo quedó mirando pasmada al ver que su compañero perdía tan de repente el interés por aquella circunstancia. Como persona curiosa del género femenino que era, empezaban a quemarle las preguntas.
—Recuerda venir mañana media hora antes. Me la debes —reprochó Kiyoshi antes de irse.
Asahi se quedó por breves momentos sin saber qué hacer mientras veía al hombre marcharse. Regresó su atención al camino, comprobando que la silueta seguía inmóvil en el mismo sitio.
Tras cinco minutos más de espera, no lo aguantó más y decidió acercarse. Lo hizo sin producir ni un sonido, una habilidad muy desarrollada entre los ninjas. Soujiro ni siquiera se giró en su dirección cuando estuvo a su lado.
—Señor Seta —le llamó suavemente. Sin embargo, el hombre siguió estático.
Asahi le observó con atención, dándose cuenta de que estaba ensimismado. Se mostraba demasiado serio y casi ni parpadeaba. Sólo lo había visto dos veces y siempre había mostrado una actitud risueña. Y por lo que había oído decir a otros compañeros, tenía entendido que era su estado habitual.
—Señor Seta —intentó de nuevo un poco más alto y, esta vez, sí que reaccionó.
—Lo siento, señorita, no la he oído. ¿Quería algo? —preguntó Soujiro saliendo de su propio mundo.
Con desconcierto miró a los alrededores y se dio cuenta de que había empezado a clarear el día. No podía hacerse ni una mínima idea del tiempo que había pasado absorto en el camino. Y lo que era más grave: una persona había llegado hasta su lado y ni se había enterado.
—Soy Asahi, señor —se presentó la mujer—. Me encargo de la vigilancia de este paso.
Soujiro revisó a la mujer con detenimiento mientras registraba como era debido sus palabras. Le había llamado por su nombre y vestía el uniforme de los Oniwaban-shu. Todas las entradas y salidas de Kioto estaban vigiladas por ellos e imaginaba que esa mujer debía ser la encargada de ese camino. Y aunque él no reconocía a la gran mayoría de los miembros de la organización, esa gran mayoría sí le conocían a él. Por eso la mujer se había acercado para hablarle.
—¿Ha ocurrido algo de lo que haya que informar a Misao? —preguntó finalmente Soujiro viendo que Asahi no volvía a intervenir. Si se había acercado hasta él, quizás necesitaba comentarle algún suceso.
—No… —respondió con suavidad, como cohibida—. Pero lleva aquí parado más de veinte minutos —siguió diciendo como si eso explicara todo.
Soujiro volvió a mirar a su alrededor, el cual cada vez se hacía más claro debido al amanecer. No había nadie más en el camino; sólo ellos dos. Y lo más desconcertante era que llevase ahí parado tanto tiempo incapaz de dar un paso fuera de Kioto.
Pero algo en su interior se resistía a hacerlo, aunque llevara días mentalizándose para ello. Había salido del Aoiya con el convencimiento de que la imagen de Misao durmiendo esa mañana sería el último recuerdo que tendría de ella. Y, sin embargo, a la hora de la verdad, no podía dejarla atrás. Su corazón no le dejaba alejarse más de ella porque, a diferencia de su anterior viaje a Tokio, esta vez sabía que no regresaría.
De modo que de pronto se había encontrado en una encrucijada en la que su cabeza le decía que tenía que marcharse y su corazón se negaba con firmeza a ello. Y ya no sabía qué hacer.
—¿Se encuentra bien? —se preocupó la joven.
—No —contestó con su habitual sinceridad.
—Entonces… —dijo con cuidado la chica—, ¿no sería mejor que volviera a casa hasta que se recupere?
Asahi le miró inquieta con sus ojos marrones. Era una mujer joven, de la edad de Misao e igual de menuda que ella. Y se le hizo evidente que no tenía muy claro qué hacer en esa situación. Darse cuenta de que sabía interpretar el estado de Asahi le generó un nudo en el pecho. Aquello era obra de su vida con Misao. Había sido ella y el tiempo que había pasado en el Aoiya los que hacían que poco a poco le fuese más fácil tratar con otras personas y entenderlas.
Otro anclaje más que le impedía moverse de allí.
—Eso no ayudaría.
—Entiendo… —La incomodidad de la mujer creció—. ¿Y qué le ayudaría?
—Nada —respondió él—. No encuentro una solución a mi problema.
—Ya veo… —Asahi frunció los labios sin estar segura de que pudiera formular la pregunta que la había llevado ahí. Pero hasta el momento, el hombre parecía colaborador, por lo que finalmente lo intentó—: ¿Y cuál es el problema?
Sin embargo, hasta ahí llegó su suerte. Soujiro inclinó la cabeza subiendo un nivel más la incomodidad de la mujer.
—Ya entiendo… así que está enfrentándose a sus demonios interiores… —Asahi hizo un pequeño intento de sonreír para darle un deje de humor a sus palabras y suavizar así el momento.
Pero no obtuvo el resultado que buscaba porque Soujiro la estudió con un detenimiento que hasta ahora no había empleado. Y se debía a que en parte tenía razón. Muchos demonios de su pasado habían originado esa situación. Siete años atrás había deseado que sucediera aquello, pero no había esperado que se desarrollara de esa forma, hasta el punto de encontrase con ese infernal debate interno. Se suponía que podría marcharse y dejar a la persona que amase atrás.
Soujiro giró sobre sí mismo buscando un lugar; un lugar al que apenas recordaba cómo llegar. Pero cuando por fin lo vio, se puso en marcha hacia allí dejando a la mujer desconcertada en el camino.
— * —
La imponente puerta estaba destrozada. Toda la zona eran ruinas y escombros desperdigados siendo engullidos por la vegetación. En todo ese tiempo, nadie había ido hasta allí ni limpiado la zona. Soujiro se acercó a una viga tirada en el suelo y se sentó.
No había vuelto por allí y tampoco había esperado hacerlo. Aquella no sólo era la tumba de los que murieron en esa batalla, sino que también lo era de su vida anterior; una vida fría que acompañaba a la guerra y los asesinatos encomendados por el señor Shishio.
Y ellos dos eran en parte los responsables de su situación. Ellos le habían hecho creer que sería fácil.
—Siento no haberle visitado hasta ahora, señor —comenzó a decir al silencioso lugar—. Sé que ha pasado mucho tiempo desde que me marché de aquí y espero que me perdone por ello. Pero si quería encontrar mi verdad, debía romper con el pasado que me influía.
No supo el tiempo que se mantuvo en silencio, pero no era capaz de ordenar la tormenta de pensamientos y emociones que le habían llevado hasta allí. La vida que conoció hasta que terminó su infancia, la que conoció hasta hacerse adulto y la que creyó conocer después de su enfrentamiento con Himura. Se había pasado los años rigiéndose por unas creencias que se rompían con cada etapa que cruzaba y era evidente que hacía unos meses había entrado en otra. Pero a diferencia de las anteriores que no era consciente de que existían cuando las alcanzó, ésta era la única de la que tenía conocimiento de su existencia, pero jamás se había esperado que fuese así.
—No sé ni por dónde empezar —dijo finalmente haciendo obvia su confusión—. Han cambiado muchas cosas en mi vida. Estoy seguro de que no me reconocería. —Sonrió con cierto pesar, aunque al momento volvió a ponerse serio y decidió que lo mejor sería empezar por el principio y llegar hasta ese día—. Sé que lo sospechaba, aunque nunca se lo dijese, pero algo ocurrió la noche que me acogió. No sabría explicar muy bien qué me sucedió. Fue como si, de pronto, mi cuerpo se detuviera en el tiempo mientras todo seguía en marcha.
»Recuerdo que lloré tras matar a la familia que me quedaba; una familia que pretendía matarme a su vez. Y recuerdo que, a la vez que estaba aliviado por sobrevivir, me sentía desolado por no haberles dejado acabar conmigo y terminar con esa horrible vida. Fue un instante tan confuso para mí, que mientras la lluvia seguía golpeándome, pensé en cómo un mismo hecho podía resultarme tan contradictorio. Por qué la vida tenía que ser tan complicada; que no debería ser así.
»Y fue con ese pensamiento que, mientras seguía llorando, noté como si la lluvia respondiera a mi pregunta dándome lo que pedía. Fue como si el agua limpiara de mi cuerpo las emociones que tan contradictorias me resultaban. Y recuerdo que, de pronto, sólo le vi a usted diciendo que le acompañara y pensé que nada podría ser peor que lo que había vivido.
»Recuerdo haber visto su espalda y pensar que, al día siguiente, esa tregua que me había dado la lluvia pasaría y todo volvería con más intensidad. Y me sentiría culpable, y feliz, y triste, y agobiado… Pero esa tregua tardó mucho en terminar. Tanto, que incluso di por hecho que no lo haría nunca y mi vida se guiaría por el cauce que marcó la lluvia esa noche.
Soujiro identificó una piedra cercana como un trozo de baldosa del pasillo de entrada. Debía haber llegado allí tras las distintas explosiones que se dieron dentro. La cogió y vio que se encontraba muy rallada. El interior de la casa tenía suelos de madera a excepción de la entrada. Lo recordaba bien porque no había podido encontrar un lugar más propicio para su lucha contra Himura. Al señor Shishio le gustaba que peleara sobre madera porque daba un efecto más espectacular a su lucha al verse las marcas que dejaba tras sus pasos en el suelo. Pero él prefería combatir en uno más estable donde los pies no se le hundieran ni pudieran desestabilizarle. Si hubiera podido, habría peleado contra Himura en ese pasillo de entrada.
—Pero todo cambió en la pelea contra Himura —continuó—. Esa explosión de ira que me consumió tan de repente… No esperaba algo así; no estaba preparado para soportar aquello. Pero la realidad es que esa pelea truncó la tregua y desde entonces he tenido que convivir con esa parte olvidada de mi vida. Y aunque poco a poco voy aprendiendo a guiarme por mí mismo, al principio no tuve más remedio que tomar referentes.
Y puesto que no conocía a nadie más, ellos eran los únicos referentes que había podido tomar. Durante más de una década, sólo había conocido al señor Shishio y a sus hombres. De modo que se había tenido que tirar al ancho mundo aun sabiendo que la persona más allegada a él vivía reconcomida por la venganza y él tenía la clara meta de dejar eso atrás. Pero, por otro lado, se suponía que había muchas otras cosas aprendidas de ellos de las que podría valerse en sus pasos por su nueva vida y había puesto sus esperanzas en ellas. Y, sin embargo…
—Hoji me contó cómo terminó su pelea contra Himura. Pero no consigo entenderle —se quejó Soujiro al tiempo que dejaba caer el trozo de baldosa—. Erais los únicos que conocía que podrían orientarme en esto, pero no puedo sentirlo como vosotros —explicó, cambiando su tratamiento respetuoso sin darse cuenta.
Soujiro se levantó de su sitio y empezó a pasearse por la zona, otra vez sin saber muy bien cómo poner en palabras lo que sentía.
—He conocido a una mujer. Por determinadas circunstancias, acabé casándome con ella. Pero aunque ese matrimonio es falso, la quiero. Sin embargo, nada es como imaginé cuando deseé que esto sucediera.
Siguió paseándose de lado a lado, y casi sin darse cuenta, el ritmo aumentó y con él, el desasosiego que sentía.
—Esperaba conocerla y simplemente recrearme en ello. Pensaba que podría dejarla cuando yo lo decidiera y que no me costaría. Me hiciste creer que era fácil separarse de la persona que quieres —argumentó cada vez más agitado, con el enfado por su situación apoderándose de él.
Porque se sentía engañado… y estafado. Como si le hubieran prometido algo deseado para darle después una patada a cambio.
—¿Cómo se puede dejar a alguien que influye tanto en tu propia felicidad? No puedo entenderlo —expuso confuso, y levantó las manos hacia la puerta hecha trizas, como si ella pudiera darle la respuesta que estaba buscando—. Se supone que tú también la querías… Entonces, ¿por qué para ti fue tan fácil y para mí no? He intentado alejarme de ella, pero ni siquiera puedo salir de Kioto —protestó agobiado—. ¿Y, en cambio, tú? ¡Tú fuiste capaz de matarla! —le acusó enfadado.
Sentía que esa situación era una clara injusticia. Se sentía acorralado como no lo había estado desde que se metió bajo la casa de su familia huyendo de ellos. Pero en aquella ocasión tenía un arma para defenderse… En cambio, ahora…
Siguió dando vueltas frente a la puerta, como un león enjaulado. Era demasiado injusto y ya no había forma de que pudiera desquitarse porque el instigador de todo estaba sepultado bajo aquellos escombros. Los actos de Shishio eran los que habían propiciado que su idea sobre el amor fuese tan infantil. Y por eso, en su completa ignorancia, había pensado que sería capaz de amar a alguien y dejarla atrás como si nada. Había creído que era algo desdeñable. Si hubiera sabido que se podían sufrir esas consecuencias, se habría mantenido alejado de cualquier mujer y no habría estado tan predispuesto a experimentar ese sentimiento también. Habría creado un muro para que no sucediera nunca; que no hubiera posibilidad de sentirse tan destrozado como se sentía en ese momento por el «simple» hecho de no poder estar con ella.
Por eso no lo entendía, y dudaba que no pudiese hacerlo por sus extrañas circunstancias. Porque posiblemente, esta fuese la primera vez que su cabeza y su corazón estuvieran de acuerdo en algo. Ninguno de los dos podía comprender cómo Shishio había llegado tan lejos cuando él se sentía tan desgraciado sólo por separarse de ella.
—¡¿Cómo pudiste hacerle algo así?! —siguió con sus recriminaciones, consumiéndole la desesperación por dentro—. ¡Yo no podría hacerle daño! Si Misao está contenta, yo lo estoy con ella; y si ella sufre, yo también. ¿Cómo pudiste hacerlo, entonces? —Hizo una pequeña pausa y bajó la voz con su última reflexión—: Si ella se muriese…
No quería ni pensarlo. Sabía que algo muy malo le pasaría. Sabía que sentiría algo que hasta ahora no había sentido y eso sí que estaba seguro de que no quería saberlo. Porque tenía que ser algo horrible.
Y por eso era incapaz de entender que Shishio matara a Yumi por el simple hecho de herir a un rival. Era absurdo.
Volvió a sentarse, abatido, porque ese pensamiento había conseguido cambiar su momento de furia por uno de miedo. Tenía que lograr como fuese irse de allí y dejar a Misao atrás. De esa forma, ignorante de la vida que llevara, debería poder vivir más tranquilo. Pero justo en ese momento recordó, con cierta amargura, que huir era lo que había intentado antes de prometerle no volver a hacerlo. Y esa promesa se le clavó muy profundo hasta el punto de devolverle a su eterno dilema.
No debería huir… pero no podía quedarse.
Se llevó las manos a la cabeza cuando empezó a sentir un picor en los ojos que hacía años que no sentía. No podía decidirse y cuantas más vueltas le daba, mayor agobio sentía. Misao estaba sacando sus peores emociones a la luz y era algo aterrador; como si fuese un barco a la deriva que estuviera a merced de los elementos, ya fuesen benignos o no.
No sabía qué tenía que hacer; sólo lo que desearía hacer. Pero sus deseos egoístas se contraponían con su deseo de que Misao fuese feliz y alcanzara su sueño junto a un hombre que amase. Y aunque él deseaba que ella lo consiguiese, no sería capaz de verlo con sus propios ojos si era de la mano de otro hombre. No lo soportaría.
Y era por eso que tenía que lograr dejarla atrás. Porque según esa lógica absoluta, no estaría huyendo; la estaría ayudando a conseguir su sueño.
A fin de cuentas, él sólo era un lastre para ella.
— * —
Fin del Capítulo 50
4 Octubre 2020
Notas finales:
Pobre Soujiro T_T . Lloro con su angustia TT_TT
En fin, os dije en su día que había una razón que motivaba la concepción que tenía Soujiro sobre el amor. Bueno... sólo habéis tenido que llegar hasta el final para saber de dónde viene ^o^. La única relación amorosa que había conocido Soujiro hasta encontrarse con Misao fue la de Shishio y Yumi, y claro, no era la más sana del mundo, precisamente. De modo que se montó en su cabeza un concepto de las relaciones sentimentales muy distorsionado y que le llevó a donde está. Si Shishio —el cual quería a Yumi— la mató por herir a su rival, dejar a la persona amada en su casa mientras sigue su camino sería un juego de niños. Y claro, se ha topado con Misao y se ha dado cuenta de que no es lo que le «vendieron».
Espero que os haya gustado el capítulo. A mí me ha hecho soltar más de una lagrimita (y lagrimones T_T) escribirlo, pero claro, yo me paso horas revolviendo en sus emociones. Ver echarle en cara a un muerto las emociones y la desesperación que está sintiendo me deja con un nudo en el pecho T_T . Pero tranquilas que en el próximo se arregla *o*
No sé cuándo voy a poder actualizar el próximo capítulo. Es el que más tengo que retocar de los dos y no tengo tanto tiempo libre. Pero no quiero alargarme mucho porque no veo la hora de dar por finalizado este fic *o*
En fin, espero que os haya gustado «el inicio del fin». ¡Ya no queda nada!
¡Saludos!
