EPÍLOGO: Haru
Comentarios a los reviews:
Kaoruca: Sé que te pilló en mal día, pero sigue siendo una pena que eso te arruinara la parte final T_T . En cuanto a la conversación de ellos, pues sí, en su línea de no entender qué demonios pasa XD Soujiro está bastante descolocado porque, a fin de cuentas, las relaciones en Japón son más sutiles. No andan por ahí pregonando su amor eterno, sino más bien, son de realizar gestos hacia la pareja. Entonces, claro, cuando le suelta que ella le quiere más, lo descolaca entero, porque piensa que, en su ignorancia, no se lo ha demostrado (como si todo lo que ha hecho no fuese suficiente, que sólo le ha faltado bajarle la maldita luna u_uº). Lo de los hijos va por ahí. No recuerdo en qué capítulo lo dice, pero la cosa es que él piensa que no es capaz de educar a un niño cuando él es tan socialmente inepto ^_^º. En cuanto a lemons, aquí ya no hay más. Eso ya, para otros fics ^o^. Y de «Recuerdos olvidados», cuando termine con «El resultado del examen» iré con él. Así habré terminado con mis tres bestias negras que me tienen estresada por llevar tanto tiempo con sus historias abiertas T_T. ¡Qué ganas de cerrar todo »_«!
Estefi: Me alegra un montón que hayas disfrutado tanto esta historia. ¡Gracias por tus reviews!
SlayArmisa: Igual como lector sí que quieres seguir leyendo cuando una historia te gusta, pero como autora, yo necesito ver el final en algún momento XD Y con esta historia lo necesitaba ya, que me tiene en vilo desde hace años T_T . Reconozco que me ha encantado cómo se han encajado estos dos personajes en este fic. Soujiro me ha salido un encanto de hombre. Pero es la vibración que me dio tras verle marchar al final del arco de Shishio: agradable y pacífico. Para mí, es lo que necesita Misao. Y a su vez, Soujiro necesita alguien que le de vidilla a su tranquila vida y nadie mejor que Misao para eso. En este fic son la pareja perfecta *o*
Gracias a todas por los reviews *o*. Os dejo con el epílogo, así que ya, sí por fin, hemos terminado con esta historia. Espero que os guste *o*
EPÍLOGO: Haru
Últimamente oía llorar mucho a Haru cuando estaba a cargo de Soujiro. Pero no se refería a que le oyera muchas veces, sino a que, cuando lo hacía, era durante bastante rato.
Misao se acercó hasta el patio privado donde se encontró a su marido sentado observando al pequeño en medio de una pataleta. Y era grande.
—¿Por qué está llorando?
—¡Quiero la pelota! —gritó como si estuviese contestando a su madre. Y siguió pataleando contra el suelo.
Misao miró a Soujiro el cual ni se inmutaba ante la escena. Intentó sentarse a su lado, pero se topó con un reloj ocupando el sitio, de modo que le rodeó para sentarse en el lado opuesto.
—¿Dónde está la pelota?
—En el tejado —contestó solícito Soujiro.
—¿Y por qué no se la das?
—Porque me ha desobedecido. —La miró con su sonrisa risueña y matizó—: Y recuerdo claramente que me dijiste que no le concediera cosas si desobedecía.
Misao sonrió con tono nervioso. Cuando Haru había empezado a hablar, el maldito niño había sabido manejar a su padre. Aunque ella intentaba educarle impartiendo disciplina, el niño había descubierto que su padre era más fácil de influenciar y de quien conseguir cosas. De modo que le había advertido sobre ello y Soujiro se había preocupado de seguir sus instrucciones a rajatabla.
—¿Has subido tú la pelota?
—No —respondió, y la miró extrañado—. ¿Para qué iba a hacer yo eso? —Señaló a Haru—. Ha sido él. Le dije que no golpeara la pelota tan fuerte porque acabaría colgándola en el tejado y, si eso ocurriese, no se la bajaría hasta mañana —se excusó—. Y como no me ha hecho caso, ahora la pelota estará ahí arriba hasta entonces.
—Ya veo… —murmuró con cuidado—. ¿Y por qué estás aguantando esto? ¿Por qué no le mandas callar? Nos va a volver locos a todos —adujo ella, que llevaban ya varios días con distintas pataletas del niño.
—Estoy haciendo un experimento —comentó divertido, y cogió el reloj que tenía a su lado para mostrárselo—. Pensé en emplear el método de Megumi.
—El método de Megumi —repitió con voz neutra. No entendía a qué se refería.
—Es brillante —alegó muy complacido.
—¿Qué es el método de Megumi? —preguntó intrigada Misao. Miró hacia Haru, el cual seguía gimoteando, pero al menos había dejado de patalear frenético contra el suelo.
—Es cuando consigues que tu objetivo haga algo que quieres por su propia iniciativa.
—¿Qué? —Seguía sin entender nada.
—Quiero que Haru entienda que, si le decimos que no, no va a conseguirlo aunque se ponga histérico.
—Ya… —murmuró Misao sin saber qué más decir.
—Si le grito para que se calle, se enfurruñará. Pero si le demuestro que por mucho que proteste no lo va a conseguir, llegará el día en que dejará de hacerlo porque sabrá que es cansarse en vano.
Misao sonrió resignada y observó a Haru con compasión.
«Lo siento, hijo. No tienes ni tres años y ya estás siendo víctima de los raciocinios de tu padre».
—¿Y te funciona el experimento?
Soujiro sonrió muy satisfecho consigo mismo y señaló las manillas del reloj.
—Esta vez ha durado seis minutos. El primer día duró casi diez —explicó enfático.
Misao volvió a sonreír con nerviosismo. Si exceptuaban que había heredado su cabello moreno, en aspecto físico, Haru se parecía bastante a su padre. Sin embargo, era evidente que hasta ahí llegaba el parecido porque había sacado su terquedad, pensó resignada. Era increíble que pudiera durar tanto montando una pataleta.
—Poco a poco se le va pasando antes la rabieta —continuó Soujiro con su explicación—. Va entendiendo que sólo se cansa más, así que deja de hacerlo por él mismo sin que yo le tenga que decir nada —terminó, aunque un segundo después compuso un semblante pensativo—. Claro que, bien pensado, eso me beneficiaba, porque me dejaba más tiempo contigo.
Misao sonrió con malicia ante esa directa de su marido.
—Ya veo… ¿Entonces no es contraproducente que deje de cansarse? —preguntó Misao con picardía. Soujiro solo suspiró.
—Un poco. —Misao rio divertida.
—¿Y cómo es posible que aguantes una rabieta durante tanto tiempo? Yo no soportaría verle llorar tanto.
Soujiro desechó su comentario con un gesto de la mano y volvió a posar el reloj en el suelo.
—Está sobreactuando. Por eso se cansa tanto —expuso sin piedad.
—Yo no tendría esa paciencia.
Soujiro la observó con atención frunciendo el ceño.
—Tu paciencia es mayor —dijo sincero.
—No, para nada. Yo no podría aguantar escucharle llorar hasta que se le pasase.
—Claro que puedes —replicó con convencimiento—. Si has tenido paciencia conmigo, puedes tenerla con cualquiera.
—¿Contigo? ¡Si eres uno de los hombres más tranquilos que he conocido! —argumentó ella.
—No hablo de ese tipo de paciencia. —Soujiro la cogió de la mano y posó un beso en ella—. Sé que soy complicado y que tienes que soportar muchas cosas por mi culpa. Muchas veces pienso que sería un mejor marido para ti si hubiera sido alguien normal que no hubiera estado media vida reprimido —expuso con tono solemne, aunque después dejó escapar un largo suspiro—. Es por eso que doy gracias todos los días por ser como eres y por que te pusieran en mi camino.
Misao abrió la boca por la sorpresa, aunque poco a poco fue esbozando una sonrisa que preocupó a Soujiro.
—¿Por qué te hace gracia?
—Porque creo que estamos volviendo loco a alguien. —Y Misao se echó a reír. Le sorprendía que Soujiro tuviera ese tipo de pensamientos—. Tú das gracias por que me hagan paciente para soportar tus extrañezas por tu bloqueo de emociones y yo las doy porque eso hizo que encontrara al hombre que eres ahora.
Soujiro la miró desconcertado y Misao le acarició la mejilla con la mano. Le había amado casi desde que se conocieron, y lo había hecho de ese Soujiro, el mismo que tenía delante y fruncía el ceño por no conseguir entenderla.
—Soy consciente de que te he exasperado en el pasado. —Misao negó con una sonrisa y posó un ligero beso en sus labios.
—Puede ser… —Porque no había manera de refutar eso—. Pero también eres el hombre más bueno que he conocido y no lo serías si ese bloqueo que lamentas no hubiese ocurrido. —Soujiro frunció el ceño más confuso que antes y Misao suspiró resignada al entender que no veía su perspectiva—. Tuviste una infancia horrible. Con ocho años mataste a la única familia que tenías, la cual te maltrataba y a su vez quería matarte a ti. Y luego fuiste entrenado para ser un eficiente asesino a pesar de no ser algo que quisieras hacer. ¿Crees que una persona normal habría pasado por eso y no acabar destrozada?
Soujiro abrió los ojos, aturdido por las palabras de Misao.
—Nunca lo había visto de ese modo.
—Pues yo sí. Todos los días. —Misao le abrazó y suspiró cuando sintió sus brazos agarrarla—. Sé que la persona que quiero no estaría aquí si no se hubiera protegido a sí misma de su pasado. Serías un hombre amargado o un asesino despiadado, pero desde luego, no serías el hombre que me hace feliz todos los días de mi vida desde hace cuatro años. —Misao se separó y le miró fijamente a los ojos antes de añadir—: Créeme que doy gracias a diario por hacer que fueses tú el que llegara hasta mí aquel espantoso día.
Soujiro sonrió y soltó otro largo suspiro, aunque, esta vez, de alivio.
—Sí que estamos volviendo loco a alguien —comentó divertido.
Misao le besó, aunque apenas pudo recrearse en ello al notar que algo tiraba de su ropa. Se separó y observó a Haru, quien prácticamente hipaba por el berrinche.
—Quiero la pelota —le pidió con ojos de cordero degollado.
—No le hagas caso o el experimento no tendrá éxito —le advirtió Soujiro.
Ni siquiera se le ocurriría. Experimento o no, era la manera que había pensado Soujiro para impartir disciplina. Y si él tenía la paciencia de aguantar las pataletas en vez de cortarlas de raíz, no iba a ser ella la que le dijera lo contrario.
—Tu padre ha dicho que no la tendrás hasta mañana —le informó contundente.
Y el niño se largó a llorar en otro berrinche. Soujiro cogió el reloj y lo analizó como si tuviera ante él un enigma indescifrable. Suspiró.
—¿Esto contaría como pataleta nueva o continuación de la que tenía?
Misao se rio.
—Creo que sería una mezcla.
—Entonces no me sirve para el experimento —murmuró resignado.
Misao sonrió mientras le observaba estudiar con detenimiento el reloj. Quizás sus métodos no fuesen los más ortodoxos, pero no le cabía duda de que se esforzaba en hacerlo lo mejor que podía.
—Cariño… —Soujiro la miró aún concentrado—. Piensa en el lado positivo. —Y añadió con una sonrisa pícara—: Se va a cansar antes… y ahora mismo no tengo nada que hacer —añadió con voz seductora.
Tardó sólo dos segundos en abrir los ojos con entendimiento y dejar el reloj en el suelo.
—Así que, ¿en breve te voy a tener para mí?
Misao le pasó los brazos por los hombros, asintió juguetona y le lamió los labios. Soujiro la atrajo hacia él de inmediato para iniciar un beso profundo y excitante que hizo que ambos olvidaran la pataleta de Haru; una pataleta con la que el niño esperaba conseguir sus fines sin saber que los adultos allí presentes no tenían ni un mínimo interés en cortar.
Cuando minutos después Haru se sentó en el suelo derrotado, sus dos despiadados padres por fin se detuvieron y le prestaron atención. Sólo que lo hicieron con una sonrisa victoriosa en sus rostros que el niño aún no podía entender.
—Ya falta menos.
— * —
Fin del Epílogo
Fin de «Radiante»
22 Noviembre 2020
Notas finales:
Ahora sí: ¡FIIIIIINNNNN!*o*
Ainssss... No lo he podido evitar XD. Quería haber subido el capítulo correspondiente del otro fic que estoy publicando, de ahí que os dijera que lo subiría en dos semanas. Pero el ansia de poner el status de Completo aquí me ha podido XD. Ainssssss, qué feliz que estoy *o*. Por fin esta preciosa historia finalizada. No veo el momento de ponerme a leerla desde el principio hasta el final por primera vez. Por fin la podré leer entera sin parones. Voy a llorar T_T Que llevo seis años con esta historia así T_T
Pero bueno, espero que os haya gustado el epílogo. Como ya os comenté, la parte final llevaba mucho tiempo escrita, pero en aquel entonces, cuando llegué al final del otro capítulo, no tenía muy claro si hacer epílogo o dejarlo así. No se me ocurría nada destacable después de haberse resuelto el malentendido entre ellos dos. Pero entonces pensé en la «fobia» de Soujiro con los niños y dije: tengo que hacer una escena de él como padre XD. Y entonces mi SubC me regaló esa escena tan rara de él haciendo experimentos conductuales con su hijo XD. No sé a vosotras, pero me pareció supertierno *o*, jajajajaja.
En fin XD. Terminando, quiero agradeceros a todas el haber estado ahí por los años siguiendo esta historia y que os guste aunque sea una mínima parte de lo que me gusta a mí, porque eso sería mucho. Adoro esta historia de principio a fin *o*. Estoy tremendamente satisfecha de ella como autora, así que estoy supercontenta de haberla terminado.
Y ya por último, sólo me queda deciros que leo vuestros comentarios así que los agradezco un montón, pero sólo puedo contestar a los que tenéis cuentas ^_^º
¡Hasta la próxima!
