Una navidad en México

Coqui Andrew

Capitulo cinco

La tía Elroy estaba feliz por tener al hijo de Albert en brazos, un rubio de ojos azules como el cielo, con poco cabello y curiosamente con pequitas en su rostro- Eso tenía que ser de la mamá- pensó la Tía, pero belleza tenía el bebé.

-Candy, esta hermoso tu bebé, ¿Cómo se llama? - Pregunto

-Su Nombre Kenrick Albert White, madame- Contesto la rubia

La Tía Elroy se emocionó al saber su nombre, pero ya arreglaría después lo del apellido del bebé.

-Ven vamos a dar un paseo por el jardín, yo llevo al bebé, ¿no tienes carriola para el bebé? Pregunto la señora

-No, madame, yo cargo a Kenrick con el rebozo, mi sueldo no me alcanza para darme lujos – contesto Candy con una sonrisa

-Perdóname Candice, tienes razón, te propongo algo, ¿qué te parece si rentas tu casita y tus abuelitos y ustedes dos, (refiriéndose a ella y el bebé) se vienen a vivir aquí? -

Candy abrió sus hermosos ojos- Gracias madame, lo consultaré con mis abuelitos, además tendría que hablar con el señor Johnson para saber si aún quedan disponibles habitaciones para los trabajadores- Dijo la pecosa

-Creo que no has entendido Candice, tú al ser mi dama de compañía tendrías una habitación para ti, obviamente le daría una a tus abuelitos, Dorothy también tendría la suya, ya que a partir de mañana ella será la dama de mi sobrina. - La tía sabía que tenía que hacer algunos cambios, porque en esa época cada empleado tenía su lugar para dormir y esa en los cuartos para los del servicio. Candy siendo la mamá del hijo de Albert tendría ciertos privilegios, pero su única preocupación sería como hacer para que estos dos todavía no se encontraran dentro de la casa.

-¡Madame! Su sobrino, no creo que lo permita, nosotros como empleados de ustedes tenemos nuestro lugar.

-¡Bah! Candice eso tiene que cambiar yo vengo de una educación arcaica, es necesario cambiar, ¿acaso no has visto como está creciendo la ruta del tren?

Con eso van a cambiar las cosas, nosotros debemos actualizarnos también para tiempos mejores, si lo entiendes ¿verdad? La tía no supo de donde salieron esas palabras, pero vio que el semblante de Candy cambio casi en afirmación.

-Está bien, madame, hablare con mis abuelitos, a ver que deciden ellos – dijo más con resignación.

-Bien, ahora vamos a dentro, porque este mushashito ya hizo de sus travesuras- dijo la tía viendo que el pequeño sonreía porque la había mojado.

-Lo siento mucho, madame- dijo una Candy muy apenada y le quito al bebé.

-Jajajajaja,- Soltó la tía divertida.-No te apenes Candy, es un bebé.

Las dos caminaron hacia la casa.

Mientras en las caballerías, estaban trabajando George, Ramiro y Albert junto con otros peones para la restauración de las misma casi todos sin camisa por el calor que hacía a esa hora del día.

Lupe, Dorothy y Pauna iban hacia allá para llevarles agua fresca. Pauna se le quedo viendo a un cuerpo que le llamo la atención era un dorso bronceado, musculoso, brazos marcados por la fuerza del trabajo y unos ojos negros que la hipnotizaban.

-Buenas tardes, patrón, les traemos agua para que se refresquen un poco- dijo Lupe.

-Gracias, dijeron todos- los peones se formaron pues entre Francisco y Juan llevaban una olla grande para los trabajadores. Dorothy les sirvió a los patrones, se les acerco ofreciéndoles- ¿Agua?- pregunto.

-Si gracias, dijeron los tres, Pauna se quedó sorprendida porque Ramiro tomo de la charola que llevaba Dorothy.

-Usted, ¿Por qué toma de esa bandeja? Qué no ve que es solo para el patrón que es mi hermano y su socio, majadero, váyase a formar con los demás- dijo muy altanera Pauna. Los presentes se quedaron con la boca abierta por tal atrevimiento. Albert iba a responder, pero Ramiro, tomo la palabra- Perdón su señorita, pero no sabía que tenía que formarme, si me disculpan, patrones, con permiso- se retiró, pero solo Albert vio cuando él hizo señas de guardar silencio, entonces sonrió.

-Pauna, creo que te estás pasando de lista con nuestros empleados, nosotros no los tratamos ma.- Dijo un Albert molesto.

-Bueno creo que están quedando bien las caballerizas, ¿para cuándo traerán los caballos de la finca de los Arizmendi? Pregunto

-Pues será hasta la otra semana, señorita- Contesto Ramiro.

-¿Cómo se atreve a contestar antes que su patrón se lo permita?

-Pauna, no empieces, Ramiro es el encargado de traer los caballos por órdenes de Don Pedro.

-Oiga, Patrón ¿no quiere que le traiga una mula también? Es que hay una que es muy rejega y pues la meteríamos en cintura con algunos golpes ¿No cree? -Pregunto Ramiro en español, cosa que no paso desaperciba por Pauna, Dorothy, Lupe junto con los trabajadores, se aguantaron la risa, George y Albert soltaron la carcajada, porque entendieron perfectamente a Ramiro.

Pauna volteo a verlo molesta y se fue de ahí diciendo que eran unos groseros mal educados.

Al terminar la jornada, Albert iba muy agotado junto con George, Ramiro ya se había retirado.

-Tu hermana se está pasando de lista y gruñona, Albert, tienes que ponerle un hasta aquí.

-No, no lo haré yo, hay alguien que la pondrá en su lugar y eso me gusta, ojalá el estúpido de Frank nunca venga, su familia que se cree de real abolengo, no permitirá un matrimonio entre su hijo y mi hermana sin dote.

-¿Qué dices? El aceptó cuando lo ayudaste hacer el negocio que le interesaba, fue una condición que pusiste Albert.

-Te soy sincero George, nunca la incluí en el contrato, porque no me interesa esa familia, no saben administrar y yo no iba a trabajarles gratis solo porque mi hermana se casará con ese inútil. De hecho, ya deben estar enterados, así que no tardará correspondencia de Frank terminando el compromiso.

-¡Ay! Albert a ver cómo reacciona tu hermana, si es caprichosa y grosera, qué nos esperaremos – comento George.

-Por eso quise seguirle la corriente a Ramiro, sé que con él estará protegida y amada –Dijo el rubio – Por cierto, George, necesito hablar contigo referente a la dama de compañía de mi Tía, vamos al despacho.

Se dirigían allá, cuando llego el señor Legan

-Patrón acaban de traer las semillas para el cultivo y los muebles ¿dónde se colocarán, pues se están haciendo las reparaciones en la casa. Además, su tía lo mando a llamar.

-George, por favor ve con Daniel a ver lo de la entrega, yo voy con mi Tía.

-Claro, Albert, yo me hago cargo, vamos Daniel- Este se molestó por la forma que lo llamo.

Albert se dirigía a las escaleras, cuando escucho el llanto de un bebé, se extrañó, pero se hacia el sonido, que era a la cocina. Entro saludo a Paz y le pregunto -¿De quién ese bebé? Acercándose a ellos.

-Es el bebé de Candy, patrón- contesto Paz

En eso se oyó un grito de la Tía Elroy

-¡Paz! – dijo muy molesta la señora y cuyo cuerpo cubría al de Candy

¡Pas! Fue lo que se escuchó cuando cierto rubio se desmayó al ver al bebé.

-¡Albert! Grito Candy

-Candy, vete a tu casa, es una orden-dijo la Tía Elroy – mañana platicamos.

Continuará…

Perdón por no subir ayer, pero tuve problemas con mi lap. Espero les guste.

Saludos y bendiciones

Coqui Andrew