Una navidad en México

Coqui Andrew

Capitulo siete

En la Hacienda "Nuevo amanecer", Albert, bajaba al despacho, cuando fue interrumpido por el señor Legan.

-Patrón, ¿podríamos hablar con usted? - Pregunto Daniel

-Sí, pasen, por favor, de qué quieren hablar- dijo Albert

-Verá, Patrón, nosotros queríamos traer a trabajar a nuestra hija Sandra, aquí al rancho, pero acabamos de recibir un telegrama de ella, informándonos que se va a casar en Boston y nos pide que vayamos a vivir a allá, pues queríamos renunciar y darle las gracias.

-¿De verdad? Pensé, que querían trabajar aquí, pero si así lo decidieron, le pediré a George que les de su liquidación, ¿cuándo se tienen que ir?-Dijo Albert, pero pensó-¡qué bueno que se van!, me evito que los despidiera, pues no tenía buenas referencias de ellos. La razón que ellos se fueran era porque su hija se iba a casar con un duque e irse a vivir a Londres, pues ya no tenían la necesidad de trabajar o al menos eso era lo que creían.

-Nos vamos en una semana, patrón- Dijo Daniel

-Muy bien, para entonces ya tendrán su dinero, solo les doy tres días para que desocupen mis tierras. ¿Entendido?-Les dijo el rubio

-Si, patrón, como usted diga, nos retiramos, gracias- Dijeron los dos.

-Adelante- les dijo Albert

George los vio salir del despacho y paso sin tocar-¿Qué querían? Los vi un poco molestos- pregunto

-Vinieron a renunciar, que se casa la hija y se van con ella, mejor para mi pues bien sabias que no fiaba de ellos- Comento Albert – Asi que prepara la liquidación de esos dos, por favor, querido amigo. Veo que ya regresaron quería hablar contigo sobre la dama de compañía de la Tía…-Fue interrumpido por George

-Sobre ella, se fue, así que Dorothy va ser su dama de compañía, tendré que buscar otra para tu hermana.

-¿Por qué se fue?-pregunto el rubio

-No sé, tu tía solo me informo que ya no trabajaría con ella y me dijo los cambios.

-Bien, hablaré con ella más tarde, voy a ver a Ramiro, para ver que se trae entre manos con mi hermana, pues algo me dejo claro, le gusto.-Dijo Albert

-Jajajaja, tienes razón algo se trae entre manos-rio con ganas George.

Toc, toc, se escuchó- Adelante - dijo Albert

-Hijo tenemos que hablar-dijo la Tía Elroy – Puedes quedarte George, porque tú sabes ciertas cosas y te necesito para que aclares las cosas que voy a tratar con William –dijo la señora

-Bien tía, ¿qué quiere decirme? -Comento el ojiazul

-Sabrás que las costumbres no cambian y yo he decidido comprometerte con una dama de aquí

-¡¿Queeee?!- dijo Albert –No tía, no lo permito, yo estoy enamorado de alguien y la voy a buscar hasta debajo de la piedras- Comento irritado

-Pues me importa un carajo lo que sientes, esa mujer te dejo, no quiso saber de ti, tu padre la espanto muy bien para que nunca la encontraras. Así que olvídate de ella, necesito que cases una chica que es protegida de los señores Arizmendi, para que tu reputación sea mejor, debes al apellido mejorar pues acuérdate como salimos de Chicago. Y aquí nos reconocerán si se casas con alguien que sea pariente o esté bajo la tutela de alguien que tiene el respeto en estas tierras, así que ya conocí a la muchacha que está bajo la protección de ellos y me pareció la indicada, si no aceptas, nunca te respetarán o ¿Me equivoco, George? - dirigiéndose al amigo

-No, Madame, no se equivoca, tiene razón William, debes casarte. Las costumbres no cambian –dijo George

-No lo puedo creer, quería a esa muchacha, pero está bien lo haré, pero no estoy de acuerdo, creí que aquí eran otras costumbres- Dijo con desilusión

-Pues estás muy equivocado, aquí son más arraigados en sus costumbres, por eso fui hablar con ellos y me pusieron al corriente con ese tema. Ellos me ofrecieron a la muchacha. Así que ya sabes, buenas noches, hijo. Por cierto, la fiesta en nuestro se hará el primero de diciembre en su hacienda. Se retiró dejando solos a los caballeros.

-¿Crees que sea lo correcto, George?- Pregunto

-Pues no tienes otro remedio, olvida a esa mujer si acepto lo que tu padre le ofreció es porque no te quería. Conoce a la que te proponen, por cierto, no dijo cómo se llama esa muchacha. Dijo con preocupación

-Tienes razón George, no lo dijo, bueno voy a la hacienda de los Arizmendi, ¿me acompañas? Pregunto Albert

-Está bien, solo voy avisarle a Lupe y Francisco para que estén al pendiente y sepan dónde buscarnos, ya que con Daniel no contamos.

Se fueron hacia el rancho, cuando llegaron vieron que descargaban varias carretas con figuras y adornos navideños. Ramiro salió a su encuentro junto con sus hermanas –Buenas noches William, George, ¿en qué les podemos ayudar?, les presento a mis hermanas, Annie y Patty, muchachas él es William, tío de sus enamorados -señalando al rubio -y George Johnson su socio. Mucho gusto, dijeron todos.

-¿Enamorados? ¿Mis sobrinos? -Pregunto con una sonrisa

-¡Oh! Si, ellas ya conocieron a tus sobrinos, quienes mostraron mucho interés en mis hermanas. Solo sonrieron

-¿Qué son esas figuras? - Pregunto el rubio

-Esas figuras, mi querido caballero son la representación del nacimiento, que vamos a poner en el jardín, aquí en México, se pone el árbol de navidad y junto el nacimiento, que es la representación de la llegada del Niño Jesús.

Albert y George, escuchaban fascinados. –Creo que tenemos que ponernos al corriente de sus tradiciones- comento el pelinegro.

-Pues pueden venir mañana y ayudarnos a colocarlo, mis estimados señores- dijo Doña Jovita, quien se unió a la plática.

En eso Albert, vio pasar a Candy, se tallo los ojos para ver si no era una alucinación, que no lo era, se disculpó con el grupo y se dirigió hacia donde la vio pasar.

Llegó hasta el corredor que estaba iluminado con farolas, la busco y la encontró sentada sosteniendo a un bebé.

-Candy – la llamo

-¿Albert?- Volteo hacia la voz sorprendida y pregunto con curiosidad - ¿Qué haces aquí? –

-Más bien ¿qué haces tú aquí? Y con ¿Ese bebé?

-Albert…no sé qué decirte es tan largo de contar, pero ¿qué haces aquí, en

Guadalajara?

-Creo que no vamos a llegar a ninguna parte si seguimos así, ¿puedo sentarme?

-Sí, puedes sentarte, Albert- viéndolo con amor.

-Empiezo yo o tú- pregunto Albert

-Yo, Albert, empiezo yo, después de que tu padre nos encontró en la cabaña en la situación que estábamos en ese momento y me corrió, al día siguiente fue a buscarme y me dijo que desapareciera de tu vida porque tú estabas comprometido.

-¡Qué! Eso es imposible, a mí me dijo que tu habías aceptado el dinero que te dio para alejarte de mí.

-No, Albert, lo único que me ofreció tu padre, fue la amenaza de meter a la cárcel a mi abuelito si no te dejaba. Por eso huimos, no quería ver a mi abuelito en ese horrible lugar. Por eso te deje esa nota tan cortante, para que no me buscarás, tú bien sabias que el señor González nos protegía, por eso no dudamos en venirnos con él.

-Pero, cuando fui a buscarte, me dijeron que te fuiste con tu amante el señor González, quería que me lo dijeras en mi cara.

-Albert, siento haberme ido así, pero no tuvimos más remedio. Tu padre fue muy cruel, aparte de amenazar, golpeo a mi abuelito, por eso no lo dudamos en irnos, discúlpame, amor- dijo Candy llorando, pero sosteniendo con firmeza a su bebé

-No, lo puedo creer, a mí me dijeron otras cosas, Candy- pensando lo peor le pregunto- ¿Ese bebé, es tuyo y del señor González?

Candy, vio tristeza y desilusión en sus ojos- No, Albert, este bebé es mío y tuyo, otra razón más para venirme a México, porque si tu padre golpeo a mi abuelito, imagínate lo que haría si se enteraba que estaba embarazada.

-¡¿Mío?!- pregunto con total sorpresa - pero que imbécil soy- dijo el rubio

-¿Por qué?- pregunto Candy

-Es el bebé que estuvo hoy en la cocina con Paz, ¿verdad?-

-Si, es el mismo, solo vi que te desmayaste y la Mademe me dijo que me fuera.

-Jajajajajaja, si supieras lo que le dije a mi tía, de verdad que soy un imbécil.

-¡¿Tu Tía!?, la madame Elroy es tu tía, pregunto casi en grito, asustando al pequeño bebé. Albert lo tomo en sus brazos y lo observo – Es igual a mí, de bebé, pero él tiene pecas, como tú, amor- Dijo Albert

Los Arizmendi, veían todo de lejos- Creo que los planes de Doña Elroy van a cambiar un poco, mírenlos están felices – Dijo don Pedro.

George tenía muchas dudas y pregunto –Esa señorita ¿es su protegida?-

-Sí, señor Johnson, ella es nuestra protegida y el amor del señor William, ese bebé es del amor de ellos- Comento doña Jovita.

-Pero ¿Cómo es que ustedes supieron todo? -

-Cuando conocimos a Candy, venía llorando porque la señorita Matilda, la había golpeado, creyendo que el bebé que esperaba entonces, era de su padre. Y les dimos resguardo, la enseñamos hablar español y la fuimos educando poco a poco hasta que tuvo a su pequeño. Solo cuando la señorita Maltida, vio que no se parecía a su papá, la dejo de molestar un poco, pero le tenía envidia por lo hermosa que es- Comento Annie - nosotros la queremos mucho, de hecho, mi hermano, le ofreció matrimonio, ella no acepto, nos dijo que su corazón lo había entregado al papá de su hijo y pues con esa razón no la obligamos a nada, solo respetamos su decisión.

Albert se acercó más a Candy y la abrazo, acerco sus labios a los de ella y le dio un beso tierno, dulce y con todo el amor que le tiene.

Continuará…

Chicas hermosas gracias por sus comentarios, me animan mucho a continuar escribiendo. A todas ustedes les mando un gran abrazo y esta historia está por terminar. Saludos y bendiciones

Coqui Andrew